Levi

Mi vida estuvo llena de pérdidas; la muerte de mi abuelo, mi padre, mi madre y mi tío, hicieron de mí una persona seria y poco expresiva, pero nunca faltaron las personas que me quisieron y apoyaron en los momentos más difíciles, como mi bisabuelo Patrick y, en especial, ella.

Esa mocosa era una escurridiza sanguijuela que se adhirió a mi corazón muy fuertemente. Ocupaba todo mi tiempo y mis pensamientos. Mis ganas de verla, de estar con ella y de compartir mi tiempo a su lado, era casi una cura para todos mis males. Con Mikasa era otra persona: mi mal humor se iba y no era tan serio como lo era con los demás e incluso con mis amigos. Con el paso los años comprendí que no quería perder a esa mocosa, lo que me llevó a cometer el error de mi vida por creer que, por amarla, iba a acabar mal nuestra fuerte amistad de muchos años. Así que, como todo estúpido y cobarde, la cambié por otra. Y eso fue casi el fin de nuestra relación, hasta que ella no soportómás y dijo las palabras mágicas que me volvieron a llevar a la vida después de años de ser casi un infeliz con la persona equivocada.

Despertar con la calidez que emanaba del cuerpo de mi acompañante fue reconfortante y excitante a la vez. Su cuerpo desnudo, cubierto por la delgada sabana, era una visión que sólo los dioses griegos se podían dar el lujo de apreciar. Pero ahí estaba yo, viéndola dormir después de una noche de bodas que, para mí, sería algo inolvidable. Romper las barreras de su virginidad fue el cielo, y el hecho de haber sido uno con ella, corroboró la magnitud del amor que albergaba y sentía hacia esa jodida mocosa.

Mirando el reloj dispuesto en la mesa auxiliar al lado de la enorme cama, pude darme cuenta que era muy entrada la mañana, iban a ser las once. En un día normal nunca, pero nunca, seguiría en cama a esas horas de la mañana. Sin embargo, no era un día normal. Era nuestra luna de miel en Rio de Janeiro. Como era domingo, teníamos toda la semana entrante para recorrer juntos y disfrutar de las maravillas del lugar.

Decidí levantarme de la cama y darme una ducha. Con sumo cuidado me moví para no despertar a la chica que dormía tranquila y profundamente a mi lado. Me levanté y mis pies, automáticamente, se dirigieron al cuarto de baño. Antes de entrar a éste la observé por unos cuantos segundos, contemplándola. Mikasa se removió un poco, pero seguía dormida. Ella es bella y exquisita. ¿Cuánto la amo? Pues, la verdad, no lo sé, creo que ese número no existe. Sonreí para mis adentros y me metí a la ducha. Mientras tomaba mi ansiado baño, recapitulé todo lo que sucedió el día anterior, el día de nuestra boda.

Desde tempranas horas de la mañana del sábado, los molestos golpes en la puerta de mi temporal habitación me hicieron abrir los ojos de golpe. ¿Quién jodido me molestaba tan temprano?, dije para mí mismo. El "ya voy" que le siguió no fue muy amable que digamos. Me levanté, fastidiado, a abrir la puerta y así calmar el molesto ruido. Y el jodido causante de tal alboroto no era nada más ni nada menos que Erwin.

― ¿Está listo el novio? preguntó con su habitual seriedad.

Estoy tan listo que me casaré en pijama dije con notable sarcasmo, mientras me daba una breve mirada.

Eso no lo creo, primero te mueres si no te das un baño lo fulminé con la mirada, cosa que ya no hacía mucho efecto a esta altura, pero la costumbre no se iba.

Al final, acaté la orden, dejándolo en la puerta y dirigiéndome al baño.

Como digas. Espera abajo, Erwin. Me baño y arreglo, y de paso también me acompañas a la empresa a hacer unas diligencias.

Estás demente si crees que te dejaré ir a la empresa el día de tu boda, maniático me sentenció Erwin.

¿No tienes que estar con tu loca? pregunté exasperado. Por cierto,¿dónde la dejaste? Lo raro es que no esté por aquí jodiendo.

Está con la novia. Esas dos se volvieron muy amigasrespondió, mientras se despegaba del marco de la puerta. Te espero abajo, Levi. escuché la puerta cerrarse desde el baño.

Y si ese hombre decía que no iría a la empresa, no lo iba a hacer. Lo conocía muy bien, demasiado bien, y su determinación era como la de una viga de concreto: inamovible.

Una vez limpio e impecable, bajé a tomar el desayuno y, en el comedor, ya me esperaban el viejo Patrick y Erwin. Saludé a mi bisabuelo y me senté en el lugar que siempre usaba.

¿Cómo van las remodelaciones en la habitación? – indagó curioso el bisabuelo cuando tomé asiento.

Muy bien, ya están terminando. Una vez que estemos de regreso de la luna de miel, estará lista. Erwin recibirá en mi ausencia contesté mientras me servía en una taza té.

Mikasa es muy exigente, te pone en tu lugar sonrió el viejo . Pero me alegra que hayan decidido vivir aquí, este viejo necesita compañía.

Fue una exigencia de la novia habló Erwin, divertido – Sino, no había boda.

Miréal rubio con claro fastidio por el dato innecesario que soltó, el cual hizo reír a Patrick. Cambié inmediatamente de tema antes que siguiera haciendo más comentarios sobradosal respecto.

Erwin, ¿están listos y revisados los pasajes, el vuelo a Brasil y la reservación del hotel?

Todo está listo, por millonésima vez que te digo lo mismo – observé cómo rodó los ojos, pero no me importó mucho. Si fuera por mí, preguntaría cuantas veces sean necesarias para asegurarme de que todo quedara perfecto.

Erwin, al ser mi padrino, se encargó de hacer todos los preparativos de la luna de miel, sin mencionar él corrió con todos los gastos como regalo de bodas. Lo cierto es que el viaje era una sorpresa, la novia no sabía el destino ni nada referente a ese tema. Y, cada vez que la mocosa preguntaba algo que tenga que ver, yo, como todo un experto en ignorar, hacía oídos sordos y cambiaba el tema al instante.

El día transcurrió de lo más normal con el ajetreo en la mansión, pues la recepción se llevaría a cabo en su gran jardín trasero. Inspeccioné cada uno de los movimientos de los decoradores y acosé de vez en cuando a la organizadora para que todo fuera perfecto y la boda con la que soñaba mi amada novia fuera un recuerdo inolvidable.

Decir que estaba nervioso a la hora llegada, era quedarse corto. Cuando arribamos a la capilla todo estaba listo, ordenado y limpio, los invitados comenzaron a llegar y entre éstos los padres de la novia avisando que todo podía dar inicio. La novia estaba en la puerta de entrada, los invitados se sentaron en las bancas que disponía la capilla y la marcha nupcial comenzó a sonar por todo el lugar. Mi pulso se aceleró de repente, y las manos me comenzaron sudar. Eso último era un poco asqueroso, sí, pero lo dejé pasar sólo por esta vez, ya que era gracias a los nervios y la felicidad que sentía. Sí, estaba jodidamente feliz, aunque no lo demostrara. Tampoco era como si que iba a ponerme a saltar en un pie, pero estaba, en verdad, muy feliz.

Mis ojos no se apartaron de las grandes puertas, hasta que éstas se abrieron y empezaron a entrar las damas de honor. Cuando todas ya estuvieron dentro, mi atención se centró en la chica en avanzaba del brazo de su padre. Prácticamente olvidé cómo respirar cuando la vi caminar hacia mí, tan lento que se me hizo eterno.

Y ahí estaba Mikasa, envuelta en ese vestido blanco que la hacía ver aún más hermosa de lo que ya era. Un vestido sencillo de encaje en la parte superior, con un fondo liso estilo corazón, acentuando su pequeña cintura estaba un cinturón de pedrería y,debajo, una gran falda estilo campana de tul tan larga que cubría sus zapatos. Su cabello estaba recogido en un elaborado moño, adornado con una corinilla de piedras brillantes que hacían juego con sus ojos llenos de felicidad y su sonrisa que iluminaba todo mi mundo.

En ese instante me pregunté quéjodida mierda había hecho para merecerla. Le ocasionétanto daño eligiendo a otra persona antes que a ella y, aun así, aquí estaba pronta a ser mi esposa.

El día de navidad en que ella se me confesó, me sentí tan aliviado al saber que guardaba los mismos sentimientos hacia mí. Y, en ese preciso momento, decidí que era a ella a quien quería para mi futuro. En ese jodido instante, Petra pasó a segundo plano, no me importaba más que Mikasa. Tenía que dar fin a mi relación con Petra y eso lo haría esa misma noche. Me marché de la mansión con el propósito de alcanzar a la chica en mi departamento, pero cuando llegué no la encontré, y todo daba claros indicios de que no se había aparecido por allí.

Así pasaron los siguientes días sin saber nada de ella. Fue de mi conocimiento que, a los pocos días después de navidad, renunció a su puesto como secretaria de la madre de Mikasa. En año nuevo no la miré y yo, en lo personal, no quise aparecer por la mansión hasta dar por terminada mi relación con Petra y, de esta manera, poder compartir con Mikasa. Una semana después de año nuevo, Petra llegó al departamento y, cómo no, haciendo un escándalo de los mil demonios. Llena de ira y rabia, sacó sus cosas, dejando un desorden por toda mi habitación, cosa que a mí irritó de sobremanera, pues sabía que lo hacía a propósito.

Eres un bastardo, Levi Ackerman. ¡Te odio! gritaba Petra antes de salir del departamento.

Deja de chillar, Petra.

No te importa, ¿verdad? – demandó ella. La verdad que sí me importaba, pero ahora me lo estaba haciendo difícil. No te interesa porque nunca me amaste de verdad.

No seas ridícula. No discutiré esto contigo en tu estado, que está siendo irritante, por cierto. Y sabes bien que, eso que dices, no es verdad.

¡Mentira! – volvió a chillar . ¡Te odio! Desperdicié mi tiempo contigo. ¡TE ODIO! Vete ya con esa zorra de Mikasa, los dos se merecen. ¡Son unas mierdas!

No hables así de Mikasa, te lo prohíbo – dije, ya con mi paciencia marchándose junto con Petra.

Pero en ese mismo instante en que yo defendía a Mikasa, Petra tomó en sus manos una lámpara de la mesa en el recibidor y la lanzo hacia mí. Gracias a mis buenos reflejos y su terrible puntería, pude esquivar la lámpara, provocando que ésta se rompiera contra la pared de la sala.

Estás loca! – dije alarmado mirando la lámpara hecha añicos y luego a ella.

¡Tú no me prohíbes nada, maldito, te odio! – dicho esto,agarró sus cosas y salió dando un portazo que, de seguro, se escuchó hasta en el recibidor de la planta baja.

Menuda escena que había montado Petra. Fue irreconocible, la dulzura de su carácter se había ido a la mierda y lo único que había en ella era ira y resentimiento. No la culpaba, había roto su corazón y, en el proceso, sus esperanzas de una familia conmigo (que era lo que ella tanto añoraba) también. Pero, para mí, había sido un alivio que Petra se marchara con sus cosas. La quería, sí. Pero no la amaba como amo a Mikasa.

Sí, soy un egoísta porque aquí estaba Mikasa junto a mí en el altar.

Dispersando esos malos recuerdos de Petra que acudieron a mi mente, me concentré en el sacerdote y en lo que decía. En definitiva, soy un pendejo de mierda con suerte. Después que Mikasa dijo el "sí, acepto" todo para mí fue nada más que alivio, y ahora tener a la mocosa todos los días sólo para mí, era lo mejor que pude haber pedido.

―Mmm, Levi – ronroneó Mikasa, aun acostada en la cama―. ¿Dónde estás?

―Aquí estoy, mocosa. Sólo me daba una ducha ―dije mientras salía del baño.

Observé a Mikasa sonreír aun medio dormida.

―Te amo ―nos dijimos al mismo tiempo.

Ella volvió a sonreír y yo me incliné a darle un apasionado beso.

Mikasa Ackerman es más que perfecta para mí…


Wao eso fue difícil de escribir temía que un poco que la personalidad de Levi se me fuera por el caño, pero según mi bella beta quedo excelente mmm haré como que le creeré y lo publico pero obviamente ya esta revisado y corregido por ella, espero que les guste y cualquier comentario (los cuales me emocionan), lo dejan ya saben donde.

Les quiero recomendar una historia que esa muy muy muy muy linda, es de mi bella Beta, se llama Mi Vampira de Akane Shiraooka y se que la van a amar tanto como yo.

Me despido PERO antes les contare que tengo otra historia cocinándose por ahí, pronto la comenzare a publicar, y otra vez espero que les haya gustado esta historia que aquí SI llega a su fin y no olviden de agradecer a mi bella beta por darme los ánimos y el apoyo de hacer esto.

Besos :x... Grethell.