Capítulo 21
Un día con Korra
Despertaba con todo el pelo revuelto, sentía una carga pesada en su cuerpo y no lograba comprender aun de qué se trataba. Se giró en aquella cama para desperezarse pero un fuerte dolor de cabeza la atacó de repente. Y también un largo bostezo.
Comenzó a refregarse los ojos y secar una lagrimita, que a veces, la caía por culpa del bostezo. Y ahí se quedó mirando el techo tratando de recordar los acontecimientos del día anterior y el porqué de su estado.
Nuevamente cerró sus ojos para seguir durmiendo, ya que eso era su mayor motivación y los parpados le pesaban, pero un ruido la despertó completamente.
- ¡Ya levántate Korra, son más de las 12!
La mencionada al oír el grito de su madre cubrió su cabeza con el almohadón. Realmente se sentía un desastre.
- ¿No te gustó ir de juerga con tus primos? Bien querida – Senna había ingresado a la habitación y comenzó a destapar a su hija – ahora te levantas y asume las consecuencias.
Empezó a patalear por el barullo que se estaba llevando a cabo en la casa. Korra sólo tenía deseos de seguir durmiendo ya que la resaca estaba comenzando a hacer efecto en ella.
Se levantó como un verdadero cuerpo pesado y no caminaba, sino que arrastraba sus pies hasta toparse frente a frente con la puerta del baño. Entró sin más y vio cómo su cabello y su rostro mostraban los efectos secundarios de tanto alcohol que había bebido.
- Para que digo nunca más, si no es cierto – dijo mientras abría la llave del lavamanos y bebía agua para luego proceder a darse una ducha.
Una vez dentro comenzó a jabonarse, lavar su cabello y dejar que el agua caliente la despabilara y pudiese eliminar la pesadez y los malestares en su cuerpo.
Y luego de un rato, ya en su habitación se vistió, secó su cabello y se peinó como de costumbre, para luego caminar hacia el comedor, donde ya estaba su tío Unalaq, y sus primos Desna y Eska, además de los padres de Korra.
- Iremos almorzar afuera – decía Senna.
- Una perfecta ocasión para compartir en familia – mencionaba Unalaq, un tipo de mirada seria, no así como sus hijos.
- Prima, te vez horrorosa – decía sin emoción alguna Eska, quien era idéntica a su hermano, salvo por el maquillaje en sus ojos y su peinado.
- ¿Cuál es la receta o qué clase de pacto endemoniado hicieron para lucir como si nada? – preguntaba Korra mirando a sus primos de soslayo.
- Es un secreto.
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Caminaban por las frías calles del Polo Norte, Korra iba agarrada del brazo de su madre mirando cada puesto de color, comida y artesanía que había a su alrededor. Estaban dentro de una feria costumbrista del lugar. Cuando divisó un puesto en especial, se acercó a este y observó los diferentes muñequitos tejidos que hacía la señora que atendía.
- ¿Qué son? – preguntaba Korra con curiosidad.
- Se llaman "amigurumis" son tejidos en lana…
- ¿Y puedo encargarle 2?
La señora miró con sorpresa a Korra y luego de una dulce sonrisa, la mujer le ofreció de su tiempo para escuchar el pedido de la morena.
- Korra, ven vamos, iremos a almorzar – gritaba Senna desde un poco más lejos a su hija.
- Ve tranquila muchacha, los tendré listos al final del día.
- Muchas gracias, vendré sin falta.
Volvió al lado de su madre entonces y siguieron el camino con los demás de la familia.
El aire frío de la ciudad refrescaba aún más el espíritu de Korra. Hace dos días que no podía comunicarse con Mako y eso la tenía deprimida. Por eso mismo fue que la noche anterior salió con sus primos, pero le pasó la cuenta el beber en exceso. Por suerte pudieron llegar sanos y salvos a casa.
- Hija – interrumpió de pronto los pensamientos de Korra - ¿Por qué no le pides a tu padre que te dé el número de la jefa Beifong allá en Ciudad República? Quizás así puedas comunicarte con tu novio.
Korra después de analizar, detalladamente cada palabra que su madre le dijo, no pudo más que abrir enormemente los ojos y darle un beso en la mejilla a Senna.
- ¡Pero que idiota soy, no se me había ocurrido!
- Tienes un serio problema de memoria hija.
- Ya, ni me lo recuerdes – y caminó rápidamente donde su padre.
Nerviosa se acercó a Tonraq, no quería que sus primos y su tío escucharan. Tomó aire y luego dijo las palabras que salieron susurrantes de su boca. Cuando su padre la miró seriamente, sabiendo a que se debía, sólo atinó a entregarle el número y anotarlo en la palma de la mano de la chica, ya que no disponía de papel cerca de ella, sólo un bolígrafo que Tonraq siempre llevaba consigo.
- Gracias Papá.
Se separó entonces del grupo para caminar hasta una cabina telefónica y de ahí llamar hacia la prefectura en Ciudad República.
Allí con nervios marcó el número y esperó, esperó y esperó, hasta que al fin contestaron. Los segundos comenzaron a correr.
- Buenas tardes – titubeaba Korra – por casualidad ¿Se encontrará ahí Mako?
- Sí ¿Quién lo llama?
- Ahm – pensaba Korra en no dar su nombre para no ocasionarle presuntos problemas – soy su vecina, necesito darle una información acerca de su hermano Bolin – dijo para que pudieran comprobar que la chica si conocía realmente al muchacho y no era una llamada en broma, como solían recibir a veces lo del departamento de policía.
Entonces el joven que le contestó a Korra dijo que esperara en línea un momento, que llamaría al muchacho. Korra esperaba y comenzaba a ponerse nerviosa, por ende llevó su manía de siempre a cabo, morderse las uñas.
Y cuando por fin escuchó la voz de él al otro lado del teléfono su corazón volvió a latir con fuerza.
- Mako – dijo al fin Korra.
- ¿Korra? – contestó al otro lado.
- O - - oye… - escuchó una larga pausa, cosa que hizo sentir muy incomoda a Korra - ¿Mako? ¿Me escuchas?
Korra miraba si aún le quedaba crédito en la llamada e ingresó otra moneda más por si acaso.
- ¿Mako me oyes?
- Korra ¿Qué te sucedió? He estado tratando de comunicarme contigo y ni siquiera tienes encendido tu teléfono móvil… - Korra escuchaba a Mako irritado.
- Déjame explicarte lo que sucedió.
- Que sea rápido, estoy con mucho trabajo Korra.
- Hey, pero tranquilízate – la morena comenzaba a exaltarse. – si me escuchas con calma podré contarte qué sucedió
- Pues habla.
La muchacha comenzaba a molestarse ante el tono pesado de Mako con sus palabras. Pero entendía que quizás estaba preocupado por no poder hablar hace unos días. Se contuvo las ganas de gritarle lo frustrada que estaba ella también por no poder hablar con él, así que respiro y comenzó a contarle lo sucedido.
- El lunes, cuando terminé de hablar contigo en la tarde, fuimos con mis primos a dar un paseo por la ciudad. Estuvimos recorriendo y comprando cosas. Fue un descuido de mi parte, pero me asusté, dejé medio segundo mi teléfono móvil en la mesa, para poder pagar algo que había comprado y al ratito ya no estaba. Había mucha gente, estaba asustada, así que comencé a mirar a todos, pero no atiné a hacer nada, es raro. Hubiera hecho un tremendo escándalo. Así que pague la tontera que me compre y corrí hasta mi casa. Dejé a mis primos atrás. Le conté a mi madre lo sucedido y de ahí se me olvidó todo. Ella tuvo la gentileza de llamar a la compañía de mi celular para que bloquearan el número. Así que es por eso que probablemente sonaba apagado.
Korra tomó aire y siguió hablando.
- Hoy mi mamá me dijo que mi papá tenía el número de tu jefa, de la oficina, pero me dio algo de miedo llamar, ya que no quería causarte problemas, pero a la vez necesitaba decirte qué es lo que había sucedido. – Mientras seguía hablando Korra ingresó nuevamente unas monedas más – y ahora te estoy llamando de un teléfono público…
La morena solo escuchaba silencio por el aparato y se mordía los labios para no enfurecerse. ¿Acaso Mako pensaba que lo estaba rechazando? O ¿No se cree el cuento del robo del celular?
- Oye, te estoy contando la verdad ¿Qué es lo que estás pensando? ¡Dime!
- Que no querías hablar conmigo – dijo rápidamente.
- ¡No! No pienses eso – se rascaba la sien - ¿Por qué crees eso? – sonó con algo de nostalgia.
- Me pasé miles de películas Korra, pensé que estabas enojada o algo. Estaba ansioso – se escuchó como suspiraba – lo siento.
- Perdón, yo… soy una descuidada – Korra divisó a su madre a lo lejos quien la llamaba para volver con su familia a almorzar – lo peor de todo es que nunca me aprendí los números, ni siquiera el mío.
Mako le preguntó por el papel que le dio la vez que se conocieron, ahí tenía guardado su número, pero Korra le contestó que eso estaba en Ciudad República y muy bien guardado como un pequeño tesoro, pensó que era algo tonto, pero sin querer queriendo, le otorgó un valor especial.
Korra enrollaba el cable del teléfono en su dedo y de paso comenzó a preguntarle que cómo estaba y que ella también lo extrañaba mucho.
- Korra debo cortar, viene mi jefa – tosió un poco – sí claro, no hay problema.
- ¿Eh? ¿Mako?
- Pero le ruego que por favor, cualquier inconveniente con el departamento, me lo haga saber a través de mi teléfono y no el de mi trabajo, para evitar problemas.
Korra aún no entendía la situación.
- Dame tu número entonces, para anotarlo, así te puedo llamar desde el celular de mi madre.
- Claro, claro anote por favor.
Al igual que hizo con su padre, Korra escribió los números en la palma de su mano.
- Ya voy jefa – escuchó Korra que Mako se dirigía a Lin – bueno, señora Kate. Hablaré con mi hermano la situación y ruego a usted por favor comunicarse conmigo a mi número para este tipo de cosas.
- Ah, entiendo – rió bajito Korra y revoleando sus ojos – oye… te quiero. Estamos hablando.
- Ah sí, yo igual señora. Que tenga un buen día.
- Bobo.
Al cortar, caminó más tranquila hacia donde su madre. Allí nuevamente tomó su brazo y entraron juntas a un lindo restaurant de comida típica del Polo Norte.
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La tarde avanzaba y después de aquella apetitosa comida, Korra decidió seguir caminando y recorriendo el lugar, después de todo debía esperar a que anocheciera casi, para ir en busca de su pedido a la señora de los muñequitos que tejía (N.A.: Los amigurumis, búsquenlo en google y verán a que muñecos me refiero, acá en mi país reciben ese nombre, no sé cómo lo llamarán en otros lugares.)
Pero sin darse cuenta pasó por aquel recinto privado, donde los muchachos desde los 18 años son reclutados para luchar por la patria y la soberanía. Llevaban una vida militar, cuyo deber, además era formar jóvenes de bien. Korra sabía que ese no era el único lugar, que había también recintos como este en otros lugares, incluso en Ciudad República.
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- Lo único que supimos de él, es que entró en las fuerzas armadas, sus padres lo obligaron y de ese modo poder controlar su alocada vida. Korra, tu sabías a la perfección en que estaba metido, por eso tomaron esa decisión tan drástica. Y nunca más tuvimos noticias de él.
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Korra recordó aquellas palabras. Su ex pareja ¿Será posible que estuviese acá en el Polo Norte?
Un escalofrío recorrió su espalda y entonces huyó despavorida de ahí. No quería corroborar ni encontrar la respuesta a su fugaz pensamiento.
Luego de tanto correr se detuvo en un sector vacío. Allí solo había basura y papeles a su alrededor. Un ladrido llamó su atención y un hermoso perro, supuestamente blanco, pero ante tanta suciedad tenía manchas grises le ladraba con energía. Korra se le quedó mirando un buen rato y una sonrisa adornó su rostro, haciendo que ella se le acercara al animal.
- Hola – se agachaba para poder observarlo mejor y comenzar a acariciar su cabeza - ¿tienes hambre?
De pronto, unas pequeñas gotas lograron despabilar a Korra, quien levantó su vista hacia el cielo y pudo observar como las nubes grises estaban haciendo presencia, ocultando ya los pocos rayos de luz del día y aproximando la noche de una manera veloz. La morena se levantó y comenzó a caminar siendo seguida por el perro con su movimiento de cola que demostraba lo feliz que estaba y Korra no dejaba de observar como éste la perseguía.
Volvió al lugar de la feria costumbrista y corrió hasta el puesto de la señora. Las personas comenzaban a cerrar sus tiendas porque las pequeñas gotas que caían se hacían cada vez más notorias y eso indicaba que se venía un temporal. Por suerte el trabajo estaba terminado y pudo pagarlo con satisfacción. Le agradeció a la persona y procedió a marcharse a su casa.
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Corría el viento fuerte y la lluvia era mucho más notable. La gente que no llevaba paraguas o impermeables estaba corriendo desesperada para refugiarse bajo techo o encontrar locomoción para dirigirse a su respectivo hogar. En cambio Korra solo corría directo a casa, que en parte ya estaba cerca, y además deseaba sentir como el agua se impregnaba en su ropa, pensando que después de esto una ducha caliente sería lo máximo.
- ¿Me seguiste hasta acá? – decía jadeante Korra quien tocaba el timbre con insistencia.
La puerta de su casa abrió y se encontró con el rostro de su madre quien le tendió una toalla y le recibió las bolsas de su hija.
- ¿Y ese perro hija?
- ¿Puedo quedármelo? – preguntó Korra mientras se sacaba las botas en la entrada de la puerta.
- No sé qué pensará tu padre.
- Yo me encargo de eso – sonrió – ahora quiero una ducha caliente. Mamá vigila al cachorro por favor.
- Cachorra hija, es una hembra – decía Senna mientras acariciaba la panza del animalito.
Korra sonrió y camino rápidamente hacia el baño.
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- Al final me quedaré con el animalito, se llama Naga. Cuando vuelva a Ciudad República la llevaré a tu departamento.
- Sólo encárgate de limpiar sus necesidades – Korra carcajeaba.
- Sí, descuida, no dejaría que ensuciara. La voy a cuidar bien. Convencí a mi papá y buscaré trabajo de medio tiempo para correr con los gastos de ella.
- ¿Te dará el tiempo Korra? Digo, por los estudios y tus entrenamientos en el gimnasio.
- No lo sé, ahí me las arreglaré como sea. Seré como tú, que te sacrificas día y noche. Y eso es algo que admiro de ti.
- No digas eso bonita – suspiró Mako – terminarás muy cansada.
- Quizás, pero mientras tú me des ánimos, no me importa lo demás.
- Oye, ya deja de gastarle el dinero del celular a tu madre. Yo te llamo mañana ¿ok?
- Está bien. Perdona por el mal rato que te hice pasar ayer.
- No te preocupes, ya pasó. Ahora me siento mucho más aliviado.
Korra al fin podía sonreír después de un día tan largo. Pudo comunicarse con Mako después del desastre con su teléfono. Regresando a la Ciudad, ella se encargaría de buscar un nuevo aparato móvil. Naga, como había llamado a su nueva amiga, ahora lucía más blanca que cuando la trajo y claro, después de un baño caliente quien no lucía mejor y ahora dormía plácidamente a su lado, encima de la cama.
- ¿Cuándo vuelves? – preguntó Mako.
- El viernes en la noche salimos de acá. Estaríamos llegando el sábado en la mañana. – Korra daba un bostezo mientras se acurrucaba más en su cama - ¿Puedo ir el sábado a quedarme contigo?
- Por supuesto, estaré ansioso esperando que llegues. Ahora duérmete, estas bostezando como enferma.
- Cállate bobo – rió
- Buenas noches boba, duerme bien.
- Buenas noches tonto.
Naga volvía a acurrucarse en la cama de su ama, ahora tendría una vida digna junto a Korra quien se encargaría de cuidarla. Un bostezo se apoderaba de ella y Korra la observaba con mucha paz como descansaba a su lado, además le entregaba algo de calor. Cuando cortó el llamado dejó el aparato en la mesita de noche que estaba al lado de su cama. No quería levantarse para ir a devolvérselo a su madre. Nuevamente se acomodó entre las almohadas y cerró sus ojos para descansar. Ya van quedando pocos días de vacaciones, sólo quería volver a Ciudad República, encontrarse con sus amigos y en especial con Mako y volver a nadar en su tan anhelada piscina.
Hola gente bonita. Acá les traje un nuevo capítulo de Obra del Destino :3
y me costó escribirlo. Bueno, queda decir que ahora planeo avanzar más rapido en el tiempo para llegar a algo con esto :P
En fin, gracias a todos por sus hermosos reviews, y por darse el tiempo de leerme :)
No me quedaré atrás con esta historia. Mi meta es ponerle fin algún día.
Abrazos y besos, estamos leyendonos! Muaks!
PD: ah en la N.A. les recomiendo que busquen el significado de amigurumi para que vean que muñequitos son y que Korra mandó a hacer jejeje.
Eso, ahora si. Chaito!
