Pronto llegaron a su destino, un deslumbrante palacio egipcio los recibió siendo llevados a la sala del trono del gran faraón por los guardias que los habían capturado.

Pronto y sin ninguna espera apareció una mujer frente a ellos, sentada en el trono de oro, atiborrada de joyas y un impecable vestido blanco del mas fino lino y trocados de oro.

— ¡Inclinence ante la gran faraón Benerice IV! -exclamo uno de los guardias.

Los jóvenes que quedaron pasmados, ¿Benerice IV? ¿faraon? Si ya antes se habían percatado de que ya no estaban en su tierras (o al menos en el lugar donde estaban trabajando) ahora no les quedaba la mas mínima duda de que estaban en una época completamente a la suya.

Y eso les preocupara.

Sin embargo, a pesar de asombro, acataron la orden dada por los guardias y se inclinaron ante la mujer.

Era joven, eso se notaba, tenia una piel blanca y totalmente lozana, ojos verdes y cabello largo de color caoba, ¿cuanto años tendría? ¿19?

De ser así entonces ya tendrían una idea de en que tiempo estarían.

— De pie -ordeno la mujer- ¿quienes son ustedes jóvenes extranjeros y que hacen en las grandes tierras de egypto?

Los jóvenes se vieron a la cara unos a otros ¿y ahora? ¿quien hablaría?

Kagome era demasiado dulce y en aquel momento estaba que temblaba de miedo, Sango estaba demasiado nerviosa como para hablar, Miroku con su labia barata era un diplomático (y mujeriego), Naraku un antisocial medio psicópata e Inuyasha... El no era de palabras, mas bien de acción.

Por lo que en ese momento decidieron dejarle el trabajo de hablar con la monarca a Miroku, tan solo esperaban que no se le ocurriera meter la pata.

— ¡Oh gran majestad! Vera, nosotros solo somos unos extranjeros, de tierras muy lejanas, estábamos en un viaje debido a nuestro trabajo cuando hubo una tormenta y debido a ello fue que nos perdimos, luego de eso es que sus guardias nos encontraron y nos trajeron frente a usted.

Y era verdad, técnicamente todo lo que el hombre había dicho era cierto, simplemente había ocultado algunos detalles del asunto.

La mujer asintió pensativa, al parecer entendiendo la situación de sus invitados.

— De acuerdo, en ese caso sientance cómodos en mi palacio, serán mis huéspedes el tiempo que necesiten ¡Bakhür! Asignales sus habitaciones y que se instalen y llama al medico real y que atienda sus heridas, que las sirvientas estén atentas a sus necesidades y se prepare un banquete para que nuestros invitados coman...

— Como usted ordene mi señora.

Dicho esto los cinco jóvenes fueron guiados por el palacio, bellos ornamentos de oro y piedras preciosas decoraban el lugar, figuras talladas en las paredes con el mas cuidadoso de los esculpidos relatando las grandezas y hazañas de los antiguos faraones y dioses de aquellas tierras, pilares de mármol y piedra y muebles hechos de oro.

Pronto fueron llevados hasta sus respectivas habitaciones, estas eran amplias, con camas grandes y mullidas, cojines esponjosos y sabanas de seda, muebles de bronce y oro repletos de ropajes unos y odres llenos de las mas finas fragancias, perfumes y aceites con olíbano y mirra.

También habían grandes ventanales con bolcones y cortinas de lino blanco y pulcro adornándolas.

Una vez que los sirvientes se hubieron marchado el grupo de jóvenes se reunió en la habitación del albino para tratar de discutir como saldrían de aquella situación en la que se encontraban.

— Esto esta mal ¿que se supone que vamos a hacer ahora? -pregunto una angustiada Kagome.

— Tsk -Inuyasha chasqueo la lengua fastidiado- no lo se, ni siquiera se como fue que llegamos a este lugar... Pero debemos hallar una forma de salir de aquí...

— Y sin alterar la historia de ser posible -dijo Miroku pensativo a lo que el resto estuvo totalmente de acuerdo con el.

— ¿Y si no encontramos una manera de regresar a nuestro tiempo? ¿que haremos? -planteo Sango.

Aquello causo aún más angustia en los demás, por que, por mas pesimista que sonara también era una posibilidad.

Y por eso mismo ninguno tuvo el valor para responder aquello, por lo que, pasando por alto aquella interrogante, Naraku se dispuso a hablar.

— Bien, pensemos, ¿que es lo ultimo que estábamos haciendo antes de despertar en este lugar?

— Pues explorando aquella tumba... -dijo Inuyasha con obviedad.

— Si, es cierto -dijo Kagome mas calmada- Inuyasha y Miroku estaban a punto de discutir, entonces tu nos llamaste para que viéramos una de los grabados en la pared.

— ¡Asi es! -exclamo Sango con emocion- estabas leyendo una maldicion cuando empezó a aparecer una gran cantidad de arena por todas partes...

— Y luego despertamos en este lugar... -murmuro Miroku atando cabos y entendiendo a lo que Naraku quería llegar.

— Así es, pienso que, de alguna forma aquel maleficio tuvo verdadero efecto sobre nosotros y de esa forma es que aparecidos aquí...

— Genial ¿y ahora que? ¿nos sentaremos a esperar a que a Anubis se le pase la rabia y nos devuelva a nuestra epoca o que?

— Ya Inuyasha, tampoco debemos tomar esa actitud, seamos positivos, ya veras que conseguiremos salir de esta, mira el lado bueno, al menos no es peor a que que ocurrio en Turquia...

Oh si, vaya que lo recordaba...

Entonces el joven iba a decir otra cosa mas cuando un gran estrépito lo interrumpió, una explosión seguida de un temblor hizo que el grupo de arqueólogos se alteraran.

Se dirigieron al balcón y la escena que se encontraron fue algo, sin dudas, bizarra.