Era como si hubieran entrado en una ciudad extraña y sucia. Aquello, pensó Terrador, era seguramente la mejor manera de salvar Warfang: teniendo sus estructuras manchadas de tierra, en un ambiente inundado de luz lunar fría y plateada, con un gran aliado pasando entre los edificios y comiendo aquella suciedad, como si fuera caramelos, e imaginando las caras de incredulidad que pondrían los civiles cuando les permitiera la entrada de nuevo.

— ¿Y ahora qué? —Preguntó Cyril, pestañeando ante la masa compacta de nubes sucia que los rodeaban por todos lados.

— Tendríamos que avisar a los otros para que puedan entrar, descansar, ya el peligro pasó y no hay nada de qué preocuparse —Dijo Volteer.

— Tiene razón. Ya es muy tarde, además que tendremos que discutir sobre esto —Dijo Terrador, derrotado—. « Por favor, que ya no haya más sorpresas. »

Y en aquel instante, como lo odiase el destino, oyó algo, algo que no parecía el sonido de una piedra siendo arrojada desde arriba ni la pequeña voz lejana de Sparx, que charlaba con Golem, mientras que él se detenía a la mitad de una calle estrecha para sentarse y descansar.

Cyril y Volteer discutían sobre el futuro de Warfang.

Era un sonido metálico, un sonido que recordaba la caída de una moneda desde el bolsillo de una persona, capaz de atraer la atención de cualquiera. Terrador dio un salto, y agrietó el suelo utilizando accidentalmente su cola lleno de pinchos.

— ¿Qué? —Gritó.

— Pues eso —Dijo Cyril—. ¿Cómo haremos para vigilar estas islas? ¡Tendríamos que levantarnos temprano todos los días y supervisar los cielos hasta que se meta el sol!

— ¡Eso no! —Dijo Terrador, preocupado—. ¡El ruido!

— ¿Ruido? —Preguntó Volteer, extrañado—. ¿De qué hablas, Terrador? ¿Escuchaste algo inusual? ¿Algo fuera de lo común?

Terrador asintió. Agudizaba la vista tratando de ubicar el causante del sonido, pero no miró otra cosa que árboles pequeños, una cárcel de rejas de bronces al costado de una calle, donde podía ver claramente a Golem bloqueando esa ruta con su enorme tamaño. Llegó a creer que no lo contraría hasta que escuchó a Volteer exclamar que encontró un brillo plateado. Terrador giró, intrigado. En la lejanía, encontraba un pequeño objeto bañado en plata por la luna en el centro de un puente, que lo llevaba hacia otra plaza, una más cuadrada. Podía ver varias estructuras elevadas que daban una sensación de grandeza.

— Me es un poco familiar —Comentó Volteer, su ceño fruncido era visible por la luna—. Creo que sí es un asunto serio, Terrador.

— Vamos averiguarlo —Dijo Terrador, serio.

Los guardianes se acercaron al extraño objeto, lo rodearon, y pudieron verlo con mayor detalle. Volteer puso los ojos como bolas de boliche y Cyril soltó un gemido de incredulidad. Terrador largó una ceja, inclinando un poco la cabeza. Era una especie de medallón, con una gema hexagonal incrustada en él; ésta emitía un brillo rojizo, como si tuviera una gran energía.

— ¿Un medallón? —Observó Cyril, dirigiéndose al resto—. Que extraño… No parece peligroso pero… Ha caído de esa isla.

Terrador no respondió. Comenzaba a extender la zarpa derecha para agarrar aquel artefacto. Cuando lo sujetó entre sus garras filosas y ponerla cerca de su hocico, un nudo ató su garganta, dejándolo sin palabras. El medallón se desintegró, como si fuera arena, y ensució la pata de Terrador de una mancha espantosamente negra. Se sobresaltaron, aterrados y preocupados.

— ¡Por los Ancestros! — Exclamó Cyril, mirando a Volteer de soslayo y vio que le temblaba el hocico—. ¡Explicanos, Volteer! ¿No fuiste tú quien dijo que había encontrado un objeto similar? —Volteer dio un brinco del susto al escucharlo.

— Así es —Confesó, con su corazón palpitando al máximo, y enseñó su pata manchada—… Y no sé… Quién las puso… Pero, lo más seguro es que intentó destruirnos, de un modo cruel y sin moral…

— ¿Y todos se vaporizaron así? —Interrumpió Cyril entre la desaprobación y el pánico. No paraba de ver las manchas de Terrador y Volteer.

Volteer asintió con la cabeza. Terrador siguió sin decir nada, tenía la mirada clavada en su pata afectada, sumido en sus pensamientos. Cyril notó que nadie quería decir algo y decidió romper el hielo.

— Si quieren mi opinión, creo que un nuevo enemigo quiere destruir nuestra paz…

— ¡Es suficiente! —Dijo Terrador. A Cyril le pareció una falta que no quisiese escuchar la cruda realidad y levantó una ceja.

— Estamos ante un nuevo peligro y, ¿tú sólo tratas de ignorarlo? —Lo miró enojado—. ¿¡Qué clase de líder hace tal cobardía!?

Terrador cerró los ojos, perdiendo la paciencia, y los abrió de nuevo para mirar a Cyril con ferocidad. Volteer los miraba nervioso.

— No lo estoy evitando… Tenemos la prioridad de proteger a los supervivientes. Ahora avísenle que pueden entrar. ¡Y es TODO! —Exclamó con voz autoritaria—. Nos ocuparemos de esto después en el templo de piedra.

Y se retiró sin nada más que decir. Cyril y Volteer decidieron obedecer a lo que dijo, más tarde seguirían hablando sobre este tema particular. Terrador pasó por un largo camino y dobló una esquina, arrastrando las patas y murmurando inquietudes. El día pasó en un santiamén, ¿cómo permitió que todas estas locuras pasaran? Primero Golem resucitó de las cenizas y después Warfang fue atacado por una isla gigante, cuya razón desconocía aún. Terrador subió por unas escaleras y llegó al segundo piso de la ciudad, encontrándose frente de una puerta de madera con forma circular, decorada por un arco de metal dorado, donde lo llevaría al interior de un gran templo de piedra. Visualmente era muy antiguo, similar a un castillo pequeño color arena y con detalles de color agua. Empujó la puerta a regañadientes con la punta de su hocico. La puerta se abrió en dos y entró con la cabeza agachada. Oyó voces a la lejanía, los civiles habían entrado.

— Todo está pasando muy rápido… Un problema termina y otro empieza —Comentó Terrador de repente, como desahogando un pensamiento—. Ignitus, como me agradaría que estuvieras aquí. Habrías solucionado este alboroto, a tu modo. Ojala regreses pronto…

Terrador se quedó en silencio por un rato, extrañando el grado de capacidad que tenía Ignitus para solucionar los problemas. Le hacía mucha falta. Era muy raro que Terrador añorara la presencia de alguien. Generalmente, se las arreglaba para salir adelante, ya sea pequeño o grande el problema. Él reaccionó sorprendido consigo mismo y cerró de un portazo la puerta con la cola.

— El cansancio no me siente bien, tomaré una buena siesta después de esto —Terrador ladeó un poco la cabeza, por alguna razón, sentía un peso horrible en el estómago desde que Ignitus se había marchado con Spyro y Cynder.

Dentro había una sala inmensa y lúgubre, con paredes hechas de un material parecido a las piedras adornadas de telas azules que caían de una manera tosca que hacían ver el lugar inhóspito. Salvo por un halo de luz plateada que lograba entrar desde una apertura en el techo que iluminaba tenuemente el lugar mientras que en el centro de aquella sala aguardaba una mesa con forma circular. Terrador caminó, parándose frente a ella, y la vio más de cerca. Tenía incrustado un mapa de plata que indicaba todos los continentes del mundo.

— Con esta nueva etapa, este mapa no servirá de mucho —Dijo Terrador a la nada, como si tratara de matar el tiempo, y su voz resonó como eco por toda la sala—. Partirla en trozos no sería mala idea.

Los minutos pasaron tan despacio como si fueran horas. Terrador permaneció mirando el mapa como una gárgola, haciendo de cuando en cuando « pok, pok » con la cola, o diciendo « mmm ». Algunas veces llegaba a una conclusión, exclamando, « ¿Y si esto pasa por…? » o « ¡Podría ser la causa! » pero la rechazaba con resignación después de que lo pensara mejor.

La luz se fue desvaneciendo y más desfiguraba el mapa que Terrador podía alcanzar a ver. Éste bostezaba de aburrimiento, mostrando los colmillos y parpadeando con sueño. No escuchó otro ruido alarmante, salvo un gran silencio de seguridad que le aliviaba, porque no había otro peligro inesperado.

— « Ahora sólo falta ver cómo resultan las cosas y cómo terminará esto » —Pensó Terrador, poniendo las patas delanteras a un costado de la mesa y tomando una posición de descanso.

Durante un momento, parecía que nadie iba a llegar. Terrador aguardó por tanto tiempo, que casi se desplomaba en el suelo para tomar una larga siesta. Luego, se escucharon pasos apresurados y pesados en el otro lado de la puerta. Terrador levantó de un golpe la cabeza y se giró hacia ella con intriga. Esperó con seriedad y vio como aquélla se abría de par en par, donde entraron Cyril y Volteer. Terrador recompuso la postura y los miró. Cyril estaba que no podía seguir de pie por más tiempo, su cara irradiaba cansancio y agotamiento. En cuanto a Volteer, él se mantenía con más entusiasmo y su cara radiaba optimismo.

— ¿Todo salió bien? —Preguntó Terrador, cuando éstos se pusieron alrededor de la mesa principal.

— Hicimos lo que necesitábamos hacer —Contestó Cyril, secamente—. A este ritmo voy a perder las escamas de los nervios. Más de cincuenta ciudadanos confundidos pidiéndome explicaciones.

Sobándose la cabeza con las patas, Cyril intentó buscar la calma, cerrando los ojos y respirando con lentitud, pero Volteer lo interrumpió energéticamente.

— En efecto, como dijo Cyril, los habitantes de Warfang han vuelto —Explicó, agitando la cola como loco y provocando que Cyril diera un respingón del susto—. Hace falta decir que Golem, nuestro nuevo aliado, es muy grande para que pudiera vivir con nosotros, porque su tamaño ocupaba una calle completa. ¿Te imaginas el desastre que causaría todos los días?

Volteer, que imaginaba las cómicas escenas que Golem haría cada día en Warfang, soltó una risa pequeña. A Cyril no le hizo gracia y Terrador, intentando concordar con la viva imaginación de Volteer, asintió, fingiendo una sonrisa.

— ¿Y luego? —Insistió Terrador, intrigado. Cyril, que no quería escuchar más a Volteer, ahogó un gritó y le suplicó piedad con la mirada.

— Le pedimos que durmiera fuera de Warfang —Prosiguió Volteer, contento y emocionado. Cyril se tapó la cara con las alas—, pero éste no lo había tomado muy bien. Lo bueno fue que Sparx pudo convencerlo, ¿y qué crees? Gracias a su ayuda para destruir la isla, todos los ven como héroes. El pequeño crece muy rápido.

Terrador mostró un poco de interés, con una sonrisa decorando su rostro. Durante el tiempo que lo llevaba conociendo, Sparx siempre se mostraba como un presumido, relatando hechos que nunca habían sucedido. ¿Sería diferente? Con una verdadera acción heroica en su historial, Sparx podría volverse alguien menos egocéntrico y, junto con Golem, se convertirían en verdaderos héroes. ¿Spyro se pondría orgulloso de él?

— Basta de cosas irrelevantes —Dijo Cyril, apartándose las alas de la cara, consiguiendo dar un toque de seriedad al asunto, y todos lo miraron enseguida—. Tenemos asuntos más importantes, ¿cierto, Terrador?

— Sí —Contestó Terrador de mala gana, resignado a explicarles de sus complicadas teorías sobre la situación—. Tuve que considerar tu teoría, Cyril y, aunque me duela admitirlo, parece que nuestros esfuerzos por conseguir esta paz ha sido en vano, porque un enemigo, el cual aún desconocemos totalmente, nos tiene en su lista negra.

— Sin ninguna duda, debe tener alguna conexión con Malefor. Nadie puede tener ese alto poder de magia oscura, a menos que perteneciera a su bando. Después de su derrota, no me extrañaría que alguno quisiese aplastarnos con una isla gigante —Dijo Volteer, arrugando la frente con preocupación.

— No tiene sentido —Repuso Terrador, frunciendo el entrecejo—. Hemos luchado contra su ejército por veinte años y, durante ese plazo, nunca vimos de ellos ampliar un uso de magia más allá de lo básico, ni siquiera Gaul. ¿Por qué aparece de repente uno que puede lanzar hasta islas?

— ¿Uno que esperaba la derrota de Malefor, tal vez? —Intentó adivinar Volteer, vagamente.

— ¿Una nueva amenaza? —Observó Cyril, con gesto de severidad—. Me parece poco creíble, ¿quién estaría esperando que desapareciese el Maestro Oscuro?

— Un enemigo de él —Dijo rápidamente Terrador.

Como un golpe bajo, Cyril arrugó el rostro. Debido al descubrimiento inesperado, guardaron un silencio tan sepulcral que ni Volteer tenía el atrevimiento de romperlo con sus palabras. Finalmente, Cyril rompió el silencio, con una voz paranoica.

— ¡Pero eso es Imposible! Totalmente absurdo —Agitó con negación la cabeza—. ¿Cómo un villano de turno no quiso presentarse desde el principio?, ¿cuál era su objetivo esperar tanto tiempo?

Volteer aclaró la garganta para participar en la discusión.

— Sin embargo, Cyril, he deducido que existe una remota posibilidad de que hubiera un viejo postulante a la villanía. Esperando su momento. Aunque no quiero contradecirte Terrador, pero mi hipótesis me da, que lo más probable sea, que no apareciese por el simple hecho de que Malefor le era más un obstáculo que un enemigo, que le irrumpía sus objetivos reales. Está aprovechando la oportunidad de tomar su lugar y hacer lo que él nunca pudo realizar en sus años dorados —Explicó Volteer con seriedad.

— No sé si de verdad tenga alguna conexión con Malefor, pero Ignitus me contó una preocupación suya antes de que se fuera con Spyro y Cynder —Confesó Terrador, intranquilo.

Terrador captó enseguida que sus palabras habían causado una reacción repentina en sus compañeros. Cyril tuvo que ponerse rápidamente delante de Terrador para evitar que Volteer se balanceara emocionado sobre él. Éste retrocedió un poco ante aquello, con incomodidad. Después, miró que el dragón azul daba una reprimenda al guardián de la electricidad, diciéndole que se controlara la próxima vez. Volteer, apenado, caminó de regreso en su lugar, mirando a Terrador con suma atención y agitando la cola con entusiasmo.

— ¿Cuáles fueron esas palabras exactamente? —Preguntó después Cyril, aun sabiendo que lo había oído antes.

Terrador repitió todo lo que le había dicho horas atrás en Warfang, porque Volteer no estaba presente en ese momento, y agregando el detalle que, quién sea que estuviera ocasionando los alborotos, era uno más más superior que Malefor, incluso con conocimientos que ni el propio Ignitus pudo entenderlo totalmente.

Luego, Cyril se quedó pensativo y Volteer le brillaban los ojos de la emoción.

— Esas palabras, indudablemente sólo pueden salir de Ignitus —Admitió Cyril con un ademán de resentimiento, observando la luz de la luna—, sin embargo aún no me convence del todo. ¿Realmente hay más enemigos que pueden llegar a superar al mismo Malefor?

— Aunque me aferro a mi hipótesis, sus palabras me hacen suponer que no fue una simple coincidencia que decidiera hacer acto de presencia después de la derrota de Malefor —Observó Volteer agudamente—. ¿Y cómo culparlo? Ahora que Spyro y Cynder desaparecieron, nadie lo podría detener.

Los tres quedaron estancados ahí, gracias al último comentario que había dicho Volteer. Cada uno mostró su propio grado de preocupación ante el asunto. Sus caras eran tapadas por el resplandor de las dos lunas, dándoles un fuerte toque sombrío. Terrador pensó en el destino del joven dragón y de la joven dragona, sintiendo tristeza por ellos, preguntándose dónde podrían estar en aquel mundo partido.

— ¿Qué haremos? —Rompió el silencio Volteer, su voz era tan apagada como una vela consumida, y reflejaba su profunda tristeza con su rostro—. De verdad, la gente se está desgarrando de dolor sin ellos, ahora más que nunca por lo que acababa de pasar. Lo intentamos calmar, lo entienden, pero vuelven a sufrir…

— Sí, ya lo hemos visto por nosotros mismos —Dijo Terrador, compartiendo el sentimiento—. Ignitus era un líder para ellos, Spyro y Cynder sus salvadores, es comprensible que todos estén así. Y, aunque hayan desaparecido, tienen que superarlo y recae en nosotros esa responsabilidad.

— Eso sin duda, descansa una gran responsabilidad sobre nuestros hombros, tenemos que ser fuerte para ellos —Dijo Volteer, esperanzado—. Lo único que tenemos que hacer es tenerles paciencia y esperar a que se recuperen.

— Esperen… —Dijo Cyril al resto con voz glacial— Hay un tema faltante por discutir. ¿Damos por hecho que Spyro, Cynder e inclusive Ignitus murieron?

Terrador sintió como si uno de los ataques más poderosos de Golem le acabara de golpear en el cuerpo. ¿Cómo podía aceptarlo? Si Ignitus, uno de los guardianes más destacables del linaje de fuego, falleciese…, las reuniones se irían de las ramas. Ya sea por cuestiones simples o importantes, él lo imaginaba claramente. Cyril y Volteer estarían discutiendo por pequeñeces entre sí. Sin Ignitus, éstos podrían acabar hiriéndose hasta físicamente. Terrador tragó saliva, nervioso. ¿Qué pasaba si él se metiera? Era como si entrara en territorio desconocido. Las veces en el que Ignitus tenía que ausentarse, Terrador era el segundo al mando pero nunca le había agradado involucrarse con ellos y en sus peleas, porque, cuando lo hacía, eran como una bomba de tiempo, cada uno gritando, buscando el modo de tener la razón y tratando al otro como un enemigo. A duras penas, Terrador conseguía dar un punto final. Y ahora, la ausencia de Ignitus, a quien siempre podía confiarle la última palabra para que pudiera tomar riendas sobre cualquier situación, el que siempre sabía cómo cortar discusiones innecesarias, le pesaba mucho. No se le había ocurrido pensar en eso… En la probabilidad de qué, su mejor amigo, hubiera fallecido… Sin él… Estaría como en un barco a la deriva del mar, ya sin su capitán y, de alguna manera, tendrían que lidiar con todos sus defectos.

— « Ahora tengo que ir más allá de mis límites » —Pensó Terrador, ya no sentía sueño, sino un tremendo mareo—. « No quiero perder la fe en que volverán, pero por ahora tengo que ser más tolerante. De lo contrario, estaríamos sin rumbo »

— He percibido, en las últimas horas, que nosotros solos somos unos incompetentes para solucionar estos problemas sin ellos. Parece que, sin un modelo de héroe, como Spyro y Cynder, o una de sabiduría, que es Ignitus, estaremos atrapados en un ciclo de nuevos problemas —Prosiguió Cyril.

Fue muy cruel lo que dijo que hasta Volteer profirió un alarido de indignación, largo y profundo. Terrador lo había visto, en muchas ocasiones, ponerse así ante una palabra de Cyril, pero, o bien había olvidado lo fiero que se podía poner Volteer, o es que nunca lo había visto tan indignado. Cyril captó aquel exagerado grito de Volteer y lo miró, manteniendo su inconfundible aspecto de indiferencia.

— Esos problemas lo hemos solucionado por nosotros mismos… —Se atrevió a decir Volteer.

— ¡No seas ingenuo! —Interrumpió Cyril con irritación—. Fue por obra de los Ancestros quienes quisieron darnos de ventaja a ese Golem, del cual se desconoce aún como fue que revivió, y nos ayudó a detener esa piedra. De lo contrario, estaríamos bajo los escombros de una civilización olvidada. ¿Y quieren seguir creyendo que sin Ignitus o Spyro y Cynder todo ira mucho mejor?

Como una bofetada, Terrador y Volteer se miraron, palideciendo. Terrador olvidó el misterioso caso de Golem. ¿Cómo lo pasó por alto? Avergonzado, trató de no mirar hacia la pequeña ventana circular, que había detrás de Cyril, muy al fondo de esta gran sala, donde una extraña luz amarilla se colaba como un pequeño sol que intentaba salir al horizonte. Pensando que obra de su imaginación, lo ignoró. Cyril resaltando un error de Terrador era muy extraño pero para éste le significaba un acto de descuido bastante grave. Frunció el entrecejo, resoplando con mucha fuerza y endureciendo su voz para que pudiera sonar más exigente como de costumbre, dijo:

— Sí, todos extrañamos mucho a nuestros viejos amigos, se nota que hacen falta —Los dos asintieron—… Pero sería incorrecto asumir que murieron; vivos hasta demostrar lo contrario y, si es necesario, lo buscaremos en todo el mundo. No lo dejaremos atrás —Afirmó con autoridad.

Tras esto, se creó un silencio largo. Terrador se dedicó a observar las reacciones de cada uno ante sus palabras. Volteer esbozaba una sonrisa pequeña, al parecer le había caído bien escuchar un poco de esperanza después de todo. En cuanto miró a Cyril, supo de inmediato que habría nuevos problemas, porque éste mostraba una indiferencia fantasmal y lo miraba como si estuviera intentando meterle algo de razonamiento en la cabeza.

— Ya empiezas a hablar como un idiota que no quiere asumir la cruda realidad —Observó fríamente Cyril.

Terrador ladeó la cola, cansado, y permaneció con la frente en alto.

— La diferencia es que yo si tengo esperanzas, Cyril —Respondió desafiantemente Terrador, con una ceja levantada.

En aquel instante, el aire se puso tenso. Terrador miró fijamente a Cyril, y éste igual, pero con mucha más frialdad. Era como si pelearan con sola la mirada. Sintiendo el corazón palpitando con fuerza, Volteer se le quebró los labios de los nervios pero se armó de valor y se dispuso a intervenir antes de que se convirtiera en una batalla titánica.

— Terrador, Cyril —Nombró, mirándolos con temor—… Por favor, no es el mejor momento, ni el espacio de tiempo, para desatar un conflicto innecesario por sus ideales. Entiendo que fue un día muy difícil para los tres… Pues yo también fui atrapado por el estrés, y todos lo sabemos, pero después de lo que sucedió, creo que por hoy fue suficiente.

Cuando acabó, Terrador y Cyril simplemente se quedaron viéndose por unos cuantos segundos más, aún con aquel aire que repelía a cual sea que se les acercara. Al juzgar por las expresiones de los dos, Volteer estaba seguro de que habían estado reflexionando sus palabras, porque sus miradas reflejaban cierta duda. Finalmente, Cyril se apartó de Terrador, silbando con burla, y los miró con sus penetrantes ojos cristalinos.

— Para mi pesar, Volteer tiene razón esta vez —Dijo Cyril, y Volteer se sintió muy aliviado—. No veo la necesidad de pelear contigo ahora Terrador, a pesar de que sigo firme con mi comentario.

— Lo mismo digo yo, Cyril —Dijo Terrador, indiferente—. Considerando que no es recomendable que eso pase, por los ciudadanos.

Habría preferido que hubiera gritado. A Volteer le pareció horrible el tono decepcionado que había en su voz. No sabía por qué, pero no podía decir otra palabra, ni aportar un tema nuevo en la discusión, clavó su mirada en la mesa. Terrador, por su parte, reflexionó acerca de la pelea que había estado a punto de explotar. Las palabras de Volteer le ayudaron a ver otros horizontes, mientras que Cyril miraba indiferente el rabillo en el techo, por donde entraba la luz de la luna. Era consciente de los nuevos problemas. ¿Y cómo podría averiguar esas causas? Cuando Terrador terminó de pensar, tosió con fuerza y los demás lo volvieron a mirar. Tomó mucho aire, como estando a punto de entrar en una batalla.

— Estamos llenos de estrés por nuestras responsabilidades… Causando estos problemas entre nosotros. Es tiempo de parar, por más que nos cueste, hay que mantener bajo control nuestros temperamentos —Dijo Terrador en un tono de voz entre firme y compasivo.

Cyril y Volteer lo meditaron y después asintieron al unísono, pero con este último mostrando más felicidad que el otro, que se veía indignado, a pesar de todo.

— Estoy totalmente de acuerdo —Dijo Volteer, sonaba más motivado—. Hemos perdido mucho tiempo, alejándonos de lo que realmente estamos capacitados para hacer. Incumplimos nuestros títulos de guardianes, y dudo que Ignitus le hubiese gustado vernos así.

— Todo está tan perdido y sin decisiones, sin respuestas, sin soluciones… —Añadió Cyril, con voz baja y triste.

Después de que pudieran deliberar todos esos sentimientos negativos (la iluminación iba desapareciendo a medida que pasaba el tiempo), el ambiente se tornó nuevamente pesado e incómodo, parecía un funeral. Terrador, encontrándose deprimido y sin energías, notó el poco entusiasmo que sus compañeros tenían para seguir con la discusión. Recuperando la postura de militar, pensó rápidamente en darle un cierre.

— Para finalizar esto; sé y ustedes también, cuál es la principal causa. Hemos aceptado regresar a Warfang, pero no estamos llevándolo tan bien como se debería. ¿Saben que nos hace falta? —Preguntó el guardián de tierra, recibiendo miradas de confusión—. Elegimos a Ignitus como líder por su indiscutible confianza y en la eficacia de sus decisiones, pero es tiempo de aprender a resolver las cosas sin él, confiar entre nosotros y tomar decisiones. Continuar, es necesario por el bien de nosotros y de todos. Controlarnos y poder seguir remando hacia adelante, es nuestra única opción.

Volteer estaba sorprendido y sonreía sin saber que decir. Cyril reflexionaba, entrecerrando los con firmeza y ladeando la cola pensativo. Terrador, quien sentía un dolor en el estómago porque no era bueno resistiendo los nervios, aguardó pacientemente y los miraba con confianza. Sabía muy bien que ni uno y el otro querían continuar criticándose, peleando o discutiendo por cualquier tontería. Después de tres segundos, Cyril agudizó su voz y dijo:

— Totalmente de acuerdo, aunque creo que la cuestión está, en decidir cómo vamos a llevar a cabo esta investigación; considerando que ese es justamente el problema que tenemos.

Volteer miró, sonriendo, a Terrador.

— Sí, considerado que Ignitus era el líder del grupo y ahora ya no está, sería lo indicado pensar en un plan —Dijo, pensativo.

Terrador contempló los rostros pensativos y luego en el mapa. No desprendía un resplandor tan fuerte como antes, casi toda la luz se había ido, pero Terrador todavía podía alcanzar algunos de sus continentes marcados. Oyó los golpeteos de la cola de Volteer y el toqueteo constante de las garras de Cyril sobre la mesa. Cerró los ojos, pensando en el modo de encontrar las respuestas, mientras toleraba aquellos ruidos como si no existieran. En ocasiones, oía decir de Cyril: « Sólo podíamos irnos de Warfang, tomar unos días para investigar sus exteriores a profundidad », a lo que Volteer le contestaba con su tono animado; « ¿Y qué ocurrirá con los otros? Indefensos con esas amenazas, sería un costo muy alto », pero, por suerte, no estaban llevando la discusión a un nivel extremo. El guardián Terrador apenas si les contestaba con comentarios vagos; « Oh ya…» o « ¿Qué más…? », como si estuviese prestando atención. Luego, suspiró triste. « ¿Qué diría Ignitus en estos casos? » Pensó Terrador, desesperado. De pronto, como un silbido milagroso, escuchó de pronto, por parte de Volteer; « Todo era más sencillo hace veinte años atrás, ahí, incluso sin un líder, arreglábamos nuestros problemas con una asombrosa facilidad ». De golpe, como martillazo en la cabeza, Terrador se había dado cuenta de un detalle, que había olvidado por un largo tiempo, y rápidamente abrió los ojos, mirando a sus compañeros, esperanzado.

— « ¿Será nuestra única esperanza? ¡Tendré que arriesgarlo todo! Creeré en la palabra de Ignitus » —Y no pudo evitar pensar en un pequeño detalle; Cyril y Volteer no estaban enterados de aquella noticia que recibió de Ignitus, hace tiempo atrás— « Es tiempo de que lo sepan » —Concluyó simplemente.

— ¿Y qué tienes en mente, Terrador? —Dijo fríamente el guardián Cyril, adivinándole el pensamiento con gesto de presumido.

Terrador se quedó mirándolo con los ojos abiertos. Olvidaba lo astuto que era Cyril a veces. Ahora tenía también la completa atención de Volteer gracias a eso. Sin rodeos, Terrador resumió sus ideas con una sola palabra:

— Haven's Dawn…

Y como una bomba nuclear, impactó los cuatro sentidos de cada uno, incluso Terrador, que todavía no estaba seguro de esa idea. Por la expresión de Cyril, parecía como si sólo hubiera recibido una broma, una muy mala, mientras que Volteer tenía una cara de bobo y de confusión.

— ¿Cómo…? ¿Disculpa? —Preguntó finalmente Cyril, saliendo del trance.

— Es sorprendente, increíble, chocante, maravilloso, inesperado, milagroso, prodigioso, portentoso, asombroso, fenomenal, muchas incógnitas surgen con esa palabra ¿¡Quien lo hubiera imaginado!? —Empezó a decir Volteer enérgicamente—. ¿Por qué mencionas Haven's Dawn? Es muy repentino, porque con esta situación no nos vendría bien hablar de un tema muy extinto. Pero, igual son intrigantes, estupendos y maravillosos los horizontes que podíamos averiguar por nuestra cuenta…

Por un momento, Terrador creyó que Volteer hablaría para siempre. Éste inundaba el salón con sus ruidos. Notó que aquella voz era cien veces más fuertes de lo normal, hacía omitir los otros ruidos del exterior, como el sonido de los grillos y los ronquidos de los ciudadanos dormidos. Después, pudo alcanzar a ver a Cyril girar los ojos con irritación y mirando a Volteer con desprecio. Cyril miró a Terrador, y él le insistió, con la mirada, que lo detuviera de una buena vez.

Cyril aclaró la garganta y dijo en voz alta:

— ¡VOLTEER! —Causó que Volteer cerrara finalmente la boca—. Sé que es sorprendente y todo, pero no te vayas de los humos con tus charlatanería interminable. Creo que, Terrador tiene una muy buena explicación para sacarnos de este disparate, ¿cierto? —Le preguntó, dirigiéndose a Terrador, con un tono de desesperado.

Terrador asintió. Estaba más cómodo sin ese ruido perforándole los tímpanos.

— Será mejor que presten mucha atención —Advirtió. Sus ojos brillaban severamente—, teniendo en cuenta que es una gestión larga. Por lo tanto, no acabamos todavía con el tema de Ignitus.

Cyril frunció el ceño, estaba completamente perplejo. No tenía idea de que se trataba ese giró de acontecimientos. Gracias a su hostilidad, el entorno regresó a ponerse tenso y pesado, que incomodo a los presentes.

— Creí que lo habíamos dejado por terminado —Observó el dragón azul—. Sólo tenemos que aguardar por un milagro, saber si sigue con vida. No veo por qué no das ese tema por concluido…

— No me estoy refiriendo a eso —Atajó rápidamente Terrador—. Ignitus me había revelado de un descubrimiento. Servirá de mucho, para que podamos salir de esta situación.

— ¿El hecho de que le preocupaba que hubiese más enemigos aparte de Malefor? —Dijo el guardián del hielo, con cierta burla—. Bueno, admito que no lo había pensado en esa escala, le dolió mucho la pérdida de Haven's Dawn y no me extrañaría que sospechara de más aliados de Malefor desde entonces.

— Ignitus fue quien lideró el Batallón Infernal durante la Masacre Infernal, que se llevó a cabo hace veinte años, y perdimos a muchas personas cercanas. No es raro que le haya afectado, nunca le gustó perder a los suyos, incluso participaron niños en esa época, y él no pudo protegerlos —Dijo Volteer, dejando de sonreír, lo cual no era habitual en su buen sentido del humor—. Sobre todo, porque ese acontecimiento desató la extinción total de los dragones de agua y de viento. Debido a eso, Haven's Dawn cayó en pedazos y tuvimos que refugiarnos en el Templo Dragón. Muy a pesar de esto, Ignitus continuó firme. Sin embargo, algunas veces se comportaba un tanto extraño. Así que, esta cuestión no es para tomársela a la ligera Cyril —Explicó, mirando a éste—. Terrador debe tener una buena razón para no dar por finalizado el tema, tenemos que escucharlo. ¿O no te importa lo que sucedió?

Era increíble el orgullo que poseía Cyril, incluso recibiendo un golpe de realidad, él todavía se mostraba indiferente. De cierta manera, le impresionó a Terrador.

— Aún no veo lo complicado del tema como para discutirlo más —Dijo Cyril. Sus filosos colmillos brillaban bajo la luna cuando movía indignado la cabeza—. Lo que ha dicho es sólo una afirmación que todos sabemos.

— ¿No acababas de escuchar a Terrador? —Gritó Volteer, poniéndose frente de Cyril, y con un tono furioso— ¿Qué paso con que estabas de acuerdo? ¿Y de bajar nuestros temperamentos?

— ¡Sí, pero eso no es el punto! —Al darse velozmente la vuelta, Cyril casi revuelca a un lado la gran mesa para mirarlo con aire de orgullo—. El punto es, ¿qué necesidad hay para discutir sobre un tema muerto, que se ha marcado, para siempre, en nuestras memorias?

— ¡Pero para haber dicho esa afirmación, Terrador debe tener una muy buena razón, y yo creo que la tiene! —Dijo Volteer instantáneamente— ¡Eres tan terco y arrogante que no admite de sus errores!

Cyril dejó escapar un grito de indignación que todos pudieron oír. Sus ojos parecían a punto de salir de sus orbitas. Volteer se le temblaba los labios de lo enojado que estaba.

— ¡¿Y quién eres tú para decir mis defectos cuando tú también los tienes?! —Bramó Cyril, desplegando las alas, como si lo amenazara con atacarlo—. ¡Con tu estupidez y habladuría constante!

Como ver un viejo matrimonio, Terrador se quedó atónito durante unos instantes, y luego recordó que tenía que parar esto porque Volteer, a pesar de que lo había ayudado a detener su pleito con Cyril, no parecía querer utilizar la cabeza. Arqueando una ceja, respiró profundamente, irradiando furia con todo el cuerpo, Terrador rugió como león. Fue tan potente que los vidrios de las ventanas tintinearon un poco. Logrando su cometido, el griterío se detuvo en seco, y éstos lo miraron estupefactos como asombrados, con sus hombros encogidos y con sus alas pegadas al cuerpo.

— ¡BASTA! ¡No voy a permitir que discutan más y perdamos el tiempo! ¡No he gastado saliva para que continuemos repitiendo este vulgar chiste! —Terrador tosió por haber consumido demasiada fuerza con aquel rugido—… A lo que quiero llegar, Cyril, es que Volteer tiene razón; tengo un buen motivo para seguir con el tema de la Masacre Infernal y, te guste o no, me vas a escuchar. Es más importante de lo que crees.

— Entonces podrías haberme parado antes y contradecirme —Sugirió Cyril, cuando regresaba a su puesto, como si fuera un niño castigado—, o haberlo dicho desde el principio.

— Ya, y lances otra queja —Dijo Volteer, estando más apartado de Cyril, que en aquel momento estaba reprochándole con un gruñido—, que diga: « ¿Y por qué insistes tanto hablar de eso? »

Impidiendo que una nueva pelea se llevara a cabo, Terrador subió la cola, y con ella martilló un poco la mesa que tenía delante. Causó un estruendo metálico tan fuerte que pudo cerrarles la boca de aquellos incompetentes. Éstos quedaron como paralizados y lo miraron. Terrador retiró su cola de la mesa, que había obtenido una abolladura un poco profunda, y volvió a suspirar de cansancio.

— Lo que iba diciendo: No puedo dar concluido el tema porque Ignitus me contó una suposición suya, antes de que se fuera con Spyro y Cynder, y que si llegará el momento, tendría que decirles —Los guardianes le prestaron total atención—. Sabía bien que, en algún punto, necesitaríamos la piscina de las visiones de nuevo.

— ¿La piscina de las visiones? ¿Ésa era la razón para continuar con el tema? —Preguntó Cyril sin comprender—. Dudo que sea relevante, aunque viniendo de Ignitus, debo admitir que es raro.

— ¡CYRIL! —Exclamó Volteer con impaciencia, cada vez más intrigado, como si quisiera llegar más al fondo del asunto—… Dinos Terrador, ¿por qué te lo dijo?

— Me lo dijo porque pensaba que, si algo le pasará, nos haría mucha falta aquella herramienta —Continuó él, con dolor, descubriendo por fin la cruda verdad, y apretó los colmillos—… A fin de cuentas, creo que, siempre supo que iba a…

— Deja de dar vueltas y llega al punto —Interrumpió fríamente Cyril, que ya no necesitaba seguir de indiferente, porque le había intrigado la información—. ¿Cuál es esa revelación?

Terrador hizo una pausa y tomó aire. Consciente que la información que iba a dar sería mucho para explicar y para que éstos lo comprendieran.

— La mascará de las visiones podría seguir intacta —Explicó, en un sumido de emoción, y antes que recibiera un montón de preguntas, continuó—, en Haven's Dawn y probablemente también siga existiendo, después de todo lo que sufrió años atrás.

Esperó oír gemidos de asombro pero sólo hubo un gran silencio. Volvió a mirar las caras de los guardianes y vio que se estaban mirando. Cyril sospechaba de sus palabras y Volteer, por lo menos, sonreía pero con ligera duda y agitaba la cola.

— ¡Aaaah, podríamos entonces volver a casa! —Dijo Volteer con entusiasmo, buscando, desesperado, aquel lugar en el gran mapa de plata.

— Si existe, se oculta muy bien —Repuso Cyril— A lo mejor sólo hay ruinas. No sé por qué lo tomas en cuenta, Terrador.

— Es muy sorprendente, lo sé, yo mismo experimente sus dudas al respecto —Confesó Terrador—. Y tienes razón, lo que hay es lo que quedó después de la batalla —Miró a Volteer, con tristeza—. Por desgracia, no será posible volver.

Soltando un suspiro de decepción, Volteer retiró sus garras de la mesa, con la cabeza inclinada hacia atrás, y pareciendo completamente destruido.

— A menos que —Sospechó Cyril, mudo del asombro—… ¿Realmente continuá existiendo?

— Cualquier cosa puede existir ahí —Dijo Volteer, expulsando las palabras de su cuerpo finalmente—. A lo mejor Ignitus acumuló reservas para nosotros o encontró un tesoro que podía ser la clave de nuestra supervivencia. Quizás, construyó un gran refugio, y por eso te lo sugirió, Terrador, utilizando la máscara como llave para abrirla.

Pero Terrador estaba seguro, por la cara de interés de Cyril, de que éste estaba pensando lo mismo que él.

— ¿Qué pasa? —Preguntó Volteer, ingenuo y mirando a uno y a otro.

— Bueno, el único con la habilidad de usar la Piscina de las Visiones es el líder actual de los guardianes, en este caso; Ignitus, ¿no? —Explicó Terrador, paciente—. Y sin él, nadie más lo puede usar.

— Sí… —Admitió Volteer, todavía confundido.

— Y no necesariamente tienes que ser el líder, ese objeto tiene el poder de ver la piscina de las visiones. Únicamente, por los demás miembros de los guardianes —Dijo Cyril, golpeando la mesa, emocionado, con la garra, como si el artefacto estuviera ahí.

— ¿Qué quieres decir?

— Vamos, Volteer, despierta ya —Dijo Cyril bruscamente—. Sabemos, gracias a Ignitus, que Haven's Dawn sigue existiendo después de veinte años. Sabemos, también gracias a Ignitus, que la máscara de las visiones todavía está intacta. Bueno, utilizando las primeras palabras de Terrador, ¿y si la utilizamos para ver la piscina? Con ella seguramente sabremos todas las explicaciones: quién es el causante de estos desastres, dónde están, cómo lo derrotamos y qué clase de enemigos nos enfrentamos. Si son verídicas las palabras de Ignitus, ir a Haven's Dawn será la solución a nuestros problemas, como dijo Terrador en un principio.

— Es una brillante teoría, Cyril —Dijo Volteer, sonriendo por poco tiempo—, pero tiene un pequeño defecto: que no hay piscina porque Templo Dragón fue destruido.

Impactó a todos. Indeciso, Cyril chasqueó la lengua, pensando en una alternativa, y recordó lo ocurrido de hace tres años. El ejército de Malefor conquistando el templo dragón.

— Me acuerdo —Dijo Cyril, arrugando con disgusto la nariz—: Luchamos contra ellos, perdimos, fueron demasiados y, el único hogar que teníamos, lo tomó Malefor.

— ¡Fue trágico! —Añadió Volteer, algo herido—. Lloramos mucho nuestra perdida, no tanto como Ignitus, pero sí bastante…

Y en aquel instante, Terrador lo interrumpió.

— ¡Pero! —Exclamó Terrador, pensativo, de forma que Cyril y Volteer dieron un bote— Es pequeña, pero probable…

— ¿Qué ocurre, Terrador? —Preguntó Cyril.

Era las pocas veces que Cyril se mostraba comprensivo en una discusión. Estaba curioseando a Terrador con la mirada, junto con Volteer, que había dejado su total atención en él.

— De jóvenes, éramos llevados a una excursión debajo de Haven's Dawn—Dijo Terrador, matándose para recordar aquellos días de juventud (más de cien años)—… Y había una cámara..., un lugar donde nuestros antecesores iban en caso de necesitar ayuda —Le destellaron los ojos de un golpe—. Me pregunto sí...

— ¿Tiene también una piscina de visiones? — Inquirió interesado el guardián Volteer—. Eso sería espectacular, asombroso, revelador, sorpresivo…

— Sí, sí, Volteer, eso no hace falta aclararlo —Lo interrumpió duramente Cyril, callándolo otra vez—. Por favor, deja que termine.

Y Volteer bajó la cabeza, enrollándose con la cola, como un dragón regañado que no obtendrá un dulce por mal comportamiento. Elevó un poco la vista y siguió mirando a Terrador, con intriga.

— Bien, la misión es revisar si ese lugar sigue intacto —Resumió el guardián de tierra—. Pero, alguien debe quedarse aquí a vigilar que no haya más ataques.

— ¿Quedarse? —La comprensión desapareció gradualmente del rostro de Cyril.

— ¿Qué? —Soltó Volteer, encontrándose más conflictuado que Cyril—. ¿Tú no vendrás?

Terrador no supo que decir. Enseguida se encontraba contra la espada y la pared. Cyril lo fulminaba con la mirada, como un bicho raro que merecía ser aplastado. Volteer, por primera vez en la vida, concordaba con los sentimientos de Cyril, poniendo casi su misma expresión, pero con más nerviosismo que frialdad. A pesar de esto, Terrador no quiso ir con rodeos. Poniéndose a la defensiva, flexionó las patas y abrió las alas, de manera que éstos se sintieran amenazados, y mirándolos con firmeza, les explicó con humildad:

— Cyril, Volteer... ¿Ustedes están conscientes de nuestra situación? —Recibió miradas de recelos—. Piensen, si nos vamos los tres, la ciudad quedará expuesta y recibirá un nuevo ataque. Ya está muy destruido y sufriendo demasiado. ¡Imagínense cuan peor podría ser si lo dejáramos desprotegido! —Recuperó la calma, tomando un largo y profundo respiro de serenidad—. Temo que, la mejor opción es que ustedes... Vayan a... Haven's Dawn... Sin mí.

En aquel instante, Terrador, con todas sus fuerzas, deseó que una isla aplastara su cuerpo, con tal de que no pudiera seguir escuchando. Como una explosión, Cyril y Volteer lo arrasaron con gritos potentes. Cada segundo, se iban extendiendo más allá del templo de piedra. No quedaron complacidos por la respuesta, se mostraban hasta indignados. Era comprensible para Terrador, porque sabía que sus compañeros apenas se soportaban, como conocidos más que amigos. Intentando que sus oídos no explotaran, escuchó cada una de las protestas llenas de irá de los dos dragones; « ¡¿Te has vuelto loco?! », dijo Cyril perdiendo los estribos, « ¡No quiero quedarme con él, que ni siquiera tiene paciencia y es muy mente cerrada para cualquier situación! », se lanzó Volteer como nunca antes, « ¡No tengo la enfermedad de hablar como loro! », exclamó Cyril, arrastrando sus palabras. Era como un acuerdo, intentando convencer al líder pero hiriéndose con palabras. Tardaron mucho, bueno, en realidad nunca iban a terminar, y Terrador suspiró, cerrando los ojos, y golpeó la mesa con su mazo (cola), partiéndola en dos mitades. Causó un silencio repentino. Cyril y Volteer dejaron de hablar, sorprendidos al ver aquella acción.

— Es una orden... —Repuso fríamente Terrador, con ojos como navajas recién afiladas.

Cyril y Volteer se intercambiaron miradas nerviosas. En un instante, las apartaron, mirando en sentido contrarios. Volteer quería decir una última protesta, pero Terrador todavía continuaba blandiendo la cola, y se lo pensó mejor. Después de unos minutos, se dieron por vencidos, y asintieron, de mala gana.

— Está bien —Dijo Cyril, irritado—. Después de todo, eres el segundo al mando, al que Ignitus le proporcionó más confianza, pero te advierto algo —Su tono se tornó misterioso. Pasando en los destrozos de la mesa, se colocó cara a cara con Terrador—: No creo que sea buena idea. Es preferible que estés bien armado, a que luches solo. He visto sus intentos de entrar a Warfang antes de que llegáramos —Mencionó con voz preocupada, recordando la extraña marca de la entrada principal—. Así que, aunque crees estar listo, no creo que puedas contra un enemigo que desconocemos totalmente.

Terrador no bajó su firmeza. Determinado, miró hacia la ventana, viendo a través de ella el oscuro horizonte, decorado por las dos inmensas lunas y estrellas.

— Hago lo que creo mejor para Warfang y para todos —Contestó, girándose y yéndose hacia un rincón del salón. Se acostó en el suelo, cruzó las patas delanteras y puso en ellas la cabeza, como si fueran almohadas.

Desilusionado, Cyril miró mal a Terrador. Pensaba que Terrador iba a entender su punto pero éste estaba muy aferrado a su decisión. Sabiendo que era imposible cambiarlo de opinión, Cyril decidió no armar una nueva discusión, sentía los músculos fallar y un cansancio que hacía bajar sus párpados cada dos segundos. Se giró, apartando los trastos de la mesa con la cola, y se dirigió en otro rincón, en el lado opuesto que había tomado Terrador.

— Como digas —Dijo Cyril, no necesitaba elevar la voz porque el salón estaba completamente callado—, ya veía que te estabas tomando muy en serio tu palabra. Bueno —Se puso en el piso, rendido—, me voy a dormir. No veo razón para seguir con esto. Y tú…

En el momento que señaló a Volteer con la mirada, éste dio un brinco de asombro. Su cara parecía confundida, como si recién se levantaba de un profundo sueño. Lo miró, aplicando un gran esfuerzo por mantener los ojos abiertos.

— ¿Si…? —Preguntó él, con sueño.

Pero Cyril le importó muy poco el estado soñoliento de Volteer, que había empezado a caer dormido, y continuó con tono de aburrimiento.

— Iremos mañana, Volteer. Así que tendremos que prepararnos —Dijo y se acostó, cerrando los ojos.

— Creo que así será… —Y Volteer se desplomó, como muñeco sin cuerdas, al piso, y roncando con fuerza.

Antes de quedarse dormido, Terrador pensó:

— « Sólo espero que tenga razón, estoy haciendo lo mejor para todos. No quiero que nadie más sufra… ¡Ay Ignitus! Ojala esté haciendo lo correcto. »