Base de Operaciones de Overwatch. Estocolmo, Suecia. 03:45 AM.

Los agentes venían regresando del bar, listos para irse a dormir, sin embargo, la mirada de McCree alerto a Lena y a Genji. No estaba como siempre, ido pensando en su siguiente salida al bar. No sostenía su puro entre los dientes, más bien lo tenía en las manos jugándolo. Eso les preocupo.

—Jess... ¿Todo bien?

—Todo bien, Lena, solo pensaba.

—¿Se puede saber en qué? — los 3 agentes voltearon bastante asustados, topándose con la Capitana Amari, quien, les sonreía con calidez.

—¡Oh! capitana, nos asustó—dijo Lena más calmada mientras la egipcia reía.

—Bueno ¿Puedo saber que te agobia Jesse?

—La chica del bar. Se que no es de mi importancia, pero, no es la primera vez que la acosan así— dijo calmado mientras los 3 que oían al vaquero, arqueaban una ceja confundidos.

—¿La conoces?

—No, y ella ni si quiera me ve, pero, cuando regresaba de la misión con Reyes, cruzamos miradas los 3, tiene algo oculto y, no sé, siento que la acosan por algo. Y ese algo me hace querer protegerla. — confeso el castaño quitándose el sombrero y frunciendo el ceño, tratando de entender porque se preocupaba por aquella joven. No era una agente, mucho menos una soldado.

—Tu corazón se ha encariñado Jesse—dijo Ana tomándolo del hombro. El vaquero se limitó a mirarla algo confundido, a lo que la egipcia rio y se fue.

—¿Te puedes encariñar de alguien a quien no conoces? -dijo Lena confundida.

—Yo creo que si—dijo Genji. Los 3 se separaron dirigiéndose a sus respectivas habitaciones.

Al amanecer todos empezaron con su trabajo. Morrison, Reyes y Ana checaban un par de peticiones de misión y asignaban otras. Mientras hablaban, la médica, Ángela Ziegler, entro apresurada.

—Comandante Morrison.

—¿Pasa algo, Ángela?

—Tenemos a un refugiado del grupo 33-4 localizado. Esta detenido, fue enviado a Grecia cuando llego aquí junto a los demás. Vino en busca de otros de su grupo—dijo Ziegler con total calma, bajando un poco la mirada. De inmediato, Morrison y Reyes se miraron. No tardaron nada en salir junto a la médica, corriendo de la base.

Llegaron a una de las zonas marginadas de Suecia. Los niños se acercaban emocionados a ellos, Ziegler se quedó en las calles con ellos mientras los 2 superiores retomaban su camino.

Una vez llegaron a una base menor, empezaron a buscar donde estaba ese omnico. La mayoría de ahí eran soldados y agentes clase A de Blackwatch. Morrison y Reyes entraron a un cuarto, una silueta masculina estaba sentada con las manos esposadas al frente, escondiendo el rostro entre sus rodillas. Se podía oír el jugueteó de sus dedos esperando a que alguien llegara.

—Nombre —dijo Reyes, el hombre levanto un poco la mirada.

—No necesitas saberlo—el hombre se levantó. Era un omnico mejorado, aquellos de los que Mercy se encargó de monitorear cuando se les dio un nuevo hogar en algún país. Exo, así los llamaron. Sus ópticos brillaban en un hermoso tono carmesí y su boca se iluminaba en un tono naranjo. Su revestimiento era rojo con una mancha blanca en el óptico izquierdo.

—Me agradas, nombre—dijo Reyes mirándolo.

—Llámame Shiro-56, o como me dicen tus soldaditos, Asesino-64— su boca metálica pareció en manar una sonrisa mientras se iluminaba.

—¿Por qué estás aquí?

—Eso no les incumbe

—Nos incumbe, porque llegaste armando alboroto—dijo Morrison algo molesto al ver que el robot no quería cooperar, aunque sea un poco.

—Escúchame bien Morrison, estoy buscando a mi grupo y eso no te debe importar, son mi familia, una de ellas es menor de edad.

—Por lo que sabía tu grupo solo tenía una mujer...

—Dos. Una menor y una mayor. La mayor, falleció—dijo molesto apretando su mandíbula, la cual empezo a tronar.

—¿Qué le paso? —pregunto Reyes bastante curioso.

—Grupo 33-8, Tamara Baronee . Llego con 19 años. Murió a los 23 años. No, la asesinaron—el Exo apretó sus manos y al levantarlas, las esposas se rompieron. Morrison retrocedió algo perturbado, mientras Reyes miraba al Exo que cada vez estaba más expresivo.

—¿Quiénes?

—Talon. Tamara descubrió cosas que no. Por desgracia, la encontraron robando información, me la hizo llegar y hui, Talon me busca. Ella me dijo que les diera esto—el Exo se calmó un poco y les tendió una memoria, el comandante trato de tomarla, pero el Exo volvió a meterla en su palma mirándolo con desprecio.

—Esto... es para el agente Reyes—eso sorprendió a los dos presentes.

—¿Perdón? —dijo Reyes, bastante sorprendido.

—Así es. Mi amiga y compañera, me dijo que esto, seria trabajo de Blackwatch. Pero no se las daré, al menos que me dejen buscar a mi grupo.

—¿Cuántos siguen con vida?

—Según mi cuenta, 6. Contándome a mí. Edén, Marc, Román, Dante-43 y Caeli—dijo el robot, de inmediato el nombre le salto al comandante.

—¿Caeli de casualidad es...

—Huérfana, si no me equivoco tiene 15 o 17 años—dijo calmado mientras sus ópticos se tornaban verdes. —¿La conocen?

—No. Creí que eran la misma—dijo Morrison llevando su mano a su nuca. El robot suspiro y miro su mano donde estaba la USB. La apretó un poco y cerró los ojos.

—Ella...miren, no es una niña cualquiera. Será menor, pero, es mejor en las armas que cualquiera de sus soldados. Talvez más que los refugiados ¡Ella era la numero 10!

—¿Era?

—Mis compañeros fallecidos sabían que era excelente con las armas, una soldado única. Sin embargo, con su edad creíamos que era solo por órdenes. Búsquenla. La encontraran cuando los demás refugiados empiecen a retroceder. Solo los del grupo 33 sabemos que era una niña única. Todos le temerán, pero nosotros, la protegeremos. Cueste lo que cueste. —sus ópticos se tornaron naranjas mientras los 2 agentes se miraban un poco perturbados.

—Bien Mister Roboto, ¿qué edad tienes? Quiero toda tu información. -dijo Reyes con una amplia sonrisa. Quería a ese Exo en sus filas.

—Como dije, Shiro-56. Grupo 33-5 llegue con 17 años, me place decirles que, en mis 23 años de vida, ya pueden decirme asesino ese número con el que me catalogan es a la gente que me han ordenado matar en la mafia.

—¿Caíste en mafia?

—3 años ahí dentro, no dije nada, me gustaba esa vida. Aún era un chiquillo, pero bueno. Necesito que encuentren a mi grupo, cuando lo tengan, la información que tengo será más valiosa. Mas les vale no mandarme a uno de sus soldaditos. Yo se matarlos rápido—dijo cruzándose de brazos.

—Morrison...

—Reyes ya hablamos de esto 5 veces ¿Necesitas que te lo repita una sexta?

—Vale, que enseñe que sabe hacer y es mío.

El comandante gruño y llevo dos de sus dedos al puente de su nariz haciendo un ademan de que estaba bien. El moreno sonrió y miro al Exo extendiendo su mano.

-Bienvenido a Blackwatch

Una semana después.

El equipo de Elite de Blackwatch estaba bastante sorprendido por el nuevo integrante. McCree lo miraba aun con cierta desconfianza, pero que hubiera un robot con Genji ayudaba a su aceptación como ciborg. Era un muy buen francotirador y como no, a corta distancia también sabia darle jaquecas a Reyes. Era muy bueno, era el brazo izquierdo de Reyes, sin quitar a Genji y McCree como su brazo derecho.

—¿Cuándo Reyes?

—Este día muchacho, no te desesperes.

—Llevo 6 años buscando a mi familia. A mi equipo, a Caeli.

—No te conozco, pero puedo adivinar que te enamoraste de una niña.

—Aunque sea una niña. Era especial para mí, muchas veces me defendió en medio campo de batalla. Le debo mi vida.

—No seas cursi—los dos agentes voltearon topándose con Jesse quien estaba fumando calmadamente.

—¿Como te va con el "Pacificador"?

—De maravilla. Estas modificaciones en esa belleza la hacen letal, gracias a ti Shiro.

—No hay de qué. Cuando mi equipo este completo seremos imparables. —murmuro apretando un visor de color morado.

—¿De dónde sacaste eso? —dijo Reyes confundido.

—Era de mi difunta amiga, me pidió que se lo diera a Caeli. —susurro mientras miraba el visor.

—¿Estás seguro de que esa chiquilla, no está muerta? —dijo McCree algo molesto.

—La conozco bien, podrá hacerse la débil, pero si quiere, matará a quien tenga enfrente solo debe reaccionar.

Caeli estaba en la ciudad, caminando calmadamente, aún era tempano, mientras pasaba por la calle, se topó con una enorme fila, reconoció a todos ahí, refugiados. Suspiro. Talvez un conteo de los grupos 1 al 32. Camino hasta que sintió las voces de las 3 chicas a su espalda deteniéndose.

—¿Vienes a participar rata?

—No ¿de qué es esto?

—Para entrar a Overwatch, pero es obvio que van a rechazarte por ser del grupo 33—dijo burlona Ruth mientras las otras 2 solo la miraban.

La chica empezó a caminar desanimada, no quería tener problemas. Llego a un café donde se sentó y pidió un cappuccino. Miraba la enorme fila, como los rechazados salían suspirando, otros con la cabeza en alto y otros como si nada. Hubo uno que llamo su atención, su cabello era negro con ligeros mechones azules y sus ojos de un azul eléctrico, que no paraba de sonreír y hacer gestos de victoria.

—¿Porque se me hace conocido? — pensó mientras lo miraba con detenimiento. Se la nada sus miradas se encontraron y conectaron. La chica sintió la electricidad de sus ojos por su cuerpo, un escalofrió recorrió su espalda mientras sus mejillas se tornaban escarlata.

El chico llevo una de sus manos a su cuello y se acercó lentamente a la mesa. La castaña estaba a punto de huir, pero, el chico ya estaba frente a ella. Su sonrisa era delicada y algo coqueta.

—¿De pura casualidad tu nombre es...Caeli?

—¿Eh?

—Si, eres tú— dijo el chico con delicadeza y una notable esperanza en su voz. Se sentó en la mesa donde estaba Caeli y tomo su mano trayéndola de regreso a la Tierra.

—¿No me recuerdas?

— ¡¿Edén?!— los dos se miraban a los ojos, para luego abrazarse y reír suavemente.

—No me lo creo Caeli, eres toda una dama.

—Pero ¿cómo sabias que era yo?

—No he olvidado ninguna facción tuya y tus ojos son lo que mejor he grabado en mi mente—acaricio su mejilla con delicadeza mientras la joven se sonrojaba.

—¡Oye, relájate! ¡Solo tenía 11!

—Eh, sí. Respecto a eso, creó que la mayoría nos enamoramos de ti eras tan consiente de lo que pasaba que eras más madura que Tamara.

—Tamara…—la joven bajo la mirada.

—¿No has sabido nada de ella?

—No, y me duele. Era como mi hermana—susurro mientras apretaba su brazo.

—¿Aun tienes la marca no?

—Si, fue nuestra promesa. —rio la castaña mientras el joven sonreía. —¿Cuántos años tenías cuando nos conocimos?

Pregunto la menor, mientras, el joven llevaba sus dedos a su barbilla bastante pensativo. Este sonrió algo apenado y nervioso. Mientras la mas joven trataba de no reír al ver sus gestos.

—Bueno, la mayoría de nuestro grupo tenían 18 yo… Agh mira. Cuando los encontré tenía 14, apenas tocamos Suecia ya tenía 15. No paso mucho. Solo 2 meses. —dijo apenado mientras la joven hacia cuentas.

—21... ¿Has sabido algo de Shiro?

—Nada. Tampoco de Orfeo y los demás. Cortamos comunicación cuando 33-2 falleció.

—¿Qué le paso?

—Un idiota lo arrollo. 2 no era muy bueno atento que digamos, pero era un muy buen estratega. —dijo estirándose y mirando a su compañera que no dejaba de sonreír con las mejillas coloradas.

—Cambiaste mucho.

—Creo que estoy agradecida de seguir viva. Por eso no…—el de cabellera azabache la interrumpió dando un ligero suspiro.

—No eres la misma chica agresiva ¿Verdad?

Hubo silencio, el joven se limitó a acariciar su mejilla, viendo como un par de lágrimas rodaban por ellas, su corazón se rompió, de inmediato se acomodó a un lado de ella y la apego a él, besando su frente.

—¿Te han hecho algo?

—Lo de siempre—murmuro la más joven, escondiendo su rostro en su pecho.

—¿Maquina?

La joven se limitó a asentir. El mayor suspiro sin soltarla. Besaba su cabeza, como buscando una forma de entenderla. Pero no podía, para él, ser un refugiado del grupo 33 era normal. Pero, porque llego más grande y consiente de la situación que ella.

—Calma pequeña, todo cambiara. Ven vamos a dar una vuelta, tengo mucho que contarte. —limpio sus mejillas dedicándole una enorme sonrisa, que logro hacer sonreír a la más joven. Salieron del café y se fueron a recorrer el centro. Empezaba a anochecer cuando Edén se detuvo y suspiro.

—Adore pasar esta tarde contigo. Pero, debo irme ¿Te acompaño a algún lado?

—No, ya hiciste mucho por mi hoy. Me voy a casa—dijo calmada mientras sonreía.

—Bien. Espero verte luego. —beso su mejilla y se fue, la joven no pudo evitar sonreír con las mejillas de un tono escarlata en ellas.

Camino en dirección al Bar, miro su reloj 08:20 PM, iba a buena hora. Una vez ahí, dejo sus cosas detrás de la barra y miro el bar. Vacío, era lunes, pero no podían dejar de trabajar. Los agentes venían todos los días. Se coloco el mandil blanco y se sentó un momento pensando en su amigo perdido.

Un hermoso reencuentro, ella recordaba a algunos. En especial a Tamara. Los números que tenían eran la numeración de la revisión exhaustiva que pasaron al entrar a Suecia.

—Shiro—dijo McCree mirando al Exo, estaba calmado trabajando con Torbjörn, ambos eran apasionados por las armas. El Exo miro al vaquero, quien le hizo un ademan de que se acercara.

—¿Vienes? Iremos al bar.

—Termino de ver esto con Torbjörn y los alcanzo. — el vaquero asintió y salio junto con Reyes.

Mientras se dirigían al bar, hablaban de misiones pasadas y algunos planes para entrenamientos. McCree estaba en su mundo ¿En qué pensaba? No lo sabía, pero a su cabeza llegaban imágenes de una chica de cabellera café que trabaja en un bar. Rio entre dientes al saber que era esa chica del bar. No entiende el porque, pero desde que cruzaron miradas, se despertaba en la madrugada con ella en su cabeza.

Entraron y pidieron, empezaron a bromear mientras la vista del vaquero se dirigía a la puerta. Esperaba a Shiro, se habían hecho amigos y no quería hablar con esos agentes clase A, le causaban nauseas.

—McCree— uno de ellos llamo al vaquero que salió de sus pensamientos mirándolo.

—¿Qué pasa?

—¿Ya le echaste el ojo a alguna de las chicas de aquí?

—Na, no me llaman. —dijo mientras los dos agentes reían.

—Oí que más de la mitad de ambas organizaciones andan detrás de esta chiquilla— dijo el mayor de los 2, apuntando a la castaña.

—¿Una niña?

—Reyes, mejor que nadie debes saber que no es una niña—dijo uno de ellos casi a carcajadas

—¿Qué? —dijo algo sorprendido mirando a sus inferiores.

—Escucha. Corren rumores de que esa refugiada es…ya sabes "dama de compañía". No lo creo se ve que es virgen, pero niña, no es. Todas las chicas de 16 hacia abajo que conozco no tienen ese cuerpo de muerte, solo mírala. —dijo uno mientras McCree empezaba a incomodarse

Desde que Reyes lo trajo a Blackwatch, dejo de usar ese tipo de vocabulario. Es más, la Capitana Amari lo hizo un caballero, un hombre hecho y derecho. Y se lo agradecía.

—Talvez, pero no me interesa. —dijo Reyes, se levantó y tomo un poco de su bebida. —Regreso en un momento.

—Oye mira—dijo uno de ellos riendo. McCree dirigió su mirada a la chiquilla. Tres soldados hablaban cerca de ella mientras esta limpiaba una mesa. Sabia a donde iba eso y empezó a desagradarle.

La joven seguía limpiando, para desgracia suya, estaba sola, sus compañeras habían salido antes. Y el local estaba desierto, solo dos mesas ocupadas. Mientras limpiaba, sentía la mirada de alguien en ella, pero no volteaba tenía miedo. Muchas veces eso los incitaba a ir a acosarla. Si tan solo Edén estuviera allí.

Continuo con la mesa, con cuidado se levantó y una mano empezó a subir por su pierna. De inmediato se alejó y vio a 3 soldados mirándole con una sonrisa. Ya sabía que iba a ocurrir. Con la mayor velocidad posible corrió a la barra, pero uno de ellos la jalo acercándola a ellos.

El segundo, el tomo de las manos y la recostó en la mesa. El miedo subió por cada parte de su cuerpo iba a gritar, pero el primero que la habia jalado le tapó la boca con una de sus manos. Sus ojos empezaron a nublarse por las lágrimas que salían. McCree iba a intervenir, pero los otros dos lo jalaron riendo.

—¡¿Qué mierda les pasa por la cabeza?!

—Cálmate McCree. Tú ya hiciste algo así en Deadlock ¿No? — y eso basto, el vaquero quedo en blanco y bajo la mirada. Si, recordarlo lo hizo sentirse una mierda.

-Lo sabía, gózalo. -rieron los 2 mientras la joven empezaba a rogar entre gritos ahogados.

El soldado que estaba libre empezó a rasgar sus ropas y a acariciar la piel que quedaba al descubierto. Las medias, los shorts, la camisa. Todo se volvía añicos en esas enormes manos.

La castaña lloraba y rogaba por alguien. El olor a alcohol que llegaba a su nariz por los 3 soldados borrachos la hizo asquearse. Volteo la mirada a la mesa donde estaban los 3 agentes, que volvieron la mirada ¿Sus héroes le estaban dando la espalda' Se rindió, si ellos no intervenían iban a…

Cuando los soldados notaron que dejaba de oponerse, rieron y empezaron a tocarla por todos lados. Sus ojos rosados perdieron ese brillo de inocencia que siempre tenían, ese brillo de vida y alegría. Sus labios rojos palidecieron. Se sentía, así como se veía, muerta. De la nada 3 disparos se escucharon y los 3 soldados cayeron al suelo haciéndola volver en sí, se levantó y las lágrimas descendieron de golpe, como si fueran riachuelos.

—¿Estas bien? — un par de manos enguantadas la cubrieron con una chaqueta, bastante grande, estaba temblando.

—Yo...

—Por un carajo ¡McCree! — El moreno reacciono, miro a todos lados encontrándose con Reyes frente a el con los brazos cruzados y a Shiro tomando por los hombros a la joven castaña.

—Shiro, Reyes, yo…

—¿Por qué mierda no hiciste nada?

—Yo...—el moreno lo interrumpió, mientras miraba a la chica, bastante preocupado por ella.

—Sabes que, dame explicaciones luego. Shiro, llévala con Ziegler—dijo Reyes algo molesto. Mientras el exo la cargaba con cuidado y la sacaba de ahí. McCree miro los cuerpos adoloridos de los 3 soldados. Se levanto y siguió a Reyes.

[...]

—¿¡Como que no supiste reaccionar?!—Ana estaba histérica gritándole al vaquero que se mantenía cruzado de brazos.

—Estábamos bebiendo y cuando voltee paso todo tan lento que no sabia si estaba drogado o ebrio.

—No me lo creo—dijo Ana suspirando y llevando sus manos a su frente.

—Lo siento, Ana—dijo Jesse con molestia y algo de culpa.

—Díselo a ella, no quiero ni imaginarme las consecuencias si Shiro no llega—dijo saliendo del cuarto con calma.

El moreno saco de su camisa un cigarrillo, lo encendió y se colocó el sombrero. Salio de la habitación con pesadez, se sentía una mierda. En primera por recordar su pasado y en segunda, por no ayudarla. Mientras más lo pensaba, la rabia e impotencia lo consumían a un más. Jesse lanzo su sombrero a alguna parte de la habitación mientras escondía su cara entre sus rodillas, apago el cigarrillo y soltó una bocanada de humo.

—Te propongo algo Jesse. —dijo Reyes entrando, mientras el vaquero se mantenía en su posición.

—¿Qué?

—Traerla a Blackwatch.

—¡¿Estás loco Reyes?!

—¡Hey! —Los dos miraron a la puerta, ahí estaba Shiro, con los brazos cruzados y levantando un metal en su frente que era su ceja. Sus ópticos estaban blancos demostrando su neutralidad ante lo ocurrido.

—Mierda.

—No diré nada respecto a lo que acabo de oír, solo escuchen. Esa chica es Caeli—dijo el Exo llevando una de sus manos a su nuca y cerrando la puerta.

—¿Cómo estas tan seguro?

—Créeme, es ella. Era muy pequeña y todos sabíamos que sería especial cuando grande. Sobre todo, no ha cambiado mucho físicamente.

—Es una menor—dijo McCree algo molesto.

—¿Y? por un carajo Jesse, será una niña físicamente pero mentalmente, te lleva años de ventaja. Deja que lo intente.

—¡No se pudo defender en el bar!

—¡No estaba reaccionando!

—¡Entonces no lo hará en batalla! ¡¿Entiendes?!

Los dos se levantaron y se miraron, el Exo apretaba su mandíbula haciendo que tronara y McCree apretaba sus puños haciéndolos crujir. Reyes se levantó y se puso en medio de ambos.

—Bien, para su tranquilidad. Shiro, le diré a Morrison que tiene algo especial, no sé qué, pero lo tiene y Jesse, la entrenaremos, estará más segura aquí que en ese bar de mala muerte.

—¿Estás seguro Reyes? No pudimos defenderla en el bar. —dijo bastante cansado del tema.

—Porque no sabíamos que iba a pasar. Y no volverá a pasar Jesse.

Hubo silencio, el vaquero suspiro y asintió. Shiro se relajó, las piezas de metal regresando a su lugar lo delataron, un poco, salieron de ahí. Mientras Ziegler checaba a la chica, ya había logrado reaccionar. Tenía moretes y rasguños menores, nada grave, pero la médica seguía preocupada por ella.

—¿Segura que estas bien?

—Si, ya estoy acostumbrada. —lo dijo débilmente, como si dudara de lo dicho.

—Eso no me calma, cielo

—Lo siento—murmuro bajando la mirada, dejando escapar un par de lágrimas. La medica se ablando, tenía solo 17 años, y ya estaba pasando por esto. No pudo evitarlo y la abrazo dejando que llorara en su hombro, la necesitaba calmada para poder continuar su chequeo. La castaña se sintió segura en brazos de Ziegler, no pudo evitar abrazarla.

Te necesito, Tamara.