Cariños que duelen
Por
Kuraudea.
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Capítulo 2
•El hombre•
[Goten x Videl]
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«Teniendo en cuenta la posibilidad de elegir la experiencia del dolor y de la nada, seguro elegirías el dolor»—William Faulkner
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Esa noche salió de su casa desesperado. Corrió como un lobo esquivando los altos árboles del monte Paoz. Cuando se detuvo, agachó medio cuerpo y jadeaba, le hacía falta el aire. Entonces, al elevar su mirada llena de impotencia, frunció ambas cejas con coraje y se fue directo a golpear el primer tronco que tuvo enfrente.
Por cada puño que daba gritaba desgarrador—¡Soy el hombre! ¡Soy el hombre!—la rabia y el llanto lo consumieron rápidamente; cayó de rodillas al no poder más con su dolor—¡Soy el…!—miró a la gran Luna, la única testigo de su sufrir. Y fue así, que como un lobo, aulló a la matriarca en un fuerte grito:—¡SOY EL HOMBRE!
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—Un paso más, Videl.—Gohan le ayudaba a su mujer a dar pequeños pasos. Sus hermosos ojos azules, opacos y sin vida, no eran los mismo de aquella mujer audaz. Un trágico accidente en moto durante una persecución policiaca en Ciudad Satán, dejó en ella pérdida de visión, de memoria y repentinas parálisis—Estamos en casa, querida—la sentó sobre el sofá y prendió el televisor para alegrarle el momento.
—¿Hermano…?—apareció el menor de los Son en la escena.
—Ah, Goten, eres tú.
—¿Cómo está, Videl?—preguntó angustiado.
—Seamos optimistas, va estar bien. Si sigue el tratamiento como se indica, todo volverá a la normalidad.
—E-Entiendo.
—Oye Goten…—se quitó los anteojos y frotó su frente; suspiró.
El menor tras observar la triste faz de su hermano, supo hacia donde quería llegar. A lo que contestó:—Gohan, ya habíamos platicado al respecto. Te dije que estoy dispuesto a ayudarte. Para eso somos hermanos, ¿no?
—Me siento mal por tener que viajar y dejarla así.
—Sé que te duele, pero ya te dije que yo estaré aquí para lo que ella necesite. Anda, Gohan, te aseguro que por nada del mundo ella dejaría que no fueras a ese congreso. Además, mamá va estar al pendiente.
El mayor se hincó frente a la mujer que parecía títere. Juntó sus manos con las suyas y le miró:—Te prometo que regresaré pronto, Videl—Goten al ser testigo de la escena, se enterneció —…En mi ausencia tu será el hombre de esta casa, hermano—dirigió la mirada hacia el menor.
—Descuida, todo estará bien.
—Confió en ti.
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Una semana se había cumplido desde que Gohan partió rumbo hacia la Capital del Este. Por las mañanas Milk se encargaba del aseo personal de la mujer y en las noches era Goten quien se iba a dormir a la casa de su hermano para estar al pendiente del estado de salud de Videl, además de suministrarle algunos medicamentos. Por otra parte, la pequeña Pan fue alojada en la casa de su abuelito Satán.
—Videl, abre la boca—el muchacho depositó una tableta en su boca y con la ayuda de agua le ayudó a pasársela—Eso es—y comenzó hablar con ella—Qué tal, ¿cómo te sientes?—le sonrió y se contestó él mismo —Espero que bien.
Goten se esmeraba en mostrarle fotografías para hacerle recordar—Esta es la pequeña Pan—señalaba la imagen con el dedo índice—Aquí también están Gohan, papá y el abuelito Ox Satán.
Y continuó mostrándole otros tantos recuerdos..
»¡Mira! Aquí fue el día de tu boda. Recuerdo que por estar jugando con Trunks & Marron, me eché encima un vaso de soda de naranja—rió apenado y rascó su nuca—Ja,ja, qué torpe soy. Aunque debo de decirte que ese día te mirabas hermosa, Trunks hasta la fecha sigue diciendo que eres muy linda, adoraba tu faceta de Gran Saiyaman #2.
—Pero bueno…—apagó la luz de la lámpara, la recostó en el sillón y le tapó con una sábana—Descansa, Videl—él se echó a dormir al suelo con una almohada y una frazada. Sin embargo, a las dos horas, un murmullo le hizo despertar.
—Go-han…Go-Go-han…
—¿Eh…?—el chico se levantó de inmediato—Videl—le nombró y pronto se asomó al sillón.—¿Te encuentras bien?
—¡Gohan!—y la mujer lo abrazó—¿Dónde habías estado, Gohan?, me cuesta moverme, tampoco veo bien.
—Tranquila, es consecuencia del golpe que recibiste, pero tú vista regresará. Aparte, yo soy Got…
Sin dejar que explicara nada más, lo volvió a abrazar y besó su rostro repentinas veces—Gracias por estar aquí—luego besó sus labios y sus ojos se abrieron desorbitados, no pudo hacer nada al respecto pues no pretendía lastimarla, sin embargo se sonrojó y observó su belleza gracias a la luz del claro de Luna que entraba por la ventana—Te extrañé, ¿y tú?
Goten no sabia que contestar, pero por inercia, dijo—Y-Yo también.
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Poco faltaba para que Gohan regresara a casa—¿Y cómo se encuentra Videl?—preguntó desde el otro lado del teléfono.
Él simplemente contestó a secas—Bien—aunque en realidad no sabía si estaba haciendo bien, pues pese a que la visión de la mujer no se clarificaba del todo, creyó que por el hecho de hacerse pasar por su marido, sería bueno para su recuperación. Sin embargo, no fue lo que esperaba, estaba recibiendo un cariño que no le correspondía, abusaba de él y se sentía el peor de los hermanos. El papel de «hombre» lo llevó a rebasar límites que nunca se perdonó por ser tan débil.
Esa noche mientras el usurpador tomaba una ducha, la mujer pese a no ver del todo, caminó por un largo pasillo a paso lento; sosteniéndose de la pared llegó al baño. Fue así que se percató del sonido de la regadera.
—Gohan, te estás duchando, ¿no es así?—el joven quedó sin habla y de sus labios solo salió un discreto «Sí» En tanto, Videl se desnudó y guiándose por el cancel corredizo, se filtró a la ducha; abrazó al joven por la espalda y pronto su cabello se humedeció; recargó su mejilla en la espalda torneada—Muero por cobrar la vista por completo, Gohan, quiero verte a ti, a Pan y a papá.
—Sé que eres fuerte—agregó el impostor—Lo lograrás, tú eres extraordinaria, Videl. Solo ten un poco de paciencia.
Ella volteó al menor con la ayuda de sus manos y en puntitas alcanzó sus labios y lo besó. La sangre le hirvió en ese momento, salió ese instinto animal pecador, pues sabía perfectamente lo que la mujer deseaba. El muchacho observó su cuerpo, lo tocó y tras murmurar un:—Perdóname…—tomó a la mujer contra la pared. Por cada vaivén de sus caderas, mordía sus labios reprimiéndose de externar un gemido. En silencio sintió la gloria y el pecado brotaba desde los poros de su piel; justo cuando terminó el acto la besó sintiéndose el más canalla de todos los hombres.
Al día siguiente pasó lo mismo solo que ahora en el sillón de la sala a media luz de las lámparas. Sin embargo, faltando un día para que su hermano regresar; decidió frenar.
Tenía que terminar con la farsa.
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—¿Eres tú, Gohan?—preguntó la de melena al escuchar un ruido en dirección a la cocina.
—No. Soy Goten.
—¿Goten cómo estás?
—Bien…—contestó con aires de culpa—Hoy te cuidaré porque Gohan está en un congreso. Regresa mañana, así que tranquila.
—Entiendo. Gracias por venir.
Cuando Gohan regresó, el menor fue testigo de cómo sería excluido para siempre de lo que hizo. Pues pese a que Videl recuperara la vista no lo recordaría a él sino a su hermano, a su hombre y honorable esposo. ¿Y con qué cara la miraría de ahora en adelante? Ni siquiera lo sabía, pero de lo que sí estaba seguro, es que su acción sería para siempre un cariño que le dolería para siempre, pues traicionó a su hermano, la confianza de la mujer y se despertó un deseo bajo que sería su cruz.
—Yo…Yo solo quise ser el hombre…
