2. 'CAUSE YOU SAY IT BEST WHEN YOU SAY NOTHING AT ALL

(Sophomore Year)

Suspender Literatura Rusa, eso sí que es algo que no pilla a Chloe por sorpresa.

Aunque al principio no sabe muy bien de qué se trata, y responde la llamada de un número desconocido un miércoles por la tarde porque le da por pensar que a lo mejor es su madre intentando ponerse en contacto con ella desde la oficina, en cuanto la voz femenina al otro lado de la línea le informa que llama de parte de la Secretaría de Barden, lo sabe.

- ¿Se ha puesto en contacto contigo el profesor Smirnov? – le pregunta la secretaria de la universidad.

Chloe cierra los ojos y asiente para sí misma. Ese es el nombre de su profesor de Literatura Rusa, y ese examen, junto con los de otras dos asignaturas, fueron los que peor le salieron. Quizá debido a que no estudió lo suficiente, no se esforzó lo suficiente.

- No, no he recibido nada – responde la pelirroja.

- Bueno, lo más probable es que lo haga en los próximos días – suspira la mujer –, pero de todos modos debemos tratar un tema importante. Supongo que ya sospecharás de qué se trata.

- No puedo graduarme.

- Correcto – afirma al otro lado de la línea, y Chloe puede escuchar el breve golpeteo de uñas sobre las teclas de un ordenador –. Te faltan los créditos correspondientes a la asignatura de Literatura Rusa, ya que no has aprobado el examen final.

- ¿Eso significa que debo volver a hacer una matrícula entera o puedo ir solo a las clases que me faltan? – inquiere Chloe, mordiéndose el labio inferior con preocupación al pensar en la cara que pondrá su madre cuando le diga las noticias y lo que suponen para su cuenta bancaria.

No es que tengan problemas de dinero, ya que su padre ganó bastante antes de fallecer, y su madre es una exitosa abogada en un importante buffet con presencia en todos los estados de América; pero no cree que se alegre mucho al saber la cantidad de dinero que deberá desembolsar una vez más.

Definitivamente va a tener que buscarse un trabajo este verano para poder poner un poquito de su parte.

- Solo será necesario que pagues por los créditos que te faltan – informa la secretaria.

Pensativa, Chloe se da cuenta de que eso supone que únicamente tendrá que ir a las clases de Literatura Rusa. Lo que a su vez supone que tendrá un montón de tiempo libre. Su mente inmediatamente flota hasta las Bellas, ahora lideradas por Beca y Amy, y se pregunta si la aceptarán de vuelta. O si quizá no querrán tener nada que ver con ella, si quizá querrán empezar una nueva generación de Bellas.

Borrón y cuenta nueva.

Así que decide no contárselo a nadie. A pesar de que sus pulgares vuelven a estar suspendidos en el aire sobre las teclas una vez abre la conversación que tiene con Beca para responder a los mensajes que no había leído por culpa de la interrupción de la llamada. La tentación de sorprenderla con la noticia es muy fuerte, pero al final termina tecleando una risa y diciéndole que está segura de que una tarde de compras con su madre no puede ser tan horrible como la hace sonar, y pronto se olvida del tema con los emojis de sufrimiento que Beca le manda apenas medio minuto más tarde y sus súplicas de que vaya a salvarla.

En su lugar, opta por seguir un camino diferente. En su lugar, llama a Aubrey.

- ¿Que qué? – exclama su mejor amiga al otro lado del teléfono –. Te lo dije, Chloe – le regaña, de esa forma en que solo Bree sabe y que hace sentir a Chloe como si volviera a tener cinco años y hubiera vuelto a desobedecer a su madre –. Sabía que no estabas estudiando lo suficiente. ¿Recuerdas que te lo dije y me llamaste exagerada?

- ¡El examen fue muy difícil! – intenta justificarse de alguna forma, aunque sabe que es inútil.

- ¡Claro que fue difícil! ¡El día anterior no llegaste a casa hasta las cuatro de la noche y con el cuello lleno de marcas!

Y, vale, puede que Aubrey tenga razón.

Puede que se dejase arrastrar por Stacie a fiesta tras fiesta. Puede que se emborrachase, se acostase con alguien de quien ni recuerda su cara, y luego fuese al examen de Literatura Rusa al día siguiente con una resaca horrorosa y ganas de vomitar solo de pensar en Dostoievski.

Puede que Chloe sea plenamente consciente de que se comportó de manera bastante irracional durante la época de exámenes, pero que no sepa todavía por qué.

- ¿Crees que me aceptarán de vuelta en las Bellas? – pregunta una vez Aubrey termina de echarle la reprimenda de turno y elaborar cien mil planes de ataque.

- Chlo… – suspira su mejor amiga. Hay una densa pausa en la conversación en la que solo se escucha la estática de la conexión telefónica y sus respiraciones, entonces la rubia chasquea la lengua –. Beca sería una estúpida si no te aceptase de vuelta. Eres la única que puede evitar ese desastre esperando a pasar.

Y quizá es tonto, pero la pelirroja se siente mil veces mejor tras escuchar esas palabras. Deja escapar una risa húmeda y rápidamente aprovecha que Aubrey está distraída para distraerla más todavía y hacer que se olvide del motivo principal de que la haya llamado.

A pesar de todo, Chloe decide presentarse a las audiciones de las Bellas una vez más. Así que el día de las audiciones, entra en el auditorio y, desde el otro lado de las cortinas, observa la postura confiada de Beca reclinada en las butacas con los pies cruzados en el respaldo de la fila de delante. Se le escapa una risa cuando la morena da por comenzadas oficialmente las audiciones con un comentario sarcástico de los suyos y un movimiento de cabeza.

- ¿Quién de vosotros perdedores va primero? – inquiere la DJ, su voz alzada para que se escuche por detrás de las bambalinas, donde todos los candidatos están esperando su turno.

Tommy se asoma y, al ver a Chloe esperando, su rostro se convierte en una obvia máscara de sorpresa. La pelirroja le saluda con una mano y le regala una de sus sonrisas más encantadoras que tiene al joven ruborizándose en cuestión de milésimas de segundo. Le hace un gesto para preguntar si puede ser ella la primera en salir al escenario y Tommy comparte una mirada con su amigo Justin.

Ambos se encogen de hombros y asienten, de modo que Tommy se hace a un lado, sujetando la cortina para que pase. Chloe le regala un guiño y entra en el escenario con confianza.

Los Trebles comienzan a cuchichear entre ellos nada más la ven aparecer. CR, Jessica, Ashley y Lilly dejan escapar exclamaciones ahogadas de sorpresa cuando la pelirroja se queda parada en el centro, a la espera de que Stacie, Amy la Gorda y, sobre todo, Beca, alcen la mirada de las hojas que tienen en sus manos.

Cuando por fin lo hacen, sus expresiones de sorpresa y confusión casi arrancan una risa a Chloe, quien tiene que morderse la lengua para no reírse de ellas.

- ¿¡Chloe?! – exclama Beca, ahora sentada con la espalda recta y en el borde de la butaca.

- Esa soy yo – se burla la pelirroja con una pequeña reverencia.

- ¿Qué haces aquí? – pregunta la morena.

- ¡Sorpresa! – agita ambas manos en el aire mientras canturrea la palabra –. Resulta que suspendí una asignatura y no pude graduarme, así que estoy de vuelta en Barden – se encoge de hombros para mostrar su despreocupación con el tema y así suavizar las expresiones de compasión de sus amigas y excompañeras.

- Vale, pero ¿qué haces aquí? – se repite Beca, señalizando con violentos aspavientos de sus manos hacia el escenario.

- Ah, vengo a ver si me aceptáis de vuelta entre las Bellas – cruza las manos detrás de la espalda para disimular el nerviosismo que en verdad le provoca que se nieguen.

- ¿Estás de coña? – Chloe contiene una mueca ante la brusquedad con la que la exclamación escapa de la boca de la DJ –. ¡Claro que sí! ¡No necesitas ni hacer la audición! – asegura Beca, su rostro iluminado con la ilusión.

Chloe mira a las demás Bellas para asegurarse de que estén de acuerdo con la decisión de su capitana, pero todas las chicas están asintiendo con sus cabezas y sonriéndole con emoción y mal disimulado alivio. Su corazón da un brinco cuando Beca le grita que se baje del escenario de una vez y se siente con ellas, y Stacie se mueve un asiento más a la izquierda para dejarle hueco al lado de la capitana.

Ambas amigas comparten una sonrisa emocionada y Beca ordena que el siguiente perdedor entre, dejando que los Trebles tomen las riendas de las audiciones de momento.

- Me alegro de que estés aquí, Chloe – dice CR cuando salen todas juntas después de las audiciones –. No por mal – se disculpa con Beca por anticipado por lo que va a decir –, pero no la veíamos capaz de llevar las riendas del grupo ella sola sin cagarla.

- ¡Oye, habría contado con mi ayuda! – se queja Amy la Gorda, indignándose ella por la DJ, quien se limita a encogerse de hombros y asentir para darle la razón a la afroamericana.

CR no dice nada más, pero la mirada que le lanza a Chloe habla por sí sola, y esta, una vez más, tiene que morderse la lengua para evitar que se le escape una risita.

- Aunque he de decir que me alegro de que hayas vuelto, pelirroja – continúa diciendo la australiana, posando una pesada mano en el hombro de Chloe –. La corona de co-capitana es muy pesada y habría terminado con una joroba que habría arruinado mi belleza aborigen.

- Yo me alegro de que mi compinche esté de vuelta – celebra Stacie con un guiño lento y sensual –. Ninguna de ellas es tan buena a la hora de ayudarme a ligar como tú – se lamenta, girando su mano en un gesto que abarca a las demás Bellas.

Chloe ríe y deja que la calidez que florece en su pecho crezca y se expanda en una ola que abarca todo su cuerpo cuando las Bellas siguen demostrando su alegría por su retorno. La única que se mantiene sospechosamente callada, a pesar de reír con las demás y soltar algún que otro comentario sarcástico, es Beca.

Cuando las Bellas se despiden y cada una se marcha por un camino, Beca es la única que se queda rezagada. Su mano toca el brazo de Chloe en un roce suave, un poco inseguro, y cuando la pelirroja se gira para mirarla, a la morena le lleva un par de segundos alzar los ojos del suelo para cruzarlos con los de ella.

A Chloe se le hace rara tanta timidez cuando se han pasado gran parte del verano hablando por mensajes.

- ¿Quieres tomar un café? – propone la DJ con una sonrisa suave.

La respuesta de Chloe está más que clara. Juntas emprenden en un cómodo silencio el corto camino hasta la cafetería de siempre, donde ocupan la mesa de siempre una vez tienen sus respectivos cafés.

- ¿Por qué no me dijiste que ibas a volver? – pregunta Beca después de unos largos minutos sentadas en silencio, cada una perdida en sus pensamientos mientras miran a través de la ventana a puntos diferentes.

Chloe tuerce la boca y sus dedos juguetean con la taza caliente que reposa entre sus manos. Casi sonríe cuando recuerda la última vez que hizo lo mismo en una situación similar. Aquella vez todavía no se había dado cuenta de muchas cosas, pero ya comenzaba a sospechar la importancia de la pequeña morena sentada al otro lado de la mesa.

Recuerda haber estado segura de que iba a suponer un cambio en su vida, y no estaba equivocada.

- Me daba un poco de vergüenza – confiesa Chloe en un suspiro –. ¿Estás…? ¿Estás enfadada?

- ¿Qué? ¡No! – le asegura Beca rápidamente, y su mirada se mantiene firme para demostrar que va en serio –. ¿Me gustaría que me lo hubieras contado?, pues sí. Pero entiendo que todos a veces necesitamos tener secretos – se encoge de hombros.

- ¿Cuáles son los tuyos, Mitchell? – inquiere la pelirroja con una sonrisa torcida y cejas arqueadas que suben y bajan de manera sugerente.

Algo cruza como un relámpago por el rostro de la morena, pero es tan breve y fugaz que Chloe no tiene tiempo de ver qué es exactamente. Beca curva sus labios en una sonrisa torcida y sacude la cabeza al reírse.

- Si te los contase dejarían de ser secretos, te das cuenta de eso, ¿verdad?

- Buuuu, aguafiestas. – abuchea Chloe convirtiendo sus labios en un puchero.

Comparten una risa que se apaga paulatinamente. Beca baja la mirada a su café y Chloe observa cómo juguetea con los anillos que adornan sus dedos.

- No es nada de lo que estar avergonzada, por cierto – dice la morena finalmente, después de lo que ha sido un claro debate consigo misma –. Y ya que estoy siendo sincera… – suspira, poniéndose los ojos en blanco a sí misma como si no se pudiera terminar de creer que estuviera haciendo esto –. Me alegro de que hayas vuelto.

Su azul medianoche está turbio con emociones, pero entre las que la pelirroja puede identificar claramente encuentra sinceridad y una calidez que causa que su estómago empiece a cosquillearle por el revoloteo de las mariposas.

Esboza una sonrisa y alarga una mano a través de la mesa. Beca le sorprende gratamente cuando despega su mano de su taza de café, y no hace amago alguno de ir a encontrarse con ella a medio camino, pero Chloe sabe que ese pequeño gesto ya le ha supuesto un gran esfuerzo.

De modo que ella se encarga de atrapar los dedos de Beca, normalmente fríos, pero ahora cálidos por el calor que desprende su café, entre los suyos para darles un apretón agradecido.


Lo bueno de tener solo dos horas de clase a la semana, es que deja a Chloe con mucho tiempo libre en sus manos.

Lo primero que hace es marchar a la oficina del decano para reclamar la casa que legítimamente pertenece a las Bellas por haber ganado el Campeonato Nacional de A Cappella. Se quedó horrorizada cuando, no solo Beca no tenía ni idea de a qué se refería al preguntarle si podía mudarse a la casa con ellas, sino que se limitó a encogerse de hombros con despreocupación ante la indignación de la pelirroja.

A la mañana siguiente de tomar café con Beca, se planta frente a las puertas cerradas del despacho del decano y no permite que la desagradable secretaria la eche de allí hasta que haya hablado con el decano. Al final, montan tal escándalo con su discusión que el propio profesor Johnson termina saliendo de su oficina para ver qué está ocurriendo.

- No entiendo a qué viene esto, señorita Beale – se disculpa el hombre, estirando las manos en señal de inocencia.

Sin rodeos, Chloe saca el trofeo del Campeonato Nacional de A Cappella que llevaba en el bolso y lo deja con un golpe seco sobre la mesa de caoba del decano.

- Nos debe una casa.

La copa reluce bajo el sol que entra a raudales a través de las amplias ventanas del despacho y su reflejo golpea al profesor Johnson en la cara, cegándole. Se inclina hacia delante para evitar que el destello le dé en los ojos y gira el trofeo hasta que puede leer la inscripción.

Barden Bellas

Campeonato Nacional de A Cappella 2012

- Fuimos el primer grupo femenino de la historia en ganarlo – remarca Chloe, golpeando con su dedo sobre la caoba para dar énfasis a la importancia de ese trofeo.

- ¿Y? – pregunta el profesor Johnson.

- ¿Cómo que y? – exclama la pelirroja, indignada –. Pues que hemos hecho historia y ahora nos debe una casa.

El decano se ríe y sacude la cabeza.

- Verá, señorita Beale, las cosas no funcionan así – intenta explicar.

Y Chloe puede ser muy dulce y comprensiva, pero también tiene un lado fiero cuando se trata de defender aquello en lo que cree, o a aquellas personas que le importan. Ya dicen que los pelirrojos llevan fuego en las venas y que es mejor no hacerles enfadar.

- Mire, profesor Johnson, le voy a explicar yo cómo funcionan las cosas – interrumpe con voz escalofriantemente calmada, inclinándose sobre la mesa de caoba para mirar fijamente al decano –. A los Treblemakers les dio una casa la primera vez que ganaron el Campeonato Nacional de A Cappella, mientras que a las Bellas nos puso problemas incluso para reservar el auditorio. Comprendo que eso pudiera pasar antes, cuando los Treblemakers eran el orgullo de Barden, pero, ahora, el orgullo de Barden son las Bellas.

- Aun así…

- No he terminado – le corta una vez más con solo alzar un dedo –. Si se niega a darnos una casa, habiéndoles puesto tantas facilidades a los Treblemakers y tantos problemas a las Bellas, va a parecer que tiene usted cierta predilección por los grupos masculinos. Y, lamento decirle que, estando ya casi en el 2013, eso no va a quedar bien si, por algún casual, sus superiores se enterasen de ello – toda su apariencia es dulce e inocente, y ve que el decano está teniendo problemas a la hora de relacionar su aspecto con las palabras que está diciendo.

- ¿Acaso me está amenazando? – sisea el profesor Johnson, incrédulo.

- Para nada – le asegura Chloe, parpadeando varias veces con su mejor cara de angelito –. Solo le estoy advirtiendo de lo que podría ocurrir – se encoge de hombros y recupera su trofeo, acunándolo en sus brazos como si fuera un bebé –. Usted verá lo que quiere hacer.

Sin dejarle responder, la pelirroja gira sobre los tacones de sus cuñas y se marcha de la oficina con un revoloteo de la falda de su vestido floreado. Le regala una sonrisa victoriosa a la secretaria, quien la fulmina con la mirada, pero Chloe sabe que acaba de ganar y nada podrá arruinar su buen humor.

Lo segundo que hace, es apuntarse a un taller de arte los martes y jueves. Pintar es algo que siempre le ha gustado mucho hacer, es terapéutico para ella. Se pone su música y se pierde en el roce de un lápiz sobre el papel o el de un pincel sobre un lienzo, es capaz de desconectar completamente hasta el punto de perder la noción del tiempo y el espacio. Y lo mejor es que no solo abarcan la pintura, sino también la escultura y la fotografía.

Conoce un montón de gente guay en sus clases con los que a veces queda para tomar café, ir a museos y exposiciones, y discutir apasionadamente sobre mil y un temas de la vida. Por fin tiene tiempo para leer todos esos libros que forman una peligrosa Torre de Pisa en su mesilla, ver serie tras serie, hacer deporte, explorar su lado artístico…

Además, lo bueno de tener tanto tiempo libre en sus manos, es que Chloe puede dedicar gran parte de él a estar con las Bellas.

Se convierte en una especie de mamá/hermana mayor/mejor amiga para todas y cada una de las chicas que conforman su familia. Las cuida, las mima, les regaña, las apoya. Día tras día, descubre más cosas sobre ellas que solo consiguen que quiera más a esa panda de bichos raros, o frikis maravillosas, como Beca las llama.

Hace manualidades con Jessica, ayuda a Flo a mejorar su pronunciación en inglés, va de compras y sale de fiesta con Stacie, aconseja a Cynthia Rose en los temas del corazón, hace bisutería casera con Ashley y habla con la presencia silenciosa de Lilly, quien nunca le contesta, pero sabe que aprecia sus conversaciones unilaterales porque más de una noche se ha encontrado bolas mojadas de papel de váter en su mesilla y supone que son regalos.

Disfruta al máximo de las tareas que le toca compartir con las chicas. Los lunes hace la cena con Flo, los miércoles ayuda a Stacie a recoger la comida, los jueves limpia la casa junto con Jessley – el nombre que le dan a Jessica y Ashley ya que parecen estar unidas como siamesas –, los domingos va a comprar con Beca.

Todos los días son sus favoritos, pero los jueves son de los más divertidos, lo cual ya es decir bastante considerando que fregar platos convierte a Stacie en una máquina de anécdotas que más de una vez han logrado que Chloe termine llorando de la risa y pidiéndole por favor que pare.

Los jueves, sin embargo, la casa está completamente vacía a excepción de Jessley y ella; y lo bueno de estos momentos es que a las tres les gusta trabajar con música. De modo que Chloe conecta su móvil al sistema de sonido que Beca instaló en la casa antes incluso de mover sus cosas a su habitación, pone una de sus playlists de Spotify y, con la música a todo volumen, limpia la cocina, el salón, el aseo y la habitación de la entrada que sirve más como sitio donde guardar trastos y cosas que abultan mucho.

Hoy es jueves, y, además, jueves de musicales. Jessica se sube la aspiradora a la buhardilla, Ashley se sube al baño del segundo piso para limpiarlo a fondo y Chloe se queda en su planta asignada, la planta baja, todo mientras su playlist de musicales se reproduce a todo volumen y llena la casa de música.

La pelirroja baila a través del salón con el plumero en la mano mientras canta, y en las pausas, puede escuchar como Jessley hacen lo mismo desde sus respectivas plantas. Termina con el salón y gira sobre sí misma en tres círculos consecutivos hasta cruzar hacia la cocina, justo a tiempo para que acabe la canción y comience a reproducirse la siguiente.

- ¡Sonrisas y lágrimas! – se escucha gritar a Ashley, emocionada, cuando reconoce el ritmo.

Chloe sonríe, sabedora de que es su musical favorito, y sube dos tonos más el volumen.

- Gotas de lluvia y pequeños gatitos, cazos de cobre y guantes bonitos – canta, dando una vuelta para quedar parada frente al fregadero, donde el cubo de la fregona está llenándose de agua –. Sobres atados con un cordel gris, son cosas simples que me hacen feliz.

Cierra el grifo una vez el agua alcanza la mitad del cubo y agarra el asa para sacarlo del fregadero. Abre uno de los armarios donde están todos los productos de limpieza y vuelca un generoso chorro de detergente en el agua que hace espuma una vez mete la fregona y la hace girar entre las palmas de sus manos.

- Trajes azules y verdes montañas, copos de nieve sobre mis pestañas, la primavera, comer regaliz… Son cosas simples que me hacen feliz.

Baila con la fregona mientras la desliza sobre el suelo de la cocina, dando giros sobre sí misma o usándola como si fuera un compañero de baile.

- Si estoy triste, sin consuelo, si me encuentro mal… – su voz dulce se alza con la letra de la canción. Dibuja un semicírculo con la fregona en el suelo y la devuelve al lado de sus pies, se desliza sobre las baldosas que todavía están secas y hace que la fregona siga sus movimientos con un serpenteo –. Recuerdo las cosas que me hacen feliz, ¡y logro alejar el mal!

Alguien aplaude tras ella y Chloe, que no ha escuchado a nadie entrar en la cocina, da un brinco por el susto. Gira sobre los talones de sus zapatillas de andar por casa y descubre a Beca recostada contra el umbral de la cocina, al que la pelirroja estaba dando la espalda.

- ¡Becs! – exclama, posando una mano sobre su acelerado corazón – ¡Me has asustado!

La DJ deja de aplaudir y cruza los brazos en su pecho, cejas arqueadas y una sonrisa burlona en la cara.

- Por qué no me extraña que te sepas esa canción de memoria – comenta, y su sonrisa se tuerce y se ensancha al ver que Chloe parece ligeramente avergonzada por haber sido pillada.

- La clave está en los pequeños placeres de la vida – responde la pelirroja por encima del hombro mientras termina de fregar el pequeño rincón que le faltaba.

Beca se ríe y se despega del umbral de la puerta cuando Chloe recula de espaldas hasta él, haciéndose a un lado para permitir que pase la fregona y termine la cocina. La pelirroja deja la fregona una vez más en su cubo y se gira para mirar a la morena, quien todavía tiene restos de risa chisporroteando en sus oscuros ojos azules.

- Oye, por mí no te cortes – dice Beca, extendiendo las manos para indicar que le da igual.

Chloe abre la boca para responder, pero la canción de Sonrisas y Lágrimas termina para dar paso a una nueva, y sus palabras se atascan en su garganta cuando coge aire excitadamente al reconocer el ritmo.

Pop. Six. Squish. Uh uh. Cicero. Lipschitz!

And now, the six merry murderesses of the Cook County Jail in their rendition of the Cell Block Tango

Azul bebé se ilumina cuando el ritmo de la canción arranca y comienza a coger velocidad, y su boca entreabierta se curva en una sonrisa traviesa. Su atención se fija en Beca, quien parece comprender lo que está a punto de pasar cuando ya es demasiado tarde.

- No, Chloe… – intenta advertir, apuntando a la pelirroja con un dedo y dando un paso atrás.

Pero la pelirroja no hace ni caso y acorta la nueva distancia en apenas dos zancadas cargadas de sensualidad para las que menea las caderas más de lo estrictamente necesario. Llega junto a Beca a tiempo para atrapar su menuda cintura entre sus brazos y pegar sus cuerpos al mismo tiempo que la percusión se transforma en una melodía completa.

Chocan la una con la otra y una exclamación ahogada de sorpresa cae de la boca de Beca, quien rápidamente la cierra con tanta fuerza que Chloe escucha sus dientes chocar. Su agarre se vuelve más firme para prevenir que la pequeña morena intente huir y mueve sus caderas con cada brusco golpe de la melodía.

- No pienso… – una vez más, Beca intenta negarse a seguirle la corriente.

Y, una vez más, Chloe la ignora con una sonrisa malévola en sus labios. Uno de sus brazos abandona su cintura para bajar desde el hombro hasta la muñeca de Beca, donde Chloe hace girar su mano de forma que sus dedos apunten hacia abajo y pueda entrelazarlos entre los de la morena.

Agarra su mano y la obliga a alzase hasta que están en posición de baile. Entonces, Chloe empuja a la DJ con sus caderas de forma que no le quede otra que mover los pies de donde los tiene plantados para evitar caerse. Antes de que Beca pueda darse cuenta de lo que está pasando y, por lo tanto, oponerse a ello, Chloe la tiene bailando un torpe intento de tango por el salón.

- He had it coming, he had it coming. He only had himself to blame – le canta Chloe, y Beca gruñe y pone los ojos en blanco –. If you'd have been there, if you'd have heard it, I betcha you would have done the same!

Chloe aprovecha para interponer su pierna detrás de las de Beca, haciendo que tropiece con ella, y utiliza el impulso para agarrar con firmeza la menuda cintura de la morena y tumbarla hacia atrás.

La incorpora con agilidad y la hace girar una vez antes de fusionar sus cuerpos de nuevo. El rostro de Beca es una máscara de incredulidad y restos de sorpresa por el movimiento repentino.

- No me puedo creer que estemos haciendo esto – se queja.

Permite que su co-capitana la haga girar y vuelve a chocar con su cuerpo firme. Chloe le regala una sonrisa cuando la resistencia de Beca se evapora y la DJ se relaja entre sus brazos, dejándose hacer como si fuera una marioneta en manos de Chloe.

- En el fondo lo estás disfrutando – le dice con un guiño pícaro.

- Lo que tú digas, Beale – responde Beca, su tono seco y sarcástico.

Pero Chloe está volviéndose toda una experta a la hora de leer sus expresiones faciales. Puede ver la tirantez de los labios de Beca, cómo tiene que obligarse a sí misma a curvarlos hacia abajo para luchar contra la fuerza de la sonrisa que se le quiere escapar. Le recuerda a un viaje en autobús, a cantar Party in the U.S.A. y cómo Beca tenía la misma expresión en su rostro mientras fingía estar ignorando a las Bellas.

Azul medianoche chisporrotea con burbujas de diversión, y Chloe ya no tiene que empujar a la morena para lograr que se mueva, sino que la propia Beca es quien cambia sus pies de posición justo a tiempo para convertir su torpe intento de tango en algo más fluido.

Ahora con más facilidad, dan vueltas por el salón mientras Cell Block Tango sigue sonando a través de los altavoces a todo volumen. En el momento en que la sombra de una sonrisa curva los labios de Beca, Chloe sabe que ha ganado esta batalla.

- They had it coming, they had it coming. They had it coming all along – canta una vez el estribillo vuelve a repetirse.

- I didn't do it, but if I'd done it – Beca se une a ella, la sombra se convierte en una sonrisa de oreja a oreja y Chloe deja escapar un gritito emocionado, abrazándola con más fuerza contra ella.

- How could you tell me that I was wrong? – cantan las dos juntas.

Entonces, Chloe tumba otra vez a Beca entre sus brazos y a la morena se le escapa una sincera carcajada.


Lo bueno de tener tanto tiempo libre en sus manos, es que Chloe puede dedicar gran parte de él a estar con Beca.

La amistad entre ambas crece progresivamente, día tras día, a medida que va abriéndose paso por las murallas que rodean el corazón de la morena y descubre cosas de ella.

Por ejemplo, descubre que Beca no permite que nadie toque ni sus cascos, ni su portátil, pero que Chloe, por algún motivo, queda exenta de esa regla. Es algo que averigua cuando, una tarde cualquiera, Beca entra en su habitación con el Mac balanceado en una mano y una sonrisa excitada en la cara.

- Necesito que escuches esto – anuncia, entrando en el cuarto sin llamar ni pedir ningún tipo de permiso.

Chloe alza la mirada del libro que está leyendo y arquea una ceja, divertida, cuando Beca también se toma la libertad de auto invitarse en su cama. La DJ se deja caer sobre el colchón con un ligero rebote y gira el portátil en sus manos hasta que la pantalla está orientada hacia Chloe, quien marca la página en la que se ha quedado y deja el libro apartado a un lado.

- Dale al play – ordena Beca con un gesto de cabeza al ver que Chloe se ha quedado quieta, a la espera.

La pelirroja la mira, sorprendida, pues recuerda claramente que hace apenas unos días Beca amenazó con cortarle la mano a Amy como volviera a hacer el amago de tocar su portátil para enseñarles un vídeo de YouTube. Con algo de recelo, alza una mano y recorre el camino hacia la barra espaciadora del Mac.

- ¡Espera! – la frena Beca, y Chloe casi suspira de alivio –. Se escucha mejor con cascos.

Chloe mira a su alrededor en busca de sus auriculares, su ceño fruncido al no verlos por su mesa, donde normalmente los deja cuando llega de la calle. Entonces, le viene a la mente el recuerdo de habérselos quitado en el salón al encontrarse con Stacie.

- Ah, los míos están abajo – se lamenta –. Espera un segundo que voy a buscarlos.

- No hace falta – le asegura Beca, agitando una mano con despreocupación para detener su amago de levantarse.

A continuación, ocurren dos cosas que hacen que Chloe se quede completamente paralizada. La primera de todas es que Beca le deja el Mac en el regazo. La segunda, es que la morena se aparta ondas castañas para sacarse los cascos que descansaban sobre sus hombros y se los tiende a Chloe.

La pelirroja no reacciona, su cerebro está demasiado ocupado intentando procesar lo que acaba de ocurrir.

- Toma – insiste Beca, agitando los cascos en el aire con ligera impaciencia.

Chloe se descongela, pero sus movimientos son rígidos cuando alza una mano para agarrar los cascos, la otra sujeta el portátil que descansa sobre sus piernas.

- ¿Estás segura? – pregunta, dubitativa, mirando ambos objetos como si de repente les hubieran salido dientes y estuvieran amenazando con morderle.

- Sí, claro – asiente la DJ con otro gesto de su mano que sirve a modo de invitación.

Descubre que Beca le pide su opinión constantemente. La pelirroja estaba acostumbrada a mantenerse en un segundo plano, únicamente cubriendo aquellas zonas a las que Aubrey no daba abasto a cubrir. Sin embargo, con Beca no hay segundo plano. La DJ le consulta hasta la más mínima decisión: eligen juntas la ropa que llevarán, las canciones que incluirán en el mix, qué partes cantará cada una, la coreografía, los pasos de baile de cada una, etc.

Las Bellas también pueden hacer sus propias aportaciones. Algunas veces les hacen caso, como cuando usaron una canción que CR le enseñó a Beca para una actuación en la fiesta de aniversario de uno de sus patrocinadores. Otras veces es mejor ignorarlas, como las constantes peticiones de Amy la Gorda de que la dejen hacer uno de sus pasos del baile de sirenas.

Descubre que su habitación se convierte rápidamente en su lugar de reunión por excelencia. En un principio, pensó que era por la comodidad que suponía que las Bellas decidieran que, por ser la mayor, merecía tener la única habitación individual de toda la casa. Sin embargo, pronto se da cuenta de que no es así.

Ya es rutinario que, las tardes en las que las dos se encuentran en casa, Beca termine vagando hasta la habitación de Chloe. Tengan o no cosas que hacer, es habitual encontrar a ambas amigas tiradas en la cama de la pelirroja mientras trabajan en sus respectivas tareas, discuten cosas relacionadas con las Bellas y la próxima actuación, o simplemente hablan de sus días, o ven algo en Netflix.

- Me gusta tu cuarto – le susurra Beca una noche en la que están tiradas en la cama, con uno de los mashups de la morena de fondo.

Chloe alza la cabeza de la almohada para mirar a la DJ, quien está tumbada de manera inversa de forma que su cabeza se encuentra a los pies de la cama, apoyada sobre un peluche de la pelirroja. Beca se limita a parpadear, sin dar mayor explicación, y desvía la mirada hasta fijarla en el techo.

Es una señal de que está siendo sincera, y eso le incomoda ligeramente.

La única fuente de luz de la habitación son las pequeñas lucecitas que Chloe tiene enredadas alrededor del cabecero de la cama, de modo que no puede discernir la expresión de la morena.

- ¿Por? – pregunta con una pequeña risita.

- No sé – responde Beca al cabo de un largo rato de silencio, tanto que Chloe empezaba a pensar que no iba a contestar directamente. La DJ se encoge de hombros y alza una mano del colchón para dibujar un vago círculo en el aire –. Tiene algo. Es como… Como un lugar seguro – suspira, y su mano rebota al caer de nuevo en la cama con un golpe sordo.

La pelirroja traga saliva, sintiendo el peso de las palabras de Beca asentarse en su pecho como un peso cálido y reconfortante. Busca la mano de la DJ que está atrapada entre sus cuerpos y entrelaza sus dedos con los suyos para darle un suave apretón.

- Lo es – le asegura en un susurro.

Descubre que Beca es incapaz de decir te quiero en voz alta. Chloe puede ver en sus ojos que hay momentos en los que la morena desearía poder decírselo, pero las palabras simplemente no salen de su boca, se quedan atascadas en su garganta.

Descubre que, cada pequeño gesto de Beca, es la forma que tiene de decir te quiero. Porque ya que no puede decirlo en voz alta, se asegura que Chloe y las Bellas sean conscientes de cuánto las valora, de cuánto las quiere, demostrándolo con pequeñas acciones. Y ya se dice que, a veces, una acción vale más que mil palabras.

A las palabras… A las palabras se las lleva el viento.

Una vez Chloe se da cuenta de esto, abre los ojos y comienza a estar mucho más atenta. Y entonces, lo ve. Ve cómo Beca hace pequeñas cosas por ella que podrían pasar completamente desapercibidas, pero que ahora que está prestando atención, cada una de esas cosas, por pequeña a insignificante que parezca, logra que el corazón de Chloe crezca diez centímetros más dentro de su pecho y le sea difícil respirar.

Por ejemplo, cuando piden pizza para compartir entre las dos, Beca siempre la pide con champiñones.

- Bec, a ti no te gustan los champiñones – observa Chloe, extrañada, desde el otro extremo del sillón una vez la morena cuelga el teléfono.

- Ya, pero a ti sí – responde ella, encogiéndose de hombros como si fuera la decisión más lógica del mundo.

O, si Chloe está teniendo un mal día y se lo menciona a Beca, sabe que, cuando abra su hilo de mensajes, encontrará infinitas fotos de cachorritos amorosos y vídeos de animales haciendo cosas adorables. Y, cuando llega a casa, agotada y con ganas de meterse en la cama y olvidarse de que existe el mundo por lo que queda de día, Beca siempre se asegura de estar esperándola en el salón con una tarrina de helado de Ben & Jerry's y alguna comedia preparada en Netflix.

También se convierte en algo habitual que Beca le deje USB en sitios donde sabe que Chloe va a mirar, sin decirle nada, para que se los encuentre por sorpresa.

- ¿Has hecho un mix con todas mis canciones favoritas? – pregunta Chloe tras irrumpir en la habitación de Beca y Amy en la buhardilla.

Acaba de terminar de escuchar los contenidos del USB que se encontró esa mañana sobre su portátil, sin identificación alguna, pero que de alguna forma ella ya sabía perfectamente quién se lo había dejado ahí y qué podía contener.

Beca aparta la mirada de la pantalla de su ordenador y gira su silla de trabajo de forma que encare hacia el final de las escaleras, donde Chloe se ha quedado parada mientras recupera la respiración después de subir corriendo desde la calle.

- Las estás poniendo todo el rato, era inevitable… – contesta la DJ.

Beca intenta quitarle importancia con un encogimiento de hombros despreocupado, pero Chloe igualmente corre a darle un fuerte abrazo y murmura una letanía de gracias en su oído mientras la morena se ríe e intenta apartarla de ella con quejas sobre cómo necesita respirar.

Descubre que Beca confía en ella para contarle todas sus dudas y miedos. En la oscuridad de la noche, cuando solo están ellas dos y se olvidan por completo de que existe un mundo al otro lado de la puerta cerrada del cuarto de Chloe, hay momentos en los que Beca se deja llevar por ese sentimiento de seguridad que le transmite la presencia de la pelirroja y permite que sus murallas desaparezcan.

Son estas noches en las que Beca permite que Chloe se abrace a ella sin rechistar, en las que se hunde en el cuerpo de la pelirroja con suspiros que suenan demasiado a alivio y satisfacción, pero seguro que es la imaginación de Chloe jugándole una mala pasada.

Estos momentos, Chloe los guarda con recelo en su corazón y los considera su pertenencia más preciada. Son un pequeño tesoro compuesto por susurros que cruzan la oscuridad y dedos fríos que se entrelazan con los suyos.

- Hoy le he dicho a Jesse que le quería – confiesa Beca en un tono de voz apenas audible una noche de marzo. Chloe siente que el tiempo se paraliza y su sangre se congela en sus venas, y espera que Beca no se haya dado cuenta de lo repentinamente rígido que está su cuerpo –. Es la primera vez que se lo digo a alguien.

La pelirroja coge aire lentamente por la nariz y se obliga a sí misma a relajarse.

- Bien, ¿no? – su voz suena estrangulada y esboza una mueca en la oscuridad –. Significa que vais en serio.

Un tenso silencio sigue a sus palabras y Chloe lo agradece. Cierra los ojos, se centra en su respiración y obliga a su corazón a volver a un ritmo normal. Traga saliva varias veces en un intento de disolver el nudo que se le ha formado en la garganta, casi del tamaño de un puño, pero no sirve de nada.

- Sí… – suspira Beca al final –. Supongo que sí.

Descubre que Beca es capaz de dormir profundamente a pesar de que Chloe se esté deshaciendo en lágrimas a su lado, la cara enterrada en la almohada para ahogar los sollozos que amenazan con sacudir su cuerpo con la fuerza de un terremoto de magnitud 10; y que, o bien Chloe es una auténtica maestra a la hora de disimular las señales de que ha estado llorando, o Beca es increíblemente densa.

Descubre que Aubrey responde al teléfono de la misma forma ya llames a las 9 de la mañana o a las 4 de la noche.

- Aubrey Posen – informa su mejor amiga, adormilada.

- ¿Por qué saludas siempre diciendo tu nombre? – le pregunta Chloe en un intento de posponer lo inevitable –. Te estoy llamando a ti, sé quién va a contestar.

- ¿Chloe? – Aubrey carraspea para librarse de los restos de sueños pegados a su garganta y bosteza. La pelirroja escucha golpes al otro lado de la línea y asume que su mejor amiga está buscando el interruptor de la luz todavía con los ojos cerrados –. ¿Tienes idea de la hora que es?

- Sí, lo siento – suspira –. Necesitaba hablar con… – su voz, rasposa, escoge ese momento para quebrarse y delatar que está llorando.

- ¿Estás bien? – su mejor amiga suena más espabilada ahora que comprende que Chloe no le está llamando en medio de la noche así porque sí –. ¿Qué ha ocurrido? ¿Estás en casa? ¿Necesitas que vaya a buscarte a algún sitio?

- Bree, estás en medio del monte a dos horas y media de distancia – se le escapa una risa húmeda y temblorosa.

- Da igual, si salg… – el resto de sus palabras se ven interrumpidas por un fuerte bostezo y Chloe se siente culpable por haberla despertado cuando en apenas dos horas la rubia tiene que estar en pie y trabajando.

- Perdona, no debería haberte llamado – se disculpa con un largo suspiro –. Todo está bien. Vuelve a dormirte.

- No, no, no. Estoy despierta – le asegura Aubrey, y Chloe puede imaginarse perfectamente a su mejor amiga sacudiendo la cabeza y frotándose los ojos para forzarse a sí misma a espabilarse. Era lo que hacía cuando se quedaba despierta la noche antes de un examen –. ¿Qué ha pasado? Estás llorando.

No es una pregunta, sino una afirmación que la pelirroja sabe que es inútil tratar de desmentir. Aubrey la conoce, llevan cinco años siendo mejores amigas. Sabe leer hasta su gesto más pequeño, sabe interpretar todos sus silencios, sus miradas, sus sonrisas, sus suspiros. Sabe cuándo Chloe recibe un mensaje de alguien especial y sabe cuándo ha estado llorando.

- Es Beca – musita, sintiendo cómo sus ojos escuecen cuando las lágrimas vuelven a inundarlos.

Aubrey simplemente suspira al otro lado de la línea.

Porque como la conoce, la rubia detectó en seguida que Chloe estaba rara la noche que ganaron el Campeonato Nacional de A Cappella. Se fijó en la tirantez de sus sonrisas, la facilidad con la que se evaporaban de su rostro en cuanto creía que nadie estaba prestándole atención, el dolor malamente disimulado en sus ojos azul bebé.

Después de eso, no le resultó muy difícil averiguar el motivo detrás de la tristeza de la pelirroja. Solo necesitó seguir la dirección de su mirada y ver a Beca todavía en brazos del Treblemaker.

- ¿Qué ha hecho esta vez ese Hobbit? – pregunta.

- Le ha dicho a Jesse que le quiere – Chloe se sorbe la nariz y se pasa el papel de váter que tiene hecho una bola en una mano por debajo de los ojos para secarse las lágrimas que vuelven a caer por sus mejillas –. Es la primera vez que se lo dice a alguien, y ha sido a él – se lamenta –. Lo cual es lógico porque llevan medio año saliendo y Beca parece estar enamorada, lo que no es lógico que yo esté encerrada en el baño llorando por ello – gruñe, enfadada consigo misma.

- Espera… ¿Por qué estás encerrada en el baño?

- Porque Beca está en mi cama y no quería que se despertase y me viera llorando, porque entonces entraría en pánico porque no sabe qué hacer cuando alguien llora frente a ella y…

- ¿Y qué hace Beca en tu cama? – interrumpe Aubrey, confundida.

- Amy tiene compañía esta noche – suspira Chloe con unos ojos en blanco, pasándose una mano por el pelo para apartárselo de la cara.

- ¿No podía dormir en el sillón?

Huh. Chloe supone que era la opción más lógica, mucho antes que compartir una cama individual con una persona que no lleva bien el tema del contacto físico excesivo; pero, sinceramente, ni se le había pasado por la cabeza.

Ante el silencio de la pelirroja, Aubrey suspira y se escucha el frufrú de la tela cuando cambia de posición en la cama.

- ¿Por qué te haces las cosas tan difíciles, Chlo? – inquiere –. ¿Por qué insistes en ser su mejor amiga, compartir una cama, liderar las Bellas con ella? ¿No ves que así nunca vas a ser capaz de olvidar lo que sientes por ella? ¿No ves que así solo te estás haciendo más daño?

Chloe tira el papel a la taza del váter, inservible después de tantas lágrimas, y se seca las que siguen cayendo por sus mejillas con la manga del pijama. Alza la mirada al techo del baño y sigue una grieta que hay en la esquina mientras escucha las palabras de su mejor amiga.

Es consciente de que tiene razón, pero no puede explicar por qué está actuando de esta forma.

- No puedo simplemente olvidar mis sentimientos, Bree – susurra, desolada –. No puedo.

- ¿Y no será que no quieres? – responde Aubrey.

Chloe no responde, porque no sabe qué decir a eso.


Lo malo de tener tanto tiempo libre en sus manos, es que Chloe puede dedicar gran parte de él a estar con Beca.

Lo malo de pasar tanto tiempo con Beca, es que Chloe va descubriendo cada vez más cosas sobre ella.

Lo malo de ir descubriendo más cosas sobre Beca, es que Chloe va enamorándose cada vez más de ella.

Mientras tanto, Beca hace un año con Jesse y lo celebran con una macro fiesta a la que las Bellas obviamente están invitadas. Y, una vez más, Chloe bebe demasiado, se acuesta con alguien de quien no recuerda el nombre, deja que Stacie la arrastre de fiesta en fiesta, y se presenta al examen de Literatura Rusa al día siguiente con una resaca horrorosa y ganas de vomitar solo de pensar en Dostoievski.

Cuando recibe una llamada de secretaría para informarle de que ha vuelto a suspender, simplemente pregunta cuándo abre el plazo de inscripción de la matrícula y empieza a buscar un trabajo de verano.


A/N: Meeeeeh no sé. No me convence nada el final de este capítulo, pero estoy atascada y sé que por más que me obsesione con ello todo me va a seguir pareciendo una mierda.

Con suerte a vosotros sí que os ha gustado...

Canciones mencionadas: la del título, todo un clásico. "When you say nothing at all", de Ronan Keating (aunque nuestra querida Kelley Jakle tiene una cover muy bonita que merece ser escuchada). "Cosas que me hacen feliz", de Sonrisas y Lágrimas; y "Cell Block Tango", de Chicago, ambos musicales que también merecen ser vistos.

¡Hasta pronto!