PÁLIDA LUNA.

Capitulo 5…. Una chica, una habitación.

Hola n.n. Siento no haber actualizado en tanto tiempo. No sé si me extrañaron o a la historia, pero aun así aquí está un nuevo capítulo. Debo admitir que me tomo un tiempo saber cómo quedaría, lo analicé y lo analicé hasta que no me quedo nada más por cambiar.

Quizá ya hayan notado este pequeño patrón al inicio de cada capítulo que va entre flasbacks, el futuro y sueños, espero no estar enredando mucho la historia y que sean fáciles de distinguir, si no es así les agradecería mucho que me lo hicieran saber para cambiar esto de manera que sea entendible y claro.

Por último, este capítulo va dedicado a esa persona que se ha convertido en mi Draco Malfoy, o más bien en mi Hermione (ya lo entenderán en el capítulo) en todo este tiempo, creo que a todos nos hace falta una persona con la cual nos podamos expresar y que nos tranquilicé en los tiempos difíciles. Bien, aquí está:

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Siento la calma del atardecer. Veo con nostalgia a los niños que juegan con sus padres, a las parejas que se toman de la mano y se abrazan protegiéndose del frío. Es increíble cómo solo empiezas a desear algo cuando sabes que no lo puedes tener, como anhelas tener la oportunidad de elegirlo.

Venir a este lugar es una tortura necesaria, es el castigo que elegí por mis errores, sin embargo, es un castigo que me inspira calma y ansiedad a la vez… es difícil de explicarlo.

- Siempre he creído que tienes una hermosa mirada. – Dice la persona que está al lado mío tomando asiento. No lo sentí llegar. Lo observo mientras se sienta cómodamente a mi lado, me observa y siento los escalofríos que siempre me provocó. – Pero luce diferente, no me gusta que luzca diferente.

- ¿Cómo luce?. – Pregunto. Él aparta su mirada y la dirige hacia enfrente.

- Luce… Luce triste.

- Tal vez es porque así me siento. – Callamos durante un tiempo solo contemplando el paisaje, su mano rosa la mía y no dudo en tomarla y entrelazar mis dedos con los suyos. Cierro los ojos buscando guardar en mi memoria su piel, suave al tacto.

- No debería estar aquí Hermione, la gente nos observa, sabes que no debo estar aquí.

- Y aun así estas Draco. Quédate un poco más, solo quédate un poco más. – Le suplico apretando un poco más su mano.

- Algún día tendremos que dejar de vernos, deberás aceptarlo, no quiero que te lastimes más Hermione.

- Lo sé, pero no será hoy. – Hermione anhelaba aquellos momentos. Una parte de ella sabía que no era correcto, que tenía que parar todo aquello, porque era demasiado tortuoso verle. Pero la otra parte, la irracional, le daba un rayito de felicidad que solo duraba un momento, pero aquello le era suficiente para seguir…

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Hermione se quedó la mitad de la noche vigilando que a Malfoy le bajara la temperatura. Tomó el sillón que se encontraba al lado de la cama y deseo tener un libro para distraerse, acto seguido el libro apareció frente a ella. No era lo que esperaba, en realidad no le molestaba ningún género en particular, pero disfrutaba más de las novelas en donde se desenvolvían las historias más interesantes; aquellas que eran capaces de transportarte a lugares con los que solo soñarías, a escenarios particulares, el placer de leer un libro que cumpliera sus deseos más lejanos era indescriptible. Por supuesto que su vida hasta ese entonces parecía sacada de una novela, una novela que a la edad de 11 años (Antes de que su carta de aceptación llegara de sorpresa) jamás hubiera imaginado.

De reojo vio al chico que yacía en la cama. Se veía inocente, una inocencia que jamás notó que gozaba. Recordaba su primer año en Hogwarts; En su memoria no había un Malfoy metiéndose con ella a cada momento, quizá no la consideraba lo suficientemente importante para ser digna de sus insultos, lo cual acrecentaba la rareza de porque en segundo año fue más notorio su desagrado hacía ella. Malfoy le había dicho no hacía mucho que él no la odiaba. También recordaba la personalidad de su padre: fría, calculadora, siempre con un aire superior al de los demás, viendo a todos como si fuesen cucarachas que no merecían ni el más mínimo acopio de respeto. Sin embargo, aquel chico que tenía frente a ella distaba mucho de ser el chico que conoció, aquel chico realmente estaba intentando que ella se olvidara de lo imbécil que fue, aquel chico tenía un semblante de miedo y tristeza.

- No…No…No. – Comenzó a murmurar el rubio moviéndose intranquilamente. Hermione se levantó del sillón y caminó hacia el chico.

- Malfoy… Malfoy. – Repetía mientras colocaba una mano en su hombro para intentar despertarlo. Aquello no debía ser más que una pesadilla, sin embargo, la cara del chico se deformaba por el terror, comenzaba a emanar sudor de su cuerpo y se movía violentamente. Hermione nunca había visto a alguien tan asustado con un simple sueño, el rubio realmente sentía miedo y angustia y ella estaba haciendo todo para despertarle. Coloco ambas manos en sus hombros y comenzó a zarandearlo gritando su nombre. – MALFOY!.

De pronto el chico despertó y le tomó la mano con violencia a Hermione, sus pupilas estaban dilatadas y había furia contenida en su expresión mientras la veía. Hermione sintió verdadero miedo y tuvo el impulso de empujarle y salir corriendo, pero no lo hizo, la razón en ese momento no se hizo presente y solo atinó a intentar tranquilizarle..

- Malfoy, está bien, era solo un sueño. – Susurró la chica esperando no alterarle con su voz. El chico comenzó a relajarse, soltando la mano de la chica poco a poco.

Sus miradas se encontraron. La de Malfoy detonaba miedo, angustia y arrepentimiento. La de Hermione era de temor, preocupación y sorpresa.

El chico soltó su mano como si esta le quemase y retrocedió, alejándose de ella.

- Lo siento – Dijo con la voz quebrada. – Lo lamento tanto, no quise lastimarte. – Malfoy veía con horror la marca que le había hecho en el brazo debido a la manera en la que la había tomado. El chico respiraba agitadamente.

- Esta bien, no me hiciste daño, está bien. – Aquellas palabras hicieron que él se destensara. No dejaba de sentirse culpable, pero sus palabras de alguna manera lo tranquilizaban.

- No has dormido, deberías dormir. – Malfoy no pasó desapercibidas las ojeras de Hermione, su cara de sueño, el libro que se encontraba en el sillón donde seguramente se había encontrado. No debería de haberle dado tanta importancia a las acciones de la castaña, pues de seguro lo habría hecho por cualquier otra persona, así era ella; Noble. Cuidaba de cualquiera, incluso si ese alguien era un imbécil como lo había sido él por tanto tiempo. No obstante, incluso aquello, que estaba seguro haría por cualquier otro, le hacía sentir increíblemente bien, hacía mucho tiempo que alguien se preocupaba por él o velaba por su salud.

- No. – Negó Hermione. – No necesito dormir.

- Créeme, lo necesitas. – Dijo con una media sonrisa. – Aprovecha que tú puedes hacerlo.

- Pero tienes que descansar.

- Yo ya no dormiré más que esto. – Decía Malfoy mientras se levantaba de la cama y le cedía el lugar a la chica, porque, ante todo, era un caballero y jamás le sugeriría dormir en el mismo lugar que él.

Hermione titubeo un poco, antes de darse por vencida y tomar el lugar. ¿A quién engañaba?, se moría de sueño y dudaba convencer al Malfoy de cambiar su opinión y volver a dormirse. Otra opción (la más sensata) era volver a su sala común y dormir en su habitación, pero era ya muy tarde, podría meterse en problemas y, la verdad sea dicha, no deseaba irse sin asegurarse de que Malfoy se encontrara bien.

- ¿Era una pesadilla? Por eso no puedes dormir, ¿Verdad?, por las pesadillas.

Malfoy se paró en seco a espaldas de Hermione, bajo la mirada y decidió no darle una respuesta concreta, sentía pena por aquellas pesadillas y, a pesar de que sabía que ella no era una persona "chismosa", temía que le preguntara de que se trataban sus pesadillas. Le lanzó una fugaz e intensa mirada por encima del hombro, lo cual era suficiente para que Hermione entendiera que era un tema difícil para Malfoy. Ella decidió dejarlo por la paz y no interrogarlo más.

- Duerme, me quedaré en el sillón.

Y así, unos minutos después, Hermione se quedó dormida.

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Era cierto, su falta de sueño se debía a aquellas pesadillas que lo acosaban cada noche, se debía a aquel pasado tortuoso que le apenaba, se debía a aquella chica frente a él que le recordaba a cada momento que durante toda su infancia y adolescencia fue un monstruo y que ahora sentía que aquello era real.

Odiaba a sus compañeros, que le dieron la espalda apenas los necesitó. Odiaba al mundo exterior, buenos y malos, que le habían obligado a crecer con prejuicios, prejuicios que en todas las formas posibles le habían arruinado la vida. Odiaba a los alumnos de Hogwarts, ajenos a los problemas del exterior, viviendo su adolescencia con normalidad, como si no hubiera una guerra cerca. Odiaba a los tontos amigos de Granger, porque ellos lo odiaban a él y tenían toda la maldita razón de hacerlo. Pero no la odiaba a ella, la chica con la moral más alta que conocía, que era capaz de darle una oportunidad aún sin conocer su pasado, que podía dejar a un lado tantas humillaciones, groserías y malos tratos, que era capaz de cuidarle aun cuando hacía unos días apenas se dirigían la palabra.

Lo supo desde tiempo atrás, supo que la única persona capaz de hacerlo, de no tratarlo como el monstruo que era, es precisamente ella. ¿Por qué?, porque ella era así, la conocía de toda la infancia, la había observado, su comportamiento, su carácter, sus rasgos físicos. Si había alguien que era capaz de darle una oportunidad era ella. Por eso no le odiaba, deseaba con todas sus fuerzas verle después de esa noche, que ella lo siguiera tratando con aquella dulzura que la caracterizaba, deseaba quedarse en aquella habitación, observándole, sin nadie más. Pero sabía que aquello era imposible, tal vez solo estaba creando una falsa ilusión de una amistad, de una reivindicación que nunca llegaría.

Volteó a ver el reloj. Eran las 6 de la mañana, habían pasado 3 horas desde que despertó. Iría a buscar algo de comida antes de que los demás alumnos despertaran, de lo contrario se harían preguntas que a él le incomodarían. Al salir de la sala de menesteres todo estaba vacío, todo excepto…

- Señor Malfoy, ¿Se encuentra bien?

El chico se tensó, a sus espaldas se encontraba la persona a la que definitivamente más detestaba, aquella voz le erizaba la piel y lo tensaba hasta puntos preocupantes. El anciano profesor notaba aquella reacción.

- ¿Le importa? – Dijo con voz inexpresiva en cuanto volteó a verlo. Él era la única persona a la que consideraba peor que él mismo (claro, sin contar a los mortífagos y al mismo Voldemort) y, sin embargo, dependía de él totalmente. Alzó el mentón con prepotencia. – En fin, creo que eso no es de su incumbencia.

- Por supuesto que no. – Dijo el anciano sin inmutarse por la falta de tacto del chico. – Solo creí que, debido a lo acontecido en las últimas horas, naturalmente usted se encontraba en un estado inconveniente.

Malfoy volteó los ojos con fastidio. Si había algo que detestaba precisamente de él era sus modales falsos, su tono de amabilidad y su manera de hablar tan diplomáticamente.

- No. Gracias. – Respondió Malfoy arrastrando las palabras. – Y ahora, me dirijo naturalmente a los aposentos del Gran Comedor si ello no le crea inconvenientes innecesarios.

-Por supuesto que no. – Dijo Dumbeldore sonriente. – Pero antes de ello Señor Malfoy, el motivo de mi visita no era solamente saludarle. Quisiera hablar con usted de asuntos que nos atañen a todos. Pero no será hoy, ni mañana pues tengo que salir de viaje, pero en cuanto regrese quisiera verlo en mi despacho.

- Claro. - Dijo dando la vuelta para dirigirse al comedor.

- Señor Malfoy. – El chico no paraba de caminar. – A la señorita Granger le gustan los Waffles.

Draco se paró en seco, abriendo los ojos con sorpresa. Cuando volteó ya no había nadie en el lugar donde antes se encontraba el anciano. "Viejo brujo", pensó e hizo una nota mental: "Cuidarse mejor las espaldas".

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Cuando Hermione despertó no había nadie más en la sala de menesteres. Se levantó colocándose sobre sus codos.

- ¿Malfoy? – Preguntó viendo alrededor de la habitación. Se levantó para colocarse los zapatos cuando la puerta se abrió y Malfoy entró con una bandeja con comida.

- Ya despertaste. Esperaba llegar antes de que lo hicieras. – Dijo el chico mientras colocaba la bandeja en la mesita de noche.

- No hacía falta. – Susurró Hermione con sonrojándose por el gesto.

- Ayer cuidaste de mi sin ninguna obligación. Creo que te debo algo. - Hermione asintió y sin protestar más se sentó frente a la mesita. El chico se sentó en el sillón frente a ella y tomó un sándwich notando que Hermione tomaba uno de los diez waffles que había traído. Tenía razón el anciano.

- Gracias. – Dijo Malfoy literalmente de golpe sin dejar de ver su comida. Hermione intuía que no estaba acostumbrado a dar "Gracias" a nadie, incluso se atrevería a asegurar que jamás había sido medianamente amable con nadie más, la pregunta en realidad era "¿Por qué aquello le hacía sentir bien?, quizá sea porque después de tanta tensión entre ambos, de tantas peleas, de tantos abusos verbales era bueno limar asperezas, de la forma menos común posible.

Hermione no respondió al agradecimiento, simplemente lo observo y asintió. Recordó entonces la noche anterior, Malfoy le había contado que su padre había muerto, que lo habían encerrado, entonces aparto la mirada del chico, no quería que pensara que sentía lastima por él. Conocía muy poco a Malfoy y a la vez demasiado. Sabia, por ejemplo, que nunca pedía ayuda por más que la necesitara, era un chico orgulloso y dependiente de si mismo. Admiraba a su padre imitando sus acciones más despectivas, pero la forma en la que habló de él la noche anterior le hacía pensar que aquello era diferente. Ahora se daba cuenta de lo mucho que cambio al inicio del año; no solo ya no se metía con ella, también dejó de ir al Gran Comedor a comer o desayunar, no se le veía con alguna otra persona más que con Theodore Nott, había dejado el Quidditch, algo que estaba segura de que le apasionaba, pero sobre todo tenía un aire triste, todo el tiempo, como si tuviese una carga pesada.

Entonces, ¿Qué debía hacer ella? Parecía que era la única vez en mucho tiempo que había visto a Malfoy de buenas… Una total ironía en todo su esplendor.

- Lamento mucho lo de tu padre. – Dijo Hermione luego de un momento con sinceridad. El chico no alzó la mirada, se dedicó a seguir comiendo tranquilamente, parecía que no le daba importancia al asunto, su expresión era neutra y concentrada simplemente en su sándwich. De no haber sido porque el dolor de su rostro lo había delatado en cuanto lo confesó, ella le hubiera creído. Tal vez por la fiebre se había sincerado, el punto es que en su momento lo hizo y ella sabía que era solo una fachada.

-Si, yo no.

-No lo creo.

- Me estás diciendo que te caía bien mi padre y sus ideales, - Dijo irónicamente con una media sonrisa. Hermione puso los ojos en blanco y sonrió un poco.

- No, no es lo que digo. – Su rostro adoptó seriedad. – Pero tú lo admirabas y te apuesto todo lo que quieras a que le querías. No sé bien que es lo que te ocurre Malfoy, pero sé que te afecta.

- Bueno, eso no es de tu incumbencia. – Soltó Malfoy molesto. No le gustaba que las personas se dieran cuenta de lo mucho que le afectaba, no le gustaba verse débil, mucho menos ante los ojos de la chica que tenía enfrente.

En cuanto pronuncio aquellas palabras se arrepintió de decirlas. Hermione apretó los labios ofendida y se levantó de la silla. Había sido un imbécil otra vez, algunas cosas tal vez nunca podría cambiarlas por mucho que quisiera. Y no era que no quisiera contarle a la chica todo sobre él, pero sabía que si ahondaba un poco más en el tema podría descubrirlo y no quería que precisamente ella lo viera como lo que era en realidad. – Creo que es hora de volver a nuestras salas comunes Granger. – Dijo levantándose también. Hermione no dijo nada, lo vio a los ojos y caminó hacia la puerta tomando el picaporte para salir, Malfoy recogió la bandeja con la cabeza baja. Hermione soltó el cerrojo y se volteó sus pasos dirigiéndose hacia el chico

- ¿Sabes? No creo que sea una coincidencia el que tú seas amable conmigo. No creo que sea solo porque estas arrepentido, porque a pesar de todo sigues haciendo cosas bastante idiotas. Tampoco creo que seas el tipo duro que dices ser y que no te importe lo de tu padre. Creo que necesitas a alguien, pero no lo admitirás. Deja de ser tan cabeza dura.

- ¡Imbécil! – Gruñó pateando la silla que se encontraba al lado. Había dejado de escuchar a Hermione hacia un rato. La cabeza le daba vueltas y le dolía como el infierno. "Draco" "Draco", escuchaba una voz femenina gritar. –¡ NOOOOOO!- gritó con dolor tapándose los oídos. Hermione lo llamó una y otra vez y corrió a su lado, no sabía exactamente lo que estaba haciendo, pero eso poco importaba. Malfoy sostenía su cabeza mientras se tiraba al suelo de rodillas. Hermione cayó con él intentando sostenerlo. Malfoy dejó de moverse desplomandosé totalmente sobre el suelo. Hermione no sabía que hacer, veía con horror la escena pero simplemente no sabía que hacer.

- Malfoy. Malfoy….

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Bien, esto es todo. El capítulo va más enfocado a la relación Draco-Hermione, pero también quiero comenzar a plantear la situación principal.

Por otro lado es hora de comenzar a escuchar teorías. ¿Por qué Draco odia tanto a Dumbeldore?, creo que es obvio durante toda la serie que no ha sido su persona favorita, pero su odio es más grande que un simple desprecio. ¿Qué es lo que ocurre en el presente?. ¿Qué es lo que pasa con Draco?. Espero que haya logrado un poco de suspenso en este episodio. Por otra parte; nuestros protagonistas han interactuado un poco más. Espero no tardar tanto otra vez. 8x8.

EML.