PÁLIDA LUNA.
CAPITULO 4….
Holo. Aquí esta otro capítulo de esta historia. Quizá piensen que es una de tantas historias cursis y clichés, con alguno que otro malentendido que en algún momento se aclarará. Me temo decirles que no será así. ¿Qué les puedo decir?, me gusta el drama, así que esta historia se enfocará en eso. Solo me queda decirles que antes de ir a eso me gustaría explorar el enamoramiento, por lo cual me temo que este fic será largo, o al menos eso planeo.
Le quiero agradecer a _, el segundo review de esta historia, no tienes idea de la emoción que sentí cuando vi el segundo comentario. Como dije anteriormente, soy una escritora por decirlo "amateur" y necesito correcciones para hacer esto lo mejor posible.
Por último, tengo que decirles que estoy sumamente triste, el cantante principal de mi banda favorita se suicidó. Creo que muchos si no han escuchado su música si han oído hablar de él. Chester Bennington tenía problemas de depresión, problemas que venía arrastrando, aún estoy en shock ante su decisión, no lo juzgo ni a nadie que lo haga, solo les quiero decir que cualquier cosa por más difícil que sea pueden comentarla, ya sea con amigos, familia o siempre pueden crear un hobbie que les ayude a sobrellevar cualquier dificultad. Me entristeció mucho la noticia, las canciones de Linkin Park siempre me ayudaron en los momentos más difíciles, quizá les parezca absurdo, pero así es. Y aunque sé que ninguna persona cercana a él va a leer esto, quiero dedicar el capítulo a Chester Bennington, una leyenda ya en la música.
Capítulo 4… HEAVY
La noche había caído sobre la mansión Malfoy. Un niño caminaba descalzo entre la oscuridad de la noche y la frialdad del ambiente. Se dirigía a la habitación de sus padres, había escuchado gritos desde su recámara. No le gustaba que sus papás gritaran o pelearan, no lo entendía.
-Apenas es un niño. – Escucho alegar a su madre. – Si empiezas a imponerle esas ideas vas a terminar por hacerlo parte de un movimiento al cual no quiero que pertenezca.
-Es un honor pertenecer a esto Narcissa. Nuestra posición nos obliga, nuestro linaje nos obliga. Nuestro estatus ¿Quieres que terminemos siendo rechazados por las personas poderosas?, ¿Quieres que nos quedemos sin un centavo? – Clamaba enfurecido su padre.
-Preferiría eso. La última vez que apoyamos eso terminamos mal. No quiero que mi hijo crezca con ideas de mortífago, no quiero que mi hijo sea uno.
-No lo será Narcissa, el señor tenebroso ya no existe.
-Entonces deja de inculcarle odio a Draco. Es solo un niño de 6 años.
-Él tiene que saber cuál es su lugar, cuál es su posición en este mundo, tiene que continuar con el legado Malfoy. Los sangre sucia son parias de la sociedad, no pondrás en riesgo lo que he construido, lo que mi familia ha construido durante generaciones. – Narcissa volteó la mirada. Draco los observaba y no entendía todos esos términos: "Mortífagos", "Sangre sucia", ¿A qué se refería su padre con eso?. – Escucha. Nuestro apellido es todo lo que tenemos, ¿Crees que aspiraríamos a todo el poder que tenemos solo por nuestras buenas intenciones?. La gente poderosa tiene ideales Narcissa. Es conservadora y desea que las buenas costumbres sigan vigentes porque sus antepasados así fueron educados. Dependemos de las buenas relaciones con la gente poderosa, dependemos de nuestros ideales, dependemos de un mundo en el que ricos y poderosos sean de un mismo linaje, en el que nuestro apellido y nuestra sangre sean importantes, de lo contrario no podemos aspirar a la grandeza inmediata, de lo contrario las personas que piensan que tienen derecho a dichas aspiraciones luchará por llegar a la cima y lo logrará. Hasta ahora no lo han hecho porque somos un grupo, porque mientras sigamos creyendo que son inferiores a nosotros estaremos en lo alto; un puesto que nadie más tendrá si nosotros no lo queremos así. Por ello tenemos que seguir con esto Narcissa, no podemos dejar que algún destello de moralidad colapse todo el sistema. Nuestra responsabilidad, nuestro deber es que Draco siga con nuestra herencia. Él tiene que aprender a ser inflexible y duro, aprenderá a ser firme ante las personas inferiores a él, a no ser débil y cobarde.
Narcissa solo calló. Draco entendió entonces que lo que su padre había dicho era cierto. El silencio de Narcissa le había otorgado la razón. No sabía bien a que se refería su padre, pero era un tipo duro con un temple y un porte admirable, Draco lo amaba y aquel discurso era inspirador, aquel era un discurso ganador, había podido callar a su querida madre, tenía que haber ganado, claro que sí.
Draco se dirigió hacia su habitación repasando las palabras de su padre como sagradas. Para un niño de su edad era comprensible tener un ejemplo a seguir; para Draco ese ejemplo era su padre, el hombre que le reprimía cada que hacía algo incorrecto y que le premiaba cuando hacía las cosas como el las ordenaba. Para otros niños aquello hubiese sido traumático, pero para Draco no lo era. Amaba a su padre y a su madre por igual. Incluso a su madre un poco más. Pero admiraba a su padre, la manera de imponer orden, su firmeza y perseverancia…
-Solo una fachada, solo un cobarde. – Susurró Draco mientras recordaba aquel día. El comienzo de su adoctrinamiento, de su "Gran educación".
En sus manos había una carta con un discurso similar. Un par de lágrimas salieron de sus púpilas, pero no permitió que hubieran más. Había leído aquella carta una y otra vez, esperando encontrar una disculpa o una despedida más adecuada, pero todo lo que había encontrado era a un cobarde que se escudaba en sus "Ideales", lo único que vio era a un padre manipulador.
Theo entró a la habitación buscando a Draco con la mirada. Estaba hecha un desastre, parecía que un torbellino había pasado por el lugar, sin embargo, no le dio mucha importancia. Lo encontró tirado en el suelo con la espalda recargada en la pared y las rodillas en el pecho, sosteniendo aquella maldita carta. Se veía pacífico, y si no lo conociera pensaría que así era, pero nada más alejado de la realidad. Draco veía la carta con una mezcla de odio y dolor. Theo se acercó dos pasos hacia el chico.
-Lo lamento. – Fueron las únicas palabras que salieron de la boca de Theo.
-Deja tu estúpida compasión. No te queda, - Siseó Draco.
-No es compasión, solo empatía, deberías intentar sentirla. - Por alguna razón lejos de molestarle el comentario se lo agradeció, lo que menos quería escucharlo hablarle con mimos y cariños.
.¿Has hablado con…?
-No, creo que solo me dejó esto y se fue el muy infeliz.
-¿Por eso no llegaste ayer en la noche?.
Draco negó con la cabeza. En realidad, no recordaba aquello hasta ese momento. Ese día dejó la biblioteca y a una Granger envuelta en su abrigo. Tomó el libro que ella le ofreció y se dirigió a su habitación. Al llegar encontró la carta que tenía en sus manos y al leer el remitente comenzó a destruir la habitación hasta que finalmente se dio por vencido y se sentó a leerla. No era bueno, no era nada bueno…
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Hermione se levantó del suelo observando el abrigo que la cubrió durante la noche, un abrigo negro, pero sobre todo cálido e inesperado. Volteo buscando en los alrededores de la biblioteca al dueño de aquel abrigo, pero no logró localizarlo. Lo que sí logró localizar fue a la señora Pince entrando por la puerta principal. Inmediatamente Hermione tomo el abrigo y caminó sigilosamente por los pasillos hasta llegar a la entrada, cuando la señora Pince estuvo fuera de su vista Hermione salió corriendo del lugar.
Al llegar a su habitación la chica soltó el abrigo que llevaba sobre la cama. Aquello había sido el colmo de lo extraño. Era cierto que los sucesos anteriores la habían dejado sorprendida, pero nada como aquel gesto. Hermione se duchó, pensando en lo mucho que había cambiado Malfoy, pero sobre todo en lo bien que ella había asimilado aquel cambio. Lo más seguro, lo más racional era que ella estuviera a la defensiva, dudando cada paso y huyendo cada que lo veía, pero algo en su actuar le hacía bajar la guardia. Apenas habían pasado días desde el primer indicio de amabilidad. Se sentía bien dejar los prejuicios a un lado, se sentía bien haberle dado aquel libro, ¿Por qué se lo había dado?, la respuesta estaba clara: La declaración del chico sobre su insomnio le dio cierta simpatía. No era para menos, los Malfoy estaban siendo repudiados por la sociedad ya que la gran mayoría sabían que eran parte de la desgracia que asediaba al mundo mágico. La gran pregunta era: ¿Malfoy era parte de aquella desgracia?.
Aquellos pensamientos alarmaron a Hermione. Desde que iniciaron las clases en Hogwarts no habían tenido noticias del mundo mágico en general. Rara vez leía "El profeta", y en esas pocas veces ninguna noticia era relevante. Quizá estaba exagerando, quizá el ministerio estaba poniendo orden, quizá… Quizá debió preguntarle a Harry que había hablado con Dumbeldore, estaba tan preocupada por reprenderles que se le olvidó ese pequeño detalle.
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Hermione bajó a la sala común. Ahí estaba Harry, ella se acercó feliz de verlo, sin embargo, se percató de que el semblante del chico era serio, tenía que estar ocurriendo algo. Recordó lo que había pensado momentos atrás en la ducha.
-Harry. – Llamó Hermione al chico y se acercó sentándose frente a él. – Te noto preocupado, ¿Pasa algo?. – Harry la miro a los ojos, estaban nublados por una fina capa acuosa.
-Supongo que puedo decirte esto. – Dijo entre dientes. – Ginny y yo nos besamos hace una semana. – Confesó el chico, omitiendo los detalles del "porque" y de lo demás que había hecho ese día.
-Eso es fabuloso. – Dijo Hermione alegremente. Recordaba el día que habían terminado y entendía las razones de Harry; él sabía que era el elegido para una carga muy pesada e intentaba protegerla, eso lo entendía. No obstante, creía que Harry merecía una oportunidad de ser feliz, de vivir una vida normal o un intento de esta, merecía tener por una única vez lo que se le había negado de niño.
-No lo es. – Contestó Harry con dolor. – Acabo de volver a romperle el corazón Hermione, no puedo estar con ella.
-Pero la amas.
-Sí, por eso no debo dejarla enamorarse de alguien que probablemente no tenga futuro. Sé que lo entiendes Hermione, por eso te lo dije. – Pero Hermione no entendía, ella creía que si dos personas se amaban podían contra cualquier obstáculo, contra cualquier demonio. Parecía cursi, pero ese era su concepto de amor.
Decidió no decir nada más. Simplemente se limitó a acercarse a Harry y abrazarlo. Este le correspondió el abrazo
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Hermione intentó animar a Harry durante el día, tratando de no mencionar el asunto de Dumbeldore. Estaba claro que Harry estaba agobiado y ella no quería hacérselo más difícil. En la noche Hermione se fue a su recamará. Al llegar a la habitación y encaminarse a su cama encontró el abrigo que durante la madrugada la había protegido del frío. Tenía que entregárselo a Malfoy y agradecerle el gesto, o al menos aquel había sido el pretexto para dirigirse a la biblioteca a esas horas de la noche. Cuando llegó a la biblioteca no había más que silencio, Hermione esperó en el lugar cuestionándose en cada momento el estar ahí esperando a alguien que hasta hacia poco odiaba. Lo que buscaba ella en realidad era una charla amena, como la que había tenido una noche atrás, la única charla medianamente inteligente que tuvo con alguien sobre algo que de verdad le interesaba: "Los libros". La situación obtenía puntos extra por ser con una persona a la que interiormente compadecía e incomprendida a la vez. Era el ambiente perfecto: Intriga, compasión, interés, curiosidad, empatía, y quizá solo quizá la posibilidad de una nueva amistad.
¿Pero que estaba pensando?. Días atrás Malfoy le dijo que no eran amigos y que nunca lo serían, ¿Por qué esperaría que una persona como él aceptara empatizar con alguien como ella?. Sin embargo, la noche pasada ocurrió lo contrario, aquello era la pauta necesaria para que ella acudiera a aquel lugar para devolver un abrigo que podía ser devuelto a cualquier hora del día.
Pasaron minutos y Hermione se había desesperado. No esperaba que apareciese en un instante, pero hubiera ayudado bastante que fuera así. Estuvo a punto de marcharse pensando que aquello era una tontería cuando escuchó un gritillo, era apenas audible pero lo suficiente como para llamar su atención. Hermione se guio por el ruido hasta que dio con el lugar donde salió aquel grito. Malfoy se encontraba ahí, por supuesto que sí. Quizá estuviera ahí desde que ella llegó. El chico estaba de espaldas y temblaba apretando su brazo izquierdo con violencia.
Esta vez Hermione no quiso ocultarse detrás de un estante ni espiar al chico. Esta vez tomo valor y caminó hacia él hasta quedar frente a frente. Se sentó en la silla. Malfoy la vio con extrañeza, sus ojos estaban rojos y llorosos y tenían una rabia contenida.
-¿Qué rayos haces aquí?. – Preguntó con enojo. Hermione solo atinó a decir lo único que se le ocurría.
-Vine a devolverte esto. – Dijo poniendo el abrigo sobre la mesa y levantando la barbilla. Malfoy había vuelto a ser grosero y Hermione no iba a permitírselo.
-Bien. Si es todo puedes irte por donde llegaste.
-Creo que no podía esperar nada más de ti, creo que me equivoque pensando que podías ser diferente. En fin, disfruta tu miseria Malfoy. – Hermione hizo ademán de levantarse. Estuvo a punto de irse cuando la voz de Malfoy la hizo detenerse en seco.
-Por eso viniste esta noche ¿No es así? Eres tan perfecta e idealista que esperabas encontrar a un Malfoy renovado, con ganas de ser tu amigo, por eso ayer te quedaste ¿No? Eres patética, intentando salvar a todos, incluso al desgraciado que te ha hecho la vida imposible desde primer año y que te ha hablado bonito un par de veces. No eres más que un intento de heroína.
-¿Quién te hizo el centro del universo Malfoy?. Entre a devolverte un estúpido abrigo y ya te has inventado una patética historia sobre como intento salvarte…
Draco dejó de verla, su mirada se estaba nublando, todo le daba vueltas y las palabras de la chica eran inentendibles. De pronto Malfoy cayó al suelo. Hermione corrió hacia él inclinandosé para verlo mejor. De su piel emanaba sudor, aquello no era normal pues era una noche fría y Malfoy no estaba abrigado.
-Vete. – Musitó el muchacho cuando Hermione hizo ademan de tocarle la frente. Aun así, Hermione decidió comprobar su temperatura, como lo sospecho el chico tenía fiebre.
-Estas ardiendo Malfoy. Debo llevarte a la enfermería. – Dijo ignorando la petición del chico. Lo tomo del brazo izquierdo para levantarlo provocando una reacción violenta por parte del chico.
-No. – Gritó Draco apartando la mano de la Gryffindor de un golpe.
-No seas testarudo, estas ardiendo, literalmente ardiendo en fiebre.
-No vuelvas a tocarme. – Hermione lo vio claramente ofendida. "Necesita ayuda", se recordaba para no dejarlo ahí a su suerte.
-No seas infantil Malfoy. Puedes meterte tus problemas de sangre por donde mejor te quepa, pero hazlo cuando estés en la enfermería y no seas un cargo para mi conciencia.
-No me lleves a la enfermería por favor, se me pasará. No me lleves por favor. – Suplicaba Malfoy prácticamente inconsciente. Hermione estaba segura de que a esas alturas Malfoy comenzaba a delirar, su aspecto delataba su estado físico, también podría asegurar que desde que lo encontró en la biblioteca volaba en fiebre.
-No te duermas Malfoy. Maldición. – La chica no sabía qué hacer, lo más razonable era hacerle caso al sentido común y llevarlo a la fuerza a que lo revisara Madame Pomfrey, sin embargo, algo en su voz, en su súplica hizo que Hermione descartara esa opción a petición del chico. Como pudo movió a Malfoy hacía la silla y se incorporó a su altura tomando su rostro entre las manos.
-Escucha Malfoy. Te llevaré a un lugar que conozco para que te recuestes, pero tienes que ayudarme. – Malfoy abrió los ojos poco a poco observando el brillo de los ojos de Hermione. El chico puso todo de sí para levantarse, tambaleándose un poco. Hermione lo tomo de los hombros ayudándole a sostenerse
-Pon un brazo en mis hombros. – Le pidió Hermione tomando uno de los brazos del chico. Malfoy se apartó bruscamente casi cayéndose en el movimiento. Hermione jaló de él para evitar que se cayera y paso uno de sus brazos por los hombros.
-Tendrás que dejar de ser tan testarudo, intento ayudarte, pero me lo haces muy difícil. – Malfoy dejó de luchar y comenzó a caminar en la dirección que Hermione. Juntos salieron de la biblioteca, la chica volteaba a todos lados para ver si no se acercaba nadie, al percatarse de que estaban solos siguió su andar hacia el lugar que ella creía podía servirle. Al llegar a la sala de menesteres Hermione se detuvo junto con Malfoy.
"Necesito una cama y medicinas para la fiebre.". Pensó Hermione e inmediatamente después la pared se abrió dándoles pasó. En el interior había una cama, varias mantas y un buró con algunas medicinas encima de este. Hermione se aproximó a la cama dejando caer a Malfoy en ella, lo acomodó y se dirigió a la mesita que se encontraba al lado tomando un frasco de medicina.
-Malfoy. Tienes que tomar esto. – Le pidió alzando un poco la cabeza del chico. Malfoy tomó la poción y dejo caer su cabeza en la almohada.
-No creo que deba quedarme Malfoy. Tal vez si le aviso a alguien que estas aquí ellos vengan. – A Hermione no le parecía buena idea quedarse con Malfoy, ambos eran menos que conocidos y aquello era una situación demasiado privada. Tampoco le parecía ya una buena opción llevar a Malfoy a la sala de menesteres. ¿Qué estaba pensando?. Era obvio que últimamente no estaba usando su sentido común muy bien.
-Nadie vendrá. – Susurró Malfoy. En su tono de voz no había lastima por sí mismo, simplemente estaba diciendo algo que a Hermione le resultaba triste. - ¿Por qué decidiste ayudarme?. – Preguntó cuando estuvo un poco más recuperado.
Hermione se calló por unos momentos pensando en la respuesta, pensando porque había decidido ayudarle. ¿Había sido solo su tono de súplica la que le hizo llevarle ahí? La respuesta no estaba clara pues existían muchas razones para ayudarle.
-No podía dejarte en la biblioteca. – Fue lo único que salió de su boca.
-Pudiste llevarme a la enfermería, así no tendrías que quedarte aquí.
-Me lo pediste Malfoy. Tienes razón, solo has sido amable un par de veces conmigo entre una pila de basura que siempre me decías. Pero por algún extraño motivo eso es suficiente para mí. – Dijo sentándose frente a él y viéndole fijamente a los ojos. Malfoy se perdió en la mirada de Hermione. Sus ojos eran cafés y grandes, pero su mirada era tierna, como de alguien que solo conoce la bondad, de alguien que es capaz de ayudar a quien solo la había tratado como basura. Malfoy solo se perdió en su mirada. – Supongo que la pregunta aquí es: ¿Por qué has sido amable conmigo? A decir verdad, no creo que alguna vez te haya importado el cómo me tratabas o el cómo me llamabas. ¿Por qué de pronto me ayudas con un libro o podemos tener una charla de horas sobre algo?
Hermione se quedó esperando una respuesta que no llegó inmediatamente.
-Porque eres a la persona que peor he tratado. – Dijo con la vista baja.
-Eso no parecía importarte antes.
-Claro que no. – Dijo el chico soltando un pequeña risa. – A mi padre lo encerraron en Azkaban por ser un estúpido mortífago. – Hermione abrió los ojos sorprendida por esta declaración, ¿Cuántas cosas no sabia de lo que pasaba en el mundo mágico desde que entraron a Hogwarts?, todo aquello le parecía extraño, no había oído nada del encarcelamiento de Lucius Malfoy y ciertamente no sabía nada de lo que estaba pasando en el mundo mágico.- El día de hoy murió, ¿Sabes que fue lo último que me dijo?. – Le preguntó a Hermione viéndola directamente a los ojos, estos tenían dos capas de agua apenas perceptible, pero ante la cercanía se podía notar. – Pura mierda racista. Desde niño me dijeron que eso era lo correcto. Que tú, que todos los hijos de muggles eran repudiables, que eso me iba a hacer grande. No me gusta mi mente en este momento Granger, soy un asco.
Hermione seguía viéndolo a los ojos, analizando la veracidad de sus palabras. Sorprendentemente le parecía lo más real que alguien le hubiese dicho.
-Deseas hablarme porque sientes culpa.
-No. Deseo hablarte porque no quiero seguir creyendo que todo lo que me dijo mi padre era real, porque no quiero convertirme en aquello que crearon, en lo que hicieron de mi, no quiero convertirme en eso. Yo no elegí que mi mente fuera un puto desastre, no quiero que lo sea. Mis padres, mis compañeros de casa, me convirtieron en un monstruo. No deseo hablarte, necesito saber que puedo ser diferente contigo. – musitó esto último tomándole la mano a la chica. Ella lo dejó, estaba petrificada por aquellos ojos que por primera vez le hablaban con sinceridad, con angustia, con hambre de comprensión. Las manos de Hermione eran suaves, delgadas y cálidas. – Que no soy un monstruo.
-No eres un monstruo Malfoy. – dijo la chica después de un rato. - Te inculcaron valores equivocados, pero esto que haces… Puedes confiar en mí. – Hermione cubrió su mano con la que tenía libre acariciándole con el pulgar. Malfoy cerró los ojos saboreando el momento de paz y sinceridad que estaba teniendo.
-No tienes que quedarte. – Dijo Malfoy.
-¿Estas loco? – preguntó queriendo liberar la tensión del momento. – No puedo dejarte aquí enfermo y solo, no es humano.
Hermione tomó la silla que estaba junto a ella y la colocó frente a la cama. Esa noche Malfoy durmió por primera vez en meses sin preocuparse por su brazo y Hermione supo que las personas podían cambiar de golpe, sin previo aviso. Ambos se quedaron dormidos.
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…
Hola. Espero que les haya gustado este capítulo. Solo quería sugerirles que escuchen la canción del título: "Heavy". Es una canción muy buena que creo que viene bien a este capítulo. Muchas gracias por leer esto, prometo hacerlo lo mejor que pueda. /
EML.
