Suena perfecto
Mis puños golpeaban con fuerza y frustración aquel muñeco de trapo que formaba parte de mi desquite rutinario. Mi aliento se escapaba, el sudor me recorría y el rostro indiferente de ese ente sin vida, que se encontraba sostenido por una vertical madera, ya estaba desfigurado.
Choqué los dientes y mi puño se volvió una llama -¡AGH!- lo estrellé directo en su cara, destruyéndolo.
-Korra... detente.
Agitada, me giré hacia la noble persona que me había llamado -Katara...
-Esta no es la forma.
Mis dedos se toparon otra vez con mi palma, y mis uñas desgarraron mi piel -¿Y CUÁL ES ENTONCES? ¡¿CUÁNTO MÁS TENGO QUE ESPERAR?!- apresuré mis pasos hacia ella, pero me detuve antes de perder la poca paciencia que me quedada -... ¿Cuál es la forma para que vuelva a ser yo? ¡Dímelo de una buena vez!
-¿Yo? No existe ningún "Yo" Korra, eso es solo una alucinación.
-¿Qué?
Cerró los ojos apaciblemente -Te estás guiando solo por el ego, y ese no es un buen camino, solo te traerá desgracias.
Impotente, me di media vuelta -Nunca me das una respuesta que pueda entender.
-No la entiendes porque no quieres, porque no deseas abrir tu mente. No quieres cambiar. Tienes miedo.
Me volví de nuevo hacia ella, iracunda -¡Por supuesto que tengo miedo! ¡Soy el Avatar! ¡No puedo permitirme estar un minuto más así! ¡El mundo depende de mí!
-Pierdes tu tiempo desquitándote conmigo- suspiró, acrecentando mi enfado -Realmente eres la reencarnación de Aang. Tan testaruda...
Mis mandíbulas se encontraron. Sus sabias palabras no hacían más que descarrilarme -¿Qué quieres decir?
Me miró unos largos segundos, para luego darme la espalda -Si quieres despertar, primero tienes que borrar toda esa ira que te carcome, de otra forma no lo lograrás.
-¡Katara, no me des la espalda! ¡Necesito tu ayuda!
-No puedo ayudarte si no deseas ser ayudada.
Maldita vieja...
Sus pasos se detuvieron en seco, como si oyera mis indecorosos pensamientos -Korra, eres proveniente de la tribu del agua, ¿Por qué no simplemente fluyes como ella?
-¿Eh?
-Vacía tu mente. Libérate de cualquier atadura terrenal. Sé agua y transfórmate en lo que te rodea, amígate con tu alma.
-¿Qué...?
-El agua se adapta a todas las situaciones y entornos posibles. Adopta la forma de cualquier recipiente que la rodee, ya sea natural o artificial. Es una con el todo, no discrimina.
-No entiendo qué estás...
-Sé una con el todo Korra, y encontrarás la respuesta.
Antes de retomar su caminar, me dedicó una amable sonrisa -El agua es transparente, empática, comprensiva, pero a la vez también es fuerte y puede golpear con fuerza si se necesita.
-¿Qué estás tratando de dec-
-Sé como el agua, Korra, déjate llevar- retomó su caminar, obviando por completo mi estupefacto estado.
Y yo... confundida, no pude hacer otra cosa más que acortar mis pasos con frustración -¡Vuelve aquí! ¡Explícame qué quisiste decir!
Pero no volvió... muchos meses pasaron para que volviera. Meses en los que mi mente se encontraba en un absoluto caos.
Mi yo interior no tiene importancia... eso dijo. Pero mi yo es todo lo que soy, ¿Qué más podía haber detrás de eso? Qué más...
Desobedeciéndola completamente, seguí entrenando solo mi físico. Tratando de fortalecerme, de deshacer mis miedos. Pero creo que tenía razón. Que mi cuerpo recobrara la fuerza perdida, no ayudaba a sosegar mi alma. Algo faltaba... algo me falta, ¿Pero qué?
Me refregué la frente, impotente. Solo el mar frente a mi me contemplaba, y era cómplice de mi dolor.
El mar...
Deslicé la vista hacia él, desafiante.
"Sé como el agua"
Tomé aire y lo solté de a pedazos. Elevé las manos y comencé a moverlas de un lado a otro en una armoniosa danza.
-Agua... el agua puede fluir o puede golpear...
Las ascendí hacia arriba para luego descenderlas y crear una gran ola que se dirigía directo hacía mí. Fruncí el ceño. El miedo empezaba a irrumpirme. Esa ola iba a aplastarme.
Me puse en posición de defensa, pero al instante las palabras de Katara aparecieron en mi mente y provocaron que bajara los puños.
-Este no es el camino, no debo defenderme... debo fluir. Debo ser una con el todo.
Apagué los párpados y lentamente me senté sobre la cálida arena, esperando por esa ola que iba a azotarme.
La aprecié, mientras mi mente por alguna extraña razón comenzaba a sosegarse. Se veía tan hermosa, tan transparente... tan...
Pestañeé varias veces, aturdida por un pensamiento que cada vez más cobraba fuerza.
Yo... no existe el "Yo", no existe esa Korra superficial que creí que habitaba en mí. Solo existe la esencia de mi alma, la única parte de un ser humano que no puede ser contaminada. La única parte que es una con todo.
Puedes contaminar mi cuerpo, mi cerebro, hasta mi corazón, pero mi alma... la luz que me mantiene con vida...
-¡Mi alma no puede ser contaminada!
El agua creció hasta llegar a su punto máximo y se derrumbó sobre mí. Sin embargo, maravillada, detallé como mi cuerpo no se movía de su lugar, siquiera tambaleaba. Seguía rígido anclado a la arena, lo cual era incoherente. Como si fuéramos uno, el agua se fusionaba conmigo. La podía percibir, inundando mis venas. Mi ser se sentía ligero, demasiado ligero... como si no existiera.
Entreabrí los ojos, solo para encontrarme con el más bello paisaje que había visto en mi vida. Peces nadando a mi alrededor, la luz del sol asomándose por encima de ellos, mi propio reflejo... inmerso de paz.
Una tranquila energía me invadió, antes de darme cuenta como mis ojos empezaban a destellar.
Me puse de pie, rodeada por la marea y extendí mis brazos hacia los costados, deshaciendo el agua que me acompañaba.
Puede fluir... o golpear...
Sentía una extraña paz en mi interior, y no entendía el porqué.
-Bien hecho.
Me di la vuelta, aún en el estado Avatar y contemplé a esa sabia anciana que tanto me había apoyado, y que yo quizás... había subestimado.
Katara me regaló una afectuosa sonrisa y se acercó hacia mí, para luego apoyar su mano en mi hombro -Recuérdalo siempre, Korra. El agua se adapta a ti y a cualquier entorno, es misericordiosa. Tú debes adaptarte a ella, siempre. El mundo es igual, o luchas o te adaptas.
Descendí un poco mi rostro. Aún no comprendía del todo lo que había sucedido.
-Y aunque el mejor atajo siempre es el pacífico, hay veces que deberás luchar por lo que crees correcto. Así como la marea golpea, tú también lo harás.
-Katara, yo...
-Pero cuidado... cuando saltas hacia el mar, el chapuzón a veces puede afectar a los demás.
-¿Afectar?
Me dio unas maternales palmaditas en la espalda, mientras reía en un murmullo -Pronto lo entenderás, mi niña. Pero has dado un gran paso... solo espero que no te olvides de él. Recuerda, perdona y serás perdonada.
-¿Perdonada... yo?
-Nunca olvides ser bondadosa, Korra. Esa es la verdadera virtud de un Avatar.
-/-
Abrí los ojos de par en par. Estos no tardaron en llenarse de lágrimas cuando observé el meca-colibrí de Asami siendo aplastado sin ninguna compasión.
Al instante dirigí no solo mi mirada, sino también mis pies hacia dónde ella había caído, en lo alto de un edificio.
Pero mis pasos se detuvieron en seco al detallar como con mucho esfuerzo se ponía de pie, y desde ese lugar negaba con la cabeza efusivamente.
-Asami...
Cerró los ojos con ímpetu y señaló con su brazo al meca gigante -¡VE!
Los míos se entrecerraron, afligidos. Lo sabía... no podía dejar pasar el sacrificio de su padre. Tenía que hacer que valiese la pena. Pero...
-¡VE, KORRA!
Pero ella aún sigue luchando, y yo también debo hacerlo.
Asentí, con todo el dolor guardado en mi alma y volví a mi posición, junto a Mako, Bolin, y las maestras metal. Contemplé el meca, iracunda. Solo esperaba que justamente esa ira no se apropiara de mi alma.
-El plan de Hiroshi funcionó... ahí está nuestra apertura- dije, y sin perder un minuto nos adentramos en ella, a pesar de las contras que esa maldita dictadora trató de imponer. Estaba decidida a aniquilar a Kuvira, a vengarme en nombre de Asami.
Una alarma de seguridad había empezado a sonar. Sabían que estábamos dentro.
Miré a mi alrededores, tratando de parecer lo más serena posible -Tenemos que movernos rápido. Su, Lin, escalen hasta el brazo y traten de inutilizar esa arma- plasmé la atención en Mako y Bolin -Ustedes vayan al motor y apaguen esta cosa. Yo iré tras Kuvira.
-¿Estás segura?- Oí a Suyin -La última vez que luchaste contra ella...
-Lo sé, casi me mató- elevé la visión, decidida -Pero no esta vez.
No ahora que ha dejado un hueco de tristeza en el corazón de mi persona más importante.
Activamos nuestro plan y cada uno fue por su lado. Podía escuchar en un eco las duras batallas que mis amigos estaban enfrentando. Pero tenía que confiar en ellos, debía hacerlo. Y yo... tenía enfrentar finalmente a esa maldita. Ese era nuestro destino.
Trepé hasta llegar a una puerta que parecía reforzada exageradamente. Eso solo me dio la pauta que necesitaba.
Aquí debe estar...
Cerré mis puños y utilicé el fuego control, destruyéndola. Salté de inmediato y en el aire pude divisar ahora, el no tan seguro semblante de esa mujer que me había derrotado.
No desperdicié un segundo y empecé a atacarla en diagonales movimientos. Siquiera podía dejarla respirar, sé que si lo hacía un golpe sorpresa podía llegar en mis espaldas.
Pero tengo que admitir que su habilidad era muy buena, como siempre. No sé cuál era la verdad que la impulsaba a luchar, sus convicciones eran malignas y terroríficas, pero lo que sea que fuere, la fortalecía. Me costaba trabajo vencerla.
Esquivé con mucho esfuerzo las cuchillas de metal que me lanzaba, saltando hacia arriba y girando mi cuerpo al mismo tiempo, para luego lanzarle mi fuego control, combinado con el aire control. Pero la muy ingrata se las arreglaba para evitarme.
De la nada misma, un estruendoso sonido nos hizo detenernos, o mejor dicho, desplomarnos sobre el piso. Miré hacia abajo por puro instinto.
¡Mako, Bolin!
Antes de siquiera poder formular el pensamiento de que por fin mis compañeros habían destruido el arma, una explosión nos azotó, destruyendo al robot por la mitad.
Caímos en picada y nos estrellamos contra la tierra. Con las rodillas flaqueando, traté de reincorporarme y divisar a Kuvira. No podía permitir que se escapara.
Con un esfuerzo sobrehumano, pude contemplar en toda su gloria a la gran dictadora lastimada, casi deshecha. El estado Avatar, inmerso de furia porque aquella mujer había lastimado a mi persona más preciada, se hizo presente.
Pero las palabras de Katara, que oportunas como ellas solas empezaron a invadir mi mente, me sacudieron.
El agua es misericordiosa, se adapta. Sé uno con el agua, con el mundo.
Apreté los puños, impotente. Sé que tenía razón... sé que la tiene. Debo... debo...
Tosí con rudeza, ante la fuerte caída que no pasó desapercibida por mi cuerpo. La sangre se escapó de mi boca, mientras las frases de aquella anciana seguían irrumpiéndome, removiendo mi consciencia.
Perdona para poder ser perdonada.
Elevé el único ojo sano hacia ella y la visualicé.
Compasión... Bondad.
Soltando un pesado suspiro, la ayudé a reincorporarse -Se acabó. Vas a llamar a todo tu ejército y te rendirás, entonces tú y-¡Agh!
Me lanzó una piedra, generando que me estrellara bruscamente contra el suelo. Observé con debilidad como sus pasos se alejaban de mi.
-¡Detente!
Es demasiado difícil tener misericordia si seguía luchando contra mí.
¿Por qué? ¿Por qué sigue luchando? Está herida, apenas se puede mover... ¡¿POR QUÉ?!
Mi persecución me llevó a un sector inmerso de lianas espirituales. Era bien sabido que ese sitio no era para nada seguro.
-Por favor, detén esta locura, ¡Tiene que parar ahora!
-¡Si quieres terminar esta locura, ven y encuéntrame!- oí su voz a lo lejos, hecho que me hizo acelerar los pasos, solo para encontrarme con el brazo desprendido de aquel gigantesco robot, inundado de una luz violácea.
Oh no... esta mujer no tiene idea de lo que está haciendo.
Su rostro, encima de él, delineó una macabra sonrisa -Ahora sí se acabó.
Mis pupilas se ampliaron, horrorizadas -¡No lo hagas!
Disparó el rayo espiritual y mi ser apenas pudo escapar, y cuando digo apenas... es apenas. Mi cuerpo se encontraba tatuado de heridas, ya no podía moverme con libertad.
Pero mi peor temor se hizo realidad cuando el rayo perdió el control, tanto, que hasta Kuvira se alertó. Su semblante se desfiguró, y aquella confianza que era parte de él, se esfumó.
-¡Apágalo!
-¡No puedo!
Ese potente poder espiritual se dirigía hacia ella, y obviando todo el rencor que tenía, corría hacia su persona y me puse delante.
Misericordia... sí. Esto es.
Mis ojos brillaron. Elevé las manos hacia el rayo, e impuse contra él toda la energía que me restaba. Traté de detener aquel poder, pero mi cuerpo se encontraba demasiado adolorido.
Mis muelas se encontraron, antes de que emitiese un desgarrador grito y liberara lo que restaba de mi aire control.
Una gran explosión se hizo presente, que sé que al menos destruyó la mitad de la ciudad. Solo rezaba porque mis amigos estuvieran bien... y porque Asami se encontrase a salvo. Realmente, recé por ello, mientras sentía como mi cuerpo se desvanecía.
Entreabrí los ojos, solo para encontrarme inmersa en la gravedad, una luminosa y celeste gravedad. Kuvira apareció ante mis narices, como si fuese mi propio reflejo.
Nuestros pies lentamente comenzaron a tocar la tierra. Miré hacia ambos lados, desorintada.
-Esta no es cualquier tierra, es el mundo espiritual...
Al instante atajé su inerte cuerpo en mis brazos y la detallé con cierta culpa. No sé porqué, pero sus impacientes actos me hacían acordar a mí. A mi yo anterior.
Sus ojos empezaron a abrirse y al notarme desde lo bajo, se alejó de mi como si yo fuera un monstruo.
-¡¿Qué paso?! Estamos... ¿Muertas?
-No, estamos en el mundo espiritual. Toda la energía de tu arma abrió un nuevo portal espiritual.
Me miró unos incontables segundos, conservando la furia en sus ojos. Parecía consternada -¿Por qué salvarías mi vida, después de todo lo que he hecho?
La imité, y no pude evitar perderme en su verdoso color. De verdad... se parecía a mí.
-Supongo que... veo mucho de mí, en ti.
-¡No nos parecemos en nada!
Sonreí de lado -Si, nos parecemos. Las dos somos feroces y decididas a triunfar- descendí la vista, con cierto arrepentimiento -A veces sin pensar en las consecuencias.
Sus rodillas, como si no aguantaran el peso de sus acciones, desistieron, y terminó con estas sumidas en el suelo -Esto no es como yo quería terminar las cosas, ¡Si tan solo te hubieras rendido, nada de esto hubiese ocurrido!
Ja... tan terca. En serio... es como ver mi propio reflejo.
-Tú te lo buscaste, actuando como una dictadora. Tienes que saber que lo que hiciste no es correcto.
-¡Intentaba ayudar a mi gente! Su le dio la espalda al Reino Tierra, ¡Tú te fuiste! ¡Tenía que hacer algo!
La detallé, pensante -Creo que ahora lo entiendo...
-Tú no entiendes nada sobre mí.
-Sí lo hago. Su me contó como ella te eligió cuando eras joven. Debe haber sido muy dificil ser huérfana.
Deslizó la vista hacia mí, iracunda -¡No pretendas saber lo que se siente! El Avatar es adorado por todos, yo fui echada a un lado por mis propios padres.
-Buscaste crear un lugar dónde tú y tu gente nunca fueran vulnerables otra vez. Puede que yo no sea huérfana, pero créeme, entiendo lo que se siente tener miedo.
Si... lo sé muy bien. Aquel miedo que solo esconde más miedo. Ese miedo que desata nuestra peor parte. Ese miedo... que puede destruir quiénes somos y hasta hacernos olvidar nuestro verdadero propósito.
Me senté a su lado, en un intento de ablandarla -Después de ser envenenada, hice todo lo posible para recuperar el control, ¿Acaso no es lo mismo? Control, miedo, todo viene del mismo lugar... la inseguridad.
Sus cejas se arquearon, y con eso supe que había entendido mi punto. Si... finalmente lo había entendido. Su cabeza derrumbándose fue la pauta.
Me puse de pie de nuevo y le extendí mi mano -Vamos... ya no hay nada que hacer aquí.
Titubeante, y al borde de las lágrimas, la tomó -No eres lo que pensaba.
Clavé la atención en ella, curiosa -¿Lo que pensabas?
-Pensé que solo eras una arrogante Avatar, pero demostraste ser mucho más.
Le sonreí, mientras pasaba su brazo por mis hombros -No... aún me falta mucho por aprender.
Rió por lo bajo, con un dejo de resignación -Vas por buen camino.
Caminé con su cuerpo sobre el mío hasta el portal y lo atravesamos. Inmediatamente un gesto aliviado se plasmó en mis labios. Mis amigos, todos estaban bien. Y también...
-¡Korra!
-Asami...
De inmediato los secuaces de Kuvira nos amenazaron. Sin embargo ella los detuvo. Apenas podía creer el notable cambio en su actitud. Supongo que la destrucción que causó fue la verdadera cura para su alma. Tenía que aprender de la peor forma, al igual que yo.
Kuvira aceptó en ese preciso momento todas las consecuencias por sus actos, lo cual terminó por sorprenderme.
Mientras admiraba esa increíble escena, sentí un apretón en mi hombro, y por tal tacto, supe que era la delicada mano de Asami. Me giré hacia ella, y sin dudar un segundo la abracé con las pocas fuerzas que me quedaban. Todo el grupo no tardó en sumirse en aquel aprecio. Como amaba esos abrazos amistosos, cariñosos. Sin darme cuenta, terminé rodeada de una gran y amorosa familia. Y no podría estar más agradecida.
Por fin... todo terminó.
-/-
Toqué dos veces la puerta que me impedía poder ver a mi gran amiga. A aquella que siempre estuvo a mi lado, no importase qué.
Escuché su débil voz, casi con delay -Pasa, Korra.
La abrí y asomé la cabeza por la madera -¿Cómo sabías que era yo?
Me sonrió de soslayo desde su cama, dónde se encontraba sentada -Creo que ya conozco todo de ti. Incluso como tocas la puerta.
Reí en un murmullo y caminé hasta ella, para luego sentarme a su lado. Mis ojos no pudieron evitar detallar su rojo y hermoso vestido, que solo era sostenido por unos breteles en sus hombros.
-Si me sigues mirando así... tendré que quitármelo- bromeó, provocando que riera otra vez.
-Asami, estás preciosa. Ese vestido te queda muy bien- deslicé los dedos por la tela, para luego atrapar su mejilla -Eres... preciosa.
Sus mejillas se sonrojaron. Pero... no era por mi cumplido. Estaba conteniendo algo que sabía bien que en algún momento iba a estallar. Y retener aquello solo provocaba que su rostro se tornara todavía más rojizo.
-Asami...- atrapé con ambas manos sus cálidos cachetes -No lo contengas más.
Parpadeó varias veces, desorientada -¿Qué... quieres decir?
Me aproximé más y rocé sus labios con los míos -Tu dolor. No tienes porqué contenerlo.
Sus ojos se abrieron de par en par, antes de llenarse de lágrimas.
-Tú estuviste ahí para mí cuando estaba en mi peor momento, ahora quiero ser yo la que te apoye.
-Korra... yo...- su cabeza decayó, y su cuerpo empezó a temblar. Podía escuchar su sollozo, que cada vez con más ímpetu se hacía presente -Lo extraño... ¡Lo extraño tanto!
Se impulsó hacia mí, hasta tirarme de espaldas en la cama, y se abrazó a mi cuerpo con fuerza, tanta fuerza... que su pesar traspasaba mi alma.
-N-No puedo c-creer que ya no esté... que ya no...- Siquiera pudo continuar. Su dolor terminó escondido en mi cuello.
Conteniendo mis propias lágrimas, la apreté más contra mí y acaricié su sedoso cabello. No sabía que decirle, por no decir que en realidad pensaba que no había nada que decir.
Perder a un ser querido... no hay palabras que puedan compadecer tal dolencia. Solo podía apoyarla, continuar a su lado, y... cumplir la promesa que le hice.
Por varios e incontables minutos lloró sobre mí, desmoronándome. Sentía los espasmos en su delicada espalda. No quería verla así... me destruía. Al igual que a ella seguro la destruyó verme en tal decrépito estado cuando estaba recuperándome.
Ahora entendía tantas cosas... tantas.
-Asami, todo estará bien. A partir de ahora tú y yo...- titubeé, con los nervios acrecentando -Podremos estar juntas.
Su dulce rostro se elevó un poco, hasta quedar a la altura del mío -¿Es eso... cierto? Finalmente podremos...
-Si...- asentí, dibujando una cálida sonrisa.
-Korra... yo...
Acaricié su suave mejilla y planté un pequeño beso en su frente -Todo estará bien.
Su semblante descendió, abatido. Pensé que la razón que la embargaba era su padre, pero parece que otra más estaba sumándose.
-¿Asami?
A pesar de la oscuridad de esa habitación, pude notar como su piel se ruborizaba.
-Korra, lo que siento por ti... creo que no tiene límites.
-¿H-Huh?
-Pero también, lo que siento ahora mismo... este dolor, tampoco lo tiene.
Entrecerré los ojos, intentando contener mis emociones. No podía mostrarme entristecida, eso solo la haría sufrir más.
-Siempre estaré contigo, no importa qué. Verás que todo pasará, incluso tu dolor.
Su visión se clavó en la mía, y sus labios comenzaron a delinear una irónica mueca -¿Eso crees? ¿Y qué harás para que pase?
La grave tonalidad de su voz y su sarcástico gesto... me daba a entender que no estaba cuerda para nada. Pero no podía culparla. No con todo lo que tuvo que pasar.
-¿Eh?
Su cuerpo se apegó más al mío, estremeciéndome.
-¿Me dejarás hacer lo que quiera, lo que más deseo?
Le mantuve la mirada unos segundos, dudosa. La suya, solo se mostraba melancólica, y con un dejo de locura. Como si fuese a perder los estribos en cualquier momento. Pero eso... ya no me asustaba. Yo sabía lo que habitaba dentro de su alma. Su verdadero ser.
Le sonreí con amabilidad -Haz lo que quieras conmigo, Asami.
Pude captar como sus pupilas se ampliaban, entre entusiasmadas y tentadas -¿Lo que... quiera?
Asentí de nuevo, apacible -Lo que quieras.
Sorprendiéndome, su ceño se frunció, impotente. No esperaba esa respuesta.
-No sabes lo que dices. Ahora mismo estoy...
Mordió su labio inferior, interrumpiendo su propia habla. Su mano derecha de repente atajó mis muñecas y las impulsó sobre mi cabeza, estrellándolas sobre el colchón. La observé, paralizada.
-No me mires así, dijiste lo que quiera...
Carraspeé, tratando de centrarme -Cierto.
Se sentó sobre mi vientre, y su mano libre empezó a elevar mi celeste vestido por mis muslos, acariciándome en el acto.
-Sabes lo que quiero, ¿No, Korra?
Desvié el rostro hacia el costado, mientras la ansiedad no se apiadaba de mí -Lo sé.
-¿Y estás dispuesta a dármelo?
-Lo estoy...
La escuché reír de una grave forma, que provocó que me volviese hacia ella. Parecía tan desconsolada, tan... sola.
-No me lo digas así...
-¿Así?
-Como si te estuviera obligando.
La saliva quedó atragantada en mi seca garganta -No me estás obligando. Yo también quiero...- me enmudecí, debido a que la vergüenza me estaba irrumpiendo.
Su ahora, expectante rostro se acercó al mío -¿Qué quieres, Korra?
Mis dedos se fruncieron contra la piel de mi palma -Te quiero a ti, pero temo que el tiempo no nos alcance, debemos ir a la ceremonia en -¡mmh!
No me permitió continuar. Su boca selló la mía en un exasperado y desolado beso. Con la respiración entrecortada, entreabrí los labios y le permití la entrada. Su lengua me degustó a su antojo, entrelazándose con la mía. Pero esta se mostraba desesperada, iracunda... su pesar seguía irrumpiéndome.
-Korra...- Sus besos terminaron sumidos en mi cuello, mordisqueándome, succionándome. Sus manos, traviesas, no se compadecían de mi nerviosismo y recorrían mi cuerpo, rozando mi cintura, desnudándome cada vez más -Korra... Korra...
Mis brazos no podían moverse, y ya no era porque ella me tuviera apresada, sino por la conmoción que me invadía.
Pasmándome, sus yemas navegaron por mi espalda, brindándome escalofríos. Me incorporó un poco y bajó el cierre de mi vestido. De una ruda manera, atrapó primero los breteles que cubrían mis hombros y los descendió, para luego atajar los costados de la ropa que protegía mi torso y desprenderla, quedando esta debajo de mis pechos.
Mis atributos rebotaron en su presencia y ella no tardó en sumirme en medio de ellos, mientras con sus manos los apretujaba, provocando un inminente calor en mi cuerpo.
Bien... no era así como me imaginaba esto. Pero si ella lo necesita... que así sea.
Percibí como aspiraba mi aroma sobre mi piel. Su respiración sobre mi ser me estremecía... me enloquecía.
Su lengua se extendió con una clara convicción de saborearme, y en ese preciso instante mi mente se apagó. De verdad... la deseaba.
Dedicándome una picarona mirada de fondo, acarició con el vértice de esta mi pezón, y poco tardé en mostrar mi entusiasmo a través de él.
Una perdida sonrisa atacó su rostro -Tan linda y... sensible- lo rodeó con la lengua, para luego entreabrir los labios y cerrarlos en ese vulnerable lugar, escondiendo mi sensibilidad. Escuché en un eco como un grave y placentero jadeo escapaba de su voz al saborearme. No pude hacer otra cosa más que imitarla.
-¡Ah...!
Lo succionó con una impecable precisión y lo liberó. Este bailó sobre sus labios, que no se dignaban a quitar esa ensimismada mueca -Korra...- me llamó, brindándole la misma y deliciosa atención a su gemelo.
Mis manos, ya sudorosas, se sumieron en su cabello, y mi aire terminó perdido.
Descendió por mi abdomen en un camino de fogosos besos, hasta llegar a mi entrepierna, lo cual me dejó estancada en el lugar. Me parecía que iba... un poco rápido.
-A-Asami.
-Lo sé, pero ya no puedo controlarme, Korra- atrapó uno de mis pechos y lo masajeó en tortuosos círculos, aún con el rostro hundido entre mis piernas -Espero que puedas perdonarme. Prometo que la próxima vez extenderé más esto.
Sus labios navegaron por mi muslo, en suaves caricias que solo me brindaban una electricidad que no sabía cómo definir ni controlar.
Bajé la visión, con los ojos notablemente entrecerrados -Asami, espe-¡Ah!
Su lengua recorriendo la tela que cubría mi intimidad, detuvo mi habla. La deslizaba lentamente de abajo hacia arriba, ahogando sus gemidos en ese pudoroso templo.
-Ya estás tan... mojada...
Cubrí mis ojos con el brazo, avergonzada. Sabía que lo estaba, pero no pensé que se iba a dar cuenta tan rápido.
-Asami... por favor...
Su mirada se asomó por encima de mi pelvis, solo lo necesario para que pudiese notarla -¿El Avatar me está rogando? Pero qué gran acontecimiento...- susurró en ese sitio, creándome unas inevitables cosquillas.
Entreabrí los labios, agitada, mientras ella imitaba mi acción pero con una intención diferente. Intención que sentí cuando los cerró con cautela y succionó la tela hacia sí, llevándose algo más que solo esa prenda; mi cordura.
Mi tacto enloqueció, y se enredó en su cabello -¡A-Asami!
Percibí como sus dedos con una cuidada y tortuosa lentitud corrían hacia el costado aquella tela.
Se encontró de frente con mi debilidad, y su mirada se ablandó, mientras sus mejillas no tardaban en ruborizarse -Korra... eres hermosa.
-N-No...
Oí, de verdad oí como su lengua se estiraba hacia ese pudoroso lugar y finalmente hacia contacto con mi centro. Arqueé la espalda al instante. Las cosquillas en mi vientre se hicieron insostenibles, y mis dedos se aferraron con más rudeza a su cabeza.
Esta comenzó a bailar en acompasados movimientos, desesperándome, provocando que impregnara más su rostro contra mi ser.
-Eres tan deliciosa...
Elevó la punta de su lengua y ascendió no solo mi centro con ella, sino también mi lujuria. Estiré el cuello hacia atrás, deleitada por sus caricias, que solo atinaban a aumentar.
-Korra... ¿Por qué?
Aquella incoherente cuestión provocó que abriese los ojos de golpe.
Se incorporó de repente, y pude notar como mi propio néctar quedó sostenido entre sus labios y mi intimidad. Néctar que no se reprimió en degustar. Limpió sus comisuras de un sensual modo que no pude pasar desapercibido.
-¿Asami?
-Por qué...- su visión terminó clavaba en el colchón -¿Por qué me permites hacer esto así?
-¿A-Así?
-Sí, así- gateó hasta quedar de frente contra mí, en medio de mis entumecidas piernas. Sujetó mi perdido semblante y me contempló penetrantemente -Sabes a lo que me refiero. No estoy para nada en mis cabales... ¿Entonces, por qué?
La observé unos segundos, intentando recuperar mi aire perdido y le sonreí -Porque te dije que hicieras lo que quieras conmigo.
Soltó un bufido, actitud que no comprendí. Y tomándome desprevenida, sus manos atajaron mi cintura y con una fuerza que era impensable que proviniera de ella, me acomodó sobre su regazo. Decir que me sentía indefensa sobre su cuerpo, es poco.
-No- negó con la cabeza -Me dejé llevar... lo siento.- dijo, profundizando sus ojos en los míos y regalándome tenues caricias en mi espalda -Esta no es la forma. No quiero...no así. No con la tristeza dentro de mí.
-Asami...
-Tú también la sentirás si hacemos esto ahora, y no quiero que sientas eso.
Vaya... así que la gran pervertida ingeniera podía controlarse si quería. Pero más alla de su autocontrol, ¿Estaba preocupada por mi?
Se veía tan abatida. Supongo que... su dolor no se iba a ir con facilidad, lo cual me agobiaba. No quería verla así. Solo quería verla sonriente, burlona, traviesa... tal como era ella.
Sonreí de lado, y le di un pequeño beso en los labios -Está bien, Asami.
-¿No estás enojada?
-¿Por qué debería estarlo? Continuaremos esto cuando tú lo desees.
Algo asombrada, rió por lo bajo, para luego tirarme con un leve empujón, de espaldas contra la cama.
-¡Wow! ¿Y eso por qué fue?
Se reincorporó, sin quitar su confianzuda mueca. Comenzó a peinar un poco su cabello, el cual yo claramente desordené, y me miró de reojo -Lo dices como si pudieras controlar lo que sucederá a nuestro alrededor.
-¿Huh?
-Sabes bien qué pasará cuando menos lo esperemos.
Ah, si... bueno, tenía razón.
Ahogué una risita y me puse de pie también, mientras acomodaba mi vestido y regresaba mis bragas a su sitio. Pero al hacerlo, cierta incomodidad atacó mi entrepierna, impidiendo que continuase.
Parece que notó mi malestar, ya que sus pasos volvieron hacia mi -¿Korra, qué pasa?
Mis pensamientos dieron vuelta la comprensiva frase que le dediqué. Y por supuesto, estos no pudieron evitar escapar de mi boca. Pero no era porque me hubiese dejado... incompleta, sino por otra cosa. Otra maldita cosa.
Arrugué la frente y me giré hacia ella -¿Qué pasa? No deberías empezar algo que no vas a terminar. Ahora no podría estar más incómoda.
Elevó una picarona ceja -¿Qué sucede con ese cambio de actitud? ¿Te dejé con ganas?
Hice un puchero debido a su obvia arrogancia -Además de eso, creo que... umm...
Inclinó el rostro hacia el costado, desentendida -¿Umm?
Arrugué el vestido sobre mis muslos y ascendí tímidamente los ojos, encontrándome con los suyos -¿Podrías prestarme unas bragas?
Pestañeó varias veces, para luego estallar en una carcajada -No me digas que...
Mis mejillas no podían estar más infladas -¡Si, te lo digo! ¡Pero esto es tu culpa! Preferiría bañarme, pero veo que no tengo tiempo para eso. El maldito casamiento va a empezar.
Aún riendo, y secándose los ojos a causa de eso, redirigió los pasos hacia un mueble y abrió un cajón -A ver... déjame pensar cuál te daré.
-Cualquiera está bien...
Me miró de soslayo, mientras con una planeada lentitud agarraba una de sus prendas y me la mostraba -¿Qué tal esta?
Detallé el rojizo y negro color de la tela, más los pliegues bastante llamativos y provocadores que poseía -Veo que te gustan las prendas de encaje.
-En efecto.
-Al contrario de mí. Las mías son... demasiado aburridas.
Caminó hacia mi ya exasperada persona, y la danzó de un lado a otro en mis narices -¿Pero qué dices? Tus bragas son muy bonitas, y me encanta que las hayas elegido a juego con tu atuendo.
Mis hombros terminaron apegados a mi cuello. Solo ella podía intimidarme hasta sentirme agotada por eso.
Me sonrió seductoramente y se agachó tan rápido ante mí, que no pude prever su acción. No dudó en atajar mis piernas con ambas manos al hacerlo.
-¡O-Oye! ¿Qué haces?
-Te quito tu incomodidad.
-No hace falta que...
-Levanta un poco tu vestido.
-Pero...
-Korra, no tenemos tiempo. Deja de hacerte la difícil.
-¡No me hago la difícil! Pero no quiero que veas... bueno...
-He visto tantas veces tu... ya sabes, que perdí la cuenta. Aunque admito que hoy la pude ver con un asombroso detalle...- agregó en un travieso susurro -Así que vamos, levanta tu lindo vestidito.
-¿Tantas veces? ¿Cuándo?- carraspeé, ansiosa -Obviando lo de hoy...
-Tú sabes cuándo.
Los recuerdos de aquella época en la que ni podía moverme me irrumpieron. Cierto... ella era la que me ayudaba a vestirme.
Frunciendo los labios, y con una clara resignación, lo elevé hasta las rodillas. Ella no tardó en sostener el elástico de mi prenda y comenzar a deslizarla hacia abajo por mi estremecida piel.
-Levanta la pierna.
Obediente, la flexioné hacia atrás y terminó de quitármela por el talón. Mi cuerpo estaba tan acalorado que juré que iba a prenderme fuego.
Capté como no soltaba mis bragas, lo cual extrañó a mi ya de por sí, aturdido estado -Hey...- la señalé -Eso es mío.
Me sonrió desde su posición, con una fingida inocencia -Oh, ¿Esto? Me la quedaré.
Mi corazón saltó de mi pecho -¡Ni se te ocurra! ¡Dámela!
-¡Nop!
Traté de robársela, pero la muy escurridiza no me lo permitía. Y para sumar a mi infarto, la llevó hasta su nariz e inundo su piel en ella.
-Hueles bien...
Con los colores subiendo por mi rostro sin mi permiso, sofoqué un grito -¡A-Asami, dámela!
-Dije que no.
Mis brazos cayeron a mis costados, totalmente rendidos -Eres cruel.
Rió en un murmullo -¿Yo, cruel? Solo te estoy ayudando- atinó a decir, mientras agarraba mi tobillo y colocaba la suya.
-Como en los viejos tiempos, ¿No?
Su mirada terminó inmersa en mí, y una sonrisa nostálgica se dibujó en sus labios -Si... como en los viejos tiempos.
Con una inmensa paciencia empezó a ascender su propia ropa interior hasta llegar a mis caderas. No se privó de estirar el elástico a los costados y soltarlo, provocando que este me estremeciese ante el seco impacto.
Se quedó arrodillada detallándome, y refregándose el mentón -¡Te queda bien!- elevó su dedo pulgar, sonriente -Ese color realmente resalta tu hermosa pigmentación.
-Pero que di-¡Ah! ¡No hagas eso!- sujeté sus hombros, luego de que plantara un pequeño beso en mi intimidad.
-Lo siento, no pude evitarlo.
Mi ceja izquierda tiritó. Esta mujer me estaba tentando, y no era momento para eso. En especial cuando me dejó... bueno, algo insatisfecha.
Se puso de pie, y acomodó su cabello hacia atrás, indiferente -Esto de que ambas seamos mujeres tiene sus beneficios.
-¿Eh?
-Podemos prestarnos la ropa sin ningún problema, ¿No es eso conveniente?
-Prestarla... no robarla, como acabas de hacer.
Esta vez fue ella la que hizo un adorable puchero que me derritió -¿Qué tiene de malo que tenga algo tuyo para cuándo no puedas acompañarme?
Largué otro pesado suspiro e hice un ademán con la mano -Vamos, se nos hace tarde.
Asintió una y otra vez, como una niña pequeña -Sí, vamos- Sujetó mi mano y abrió la puerta de la habitación -Tú primero, princesa Avatar.
Me volteé hacia ella, sonrojada -No hace falta ese trato...
Sin borrar su juguetona sonrisa, atrapó mi brazo y comenzó a caminar conmigo -¿Qué trato?
-Ese... tan caballerosa.
-¿Caballerosa? No soy un hombre, Korra. Solo hago lo que quiero hacer- me guiñó un ojo, llevándome hacia las afueras de su casa -Ahí está nuestro satomovil.
Mi quijada se desprendió al visualizarlo. Era realmente gigante y... largo -Wow, ¿Un nuevo modelo?
-Ajam. Lo planeé para la boda de Varrick, pero creo que será de utilidad para más gente también. Un auto digno de una ceremonia.
-Ja, eres una genia.
-Lo sé- respondió altanera y abriendo la puerta de este, dándome el paso.
-Te dije que no hacía falta la caballe-
-Solo entra- Me empujó con su cadera, provocando que cayera de golpe sobre el blando asiento.
En todo el camino no dijimos palabra alguna. Un chofer nos llevaba a nuestro destino, y mientras tanto Asami tenía la mirada perdida en el horizonte.
No sabía si era correcto hablar... parecía otra vez sumergida en su dolencia. Soy consciente de que trataba de camuflarla. Hoy en día conocía demasiado sus manías para saber cuando estaba actuando y cuando no.
-Korra.
-¿Mh?
-Perdona por lo de hoy... en serio tenía ganas de terminar lo que empecé. Diablos, sabes bien que tenía ganas- se refregó la frente, como si estuviera arrepentida de haber parado -Pero...
-Asami- atajé su mano -No hace falta que te disculpes, sé bien porque te detuviste.
-¿Lo sabes?- entrelazó sus dedos con los míos.
-Tú me lo dijiste, y aunque no lo hubieras hecho, hubiese adivinado el porqué.
Sonrió de oreja a oreja y me regaló un tierno beso en la mejilla -Gracias por eso.
-¿Huh? ¿Por qué?
-Por esmerarte en conocerme.
Reforcé el agarre con cariño -Gracias a ti... por todo.
Por su mirada pude saber a la perfección que no entendió las razones por las que estaba agradeciendo. Pero no me cuestionó, lo cual me alivió.
Ya tendríamos tiempo para hablar de eso.
-/-
-Y a pesar de que la batalla afectó severamente a nuestra querida ciudad, de la destrucción floreció el amor. ¡El verdadero amor es como una criatura voluble, difícil de encontrar, casi imposible de domar!
No podría estar más de acuerdo...
Con Bolin de fondo relatando su discurso, miré de reojo a Asami y tomé su mano. Ella me observó, algo sorprendida, pero no tardó en aferrarse con fuerza a mí.
Observamos los juramentos, casi encantadas. Nunca me había conmocionado este tipo de ceremonias, pero por algún extraño motivo, me estaba afectando.
-Ahora pueden... hacer lo suyo.
Sonreí de lado al ver como Zhu Li se lanzaba hacia Varrick y lo besaba efusivamente.
Esta ceremonia sí que no tiene nada de normal.
Unos hermosos fuegos artificiales comenzaron a adornar el anochecer. Esta noche no podía ser más perfecta. Pero dentro de mí... aún habían dudas que no lograban resolverse, que me hacían sentir... temerosa.
Mientras contemplaba como todos bailaban entre ellos, incluso Asami con Bolin, de una forma una tanto graciosa, me alejé de ese lugar. Necesitaba pensar, tranquilizar mi mente. Y no hace falta decir que con todo ese ruido de fondo era incapaz de hacerlo.
Cerca de dónde estaba divisé a Mako con el Principe Wu. Las palabras que me dedicó este último... me dejaron realmente conmocionada.
¿Dimitir como Rey y deshacer la monarquía? Ja... este chico no dejaba de asombrarme. Era más valioso de lo que pensaba. Miré de reojo a Mako mientras él se alejaba. Mi fiel amigo me dedicó una amable sonrisa.
-¿Cómo está el brazo?
-Mucho mejor.
No pude evitar perderme en sus ojos. Estos irradiaban un cariño más allá de lo comprensible. Y no me refiero a uno amoroso, sino a uno amistoso. Ese tipo de cariño incondicional... que no se puede describir con simples frases.
-La palabra "gracias" no es suficiente para expresar lo que has hecho, pero sinceramente no sé qué otra cosa decir- me encongí de hombros, avergonzada.
-No necesitas decir nada- clavó su seria visión en mí -Quiero que sepas... que te seguiré en la batalla sin importar lo difícil que se pongan las cosas- me sonrió, gesto que respondí de inmediato -Tienes mi protección, y siempre la tendrás.
Su protección... la protección de todos... es algo que he tenido desde el principio. No puedo quejarme, he sido bendecida con tantos buenos amigos, con una amorosa familia. Sin ellos, no sería nada.
Refregué mis brazos. El aire estaba volviéndose más frio, pero seguro se debía a que me encontraba frente al río que me separaba del nuevo portal que yo creé.
¿Estuvo bien lo que hice, dejarlo de esta manera? ¿Cómo iba a lidiar ahora con esto? Después de todo... casi nada cambió. Sigo siendo una niña pequeña y temerosa.
Una conocida presencia me tomó por sorpresa.
-Hablé con el presidente Raiko. Mañana estará anunciando un nuevo plan para expandir la ciudad, en lugar de reconstruir el centro.
Me giré hacia el tan inoportuno y querido Tenzin -Apuesto a que Aang nunca hubiera imaginado que habría un portal espiritual justo en el corazón de la ciudad.
-Korra, has transformado más el mundo en unos pocos años que la mayoría de los Avatares durante toda su vida.
-Pero siento como si solo acabara de empezar... hay mucho más que aprender y hacer.
Me sonrió, con su usual y cálida sonrisa -No sabes lo feliz que me hace verte llena de esperanza de nuevo.
Cerré los ojos, apacible -Ha sido un viaje con algunos baches, ¿No?
-Me he dado cuenta de que la vida es un viaje lleno de baches.
Descendí la mirada, nostálgica -Sé que estuve en un lugar oscuro tras ser envenenada, pero por fin entiendo el por qué tuve que pasar por eso... necesitaba entender que era el verdadero sufrimiento para poder volverme más compasiva con los demás.
Sin quitar su amable mueca, posó una mano en mi hombro, la cual sostuve, con todo el cariño que le tenía.
Si... así es. No me arrepiento de todo lo que pasé. No volvería el tiempo atrás aunque eso significara evitar mi sufrimiento. Ya que este fue la razón de mi crecimiento.
De repente, una dulce voz llamó mi atención. Una que esperaba escuchar hacía rato.
-Disculpa, Tenzin. Varrick te está buscando.
Clavé la atención en la hermosa figura de Asami, que parecía un poco intimidada. Al instante, mi pecho latió con rudeza.
-Creo que es algo sobre pedir prestado un traje planeador para saltar desde la torre...
-¡Eso no parece una buena idea!- Mi gran maestro corrió de inmediato hacia el centro de la celebración.
Ella lo observó con una media sonrisa, mientras yo buscaba el valor perdido en mi interior.
-¿Quieres sentarte conmigo un minuto? No estoy lista para volver a la fiesta aún.
Me sonreíste, con esa típico gesto que ya tan bien conocía. Gesto que no pude evitar devolverte.
Sí... sé que suena incoherente. Pero ahora todo, esta vez de verdad... estaba empezando entre nosotras. Como si lo anterior solo hubiera sido una alucinación o una previa para esto que estaba por decir, por sellar.
Ahora que finalmente todo había acabado... podía cumplir mi promesa. Y no podía estar más nerviosa por hacer formal nuestro vinculo. Pero veo que no era la única. Noté como te revolvías un poco incómoda en el lugar, mientras tomábamos asiento en un escalón. Eras consciente, pensabas lo mismo que yo. Para ti también este era el verdadero comienzo. Un profundo inicio.
Te contemplé de reojo unos segundos, para luego volver la atención a ese río -Creo que nunca llegué a disculparme como era debido.
-¿Por qué?
-Ya sabes... por haber desaparecido tanto tiempo, por no regresar pronto.
Sorpresivamente, tu mano atajó la mia con dulzura, y tus labios delinearon una amorosa sonrisa -No necesitas disculparte por nada. Solo... estoy feliz de que estés aquí ahora.
-Asami...
Tus ojos se perdieron en el suelo, desconsolados -No creo que hubiera podido soportar el perderte a ti y a mi padre el mismo día.
Lo sabía. Tú... todavía estás...
Me acerqué hacia ti, tratando de contener las lágrimas -Siento muchísimo lo que te ha pasado, Asami.
En un impulso, te abracé y te sumí en mi cuerpo, tanto, que juré que iba a fusionarme contigo. Tu llanto contenido se derrumbó en mi desnudo hombro, destruyéndome en el acto.
-Gracias...- dijiste en un susurro, aferrándote más a mí -Al menos estoy feliz de haber podido perdonarlo.
Me separé un poco, y te dediqué una orgullosa sonrisa. Porque eso es lo que sentía por ti; orgullo.
Eras tan fuerte... desde el principio te mostraste así, sin temor a nada. Sin temor incluso a desafiar a tu propio padre por lo que creías correcto. Me acompañaste en cada peligrosa aventura, sin vacilar.
Me pregunto si sabrás el valor que tienes... cuánto vales en realidad.
Nuestras miradas chocaron, y el nerviosismo en mi solo atinó a crecer -Entonces... ¿Y ahora qué? ¿Volvemos a la pista de baile?
Su visión decayó, alertándome.
-Ya estoy harta de bailar. Sinceramente... después de todo lo que pasó en los últimos meses, me vendrían bien unas vacaciones.
¡Eso es, vacaciones!
-¡Hagámoslo! Vámonos de vacaciones, solo nosotras dos, ¡A dónde tú quieras!
Me observó perpleja, para luego dibujar una tímida sonrisa -¿En serio? Bueno... siempre he querido ver como es el mundo espiritual.
Te sonreí y volví la visión hacia el nuevo portal que se vislumbraba a lo lejos -Suena perfecto.
Al otro día empacamos lo necesario en nuestras mochilas, y al anochecer nos encaminamos a ese portal. Que sin saberlo, se iba a convertir en uno de lo más queridos para mi, ya que a través de él, de una silenciosa forma, nosotras juramos nuestros votos. Nuestro mutuo amor.
Caminamos hacia este, que se encontraba rodeado de unos amigables espíritus. Cada una sumida en su propio pensar, en su propia emoción, en su propio dolor. Pero sabía que con nuestra mutua compañía podríamos superar todo. Incluso esas cosas que creíamos insuperables. Estábamos juntas, y ya nada podía negarlo.
Derivé la mirada hacia ti casi con timidez, y por supuesto tú me la devolviste de la misma forma.
Era extraño verte tan vergonzosa a esta altura. Pero supongo que sabías lo que yo comprendía bien. Que como dije, este era nuestro verdadero comienzo, y este viaje... lo iba a confirmar.
Moví un poco la mano hacia ti, solo para toparme con la tuya que había hecho la misma acción, para mi grata sorpresa. Nuestros dedos se entrelazaron, y con esa luminosa y pacífica luz dorada de fondo, empezamos a adentrarnos en el portal, sin quitar la atención de nuestros ojos, que decían más que nuestras propias palabras.
Mi tacto fue el que te incentivó a quedar de frente a mí.
Asami, por fin...yo... por fin...
Una preciosa y perfecta línea se formó en tus labios. Los míos te imitaron, nerviosos.
Reforcé el agarre en tus cálidas manos y como si fuera nuestro primer beso, me acerqué hacia ti e incliné mi rostro con un leve rubor adornándome. Tú me calcaste, inclinándolo hacia el lado contrario y sellaste tus labios lentamente con los míos en una dulce unión, mientras desaparecíamos del mundo terrenal.
Por fin... puedo estar contigo.
Ah, carajo. No pude evitar llorar al recordar este episodio, ¡El gran episodio que confirmó que esta hermosa pareja era canon! Como grité en ese capítulo, histérica total. Más la musiquita de fondo que le pusieron... BUAAAA... basta, necesito enfocarme. ¿Qué iba a decir? (aspira los mocos) ¡Ah, si! ¡Y nos acercamos cada vez más al final! Creo que queda un capítulo, a lo sumo dos, quizás tres si la querida inspiración me llega. Todavía no lo escribí, por eso no estoy segura. ¿Vieron que esta vez publiqué más rápido? APLAUSOS PARA MEEE. Mentira, no los merezco por haber tardado tanto con los demás. Me disculpo de nuevo por eso.
Gracias gente linda por seguirme con esta loca historia, ¡Los leo en el próximo!
Luu7: ¡Muchas gracias por leer! Concuerdo con vos, el primer capítulo también es uno de mis favoritos (sí, lo dice la que lo escribió) Es que disfruté demasiado y al mismo tiempo me emocioné mientras escribía. Cuando lo hice no sabía que iba a salir de todo esto, pero lo que sí sabía es que el personaje de Asami estaba tomando el mando de mi escritura sin mi consentimiento. Por eso la mayoría terminó relatado por ella. Espero que este capitulo te haya gustado, y te leo en el próximo, besos!
Maria: ¡Muchas gracias por leer! Me alegra seguir sacándote sonrisas! La idea nunca fue que mi fic fuese una telenovela al estilo marimar, toda dramática. Por eso siempre hago esas intervenciones graciosas. Respecto a la serie Shingeki no Kyojin, escuché sobre ella! Mucho! Pero todavía no la vi, la tengo en pendientes. Y sé a lo que te referís respecto a no involucrarme mucho con algunos personajes. Facebook es cruel, algunas páginas me adelantaron algunas cosas D; Pero igual la voy a ver! Espero leerte en el próximo, besos!
Chat'de'Lune: ¡Muchas gracias por leer! Como siempre tus comentarios me hacen el día. Tenés talento, sabelo jajaja. Che, y no es para tanto, eso de pasar al español neutro cada vez se vuelve más sencillo. Tanto que estoy olvidando como hablar en argentino (? la costumbre todo lo puede. Mil gracias por siempre leer, y te leo en el próximo! Besote grande y un fuerte abrazo! Namasteeeee!
Cryp: ¡Muchas gracias por leer! Asami está loca a su modo, si. Como todos lo estamos a nuestro modo. Nadie safa de la anormalidad! jajaja Te leo en el próximo, besos!
Mud-chan: ¡Muchas gracias por leer! Me alegra que te hayas divertido leyendo! "Montadas en una perrita" jajajaja exactamente. Más allá del drama, también es mi intención que la gente se divierta! y si, cuando me tranquilicé después de ver ese episodio (rompía todo) me di cuenta que el canal por el que pasaban la serie quizás no daba para profundizar en un tema tan tristongo. Pero igual... IGUAL, Asami merecía más protagonismo, nunca me voy a cansar de decirlo (la fanática) jajajaj Te leo en el próximo, besos!
Yasuko Sato: ¡Muchas gracias por leer! Acá está el capitulo! Espero que tu corazón haya aguantado la espera jajaj Te leo en el próximo, besos!
Ozarac07: ¡Muchas gracias por leer! Que bueno que te guste la historia! Eso significa todo para mi. Así que te leo en el próximo, besos!
The Surreal Dreamer: ¡Muchas gracias por leer! Recibir un elogio de otro autor/autora es todo. Gracias por las lindas palabras, y me alegra que te guste! Y ojo, que también sigo tu fic de Little Witch Academia. Estoy al pendiente de una próxima actualización (aprovechaba para decirlo) jajaja te leo en el próximo, besos!
Asuka0231: ¡Muchas gracias por leer! ¿En serio, corto? Según el número de palabras, es el más largo que hice D; Voy a tener que esmerarme más jajaja. Que bueno que te siga gustando, y te leo en el próximo! besos!
hinatita94: ¡Muchas gracias por leer! Espero que todo por México esté mucho mejor! Y que vos también estés bien! Que bueno que te gustó y causó también el capitulo anterior. Espero que este te haya gustado también! Muchisimas gracias por querer tanto a mi fic, y me alegra que te genere tantas cosas. Te leo en el próximo, besos!
Saraaniss: ¡Muchas gracias por leer! En ese sentido no puedo evitarlo... las puteadas me salen al estilo argentino aunque trato de camuflarlas (y creéme que las camuflé bastante) si sos de Argentina sabrás porqué jajajaj Me alegra que te guste la historia, realmente trato de hacer todo lo posible porque sea lo más sentida, justamente, posible. Te leo en el próximo, besos!
Obini: ¡Muchas gracias por leer! Siempre es un gusto tener nuevos lectores/as! Me alegra que te haya enganchado la historia. Y si, en efecto. Una de mis grandes aspiraciones era mostrar que tanto Korra como Asami después de todo son adolescentes, que lentamente van entrando en la etapa adulta. Y como buenas adolescentes, tienen que tener los típicos conflictos de la edad. Muchos besos y abrazos a Cuba! Espero que todo esté mejor y que vos también estés bien! Te leo en el próximo, entonces! besos!
Guest: ¡Muchas gracias por leer! aaah... picada. Eso es lo que más me gusta generar (rie malignamente) jajajaj que bueno que te guste la historia y te leo en el próximo, besos!
