Capitulo 3

¡Siempre golpea antes de entrar!

Por Amelia Badguy

747 palabras según Word.

Ambos cuerpos reposaban sobre el sofá, que estaba en medio de aquella sala de estar, siendo que el hombre de ojos claros estaba sobre el más joven, besando sus labios de una manera en que dejaba ver todas las cosas que producía en él, toda aquella necesidad que creaba y lo bien que aquello se sentía.

Las manos de uno recorrían el cuerpo del otro, buscando abrir los botones de la camisa, colarse bajo la ropa, para arañar la piel, dejando pequeñas marcas rojizas, pero para sobre todo buscar aquellos gestos de placer que se producían. House estaba tendido sobre Wilson. Ambos estaban en el sofá, de su sala estar, besándose de una manera apasionada, que mostraba el deseo que ambos amantes sentían el uno por el otro.

Lentamente los labios fueron descendiendo, por el cuello del menor, logrando que soltara fuertes gemidos que no hacían nada más que excitar a House, el cual sentía como sus pantalones le apretaban cada vez más.

— House, las llaves estaban puestas en a puerta y yo... — Las siguientes palabras murieron en los labios de la mujer al apreciar la escena que sucedía frente a sus ojos. Dos de sus mejores médicos habían estado, prácticamente, devorándose a besos cuando ella entró al departamento.

— Cu-Cuddy — Jadeó Wilson al sentir la mirada de la decana sobre ellos, siendo que podía sentir sus mejillas arder por lo avergonzado que estaba en ese momento, no de estar de esa manera con House, sino de que su jefa los estuviera mirando, de entre todas las personas que podrían haber entrado sin llamar a la puerta.

Ninguno de los tres se movía en aquel momento, siendo que la mujer estaba realmente sorprendida. Siempre había visto a esos dos, la relación que tenían. Muchas veces habían bromeado, pero realmente del dicho al hecho había un gran paso que esos dos se notaba que habían dado ya hace tiempo, por como estaban.

El oncólogo intentó incorporarse, pero los brazos de House, que lo tenían sujeto de la cintura, no lo dejaron, siendo que además el peso del hombre era una barrera a romper en ese momento, pues nunca lo tiraría por el problema en la pierna del otro.

— ¿Qué ocurre? — Le gruñó a la mujer. La verdad era que no importaba que lo vieran con Wilson, la verdad era que le importaba un soberano cacahuate que todos se enterasen en el hospital o algo así. Lo que de verdad lo estaba molestando en ese momento era que la decana los estaba interrumpiendo. Toda la maldita semana había estado en un caso, que al final resulto ser más fácil de lo que había imaginado, y ahora que podía estar con el hombre Cuddy los estaba interrumpiendo y ni siquiera decía que era lo que quería. — Habla de una vez, Cuddy, ¿o acaso te comieron la lengua?

— Bueno yo… ve-venía a decirte que el paciente mejoro y ya lo dimos de alta… eso… aquí están las llaves… tengan más cuidado. Adiós… — Al decir eso último prácticamente lánzo las llaves al suelo para salir por la puerta, cerrando con fuerza para dejar solos a aquellos dos hombres en el interior de aquel departamento.

— Al menos era Cuddy y no un ladrón… — Suspiró de forma cansada el oncólogo, intentando quitarle importancia al asunto, además de cierta forma ver el lado positivo, aunque su mene le decía que desde ahora en adelante tenía que tener más cuidado de las llaves.

— La verdad es que hubiera preferido al ladrón en vez que a Cuddy — El médico mayor le dijo con tono sarcástico, para luego mirar los ojos chocolates de Wilson, esos que de verdad le gustaban mucho más de lo que iba a admitir en su vida. — ¿En qué estábamos nosotros?... Oh, sí, ya recuerdo... — Le ronroneo sobre el cuello a Wilson, para luego darle una mordida en su piel, haciendo que suspirase por aquella acción.

House no se había quitado de encima ni nada, ni siquiera fingido demencia o había bromeado sobre la situación con Cuddy, siendo que ese hecho había hecho que Wilson notara que House lo amaba en realidad, al punto de no importarle lo que pensaran de ellos.

— Greg — Murmuró a penas sobre el oído de House, quién lo miró con verdadera atención en ese momento, como esperando que le dijera lo que quería decir — Te amo — Susurró antes de sentir los labios del mayor sobre él, haciendo que notara que Gregory House era un hombre de hechos, no de palabras.