Notas de la Autora: Hola. Ha pasado mucho tiempo la verdad. No hay excusa que valga a estas alturas, ya finalice "The Path" y quedé pendiente solo con el epílogo de "El Precio de un Anhelo"…

Pero, ¿qué hay de "Roses"?

Eso fue lo que me pregunté hace unos instantes y cuando me di cuenta ya estaba escribiendo estas notas.

He estado viendo, por tercera vez, la serie. Espero que eso me ayude para así poder entregarles un buen capítulo.

Estoy algo mala de mis manos, por lo tanto no prometo nada respecto a la extensión de esta entrega.

Bueno, ¡a leer!

Maki-1988.

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Roses

By Maki

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Capítulo 4: Inefable.

Lanzó una bocanada de aire azorado. El calor se escapaba de sus cuerpo tan abruptamente que sentía calar el frío hasta la médula.

¿Cómo había llegado a esto?

Las rosas, el aroma dulce, la sangre y él.

Mala combinación, pésima.

Una punzada en el pecho y sus sentidos abandonándolo a un paso agigantado. Su rostro sádico entornado en una sonrisa macabra y complaciente mientras reunía las escasas fuerzas que le quedaban para siquiera ponerse de pie.

Y el recuerdo…

Y su piel suave bajo la propia. Y sus ojos profundos concentrados en su sola persona. Los labios apretados y el bajo vientre temblando…

¡Debía levantarse! ¡Ahora!

- Maldito seas…

Una aguda risotada y una pose soberbia lo sacó de sus casillas.

Suficiente…

Era suficiente…

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Se removió acomodando la cabeza en la almohada, alzando inconcientemente los brazos. Éstos cayeron secamente en el colchón y fue entonces que abrió los ojos.

Mirada dorada adormilada recobrando su brillo envidiado incluso por el sol.

La larga cabellera cayó a su costado izquierdo a la par que la sabana dejaba al descubierto una porción de su torso desnudo, exhibiendo así sus firmes pectorales y su abdomen trabajado y desarrollado.

¿Quién era él?

Edward Elric, 17 años. El alquimista de Acero, un genio que con solo 12 años logró una gran proeza al hacerse Alquimista Nacional. El perro más joven de los militares. El chico que no teme entregar el todo por el todo para recuperar el cuerpo de su hermano menor. El hombre que busca y busca y no halla solución para ese gran vacío que dejo la pérdida de su madre y el padre ausente. El hombre que desconoce lo más hermoso del mundo, el hombre que teme amar…

… y que se había aventurado en su primera vez con la persona que significo su más grande dilema, Roy Mustang.

¿Qué sentía por el Coronel?

A veces claramente lo odiaba. Esa actitud tan petulante y soberbia, esa mirada engreída, su sarcasmo inoportuno… sí, lo odiaba.

A veces no, lo veía como un adulto centrado. Pese a su deseo de ascender de cargo, hizo hasta lo imposible para averiguar la verdad tras la muerte de Hughes y de paso vengarle al acabar con King Bradley que resulto ser el homúnculo llamado Soberbia. Aquello era digno de respeto.

Otras, simplemente le daba igual. Si dejaba babeando a alguna nueva mujer, si Havoc quisiera matarle por levantarle otra novia o que Hawkeye le amenazara con su revolver por su intrínseca pereza, le daba igual.

Pero, ¿Le dio igual aquel adulto mientras penetraba en su ser?

Se sentó en la cama e inclinándose un poco busco el bóxer por debajo de la misma. Se lo puso calmadamente sin permitirle a su mente evocar aquellas imágenes tan eróticas, pero el aguante fue casi nulo.

No le era indiferente, ya no más. Rayos.

Algo en su pecho se agito y él apretó los puños en respuesta.

¿De donde venía todo ese sentimentalismo?

Para el vago de Mustang, lo de anoche no habría significado nada, un polvo más pero desde otro enfoque… con un hombre, con él.

Aquella idea lo petrifico unos instantes.

Cruda pero realista mas no así menos hiriente.

Soltó una maldición mientras jalaba furioso del lazo enredado en su cabello. Por pensar estupideces ahora perdería el tiempo en desenredarse la maraña que se había formado…

¿Y si hubiese significado algo para él?

Tonterías.

Si eso fuese posible, Ed ya se hubiese clonado perfectamente a si mismo y estaría de guatita en Hawai con un Al recuperado mientras sus copias se encargaban de las misiones.

Era demasiado realista. Los científicos no creen en posibilidades sino en hechos concretos. Mustang era un idiota, siempre lo sería y él se estaba comportando como un tarado al dejarse llevar por pensamientos tan irracionales.

¿Y si fuese posible? Las posibilidades, hasta las más bajas, hacen la diferencia…

Él se sintió tan extraño, nunca pensó que su cuerpo fuese capaz de sentir de aquella manera. Un calor abrasador en su cuerpo mientras una inefable sensación se iba acumulando en la parte baja de su anatomía, por tanto tomaba control de su cuerpo… y luego deleite, algo sumamente placentero que se liberaba de su ser y que lo hacía sentir tan ligero…

… y el rostro de Roy tan extasiado triplicaba esa sensación placentera y la elevaba por las nubes…

¡Alto!

¿Por qué?

¿Por qué ese hombre lo descontrolaba tanto?

Cerró los ojos en un intento de apaciguar el latido furioso de su corazón, su acelerada respiración, sus pensamientos tan desconcertantes…

Y entonces lo vio.

Con una toalla anudada en la cintura y otra en la cabeza, secándose absorto el cabello….

… y los colores se le subieron al rostro. Los rayos del sol dándole en el costado derecho, realzado algunas gotas de agua que escurrían por su pecho descubierto.

¿Seguía soñando?

Hubiese preferido que en verdad fuese eso, un sueño.

Pero era real, estaba ahí, frente a él con la mirada fija en la suya, con los sentimientos a flor de piel.

- Buenos días, Hagane…

¿Hagane? Tenía razón, solo una aventura nocturna sin valor.

Se levanto mirándole con frialdad. ¿Es qué no podía ser un poco más amable? No estaban en la oficina, ¿podían dejar de lado los malditos "formalismos" por una vez?

El adulto quedo perplejo. ¿Y ahora qué había hecho? Esa mirada no era para nada amistosa. Vio como el rubio se metía al cuarto de baño dando un sonoro portazo. Se encogió de hombros sorprendido, ¿tanto le desagradaba?

No, no podía ser por eso…

Uno no se acuesta con la persona que más le altera, ¿no?

Anoche… ¡cielos!

Sería un criajo por la edad, pero en el campo sexual parecía un verdadero erudito…

¿Acaso ya había tenido sus aventuritas por ahí?

Desecho la idea al recordar que Alphonse le acompañaba a todas partes como su sombra, por lo que sería bastante difícil intentar algo con ese impedimento. Entonces…

¿Esa fue su primera vez?

Una sensación de alegría y emoción lo embargo. ¿Él había sido su primera experiencia, esa que nunca se olvida pese a los años y los nuevos amores?

Amor…

Acallo su mente repentinamente.

Esa era una palabra demasiado grande, incluso para él que ya tenía cientos de esas historias, pero que, sin embargo, aun era ignorante en ese tema…

Por primera vez el Flame Alchemist se sintió pequeño, muy pequeño y eso le supo fatal. Alguien que siempre había sentido satisfacción y goce sin igual, que nunca había flaqueado en su ego ni en su confianza… ahora era tan pequeño como un átomo.

Abrochándose la camisa blanca desvió la vista hacia la puerta del servicio. Hacía algunos minutos que la ducha se oía y por ello el enano se aseaba.

¿Qué sentía él ahora?

¿Qué estaría pasando por esa cabecita testaruda para que estuviese enfadado?

Una idea fugaz paso por su mente. Era algo arriesgada, pero ¡que rayos!. No dejaría las cosas así…

Se acerco de puntillas hacia la puerta y con el mucho cuidado giro el pomo de la misma. Espero alguna reacción mas no ocurrió nada, el ruido del agua caer tenía desligado al rubio del mundo.

El vapor le azoto gentilmente el rostro cuando se interno en el cuartito de baño. Dio unos pasos y se hallo frente a la cortina de la ducha, con su víctima ajena a todos sus pensamientos e intenciones. Un nudo se le formo en el estomago y en un arrebato corrió la cortina dejando al descubierto el cuerpo desnudo del muchacho que ahora le miraba debatiéndose entre la sorpresa y el reproche. Dio una zancada y se metió en la ducha, con la mirada denotando miles de sentimientos, intenciones y deseos, acechándole.

Cuando sintió su mano posar se en su mejilla se permitió pestañar, sopesando la situación en la que estaba con el alquimista de la flama. ¡Se había metido en el baño mientras se duchaba!

¡Qué pervertido!

A su diestra se sumo la zurda, alzando su rostro al propio y besándole con vehemencia. Su cuerpo se encendió como un fósforo al rozarse con la lija al sentir su lengua hundirse afanosamente en su cavidad bucal. Pese al ruido del agua caer, al vapor, al calor él se había ido a otro sitio… Éxtasis…

Hundió sus manos asimétricas en sus pálidos hombros y lo empujo contra la baldosa de la pared, sintiéndose nuevamente el dueño de la situación. Soltó algunos quejidos mientras se acomodaba entre sus piernas, buscando un eje seguro en el cual cargar con su peso. El moreno se aferro a sus caderas desesperado buscando un poco de alivio… y algo más.

Porque bajo las apariencias del sexo gratuito y libertino, había algo más. Invisible para ellos, pero no ausente.

Estaba justo ahí.

Con los roces provocativos.

Con los besos fogosos…

Ahí….

En sus manos al tocarle

Al internarse en su ser…

… justo ahí.

Y lo quemaba, lo confundía, lo embriagaba, lo hacía vulnerable y adicto en silencio…

Era lo inefable. Estaba ahí.

Al vaivén de sus caderas…

En esa mirada profunda y lujuriosa.

En ese latir… desconocido de su corazón.

Cayó sentado con el mayor a cuestas. Y lo comprendió.

Rayos…

Lo vio, lo sintió real en ese abrazo…

Esto era mucho más que sexo ocasional…

Feliz, emocionado, respondió a aquella caricia tan calida y tan especial sin demostrar lo que sentía y volvió a la realidad, a sentir el agua caer por su rostro y recorrerle el cuerpo y le pareció… fantástica al sentir sus labios tan cerca de los suyos.

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- ¿Aun no te rindes?

- Ni lo sueñes…

- Pero no puedes conmigo…

- Eso es lo que tú crees…

- Pagarás por tu osadía…

Tan efímero, un golpe le quito el aliento y lo dejó inconciente.

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Notas de la Autoras: Gracias por leer!

Hasta el próximo!