Bombazo 2!


Capítulo 8: "Seguimos creciendo…"

Leonardo cerró los ojos y se concentró en vaciar su mente. Son las seis de la mañana exactamente. Todos sus hermanos duermen y el silencio es inigualable. En medio del mutismo absoluto, oye las respiraciones acompasadas de todos los integrantes de su familia y sonríe. Están tranquilos, y como un coro que no se ha puesto de acuerdo para cantar, surgen los más extraños sonidos desde el segundo piso. Miguel se mueve inquieto en su cama, enredándose entre las gruesas mantas. Donatello habla despacio como si estuviera dando una conferencia a importantes científicos sobre la más avanzada tecnología y sobe los beneficios de una vida enfocada al reciclaje. Raphael es cuento aparte. Ronca con todas sus fuerzas, dejando un eco de eterno cansancio. Leo trata de no reírse entre dientes al ver como este último se gira quedando atrapado entre la delgada hamaca.

Con un suspiro vuelve a enfocarse. El silencio que ahora flota en el ambiente como una delgada tela de araña es muy fácil de quebrar, y muy difícil de conseguir, así que respirando hondo vuelve a dejar la mente en blanco. Pasan aproximadamente veinte minutos y el sonido imperceptible de dos pares de pequeños pies se siente en el alfombrado del segundo piso. Leo abre un ojo y se cerciora de haber escuchado bien, pero es claro que sus sentidos agudizados no pueden estar mintiéndole. Suspirando para sí, da por terminada su pequeña mañana de meditación. Así que poniéndose de pie, se encamina hasta las puertas corredizas del dojo. Sus movimientos son lentos y silenciosos. Sabe que aún es muy temprano y levantar a todos a semejante hora, un día sábado, sería un pecado capital para sus hermanos menores, pero es claro que a las dos pequeñas alborotadoras que se encuentran en el baño no les importa mucho el reloj. Con una sonrisa abre la puerta del dojo y enseguida es lanzado de nuevo a su interior cuando sus dos pequeñas hijas se lanzan con un grito a sus brazos

-"¡Oto-san!"-

Leo, gracias a sus rápidos reflejos, sostiene a las dos pequeñas mientras cae hacia atrás. Tirado en el suelo y con sus dos pequeñas sobre el pecho piensa que quizá la mañana no será tan tranquila como pensó

-"¡Oto-san! ¡Le ganamos al abuelito!"-Rose sonríe aun con el pelo estilando agua, saltando sobre el pecho de su padre

-"¡Sí!, ¡nos bañamos antes que él!"-Saku imita los movimientos de Rose, y abraza a Leo por el cuello, tratando de explicar la alegría que siente al haber vencido al más longevo de la familia.

Leo sentándose con sus dos pequeñas sobre las piernas, escucha atento como estas celebran su triunfo. Rose y Saku apenas tienen cuatro años, su cabello castaño claro revuelto y sus enormes ojos azules siguen tal cual como siempre, lo único que ha cambiado ha sido el hecho de que Leo ya no tiene que cambiar pañales y darles el biberón, el resto de sus deberes sigue intacto.

-"Pero hijas…es muy temprano"-Explica el joven padre mientras ordena la maraña de cabellos con sus manos-"¿No deberían estar soñando todavía?"- Las niñas sonríen cómplices mientras abrazan a su padre. Ninguna hubiera podido dormir más en un día como ese

-"No pudimos dormir más Oto-san"-

-"Además Rosi y yo queremos ayudarte a hacer el desayuno"-Explicaban las dos saltando sin parar. Leo sonrió de lado y accedió. Era casi imposible decirle que no a sus dos pequeñas.

-"Esta bien, pero primero tengo que peinarlas, no querrán que sus tíos encuentren cabello en la comida"

Las dos niñas al oír a su padre, corrieron enseguida al baño a sacar sus peinetas y sus coles. Si algo amaban las dos infantes era ser peinadas por su papá. Leo y los demás nunca habían entendido porque a ambas pequeñas les gustaba tanto que su padre les cepillara el cabello, así que haciendo un experimento, Abril había pedido que este la peinara uno de los tantos días que bajo a ver a sus sobrinas. Las niñas miraron con celo como su padre peinaba a si tía Abril, y la pelirroja entendió enseguida la razón de tanto escándalo. Leonardo era muy suave hasta para pasar un simple cepillo, tenía cuidado de no jalar el cabello, y siempre se demoraba en ordenar cada revoltoso pelito. El resultado era una trenza perfecta y una sensación de relajación inigualable y si a eso le sumamos que el cabello de las niñas casi llegaba hasta el suelo, entonces los motivos quedaban más que claros. Leo simplemente se alzaba de hombros y decía que no había nada especial.

-"¡Yo primero!"

-"¡No Saku, te toco a ti ayer!"

-"¡No es cierto!"

Leo suspiro al oírlas discutir. Quizá eran gemelas pero el instinto y personalidad de cada una era muy distinta. Rose responsable, pero le encantaba hacer desastres con su tío Mike y meterse en el laboratorio de Don, Saku era la que buscaba la protección por naturaleza. No se despegaba de su hermana y en caso de peligro enseguida se escondía en su habitación o detrás del caparazón de Raphael. Pero si algo compartían las dos niñas era un cerebro inteligente y hasta cierto punto tenebros. Ambas iguales físicamente, pero tan distintas.

-"Saku…"-musito Leo a mediana voz ladeando la cabeza. La niña al escuchar su voz volteo enseguida su rostro resignado.

-"Vale…me toco a mi ayer…"

-"¡SI!"-grito Rose al saberse vencedora, ya que así podría escoger que tipo de peinado y además sería la primera en recibir los cuidados de su papá. Una mirada seria de Leo hacia ella fue suficiente para que la pequeña dejara de gritar y recordara que su Oto-san no tenía preferencia por ninguna de ellas. Las amaba por igual y por eso había turnos. Leo era cariñoso, pero igualmente estricto.

-"Entonces…¿Cómo las peino Rosi?"

-"¡Coletas!, ¡No, mejor trenzas!,¡Coletas y trenzas!"-Leo sonrió mientras asentía y pedía que bajara la voz.

Así, mientras todos dormían, las pequeñas fueron peinadas por su papá mientras estas embelesadas le contaban sus sueños. Leonardo sonreía mientras les oía murmurar (ya que no querían despertar al resto), sobre sus sueños y meditaciones con respecto a estos mismos.

-"y el señor gordo se comía todo mi sándwich papi, no me dejaba comerme nada…" –Leo trato de no reírse. Saku había soñado con un señor gordo comiéndose su comida, cosa que para la pequeña era inaceptable.

-"Saku…tu siempre tienes hambre…¿No habrá sido por eso?"- Pregunto su hermana con una gotita resbalándose por su cabeza.

-"No siempre tengo hambre"-hablo la niña-"Además yo no sueño con bichos biomecánicos"

-"¡Hey!"-Leo volvió a enfocar un ojo en ella en señal de guardar silencio, la niña se tapó la boca y le murmuro a su hermana-"Eran escarabajos, y nosotros con tío Donny, encontrábamos la cura para el resfriado"-Leo abrió los ojos sorprendido y luego suspiro.

-"Rose, ¿Acaso viste la maratón de Tecnología moderna con tu tío?"-La pequeña bajo la cabeza al sentirse atrapada, y Leo negó con la suya. Cuantas veces le habría pedido lo mismo a Donny. Las niñas se duermen a las 9, y no hay nada de qué hablar, pero el ya sabía que nada lograría convencer a su inteligente hermano. Leo aunque no lo hubiera dicho ya sabía de esto, y de otra cosa más…

-"Es que tío Donny no podía verla solito…"

-"Rose…."-hablo de nuevo Leo-"Sin excusas"

-"Lo lamento papá…"

-"Te dije que papá te pillaría"-susurro con risa la pequeña Saku-"Mejor hubieras visto las luchas con tío Raph"-Leo volvió a perder el alma. Otro porfiado hermanito con el que tendría que hablar. ¿Es que acaso hablaba en hebreo?

-"Saku ¿No te dije que no podías ver las luchas?"

-"Si….pero yo…"

-"Niñas, no quiero repetirlo, no pueden quedarse hasta tan tarde, además que esos programas son para mayores, ¿No deberían ver caricaturas con su tío Mike?"-hablo serio nuevamente el mayor de los quelonios.

-"Pero Oto-san, si vemos caricaturas…"-hablo Saku cabizbaja ante el regaño

-"Ayer vimos una maratón completita de Bob esponja"-Leo volvió a suspirar ante las palabras de Rose, que al igual que su hermana hacia pucheritos. Finalmente termino por conformarse

-"Bueno, por lo menos no ven novelas como el abuelo…"- Las niñas volvieron a mirarse entre ellas, cómplices de sus travesuras. Leo captando esto se pasó una mano frustrada por el rostro. ¿Es que también tendría que castigar a su propio padre? ¿Acaso el mundo estaba en su contra? Definitivamente terminaría por romper el condenado televisor. Leo termino de peinar a las pequeñas y no hablo más del asunto. Más tarde hablaría con sus hermanos. A alguien debía regañar ¿No?

Ya listos los tres, se encaminaron hasta la cocina. Las niñas ya conociendo lo que le gustaba a cada uno de sus tíos, comenzaron a moverse rápidamente por la cocina. Leo menos acelerado les pasaba un plato o dos para que fueran poniéndolos en la mesa de forma ordenada, teniendo cuidado de que ninguna cargara demasiado. Sus pequeñas eran flores delicadas, y Leo no podía permitirles hacer grandes esfuerzos, aunque era claro que las niñas lo que más querían era aprender a luchar y ser tan fuertes como su papá. Leo no pudo evitar sonreír, al observarlas ponerse de acuerdo entre ellas para avanzar más rápido. Sus hijas eran hábiles, Donny les había enseñado muchas cosas, y a sus cuatro años (y medio como le decían sus hijas), ya sabían hacer una variedad inmensa de actividades. Ambas sabían leer y escribir, y no había libro en casa que no cayera bajo las manitas blancas. Manejaban un amplio lenguaje y gustaban de hablar de muchos temas. Leo también había hecho lo suyo. Las educaba con cuidado, les enseñaba modales y las cuidaba con paciencia infinita, y sobre todo les brindaba todo el cariño que pudieran necesitar. Leonardo había aprendido de única manera en que se puede aprender, que ser padre no es una tarea sencilla. Las niñas aunque ya no eran bebes, necesitaban de su padre en muchos momentos, ya fuese para tener un lugar donde esconderse o un amigo para poder jugar, su tarea era larga y duraba las 24 horas del día, sin excepción ni días festivos, ya que ellas no podían recibir un "no puedo" por su parte. Él tenía que estar siempre para ellas, porque no solo era su deber, si no su prioridad máxima.

Terminada de poner la mesa, las niñas sonrieron orgullosas. Leo mirando la hora, observo que ya era suficiente tiempo como para que los dormilones de sus hermanos se dignaran a bajar. Así que agachándose a la altura de las pequeñas les susurro un par de palabras. Las niñas saltando de emoción subieron rápidamente la escalera, y se dividieron al llegar al pasillo. Leo rio bajo al escuchar lo que siguió después.

-"¡Tío Raphi despierta!"-Grito la pequeña Saku tirando de uno de los pies colgantes de su tío, provocando que este se cayera del susto

-"¡Tío Donny está listo el desayuno!"-Grito Rose casi sentándose en el pecho del de bandana morada, logrando que este abriera los ojos y se levantara de un salto

-"¡Levántate Tío Mike!"- Gritaron ambas lanzándose a la cama del menor de los hermanos, haciendo que este pegara un grito

Leo soltando la risa dejo que sus pequeñas despertaran a toda la casa. Ser padre era difícil, y requería de seriedad, pero tenía que aceptar, que él aún tenía sus momentos…


Espero les haya gustado! Este es el 2 bombazo! xD ojala les haya alegrado el día!

Aprovecho de agradecer a quienes no pude por interno:

Guest:Leo es y siempre será el favorito, xD es el papi, y no se puede competir con eso. Bueno de tu divagación…Leo es un niño bueno xD sus ojos se parecen porque asi se sentirían mas cercanas a Leo xD. Un abrazo y nos leemos!