Cartas
Es casi incoherente como el correr del tiempo puede cambiar tantas cosas; Mis sentimientos por ti, los tuyos, mi propia persona... todo. Siento que sucedió hace tan solo unos días aquel inesperado pensar que cambió mi vida para siempre. Ese día... que mi mente me jugó una mala pasada y me hizo verte de forma distinta.
La primera vez que te miré con otras intenciones, con otras emociones... que para nada se asemejaban a la de una amiga.
Me pregunto... qué es lo que hace que te enamores de una persona realmente. Es una cuestión que me pregunté por mucho tiempo, pero nunca encontré una respuesta certera.
Y ahora... atravesando este pacífico y luminoso portal, ciertas memorias vuelven a mí. Recuerdos que pensé que había sellado en mi alma porque eran demasiados dolorosos para conservarlos. Aquella memoria que me lleva al día que mi corazón comenzó a palpitar con más ímpetu por tu persona.
Si, ese día... como olvidarlo.
Sucedió antes de que Zaheer te quitara tu identidad, por no decir tu cordura. Me ofrecí para cuidar tu cuerpo mientras meditabas en un intento de encontrarlo.
¿Por qué me ofrecí? Bien... supongo que fue porque nos habíamos convertido en grandes amigas. Y una amiga debe cuidar de la otra, ¿Cierto?
Eso fue lo que pensé, pero mi sentir fue la verdadera razón por la que decidí cuidarte. Yo... de verdad no quería que te pasara nada malo, porque para esa instancia ya eras demasiado importante para mí.
Te contemplaba, casi hipnotizada. Tus párpados se encontraban apaciblemente cerrados, y tu cuerpo se elevaba y descendía tranquilo.
No fue mi intención... en serio, no lo fue. Pero mis ojos, aprovechando tu adormecimiento, de alguna forma terminaron examinándote de pies a cabeza.
Abracé mis propias rodillas mientras te contemplaba. Tu precioso rostro, tu delicado cuello, tus musculosos brazos, tu... pecho respirando con serenidad.
El mío propio latió con rudeza debido a dónde se detuvo mi traviesa vista. Tenía que desviarla, con urgencia. Pero esta no tuvo mejor idea que derivar a tu firme vientre y luego a tu...
Negué rápidamente con la cabeza, percibiendo como un incoherente calor aplastaba mis mejillas.
¿Pero qué...?
Con mucha fuerza de voluntad, regresé a tus apagados ojos. Sin embargo al hacerlo, la dura realidad me golpeó, ya que... me di cuenta que todo había cambiado. La prueba era que mi corazón seguía latiendo desenfrenado, no había forma de calmarlo. No... no era solo desenfreno lo que me agobiaba... era tentación.
Tentación por probarte.
Sutilmente gateé un poco hasta ti y quedé a la altura de tu rostro -Korra, ¿Por qué... yo?
¿Por qué estoy sintiendo esto? ¿Qué es esto? ¿Desde cuándo yo...?
Insegura, entrecerré los párpados, aún con un leve carmesí adornándome.
Todo está cambiando...y no sé si quiero que cambie. No sé si estoy preparada para tal cambio...
Con un coraje que no creía tener, elevé la mano y deslicé las yemas por tu suave mejilla.
-Yo...- de inmediato, arrepentida, la devolví a su lugar, al costado de mi cuerpo -¿Qué está pasándome?
Casi con temor, volví la atención a ti. Luché, de verdad luché para que mis ojos no terminaran en tus labios, pero poco pude hacer. Estos de igual manera me traicionaron y se estacionaron en el objeto de mi curiosidad.
Aferré la ropa que cubría mi torso, nerviosa -¿Qué me estás haciendo?- musité, cerca de tu tranquilo semblante -No entiendo nada...
Mientras más te observaba, más me inclinaba hacia ti. Y no por decisión propia, mi cuerpo se movía por sí solo. Era la primera vez en mi vida que sentía que no tenía control sobre mí.
-Korra...- atajé tu rostro otra vez y te giré un poco. Perdida en tu facciones, acorté más la distancia -Creo que yo...
Estoy sintiendo algo que no debería sentir.
Mis tímidas palabras solo se expresaron en mi mente, pero mi actuar se encargó de explayar a la perfección lo que estaba sintiendo, ya que mi boca terminó sumida en tu comisura, sin tu permiso.
Cerré los ojos y apreté los labios suevamente contra tu piel, regocijándome con el delicioso aroma que emanabas, para luego despegarme con lentitud.
Al instante los volví a abrir, aterrorizada. No podía creer lo que había hecho. Yo... la besé sin su consentimiento. Mi corazón latía tan apresurado que juré que iba a abandonarme.
Consternada, regresé a mi posición anterior y abracé todavía más mis rodillas. Quería que la tierra me tragase. Los nervios estaban sacudiendo más que solo mi razón.
No era correcto... no era correcto esto que estaba empezando a sentir. Korra... ella... no lo entendería.
Posé la visión en su ahora, preocupada mueca durmiente -¿O sí lo harías?
Debí haberlo imaginado, debí saber que esto pasaría. No fui capaz de darme cuenta de las advertencias que atacaban a mi mente, de esas pequeñas señales... y ahora...
Sus ojos, tomándome desprevenida, se abrieron de golpe. Me estremecí en el lugar. ¿No era factible que descubriera lo que hice, cierto?
Tomó aire mientras yo la imitaba, aunque de una muda y exasperada manera -¿E-Encontraste a Zaheer?- me limité a preguntar, rogando a todos los dioses existentes que mi nerviosismo no me delatara.
Su cabeza decayó -No, no estaba allí.
Gracias a dios... parece que no se percató.
Paralizándome, clavó la vista en mí. No estaba preparada todavía para tal contacto.
-¿Has estado aquí todo este tiempo?
Asentí, pero solo eso hice. Mi habla había quedado olvidada por mi inadecuado desliz.
Me sonrió con dulzura y atajó mi mano, provocando que mi pecho saltase aún peor -Gracias, Asami.
Desvié la mirada, ansiosa -No es necesario que me agradezcas. Hice lo que creí correcto.
Sus cejas se arquearon con una fingida decepción -¿Lo que creíste correcto? ¿No crees que eso es un poco frío de tu parte?
-¿H-Huh?
Incrementando mi nerviosismo, apoyaste la cabeza en mi hombro y te recostaste sobre él -Pensé que estabas preocupada por mí.
Entreabrí los labios varias veces, pero poco pude modular, más que imperceptibles sonidos. Debido a mi silencio, elevaste tus celestes ojos hacia mí desde tu cómoda posición.
-¿Qué pasa?
-Nada...- finalmente pude decir, evitando tu penetrante mirada -No quise decirlo así, por supuesto que estaba preocupada.
Sonreíste, con un grado de alivio -Menos mal.
-De todos modos, ¿Por qué te importa tanto si me preocupé o no?
De acuerdo, no era parte de mi plan formular tal cuestión. Pero algo estaba ocurriendo dentro de mí. Cierta inseguridad, temor, deseo... estaba despertando, enloqueciendo a mis emociones. Por ende, mis oraciones se estaban transformando en algo irrazonable.
Me detallaste unos segundos que se me hicieron eternos, para luego delinear una tenue sonrisa de lado -Porque eres mi amiga, o eso quiero creer.
-¡Lo soy!- respondí de inmediato, reforzando el agarre en tu mano -Lo... soy...- mi visión terminó sumida en el suelo, algo desesperanzada. Reacción que notaste.
-¿Asami? ¿Qué sucede?
Me animé a penetrarla de nuevo en ti. Pero lo que encontré en tus ojos... para nada se asemejaba a lo que yo estaba comenzando a sentir.
Esto... si esto es lo que creo, no debo ilusionarme. No con ella.
Sonreí para mí, desganada. Soltando un pesado suspiro, atrapé tu sedoso cabello y te sumí más contra mi hombro.
Así es. Ella nunca me verá de la forma... que la estoy viendo yo.
Acaricié tus mechones, mientras devolvía los ojos al horizonte -No pasa nada, me alegra que regresaras, ¿Cuál es el plan ahora?
Su mirada no me daba descanso, pero veo que se resignó ante mi falta de conversación -Hay alguien con quién necesito hablar.
Ese alguien era Zuko, pero eso no interesa. Aquí lo único importante es que algo dentro de mí había despertado, y no había indicios de que volviera a dormirse. Los acontecimientos siguientes reforzaron esa idea, en especial... cuando quedaste inhabilitada para cualquier cosa.
Si... mis sentimientos por ti finalmente se habían liberado. Y repito, es casi incoherente y extraordinario que los hayas correspondido. Para mi... realmente lo es.
Y más incoherente es que ahora me estés contemplando con una mirada inmersa de amor y protección. Una mirada que vengo deseando recibir hace tantos años...
-/-
Entreabrí los ojos con un aire de nostalgia. Pero al hacerlo, me encontré rodeada de un mundo maravilloso y colorido, contrario a esas lamentables memorias que estaban teñidas de blanco y negro.
-Korra...
-Bienvenida al mundo espiritual, Asami.
Me giré hacia ti, con una divertida sonrisa plasmada en el rostro. No podía borrarla. Me encontraba tan feliz. A pesar de la tragedia que aconteció hace poco en mí vida, que tú estuvieras aquí... a mi lado, llenaba ese vacío que no creí que pudiese ser sosegado.
Tú de verdad... eras todo lo que necesitaba.
Reforcé el agarre en tu mano, que al igual que la mía, no parecía tener intenciones de soltarse.
-¡No puedo creer que finalmente esté aquí!- exclamé y tironeé de ella, incitándola a correr por esos prados paradisíacos.
El entusiasmo me estaba desbordando, su presencia a mi lado lo hacía aún más. Todo era tan perfecto como increíble.
De repente, sus pasos se detuvieron en seco, provocando que la imitara. Unos amigables y pequeños espíritus comenzaron a revolotear a nuestro alrededor.
Korra acarició a una azulada y bellísima ave, y esta no dudó en posarse confianzuda sobre su dedo -Este mundo es algo impredecible. No sabes cuándo desaparecerá el suelo debajo de ti, así que mantente cerca... no quiero que nos separemos.
Sonreí de lado y la contemplé. Ya para esta altura supongo que carecía de sentido ocultar mi enamoradiza mirada. Y poco me interesaba hacerlo.
-Yo tampoco...- dirigí la atención al horizonte, y tomé de nuevo tu mano -Y... ¿Por dónde empezamos nuestras vacaciones?
Me calcaste, y un alegre gesto te irrumpió al detallar a lo lejos a un... ¿Ave? ¿Era eso un ave? Como sea, era gigantesca, y debo admitir que temblé un poco en el lugar cuando aterrizó frente a nosotras.
Ella reforzó el agarre y me dedicó una serena sonrisa -Tranquila, es un amigo. ¡Vamos, subamos!
Y así lo hicimos. Aquel extraño y celestial espíritu plegó sus alas, y en un abrir y cerrar de ojos nos encontrábamos tan alto que pensé que podía tocar las nubes.
Me sujeté con fuerza de su cintura, sin ser capaz de quitar la asombrada mueca que me adornaba.
-Korra... esto es...
Giró su rostro hacia atrás y se encontró con mis perplejos ojos.
-Esto es tan... ¡Maravilloso!- reí sobre su espalda, aferrándome más a ella.
Su carcajada inmersa de felicidad se acopló con la mía. De verdad... este momento no podía ser más perfecto.
-¡Mira! ¡Es un lago!- señaló desde lo alto las calmadas aguas de este, para luego hacerle una indicación al espíritu.
Obediente, comenzó a aterrizar, y Korra no tardó en saltar a la superficie y extender sus brazos hacia mí.
-Esta vez estoy preparada- me mostró los dientes, divertida.
Sabía a lo que se refería y mi cuerpo también, ya que de inmediato me lancé hacia ella y me atrapó en sus brazos.
-¿Quieres nadar un rato?
Entrelacé los brazos en su cuello, y sonreí -Si eso me permitirá verte en ropa interior, por supuesto.
Rió con ganas debido a mi, como siempre, indecoroso comentario -Me robaste las palabras de la boca- atinó a decir, bajándome con delicadeza.
Alcé ambas cejas, asombrada -¿Así que todo es para verme a mí en ropa interior? Tramposa- empecé a decir, tratando de mantenerme quieta, lo cual costaba.
¿Pero a quién no le costaría si tuvieran al Avatar mismo desnudándote?
Sus manos, con mucha sutileza descendieron el cierre de mi chaqueta, para luego quitármela por los hombros. Comenzó a levantar mi playera, dejándome solo con el brasier al aire. Su mirada se perdió en mi casi desnudes, tanto, que sus movimientos cesaron.
-Hey, Avatar- ascendí su mentón -Mis ojos están aquí...
-¡Ah! Si... lo siento- se encogió de hombros, y yo no podía estar más regocijada -T-Tu pantalón.
-¿Huh?
-No creo que quieras nadar con el...
Acerqué mi oído, en un falso acto -¿Qué dijiste? ¿Qué me lo vas a quitar?
Frunció los labios, nerviosa -¿Eso quieres? ¿Q-Que te lo quite?
-¿No me estabas desvistiendo? Claro que quiero. Aunque realmente quisiera que me quitaras más que solo mi pantalón- le guiñé un ojo -Pero todavía no es tiempo, así que...- señalé el inicio de este -Por ahora solo sácame esto- atajé sus temblorosas manos y las llevé hasta mi cintura -¿Crees poder hacerlo?
Recuperándose, sonrió de una burlesca forma y se agachó, quedando a la altura de mi prenda -Tú pudiste conmigo varias veces, así que técnicamente debería poder- dijo, desabrochando lentamente los botones.
En todo el trayecto solo pensé que el lago se podía ir bien a la mierda. Deseaba hacerla mía en ese mismo instante, y de una obscena manera.
Dios, realmente... tendré que controlarme.
Los deslizó por mi ya estremecida piel, y me lo quitó por los talones. No se privó de dedicarme una picarona mirada desde su posición.
-¡Ya estás lista! Oh, y por cierto- Mi cuerpo saltó al sentir una pequeña palmada en mi trasero -Linda ropa interior.
Esta chica... nunca se sabe con lo que puede salir. Mi corazón no está preparado para esto... carajo, ¡De verdad que no!
Me mordí el labio, impaciente -K-Korra- Mis palabras quedaron selladas al detallar como ella empezaba a sacarse su ropa de una sensual forma que no pude pasar desapercibida, quedando también solo con esas necesarias prendas que cubrían algo que realmente quería explorar con desesperación.
Sujetó mi mano, que yacía inerte sobre mi costado y sus pasos me incentivaron a adentrarme dentro del agua -No me sueltes.
-No lo haré.
Nunca... lo haré.
Su rostro se volteó hacia mí, juguetón -¿Estás lista?
Asentí, radiante -¡Lista!
Tomamos aire y nos adentramos en ese espiritual lago. Los espíritus marinos nos rodeaban, adornando las cristalinas aguas de una magia especial.
Todo era tan hermoso... pero no tan hermoso como ella. Y no podía dejar de pensar en eso. La impaciencia en serio estaba tomando el mando de mi cordura.
Su cuerpo se dio vuelta con lentitud debido a la gravedad y sus manos atajaron mis mejillas. Descolocándome, se acercó hacia mi rostro y plantó un pequeño beso en mis labios.
Beso que no pude evitar profundizar. Nunca había hecho esto con el agua rodeándome, y debo decir que fue una experiencia tan mágica, al igual que este mundo. Mis manos automáticamente se sumieron en su cintura y la apegué más contra mí. Ella sonrió dentro del encuentro, y pequeñas burbujas escaparon de mí al imitarla.
De verdad... esta situación no hace más que mejorar.
Luego de estar un buen rato nadando y jugueteando en el agua, finalmente salimos del lago.
A la orilla de este, escurrí mi cabello, pero esa actividad no fue suficiente para distraer a mis ojos. Estos se perdieron en su húmeda y deliciosa figura. Al visualizar como ciertas y afortunadas gotas se resbalaban por su bien formado cuerpo, me di cuenta que mi autocontrol no tardaría mucho más en colapsarse.
Mierda...
Continué observándola de reojo, pero no tan de reojo como pensé, ya que ella captó mi lujuriosa visión.
Se agachó un poco y sacudió su corto cabello, no sin antes dedicarme un travieso gesto -¿Qué te tiene tan concentrada?
-Tú.
Eso definitivamente escapó de mi habla. No era mi intención decir eso de tal pervertida manera, pero ya que... supongo que a esta altura me conocía a la perfección, y lo más importante... me aceptaba.
¿Qué sentido tenía reprimir mi vocabulario, si su tranquilizadora sonrisa no se dignaba a borrarse de sus apetitosos labios?
Sus pasos se acercaron, y los míos retrocedieron por pura cobardía. Es un hecho que ya no estaba pensando con claridad.
-Asami...
-¿Mh?- pronuncié, con una estúpida sonrisa.
-Quieres...
-¿Si?- musité, expectante.
-¿Quieres comer algo?
A ti.
Mis cejas cayeron al mismo tiempo, desesperanzadas -Claro.
Mientras contemplaba algo decepcionada como se vestía, la imité, para luego aproximarme hacia ella.
-¿Trajiste algo?
-Lo hice- respondió, estirando una manta en el prado y sentándose en ella. Le dio unas leves palmitas al suelo, llamándome.
-¿En serio? Eso no me lo esperaba- me senté a su lado, sonriente.
Me miró, y pude notar cierta timidez en sus ojos -Si, y cuando digo que lo hice, es... lo hice.
Pestañeé varias veces, desorientada, hasta que finalmente entendí su mensaje -¿Estás diciendo que lo preparaste tú?
Asintió, con un leve sonrojo que me enloqueció -No sé si te gustará. No suelo cocinar, pero quería hacer algo espe-
Siquiera la dejé continuar. Con un entusiasmo desbordado le robé la comida de las manos y la metí en mi boca.
-Oye...
-¡Está delicioso!
Sonrió de soslayo, avergonzada -No tienes que mentirme...
Me giré hacia ella, devorando otro bocado -¡No estoy mintiendo! Esta riquísimo y... lleno de amor.
Sus perfectas mejillas se ruborizaron y en consecuencia me costó en demasía pasar la comida por mi garganta.
Tan hermosa...
-Me alegra que te guste.
Dejé el plato sobre la manta y me acerqué más hacia ella -¿Ahora todo será así?- Le di un golpecito a su rodilla con la mía.
-¿Huh?
-¿Me cocinarás todos los días, como una linda esposa?
Delineó una burlona sonrisa -No te entusiasmes tanto. Tardé al menos unas cinco horas en hacer eso. Morirás de hambre si planeas esperarme.
-¡Te esperaré!- sujeté su mano, y la llevé hasta mis labios -Valdrá la pena- besé con devoción su dorso.
Al elevar la visión, me tropecé con la suya ensimismada -Asami... eres increíble.
La observé, confundida -¿Por qué lo dices?
Su vista se perdió en el mágico anochecer -Por todo... eres la mujer más valiente que conocí, y la única capaz de aguantarme.
Reí en un murmullo -Exageras.
-No, no lo hago- susurró, clavando sus celestes ojos en mi -De verdad... eres tan increíble que no creo merecerte. Después de todo... yo...
Mi pecho se encogió, afligido -Korra, si te refieres a todo lo que pasó entre nosotras, eso está en el pasado.
-¿En serio lo está? Me pregunto...- su cabeza decayó -Si realmente lo está. Si has podido olvidar todo lo que te hice.
-No me hiciste nada.
-Lo hice.
Me quedé en silencio, contemplándote. No pensé que el haberme lastimado te habría hecho tanto daño... quizás fui demasiado egoísta al sentirme la única víctima.
Si... lo fui. Fui egoísta y muy... muy estúpida. Cada día lo reafirmo más.
Arrugué los dedos sobre la manta, impotente -Tengo la prueba de que mis sentimientos por ti no han cambiado en todo este tiempo.
-¿Eh?
-Aunque no pensaba mostrártela...- sonreí para mi, desganada -Miento, si la traje es porque un lado mío quiere que la leas.
Siempre lo quiso.
-¿Leer qué?
Posé la mirada en ti, temerosa, para luego derivarla a mi mochila. Comencé a revolverla hasta encontrar lo que tanto miedo me daba mostrarte.
-Esto...- extendí mi mano, junto a un arrugado papel.
Lo detallaste, curiosa -¿Una carta?
Asentí, titubeante -Es la única que pude terminar de escribir, luego de muchos intentos fallidos. No sé si sea correcto que la leas porque no todo lo que está allí es... bueno, lindo.
Sorprendiéndome, la sujetaste con entusiasmo -Esto... ¿Cuándo la escribiste?
-Cuando no estabas. Allí están escritos... todos mis sentimientos por ti.
-Tus sentimientos...- la observaste con más atención, dudosa -¿Estás segura de que quieres que la lea?
-... En realidad no, pero es necesario que lo hagas.
Delineaste una amable sonrisa, entrecerrando los ojos -Entonces...- Esta vez fuiste tú la que rebuscó en su mochila algo que desconocía. Pero cuando vi lo que habías encontrado, mis pupilas saltaron de golpe -Supongo que es justo que tú leas la mía.
No puede ser... ¿Acaso las dos tuvimos la misma idea?
La tomé, temblante. Y como si fuera un preciado tesoro, acaricié con las yemas el papel.
-Tampoco esperes encontrarte con algo muy amoroso... estaba totalmente descarrilada cuando la escribí- rascó su cabeza, con una nerviosa mueca.
No podía estar más conmocionada. Ella... pensó en mí cuando no estaba. Sé que me lo dijo, pero esta carta era la prueba.
Tragué saliva con rudeza. La exaltación que atacaba mi pecho se me hacía cada vez más insoportable.
-Dime...- me sorprendió su voz -¿Por qué nunca la enviaste?
Suspiré, con una tenue mueca -Eso lo averiguarás cuando la leas- Deslicé la vista hacia ti, tratando de controlar mis ansias -¿Y tú? ¿Por qué no la enviaste?
Sus gestos me imitaron, al igual que sus palabras -Lo sabrás cuando la leas.
-Ja... maldita.
-Lo mismo digo.
Reímos al unísono, mientras detallaba como buscabas otra cosa en tu mochila -Supongo que esta lectura amerita algo especial.
-¿Mh? ¿Qué cosa?
-¡Tadaaan!- exclamaste, revelando una botella -Lo prometido es deuda. Te presento la cerveza artesanal de la tribu del agua - explicaste, con orgullo.
-¡Oh!- junté mis manos, entusiasmada -¡La trajiste!- se la arrebaté de las suyas, sin pensármelo dos veces.
-Hey, tómatelo con calma.
-Nunca mejor dicho- me burlé, abriéndola. Acerqué mi semblante al pico y al instante un delicioso aroma me embriagó -¡Wow! ¡Huele muy bien!
-¡Y sabe aún mejor!
-Aunque tú eres más deliciosa.
Desvió la vista hacia la carta, ruborizada -Ja, ¿Cómo puedes comparar? Todavía no la probaste.
Arqueé una sugerente ceja -¿No me crees? Bien... -le di un buen trago y la saboreé, relamiéndome los labios -mmm... si, deliciosa. Pero repito, tú lo eres más.
Me miró de reojo, claramente intimidada -Asami...
Sonreí, y le pasé la botella -Mejor ponte a leer antes de que terminemos borrachas y las letras empiecen a bailar.
Si, mejor que lo haga pronto, porque poco más podré aguantar mis reprimidas ganas de hacerla mía.
Los cortos minutos comenzaron a pasar, pero en mi mente los sentía eternos. Estaba tan hipnotizada por sus palabras, por su dolor en ellas, por la agonía que desprendía cada oración.
Ella... de verdad no quiso irse. Lo hizo para protegerme, tal como dijo.
Mientras más leía, más me arrepentía de haberle dado mi carta, por obvias razones. Al menos rescataba que el final de esta era una pura confesión de amor, pero todo lo demás... bueno, ¿Ya saben lo que está escrito, no?
Todavía leyendo, le di un buen trago a la botella, para luego pasársela, pero no la atrapó. Me volteé hacia ella y la encontré totalmente ensimismada en la lectura. Pero lo que más me impresionó fueron sus lágrimas, que sin pudor alguno dejaba en libertad.
-¿Korra...?
Cabizbaja y aspirando su llanto, el cual escuché, al fin atajó la botella con debilidad -Asami, esto...
Mi pecho palpitó, asustado.
Mierda, de verdad fue una muy mala idea. Me pregunto por qué está llorando. ¿Será por la parte en la que le echo la culpa de todo? ¿O tal vez por mi propio sufrimiento escrito allí? Como sea... no quiero verla llorar, ¡No se supone que esto debía ser así!
Completamente aterrorizada y tensa, le robé la botella y le di un largo trago a aquella deliciosa bebida, como si esta pudiese opacar el nerviosismo que me carcomía. Acto que por supuesto, en unos minutos me arrepentiría de hacer.
Al soltar el pico, mi cabeza, ahora acompañada de un fuerte mareo, también declinó -Lo siento mucho... es lo que sentía en ese momento, pero no sabía para nada lo que estabas pasando. Si lo hubiera sabido esas frases serían distintas.
Limpiando su nariz con el brazo, esta vez fue ella la que me la arrebató y la llevó a sus apetecibles labios. Supongo que pensaba que ese liquido también podía borrar su lamento -Perdóname, Asami... por haberte hecho sufrir tanto.
-No... no digas eso- le robé la botella que empezaba a estorbar, y la dejé sobre la manta, para luego atrapar sus acaloradas mejillas -No me pidas disculpas. Soy yo la que tiene que disculparse. Fui muy egoísta.
Sus ojos me evitaron -Pero tú... por tanto tiempo has estado...
-Deseándote... sí, no lo voy a negar- limpié su dolor con el pulgar -Pero debí haber sido más comprensiva y no lo fui, por eso...
-¡Lo fuiste!- exclamó, sujetando mis manos -Lo fuiste... Asami. Estuviste en el peor momento de mi vida, me cuidaste como si fuera un tesoro. Eso es todo lo que necesitaba.
-Korra...
-Yo... tu compañía era lo único que quería.
Me quedé perpleja, admirándola. No podía estar más enamorada... de verdad. Y para sumar a mi perdido estado, el alcohol en mi sangre estaba comenzando a afectarme. O esta cerveza era muy fuerte, o yo estaba bebiendo muy rápido... Ja, a quién engaño. Es obvio que es por lo último.
-¿L-La leíste toda?- Mi habla se entrecortó, pero sinceramente ya no sabía si era por la bebida o por lo que me generabas.
-Si... ¿Y tú?
-Sí. No sabía que...- tentada, deslicé mi mano por tu cálida mejilla, hasta encontrarme con la curva de tu cuello -Que habías sufrido tanto... perdóname.
-Es todo lo que sentí cuando no te tenía a mi lado- murmuró, descendiendo la mirada -Quise mandártela pero no me atreví. No estaba segura de si iba a regresar a ser la de antes o no- negó con la cabeza, suspirando -No... en realidad no estaba segura si algún día iba a volver, lo siento.
Tan... vulnerable. Ya no puedo controlarme.
-No digas nada más, lo único que importa es que ahora estás aquí conmigo.
-Lo sé. Solo... quería que supieras lo que sentí.
Dibujé una complacida sonrisa y acaricié su piel, mientras agarraba de nuevo la botella y la posicionaba contra sus labios -Bebe un poco más, lo necesitas.
Ahogando una risita, arqueó una desafiante ceja -¿Quieres emborracharme?
-Sí.
-¿Para violarme?
-Si...
No está demás decir que eso huyó de mí. Mejor dicho, no hace falta ni que lo diga. Mi vista, ya difusa, solo se dignaba a estacionarse en sus carnosos labios. Estaba entrando en lo que se denomina como "trance"
Trance por su perfecta persona.
-Ja... menos mal que era yo la que no sabía beber- dijo, mientras se dejaba llevar por mi movimiento y la saboreaba.
-Te subestimé- atiné a decir, despegando el pico de su boca.
En consecuencia, ciertas tentadoras gotas se resbalaron por su mentón. Un inadecuado calor me invadió al contemplarla.
-Y yo a ti. Nunca pensé verte en tan deplorable estado- se burló, ocasionando que una picarona mueca me irrumpiese -No, me retracto. Es adorable verte así.
Al escucharla, una electrizante emoción empezó a subir desde mis pies hasta terminar en mi cabeza, adormeciéndome. Estaba a punto de rebalsar.
-Hay algo que no escribí ahí, pero que deberías saber.
Y ahora es cuando se va todo al carajo, sip.
Parpadeó varias veces, con una clara curiosidad -¿Qué?
Riendo por lo bajo, me senté sobre su regazo y enredé los brazos en su cuello -¿Sabías que me he masturbado pensando en ti?
Confirmado, se fue todo al carajo. ¡Adiós querida cordura, fue un placer conocerte!
Los colores treparon por su rostro, sin darle tregua -¿Q-Qué dices?
Escondí mi semblante en su hombro, con una estúpida sonrisa de fondo -Incontables veces...
-¿A-Asami?
-Lo primero que noté en ti fueron tus ojos... tan amables, tan puros. Cuando te vi por primera vez no pude evitar quedarme perdida en ellos.
-Oye...
-Al contrario de ti, que me mirabas con puro odio.
Evitó mi visión, como si mis palabras la cegaran -Lo siento, en ese momento yo... por Mako...
-Lo sé. No me lo digas porque me enojaré.
Percibí como tragaba saliva con un esfuerzo sobrehumano -¿Te encuentras bien? -Atrapó mi espalda -Pareces un poco... ida.
-¿Pero qué hay de ti?- la corté, evitando por completo su cuestión -¿Te has tocado pensando en mi?- Mi voz exponía en demasía que mi sensatez se había ido de viaje, pero ya que... no podía sosegarme, ni quería.
Complacida, sentí como su cuerpo se tensó.
-Y-Yo...
Ascendí el rostro hasta su oreja, para luego navegar mi lengua por el borde de esta -Dímelo...- murmuré, de una placentera forma. Mis tonalidades se estaban descontrolando.
Sus manos temblantes sobre mi espalda, fueron la contestación que necesitaba -Si, lo hice...
Me mordí el labio, sintiendo unas interminables cosquillas que amenazaban a mi entrepierna -mmm... Korra, pero que grata respuesta.
Observé su cuello embelesada, y mi lengua se atrevió a ir más allá. Acerqué mis labios con la mayor lentitud que pude, reprimiendo a mi ser que me rogaba que la tomara casi a la fuerza, y lo degusté, lamiéndolo, mordisqueándolo. Los entreabrí sobre ese sensible lugar, todas las veces que ameritaba para dejar mi querida marca.
Sus dedos se fruncieron contra mi ropa -A-Asami, espera. Creo que estás muy borracha- me apartó con las manos, agitada -Ven, te mojaré la cara.
-No es necesaaario- respondí, en un cantito -Solo quiero estar contigo.
Ignorando mis palabras, me puso de pie, pasando mi brazo por sus hombros. O al menos eso percibí.
-Lo estamos, pero déjame refrescarte un poco.
Le sonreí tontamente, y besé su mejilla -¿Me cuidarás?- modulé, con una ebria tonada.
Me miró de reojo, con una obvia preocupación -Por supuesto, después de todo esto es mi culpa. Nunca debí traer esa cerveza- dijo, frunciendo el ceño y llevándome hasta la orilla del lago.
Arrugué el mío, decepcionada, mientras observaba como mojaba sus manos -¿Solo es por eso?
Posó su penetrante visión en mí otra vez, y comenzó a deslizar sus ahora, fríos dedos, por mis cachetes. Debo admitir que el alivio que sentí por su tacto fue exquisito.
-No, no es solo por eso.
-¿Entonces por qué es?
Dibujó una gratificante sonrisa y tomándome desprevenida, plantó un pequeño beso en mis labios -Porque eres importante para mí.
Juré que mi corazón se había detenido en ese mismo instante, al igual que el mareo que invadía mi cabeza. De alguna extraña forma, su confesión me despertó un poco.
Pero también provocó que mi paciencia tocara fondo. No podía más... deseaba estar con ella, demostrarle mi amor en todos los sentidos posibles.
-Korra...
-¿Estás mejor?- susurró, derivando sus caricias a mi nuca y masajeándola.
Ah... sus dedos... se sienten tan bien.
Parpadeé reiteradas veces, tratando de centrarme -Si... perdona por el espectáculo- llevé una mano a mi frente, y la refregué -Tomé muy rápido.
Largó una carcajada ante mis apenadas disculpas -He hecho peores, no tienes nada de qué avergonzarte.
Me quedé hipnotizada, mirándola con adoración mientras me refrescaba. La amaba... la amaba demasiado y eso me estaba desquiciando. Es como si mi interior no pudiera contener tal sentimiento.
Con el pulso en aumento y la garganta reseca, en un arranque atajé su muñeca, posé mi otra mano en su espalda y la apegué contra mi cuerpo.
Sus ojos se abrieron, asombrados -¿Asami?
-Quiero hacerte mía...- susurré en sus labios, agitada -No puedo aguantar más.
Esta vez, sus pupilas directamente saltaron de su lugar.
-Ahora sí estoy lista. Por favor... dime que tú lo estás también- navegué los dedos por su morena mejilla, hasta delinear sus labios con el pulgar -Si no lo estás, esto resultará de verdad en una violación.
Pude notar como reprimió una risita. Sus manos, en contraste a las mías, acariciaron mi cabello. Empecé a sentir como este lentamente disminuía su peso. Perdida, detallé como deshacía mi coleta, dejando a mi cabello en libertad.
-¿Korra...?
Sonrió, con una tenue timidez -No será así, porque yo también quiero hacerlo contigo, Asami.
Mi pecho palpitó, entusiasmado. Entreabrí los labios para hablar, pero en vez de eso terminé abrazándome a ella, desesperada.
-Korra, eres todo lo que necesito.
Con un pacífico silencio de fondo, solo siendo adornado por el sonido de unos grillos, escondió su semblante en la curva de mi cuello y ascendió las yemas por mi espalda, adentrándolas dentro de mi playera.
Aspiré su delicioso aroma y sonreí, aún escondida en su piel -Eres... mi preciado tesoro- susurré y me aparté un poco, para contemplarla en su totalidad.
Pero cuando me encontré con su profunda mirada, sus labios levemente entreabiertos y su pecho ascendiendo y descendiendo, emocionado, me apagué.
-Todo...lo que necesito...- murmuré, y en un impulso atajé sus cachetes y me hundí en su boca.
El impacto fue tanto que terminé tirándola de espaldas hacia el prado. Caí sobre ella, sin cesar mi acción. Sus labios se separaron lo suficiente para que mi lengua la invadiese, de una exasperada forma. La entrelacé con la suya, saboreándola.
-Asami...- musitó dentro de mí, inclinando el rostro hacia el costado y profundizando más la unión.
Mis manos se exasperaron, estacionándose en su cintura y ascendiendo por ella, ante esa deliciosa sensación.
-Korra...- la nombré, derivando mis besos a su cuello. Lo succioné con hambruna, deleitándome con su afrodisíaco aroma que ahora invadía todos mi sentidos.
Me sorprendí al notar como su agarre sobre mi espalda se estaba llevando por completo mi playera. No me negué, al contrario. Me senté sobre su vientre y extendí los brazos hacia arriba, facilitándole la acción.
Ella posó los ojos en mi unos segundos, para luego atrapar las mangas y estirarlas, quitándomela. Ahora, solo con mi brasier, la miré expectante.
Me sonrió en respuesta, mientras su cuerpo se incorporaba un poco y se abrazaba al mío. Pero lo que me dejó pasmada en el lugar fue percibir como sus dedos estaban desabrochando la prenda que cubría mis pechos.
La vergüenza empezaba a hacer su trabajo y mi mente poco lograba formular. En especial cuando logré sentir como un cálido vientito acariciaba mi delantera, reafirmando mi desnudes.
Me mordí el labio, excitada. Korra clavó su visión en mi, de una sensual manera que nunca tuve el placer de ver, hasta hoy. Como si se estuviera burlando, danzó mi brasier en un zig zag para luego revolearlo hacia atrás.
-Estorbaba- ronroneó, deslizando su atención a mis pechos -Eres tan hermosa...
-K-Korra... ¡Ah!- Un pequeño gemido se me escapó cuando sentí sus manos atrapando mis vulnerabilidades.
Antes de que pudiese pronunciar otro quejido, sus labios me acallaron, degustándome con desenfreno.
Sus dedos no se quedaron atrás. Atajó mis sensibilidades, que solo atinaban a crecer, con sus yemas y las estiró un poco hacia sí.
-Realmente... hermosa.
Mi respiración se estaba entrecortando más rápido de lo que pensé. Culpa de su tacto, que acorraló la parte baja de mis caderas y su rostro que comenzó a descender por mi cuello.
Envolví con los brazos el suyo, percibiendo como sus besos me marcaban en un tortuoso pero placentero camino hasta mis pechos.
-Asami...
Bajé un poco la mirada, y capté casi en cámara lenta como su lengua se extendía hacia uno de mis pezones. Mis ojos se ablandaron, y al instante una poderosa electricidad me recorrió, cuando sentí como bordeaba mi sensibilidad con esta.
-Ah...- enredé los dedos en su cabello y la sumí más contra mí.
Sus labios se entreabrieron en ese lugar, para luego cerrarlos sobre aquella sensible piel y succionarla.
-¡Ah!- Estiré el cuello hacia atrás, incapaz de evitar las sensaciones que transitaban por mi ser -K-Korra...
Su mano libre jugaba con libertad sobre su gemelo. Pero lo que me desquició fue percibir como esta comenzaba a descender lentamente por mi piel, encontrando la entrada de mi pantalón.
Como si la paciencia no fuese su fuerte, su cuerpo se inclinó más hacia el mío y terminé de espaldas contra el suelo.
-E-Espera...
No esperó, para nada. Empezó a deslizar hacia abajo mi prenda, hasta quitármela por completo. Su mirada seguía inmersa en la mía, cada vez más oscurecida.
-Ya no hay nada que esperar, Asami- atinó a decir, con una confiada mueca -Y sé... que tú tampoco quieres esperar más.
Me encantaría decir que fueron sus palabras las que me hicieron perder el control, pero esa no fue la razón. Fue su tacto, navegando en precisas caricias por mi cintura, y sus besos, marcando cada parte de mi abdomen, hasta llegar a mi vientre, lo que me desquició.
Sé lo que iba a hacer, y ese solo pensamiento hacía que mi pecho palpitase con rudeza.
Rodeó mi entrepierna en una traviesa caricia, mientras su rostro encontraba el fin de su recorrido. Es decir, mi pureza.
Sonrió en ese acalorado lugar, para luego comenzar a deslizar su lengua sobre la delicada tela que me cubría. Mis manos se aferraron con dureza del prado, tanto, que lo desgarré.
No se privó de succionarla sobre mi cubierto centro, unos incontables segundos. Cerré los ojos fuertemente, y de manera instintiva atajé su cabello.
-Voy a probarte... Asami...- Su voz sonó dos octavas por debajo de su tonalidad, pero la mía sonó aún más grave cuando empezó a desprender la tela hacia abajo, revelando mi templo.
Por pura desesperación flexioné las piernas y me senté con rapidez. Mi mano se frunció con fuerza de su cabello, acción que solo provocó que se sumiera en mi de una súbita forma.
-¡Ah!- jadeé, al sentir aquel excitante impacto directo contra mí. Sus labios recorrían ese pudoroso sitio con una calculadora lentitud -¡K-Korra...!
Su lengua no se quedó atrás. Me saboreaba de arriba hacia abajo, y para sumar a mi exaltación decidió detenerse en mi centro. Ahogó un grave gemido, absorbiéndolo hacia sí.
Gemido que repetí, pero que me dediqué a alargar debido a las fascinantes sensaciones que me estaba brindando.
Entrecerré los ojos, mordiéndome el labio con ímpetu -¡Ah! Si...
Mis caderas comenzaron a bailar hacia ella, sin mi consentimiento. Y mi mano, que aún yacía sobre su cabello, impulsó aún más su rostro contra ese sensible lugar. Acto que veo que solo la incentivó, porque de repente percibí como dos de sus dedos empezaban a rodear mi entrada, enloqueciéndome.
-Asami, eres deliciosa...- susurró, adentrándolos con una cuidada lentitud.
Arqueé la espalda al instante -¡Ah! ¡Korra...!
Comenzó a moverlos acompasadamente. La sentía adentro, realmente... muy adentro. Mi aliento se perdió. Podía ver como mi pecho ascendía y caía precipitado, tanto, que casi me dolía.
Su traviesa mirada se alzó sobre mi vientre, al igual que su lengua elevaba mi centro. Se desligó de este, y una pequeña muestra de mi placer quedó sostenida entre su boca y mi intimidad.
Con solo esa imagen... las cosquillas se hicieron insostenibles. Tenía que detenerla, aún no quería acabar... quería disfrutar lo más que pudiese de esto.
Atrapé sus hombros, agitada -E-Espera.
Ella detuvo su acto en seco. Parecía preocupada -¿Te lastimé?- musitó, gateando entre mis piernas.
Negué, con una placentera sonrisa -Para nada, pero si sigues así... terminaré.
Me devolvió el gesto -¿Y cuál es el problema?
Atrapé sus mejillas con las manos y planté un beso en su comisura -Que quiero terminar contigo...
Sus ojos se abrieron, y sus labios también. Pero no le permití continuar. En un veloz movimiento me reincorporé, y posicioné mi cuerpo sobre el suyo, estampandola otra vez de espaldas contra el prado.
-¿Asami?- me llamó, perdida en mi lujuriosa visión.
-Estás muy vestida para mi gusto.
-¿Huh?
Agarré su playera y comencé a deslizarla hacia arriba. Todo con su avergonzada mirada de fondo. Terminé de quitársela y sus pechos rebotaron ante mí, acrecentando mi extasiado estado.
-Oh...- moduló, entendiendo mi punto -Tienes razón... y aquí abajo también- señaló su pantalón, el cual no dudé en arrancárselo de un tirón, con una burlona sonrisa.
Antes de volver la atención a su rostro, me animé a examinarla de pies a cabeza. Mi lengua relamió mis labios en consecuencia. Sus largas piernas, sus caderas, sus pechos... todo...su perfecto cuerpo.
-Eres preciosa- musité, ascendiendo los ojos y clavándolos en los suyos -No puedo creer que eres toda mía...- agregué, aprisionándola con mi cuerpo y dibujando formas en su vientre con los dedos.
-Hey, esa es mi línea- contestó, deslizando las manos por mi desnuda espalda.
Reí por lo bajo, y rocé mi boca contra la suya -No tienes idea de cuánto he deseado hacer esto...- la cerré sobre sus labios, para luego entreabrirlos e invadirla.
Me correspondió gustosa, mientras mi tacto se atrevía a descender por su cuello, hasta llegar a sus pechos. Los atrapé entre mis manos, generando que su cuerpo se retorciese.
Su boca se escapó de la mía cuando sintió como domaba a sus ahora, erectos pezones.
Complacida, mordí su labio inferior y lo arrastré hacia mi persona -Sabes a mí...
Débilmente, su visión trató de enfocarme -Pervertida.
-Lo soy- susurré, mientras mis labios descendían por su cuello, lamiéndolo -Pero dijiste que te gustaba así, ¿No?
-Si... me gustas así.
Solté un aliviado suspiro sobre su piel, y continué mi camino, humedeciendo cada parte que rozaba, hasta toparme con sus pechos -Entonces... deja que esta pervertida disfrute. Ni se te ocurra negarme una sola cosa, ¿De acuerdo?
Soy consciente de que sonó como una orden, y su cuerpo me lo demostró, ya que tiritó debido a mi sentencia.
Su mano, enredándose en mi cabello y brindándome un leve empujón, fue su esperada respuesta -De acuerdo... pervertida.
Reí en un murmullo, sobre aquellas curvas que tanto me encandilaban -Así me gusta.
Sin perder un minuto más, estiré mi lengua y me dispuse a jugar con su sensibilidad. Su ser no tardó en reaccionar debido a mis caricias. La rodeé, para luego elevarla de arriba hacia abajo con el vértice de esta, en reiterados movimientos.
-¡Ah...!
Ah... su voz es tan...
Guiada por tal fogoso encuentro, la apresé con mis dientes y tironeé un poco de ella.
-¡A-Asa...
Su voz quedó atascada en su garganta, cuando me sintió absorberla en su totalidad. Repetí esa danza, una y otra vez hasta que quedé satisfecha.
Pero no tan satisfecha para mi gusto, por ende, decidí darle el mismo trato a su gemelo, succionándolo con ímpetu hasta soltarlo. Este bailó ante mí, y esa escena provocó que mi entrepierna se desquiciara.
-Ah... Korra...
Recorrí su piel con la punta de los dedos, y mis labios sin querer quedarse afuera, la imitaron. La besaba con adoración, con amor... con todo lo que tenía para ofrecerle.
Su cuerpo reaccionaba a mis caricias, estremeciéndose. Pero aún así, quería más... deseaba dejarla completamente agotada.
Con la paciencia por debajo de mi sensatez, me incorporé y sostuve sus caderas. Sus pupilas se ampliaron al percibir como la daba vuelta, dejándola de frente contra el prado.
Giró su cabeza hacia atrás, y se tropezó con la picarona mueca que me acompañaba -¿Q-Qué vas a hacer?
Sonreí de una descarada manera, y apoyé todo mi cuerpo sobre su espalda, apegándola aún más contra el suelo -... Te dije que no quería ninguna queja.
-P-Pero esta posición es...
-Perfecta- la corté, navegando las yemas por la curva de su espalda -Relájate...
Su vista volvió al frente, mientras mis manos, tentadas, rodeaban su cintura hasta llegar a sus firmes atributos. Comencé a masajearlos en círculos, admirando como su semblante ascendía un poco debido a mi acto.
Mi cuerpo, casi instintivamente se movía de adelante hacia atrás sobre el suyo, provocando que mi intimidad rozase contra su trasero, que solo atinaba a elevarse como acto reflejo.
Quedé absorta en sus mejillas sonrojadas, y sus labios entreabiertos, solo siendo sostenidos por un pequeño hilo de saliva -Eres tan linda...
Con el aire más que entrecortado, besé su perfecta nuca y empecé a descender mi lengua por esta, trazando una línea hasta llegar a la curva de su espalda. No me contuve de plasmar mi marca en cada parte de su acalorada piel, la cual empezaba a mostrar unos claros y rojizos rastros de mi lujuria.
-A-Asami...
Su voz sonaba tan placentera, jadeante... al igual que la mía. Pero creo que la razón de ello fue que mis caricias habían llegado a esa voluptuosa parte trasera que tanto deseaba.
Llevaba por el momento, fruncí una de mis manos contra aquella piel que me enloquecía. No podía dejarla quieta, y eso se notó cuando mis dedos continuaron su viaje, hasta encontrar la tela que cubría su intimidad.
Sin titubear, la froté en acompasados movimientos. Su humedad no tardó en asaltarme, desorientando lo poco que quedaba de mi lucidez.
Deseosa por observar su rostro en tal delicado encuentro, regresé hacia él, sin cesar mi labor -Korra... estás tan mojada...- musité en su oído, para luego lamer el borde de este.
-¡Ah...!- su frente se refregó contra el suelo, exasperada.
-¿Quieres sentirme más?- murmuré, mordisqueando su suave lóbulo.
Lo sé. Mi vocabulario se estaba tornando un poco... bueno, atrevido. Pero no podía evitarlo. No a esta a altura.
Sorprendiéndome, asintió con debilidad -Por favor...
Mis mejillas se ruborizaron más de lo que ya estaban -Tus deseos son órdenes, Avatar.
De inmediato me reincorporé, quedando arrodillada detrás de ella y con su tentadora parte trasera en mis narices.
Su rostro se volteó, aturdido -¡E-Espera! Así no... ¡Ah!
Por supuesto, callé su habla al rozar su intimidad, aún protegida -Hueles tan bien...- atiné a decir, mientras deslizaba hacia abajo aquella tela que molestaba.
Deleitada, contemplé como un pequeño hilo quedaba sostenido entre esta y su templo. Una perdida sonrisa se formó en mis labios.
-Korra...
Presa de las sensaciones, atajé su trasero con ambas manos y sumí mi rostro en su pureza. Hecho que provocó que sus dedos se aferraran con rudeza de la tierra.
Comencé a lamerla con una precisa lentitud, descubriendo cada parte de ese perfecto lugar -mmm... Korra...
-Ah... ¡Ah!- su espalda se arqueó al sentir como mi lengua se atrevía a frotar su centro, bailando sobre él, absorbiéndolo, apretándolo.
Sin embargo, ese movimiento no se comparó al que me regaló después, cuando percibió como la adentraba en su interior y me degustaba con la sensación de su ser apresándome.
-¡A-Asami!- Su cabeza terminó absolutamente impregnada en el prado. Y yo no podía estar más complacida por estar haciendo bien mi trabajo.
-Korra...- la quité de allí, solo para reemplazarla con dos de mis dedos, y hundirlos en ella.
Está claro que no dejé mi labor en su centro, era demasiado deliciosa como para despegar mis labios de él.
Su cuerpo se retorcía, y podía sentirlo en su interior. El cual generó que mi tacto se descontrolase dentro de él, arqueándose y encontrando otro de sus tantos puntos débiles. Rocé aquella sensible y escondida piel con las yemas, y un extenso jadeo emanó de sus apetitosos labios.
Ah... me estaba haciendo perder la cordura. Quería más, mucho más.
Absolutamente fuera de mi, emergí de ella y atajé su vientre, para luego elevarla y sentarla sobre mis piernas. Su cuerpo se desplomó sobre el mío, sin fuerzas.
Podía notar su agitada respiración en su espalda, que temblaba precipitada sobre mi pecho. La mía estaba igual o peor. Deliciosamente peor.
Apreté con más fuerza su abdomen, apegándola a mí -Korra...
Giró su rostro con pesadez. Sus ojos estaban entrecerrados, casi apagados. ¿Yo ocasioné tal placer en su mirada? Ese solo pensar me invadió de una excitación mayor.
Dibujé una gratificante sonrisa al detallarla, atrapando su mejilla -Te quiero, Korra.
Estos se abrieron, frágiles pero sorprendidos. Antes de que pudiese responderme, devoré su boca con hambruna. Una de mis manos trepó por su piel hasta atrapar su pecho y la otra me dediqué a descenderla por su vientre hasta toparme de nuevo con su sensibilidad.
Comencé a frotar su centro en un baile que solo generó que opacara sus gemidos dentro de mí. Ensimismada, aceleré la acción para luego apretarlo levemente. Su cabeza se derrumbó sobre mi hombro, notablemente deleitada.
Mi aliento se perdía en su oído, apresurado. Descendí las yemas por su intimidad y otra vez me topé con su ahora, en demasía húmeda y no tan estrecha entrada. Tal cosa solo fue una invitación para que me sumiese dentro de ella de nuevo.
-¡Ah...ah!- sus caderas empezaron a mecerse sobre mí, provocando que la invadiera con más ímpetu. Mi propio ser ya estaba tan húmedo como el suyo.
Me mordí el labio, realmente impaciente. Deseaba explorarla de todas las formas posibles.
-Korra... estás tan mojada que...- mi voz se entrecortó, agitada. No pude terminar de decir lo que de una indecorosa forma, mis dedos sí se atrevieron a advertirle.
Sus ojos saltaron de golpe, al percibir como uno de ellos se resbalaba por su intimidad y se estacionaba en la entrada de un templo... muy tentador y prohibido.
-¡N-No, espera!- atajó mi muñeca -Ahí no...
Sonreí de lado, debido a su inocente negación -¿Por qué no? Estás más que preparada...
Volteó su rostro hacia mí, totalmente ruborizada -P-Porque me da vergüenza. Y además yo nunca, bueno...
-No la sientas- besé su mejilla con ternura -Solo quiero hacerte sentir bien- musité, comenzando a rodear ese vulnerable sitio, cautelosa.
-¡T-Tienes muchos lugares para hacerme sentir bien!
Mordí su cachete, en una clara amenaza -Pero quiero hacerlo aquí.
-Asami...
-Nada de quejas, ¿Recuerdas?- Hizo un adorable puchero, que solo incrementó mis ganas -Prometo que no te lastimaré.
Su visión decayó, titubeante -No es que tenga miedo de que me lastimes...
-Entonces... relájate.
Devolvió la atención a mí, vacilante. Yo no me moví del lugar hasta recibir una respuesta positiva de su parte. Estoy loca, sí, pero no tanto como para abusar de ella.
De una dulce forma que me derritió, asintió lentamente con la cabeza. En ese preciso momento, mi corazón explotó.
Complacida, reposé el mentón en su hombro y lo besé con adoración -Seré cuidadosa.
-M-Más te vale.
No pude evitar sonreírle con todo el amor que le tenía. En serio... más tierna e inofensiva no podía ser.
-Linda...- murmuré contra sus labios, para luego besarlos y llevármelos conmigo.
Su agitada respiración se encontró con la mía, pero rápidamente fue reemplazada por una profunda exhalación que irrumpió mi boca, cuando percibió como con una cuidada lentitud comenzaba a adentrar uno de mis dedos en ese pudoroso lugar.
-¡mmhh...!
Me separé de inmediato de sus labios, ante ese sonido que no pude descifrar -¿Estás bien?
Desvió la visión hacia la nada, ruborizada -Si...
Busqué su mirada con mis ojos, todavía dudosa -¿De verdad?
La regresó hacia mí, avergonzada -Si, Asami... eso no fue exactamente un gemido de dolor... ¿Sabes?- frunció la frente.
Parece que mis preguntas estaban generando que dijese cosas que no quería decir. No obstante, su vergüenza no impidió que una gloriosa sonrisa se dibujara en mis labios.
Cerré los ojos apaciblemente y rocé sus labios con los míos -Entonces, continuaré.
Y así lo hice, me sumí aún más dentro de ella, percibiendo, satisfecha, como su cuerpo se estremecía sobre el mío. Mis labios se entreabrieron por la impactante imagen que estaba presenciando.
-Korra...- Ensimismada, me adentré lo más que pude, mientras con mi mano libre recorría su centro con las yemas, en círculos.
Su cabeza volvió a caer sobre mi hombro, rendida. Su respiración se estaba descontrolando demasiado, al igual que mi aliento huía con cada penetración que le brindaba.
Sentirla de esa manera... apresándome tanto...
Sellé los labios contra su cuello, como si esa acción pudiese sosegarme -¿Y...? ¿Se siente bien?- me animé a cuestionar, con un hilo de voz.
Apretó los ojos con fuerza y estiró los brazos hacia atrás. Se eferró con las manos al pasto, como si no pudiese sostenerse. Por tal movimiento, su cuerpo se recargó más sobre el mío, permitiéndome un panorama realmente pecador.
-S-Si...
-Cuidado con lo que dices, Korra...- ronroneé sobre su oreja, placenteramente, para luego ingresar un segundo dedo en aquel vulnerable sitio.
-¡Ah!
Sus jadeos me confirmaron que podía proseguir. Y así lo hice. Me adentré en ella reiteradas veces, mientras sus dientes chocaban entre sí.
Su cabeza se desplomó, al mismo tiempo que su pecho se elevaba y caía en picada, imitándolo, totalmente descompensado.
-K-Korra...
Las cosquillas en mi estómago se estaban haciendo insostenibles. Estaba a punto de terminar por solo sentirla y verla de esa forma... tan entregada a mí.
Aceleré la acción en su centro, mientras continuaba penetrándola. Eso solo consiguió que su voz se quebrara.
-¡A-Asami! Ah... ¡Ah!
Es todo. No puedo más.
Agitada, emergí de su ser y atrapé su cintura. La giré sobre mí, dejándola de frente contra mi perdido semblante. Su vista, agotada, tardó en poseer la mía.
-Asami...
-Korra... quiero sentirte más- murmuré contra sus labios, y en un acto que la desconcertó, atrapé su pierna y la reposé sobre la mía.
-¿Qué estas... ¡Ah!
Su habla quedó sellada cuando me impulsé hacia ella, juntando nuestras intimidades. La electricidad que me recorrió al hacerlo... no puedo describirla con palabras.
-Korra...- Presioné con más ímpetu y estiré la cabeza hacia atrás, al sentir en su totalidad su húmeda piel sobre mí.
Sus brazos se enredaron en mi cuello, y mis manos decidieron descansar en sus caderas.
Con la mirada apagada, comencé a mecerme lentamente. Su cuerpo poco tardó en caer unos centímetros, debido al deleite.
-K-Korra...- Aceleré los movimientos, ahora sosteniendo con una mano su cintura y con la otra su perdido rostro -Te quiero...
-A-Asami...- enredó la pierna en mi cadera, incrementando aquella anhelante unión.
Nuestras respiraciones chocaban, descontroladas. Nuestros ojos igual. Su cuerpo saltaba sobre el mío con cada embestida que le brindaba. Todo me estaba desarmando.
-¡Ah... ah!- jadeó, cuando me incliné más hacia ella, generando que nuestros pechos se frotasen entre sí -¡A-Asami...!
Sus brazos se desesperaron en mi cuello, aferrándose con rudeza a él. Yo terminé sosteniéndome de su trasero, absolutamente tentada. Fruncí los dedos contra él y la apegué más contra mí ya, estremecido cuerpo.
Mi vientre bailaba hacia ella como si de una danza oriental se tratase. El aire se me estaba acabando y el suyo... veo que también.
-Asami...- Sus yemas se resbalaron por mi húmeda espalda. Me impulsó hacia adelante, dejándome por completo sobre su acalorado cuerpo-Te quiero.
Con el sudor recorriendo mi frente, le sonreí con agradecimiento. No sé porqué, pero así lo sentí.
-Korra...- la llamé en un susurro y besé sus labios uno por uno, mientras mis manos atrapaban la parte posterior de sus hombros y volvía a impulsarme hacia ella, esta vez con más ímpetu.
Apretó los parpados con fuerza, y yo irremediablemente la imité. Mi abdomen se estaba contrayendo, mi aliento se escapaba, y una eléctrica energía estaba empezando a transitarme sin piedad alguna, quemándome.
-Ah...ah...¡Korra!- escondí el rostro en la curva de su cuello e intensifique las embestidas, lo más profundo que la poca fuerza que me quedaba, me permitió.
-¡Ah! ¡Asami!- esta vez fue ella la que me nombró, extasiada. Y en una acción que terminó por sumirme en un placer interminable, elevó sus caderas y apresuró los movimientos.
Mis dedos se fruncieron contra su piel, y los suyos rasguñaron mi espalda, en consecuencia de los agradables e interminables escalofríos que comenzaron a recorrernos.
Mi espalda vibró sobre su cuerpo, el cual no se quedó atrás, ya que su pecho se elevó hacia mí en un arranque. Los espasmos nos absorbieron por completo. Y como tanto lo soñé, percibí como llegamos al mismísimo cielo juntas.
-mmhh...- Incliné mis caderas hacia ella unas últimas veces, desacelerando la acción con una tortuosa lentitud, rozando nuestras ya, cansadas y sensitivas intimidades. Hecho que solo la indujo a gemir entrecortadamente.
Realmente... la sensación de fusionarme con su ser era tan embriagadora, que me dejó sin energía alguna.
Me derrumbé sobre su pecho, absolutamente agotada. Sus brazos, protectores, me acurrucaron contra este, igual de débiles que mi cuerpo.
Sonreí sobre ese cálido lugar, aún agitada. Pero no era la única. Su respiración pocos indicios daba de calmarse.
-Korra... soy tan feliz. Tan... tan feliz.
-Y yo... Asami...- me apretó contra ella -No puedo explicar la felicidad y alivio que siento ahora.
Reí por lo bajo, tentada -El alivio sí que puedes explicarlo- me animé a ascender un poco mi rostro, quedando de frente contra el suyo -¿O prefieres que te lo explique yo?
Arqueó una picarona ceja y acomodó mi cabello, que se encontraba adherido a mi frente debido al sudor -Tonta...
Le sonreí y planté un pequeño beso en sus labios -De verdad... me has hecho la mujer más feliz del mundo.
Me devolvió el gesto, acariciando mi mejilla con ternura -Te amo, Asami.
De inmediato abrí los ojos de par en par. Quedé suspendida por su declaración. Ella, contrario a mí, alzó ambas cejas, como si no comprendiera lo importante de aquella frase.
-¿Por qué te sorprendes?
-¿Cómo qué por qué? Nunca me lo habías dicho.
Pestañeó varias veces, confusa -¿De qué hablas? Te lo digo todo el tiempo.
-No, lo que me dices es que me quieres.
-Umm... ¿No es lo mismo?
-No lo es para mí.
-Asami, es lo mismo.
-¡Que no!
Contuvo una carcajada. Era obvio que mi obstinada reacción le parecía graciosa -Bien, entonces a partir de ahora solo lo diré así.
Incliné un poco el semblante, sin entender -¿Así?
-Te amo.
Otro punzante flechazo se clavó directo en mi pecho. Supongo que para esta altura mi rostro debía asemejarse bastante a un tomate.
-Ko-Korra...
-Te amo, Asami- repitió, atrapando mis mejillas con sus manos -Te amo...
Oh dios... voy a morir, en serio.
Inevitablemente, me lancé a sus labios en un impulso y los devoré. Por largos y varios segundos no la dejé respirar. Pero fue su culpa... por decir eso con tanto cariño y convicción.
Me limité a dejarlos en libertad, pero solo porque ahora era a mí a la que le faltaba el aire -La próxima vez avísame si decides infartarme de nuevo, ¿Quieres? porque no sé si mi corazón podrá tolerarlo.
Una hermosa risita escapó de sus labios, mientras yo hacía un puchero.
-Es en serio... creo que podría morir de lo feliz que estoy- agregué, reposando mi rostro otra vez en su desnudo pecho.
-¿Qué hay de ti?- me despertó su susurrante voz.
-¿Huh?
-¿No hay nada que quieras decirme?
Acaricié con mis pestañas reiteradas veces aquella voluptuosa piel, en señal de que no comprendía a que se refería.
-¿De verdad? ¿No vas a contestarme?- Eso sonó más a un reproche.
Reproche que me hizo bajarme de mi nube enamoradiza, y caer en la cuenta de que no le correspondí su aprecio.
Al instante me reincorporé y atajé sus inflados cachetes -Lo siento... estaba muy ocupada repitiendo tus hermosas palabras en mi mente.
Arrugó la frente, todavía en la espera. Me regocijé en demasía con esa tierna reacción.
-Korra... lo sabes bien- susurré cerca de sus labios -Sabes bien que te amo como nunca amé a nadie.
Sus ojos se mostraron sorprendidos, a pesar de que conocía bien mi respuesta.
-Y también sabes... que jamás dejaré de amarte.
Entreabrió los labios, pero no moduló nada. Solo su tacto estableciéndose en mi espalda me respondió.
Sonreí de soslayo, descendiendo mis caricias por su cuello -¿No me crees?
Sus labios comenzaron a delinear una perfecta sonrisa -Te creo.
-¿Entonces? ¿Qué pasa con ese silencio?
-Solo estoy... conmocionada y agradecida de tenerte en mi vida- contestó, dejando a mi mente en un absoluto caos.
-Te dije que me avisaras si tenias pensado infartarme de nuevo...- desvié la mirada, sonrojada.
Otra vez, solo logré que riera -Tú eres la que me viene infartando hace años, Asami- me señaló con el dedo, para luego apretar levemente la punta de mi nariz con este -Ahora no te hagas la inocente.
-¿Yo?- me incorporé, quedando sentada sobre su vientre, y llevé una dramática mano a mi pecho -Imposible.
-Por no decir que hace unos minutos atrás juré que moría, gracias a tu... bueno, tu querida forma de amar.
-mmm...- murmuré, acariciando su firme abdomen en un claro incentivo -¿Quieres repetirlo?
-¿Quieres matarme? No puedo moverme, literalmente- volvió a señalarme, esta vez a mis piernas -Por si no te diste cuenta, hace bastante que estás sentada sobre mí. No siento mi cuerpo.
Solté una importante carcajada. Cierto, lo había olvidado. En mi defensa, debo decir que su cuerpo se acoplaba tan bien al mío, que por poco olvidé que eramos dos personas y no una.
-Lo siento- rodeé sobre el suyo, juguetona, hasta caer a su lado -¿Mejor?
Se observó, apacible, para luego posar la atención en mí -Sigo sin sentirlo.
-¿Es eso una indirecta porque quieres que te cargue?
Rodó los ojos, traviesa -No...
El cantito en su voz me dio a entender que por supuesto, era una indirecta.
Sonreí totalmente complacida, y de inmediato atrapé su cintura y piernas, levántandola en mis brazos -¿Así está mejor, bebe Korra?
Enredó los suyos en mi cuello, con una mueca inmersa de arrogancia -Mucho mejor, mamá Asami.
Reímos al unísono, y yo todavía no podía creer lo irreal que sentía esta situación. De verdad... nunca me sentí tan llena en mi vida.
-mmm... ¿Vamos a seguir deambulando desnudas o armamos la carpa?- resonó su voz, despabilándome.
-¡Oh! Cierto... ahora que lo dices, ¿Nos habrá visto algún espíritu?
-Claramente.
Ahogué un grito, aterrada -¡Korra! ¿Por qué no me lo dijiste?
Me contempló, perpleja -Asami... era obvio. Están en todas partes.
-¿Y te lo tomas así? ¿Cómo si nada? ¡Vieron mi precioso cuerpo!
-Lo habrán disfrutado, al igual que yo.
Fruncí la frente, y con un bufido la bajé. Poco tardó en encogerse de hombros, como un cachorrito abandonado.
-¿Y mi paseo?
Me crucé de brazos, mientras buscaba mi ropa -No te lo mereces, por dejarme tan expuesta.
Oí su risa en un eco, lo cual generó que me girase bruscamente hacia ella -¿Qué es tan gracioso?
-Que te lo creíste.
-¿Eh?
-Los espíritus también duermen Asami, son madrugadores. Así que siempre descansan temprano.
Apreté los puños, sintiéndome por completo una estúpida. Ella se limitó a arquear una altanera ceja.
-Oh vamos, con todas las bromas que me haces tú, ¿No puedo hacerte una pequeña?
-Hablando de infartos, va el tercero. Te lo advierto- achiné los ojos -No querrás verme enojada.
-Eso es algo que ya hice- atinó a decir, dándose media vuelta y agachándose para recuperar su ropa.
La observé de reojo, tratando de planear una merecida venganza, pero al instante mi mente se detuvo, cuando contemplé como al inclinarse sus rodillas temblaron de una graciosa forma, chocándose entre ellas. Terminó sumida en el suelo de golpe, aún con estas tiritando.
Sin entender qué carajo le pasaba, me acerqué -¿Korra?
Unos incoherentes y divertidos sonidos me respondieron. Sus manos se fruncían con fuerza sobre la tierra y su cara no podría encontrarse más roja.
-De acuerdo, ¿Qué te sucede?- modulé, entre risas. No podía evitarlo, su estado era demasiado hilarante. Parecía un gato temblando porque lo mojaron.
-T-Te mataré.
-¿Huh? ¿Y ahora qué hice?
Su rostro se giró hacia mí, exasperado -¡M-Mis piernas no paran de temblar, idiota!
Con los ojos extremadamente abiertos, me agaché para quedar a su altura -No me digas que...
Unas graciosas y pequeñas lágrimas se escaparon de sus ojos -Y mi trasero... ¡Arde!
Mi quijada se desprendió, antes de que emitiera una fuerte carcajada -¡Estás bromeando!
Elevó su mano hacia mí, con los dedos tiritando debido a la obvia impotencia que la agobiaba. Cerró el puño y me lo mostró -¡Me dijiste que estaba preparada!
Me cubrí la boca para opacar la carcajada, pero eso solo ocasionó que mi risa resonara cual cerdo -¡Y lo estabas! Pero... veo que no pensé en las consecuencias del acto posterior. ¿Será que siempre es así?
-¡¿Ja?! ¡Pensé que tú eras la experta en esto!
Hice un desinteresado ademán con la mano, en señal de negación -Nah-ah, jamás lo hice por detrás, ¿Cómo iba a saber que ibas a quedar así?
Sus dientes relincharon, mientras en su mirada podía leer todas las torturas que quería plasmar en mi cuerpo.
-¿Fui un experimento o qué?
Puse un dedo en mi mentón, falsamente pensante -Ahora que lo dices, sip-
Juré escucharla gruñir. No... espera, de verdad gruñó.
Ups...
Trató de ponerse de pie, y de inmediato su rostro mutó en uno más chistoso que el anterior, tanto, que tuve que cubrir otra vez mis labios. Se refregó el trasero, caminando hacia mí de una amenazante, pero lenta manera.
Elevé ambas manos hacia ella, con una gran gota de sudor recorriéndome -C-Cálmate, Korra. Estoy segura que sientes eso porque fue tu primera vez por ahí... la próxima no lo sentirás.
-¡No habrá próxima!
Mis cejas decayeron, desesperanzadas -Pero sonabas como si la estuvieras pasando bien... sería una pena privarte de eso.
-¡Y lo hice! Pero ahora...- su visión decayó, hecho que generó que mi pecho se apretase a causa de la ternura desmedida que me invadió.
Tan linda...
Acorté los pasos y la abracé, para luego darle unas leves y maternales palmaditas en el trasero -Ya, ya...
-¡No te burles!
-No lo hago- me aparté, sosteniendo sus hombros -Además, estás exagerando un poquito. Actúas como si te hubiese metido un... ya sabes.
Se cruzó de brazos, inflando los cachetes -¡Pues lamento que mi trasero sea tan sensible, señorita pervertida! ¡Además...!- calló su habla, frunciendo los labios.
-¿Además qué?
Posó la vista en mi, timidamente -Tienes los dedos muy largos...
Casi escupo mi propia saliva por como lo dijo. Carraspeando, observé mis propios dedos -Oh, es verdad.
-Agh, maldición, ¿Cuándo se me va a pasar?
La contemplé, con una nerviosa mueca -Primero que todo, ¿Cómo no te diste cuenta antes?
-¡No lo sé! Empecé a caminar y entonces...
-mmm ya veo, al mover tus músculos...
Cubrió su rostro, consternada -Puta madre.
Sonreí de lado. Quizás si me había pasado un poco, ¿Tal vez debí conformarme con solo uno y no dos? Tomaré nota para la próxima, sip.
-Lo siento, Korra... de verdad no pensé que te iba a doler después de hacerlo- acaricié su mejilla, provocando que sus ojos se ablandaran -No lo hubiese hecho con ese dato en mi mente.
Desvió el semblante, aun con un puchero -Supongo que deberé vengarme.
-¿Eh?
Lo regresó hacia mí, junto a una maquiavélica mueca -Oh sí, me vengaré a lo grande.
Al contrario de lo que quería provocar en mi persona, mis ojos brillaron con fervor -¿En serio? ¿Estrenarás mi trasero?- atrapé sus manos con las mías, emocionada.
Su ceja izquierda tiritó -¿De verdad te divierte quedar como quedé yo?
-¡Valdrá la pena!
Se refregó la frente, sin poder creer lo que escuchaba -Bien, si tanto lo quieres- la descubrió, delineando de nuevo aquella malvada sonrisa -Te lo daré.
-¿Aún conservas la silla de ruedas?
Me miró, confusa -Supongo que sí, ¿Por qué?
-¡Porque la necesitaré!- exclamé, entusiasmada.
-¡E-Eso no es para alegrarse! ¡Y en todo caso esa es mi frase! Ugh... mierda, me sacas de quicio.
Reí con ganas debido a su impotencia. No pude evitarlo... es tan fácil provocarla. Esto de verdad se está volviendo una deliciosa costumbre.
Tomándola desprevenida, la alce de nuevo en brazos -Está bien, bebe Korra. Creo que te mereces ese paseo después de todo.
Me observó unos segundos, sonrojada, para luego esconder su semblante en mi pecho -Tonta...
Solté una pequeña risita y empecé a caminar con ella en mis brazos -Prometo que la próxima no dolerá. En serio debe ser porque fue tu primera vez, seguro será diferente.
-Eso espero...- su voz sonaba sofocada en mi pecho. Y su dulce actitud solo provocaba que ignorando su dolor, quisiera hacerla mía otra vez, allí mismo.
Creo que no tengo limites. Pobre Korra... lo que le espera conmigo.
La llevé hasta el lago y me adentré con ella en él. Realmente necesitábamos aliviar el calor de nuestro cuerpo. Pero creo que más que eso, terminamos jugando como dos idiotas en el agua. Al menos eso hizo que se le pasara el mal humor.
Al finalizar nuestro baño, me dispuse a armar la carpa. Korra, ya recuperada, me ayudó. De vez en cuando emitía algún que otro alarido exagerado, pero sé que ahora lo hacía solo para molestarme, o mejor dicho... para ser consentida por mí.
Amaba consentirla, así que por supuesto, le seguí el juego.
Observé como, ya con su pijama puesto, se tiraba de espaldas sobre la acolchonada manta que traje y estiraba los brazos hacia atrás -Ah... estoy tan cansada.
La imité, aunque de una forma un poco más femenina, obviamente.
Me miró de reojo, detallando mi ropa -Lindo camisón... transparente.
Elevé una picarona ceja -Lo traje especialmente para ti.
-Eso espero. No vaya a ser que me engañes con algún espíritu.
Riendo por lo bajo, me acomodé de costado, apoyándome sobre mi codo -¿Cómo anda esa colita?
Largó un bufido, calcando mi pose -Mejor. Creo que fue más que nada la impresión del momento, ya sabes...
-Si que entraste en pánico...- Deslicé la mirada por su cuerpo, hasta detenerme en su trasero -Por las dudas, déjame ver si está todo en su lugar.
Rápidamente me incorporé y descendí un poco su pijama, lo suficiente solo para que sus gloriosos cachetes quedaran al aire.
-¡Hey!
-mmm... Si, no está rojo ni nada. Estarás bien- murmuré sobre esa tentadora piel, para luego plantar un pequeño beso en ella.
Se estremeció debido a mi juguetón contacto, pero no se movió de su sitio. Al regresar la visión, me encontré con sus mejillas ruborizadas y su mirada perdida en la única almohada, de una timida forma.
Con una infantil energía creciendo en mi interior, gateé hasta ella y la hundí en un fuerte abrazo -¡Que dulce eres!
Respirando con tranquilidad, ocultó su rostro en mi pecho y frunció los dedos contra mi ropa -Aquí la única dulce eres tú...
Sonriente, miré hacia abajo, donde se encontraba escondida -¿Si? ¿Aunque haya desflorado a tu lindo trasero?
Se sumió más contra mí, creándome inevitables escalofríos -Si... aún así.
Entrecerré los ojos, regocijada -Cuarto infarto en camino.
Percibí la resonancia de su risa en mi ser. De repente, ascendió su rostro y se acomodó otra vez de costado.
-¿Sabes qué?
-¿Qué?
-¿Te diste cuenta que nada ni nadie nos interrumpió? Los milagros existen.
-¡Shh!- tapé su boca -¡No llames a la desgracia! Podría ocurrir en cualquier momento...- derivé los ojos de un lado a otro, sigilosa.
Desperté su risa de nuevo -Creo que rompimos la maldición.
-¿Tú crees?- elevé una ceja, mientras una inadecuada broma se asomaba por mi mente -Yo creo que rompí otra cosa...
-¿Huh?
Señalé con el dedo su trasero, delineando una burlona sonrisa.
Su moreno color terminó en absoluto carmesí -¡Idiota! ¿Cómo puedes ser tan...? ¡Te desconozco! ¡Te desconozco totalmente!
Sonreí con inocencia, y me acurruqué en su pecho -Oh vamos, es una broma.
-De mal gusto- Me cubrió con sus brazos, y en ese mismo instante supe que lo dijo sonriendo.
-Pero te gusto así...
-Lo haces.
-Y además eres una exagerada.
-Lo soy.
-¡Y lo admite! Que gratificante- susurré sobre ese cálido lugar, aferrándome a su espalda -Y dime, ¿Qué me tienes preparado para mañana?
-mmm... además de seguir recorriendo el mundo espiritual, te tengo una sorpresa.
Alcé mi semblante automáticamente -¡Amo las sorpresas! ¿Cuál es?
Negó con la cabeza, haciendo una graciosa mueca -Dije "Sorpresa"
-Oh...- volví a mi posición -La esperaré ansiosa, entonces.
Escuché un bostezo en un eco, lo cual me indujo a imitarla.
-¿Dormimos?
Me apreté más contra ella, sintiéndome por completo protegida -Si... hasta mañana.
-Dulces sueños, Asami- Besó mi cabello, para luego recargar su rostro en el.
Pocos minutos pasaron antes de que la ansiedad me carcomiera. Realmente necesitaba decirle algo, o mejor dicho, recalcárselo -Korra...
-¿Mh?
-Te amo.
Su cuerpo tembló unos segundos ante mi inesperado aprecio. No obstante, poco tardé en advertir como reforzaba el abrazo e inundaba el rostro entre mis mechones.
-Yo también te amo, Asami.
Cerré los ojos, con una paz infinita transitando tanto por mi cuerpo como por mi mente. La felicidad que sentía era casi irreal, ¿Acaso tenía un límite? ¿Acaso esto es un sueño? Nos costó tanto llegar hasta aquí que me cuesta creerlo.
No lo sé, pero de algo estaba segura. Korra era la dueña de mi felicidad, y mi felicidad era que yo fuera la dueña de la suya. El poder hacerla feliz, recomponerla, apoyarla... estar a su lado, es todo que necesito. Lo que siempre necesité.
Si... eres lo único que necesito.
Ok, si. ¡Tardé siiiglos en actualizar! Espero que este capítulo haya recompensado mi falta (guiño guiño) Estuve ocupadasiiiima y para empeorar la situación, en extremo sin inspiración! Menos mal que volvió, ah... me sentía vacía sin ella.
En fin gente linda, ahora sí que estamos llegando al final. Todavía no sé si va a ser en el próximo capítulo o si voy a hacer dos más. Todo depende de como fluya toda esta locura.
¡Los leo en el próximo, y mil gracias por leer!
Luu7: ¡Gracias por leer! Tus palabras casi me hacen llorar, en serio (sensible a full) Qué alegría que esta historia sea tu favorita! Es muy reconfortante escuchar eso de un lector, muchiisimo. Y aunque ya va a terminar, admito que tengo otras ideas en mente con esta parejita, para otro fic. Si en algún momento me pongo las pilas con eso, espero que te guste también :) La verdad no sé cómo hago para transmitir los sentimientos jajajaj pero me alegra que te lleguen. Simplemente trato de hacerlo lo más honesto posible, y con honesto me refiero a que jamás voy a retratar una escena perfecta, al menos no ahora, admito que antes cuando empecé a escribir, por ahi lo hacia. Pero me di cuenta que las imperfecciones son lo más puro y lindo que hay :) en mi humilde opinión. Por eso los tantos momentos patéticos que les hago pasar a las pobres de Korra y Asami, y por eso el cómo lo expresan jajajaj. En fin, te leo en el próximo, gracias por tu apoyo y besos!
AvatarAle: ¡Gracias por leer! Que bueno que te guste la historia! te leo en el próximo, entonces! Besos!
Maria Sato: ¡Gracias por leer! Me alegra que te siga gustando! Y sí, lo extendí un poco más el fic, simplemente porque fluyó (? Pero bueno, toda historia tiene un fin... si la alargo me estaría cagando literalmente en el comic, que tan mal no suena, pero quiero ver que onda la segunda parte y tercera. Me muero por leerlos! En fin, te leo en el próximo, besos!
Caro HJ: ¡Gracias por leer! Que copado que te pudiste enganchar al toque con la historia! Es muy reconfortante generar eso :) Así que supongo que te leo en el próximo! Besos!
himari: ¡Gracias por leer! No llores, no lloreees, que aunque la historia se termine, sigue en los comics (de alguna manera) jajajajaj Y seguramente voy a escribir algo de nuevo. Pero todavía falta un cap, o dos! no sé, veré (? jajaj Te leo en el próximo, besos!
Chat'de'Lune: ¡Gracias por leer! Espero que la merecida revancha de Asami te haya gustado! Muchisimas gracias siempre por comentar, y por el apoyo! Te mando muchos besotes y un fuerte abrazo! Te leo en el próximo! Namasteee
Yomi Lovesyuri: ¡Gracias por leer! Y gracias de nuevo por el consejito, ¡Me salvaste! Espero que este capitulo te haya gustado también, y te leo en el próximo, besos!
Ozarac07: ¡Gracias por leer! jajaja yo igual, perdí la cuenta de las veces que morí y reviví viendo el final de la serie. LO AMÉ! Que bueno que te gustó! y te leo en el próximo, besos!
Obini: ¡Gracias por leer! Supongo que los apapachos fueron suficientes para ayudar a Asami a lidiar con la tristeza (L Además me imagino los abrazos de Korra moooy cariñosos y tiernos, ¿Quién podría resistirse a eso? Ya está, Asami está curada de tristeza jajaj Te leo en el próximo, besos!
Meelo: ¡Gracias por leer! Que bueno que te siga gustando! Espero que este te haya gustado también ;) jajajaj te leo en el próximo, besos!
hinatita94: ¡Gracias por leer! Entregué la rikura, ya puedo morir tranquila, y vos también (? jajajaj Espero que te haya gustado el cap, y te leo en el próximo, besote grande!
Yasuko Sato: ¡Gracias por leer! Y yo estoy tan orgullosa de que lo hayas seguido hasta casi el final! Mil gracias por acompañarme en esta loca historia. Te leo en el próximo, entonces! Besos!
