Bueno, bueno. Al final... y con mucha pena tengo que decir que... ¡Este es el capítulo final de esta loca historia! Me pareció correcto que terminara acá. Así que espero que lo disfruten, tanto como yo disfruté escribir este fic.

¡Muchas gracias por haber leído todo este tiempo! Debajo de todo voy a expresar mejor mi agradecimiento. Ahora no jodo más, y los dejo con la lectura.


Siempre

Una extraña sensación se estaba infiltrando en mis sueños. Una extraña, suave... y placentera sensación.

-Mh...

Escuché mi propio jadeo estando con Morfeo, lo cual me llevó a entreabrir finalmente los ojos.

-¿Pero qué...?- susurré, derivando mi confundida mirada de un lado a otro.

Mi apagada cuestión quedó sellada al encontrar a la razón de mi despertar, que resultó no ser otra que mí querida Avatar, sumida entre mis piernas. Un potente latido me irrumpió ante tal indecorosa situación.

-¿K-Korra?- me animé a llamarla, incorporándome un poco -¿Qué haces?

Su primera respuesta me la brindó su lengua deslizándose desde mi entrada hasta mi centro, regalándome eléctricos escalofríos. Pero la segunda...

-¿Qué crees que hago?

Mi pecho se elevó, agitado -Estoy muy... dormida para esto.

-Lo que quieres decir en realidad...- me acarició su aliento en aquella pudorosa zona -¿Es que estás sensible?

-M-Muy... ¡Ah!- mi cuerpo se estrelló contra la manta de nuevo, debilitado. Culpa de la invasión que sentí.

Su lengua ahora estaba tan... tan dentro de mí. Se arqueaba en mi interior, me degustaba sin piedad alguna.

-K-Korra... Mh...- mordí mi dedo, en un intento de no gemir.

-Asami...- emergió de mí ser y asomó la visión por mi pelvis. Pero solo eso hizo, no volvió a su labor, lo cual me estaba desesperando.

Dibujando una ansiosa sonrisa, me incorporé con un notable esfuerzo -Korra, ¿No pensarás dejarme así, verdad? Creo que podría llegar a morir...- comenté, sacudida.

-mmm... ¿Quién sabe?- recostó con tranquilidad los brazos en mi vientre, y apoyó el mentón en ellos.

-¿E-Esto por casualidad es tu querida venganza?

-Quizás...

-Deja de jugar... no puedes dejarme así. ¿Tendré que masturbarme enfrente de ti, o qué?- Eso claramente escapó de mi habla.

Abrió los ojos, con un grado de sorpresa -No suena mal...

Inflé los cachetes -¡Korra!

Soltó una simpática carcajada debido a mi alterado estado, y comenzó a gatear entre mis piernas. Su cuerpo no tardó en aplastarme de una tentadora manera. Automáticamente estacioné las manos en su espalda, buscando un apoyo.

-K-Korra...

Me sonrió con picardia. Mi voz casi ni existía, supuse que fue por eso.

-Continúa...- rogué, buscando con mis labios los suyos.

Mierda. Si su intención era descubrir mi lado pasivo, lo logró. Merece unos importantes aplausos.

Tomándome desprevenida, giró sobre mi cuerpo y me dejó encima de ella. Quedé sentada sobre su firme abdomen, sin entender absolutamente nada. Sin embargo, su mirada me decía que tenía un maquiavélico plan en mente.

-¿Korra?

Esbozó una gratificante sonrisa y atajó mi trasero con ambas manos, para luego impulsarme más hacia ella. O mejor dicho, hacia su rostro.

Mis ojos saltaron de golpe ante la inadecuada posición que me atacaba. Mi intimidad había quedado por completo encima de su moreno semblante. Mi ropa interior ya había sido robada mientras dormía, así que ella podía vislumbrar toda mi desnuda naturaleza.

Avergonzada, elevé las caderas al instante, por puro instinto. Pero una de sus manos atrapó mi cintura y me descendió otra vez.

-Esta... es mi querida venganza, Asami.

Tragué saliva con rudeza, tratando de enfocarme -E-Es muy temprano para una venganza de tal grado, ¿No crees?

Negó con el rostro, creándome inevitables cosquillas en mi entrepierna, ya que este rozó contra mi piel.

Casi como acto reflejo, atrapé su cabello y me aferré a él -¿De verdad... quieres hacer esto?

-Es lo que más deseo...- susurró contra mi centro, enloqueciéndome -Relájate, Asami...- imitó mis pasadas palabras, con una burlona tonada.

Sus manos comenzaron a levantar mi camisón. No pude hacer otra cosa más que sonreír de lado y elevar los brazos. Por supuesto que iba a vengarse. Y yo... por supuesto que lo iba a disfrutar.

Recuperando la compostura, hablé -Bien, entonces...- con un leve tironcito, la impulsé más hacia mi pureza -Véngate...

-Veo que estás ansiosa por esto...- musitó, extendiendo la lengua hacia mi centro, pero en vez de terminar en él, esta se deslizó hacia el costado y empezó a recorrer mi entrepierna.

Me mordí el labio, impaciente. Sus labios estaban succionando mi piel, para luego besarla y volver a lamerla.

-K-Korra... seré yo la que me vengue si sigues así.

Sonrió en ese lugar y sus labios no tardaron en crearme cosquillas -Calma Asami, vaya que estás impaciente...

Empezó a ascender las manos por mi vientre, hasta capturar mis pechos, que ya se mostraban entusiasmados. Sus yemas hicieron acto de presencia, atajando mis pezones y estirándolos de una deliciosa forma, para luego ser reemplazadas por sus palmas, las cuales atinaron a rodear mis atributos, frunciéndose contra estos.

Cómo no voy a estar impaciente... estás jugando conmigo. Agh, maldita Avatar.

Sus labios siguieron recorriéndome, pero esta vez no se encontraban solos. Sus manos bajaron por mi piel y comenzaron a navegar por mis muslos en tentadoras caricias.

Mi ceja izquierda tiritó, completamente fuera de sí. No podía estar tentándome de esta inconcreta manera.

-Korra, juro que... ¡Ah!

No me dejó continuar. Por fin... no me dejó continuar. Su lengua comenzó a deslizarse sobre mi centro. Me estaba manipulando de una maliciosa y certera manera.

Bajé mi ahora, perdida mirada, y me encontré con sus dedos elevando la piel de mi templo hacia arriba. Un acalorado rubor cubrió mis mejillas. Ahora si... que había quedado absolutamente expuesta.

-Asami...- su aliento me acarició, antes de percibir como su lengua rodeaba mi centro y lo absorbía con una perfecta precisión.

-Mh...- Me aferré más de su cabeza, comenzando a perder el control de mi tacto. En especial cuando sentí como ahora se desplazaba de arriba hacia abajo sobre toda mi intimidad, humedeciéndome más de lo que ya estaba.

-Ah... Korra...- Mi cabeza decayó, y entonces allí pude contemplarla.

Estaba tan compenetrada en su misión. Sus parpados se encontraban apagados y sus manos seguían jugando cada vez más con mis piernas, envolviéndolas y llegando a mi parte trasera.

Un poderoso latido me tiró una alerta.

¿Será qué...?

Con la punta de los dedos rozó mi trasero. Poco tardó en atraparlo con las palmas y comenzar a frotarlo, entreabriéndolo en el acto. El aire me abandonó.

¡Oh, dios! Lo va hacer. La muy hija de... lo va hacer.

Sonreí para mí, ya con el sudor resbalándose por mi frente -Oh... Korra, ¿De verdad lo harás?

Su lengua me respondió, danzando cada vez más rápido el vértice de esta sobre mi centro, para luego presionarlo con el mismo unos largos segundos, generando que emitiera un ronco gemido.

-J-Ja... S-Sabes bien que esto no será una venganza para mi... ¿Cierto?- modulé, jadeante y acomodando su húmedo cabello de su frente -Solo será... una delicia.

Se desprendió de mi, dejando en su lugar un transparente hilo inmerso de placer -Lo sé. Quiero que lo sea.

Entrecerré los párpados, regocijada -Korra... ¡Mh!

Otra vez no pude continuar. Pero esta vez una invasión en mi interior fue la causante. Sumió la lengua dentro de mí, y me devoró a su antojo. Esta posición intensificaba mucho las sensaciones, permitiéndome percibirla mejor.

-Ah... ¡Ah!- Desesperada, me aferré con ambas manos de su cabeza y comencé a mecer lentamente mis caderas hacia ella -Si... sigue así...

-Mh...- ronroneó dentro de mí, elevando a mis pecadoras fantasías en demasía -Asami... eres tan deliciosa.

Me mordí el labio con más ímpetu, cuando sentí como remojaba la punta de dos de sus yemas en mi entrada, y las deslizaba hacia un templo prohibido. Empezó a rodearlo con delicadeza y mi corazón saltó en ese mismo momento.

Entreabrí los ojos, con falta de aire -Korra...

Su lengua se hundió más en mí, pero no fue la única que decidió hundirse. Comenzó a impregnar uno de sus dedos con una tortuosa lentitud, dentro de ese delicado lugar que nunca había sido explorado.

De inmediato arqueé la espalda, provocando que también mi trasero lo hiciera. Ella no dudó en atajarlo con su mano libre y entreabrir aún más uno de mis ahora, enrojecidos cachetes.

-K-Korra... ¡Ah!

Sus pausadas embestidas se hicieron presentes. Sentía ese lugar arder... arder de una placentera manera.

De verdad, ahora solo confirmo que ella fue una exagerada. Esto no podría sentirse mejor.

Sus labios seguían succionándome con hambruna, enloqueciéndome. Con la respiración notablemente entrecortada, aceleré el movimiento de mis caderas contra su moreno rostro. Estaba perdiendo la sensatez.

-Si... Korra...

Mi vocabulario se estaba desquiciando. Tenía ganas de gritar tremendas groserías, pero me contuve. No por miedo a que me juzgara por ello, sino porque eso solo me quitaría todavía más el aliento. Quería conservarlo, quería alargar esta sesión lo más que me fuera posible.

Pero una segunda presión tratando de irrumpir mi interior, me aseguró que eso no iba a ser posible.

-¡A-Ah!- Estiré el cuello hacia atrás, cerrando los ojos con fuerza.

Se hundió hasta el fondo en ese delicado lugar, generándome tortuosos escalofríos. Mi vientre quemaba, poco más iba a aguantar.

Agitada, noté de reojo como rozaba sus rodillas entre sí, las cuales se encontraban flexionadas. No pude evitar sonreír estúpidamente de lado. La estaba excitando... verme así, la excitaba. Y eso me hacía muy feliz, demasiado... tanto, que ese solo pensamiento me hizo perder fuerza.

Volví a inclinarme hacia adelante y reforcé el agarre en su cabeza. Si no me sostenía iba a desvanecerme.

-K-Korra...

Posó su oscura visión en mí, para luego desplazar toda su lengua por mi intimidad y acelerar las embestidas dentro de mí.

-¡Mh...!

Choqué los dientes, hipnotizada por aquella lujuriosa imagen. Mi estómago no soportaba más las cosquillas que lo irrumpían.

-Korra... eres tan hermosa...

Sonrió en ese pudoroso sitio y volvió a adentrarla. Pero esta vez empezó a bailarla frenéticamente, de adelante hacia atrás, rozando una sensible piel en mi interior.

Fruncí los dedos en su cabello, entreabriendo los labios. No podía devolver el inferior al superior, no había caso.

Su rostro se movía acompasado a su danza, y ese panorama solo me drenó de una energía que ya no podía controlar. Sus dedos no se quedaban atrás, entrando y saliendo en aquel sensible sitio, cada vez más veloces y profundos.

-¡K-Korra! M-Mierda...

Emitió una risita en mi interior, debido a mi inadecuado vocabulario.

Mis latidos no podían encontrarse más enloquecidos. Juré que mi corazón iba a detenerse de tan fuerte que me golpeaba.

Totalmente fuera de mi y con la sensación de explotar acercándose, embestí más rápido mis caderas contra ella, aferrándome con lo que me quedaba de fuerza, de su sedoso cabello.

-Y-Ya no...

Sincronizada con mi notable cambio, intensificó sus ataques, provocando que mis muelas se encontrasen y que encorvara de nuevo la espalda, aunque esta vez de una descontrolada forma.

-Ah... ¡Ah!- Jadeé, tanto, que seguro todo el mundo espiritual me escuchó.

Temblando estrepitosamente sobre ella, atajé su cabello con más rudeza y la sumí lo más que podía dentro de mí -Mh... Ah...

-Asami...

Con debilidad, entreabrí los ojos, solo para observar lo que terminó por ser mi perdición. Me miró de una lasciva manera y emigró la lengua de mi interior, llevándose no solo mi cordura, sino también mi néctar. Y para mejorar la situación, tuvo la gran idea de desplazarla por toda mi pureza, drenándose más de él.

-Mh... Korra...- arrugué los dedos contra su cabello, con la mirada vacía.

Con una programada lentitud la arqueó hacia atrás y la devolvió a su boca. Pude notar en primera persona como mi placer quedó impregnado en su lengua. El cual degustó y tragó, muy complacida.

Me relamí los labios ante esa imagen que solo provocó que perdiera toda la fuerza que me quedaba. Quitó los dedos de aquel delicado lugar, con la misma lentitud. Y eso fue todo.

Mi cuerpo me traicionó y se inclinó hacia atrás. Caí totalmente rendida de espaldas, sobre el suyo. Era consciente de que esa posición me dejó más expuesta que antes, pero no podía moverme. Mi pecho ascendía y descendía, exasperado.

Ella se incorporó y con mucha cautela atrapó mi espalda y me sentó sobre sus piernas. Enredé los brazos en su cuello, respirando con dificultad. Mi rostro terminó recostado en su hombro, mientras trataba de recuperar el aire perdido.

-¿Estás viva?- musitó en mi oído, creándome escalofríos.

Estaba tan sensible que hasta su voz me removía -Creo que... sí.

Soltó una susurrante risita, acariciando mi espalda en la acción -¿Y? ¿Cómo se siente ser violada de tal manera?

Sonreí, inmersa en su pecho -Delicioso, tu venganza fue... realmente deliciosa.

-Ja... idiota.

Regrese la mirada a sus ojos -Espero que no pienses que esto se acabó aquí...

Pestañeó varias veces, con una fingida inocencia -¿Disculpa?

Rocé sus labios, con la excitación en aumento. Mierda, no podía detenerme. Y su ruborizado estado no ayudaba.

-Quiero hacértelo yo ahora...

Capturé su boca, sin darle tiempo siquiera a modular. Aún con la respiración perdida, entreabrí los labios y asomé la lengua por ellos, para luego sumirla en su cavidad.

-Mh...- emanó dentro de mí, incentivándome.

-Korra...- navegué las manos por su espalda, hasta rodear su abdomen y sumirme dentro de su pijama.

Atajé los costados de su playera y empecé a elevarla, revelando sus perfectos pechos, los cuales no me contuve de atrapar.

-A-Asami...- musitó, intensificando el encuentro, enredándose con mi lengua.

Mi corazón seguía latiendo desbocado, pero no me importaba. Deseaba hacerla mía allí mismo. Mi cuerpo no me lo iba a impedir.

Me despegué casi con rudeza, y empecé a descender por su mentón. Quedé inmersa en su cuello y deslicé la lengua por él, degustándola.

Parece que mi cuerpo no era el único debilitado, el suyo de la nada misma perdió fuerza y cayó de costado sobre la manta. Veo que lo que tatuó en el mío, la dejó casi al límite. Eso solo me beneficiaba.

Me recosté a sus espaldas, y atajé su vientre con una mano, para luego pasar mi otro brazo debajo de su nuca. Sujeté su ahora sudorosa frente, y la apegué más contra mí.

Al instante percibí como su voluptuoso trasero rozó contra mis caderas. Mi aire se entrecortó sobre su cuello, el cual seguía devorando.

-¡A-Asami!- atrapó mi mano que se había animado a acorralar uno de sus pechos, casi desesperada.

Sonreí de soslayo, satisfecha -Es tu turno Korra, no te dejaré escapar.

Giré su rostro y robé sus labios de nuevo. Sus ojos se encontraban cerrados, y sus cachetes tan sonrojados que simplemente quería comérmelos.

-Ah... eres tan hermosa...

Por completo tentada, empecé a descender la punta de los dedos por su abdomen, hasta llegar a la entrada de su pantalón. Escondí las yemas dentro de él, topándome con su ropa interior. Comencé a frotarla con sigilo, con adoración. Con todo lo que tenía.

-Mh...- se despegó de mis labios, agitada.

-Ya estás mojada, Korra...- musité sobre su oído, lamiendo el borde de este -Me pregunto... ¿Fue por mí?

Solo sus jadeos me respondieron. Incentivo suficiente que me obligó a sumir los dedos dentro de aquella tela, confirmando lo húmeda que estaba.

-Mh... tan mojada...- rocé con lentitud su centro, generando que se retorciera en mis brazos -¿Quieres ver?- aceleré un poco la acción, provocándola.

Abrió los ojos de golpe ante mi indecorosa petición. Estos descendieron, casi atemorizados, y captaron a la perfección como yo emigraba de aquella deliciosa guarida, y arrastraba las yemas por su vientre, su abdomen, torso y cuello, marcando cada parte de su piel con su néctar, hasta llegar a su rostro.

Sujeté más su frente y básicamente la obligué a que los contemplara, ya que su rostro hacía lo imposible para evitar ese contacto.

-¿Ves?- los entreabrí frente a su perdido semblante. Su placer quedaba sostenido entre ellos, testarudo.

-I-Idiota...

Solté otra risita, incapaz de evitarlo. Verla así... tan rendida a mí, era demasiado para mi maquiavélico corazón.

-Pruébalo...- musité en su oído, desorientándola.

-¿Q-Qué...? ¡Mh!

Los adentré en su boca y comencé a moverlos de adelante hacia atrás, sin esperar una respuesta. Mi actitud se estaba saliendo de sus cabales, ya no podía detenerme. Pero eso solo... era tú culpa.

Tomó aire con fuerza, tanta, que la pude escuchar. Y por supuesto, resignada, comenzó a succionarlos, drenándome de una excitación aún mayor.

-¿Y...? ¿Sabe delicioso, verdad?- los quité de allí, dejando solo pequeños hilos de saliva conectados entre su boca y mis yemas, y esta vez los llevé a mis propios labios.

Los succioné con hambruna, mientras ella desviaba la mirada, sonrojada.

-Claro que es delicoso... tú eres deliciosa- los absorbí una última vez, y terminé ese acto con un obsceno sonido.

Su rostro no podía mostrarse más avergonzado. Imagen perfecta para mí.

-Ah, Korra... eres tan...- me mordí el labio, con la paciencia por el piso.

Y como si esta nunca hubiera formado parte de mí, atajé su hombro y la estampé de espaldas contra la manta. Ella me miró claramente estupefacta. Ya no sabía que esperar de mí, y eso... solo hacía más divertida la situación.

Volví a sus labios, desesperada, mientras mis manos acariciaban su cintura, bajando por ella. Atrapé los costados de su pantalón y empecé a quitárselo.

-A-Asami...

Me incorporé y terminé de sacárselo por los talones, junto con su ropa interior.

-Korra... quiero sentirte- susurré, acariciando sus muslos y levantando una de sus piernas, para luego reposarla sobre mi hombro.

Sus ojos saltaron, entre emocionados y asustados. Era tan fácil de leer... tan fácil.

Le sonreí con dulzura y ella en respuesta se apoyó sobre sus codos, cada vez mas ruborizada.

-Realmente... sentirte...

Con lentitud, apegué mi intimidad a la suya. De inmediato cerramos los ojos, deleitadas por ese húmedo contacto.

-K-Korra...- comencé a mecerme sobre ella, generando que su cuerpo bailara de adelante hacia atrás, adormecido.

Sus labios se entreabrieron y transformaron ese perfecto momento en algo aún más memorable.

-Asami... ¡Ah!- frunció los dedos contra la sábana, dejando caer su cabeza de lado.

Me incliné un poco más hacia ella y aceleré la acción, acariciando el costado de su perfecto trasero. Debido a las intensas corrientes eléctricas que me atacaban, mis dedos se apretaron contra su piel, dejándola rojiza.

-Mh... Ah...- jadeé, apagando los párpados y reemplazando la danza en su pureza por una circular, la cual no tardó en imitar, amplificando las gratas sensaciones.

Me aferré con más rudeza a su pierna, la cual por poco y temblaba sobre mi hombro, y volví a embestirme como al principio, cada vez más vigorosamente.

Su espalda se estrelló casi con violencia sobre el suelo. Observé como su respiración se descabellaba, al igual que la mía.

-Korra...- navegué la mano por su firme abdomen, ensimismada.

Entreabrió los ojos, y ese acto fue suficiente para que mi vientre se estrujara sin compasión. Su mirada era tan oscura... tan... lujuriosa y oscura.

Me mordí el labio por ya no se qué vez, y atrapé su pierna con ambas manos, apresurando de manera insana la acción.

-¡Ah! ¡A-Asami!- atajó mis muslos y los aprisionó con rudeza.

-¡K-Korra!- la llamé, casi en un grito, sosteniendo su cintura e impulsando su cuerpo más hacia mi intimidad.

Mi ser empezó a temblar nuevamente, junto con el tuyo. Un escalofrío me recorría de pies a cabeza, dejando mi mente en blanco. Deliciosamente en blanco.

Me embestí una última vez, pero esta vez mi cuerpo fue el que te embistió por completo, ya que terminé sostenida de tus hombros y escondida en tu pecho.

Un áspero jadeo escapó de tus labios, y también de los míos. Los sellé con los tuyos, ahogando los restantes en tu dulce cavidad, mientras me mecía unas lentas y tortuosas veces más sobre ti.

-A-Asami...- te aferraste con fuerza de mi espalda, resbalándote por ella.

-Mh... Korra...- Sonriente, terminé rendida en tu torso, absolutamente satisfecha. Solo tú podías generarme tal cosa.

Por varios minutos no pudimos decir palabra alguna. Nuestras respiraciones no daban indicios de tranquilizarse, y yo... la verdad no quería escapar de ese cálido lugar.

-Vaya... manera de despertar- modulé, con el aire perdido.

-¿No te gustó? Yo te vi... muy complacida- se burló, riendo por lo bajo.

La imité, acurrucándome más en su pecho -Sabes que lo hizo. Tu venganza fue perfecta.

-Veo que no te afectó como a mí.

-Cuando me pueda parar, te lo haré saber.

Rió de nuevo, esta vez con más ganas.

Cerré los ojos apaciblemente, y comencé a incorporarme, solo para caer a su costado, agotada.

La miré de reojo, acción que ella imitó, y le sonreí.

-¿Sabes, Korra? He estado dándole vueltas a algo...

-¿Mh?- Se posicionó de costado, apoyándose sobre su codo, y acomodó un rebelde mechón en mi rostro.

Acto que me hizo sonreírle con ternura -Sé que antes hice muchos berrinches porque me ocultabas, pero ahora... eso no me interesa.

Parpadeó varias veces, sin entender.

-Ese día que luchaste contra Kuvira, yo...- descendí los ojos, con solo recordar el terror que sentí -Tenía tanto miedo de que no regresaras, todo lo demás perdió sentido.

-Asami...

-Yo...- me puse de costado también y atrapé su rostro, para luego acurrucarla en mi pecho -Me di cuenta que lo único que me importa es estar contigo.

Ella frunció los dedos contra mi espalda, sumiéndose más en mí.

Acaricié su cabello, regocijada -Lo único importante es que estemos juntas, no me interesa si los demás se enteran o no. Solo...- sostuve sus mejillas y rocé mi nariz con la suya -...Solo quiero estar a tu lado.

Me sonrío con una dulzura desmedida, y plantó un pequeño beso en mis labios -Yo también, Asami. Aunque ahora eso no será un problema, sabes que solo te oculté porque tenía miedo de-

-Lo sé. Solo quería que supieras como me siento- la corté, devolviéndole el gesto, con uno más profundo.

Desligamos nuestras bocas con lentitud, y nos perdimos la una en la otra. Como amaba detallar esos celestes cristales. Podía estar horas mirándolos, sin ningún problema.

-¿Y ahora?- pregunté, con un hilo de voz. Esta sonaba frágil. Iba a costarme más de lo que pensé recuperarla.

-Y ahora...- la suya no se quedó atrás -Necesito un baño- comenzó a sentarse, con un esfuerzo que noté -Mi cuerpo sigue un poco...

-¿Caliente?- la imité, acariciando su espalda de una sugestiva forma.

Arqueó una divertida ceja -Esa es la palabra correcta. Así que si me permites, iré al lago.

-¿Conmigo?

-¿H-Huh?

Aproximé mi rostro y lo escondí en la curva de su cuello -¿Te bañarás conmigo?- lo besé, rodeando su desnuda cintura.

Percibí como se estremecía, y no pude evitar reír en un murmullo.

-S-Si quieres venir...

-Por supuesto que quiero ir. Mejor dicho, es mi deber ir- resalté, mordiendo su suave lóbulo.

-Ja... pervertida.

Le guiñé un ojo y me puse de pie. Simple acción que me costó horrores. De inmediato le tendí una mano, la cual sostuvo sin dudar.

-Luego del baño podemos seguir con el recorrido, ¿Qué dices?

Se levantó y pasó un brazo por mis hombros -Claro, pero mejor vistámonos antes de ir al lago. Ya es de día, y esta vez sí que los espíritus están bien despiertos.

Fruncí el ceño, recordando aquella broma de mal gusto que me hizo -Seguramente ya nos escucharon, Korra.

Ascendió ambas cejas, inocente -¿Acaso el Avatar no puede tener intimidad?

-Sí, ¡Pero no en un lugar dónde nos pueden ver!

-¿Me estás echando la culpa? Tú fuiste la que decidiste contraatacar.

-¡Pero fue porque tú me despertaste... bueno, de esa forma!

Soltó una carcajada, y me alcanzó mi camisón -Bien que te gustó.

Desvié la mirada, avergonzada -Cómo para no... estabas tan compenetrada.

-Entonces, no te quejes- atrapó su pijama y comenzó a ponérselo -Además, nuestro humilde hogar nos protegió.

-... Es una carpa.

-Cerrada.

-No evita que los sonidos se escapen.

-Deliciosos sonidos- agregó, alzando ambas cejas varias veces.

Estaba a punto de reprochar, pero al ver su juguetona mueca solo pude sonreír.

No puedo enojarme contigo... ya no.

-Vamos, si seguimos así se nos irá el día- atajé su mano y la incité a salir -Y hablando de eso, ¿No me tenías una sorpresa?

-Oh... eso vendrá después.

-Hm...- la contemplé de reojo, desconfiada. No sé porqué su "Sorpresa" me daba un mal presentimiento.

-¡Ah, espera!- se detuvo en seco -Olvidé preguntarte algo muy importante.

-¿Qué?

Clavó la mirada en mí, expectante -¿Cómo está tu trasero?

Se la devolví, curiosa.

¿Se refiere a...?

Cubrí mi boca al instante, reprimiendo una carcajada.

Oh, mí querida Korra... Tú y tu querida venganza.

Respondiendo por fin a aquella interrogante, arqueé una ceja y elevé un orgulloso dedo pulgar -En perfectas condiciones.

Su labio inferior se desprendió -¡¿Cómo es posible?! ¿Está hecho de metal o qué?

-Quizás el tuyo es demasiado sensible. Tendremos que amoldarlo...- bromeé, pellizcando uno de esos tentadores cachetes.

Gruñó tal como un animal y continuó su camino, dándome la espalda. Corrí hasta llegar a su lado, incapaz de quitar mi socarrona sonrisa, y me colgué de su brazo.

-Eres tan linda...

-Cállate.

Luego del refrescante baño... Ok, quizás no tan refrescante, ya que nos dejamos llevar de nuevo. No tanto como para pasar vergüenza enfrente de los espíritus, pero si lo suficiente como para que ellos tuvieran una historia que contar. En fin, continuamos explorando el mundo espiritual, y mi fascinación solo iba en aumento. La energía de este lugar era en serio muy especial. Se sentía como si estuviese flotando en el aire.

Korra me advirtió que este mundo reaccionaba a nuestro interior, por ende, si en algún momento entraba en pánico, quizás algo malo podría ocurrir. Pero estando a su lado... Ja, ¿Cómo iba a entrar en pánico con su noble persona rodeándome? Imposible.

Nuestros pasos, luego de unas largas horas de recorrido, se detuvieron frente a una alta montaña. La miramos con curiosidad, para luego contemplarnos.

Delineé una traviesa sonrisa -¿Estás pensando lo mismo que yo?

Dibujó una mayor -¡A ver quién llega primero!- saltó hacia las rocas e inmediatamente empezó a trepar.

Para mi sorpresa, parecía estar dificultándosele un poco el camino. Le sonreí, engreída.

-¡Te veo un poco lenta, Avatar!- exclamé, trepando y llevándole la delantera.

-¡Te lo estoy dejando fácil!

Estaba a punto de reír por su orgullosa reacción, pero de repente un temblor nos asaltó.

-¡¿Q-Qué está pasando?!

Sus manos se resbalaron por las rocas -¡Whoa! ¡¿Qué demon-

Antes de siquiera poder continuar, esa montaña tomó vida y ascendió, transformándose en un espíritu.

Abrí los ojos de par en par. Hablando de pánico, bienvenido sea.

-¡¿Quién osa escalar sobre mí?!

¡Qué mierda íbamos a saber que eras un espíritu!

Korra, controlando la situación, tomó el mando al instante -¡Lo siento, noble espíritu! No nos dimos cuenta y...-

-¡Debí saberlo! ¡Humanos molestos!

Oh, oh... no está feliz.

Nos sujetó a ambas de la ropa, dejándonos frente a su rocoso rostro.

-¡No soy una molestia! ¡Soy el Avatar!- lo señaló.

-¡Peor aún!- respondió, iracundo -Crear un nuevo portal fue ir demasiado lejos, ¡El mundo de los humanos y el espiritual deben permanecer separados!

-Ese portal fue una especie de accidente...- se justificó, tratando de aflojarlo.

No estaba funcionando. El gruñido que emitió fue suficiente prueba.

-¡Váyanse de mi reino y nunca regresen!- gritó, revoleándonos hacia la nada misma.

-¡Korra!- la llamé, desesperada.

Ella, volando a mi lado, extendió las manos hacia mí -¡Resiste! ¡Te tengo!

Invocó el aire control y de una milagrosa manera logró sostener mi cuerpo, junto con el suyo. Igual, eso no evitó que cayéramos de una estrepitosa forma sobre el suelo.

-¡Asami! ¿Estás bien? ¡Dime algo!

Solté un aliviado bufido, refregándome el trasero, y giré el rostro hacia ella. Acción suficiente para informarle que me encontraba a salvo.

Ella emanó otro, que sonó más lamentable -Qué desastre. Yo quería que nuestra primera gran escapada fuera perfecta, y casi hago que nos maten. Lo siento...- bajó la cabeza, arrepentida.

Le sonreí de lado, inmersa en su dulzura -Hemos pasado por cosas mucho peores, y no dejaré que un espíritu malhumorado arruine nuestra diversión. Tú tampoco deberías.

-Si... tienes razón- soltó otro pesado suspiro. Parece que mis palabras no la convencieron mucho.

Me puse de pie y me acerqué hacia ella. La ayudé a incorporarse, sin quitar mi sonrisa, que contrarrestaba bastante con su gesto.

-Pero por desgracia, perdimos todas nuestras provisiones. Así que pienso que deberíamos regresar a la ciudad.

Me miró unos instantes, para luego clavar los ojos en el suelo. Vaya... estaba realmente afectada por tal interrupción.

-Claro...

Sin soltar su mano, me perdí en sus tiernas facciones.

Tan... dulce.

Antes de que su agarre me abandonara, lo reforcé y la impulsé hacia mí. Ella me observó, sorprendida.

-Antes de irnos, hay una última cosa que quiero hacer en nuestras vacaciones.

Korra no tardó en mutar su confusión, en una amable sonrisa.

Tironeé más de su mano y presioné mis labios contra los suyos, en un pacífico encuentro. Diferente a los anteriores, que se destacaban por ser más que nada pasionales.

En este, le dejé bien claro que la amaba y que iba a continuar a su lado, pase lo que pase.

Nos separamos lentamente, y riendo en un murmullo, rozamos nuestras narices. Atrapó mis manos y entrelazó nuestros dedos, adornando ese momento de puro cariño.

-Han sido unos días maravillosos.

Asentí, sonriente -Los mejores.

Nos dimos media vuelta y comenzamos a caminar, destinando nuestros pies al portal. Korra parecía perdida en sus pensamientos, lo cual me extrañó. Pero antes de que pudiese preguntar por su estado, ella habló.

-¿Recuerdas la primera vez que nos vimos, y me llevaste a la pista de carreras?

-Recuerdo lo aterrada que estabas.

-¡No fue así!

Emití una risita, mientras ella continuaba.

-Lo que más recuerdo de ese día, fue lo aliviada que me sentí.

-¿Aliviada?

-Si... toda mi vida siempre me dijeron que era muy salvaje, muy emocional, intensa. Pero resulta ser que tú puedes ser igual de intensa que yo- descendió los parpados, nostálgica -Nunca en mi vida... nadie me ha entendido tal como tú lo haces.

La miré, sorprendida. ¿Qué era esta extraña aura de confesión? ¿Cuántas veces más iba a asombrarme su persona?

Juntando valor, cerré los puños, dispuesta a devolverle sus preciosas emociones.

-Los tres años que te fuiste fueron los más largos de mi vida.

Se volteó hacia mí. La sorpresa tampoco le fue indiferente.

Ya sé que lo sabía, pero necesitaba reafirmarlo. Ella... tenía que ser consciente de lo importante que era para mí.

-Creo que fue ahí cuando me di cuenta de lo mucho que significabas para mí. Sé bien que ya te apreciaba, pero cuando te fuiste... lo confirmé. Como leíste, estuve a punto de contártelo en una de mis cartas...

-¿Y... por qué no lo hiciste? ¿Por qué no las enviaste, al final?

Emané un solitario suspiro, sonriendo con un grado de tristeza -Habías estado fuera por tanto tiempo... creo que temía que no fueras a sentir lo mismo que yo. Después de todo, nunca dejamos claro nada. Y además... si llegaba a decírtelo, quizás nunca te atreverías a regresar. No quería estar atada a algo inseguro, pero...- devolví la visión a ella, y le sonreí -Como ves, estuve atada de igual forma.

-Asami...

Su cabeza decayó, como si estuviera arrepentida de su pasado. Sé... que lo estaba. Al igual que yo.

-¿Qué hay de ti?- me animé a modular aquella cuestión que tanto carcomía mi mente desde hacía años -¿Cuándo te diste cuenta de lo que sentías?

-Ja... creo que eso ya lo sabes.

-No... no estoy segura.

Contigo, nunca nada fue seguro.

Me miraste unos segundos, para luego evitar mi vista -Después de que me envenenaran, tú estuviste ahí para mí, cuando yo siquiera podía moverme, y menos comprenderme.

Se detuvo en seco, y noté como sus ojos se estaban tornando rojizos. De inmediato atrapé su hombro.

-Korra...

-Estaba tan rota, tan desecha... en ese entonces mi mente se encontraba en miles de lugares. No sabía si lo que sentía por ti era real o no. No sabía... nada- ascendió sus ojos, de una tímida forma -Pero un lado mío quería que fuera real. Sé que me fui de aquí sintiendo de más. No fue un accidente que solo fueras a la única que le escribí.

Le di un leve apretón, tratando de animarla -Me alegra que lo hicieras.

-¿Aunque solo haya contestado una?

-Sí.

-Pero tú estabas...

-Enojada, no lo voy a negar. Pero ya te lo dije, hoy en día puedo ver todo más claro, Korra.

Quedó perdida en mis ojos, tal como yo en los suyos.

-Asami, yo...

De repente, el sonido de un poderoso aleteo nos interrumpió. Pasamos la atención al cielo, y nos encontramos de nuevo con esa extraña pero amigable ave, que nos recibió al llegar aquí.

-Parece que nuestro transporte llegó.

Comenzó a caminar hacia el, y la seguí -¿Cómo sabe esta ave dónde encontrarnos?

-Creo que puede sentir dónde estoy. Por suerte, no todos los espíritus me odian.

Me dejó pasar primero y junto sus manos tal como hizo la primera vez, para que subiera.

Con la misma sensación anterior de que iba a aplastarla, coloqué el pie sobre ellas y me impulsó hacia el lomo del espíritu.

-Desearía que pudiéramos quedarnos más. Una vez que estemos en la ciudad, dudo que tengamos tiempo para descansar- dije, desganada, volteándome hacia ella.

Pestañeé varias veces al chocar con su mirada. Esta estaba examinando atentamente mi trasero. Delineé una picarona sonrisa, debido a tal devoción de su parte.

-¿Qué estás mirando, Avatar?

-Tu traser-¡Nada!- reaccionando y con una gran gota de sudor acompañándola, subió también, para luego tomar el mando delante.

-Hmm...- musité en su oído, incrementando su nerviosismo -Oh, por cierto. ¿Y mi sorpresa?

-Ah, eso...- rascó su cabeza, y me regaló una juguetona sonrisa -Quizás nuestras vacaciones no tengan que terminar aún.

-¿Huh?

Susurró algo en el oído del ave, acrecentando mi curiosidad.

Me aferré a su cintura, y asomé el rostro por encima de su hombro -¿Qué quisiste decir con eso, Korra? ¿A dónde vamos?

-Repito, es una sorpresa.

Me achiqué en mi sitio. Ciertos y tenebrosos escalofríos no dejaban de transitar por mí piel.

Seguimos volando, mientras mi mente se desquiciaba pensando que podría estar esperándome. La curiosidad siempre fue mi debilidad. Pero dos portales, que no eran por el que ingresamos, detuvieron mis pensamientos de golpe.

-Espera, esos no son los portales que nos llevan a ciudad república.

Me sonrió, divertida, mientras el ave aterrizaba. Comenzó a bajar por ella, aferrándose al pelaje, y amplió su gesto en el camino.

-Pensé que podríamos visitar a mis padres antes de regresar.

Mi corazón saltó de golpe, y terminó en mi garganta.

-¿A-A tus padres?

Asintió felizmente, pasando por alto mi estupefacto estado.

Abrí los ojos de par en par, y allí quedaron, perplejos y suspendidos por largos segundos.

-Hey, ¿Estás aquí?

Suegros, suegros, suegros, suegros.

-¿No quieres?- inquirió desde lo bajo, tendiéndome una mano que no estaba tomando -Pensé que sería una buena idea.

Aghsafjsakdjaksd.

-¿Asami?

Céntrate, Asami. Sé que no esperabas esto tan pronto y menos lo querías de este modo, ¡Pero céntrate!

Carraspeé, intentando reaccionar y por fin sujeté su mano -E-Es solo que... es decir, ellos son geniales, pero no sé si...

Reforzó el agarre y me impulsó a correr hacia su casa, dejándome con las palabras atascadas -¡Todo estará bien! Ellos estarán emocionados cuando les contemos lo nuestro, ¡Vamos!.

Puta madre.

Apenas vislumbré la entrada de su hogar, respiré hondo. Pero el aire ahí quedó, parece que este no tenía intenciones de emanar por mi nariz.

-¡Korra!

Su padre fue el primero en salir, seguido por su madre. Ambos la abrazaron con fuerza, y yo solo atiné a levantar la mano, con una estúpida mueca de fondo.

-¡Pero qué sorpresa! No te esperábamos. Creí que aún estaban de vacaciones.

Intensificando mi pánico su madre se lanzó a mis brazos y me rodeó en un cálido aprecio, para luego atrapar mis hombros.

-¿Qué te pareció el mundo espiritual?

Tragué saliva, y me obligué a poner esa mascara sonriente que tanto había desarrollado en mi corta existencia.

-Fue una gran aventura...

Pero algo no andaba bien. No estaba pudiendo controlar para nada mis nervios, y menos el hecho de encontrarme aquí. Todo estaba pasando... demasiado rápido. Y un lado mío no quería que fuera tan precipitado. No por rechazarla como pareja, para nada. Sino porque... quería estar más tiempo sola con ella.

Carraspeé nuevamente. Esto me estaba costando demasiado -Pero tuvimos que acortar nuestro viaje- agregué, aparentando normalidad.

Creo que no engañé ni a mi propia sombra.

-¿Por qué?- cuestionó su padre, invitándonos a entrar -¿Están bien?

-¿Qué tal si hablamos de esto en la cena?- acotó su madre, sonriente. Gesto que Korra devolvió, alegre.

Al verla algo se apretó en mi pecho. Debía recomponerme. Ella se encontraba feliz por esto... tenía que centrarme, sí.

Sin embargo, mientras más trataba de comportarme, más jugaba ahora, con la extraña comida que tenía en mis narices.

Di algo... ¡Di algo, Asami!

-Huele delicioso, mamá- habló por fin Korra, permitiéndome respirar un poco.

-Gracias cariño, ¡Cuéntenme todo sobre su viaje! ¡Estoy muy emocionada!

Me achiqué en el lugar, enrollando aquellos raros fideos verdosos. Korra me miró de reojo, esperando una reacción de mi parte, que no estaba llegando.

-Bueno... fue divertido. Realmente divertido.

Claro que lo fue. Desfloré a tu querido trasero y tú al mío, ¿Por qué no les cuentas eso también?

Negué con la cabeza, odiándome.

Dios... ¿Qué mierda me pasa? No puedo estar más nerviosa...

El silencio se hizo presente. Un incómodo silencio.

-Eso... suena divertido- acotó Tonraq, igual de tenso que nosotras.

Ya no sé quién la estaba pasando peor.

Oí casi en un eco como Korra aspiraba el aire a su alrededor, como si estuviera preparándose para dar un importante discurso.

Oh, dios... va a decirlo.

Se refregó el brazo, acción que superaba en demasía a cuando acariciaba su mechón. Eso solo tenía un significado; Los nervios se habían apropiado de ella.

-Solo vine a decirles... vaya, no creí que estaría tan nerviosa.

Por supuesto, reafirmó mi teoría. Mientras, yo seguía sintiéndome tan inservible como insignificante. ¿Por qué la estaba dejando sola en esto?

-Lo que sea puedes decírnoslo, cariño- dijo Senna, tan amable como siempre. Actitud que su hija heredó.

-Bueno... como saben, Asami y yo somos amigas desde hace mucho tiempo y... bueno...

Capté de reojo como presionaba con fuerza los dedos sobre la mesa. Mis párpados no tardaron en entrecerrarse.

Korra... No, no puedo dejarte sola en esto.

-Quiero decir, yo estoy tan sorprendida como lo estaría cualquiera, pero...

Frunció los labios, y esa fue pauta suficiente para que yo reaccionara. Tomándola por sorpresa, posé mi mano sobre la suya y le di un leve apretón.

Reuniendo coraje, la observé con profundidad. Creo que fue magia... otra cosa no podía ser. Pero al chocar con su celeste mirada, me relajé. Solo a ella necesitaba ver para decir esta verdad.

-Su hija es increíble. Y estoy agradecida de que ella sienta lo mismo que yo.

Korra me miró unos largos instantes, asombrada, para luego sonreírme con agradecimiento.

-Lo que tratamos de decirles es que...

-Estamos juntas- dijimos al unísono, dejándolos boquiabiertos por unos incontables segundos.

Ya no importaba como se lo tomasen, yo... era feliz estando con ella. Solo eso, así de simple.

Pero para nuestra sorpresa, al salir de su consternación, delinearon una complacida sonrisa.

Tonraq, en un festejo, golpeó la mesa con la palma, sin quitar su regocijada mueca -¡No era lo que esperaba oír, pero no podría estar más contento!

Senna atinó a juntar sus manos y largar una carcajada inmersa de felicidad -¡Es maravilloso!

Nos miramos, entre anonadadas y emocionadas, para luego ponernos de pie y abrazarlos. Esto estaba saliendo inesperadamente bien.

-¡Estoy tan feliz por ustedes dos!- exclamó su madre, abrazando a Korra, y luego a mí.

Pero obviamente, no todo es color de rosa... su padre lo dejó bien claro.

-¿A quién más le contaste?- atinó a decir, lo más suave que pudo, en medio de nuestros abrazos.

-Ustedes son los primeros. Pero creo que cuando volvamos a la ciudad, todos lo sabrán.

Tonraq posó la mirada en el suelo, pensante, para luego regresarla a ella. Había... cierto pesar en sus ojos.

-Korra, ten cuidado. Es mejor mantener tu vida personal en privado.

Su morena frente no tardó en fruncirse -¿Qué quieres decir con eso?

Senna intercaló los ojos entre ellos, nerviosa -Lo que tu padre quiere decir, es que no todos lo aceptarán.

-¿Y? Ese es problema de los demás. No me importa lo que digan, yo se lo diré a quién quiera.

-Solo... no te precipites, Korra. A veces te exaltas demasiado y...-

-¡He lidiado con tantas personas de mente cerrada, pero no me imaginaba que tú fueras uno de ellos!- lo señaló, iracunda.

Oh, oh... ya me parecía que esto estaba yendo sospechosamente bien. Tengo que calmarla.

Rocé su hombro, pero poco interés puso en mí -Tal vez deberíamos irnos...

-¡Buena idea!

Atrapó mi mano y me sacó de allí a paso rápido.

-¡Pero acabas de llegar!- gritó su madre, ya a lo lejos.

-Korra, por favor... no quise molestarte- agregó Tonraq.

Sé que no quiso hacerlo. Y hoy en día puedo entender lo que trató de advertirle. Pero Korra... ella no parece querer captarlo. De alguna manera... admiro ese obstinado lado que posee, aunque en ocasiones nos meta en problemas.

-¡Demasiado tarde para eso!- respondió, enfurecida.

Me llevó hasta una moto de nieve, y subimos a esta. El camino resultó bastante incómodo. Korra continuaba con la frente fruncida, y yo aferrada con firmeza de su vientre.

-Me disculpo por mis padres- la escuché, por fin -A veces pueden ser tan insensibles.

Reposé la cabeza en su espalda, tratando de transmitirle tranquilidad -Ellos solo están siendo cautelosos, y entiendo a dónde quieren llegar.

Me observó de soslayo -¿En serio?

-Korra... escucha- reforcé más el aprecio -No estoy avergonzada o apenada de estar contigo. Si quieres contárselo al mundo, yo estaré a tu lado apoyándote. Pero...

-¿Pero?

Tomé aire, animándome a explayar esa sensible parte de mí que no quería revelar.

-Pero... una egoísta parte de mí, quería tenerte solo para mí... al menos por un poco más de tiempo.

-Asami...- Detuvo la moto y me ayudó a bajar, como siempre hacía.

Sonreí, casi con lástima -Supongo que esa fue la primera razón por la cual dudé en contárselo a tus padres.

Bajó la cabeza, como si estuviera derrotada -Soy tan idiota. Estabas intentando decirme que no querías venir y pasé por encima tus sentimientos- suspiró, y pude notar como reprimía las ganas de llorar -Papá tiene razón. Me emociono demasiado y a veces actúo sin pensar, lo siento.

Me giré hacia ella, ya que yo iba delante, y le sonreí con amabilidad -Está bien, yo también estoy emocionada. Pero...- vacilé, con un tenue rubor que pude sentir -Lo que tenemos es como el mundo espiritual. Es especial y extraño... y no todos lo verán de la misma manera.

Atrapé su mano, la cual yacía inerte en su costado, y entrelacé los dedos con ella.

Korra finalmente se atrevió a verme, pero su mirada aún se mostraba arrepentida -Asami, no importa lo que digan, cubriré tus espaldas. Puedes contar con eso.

Me perdí en su devoto semblante -Korra...- tironeé de su mano y la impulsé hacia mi cuerpo, cubriéndola en un protector abrazo -Lo mismo digo- susurré en su oído, y me aparté un poco.

Sus ojos se hundieron en los míos. Imagen que me llevó a reducir la distancia y rozar sus labios.

-Siempre estaré a tu lado...- los uní, sellando aquella promesa frente al portal -Siempre...

-/-

No es novedad decir que apenas cruzamos el portal y aparecimos en Ciudad República, ya nos encontramos con un nuevo problema.

Esta vez, el que lo ocasionó era alguien que conocía muy bien; Wonyong Keum. Otra escoria, de tantas que hay. Parece que este inepto quería convertir los alrededores del portal en un parque de diversiones. Llenar de turistas este sagrado lugar.

Tan irrespetuoso... como siempre.

Tenía sus propios métodos para tratar de cumplir su cometido, ya que esas tierras le pertenecían. Pero yo no iba a permitir que destruyera todo, y Korra menos.

Para nuestra suerte, al menos al principio, los espíritus se pusieron de nuestro lado. Pero poco tardaría en averiguar que eso iba a cambiar.

Parece que el abrir un nuevo portal realmente ocasionó que los espíritus se desquiciaran, estaban empezando a tomar un porte defensivo. Y siquiera Korra, que es el Avatar, podía controlarlos. Pasaban de ella totalmente, lo cual no le hacía ninguna gracia. Por supuesto, yo iba a estar a su lado, apoyándola. Aunque la ciudad se dividiera en dos bandos, siempre estaría del suyo.

No obstante, no solo nos encontramos enfrentándonos a esa para nada pequeña problemática. Una nueva surgió, una que se hace llamar; La triple amenaza. Todo, en un maldito día.

El tal Tokuga los lideraba esta vez. Y de amigable, no tenía nada. Más gente... solo incentivada por reclamar territorios como suyos.

Me pregunto... ¿Acaso la raza humana está guiada por la avaricia o qué?

En el mientras tanto, también había otra clase de problemas. Como los refugiados que quedaron sin hogar después del ataque de Kuvira. Luego de un muy insignificante y pequeño malentendido que tuve con Korra, ocasionado por mi propia inseguridad, ella se esmeró en prometerles esperanzas.

Esperanzas que yo también debía cumplir, con la ayuda de Zhu Li. Tenía que construir un nuevo hogar para ellos, pero como para todo, se necesitaba dinero. Y aunque no lo crean, el mío esta vez era insuficiente.

El odioso presidente Raiko, después de una ardua pelea con nosotras, aceptó prestar sus servicios, aunque de una insegura forma que no me dejó muy tranquila. Por supuesto, solo aceptó porque lo beneficiaba. El maldito quería los inocentes votos de la gente, pensó que así los ganaría.

De igual manera, lo que más nos preocupaba es que Wonyong, dueño de las tierras en las que el nuevo portal se abrió, se apropiara de él. Es más que obvio... que otra vez nos enfrentábamos a varios enemigos.

Luego de tal infernal sesión con el presidente, en la que Korra perdió bastante los estribos, finalmente nos dirigimos al templo del aire y tuvimos un momento en paz.

Contemplé el atardecer, esbozando una aliviada sonrisa -Hermoso ocaso...

-Lo es.

Me giré hacia Korra, y al instante me sonrojé por su penetrante mirada.

Tonta... no estás mirando el atardecer. Me estás mirando a mí.

Le sonreí y comencé a acercarme hacia ella, que se encontraba sentada sobre la baranda de aquel mirador. Sin embargo, antes de poder plantar mis labios en los suyos, una inesperada voz nos sorprendió.

-Esperaba encontrarme con ustedes aquí.

Me di vuelta de inmediato, con una nerviosa mueca. Actitud que Korra imitó.

-¡Kya! ¿Q-Qué tal?- se animó a pronunciar.

Su ansiedad era más que visible.

La nombrada se cruzó de brazos, adornada de un picaron gesto -Sé que no es de mi incumbencia, pero quería decirles a ambas que hacen una hermosa pareja.

Abrimos los ojos de golpe, suspendidas.

-¿Cómo lo sabes?- inquirí, asombrada.

Sé que esta persona ya sospechaba de mí, pero sospechar de ambas... juntas, eso es nuevo.

-Hm... sospeché que pasaba algo cuando Tenzin me dijo que se fueron las dos solas de vacaciones. Ah... aún recuerdo la primera escapada que hice con mi novia.

¡Ja! ¡Lo sabía!

-No sabía...- dijo Korra, lo cual me hizo alzar una ceja.

¿En serio, Korra? Era más que obvio... ¿Tan inocente eres?

Se apoyó sobre una columna, sin borrar aquella relajada mueca -¿Le dijeron a alguien más que están juntas?

Bien, ya está. Es un hecho que vamos a escuchar esa pregunta por un laaargo tiempo.

El semblante de Korra decayó al instante, pero no iba a permitir que se entristeciera por tal cosa.

-Los padres de Korra fueron muy comprensivos- me acerqué y apoyé la mano en su hombro.

-Aunque parecían preocupados por lo que fueran a decir...- acotó ella.

-Así es la tradición de la tribu del agua. A ellos les gusta mantener sus cosas en privado, al contrario de la tribu del aire.

-¿Qué dijo Aang cuando se lo contaste?- cuestionó, Korra.

Kya se perdió en el atardecer, nostálgica -Nada, salvo apoyar.

Y así siguió su relato, contándonos anécdotas que realmente nos sorprendieron. Como el hecho de que el Avatar Kyoshi también amó tanto a hombres como mujeres. Pero el reino de la tierra resultó ser muy duro en ese aspecto, y poco pudo cambiarlo.

Korra no tardó en mostrarse frustrada por ese detalle. Soltó un pesado suspiro, que me hizo volver la atención a ella.

-Tal vez mis padres tenían razón. Si el Avatar Kyoshi no pudo encontrar aceptación... ¿Cuáles son las probabilidades de que tú y yo si?- me observó, con una triste carita que me desarmó.

-Mucho ha cambiado desde entonces. Siento que la gente lo está aceptando más ahora, al menos en Ciudad república.

Kya intercaló los ojos entre nosotras, sonriente -A la larga contarás tú historia. Sabrás cuando será el momento adecuado para compartir la noticia.

Nos miramos, casi hipnotizadas, ignorando por completo a la sabia anciana. Sabíamos bien que iba a ser así. No hay prisa, después de todo... lo importante es que estamos juntas.

-¡Korra! ¡Asami! ¡Hola!

Otras voces provocaron que saltásemos en el lugar. Mi corazón de verdad va a terminar infartado si seguimos así.

Mako y bolin se dirigieron a nosotras, apresurados. Korra fue la primera en saltar hacia Bolin y rodearlo en un fuerte abrazo, mientras yo abrazaba a Mako.

Kya cerró los ojos apaciblemente -Cuando quieran hablar, estaré aquí- nos saludó con la mano, despidiéndose.

-Gracias, Kya...

-¿Qué tal sus vacaciones? ¡Quiero escucharlo todo!- exclamó Bolin, entusiasmado.

Nos miramos de reojo, mientras un leve sonrojo nos acompañaba.

-Fueron...

-Espirituales...- finalicé su frase, conteniendo una carcajada.

Su cuerpo es realmente... muuuy espiritual.

Mako nos contempló, desconfiado, para variar -Ustedes dos están actuando extraño.

Korra posó la visión en mí, y yo me encogí de hombros.

-¿Deberíamos decirles?

-Sí, deberíamos.

En especial a Mako. A ver si así deja de revolotear alrededor de ti... mi querida Korra.

-¡Oh! ¿Decirnos qué? ¿Tienen algo bueno que contarnos?

Korra llevó un rebelde mechón detrás de su oreja, ruborizada -Bueno, la verdad es que... Asami y yo...

-¡Korra!

De inmediato nos volteamos hacia el espíritu de Jinora, que se mostraba desesperado. Bolin casi se infarta al verla. Al menos yo no era la única que sufría de infartos.

-¡Un grupo de la triple amenaza llegaron al portal! ¡Nos están atacando!

Problemas... bienvenidos de vuelta.

-Tokuga...- susurró Mako, arrugando la frente.

-¿Quién es Tokuga?- cuestionó Korra, mientras todos subíamos a un bisonte volador.

-El nuevo líder de la triple amenaza.

No tardamos en llegar, y menos tardamos en observar el desorden que ese hombre, junto a sus compañeros, estaba haciendo. Los maestros de aire no podían detenerlos.

Choqué los dientes, mirando de soslayo a Korra. La cual ya tenía aquella mueca inmersa de concentración, que tan bien conocía. Ella fue la primera en saltar hacia ellos, y Tokuga posó la atención en su persona, obviando a los demás. Mientras, nosotros luchábamos en un mano a mano con sus compañeros.

No podía parar de observarla de reojo. Temía que algo pudiera sucederle. Pero gracias a mi distracción, terminé siendo sorprendida por mi oponente, que atinó a utilizar agua control y me derribó brutalmente. Los furiosos espíritus que emanaron del portal, no ayudaban a esta inesperada situación. Korra trató de dialogar con ellos en medio de la batalla, pero poco estaba logrando.

Terminé estampada contra el suelo por segunda vez. Esta vez el golpe que me regalaron casi me noqueó. Estaba por perder la consciencia.

Mierda... esto no va bien.

Sostuve mi costado, que había resultado el más afectado, entrecerrando un ojo por el dolor.

-¡Asami!

Con debilidad elevé la visión, y me encontré con la suya desesperada.

-K-Korra...

-¡ASAMI!

Aterrizó frente a mí, y lo último que llegué a contemplar fue como con una iracunda mirada de fondo, devolvía ferozmente una de las rocas que estaban por aplastarme, y la estrellaba contra el enemigo.

-Korra...- musité, sin aliento -Ko...

Todo se apagó después de esa imagen.

-Asami... ¡Asami!

Escuchaba mi nombre en un eco, tanto, que provocó que entreabriese los parpados con una dificultad que no recordaba tener.

Lo primero que vi fue su preocupado semblante cerca del mío.

-¿Korra...?

-¡Asami!- me abrazó, exasperada -¡Gracias a dios!

Quedé embelesada por su desolada visión -Korra...

Parece... estar a punto de quebrarse.

Comencé a quitarme el guante, ya que este empezaba a estorbar. Necesitaba sentirla más, y eso iba a hacer.

-Asami...- me sonrió con cierto alivio, mientras yo atrapaba su mejilla.

Empecé a acercarla hacia mí, sin perder de vista sus ojos, y presioné mis labios con los suyos. Ella emanó una fuerte exhalación en mi interior, y yo los entreabrí, deseosa por percibirla más. Nuestras lenguas no tardaron en entrelazarse, degustándose.

Pero, nos habíamos olvidado de un pequeño detalle por dejarnos llevar. Detalle que ya... ja, ni importaba.

Se desprendió de mi boca y rodeó con los brazos la parte baja de mi cintura -Y... ¿Sobre lo que estábamos hablando hace un rato?- bromeó.

Sonriente, cubrí con los míos su cuello, y miré de reojo al público que nos estaba observando.

Oh...

Bolin fue el primer perplejo que enfoqué -¿Asami y tú son pareja?

Desviamos el rostro, ruborizadas, mientras Korra me ayudaba a ponerme de pie, atajando mi espalda. Pero aunque ya estábamos paradas, nunca la soltó.

-Lo somos- dije, con orgullo.

La cara de Jinora fue toda una sorpresa. Una graciosa sorpresa. Deslumbraba de emoción, por poco y tenía estrellitas en los ojos. Y la de Mako... creo que fue lo más chistoso que vi en mi vida. Parecía como si su alma hubiese abandonado su cuerpo. Tuve que contener una carcajada y todo.

-¡Whoo-hoo! ¡Sabía que tenían algo bueno que contar!- exclamó Bolin -¡Tendrán su primera cita doble con nosotros!- agarró a Opal por los hombros, entusiasmado.

-¡Estoy feliz por ustedes!- acotó ella -Y no se preocupen por la cita.

Sonreímos de lado y nos contemplamos. Esto resultó... más fácil de lo que pensé. Creo que es lógico, son nuestros amigos. Nuestros queridos amigos.

Parece ser que Korra por fin noto que Mako se había ido de este mundo -¿Mako? ¿Estás bien?

Rascó su cuello, notablemente incómodo -Las dos están juntas, eso es genial... estoy bien con eso.

Bolin lo sujetó del brazo, captando su pasmado estado -Mientras Mako se toma un minuto para procesar esto, tengo una pregunta...

Y esa pregunta derivaba a lo mismo. A ese tal Tokuga y la triple amenaza. Para nuestra mala suerte, un poderoso espíritu se fusionó con él. Esto... no tiene buena pinta.

Pero...

Miré de soslayo a Korra, y no pude evitar sonreír.

Mientras estemos juntas, podremos resolver lo que sea.

-/-

-Mh...

-¿Se siente bien, Asami?

-Mh... Sí...

-¿Y esto?

-Ah... muy bien. Tienes un toque genial, Korra.

-Lo sé.

-mmm...

-¡Podrías dejar de gemir! ¡Solo te estoy curando!

Se desesperó, haciéndome reír a carcajadas. Sus manos, inmersas de aquella extraña agua, aliviaban mis heridas de una exquisita manera.

Me acomodé sobre mi cama, y corrí mi suelto cabello hacia atrás, dándole más espacio -No puedo evitarlo...

Su sonrojado rostro me esquivó, y tomándome por sorpresa, deslizó hacia abajo mi blanca bata por mis hombros, y comenzó a desplazar su tacto por mi torso.

Mis ojos saltaron, emocionados.

-Oh... Acaso...

-Ni lo pienses.

-¿Quieres hacerlo?- le guiñé uno, incitante.

-¡P-Podrías tomarte esto en serio!

-Pero lo hago- atajé su mentón y la aproximé hacia mí -Hacerlo contigo es una propuesta seria.

-Asami...- hizo un puchero, terminando de curarme -Esto es grave. Saliste herida por mi culpa.

-¿Huh? ¿De qué hablas? No fue tu culpa.

Descendió la vista, emitiendo un bufido -Lo fue, no pude protegerte.

-Korra, creo haberte dicho que no soy una niña. Puedo cuidarme sola.

La ascendió de nuevo, derrumbándome con ella -Lo sé, pero igual... yo...

-Korra...- atrapé su mejilla y limpié aquel lamento que quería escapar de ella -Yo decidí mi propio camino, no me subestimes.

Se perdió en mi seria expresión, para luego apagar los párpados y sonreír, con una obvia resignación -No tienes caso.

Dibujé una cálida sonrisa, y la cubrí en un protector abrazo -Solo quiero estar contigo.

-Y yo contigo- navegó las manos por mi espalda, creándome inevitables escalofríos.

-Entonces... hagámoslo- murmuré en su oído, y con un leve tirón la impulsé conmigo. Ambas caímos de costado sobre la cama.

Pestañeó varias veces, sonrojada. Sin embargo, se recuperó y con un esfuerzo de voluntad que noté, atrapó mis hombros y me alejó un poco.

-N-No hoy, Asami.

Mi quijada se desprendió debido a su inesperado rechazo. La uní de nuevo al instante, y mi ceja decidió elevarse con altanería.

-¿Disculpa?

-Tienes que descansar. El sudor...- carraspeó, nerviosa -El sudor te deshidratará y necesitas estar hidratada ahora.

-¿Es una broma?

-No.

Fruncí la frente, manteniéndole la determinada mirada que ahora poseía, como si de un desafío se tratase.

-Solo por hoy... es por ti que te lo digo.

-Apenas tenía un rasguño.

-¡Uno que te hizo desmayarte!- exclamó al borde de las lágrimas, y sosteniendo mis mejillas -Asami, por favor...

Me desarmó por completo con sus ojos de cachorrito, como siempre. Largué un desesperanzado suspiro y me acurruqué en su pecho.

-Al menos duerme conmigo- dije, casi en un súplica.

-¿Quieres que me quede?- preguntó, algo asombrada.

No entendía el porqué de su sorpresa.

-Claro que sí. Ni se te ocurra irte.

Luego de unos segundos en los que claramente quedó suspendida, sentí como me rodeaba en un cálido abrazo.

-Entonces, me quedaré.

Arrugué los dedos contra su bata. Ropa que era mía, y le quedaba un poco grande. Hecho que solo me hacía desvanecerme por lo tierna que se veía con ella.

Ah... yo... de verdad la amo tanto.

-Quédate mañana también... si quieres- susurré, escondiéndome más en su pecho. La timidez se apropió de mí.

-¿E-Eh?

-No me hagas repetirlo...

Sentí la vibración de su risa, en ese protector lugar.

-Está bien, me quedaré también mañana.

Me abracé más a ella, con una inmensa alegría que no podía camuflar.

-Ahora duerme, necesitas descansar.

Asentí y me acurruqué más, entrelazando una de mis piernas con las suyas.

El silencio nos invadió por unos minutos. Silencio que no tardé en destruir con una sofocada e incoherente carcajada.

-¿De qué te ríes?- me imitó, tentada por mi estado. Tiritaba sobre su pecho, tratando de contenerla.

-La cara de Mako...

Ahora fue ella la que soltó una importante risa -Creo que nunca lo vi tan consternado en mi vida. Fue épico.

-No sabes el inmenso esfuerzo que tuve que hacer para no reírme en su cara. No quiero ser cruel, ¡Pero era demasiado gracioso!

-No te culpo, me pasó igual- Percibí como su cuerpo temblaba, al igual que el mio, tentado por tal acontecimiento.

-¿Y quién más sigue en la lista?- cuestioné, con una divertida tonada.

-¿Lista?

Alce un poco el semblante y capturé su mirada, que a pesar de la oscuridad de la noche, brillaba -Las personas que deben enterarse- respondí.

-Oh, si Bolin lo sabe, mañana todos lo sabrán- rodó los ojos, irónica.

-Cierto- dije, entre risitas.

Me guiñó un ojo y sacudió mi cabello, juguetona -Deja de sacar tema y duerme. Lo necesitas.

Inflando los cachetes, volví a acomodarme sobre su pecho -De acuerdo...

Pero estaba inquieta, no podía dormir. Y cuando eso pasa, ciertos recuerdos vienen a mi mente, como si no tuviera nada mejor que hacer. Y esta vez apareció uno que no me causó gracia, pero si nostalgia.

-¿Sabes? Antes de irnos de vacaciones, pensé que jamás me recuperaría por la muerte de mi papá.

Percibí como bajó la cabeza, pero no dijo nada. Le agradecí en silencio ese hecho, mientras sus dedos comenzaban a mimar tiernamente mi cabello.

-Pero ahora... contigo, vuelvo a tener esperanza. Lo único que lamento, además de que no esté, es que no haya llegado a decirle que te amo con todo mi corazón.

Elevé mi rostro, y justo capté el perfecto momento en el que ella entrecerraba los párpados, con un dejo de dolencia.

-¿Qué crees... que hubiera pensado de nosotras?

Entreabrí los míos, estancada por tal cuestión, para luego volver a apagarlos -Eso... es algo que me gustaría saber. Pero...

-¿Pero?

-Creo que lo hubiera aceptado bien. El padre que yo conocía solo quería mi felicidad. Y si mi felicidad eres tú, serías absolutamente bienvenida en mi familia- asentí, reafirmando esa teoría -Si, estoy segura que hubiera sido así.

-Asami...- acarició mi mejilla, y la pellizcó un poco -Y tú sabes bien que eres bienvenida en la mía, ¿No? Más allá de como pueda ser la tribu del agua- derivó sus caricias a mi cabello y se enredó en el -Estoy segura que algún día podré cambiar esa rígida mentalidad que tiene mi pueblo. Y no solo la de la tribu del agua, sino la de todas.

-Korra...

Cerró los ojos con una honesta sonrisa, y besó mis labios en un corto encuentro -Descansa, Asami. Aquí estaré cuando despiertes.

Asentí de nuevo, ruborizada, y me sumí otra vez en ella. Esta vez en su cuello. Su afrodisíaco aroma me irrumpió de inmediato, adormeciéndome en más de un sentido.

-Ugh, mierda... mañana me las pagarás.

-¿Huh?

-No dejar que te toque... eres muy cruel.

-Ja, deja de hacer tanto escándalo. Sabes que lo hago por ti.

Elevé una picarona ceja, y se la dediqué -Mi bienestar depende de cuánto me pueda fusionar con tu cuerpo, tenlo en mente.

Y con esa frase de fondo, que sé que la estremeció, ya que lo sentí en mi piel, decidí tratar de conciliar el sueño. Me acomodé de nuevo en su pecho, el cual latía apresurado, y no pude evitar refregarme contra él, cuál niña pequeña.

-Buenas noches, Korra.

-B-Buenas noches, Asami.

Sonreí, complacida. Pero no sé quién me mandó a hacerme la superada. Su cuerpo tan apegado al mío... me estaba devastando. Lograr dormir fue una tarea que me costó varias horas. Aunque sé que no fui la única afectada.

-/-

Un molesto resplandor entrando por la ventana provocó que entreabriera un ojo. Traté de enfocar la vista, y lo primero con lo que me topé fue el durmiente semblante de Korra. Estaba totalmente sumida en mi pecho.

¿No era yo la que estaba en el suyo? Ja... solo es una niña mimada, después de todo. Tal como yo.

Con mucha sutileza me incorporé, y la arropé. Ella hizo un tierno sonido durmiente, y se volteó.

-Veo que dormirás un rato más...- musité, sonriente. Acaricié su cabeza, y aún en sueños, delineó un infantil gesto.

Tan dulce...

Si no fuera porque me estaba meando, hubiera seguido allí con ella. Maldita necesidad humana.

Me dirigí al baño, y de paso aproveché para tomar una ducha. Mi cuerpo ya no dolía, y eso era... gracias a ella.

Debajo del agua, rocé mi hombro, que había cuidado con tanto amor, y lo acaricié con devoción. No podía quitar mi estúpida mueca. Una enamoradiza mueca.

Sé que otra vez nos encontrábamos en una situación difícil, pero su compañía hacia todo mucho más fácil, menos preocupante y porqué no, más emocionante.

A pesar de que siempre aparenté tomarme las cosas con calma ante estos acontecimientos, en mi interior no pasaba un día en el que no se llevara a cabo una caótica batalla de emociones. Me enseñaron que debía reprimir aquellos terrores y enfrentar las situaciones. Y de tanto reprimir, un día simplemente dejé de diferenciar la verdad. Dejé de saber si estaba asustada o no.

Pero con Korra a mi lado... de verdad siento que le hago frente a los problemas, sin ninguna careta.

Esa máscara... ya es innecesaria.

Salí de la ducha, refregándome el cabello, y mis ojos al instante se plantaron en la espalda de la dueña de mis pensamientos.

Se encontraba detallando no sé qué, a través de la ventana. Parecía sumida en su pensar. Con sigilo y tratando de hacer el menor ruido posible, me aproximé hacia ella y rodeé su cintura por detrás.

-Buenos días, linda- musité en su oído, para luego besarlo.

Ella giró el rostro hacia mí, y contrarrestando a su preocupada mueca anterior, me regaló una radiante sonrisa.

-¡Hey, Sami! ¿Estás mejor?

Mi corazón casi se detiene por aquel adorable apodo, recordándome que tenía una importante tendencia a que esta chica me generase infartos.

-¿S-Sami?

Asintió varias veces, hiperactiva -¡Sí, Sami!

De verdad... no puedes ser tan dulce.

Complacida, la apreté más contra mí y apoyé el mentón en su hombro -Si tú me dices así, ¿Cómo debería decirte yo?

Puso un dedo en el suyo -No lo sé. Mi nombre no es exactamente ideal para los apodos.

-¿Y qué tal...-

-Olvídate del "Korrita"- me cortó, arqueando una amenazante ceja.

Abrí los ojos, sorprendida -¿Acaso estás en mi mente?

-No, pero tu traviesa mirada es muy fácil de leer.

-¿En serio? Vaya... no pensé que fuera tan transparente.

-Piensa en otro, ese no. Suena... como si te estuvieras burlando de mí- resaltó, volviendo la visión al frente.

-Hmm... Entonces, ¿Ko? No... Es muy corto- derivé la vista a sus manos, que habían atrapado las mías -¿Kor? No, es raro... ¿Korr?

Ambas soltamos una pequeña risita, por cómo sonó ese último que dije.

-Pareces un gato ronroneando- acotó, capturando mis ojos.

Reí en un murmullo sobre su oído, para luego atrapar su suave lóbulo con los dientes -Korrr... Korrrrr...

-¡Ha, ha! ¡Deja de ronronearme en la oreja!

-Solo te muestro mi felicidad por tenerte conmigo. Korrrr...- continué, ahora plantando castos y tiernos besos en su ruborizada mejilla.

Korra elevó una juguetona mano y la llevó hacia atrás, hasta apresar mi cabeza -Ya, ya, minino.

La acarició, y tal como un felino, me refregué contra sus caricias. Debo admitir que mi actuación era digna de un premio. Tanto, que me estaba empezando a creer el papel.

-Prrrr...

-¡Oh! ¡Eso de verdad sonó muy parecido a un gato!- se burló -¿Será que lo fuiste en otra vida?

-Hm...- Volví a apoyar mi mentón en su hombro y empecé a mecerme lentamente de un lado a otro, generando que su cuerpo me siguiera -Es un poco triste pensar que yo fui un gato, y que tú reencarnaste como el Avatar.

Rió más fuerte por mi pensamiento.

-Habrás sido un gatito muy dulce para encantar tanto al impresionante Avatar- elevó una sugerente ceja.

La imité, y deslicé una de mis manos por su abdomen, para luego comenzar a esconder las yemas de esta dentro de su entreabierta bata -Tienes razón. Entonces debo agradecer a mi instinto felino del pasado.

Soltó una bufona risa -Sí que eres felina, rasguñas como toda una gata en celo- musitó, más para sí, que para mí. Por ende, me costó entender toda la frase.

Me incliné hacia su rostro, curiosa -¿Qué dijiste?

Noté como se tensó de inmediato -¡N-Nada!

Desconfiada, achiné la visión y atajé su mentón, para luego girarlo hacia mí -Por casualidad, ¿Acabas de decirme algo indecoroso y me lo perdí?

-P-Posiblemente.

Ahogué un grito.

-¡Oh, no!- exclamé, llevando una mano a mi frente -¡¿Por qué me persigue la desgracia?! ¡Repítelo!

Negó, destruyendo mis esperanzas -No lo haré, además no fue la gran cosa.

-¡Entonces, repítelo!

-¡Qué no!- se volteó hacia mí y atajó mis infladas mejillas -No exageres, ya tendré otros momentos de liberación oral. Ah, eso sí sonó mal.

Esa frase que tal como dijo, sonó en un claro malentendido, no pudo sosegarme de lo que no fui capaz de escuchar antes.

-¡Pero son muy pocos!- insistí.

-¿Qué cosa?

-¡Los momentos en los que se te escapa la lengua! Cada vez que sucede debe ser apreciado como si fuera un tesoro- dije, y soy consciente de que mis ojos brillaban, determinados a ablandarla.

Su ceja derecha tiritó -Me... estás asustando.

Las mías terminaron apegadas a mis párpados, angustiadas.

-Oye... ¿En serio te pondrás tan mal por algo así?

Asentí entre su tacto, sin borrar mi lamentable mueca. Sé que esta la desarmaba.

Soltó un pesado suspiro, y con eso ya sabía que la victoria era mía.

Con cautela comenzó a acercarse a mi oído, mientras sus manos atrapaban mis brazos -Dije que rasguñas como toda una gatita en celo, Asami- musitó, y se apartó un poco. Deslizó los dedos por mi mentón, ascendiéndolo -Una preciosa gatita en celo...

Me paralicé, acalorada. La saliva ya escaseaba en mi garganta.

Me sonrió con una obvia picardia -¿Feliz?

Reaccionando, asentí reiteradas veces, y básicamente salté hacia su cuerpo -¡Muy feliz!

-Bien, entonces...-

-Pero ahora- la corté, alejándome unos centímetros y sosteniendo sus hombros -Tenemos un problema.

-¿Huh? ¿Qué sucede?

Esta vez fui yo la que me acerqué sigilosa a su oreja -Quiero hacerlo...- susurré, y no me privé de lamer el borde de esta.

Juré percibir como sus pelos terminaron de punta. De verdad.

Me apartó con las manos, las cuales atrapé por las muñecas con facilidad. Contemplé su ruborizado estado. Situación que solo aportaba a mis ganas.

-¿Y-Ya te calent...? Digo, ¿Tan rápido?- carraspeó, nerviosa -¿Y por esa estupidez?

-Sí- afirmé, inexpresiva. En un rápido movimiento, atajé la parte baja de su cintura y la apegué contra mí -Dame tu cuerpo...

Su agitado aliento se encontró con el mío. Y su mueca, que parecía algo atemorizada y sinceramente pensé que nunca iba a mutar, luego de unos segundos se transformó en una honesta sonrisa.

Sorprendiéndome, enredó los brazos en mi cuello e intensificó el aprecio -Es todo tuyo, Sami.

Al instante dibujé una gustosa sonrisa, y rocé sus labios -Korrrrr...

-¡Ha, ha! ¡Ya deja de ronronear! O de... ¿Korronronear?- inclinó el rostro hacia el costado, de un gracioso y tierno modo.

-No puedo evitarlo, creo que formará parte de mí.

-Luego te compraré comida para gato.

-¡Gracias!- agarré su cintura con más fuerza, y con la otra mano atajé sus piernas, alzándola.

Se miró, para luego detallarme a mí. A lo cual respondí elevando mi comisura.

-Te recompensaré por tu amabilidad. Además, me lo debes por dejarme con las ganas ayer.

Sin darle tiempo siquiera a reaccionar, la tiré de espaldas sobre la cama e incliné mi cuerpo hacia ella.

La observé perdidamente. Korra no se dignaba a borrar esa sincera sonrisa, que cada vez más atravesaba mi pecho.

-Korra...- acaricié su mejilla, deshaciendo la mía propia, acción que generó que se mostrara preocupada.

-¿Asami?

Dudé, antes de pronunciar esa pregunta que tanto terror me daba.

-Dime algo... ¿De verdad quieres quedarte conmigo?

Abrió los ojos de par en par, cómo si lo que hubiera dicho fuese una incoherencia.

-¿Por qué esa inseguridad de repente?

-¿De repente?- negué con el rostro, con una sarcástica mueca -... Korra, yo siempre soy insegura respecto a ti.

-Asami...

-Pero descubrí que no es nada malo- agregué de inmediato, al captar su tristeza en ascenso -Solo soy así porque... bueno, me importas demasiado- navegué la mano por su moreno cachete, hasta llegar a su cuello.

Dibujó otra grata sonrisa, que por supuesto, me encandiló -Te entiendo.

-¿Lo haces?

-Claro. Me pasa lo mismo, Asami- Penetró su profunda mirada en mí, generando que la calcara.

No obstante, mientras más se la mantenía, más caía en la cuenta de que no me contestó, realmente.

-Peeero, si quieres podrías dejarme un poquito más tranquila, respondiéndome, ¿No crees?

-¡Oh, cierto!- rascó su cabeza, sacándome la lengua -Pensé que era obvio- dijo, atrapando mi cabello y aproximándome más hacia ella -Asami, estoy completamente segura de que quiero estar contigo.

Desvié la mirada, ruborizada, y aún insegura. Odiaba cuando me atacaban estas incertidumbres. Odiaba este lado de mí. Pero Korra lo aceptaba, ¿Qué más necesitaba?

La regresé hacia ella -¿Segura, seguuura?

Soltó una risita, enredando uno de sus dedos en mi cabello -Segura, segura.

-Hm...- la analicé con la visión, como si estuviera poniendo a prueba su resistencia -¿Sabes que pelearemos, no?

-Y mucho.

-También querré hacerlo al menos dos veces por día.

-Duplico esa oferta, ¡Ahora mismo!- atrapó mis brazos, y giró su cuerpo, dejándome debajo.

Superando la sorpresa, le sonreí -Estoy bastante loca- dije, y devolviéndosela, rodé sobre ella y otra vez quedó contra el colchón.

-No más que yo- me volteó, y esta vez caí con más fortaleza sobre la cama.

Fruncí el ceño, desafiante -Soy muy celosa- Otra vez, su espalda contra el colchón.

-Yo no me quedo atrás- me atacó de nuevo.

De acuerdo, si seguimos girando así creo que voy a vomitar.

Amplié aún más mi peligrosa mueca, pensando en mi frase definitiva.

Una lamparita se encendió en mi mente, sin mucho esfuerzo. Atrapé su rostro desde lo bajo, y deslicé los dedos gentilmente por el. Sus ojos se entrecerraron ante tal delicado contacto.

-Y... te amaré por siempre- susurré, y aprovechando la inmediata parálisis que la asaltó, volví a girarla, dejándola debajo de... Oh.

Ups...

-Asami, yo...- empezó a decir, pero se detuvo en seco. Parece que por fin se dio cuenta de que ya no había nada que sostuviera su cuerpo, excepto la mismísima gravedad.

Sus pupilas se ensancharon y antes de que pudiera putearme, caímos al suelo de una estúpida forma.

-¡Ouch!

Entre risas me incorporé de su pecho, el cual había evitado que me lastimara, y le sonreí, burlona -Y... tu lindo trasero amortiguó la caída.

-¡La puta madre!- se lo refregó, aún conmigo encima -¿Por qué siempre mi trasero sale herido cuando estoy contigo? ¿Tienes algo contra él o qué?

Negué dramáticamente, llevando una mano a mi pecho -¡Para nada! ¡Tu culito es lo más precioso que vi en mi vida!- me incliné hacia ella, impidiendo que se incorporara.

-Agh... al menos déjame levantarme.

-No...- pronuncié en un cantito, apegando más mi cuerpo contra el suyo.

-Asami...- gruñó.

Tentada por su tierno berrinche, me hundí en la perfecta curva de su cuello y empecé a recorrerlo.

-O-Oye...

-¿Mh?- Navegué por el hasta sus mejillas, las cuales no me contuve de morder, para luego atrapar sus labios, callando su futura queja.

La escuché jadear dentro de mí y eso fue todo. Las ansias que con tanta voluntad contuve anoche, se descontrolaron. Con el aliento casi perdido, entreabrí los labios, llevándome los suyos.

-A-Asami, tenemos una cama, ¿Sabes?

Mordí su labio inferior y lo arrastré hacia mí -Mh... no creo poder llegar hasta ella.

-Te cargaré.

Al instante me reincorporé, entusiasmada -¡Llegaré hasta ella!- extendí los brazos hacia su aplastada persona, en una muda petición.

Sonrió de lado, y atrapó mi cintura y piernas. Me levantó como si me tratara de una mera pluma.

-Eres toda una niña mimada.

-¡Mira quién lo dice!

-Yo tengo derecho a serlo- me recostó sobre la cama con suavidad, y su cuerpo no tardó en apresar el mío.

-¿Y eso por qué es?- atajé su cintura y empecé a ascender por ella, hasta llegar a sus hombros.

Aquella bata que tenía puesta, molestaba. La deslicé hacia abajo, revelando sus preciosos y simétricos pechos.

-Porque yo soy el Avatar, y puedo ser como quiera.

Ascendí mi ahora, atontada mirada, y la penetré en la suya. Pero sus celestes ojos estaban... ¿Afligidos?

-¿Korra?

-Asami... yo...

Se tomó su tiempo para hablar de nuevo, así que continué bajando su bata en leves caricias, acción que no parecía estar avergonzándole, y eso sí que era extraño. Esta quedó estancada en sus caderas. La vista era tan gloriosa que juré que podía llegar a terminar solo con verla.

De repente, sus brazos se estamparon a los costados de mi cabeza, despertándome de mi pecadora meditación.

-Asami, ¿Qué hay de ti?

-¿H-Huh?

Su cabeza decayó un poco, alertándome -¿Estás segura de querer permanecer a mi lado?

Oh... no puede ser. Sé con lo que saldrá.

-Es posible...- continuó, frunciendo los dedos contra la sábana -Que corras peligro por mi culpa, Asami. El Avatar siempre tendrá enemigos. Y ahora que apareció ese maldito de Tokuga, yo...

-Sé que siempre tendrás enemigos- la interrumpí, arrimando sus flexionadas piernas más hacia mí -Pero sabes bien que eso no me interesa. Siempre estaré a tu lado, compartiendo todas tus aventuras. No me alejaré de ti, no de nuevo.

Se perdió en mi determinada mirada por varios segundos, tantos, que pensé que fueron minutos. Pero no iba a flaquear. No iba a dejar que sus inseguridades por mi otra vez nos alejen. No... no más.

Su rostro, descongelándose, comenzó a acortar la distancia y terminó sumido en mi cuello -Yo... te protegeré, pase lo que pase, Asami.

Solté un aliviado suspiro, y enredé los brazos en el suyo. De verdad agradecí al cielo que no hiciera un escándalo mayor. Aunque sé... que en su interior el miedo que tiene por perderme, es aún peor que el que me demuestra. Y lo sé, porque me sucede lo mismo.

Besé su sedoso cabello, tranquilizándola -Sé que lo harás, pero solo para que te quedes tranquila, supongo que ya sabes que no me dejo vencer tan fácilmente, ¿No?

-Ja, lo sé. Tienes un carácter de mierda cuando quieres- besó mi cuello, haciéndome cosquillas.

-Lo tomaré como un cumplido.

-¡Lo es!

Cerré los ojos, sofocando una risita, y la acurruqué más contra mí.

-Korra, escucha. No serás la única que cargará con ese peso.

Se apartó un poco, quedando a la altura de mi fiel rostro.

Acaricié el suyo y le brindé mi más sincera sonrisa, para luego regalarle un pequeño beso en sus carnosos labios -Yo siempre estaré cuidando tu espalda- volví a besarla, esta vez con más ímpetu -Siempre...

-Asami...

Me sonrió. Finalmente me sonrió, borrando aquella otra preocupada mueca que ya no quería ver más.

Con mucha delicadeza, deslizó las manos por mi espalda y me impulsó hacia ella. Quedé sentada sobre sus firmes piernas, algo intimidada.

-Asami... Te amo- murmuró en mi oído, mientras comenzaba a descender mi bata por mis hombros y marcaba mi piel con sus labios en el recorrido -Te amo...

La apresé con fuerza entre mis brazos, enredando las manos en su corto cabello -K-Korra...

Las lágrimas querían traicionarme en cada caricia que me brindaba, en cada aliento que se escapaba de nuestros labios, en cada demostración de amor. Y lo hicieron, como siempre, en medio de nuestra fusión lo hicieron. Se resbalaron por mis mejillas, emocionadas, al igual que mi corazón, que latía desbocado.

-Korra...- Me abracé a su húmeda espalda, agitada -Te amo, Korra. No importa lo que suceda, continuaré a tu lado.

Suspiró sobre mi hombro y clavó sus celestes ojos en los míos -Si, siempre estaremos juntas... Asami, por más empalagoso que esté sonando esto.

-Amo lo empalagoso- reí en un murmullo, inclinando el rostro hacia ella.

Respondió con otra hermosa sonrisa, y me imitó -Y yo te amo a ti- presionó sus labios sobre los míos, quitándome el aire.

-Korra...

Tú eres... todo para mí. Eres mi fuerza, Korra...

Atrapé sus mejillas con las manos, y en un impulso la tiré de espaldas contra la cama. Rió ante mi exagerada acción, haciéndome reír a mí también. Risa que ahogué en su pecho, mientras aspiraba su afrodisíaco aroma.

Me cubrió con sus brazos, como siempre lo hacía. Debido a su protector tacto, no pude evitar descender los párpados y que pequeñas lágrimas otra vez huyeran de mí. Pero comparado a cuando empezó esta historia, estas no eran de tristeza, ni de dolor y mucho menos de frustración. Estas eran de pura felicidad, de puro amor.

Y con ello en mente, siempre vuelvo a lo mismo. A ese mismo pensamiento que no deja de rondar por mi cabeza. A ese que provocó que empezara esta historia entre nosotras. Y como siempre, lo reafirmo, una y otra vez. Y todas las veces que sea necesario.

Si, eres mi fuerza, mi tesoro... mi preciado tesoro. Pero en especial, eres y siempre serás... mi perdición.

Una dulce perdición.

Fin


Ay, la puta. ¡Ay, la puta! Finalmente terminé esta historia y debo decir, que aunque suene raro, voy a extrañar escribirla... ¡MUCHO! (llora)

Me parecía justo terminarla acá. Pero estaba pensando, y esto es solo una idea, que cuando salgan los dos comics restantes de Korra y finalmente termine la serie, podría escribir algo así como un epílogo, tipo, mostrar como es la vida de pareja entre ellas, después de que se haya solucionado todo. ¿Qué opinan? Es una idea, y no sería algo muy grande... sería como un extra o algo así. Igual habría que esperar a que salgan todos los comics, es decir unos buenos meses jajaja. Posiblemente mi exaltación me gane y termine haciéndolo xD Así que puede llegar a pasar que muuucho más adelante les llegue una notificación re colgada, de que publiqué otro capítulo. Pero repito, sería un epílogo, nada más.

En fiiin, ¡Muchísimas gracias por leer y comentar, gente suuupeer linda! De verdad, me hizo muy feliz que a tantos les gustara esta locura que se me ocurrió. Espero leerlos prontito en otro fic korrasami, o en el que sea (si es que logro terminar los que ya tengo pendientes jaja) Siempre se me ocurren muchísimas ideas con estas dos, pero me da mucha vagancia escribirlas jaja pero un día que me despierte con el pie derecho, me pongo en campaña!

Gracias de nuevo, y paso a responder los reviews :)

Luu7: ¡Muchas gracias por haber comentado y seguido este fic desde el principio, posta! Tus comentarios levantaban mucho la moral, y también me estallan algunos xD Espero que el capitulo final te haya gustado, y también espero leerte pronto de nuevo! Ah! y que bueno que estés leyendo el de Overwatch, me alegra que te guste ;) Así que supongo que te leo ahí! ¡Te mando un besote graaande y un abraazo enoorme!

Chat'de'Lune: Qué decirte a vos, ¡Más que mil gracias por siempre leer mis locas historias y comentarlas con toda la buena onda y el humor! Sos genial. "Se fue por el camino de tierra" es buenísimo. Acá diríamos "Le rompieron el orto, ojete, etc... y muchos más sinónimos de culo. Che me muero que mirás la novela de las estrellas! LA MIRO TODOS LOS DÍAS, fanática. Flor es lo máas, y sus puteadas más todavía. La próxima tiráme una lista de las que no entendiste, que te las explico jajaja pero admito que hay muchas que no tienen sentido, pero la mina se desquicia y dice cualquiera xD En feeen, te sigo leyendo en el fic de Xena que estoy terminando (hace siglos) y ese fic colgado, también de Xena, que me pintó hacer en un día depresivo jaja ¡Mil gracias por leer de nuevo! ¡Te mando un besote enoorme y un fuerte abrazo! Namasteeee.

Maria Sato: ¡Mil gracias por comentar y leer el fic desde el principio! Me alegra haberte sacado más de una sonrisa, lo cual era mi idea. Mi Asami se descarriló mal. Sinceramente no tenía pensado bien como moldear su personalidad, pero básicamente se escribió solo y de a poco fue convirtiéndose en un estallo xD, pero la verdad pienso que detrás de esa fachada que tiene hay una mina re divertida y por qué no, pervertida ;D (no tanto como la mía, claramente) jajajaj Gracias de nuevo por leer! Y espero leerte de nuevo en algún fic :) te mando un fuerte abrazo y un beso enorme!

hinatita94: ¡Queereda hinatita, mil gracias por leer desde el principio y por comentar! Espero que te haya gustado el final, y quiero que sepas que tus comentarios son un estallo, muchas veces me re tentaba leyéndolos. Como cuando dabas a entender que te ibas a manosear ajajajaj me alegra sacarle más de una sonrisa pervertida a la gente, si vos me entendés (guiño, guiño;) ¡Espero leerte en otro fic pronto, y que andes muy bien! Te mando un beso enorme y un fuerte abrazo!

Obini: ¡Mil gracias por leer y comentaar! Y me alegra que te haya gustado el fic, espero que este último capitulo te guste también. Pero más me alegra haberte sacado más de una sonrisa por las locuras de Asami. Ya debería existir una serie así "Las locuras de Asami" sería un éxito (? mi pobre Asami es muy especial jajaj De nuevo, mil gracias por leer, y espero leerte en otro pronto! ¡Te mando un beso enorme y un fueeerte abrazo!

himari: ¡Mil gracias por leer y comentar! Espero que te haya gustado este último capitulo, tal como el fic en sí :) jajajaja tu comentario me mató. Si, desfloró a Korra. Era necesario que lo hiciera ;D jajaja espero leerte pronto en otro fic, ¡Y te mando un beso enorme y un fueeerte abrazo!

Valeria Alejandra Valdivia Pinto: ¡Mil gracias por leer y comentar! Me alegra que te guste tanto el fic! Creo que llegaste justo para cuando lo terminé jajaja ¡Justito a tiempo! Espero que te haya gustado el final, y te leo en otro, entonces! ¡Te mando un fuerte abrazo y un beso enorme!

Ahora ti, me despido. Alto testamento me mandé, ni que fuera a desaparecer por siempre jajajaj Bueno, entonces... quizás dentro de unos meses nos volvemos a leer en "Perdición" con el epílogo.

¡Saaaludines!