COSAS DE ELLA Y DE ÉL

~ Su genio ~

Yamato está molesto. Está cansado. Cansado porque ya es incapaz de fingir sonrisas. No le gusta esperar en un sitio tan concurrido con su bebé. No le gusta esa extraña manía que tienen algunos desconocidos de creerse con derecho a saber todas las intimidades de su bebé simplemente por eso. Por ser un bebé. Sí, lo es, pero es su bebé. ¡Su bebé! Y eso significa que solo él tiene derecho a hablarle de manera ñoña y deleitarse con su sonrisa. Aunque hoy no sonríe y eso es lo que tiene molesto a Yamato.

Lleva con el ceño fruncido desde antes de salir de casa y lo peor es que eso le parece más gracioso a los desconocidos. Yamato tuvo que fruncir también su ceño, siempre más intimidante que el de inocente criatura de meses, para alejar por fin a los acosadores de bebés.

Mueve el muslo arriba y abajo —donde ella está sentada—, pero no funciona. Su expresión geniuda continúa, mientras con el sonajero golpea la mesa reiterativamente.

Yamato suspira mirando su alborotado alrededor. Tiene la tentación de ir a buscarla al taller, quizá eso alegrase a su hija. Quizá sea eso lo que la tiene enojada. Quizá, tan solo, quiera estar con su mamá.

—Es eso, ¿quieres estar ya con mamá?

Sus casi inexistentes cejas se mueven, haciendo más pronunciada la "v" que queda entre medio. Yamato resopla.

—¿Y ese resoplido?

De desesperación que se convierte en alivio al verla depositar su portafolios en el asiento de al lado. Con una deslumbrante sonrisa, Sora se dirige a su bebé.

—¿Me echaste de menos cariño?

—Sí —contesta Yamato con agotamiento y Sora niega en una mueca divertida, mientras carga a su bebé.

Automáticamente en el rostro de Yamato se dibuja una sonrisa. Ella la balancea, la sube al aire, la besa y le hace cosquillitas en la mejilla con la nariz y Yamato piensa, que solo Sora a parte de él puede hacer eso a su bebé. Mira a su alrededor con desconfianza. Algunos desconocidos acosa-bebés sonríen enternecidos por la escena. Yamato alza la barbilla con triunfalismo. "Es su bebé, no el vuestro."

Cuando vuelve a enfocar a Sora, esta ya no juega con su niña. Está mirándola detenidamente. Desconcertada, preocupada.

—¿Y esa cara? —pregunta, examinando su ceñido entrecejo. Mira a su esposo— ¿Yamato, qué le hiciste?

Eso indigna al rubio.

—Obviamente nada. La di de comer, dormimos, comió un poco más, dormimos, nos bañamos, dormimos, comió otra vez, dormimos, la cambié una docena de veces y cogió ese sonajero y no lo volvió a soltar —Se cruza de brazos tras su resumen de su día como padre.

—¿Te acordaste de echarle polvitos?, sabes que su piel se irrita con mucha facilidad —dice Sora, acunando ahora a su hija de una lado a otro.

—Le eché un bote entero de polvitos. ¿Me recordarás siempre que una vez se me olvidó echarle?

Sora se sienta a su lado.

—Solo te he preguntado —intenta calmar a su enojado esposo—. Sabes que confío plenamente en ti para cuidar a nuestra hija —hace una pausa—. Más que en mí misma.

El ceño fruncido de Yamato desaparece de inmediato. Mira a su esposa con ternura y también algo de preocupación. No le gusta que sea tan insegura. Ella es la mejor madre del mundo aunque su hija persista hoy en mantener su ceño fruncido también en sus brazos.

—¿Vinieron los chicos con Nyokimon? —pregunta, tras ese silencio reflexivo.

Yamato niega.

—Se quedaron todo el día en el Digimundo.

—Quizá esté enojada por eso —resuelve Sora, ya recuperando la sonrisa.

—Quizá —dice Yamato, no resistiéndose a acariciar la mejilla de su bebé.

Retira su dedo al escuchar la risa contenida de Sora. La mira extrañado.

—¿Qué ocurre ahora?

—Es que… se parece tanto a ti.

—¡Yo nunca pongo esa cara de mal genio! —defiende Yamato, de nuevo sintiéndose ultrajado.

Sora lo mira, con el ceño fruncido igual que su niña. Dos calcos con treinta años de diferencia. Es una ventaja para Yamato que los desconocidos acosa-bebés no lo vean tan adorable como lo ve Sora. A ella ya no la intimida. Se muerde el labio inferior para intentar que su risa no sea escandalosa.

Yamato cruza los brazos. Su molestia es más fingida que real.

—¿Estás diciendo que si nuestra hija tiene mal genio es porque yo tengo mal genio? —Sora tuerce la cabeza. No hay necesidad de asentir lo evidente—. Quizá a la que se parezca sea a ti.

Sora hace un gesto de sorpresa.

—Yo nunca pongo esa cara.

—Claro que sí, es tu cara de "no me molestes estoy diseñando".

—Eso es una cara de concentración, no de enojo —defiende Sora.

—Tal vez nuestra hija esté concentrada y no enojada.

Sora niega y le saca la lengua, antes de inclinarse para besarle brevemente, y Yamato esboza su más placentera sonrisa. Ambos enfocan a su bebé, que ajena a los asuntos de sus padres, continúa agitando ese sonajero con fuerza.

Su ceño se mantiene fruncido. Ya sea por concentración, enojo o simplemente porque quiere demostrar su genio. Es hija de Yamato y Sora a fin de cuentas.

-OWARI-

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#soratrobsesión

N/A: gracias por leer.

23/4/17