A/N: Es un pedazo monstruo de capítulo en el que ya no sé cuánto tiempo llevo trabajando. Estuve súper atascada al principio, sin saber cómo quería contar lo que quería contar, ni en qué orden. Ha sido una auténtica rayada encontrar un orden que encajase con esta historia, hay cosas que quizá no son de lo más coherentes si se compara con la peli pero oye, milagros no puedo hacer ya.

Son las 3AM y sé que debería irme a dormir, repasarlo mañana para comprobar que no haya errores y actualizar. Pero me puede la impaciencia. Llevo desde el martes acostándome a las tantas todos los días por quedarme escribiendo, a estas alturas ya es casi una tradición que me siento obligada a respetar. Dicho esto, perdonadme si hay alguna errata. Soy humana.

Datos imporantes para la historia: el título viene de "Lose My Mind", de Dean Lewis. A mí me gusta más la versión acústica pero vosotros sois libres para escuchar la que más rabia os dé. Luego, el personaje de Kat está totalmente basado en Eliza Taylor. Y, la canción que Chloe y Kat escuchan el agún punto de este capítulo (he escrito tanto que ya no sé si se puede considerar la mitad o al final) es "Keep Me Awake", de Rhys Lewis.

Creo que eso era todo... Así que, ¡a leer!


4. YOU DON'T KNOW WHAT IT FEELS LIKE TO FALL IN LOVE WITH YOU,

YOU DON'T KNOW WHAT IT'S LIKE WHEN YOU CAN'T GO BACK

(Senior Year)

En su séptimo año en Barden, Chloe descubre el verdadero significado de estar en crisis.

No se habla con Aubrey porque sigue enfadada con ella. Beca no le habla porque sigue enfadada con Chloe. Las Bellas son el hazmerreír de todo Estados Unidos y una vergüenza para el mundo de la a cappella universitaria. Todas sus amigas se gradúan este año y Chloe no puede seguir huyendo de su futuro sin tomar una decisión.

Siente que ha perdido las riendas de su vida por completo.

Cuando decidió suspender Literatura Rusa a propósito un año más, nunca pensó que estaba a punto de subirse a un tren sin frenos destinado a descarrilar. Nunca pensó que su vida se fuera a sumir en el caos absoluto.

Fue como si, el día que se sentó frente a su examen de Literatura Rusa y tomó la decisión de marcar todas las respuestas B como correctas, comenzase un efecto mariposa que en ese momento no se hizo notar, pero que se quedó agazapado en las sombras a la espera del momento ideal para salir de su escondite y sembrar el caos.

Ser seleccionadas para actuar delante del Presidente de Estados Unidos en una gala especial para celebrar su cumpleaños fue únicamente la calma antes de la tormenta. El efecto mariposa ya estaba empezando a hacer efecto, ya estaba deshilachando poco a poco los hilos que sujetaban todas las piezas que componen la vida de Chloe juntas.

El desastre fue simplemente la ley de la gravedad haciendo de las suyas.

Ha perdido el control, pero es un tipo de pérdida de control totalmente distinto al que sufrió en su tercer último año. Es un tipo de pérdida de control sobre el que no tiene poder alguno. También deriva de una elección que hizo conscientemente, pero jamás imaginó que las consecuencias que estaba preparada para enfrentar eran solo la punta del iceberg.

Chloe no tiene poder alguno sobre nada de lo que está ocurriendo, y es una de las peores sensaciones del mundo.

No puede hacer nada cuando Amy termina de dar la vuelta desde donde está suspendida del techo del Kennedy Center y le enseña todas sus zonas íntimas a Barak Obama. No puede hacer nada cuando Gail y John, acompañados del decano de Barden – que aprovecha para vengarse del chantaje de Chloe que les consiguió una casa –, les informan que están suspendidas de cualquier competición de a cappella a nivel nacional. No puede hacer nada con el hecho de que Beca siga sin querer dirigirle la palabra más de lo estrictamente necesario.

No puede hacer nada, y la impotencia, la rabia y el pánico se convierten en sus mejores amigos.

Tiene que quedarse quieta y observar cómo, uno a uno, todos los aspectos de su vida sucumben al virus mortal, se prenden en un fuego que amenaza con dejar todo lo que le importa, todo por lo que ha trabajado, reducido a meras cenizas.


Vale. Quizá eso no sea del todo cierto.

Si Chloe es sincera consigo misma, lo cual últimamente solo ocurre tarde en la noche, cuando ya está metida en la cama y con el sueño pesándole en los párpados, pero todavía no es capaz de quedarse dormida por muy cansada que esté porque su cerebro se niega a parar de funcionar y darle vueltas a las cosas; sabe que eso no es del todo cierto.

En esos momentos en los que su Pepito Grillo se dedica a revolver la mierda que Chloe mantiene escondida en ese oscuro cajón polvoriento en un rincón de su mente y le muestra la realidad bajo una luz dura y directa que no deja sombra alguna en la que ocultar esas verdades de las que uno no quiere ser consciente, porque duelen; sabe que sí hay algo que podría haber hecho.

Hay algo sobre lo que sí tiene poder. Hay alguien sobre el que sí tiene poder.

Beca Mitchell.

La cruda verdad es que podría haberlo evitado todo. Si tan solo hubiera escuchado las súplicas de su mejor amiga en abril del curso pasado, si tan solo no hubiera estado tan ofuscada por el hecho de que por fin le había dicho que la quería, jamás habría empujado la primera pieza de dominó que mandó a todas las demás al suelo.

Pero, incluso si la cadena de eventos hubiera seguido igual: Chloe marca todas las respuestas B de su examen como correctas, suspende Literatura Rusa por tercera vez, vuelve a Barden para su séptimo curso, Beca le da la espalda sin siquiera saludarla después de todo el verano sin verse. Aun así, podría haberlo evitado todo.

Si tan solo hubiera seguido a Beca escaleras arriba. Si tan solo hubiera atrapado la menuda muñeca de la DJ entre sus dedos y la hubiera obligado a pararse. Si tan solo le hubiera insistido en que aclarasen las cosas.

Y las oportunidades continúan.

Si tan solo no hubiera sido tan cabezota y orgullosa. Si tan solo no se hubiera empeñado en seguir el ejemplo de Beca e ignorarla. Si tan solo no hubiera estado tan absorta en sí misma que no prestó la atención necesaria a las Bellas más potenciales de liarla gorda.

Se habría asegurado de que Stacie estuviera saciada antes de ir al Kennedy Center para evitar malentendidos y denuncias de acoso sexual. Habría comprobado que Lilly dejase todo objeto con posibilidades de ser convertido en un arma peligrosa para prevenir que alguien fuese arrestado por atentar contra la vida del presidente de los Estados Unidos. Le habría recalcado a Amy la importancia de llevar siempre ropa interior bajo el vestuario.

Pero no hizo nada de eso porque estaba ocupada estando enfadada con Beca.


Chloe no está acostumbrada a guardar rencor, a mantenerse enfadada con la gente que le importa y a la que quiere incluso meses después del acontecimiento que provocó todo en primer lugar. Siempre tuvo facilidad a la hora de perdonar y omitir ciertas acciones con tal de evitar el drama de las peleas.

Pero entonces, Beca Mitchell entró en su vida.

- Oye, tú, respeta la cola – increpó la morena cuando un chico se coló delante de ellas en la fila de clientes esperando para pedir.

Ambas habían ido a tomar un café donde siempre después de sus clases para discutir sobre la próxima actuación de las Bellas antes de tener que dirigirse al ensayo.

El chico hizo todo un show de mirar a su alrededor y luego bajó la cabeza y miró a Beca con expresión de fingida sorpresa, a pesar de que sabía desde el primer instante dónde estaba. Tenía toda la pinta de ser un gilipollas en potencia.

Se quitó las gafas de sol, dejándoselas apoyadas en la cabeza entre mechones rubios, y se señaló el pecho con un dedo, como buscando confirmación que le estuviera hablando a él.

- Sí, tú – le aseguró Beca dando un paso adelante –. ¿Eres ciego o qué? ¿Acaso no has visto que estábamos nosotras primero?

- Parecía que simplemente estabais ahí paradas – se defendió el chico, petulante, sin sentirse intimidado por la postura amenazadora de Beca.

- Claro, porque si no nos quedamos paradas en medio del paso, el universo colapsa en sí mismo y es el fin de la civilización humana tal y como la conocemos – bufó Beca –. Menuda excusa de mierda. Ponte al final – señaló con un dedo por encima de su hombro –, y me olvidaré de todo este incidente.

- ¿Y si no qué? – rebatió el chico.

La morena resopló, incrédula, y dio otro paso adelante. La distancia entre ambos quedó reducida a la de un brazo estirado, y por la forma en que azul medianoche destellaba con un brillo peligroso que Chloe conocía bien, la pelirroja se vio forzada a sacar la bandera blanca y agitarla entre ambos.

Se interpuso entre ellos y apoyó su mano en el brazo de la DJ en un intento de calmarla – y también para asegurarse de que no fuera a lanzarse al cuello del chico

- Bec, no pasa nada – tranquilizó Chloe.

- ¡Claro que pasa! ¡Este imbécil se ha colado! – refunfuñó Beca con el ceño fruncido, señalando hacia el chico con un gesto vago de su mano.

- Oye, ¿tienes algún problema conmigo? – el chico parecía haber tenido suficiente de los insultos de la morena y se remangó las mangas de su sudadera, girándose por completo para encarar a Beca.

- Oh, muchos – espetó la DJ.

Chloe era intensamente consciente de que el habitual barullo de los estudiantes tomando café después de sus clases había quedado reducido a un tenso silencio en el que todo el mundo parecía estar conteniendo la respiración, a la espera de que algo pasase.

Extendió la otra mano hasta que reposó sobre el pecho del chico, quien miró hacia la extremidad con las aletas de la nariz dilatadas y el ceño fruncido. Por un interminable segundo, Chloe creyó que se la iba a quitar de encima de un manotazo, y entonces sería como haber abierto las puertas del infierno porque eso sí que haría estallar a Beca.

Afortunadamente, el chico pareció tener la poca presencia de mente de dejar que la mano de Chloe se mantuviera en su pecho.

- Respiremos hondo y calmémonos, ¿vale? – les pidió a los dos con voz suave pero firme, girando la cabeza de un lado a otro igual que si estuviera en un partido de tenis –. Ha sido un simple malentendido, así que nos vamos a quedar como estamos y todo arreglado.

- ¡Pero…! – intentó protestar Beca.

- Es solo una persona, Bec – razonó Chloe –. No va a hacer que tardemos más en conseguir café. Déjalo estar.

Chloe se giró para buscar el asentimiento de Beca, pero la morena se limitó a mantener el ceño fruncido. Se agachó un poco para encontrar la línea de visión de su mejor amiga, que estaba contemplando algún punto entre las piernas del chico con demasiada concentración para resultar puramente accidental.

Casi podía verla planeando el ángulo y la fuerza con la que debía balancear la pierna para causar el mayor daño posible.

- ¿Vas a dejarlo estar, Bec? – presionó, sus ojos firmes.

La DJ resopló y puso los ojos en blanco, desinflándose y perdiendo la postura defensiva.

- Lo que sea – gruñó de forma casi ininteligible.

Chloe asintió, satisfecha, y dejó caer los brazos que tenía extendidos.

- A ver si controlas mejor a tu perro – comentó el chico con desprecio antes de darse la vuelta para pedir su café.

Tanto a Chloe como a Beca se les escaparon sendas exclamaciones indignadas. Beca hizo amago de cargar contra el chaval para darle un bien merecido puñetazo, pero Chloe enganchó un brazo en su cintura y la pegó contra ella.

Se tambalearon un poco por la fuerza del choque y porque Beca continuó haciendo resistencia contra su agarre.

- No merece la pena – murmuró en su oído.

Beca se revolvió un poco más, pero al final se dio cuenta de que Chloe era demasiado fuerte para ella y dejó de intentarlo con un bufido y una última sacudida. Para entonces, el chico ya tenía su café y estaba volviendo hacia ellas.

Empujó las gafas para que volvieran a caer sobre su picuda nariz y esbozó una sonrisa de superioridad en su dirección.

- Gilipollas – escupió Beca en voz baja.

- ¿Qué has dicho? – le preguntó él con ganas de volver a provocar una pelea.

Chloe agarró a Beca para que se quedara detrás de ella en cuanto la vio abrir la boca para repetirse en voz más alta. Esbozó una sonrisa dulce, pero del mismo dulce que el de una flor que olía tan bien y era tan bonita que te distrajo y no te fijaste en las afiladas espinas o sus hojas venenosas.

- Que suerte con las clamidias – dijo, su voz igual de dulce que su sonrisa.

- ¡Yo no tengo clamidias! – rebatió el chico.

- Eso dicen todos – le contestó Chloe.

Un grupo de chicas que estaban tomando sus cafés en una mesa justo al lado y que habían escuchado toda la conversación, dejaron escapar una serie de risas y miraron al chico con sacudidas de cabeza. La pelirroja, consciente de que el daño ya estaba hecho, giró sobre sus talones y tiró de Beca con ella para acercarse al mostrador de la cafetería y pedir sus cafés.

- Así es como hundes a esos tipos – le susurró con una sonrisa malévola que hizo que la morena riera con más fuerza y la mirase con algo en su azul medianoche que parecía casi admiración.

No fue hasta un rato más tarde, cuando ya llevaban treinta minutos sentadas cómodamente en su mesa de siempre con sus cafés delante y un boceto aproximado de cómo querían que las Bellas fueran vestidas en su próxima actuación, que Beca hizo la pregunta.

- ¿Por qué siempre huyes de las peleas?

Chloe bajó la mirada a la taza a medio beber de café que reposaba entre sus manos. Era curioso cómo esa era una escena que parecía repetirse año tras año.

- No me gustan los enfrentamientos – al final se decidió por responder con simpleza, encogiéndose de hombros con la esperanza de que Beca optara por no ahondar en el tema y aceptase esa explicación.

Era una esperanza un poco tonta, pero no se dio cuenta de ello hasta esa misma noche, cuando yacía en la cama con los ojos abiertos de par en par a pesar del cansancio que le pesaba en el cuerpo y parecía querer hundirlo en el colchón, y pensó sobre lo que Beca le dijo.

En ese momento en la cafetería, la DJ siguió presionando. Consiguió que se rindiera con un suspiro resignado y un peso en el estómago igual que si se hubiera tragado una piedra con el café.

- Mi hermano tuvo una etapa rebelde durante su adolescencia – contó en voz baja –. No fue nada exagerado, pero mi madre y él a veces chocaban cabezas y terminaban peleando a gritos. Yo tenía diez años y recordaba que eso nunca había pasado cuando mi padre todavía estaba vivo, porque él siempre era capaz de apaciguar los ánimos, fueran cuales fueran – esbozó una sonrisa triste ante el recuerdo de su padre y, por los bordes de su visión, vio la mano de Beca cruzar la mesa hasta que sintió fríos dedos entrelazarse con los suyos.

Les dio un apretón agradecido e intercambió una mirada con su mejor amiga. Su azul medianoche parecía estar diciéndole: continúa si quieres, pero tampoco pasa nada si no quieres seguir contándomelo, lo aceptaré sin rechistar y no volveré a presionarte con el tema.

Tanto apoyo incondicional causó que su corazón diese un doloroso salto en su pecho, y el peso en su estómago se alivió un poco.

- Cuando las peleas eran gordas, se ponían a gritar y a decirse todo tipo de cosas hirientes que en el fondo no pensaban, pero en el calor del momento iban a hacer daño y no importaba lo que tuvieran que decir mientras lograsen su objetivo – se humedeció los labios y tragó saliva, porque hablar sobre ello estaba provocando que las emociones que sentía durante esas peleas volvieran con intensidad –. Yo siempre huía. No quería tener que escuchar nada de eso. Solo saber que estaban peleando era suficiente para llenarme de ansiedad, me encerraba en mi habitación y escuchaba los gritos mientras lloraba. Tenía miedo de lo que pudiera pasar, de que dijesen algo que luego no se pudieran perdonar. Había perdido a mi padre, no quería perder a mi hermano también.

- Hubo un día… No sé qué dijo mi hermano, creo que fue algo sobre mi padre… Mi madre perdió el control y le dio una bofetada – se estremeció solo de recordar el miedo que paralizó su cuerpo después de escuchar el estallido de una mano contra una mejilla. El profundo silencio que siguió, en el que el eco del golpe rebotó por las paredes de la casa como un terremoto que amenazaba con derrumbarla entera –. Mi hermano se marchó de un portazo y pensé… Había pasado, había perdido a mi familia definitivamente.

Los dedos de la mano que no estaba atrapada por la de Beca retomaron el jugueteo nervioso con la taza de café. Temblaban ligeramente por los efectos secundarios que esos recuerdos provocaban en Chloe.

- A la noche, volvió a casa y mi madre y él hicieron las paces. Después de eso, las peleas pararon. Como si nunca hubieran existido – barrió el aire con una mano hacia un lado –. Fue como si hubieran necesitado estar al borde del abismo y a punto de caer por él para darse cuenta de que no podían seguir por ese camino.

A su historia le siguió un profundo silencio que ambas emplearon para digerir las palabras que todavía flotaban por el aire, pesadas y cargadas de emoción.

- ¿Sabes que pelear no tiene por qué ser siempre malo? – preguntó Beca, tentativa, al cabo de un rato. Cuando Chloe se limitó a bufar con incredulidad, la morena se apresuró a explicar su punto de vista –. No, en serio. Pelear no tiene por qué ser siempre ir a buscar el punto que al otro más le duela, o recurrir a la violencia física. La mayoría de las veces es, más que nada, una forma de hacerse respetar.

Chloe frunció el ceño, sin comprender del todo lo que Beca estaba intentando explicarle. La DJ se dio cuenta porque procedió a liberar sus dedos para hacer gestos en el aire con sus manos, como si eso hiciera que automáticamente su coherencia a la hora de hablar se ampliase.

- Por ejemplo, piensa en Aubrey – giró una de sus manos de forma que la palma mirase hacia arriba –. Hasta que no le plantaste cara en mi primer año en Barden, Aubrey te trataba como a la mierda. No respetaba tus opiniones ni tus ideas. No te escuchaba. Y tú – extendió la otra mano con la palma hacia arriba –, le dejabas salirse con la suya con tal de evitar un enfrentamiento con ella.

Chloe esbozó una mueca, no le gustaba que le recordasen ese aspecto en particular de su relación con su mejor amiga. Prefería dejar las cosas que estaban en el pasado, en el pasado. No se ganaba nada removiendo en cosas sobre las que ya no se tenía ningún tipo de poder.

- Eras su felpudo hasta el momento en que te negaste a seguir aceptando seguir siendo ignorada. Y en el momento en que dijiste "no más", Aubrey se dio cuenta de lo que había estado haciendo y te pidió perdón. Esa fue una pelea – bajó las manos de nuevo a la mesa y se encogió de hombros –, y no fue mala, ¿verdad?

- No – admitió Chloe, pensativa. Creía estar comprendiendo lo que Beca quería decirle.

- Entiendo y respeto que no te gusten las peleas – concedió la morena con una pequeña sonrisa –. Es una de las cualidades que te hace ser tan buena persona, prefieres resolver las cosas de forma pacífica y manteniendo una buena actitud. Yo, en cambio – señaló su propio pecho –, salto en seguida. Somos extremos – colocó las manos como si fueran los platos de una balanza desequilibrada –, no hay que ser tan permisiva que la gente te falte el respeto y no hagas nada al respecto – le lanzó una mirada significativa a Chloe, quien ladeó la cabeza con algo de vergüenza por la llamada de atención –, ni tampoco hay que solucionar todo con ayuda de palabras hirientes y puños.

- ¿Sabes? Esa es una de las teorías de Aristóteles – comentó Chloe, su barbilla descansando en su mano.

- ¿Aristóteles tenía una teoría sobre las peleas? – inquirió Beca con clara diversión, una ceja arqueada y las manos de vuelta sobre la mesa.

- No, sobre los extremos – sacudió la cabeza y rio –. Aristóteles decía que hay que evitar los extremos y encontrar el término medio. Solo una vez conseguimos alcanzar el término medio en nuestra forma de comportarnos, conseguiremos ser virtuosos, que en lenguaje aristotélico básicamente significa que seremos felices.

La DJ asintió, pensativa. Entonces, una enorme sonrisa se expandió por su rostro y Chloe supo que se avecinaba una broma que iba a servir para relajar un poco el ambiente, y probablemente, también para cambiar de tema.

- Tres años de clases de filosofía y es la primera vez que por fin entiendo eso – dijo. Su sonrisa se torció y sus ojos relucieron con un brillo travieso –. ¿Quieres ser mi profesora particular?

Chloe no está acostumbrada a guardar rencor, a mantenerse enfadada con la gente que le importa y a la que quiere incluso meses después del acontecimiento que provocó todo en primer lugar. Siempre tuvo facilidad a la hora de perdonar y omitir ciertas acciones con tal de evitar el drama de las peleas.

Pero entonces, Beca Mitchell entró en su vida.

A estas alturas, la Chloe de antes ya habría hecho las paces con lo ocurrido. Solo habría necesitado unas horas después de la pelea para pensar, aclarar su mente, y decidir que no merecía la pena vivir con esa rabia dentro de ella. Prefería hablar las cosas, prefería buscar la solución con la otra persona y hacer un esfuerzo consciente y conjunto para superar ese bache.

Tenía la creencia de que cualquier tipo de relación, sin importar su naturaleza, ya fuera romántica o de amistad, podía salir fortalecida de una pelea si ambos miembros ponían su granito de arena.

Y, sin embargo, aquí está, manteniendo una pelea que considera absurda por pura cabezonería.

Echa de menos a su mejor amiga. A sus mejores amigas, en plural. Porque sigue enfadada con Aubrey por haber ido corriendo a hablar con Beca a sus espaldas y contarle sus sospechas sobre cómo creía que iba a volver a suspender Literatura Rusa para que la morena intentase hacerle entrar en razón.

Sabe que ambas lo hicieron con su mejor intención, aunque quizá Chloe hubiera empleado otro método. Es probable que hubiera reaccionado mejor a una intervención que a ese asalto por sorpresa. Pero dejando ese tema a un lado, sabe que Aubrey y Beca solo actuaron guiadas por pura preocupación y pensando en qué sería lo mejor para Chloe.

Que, de nuevo, Chloe habría preferido que se hubieran limitado a decirle que estaban preocupadas en lugar de intentar dirigir su vida por ella. Porque quizá no le gustan los enfrentamientos, pero Beca le hizo abrir los ojos esa tarde en la cafetería y se dio cuenta de que tampoco le gustaba dejarse mangonear por los demás. Estaba harta de que todo el mundo pareciera saber qué era lo mejor para ella y nunca se les pasase por la cabeza preguntarle a ella.

Es su vida. Chloe sabrá mejor que nadie qué es lo que quiere hacer con ella, ¿no? O quizá no, quizá todavía no tiene ni la más remota idea, pero sigue siendo su vida. Sigue siendo suyo el poder de decidir qué hacer con ella.

A los demás únicamente les está permitido que aconsejen. Que Chloe luego decida o no seguir su consejo… Sí, lo habéis adivinado. Sigue siendo decisión suya y solo suya.

Y son todas estas pequeñas objeciones las que la tienen atascada. Porque cada vez que intenta volver a atrás para repasar lo ocurrido, en un intento de ser capaz de deshacer los pequeños nudos que se han hecho en la cuerda que la sujeta por la cintura y que impiden que sea capaz de seguir adelante porque la tela no da más de sí; son esas pequeñas objeciones las que continúan distrayéndola de su tarea.

No deja de encontrarse con rutas alternativas y es incapaz de evitar que el volante se gire solo para desviarse por esos caminos que sabe que van a hacer que se pierda, y que dé mil vueltas, y que tarde mucho más en llegar a su destino. Y, a pesar de que lo sabe perfectamente, el volante se vuelve a girar en la siguiente salida en vez de mantenerse recto por el camino fácil y corto.

Con Aubrey no hay problema, los nudos que hay en su cuerda son mucho más pequeños y menos enrevesados que los que hay en la de Beca. Hay muchas menos salidas alternativas en su viaje que en el de Beca.

Sabe que, con un poco más de tiempo, conseguirá llegar al punto en el que se sienta capaz de responder los mensajes de su mejor amiga y perdonarla.

Porque por lo menos Aubrey lleva todo el verano intentando ponerse en contacto con ella para pedirle disculpas. Por lo menos Aubrey no ha decidido que la opción más madura es ignorarla a pesar de que viven en la misma casa y capitanean juntas un grupo de ocho chicas que las necesitan al 10, pero que, por juegos infantiles de hacerse el vacío, solo les están dando un 7, y eso solo en sus mejores días.

Y Chloe no está acostumbrada a guardar rencor, a mantenerse enfadada con la gente que le importa y a la que quiere incluso meses después del acontecimiento que provocó todo en primer lugar. Siempre tuvo facilidad a la hora de perdonar y omitir ciertas acciones con tal de evitar el drama de las peleas.

Pero entonces, Beca Mitchell entró en su vida, y el sentir rencor cada vez que la morena gira la cara para fingir no haberla visto entrar en una habitación en la que están solo ellas dos y así no tener que saludarla, le viene solo.

Ya no es tanto una decisión racional, como un instinto.

Por todas las veces que Chloe ha pensado en arreglar las cosas, normalmente tarde en la noche, cuando ya está metida en la cama y con el sueño pesándole en los párpados, pero todavía no es capaz de quedarse dormida por muy cansada que esté porque su cerebro se niega a parar de funcionar y darle vueltas a las cosas; luego Beca hace algo estúpido e infantil de devuelve a Chloe a la casilla de salida en un abrir y cerrar de ojos y se arrepiente de haber sido débil y haber pensado en dar su brazo a torcer.

En esos momentos en los que su Pepito Grillo se dedica a revolver la mierda que Chloe mantiene escondida en ese oscuro cajón polvoriento en un rincón de su mente y le muestra la realidad bajo una luz dura y directa que no deja sombra alguna en la que ocultar esas verdades de las que uno no quiere ser consciente, porque duelen; Chloe se da cuenta de que echa terriblemente de menos a Beca.

Es igual que si le hubieran amputado el corazón del pecho sin anestesia alguna y no se hubieran molestado en coserle la herida para cerrarla. Tiene un agujero sangrante y vacío donde antes solía haber un corazón cálido y latente, y a veces aún puede sentir el fantasma de sus latidos dentro de su pecho.

Cada vez que Beca se olvida de apartar la mirada al segundo en que se cruza con la de Chloe. Cada vez que sus cuerpos se rozan accidentalmente o que la sombra de una sonrisa curva los labios que Chloe tanto se había acostumbrado a ver siempre dirigiéndole algún tipo de expresión de alegría o humor ácido. Cada vez que escucha su risa repiquetear en el aire por alguna tontería que Chloe ha dicho sin pensar ni buscar ningún tipo de reacción.

Siente el fantasma de sus latidos, un dolor agudo por esa parte de ella que le falta y echa tanto de menos, y piensa en tragarse el orgullo y arreglar las cosas.

Pero sabe que no es tan fácil. Porque sabe que, si habla con su mejor amiga para arreglar las cosas, Beca va a esperar una disculpa de parte de Chloe y Chloe va a esperar una disculpa de parte de Beca, y ninguna de ellas va a querer dar su brazo a torcer primero.

Sería admitir que cometieron un error y ninguna de ellas está dispuesta a ser la primera en hacer una admisión que no terminan de considerar que sea cierta solo para que la otra se sienta mejor y siga el juego.

De modo que ambas prefieren seguir permitiendo que una situación absurda se prolongue innecesariamente antes que tragarse el orgullo y admitir haber estado equivocadas.

Y así, Chloe continúa con el fantasma de un corazón en el pecho y echando en falta una parte de su ser.


Chloe está guardando tuppers con las sobras del pavo cuando su móvil comienza a vibrar en su bolsillo trasero.

Frunce el ceño, sin saber quién puede estar llamándola. Vuelve a descansar sobre las plantas de sus pies y baja los brazos de donde los tenía estirados para alcanzar la balda más alta de la nevera. Cierra la puerta con un ruido sordo y el suave tintineo de las botellas que están en su interior, y pesca su móvil del bolsillo de sus vaqueros.

El fantasma de su corazón se detiene en su pecho cuando ve el nombre anunciado en la pantalla, la foto que tuvieron que hacerse por haber perdido una apuesta, en la que sale dando un beso en la mejilla a Beca mientras la morena pone cara de fingida sorpresa.

Su pulgar tiembla en el aire. Debate consigo misma, no termina de estar segura de si debe contestar o no. Con un nudo en el estómago y una extraña sensación en su pecho vacío, cierra los ojos y toma una decisión impulsiva y repentina empujada por la noción de que Beca puede colgar en cualquier momento.

- ¿…Hola? – responde, su voz rasposa. Carraspea para limpiarse la garganta mientras se hace el silencio al otro lado de la línea.

Puede escuchar, de fondo, el sonido amortiguado de una conversación y le lleva a preguntarse si quizá Beca se ha sentado encima de su móvil otra vez y la ha llamado sin querer con el culo. La decepción cae sobre ella y aplasta sus pulmones, pero entonces…

- ¿Eres Chloe?

No es Beca quien habla y eso desorienta ligeramente a la pelirroja. Le lleva unos segundos más de lo que debería reconocer a la persona que está al otro lado de la línea.

- ¿Rose? – inquiere una vez identifica la dulce e infantil voz de la prima de Beca –. ¿Cómo…?

- Beca se ha dejado el móvil en la mesa – explica la pequeña con simpleza.

- Rose, no deberías estar llamándome – dice Chloe atrapando el labio inferior entre sus dientes. Lo mordisquea con preocupación y escucha atentamente por signos de que Beca se haya dado cuenta de que su móvil ha desaparecido. Lo último que quiere es que la DJ pille a su prima llamándola en secreto –. Beca se va a enfadar si descubre que le has cogido el móvil sin pedir permiso.

- Pero no has venido – le regaña Rose, entre enfadada y triste –. El año pasado prometiste que vendrías.

Chloe suspira y cierra los ojos. Siente la decepción de la pequeña como un pinchazo en el pecho, pero ¿cómo empezar siquiera a explicarle a una niña de siete años el estado en el que se encuentra su relación con Beca? Es tan complicado que ni siquiera Chloe, que es una de las partes involucradas y afectadas, termina de comprenderlo al completo.

- Sé que te lo prometí, pero no debería haberlo hecho – se disculpa Chloe. Se frota la frente con una de sus manos para intentar alejar de ella el dolor de cabeza que puede sentir creciendo entre sus sienes –. Yo también tengo familia, ¿sabes?, y es muy importante que estemos juntos en un día como este. ¿Cómo crees que se sentiría tu mamá si no estuvieras hoy con tu familia?

- Triste…

- Exacto. Y mi mamá también se habría puesto triste si me hubiera ido con vosotros – concluye Chloe con la esperanza de que este ejemplo sirva para hacerle comprender uno de los motivos por los que no ha sido capaz de mantener su promesa este año.

Rose se queda en silencio y, desde su lado de la línea, solo se escucha su pesada respiración haciendo crepitar el altavoz y el alboroto que sus padres y tía están montando en lo que, a juzgar por la distancia, Chloe estima que es el piso de abajo.

- ¿Serás capaz de perdonarme, Rose? – pregunta Chloe con voz suave.

No cree que pueda soportar saber que ha decepcionado a otra persona más, saber que alguien más, además de Beca, está enfadada con ella.

- ¡Por supuesto! – exclama la pequeña con tanta energía que casi parece que la pregunta le ha ofendido –. Mi mamá siempre dice que es importante perdonar a las personas a las que queremos.

Chloe traga saliva y alza la mirada al techo de la cocina para evitar las lágrimas que amenazan con acumularse en los bordes de sus ojos.

- Tu mamá tiene mucha razón – admite, asintiendo ligeramente para sí misma –. Haz siempre caso a todo lo que diga.

- Ya lo hago – responde Rose, y Chloe se puede imaginar a la perfección la sonrisa desdentada de orgullo que acompaña a esa proclamación.

- Me parece genial – le felicita, sincera –, pero ¿qué te parece a ti devolverle el móvil a Beca antes de que se dé cuenta de que lo has cogido sin permiso?

- Está con su novio, no se va a dar cuenta.

Su sangre se hiela en sus venas y se queda paralizada por unos largos segundos en los que se olvida hasta de respirar. Cuando recupera el control de sí misma, exhala el aire por la nariz con toda la calma con la que es capaz.

Aparentemente ya no es demasiado compromiso, demasiado pronto.

- ¿Está Jesse ahí? – inquiere con voz estrangulada.

- Sip – Rose no se da ni cuenta de lo mucho que a Chloe le cuesta escupir esas simples tres palabras y baja el volumen de su voz hasta que es apenas un susurro –. ¿Te cuento un secreto? No me cae bien.

A mí tampoco, piensa Chloe. Sin embargo, rápidamente se regaña a sí misma por haber permitido que ese pensamiento cruce su mente, porque sabe que surge de pura envidia y no de un sentimiento real.

En el fondo, no tiene nada en contra de Jesse. Le parece un buen chico y trata a Beca como si fuera su bien más preciado, como si fuera ella quien hubiera puesto las estrellas en el cielo. Y, si a veces cuando habla con él es un poco más seca de lo habitual, no es nada más que porque desea con cada parte de su ser poder estar en su lugar.

Desea poder ser quien entrelace sus dedos con los de Beca mientras caminan por la calle, quien pueda enroscar un brazo alrededor de su cintura para pegar sus cuerpos y acompasar el ritmo de sus pasos. Desea poder ser quien frene su paseo para darle un beso a Beca solo porque llevaba demasiado tiempo sin perderse en su boca. Desea poder ser quien descubra lentamente el cuerpo de la morena, quien lo venere y trace un mapa de él con sus manos y boca.

Pero ese privilegio es de Jesse, y por ello Chloe le envidia.

- Rose, ¿dónde demonios te has metido? – pregunta la voz de Maggie cada vez más cerca, sobresaltando a Chloe y haciendo que vuelva a la realidad de golpe. La mano con la que sujeta el móvil en su oreja se tensa con cada golpe sordo de los pies de la tía de Beca en las escaleras –. ¿Se puede saber qué estás haciendo? – continúa una vez encuentra a su hija –. ¿Con quién hablas?

- Con Chloe, mamá – anuncia la pequeña, emocionada, sin siquiera pensar en mentir.

La pelirroja hace una mueca cuando Maggie descubre el teléfono de Beca en las manos de Rose y procede a regañar a su hija, repitiéndole que le ha dicho miles de veces que no debe tocar las cosas que no son suyas sin pedir permiso primero.

El altavoz crepita cuando el móvil pasa de unas manos a otras rozando ropa, piel y mechones de pelo, hasta que la voz de Maggie traspasa al otro lado con claridad.

- ¿Chloe, cielo, estás ahí? – inquiere.

- Hola – saluda con timidez.

- ¡Qué alegría escucharte! – exclama Maggie, sincera –. ¿Qué tal estás? – y en vez de permitir que Chloe pueda responder, continúa charlando a medida que ordena a Rose que la siga escaleras abajo –. Te hemos echado de menos esta noche en la mesa, ni Beca ni Jesse son tan buenos conversadores como tú, y Bob ha echado de menos alguien que se riera siempre de sus chistes malos…

Chloe esboza una sonrisa, y a pesar de que sabe que no debería, no puede evitar sentir un cierto orgullo por el hecho de ser capaz de aportar algo a la familia de Beca que Jesse no puede. Le hace sentir valorada, algo que no sabía cuánto necesitaba hasta que se da cuenta de que se está mordiendo con fuerza el labio inferior para prevenir romper a llorar.

- …hayas tenido una velada agradable con tu familia – termina de decir Maggie, la señal que Chloe necesita para volver a prestar atención a su cháchara constante.

- Sí, gracias, ha estado bien volver a ver a todos – responde con un carraspeo para evitar que su voz suene húmeda por las lágrimas que tanto se está esforzando por contener.

La tía de Beca debe notar que está siendo extrañamente educada y decide cortar la conversación.

- No te molestamos más, estoy segura de que tu madre querrá disfrutar de ti y aquí estamos nosotros monopolizando todo tu tiempo – se ríe. Entra en el salón, donde deben de estar todos reunidos porque el ruido de fondo se convierte en principal y ahoga la voz de Maggie hasta que esta grita para ser escuchada por encima de las conversaciones y la televisión –. ¡Chicos, decidle hola a Chloe! – les ordena.

Una cacofonía de voces emerge del altavoz y Chloe tiene que alejarse el móvil del oído para evitar quedarse sorda, pero no puede evitar que se le escape una risa sincera. Está tan poco acostumbrada a reírse con ese nivel de fuerza que su garganta se queda rasposa e irritada.

La profunda voz de Bob retumba cuando grita para desearle un feliz día de Acción de Gracias, y Chloe devuelve la felicitación para todos.

- Bueno, te paso con Beca – se despide Maggie tras haber reiterado tres veces que está invitada a celebrar Acción de Gracias otra vez con ellos el año que viene.

- Oh – exclama Chloe. Los nervios se vuelven a apoderar de su cuerpo y su mano se crispa alrededor del móvil –. No es neces…

Llega tarde, porque puede escuchar a Maggie ofrecerle el móvil de vuelta a Beca y el cambio de manos. Entonces, el ruido de fondo desaparece cuando una puerta se cierra y se hace la calma absoluta durante tanto tiempo que Chloe se separa el iPhone de la oreja para comprobar si la llamada sigue o se ha cortado accidentalmente.

- Um… – escucha a Beca titubear –. Perdona por todo eso, ya sabes cómo es mi familia... – se disculpa por ellos.

- No pasa nada – se apresura a tranquilizar a la morena, su boca seca como si se hubiera tragado un cenicero entero –. Perdona tú por esta intrusión, no sabía que era Rose quien estaba llamando – se pausa dos segundos que se hacen eternos y en los que no escucha a Beca respirar ni una sola vez –. Pensé… Pensé que podías ser tú – admite al final en un suave murmullo.

- Tendría que haberlo visto venir, no han parado de preguntarme por ti en toda la noche – comenta Beca tras una breve pausa, decidiendo pasar por alto lo último que ha dicho Chloe –. Mi familia te adora.

Suena tan insegura que Chloe tiene la sospecha de que, o bien no era eso lo que tenía planeado decir inicialmente, o lo iba a acompañar con algo más, pero al final se ha rajado.

¿Y tú?, quiere preguntar. ¿Me adoras tú también?

Pero no puede. Por más que quiera, no puede preguntar eso. El miedo a lo que Beca pueda responder es mucho más fuerte que esa parte de ella, dolida y desesperada, que está dispuesta a arriesgarlo todo con tal de conseguir volver a tener la atención y el afecto de Beca.

En ese momento de silencio, que se alarga y vuelve más pesado con cada segundo que avanza el reloj, cargado de todas las palabras que reposan en las puntas de sus lenguas pero que no se atreven a dar voz; Chloe contempla decir que la echa de menos.

Y cree – espera, desea – que Beca está pensando en lo mismo.

Pero el momento desaparece cuando Jesse se asoma a donde Beca esté, alejada de su familia para tener privacidad, y anuncia que el chocolate caliente ya está listo. La DJ tapa el altavoz en un intento de mantener a Chloe fuera de su conversación, pero la pelirroja escucha de todos modos cómo le informa de que va en un segundo y sella su promesa con un rápido beso.

- Bueno, me tengo que ir – dice, apresurada, una vez descubre el altavoz y devuelve el móvil a su oído –. Nos vemos el lunes.

Un pobre "sí" es todo lo que Chloe es capaz de aportar. Beca tampoco le da opción de ir más allá porque termina la llamada y Chloe se queda escuchando el pitido que indica que se ha cortado la comunicación.


En diciembre, Chloe decide aceptar la propuesta de Kat.

Kat es una chica que está apuntada en el mismo taller de arte que Chloe los martes y jueves por la tarde, solo que, a diferencia de Chloe, Kat no está allí como un mero pasatiempo, sino que emplea esas clases para perfeccionar su técnica.

Es dos años más pequeña que Chloe y acaba de empezar la carrera de Bellas Artes después de rebelarse contra sus padres y negarse a seguir estudiando Derecho. Kat ni siquiera pestañeó cuando Chloe dejó caer que esta era la cuarta vez que estaba haciendo el último curso, lo aceptó como si fuera lo más normal del mundo y rápidamente cambió de conversación.

Hizo que Chloe se sintiera, por primera vez en mucho tiempo, bien consigo misma. En paz. Como si no hubiera nada malo en ella por haber repetido curso tantas veces.

Kat cautivó su atención. Ya no solo porque no le hiciera sentir culpable por seguir en Barden todavía, sino porque era como un soplo de aire fresco en una habitación que lleva años cerrada. Kat era distinta, tenía una forma de llevarse a sí misma que atrapaba tu mirada, aunque solo fuera por la forma en que exudaba confianza.

Parecía saber qué estaba haciendo en todo momento, y Chloe se sentía intrigada. Quería averiguar cómo funcionaba su mente, cómo una persona podía llegar a tener ese nivel de seguridad.

Su dedicación, y la pasión con la que habla del arte, fueron unas de las cosas que más atrajeron a Chloe al poco de conocerla. Sus ojos azules, su ácido sentido del humor, su actitud despreocupada y los tatuajes que adornan su cuerpo fueron otra de las cosas que más la atrajeron.

(No se da cuenta de las similitudes con Beca hasta años más tarde.)

Kat ligaba con ella con un desparpajo solo comparable al de la propia Chloe, Stacie, o incluso Amy la Gorda. Kat ligaba con ella con comentarios que buscaban más que nada conseguir hacer reír a Chloe, más que propiciar otro tipo de reacción en ella. Kat aceptaba con facilidad si Chloe ese día tenía ganas de devolverlas, o si simplemente sonreía y volvía a su trabajo.

Aunque, en realidad, la clave de todo es mucho más simple. Al fin y al cabo, Chloe es solo humana.

Kat presta atención a Chloe. Kat se interesa por Chloe. Y eso es justo lo que Chloe más necesita.

De modo que, en diciembre, Chloe decide decirle que sí a Kat.

La joven artista llevaba meses intentando conseguir que aceptase a ir juntas a cenar, pero Chloe siempre rechazaba la oferta por h o por b. Kat insistía en que no tenía por qué ser nada serio, solo serían dos personas que tenían una genial amistad yendo a cenar algo juntas. No tenía por qué significar nada si Chloe no quería, podían convertirlo en lo que quisieran.

En diciembre, Chloe se cansa de rechazar a Kat.

Acepta su propuesta bajo la condición de que irán a cenar, pero sin ponerle etiquetas. A esa parte ya llegarían después de la cena y en función de cómo se lo hubieran pasado, una vez hubieran visto si su amistad también podía funcionar de esa forma o si era mejor dejar las cosas en un terreno que fuera estrictamente platónico.

A pesar de que acepta, Chloe es completamente consciente de que su corazón sigue perteneciendo a otra persona y no sería justo darle falsas esperanzas a Kat, de modo que quiere dejar todo claro para evitar cualquier tipo de malentendido.

Ella sabe cómo se siente que te rompan el corazón, no quiere ser la causante de que otra persona experience semejante dolor por su culpa.

Kat esboza una enorme sonrisa y acepta con un encogimiento despreocupado. Sus dedos, permanentemente salpicados de pintura, se detienen a medio camino de deslizar un carboncillo sobre el papel de su block de dibujo y sus ojos azules relucen por el sol que cae directamente sobre su rostro a través de la ventana.

- Sabía que terminarías sucumbiendo a mi encanto – dice.

Chloe ríe y también detiene el carboncillo en la curva de los angulosos pómulos de la modelo que está dibujando. Ladea la cabeza para observar cómo Kat vuelve a su trabajo con una sonrisa todavía en los labios, su pelo rubio destella bajo el sol como una corona dorada.

- No te precipites – le recuerda.

- Ya verás, Beale – promete Kat con un guiño juguetón.

(Las similitudes con Beca son cuantiosas, pero Chloe simplemente no las ve.)

El día de la cita no cita llega rápidamente y Chloe se encuentra parada frente al espejo de su habitación dándole los últimos retoques a su maquillaje. Dado que es una cena sin etiquetas, ha optado por un grueso jersey de un rojo oscuro que hace resaltar su pelo cobrizo y pitillos vaqueros rotos en las rodillas.

Sorprendentemente, no está nerviosa. La parte racional de su cerebro bufa y dice: claro que no estás nerviosa, no es una cita, no hay nada de lo que estar nerviosa. Pero, la parte otra parte de su cerebro que es consciente del potencial que tiene esta cena, se limita a poner los ojos en blanco.

Hace tanto tiempo que no tiene una cita (no cita). De hecho, hace tanto que ni recuerda cuándo, ni siquiera con quién, fue la última vez que hizo planes con alguien con perspectiva de que pudieran llevar a que su relación diera un paso más allá.

No está nerviosa, pero sí excitada. Siente mariposas revolotear incesantemente en su estómago y tiene una sensación extraña en el pecho, como si alguien se lo hubiera llenado de burbujas. Había echado de menos esta sensación.

Se pasa el cepillo del rímel una vez más por las pestañas y justo escucha el timbre de la casa repiquetear.

- ¡Es para mí! – grita, metiendo el cepillo dentro del tubo y cerrándolo.

A pesar de su aviso, alguien en el piso de abajo abre la puerta principal. Quizá se ha apiadado de la pobre persona que tenga que quedarse esperando bajo la nieve a que Chloe esté lista.

La pelirroja escucha las voces amortiguadas de dos personas hablando mientras da saltitos por su habitación para calzarse las botas negras con un poco de tacón. Arranca su móvil del cargador, la pantalla de su iPhone se ilumina para dejarle saber que tiene un 78% de batería y dos mensajes nuevos de Aubrey.

Hizo las paces con su mejor amiga la noche de Acción de Gracias. La llamada de Beca la dejó sintiéndose completamente vacía y entumecida, y necesitaba hablar con alguien que le hiciera volver a sentir cálida y comprendiera la situación en la que se encontraba.

Su madre y su hermano le habrían dicho que estaba siendo tonta por permitir que su enfado con Beca se alargase innecesariamente, le habrían aconsejado que se tragase el orgullo y le pidiese disculpas a pesar de que no creyese que era labor suya disculpase. Necesitaba a alguien que se pusiese en su esquina del ring, pero que, a la vez, fuese brutalmente honesta con ella y le dijese las cosas sin pelos en la lengua.

Aubrey fue la opción más lógica.

Con una sonrisa sobre sus labios pintados de rojo, lee las notificaciones de su pantalla.

Bree (5:51 PM): Pásalo bien con Kat esta noche!

Bree (5:51 PM): Ya me contarás todo luego ;)

Chloe se apresura a meter todo lo básico en un bolso negro que se cuelga cruzado sobre el pecho y baja las escaleras, sin querer dejar a Kat sola con quien sea que le haya abierto la puerta por miedo a que la asusten.

- …te ha mencionado.

La voz hace que se quede quieta a medio camino de bajar un escalón. Su pie se balancea en el aire hasta que se fuerza a sí misma a apoyarlo sobre la madera y continuar moviéndose hasta que la pared ya no la oculta y puede ver a Beca en el recibidor con los brazos cruzados y una expresión ilegible en su rostro.

La atención de Kat se desvía de Beca a ella, y su mueca se convierte en una sonrisa cuando ve a Chloe aparecer en las escaleras y descender el resto del camino hasta llegar al recibidor.

- Hola – le saluda, y el alivio se muestra claro en su voz. Hace que Chloe se pregunte qué demonios le habrá dicho Beca para hacer que la usual sociable Kat esté tan tensa –. ¿Lista para irnos?

- Sip – responde con otra sonrisa.

Beca permanece callada, pero sin moverse del sitio. Cuando Chloe le lanza una mirada, porque está en todo el medio y no puede coger su abrigo del perchero de la entrada, Beca se limita a sostener su mirada de esa forma que Chloe sabe interpretar perfectamente después de cuatro años de comunicación silenciosa.

Suspira suavemente y se gira hacia Kat, quien espera balanceándose sobre sus pies, con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo y con toda la actitud de alguien que está deseando salir de allí.

- En realidad – empieza a decirle, torciendo su boca en un gesto de disculpa –. ¿Te importa esperar un segundo?

- Sin problema – accede ella con un asentimiento. Señala hacia la puerta de la casa y saca una de las manos de su bolsillo para enseñar un paquete de cigarrillos –. Te espero fuera, ¿vale?

Kat desaparece rápidamente, prefiriendo congelarse en el frío de la calle que quedarse en el interior un segundo más. En cuanto la puerta se cierra tras ella, Chloe se gira hacia Beca con los brazos cruzados en el pecho y su enfado pintado en su cara.

- ¿Se puede saber qué demonios le has dicho? – espeta.

- Nada – responde Beca con un encogimiento de hombros, pero Chloe ve a través de su mentira sin problema alguno.

- Nunca la había visto tan incómoda – comenta para dejarle saber que no se cree que sea inocente –. Que estés enfadada conmigo no te da derecho a tratar a todo el mundo como si fueran una mierda en la suela de tu zapato, Beca.

La morena aprieta la mandíbula y aparta la mirada hacia la puerta, desde donde, a través de las cristaleras que la flanquean, pueden ver la figura de Kat envuelta en su grueso abrigo soltar una bocanada de humo entre los copos de nieve que no dejan de caer.

- ¿Es una cita? – inquiere de golpe en un tono de voz que se nota que se está esforzando por mantener neutro.

- ¿Por qué dices eso? – bufa Chloe, molesta por el cambio de tema.

- Te has arreglado – observa Beca, recorriendo el cuerpo de la pelirroja con su mirada de arriba debajo de forma cantosa –, vais a cenar juntas…

- ¿No podemos ser dos amigas que van a cenar juntas? – rebate.

Chloe se ha arreglado muchas veces cuando Beca y ella van a cenar juntas. Y Dios sabe que nunca han sido citas, por mucho que Chloe desease que sí que lo fueran.

Con Beca, Chloe nunca habría rehuido de esa etiqueta.

La morena se mofa de su respuesta con un resoplido y una ceja arqueada, como si estuviera preguntándole silenciosamente a Chloe si de verdad la considera tan estúpida como para creerse eso, como para no ver lo que está sucediendo.

- ¿Acaso es una cena entre amigas? – pregunta.

Chloe tiene dos opciones: mentir y aliviar lo que sea que Beca esté sintiendo y que le está haciendo reaccionar de esta forma; o decir la verdad y no dar ningún tipo de explicación más.

- …No – es su respuesta. Está harta de tener que estar dando siempre explicaciones sobre por qué hace lo que hace, de tener a gente constantemente juzgando hasta su paso más pequeño y preguntándole si está segura de querer hacer eso.

Es cierto que nunca ha hablado de este tema con Beca. Primero, porque Chloe considera que es una auténtica estupidez que aquellas personas que pertenecen al colectivo LGTB+ tengan que salir del armario cuando los heterosexuales no tienen que pasar por ese proceso de plantarse frente a sus padres y decirles: oye, que me gusta el sexo opuesto.

Y, segundo, porque Chloe es amor. Siempre ha tenido claro que ella es alguien que ama incondicionalmente, lo último que le preocupa es un detalle tan nimio como la identidad sexual. Es una etiqueta más que no condiciona para nada sus sentimientos. Y, dado que siempre lo ha sabido, no considera que jamás haya "estado en el armario".

El hecho de que, a pesar de esto, todas sus relaciones – románticas o no – hasta el momento hayan sido con hombres, pues ha sido pura casualidad. No ha sido una decisión consciente hecha con el objetivo de mantener esa parte de ella oculta, sino que simplemente ha coincidido que todas las personas que le han despertado el interés han resultado ser hombres.

Beca cuadra la mandíbula y alza un poco la barbilla. Sus ojos se entornan mientras examinan a Chloe, como si esta revelación hubiera causado que la viese de otra forma distinta, o como si estuviera esperando a que algo apareciera en ella.

Quizá un arcoíris que rodease su cabeza de hombro a hombro.

- Ni siquiera sabía que te interesasen las chicas – dice al final, y el mordisco ha abandonado su voz. Ahora simplemente suena… ¿arrepentida?

- Hay muchas cosas que no sabes, Beca – replica Chloe con sequedad –. Es lo que pasa cuando te niegas a hablar con tu mejor amiga.

Beca desvía la mirada y, sí, definitivamente es arrepentimiento lo que enturbia su azul medianoche. Chloe, a pesar de que sabe que tiene todo el derecho a estar dolida y enfadada con Beca en este momento, no puede evitar sentir que esas emociones abandonan su cuerpo y son reemplazadas por la compasión.

- Mira – suspira, su voz suave y resignada. Esquiva a Beca para coger su abrigo y continúa hablando mientras se lo pone –, no voy a pelear contigo ahora, no con Kat esperando fuera – señala con un gesto de cabeza hacia las cristaleras y la chica rubia que sigue fumando tranquilamente bajo la nieve. Y a pesar de que no quiere que siga esperando más tiempo por ella, no puede evitar darle una última oportunidad a Beca –. Si hay algo importante que quieras decirme, dilo ahora.

Beca se queda callada, en sus ojos se refleja el conflicto que está peleando en su interior.

Chloe intenta ser paciente. Deja que pasen los segundos, marcados por el tictac imparable de un pequeño reloj que tienen colgado en la entrada. Pero, al final, Beca mantiene su silencio y Chloe se cansa de esperar.

Siente que lleva mucho tiempo esperando por cosas que nunca llegan, o que siempre llegan tarde. Siente que quizá sea el momento de empezar a pasar página.

- Adiós, Beca – murmura en un suspiro.

Se sube la cremallera del abrigo con un silbido del metal. Con una mano busca en el bolsillo sus guantes, con la otra hace girar el mango de la puerta con un gesto de muñeca y la abre. El frío de la calle la golpea y su aliento se convierte en una nube espesa que puede ver salir de su boca cuando exhala.

Lanza una última mirada a Beca cuando tira de la puerta para cerrarla tras ella, quien justo da un paso hacia delante y abre la boca para decir algo. Chloe juraría haber escuchado un murmullo, algo por el estilo de "lo siento", pero ya es demasiado tarde.

Chloe cierra la puerta y el sonido de la cerradura y la madera chocando ahogan las palabras.


- ¿Qué se supone que estás haciendo?

La pregunta sobresalta a Chloe, y la caja de cereales que acaba de coger de la estantería resbala de entre sus dedos. Sus reflejos impiden que caiga al suelo, pero el cartón se hunde en una de las esquinas por la fuerza con la que lo agarra.

- Jesús, Beca – musita en un resoplido –. Casi me da un infarto.

Es una prueba de lo tensa que está su relación que la DJ no esboce una sonrisa torcida y haga alguna broma sobre cómo entiende que su belleza es increíble, pero no tanto como para causar infartos.

En su lugar, Beca se acerca hasta donde está Chloe parada y deja tres bolsas con manzanas en el carro de la compra. Su ceño está fruncido cuando se gira de nuevo hacia la pelirroja y pone los brazos en jarras con impaciencia al ver que Chloe no contesta inmediatamente a su pregunta.

- ¿Qué te parece que esté haciendo? – rebate esta con una ceja arqueada.

- Son Froot Loops – Beca señala la caja de cereales que descansa entre las manos de Chloe, y por su expresión cualquiera diría que acabase de pillar a la pelirroja con una bolsa llena de caca de perro.

- Lo sé, ¿cuál es el problema?

- Oh, no hay ningún problema. Si quieres que a Amy le dé un subidón de azúcar y queme la casa entera, claro está – se encoge de hombros con fingida despreocupación. Chloe bufa una risa, incrédula, y Beca cruza los brazos –. ¿No me crees?

- Creo… – alarga la palabra lo suficiente para inclinarse sobre Beca y dejar la caja roja de Froot Loops en el carrito –, que estás exagerando – termina, dando un paso hacia atrás.

- ¿Segura? – una delgada ceja morena se arquea en desafío.

Chloe emite un "mmhh" de afirmación y devuelve sus manos al volante del carrito. Lo empuja, obligando a Beca a retirarse de golpe para evitar ser atropellada, y avanza un par de pasos hasta la sección de las galletas.

- ¿Recuerdas en segundo cuando un día llegamos a casa y parecía que uno de los armarios de la cocina había explotado porque estaba todo tirado por el suelo? – pregunta la morena con los brazos todavía cruzados y los labios fruncidos de esa forma que delata que está haciendo un esfuerzo muy grande por no sonreír.

Chloe frunce el ceño mientras continúa recorriendo la estantería con la mirada en busca de las TostaRica. Chasca la lengua cuando las encuentra y dobla las rodillas para poder alcanzarlas.

Recuerda ese día perfectamente, les llevó toda la tarde limpiar el desastre entre todas.

- Amy dijo que se había colado un mapache – responde desde su posición agachada.

En su momento, le pareció muy raro que la australiana no dejase de cambiar el peso de un pie a otro, casi parecía que se estaba aguantando las ganas de hacer pis, y cómo no dejaba de mirar a su alrededor con gestos nerviosos. Pero lo atribuyó todo al susto de haberse encontrado un mapache destrozando la cocina.

Ahora, sin embargo, lo reconoce por lo que es: las señales de una persona adicta al azúcar en pleno síndrome de abstinencia.

Se le escapa una exclamación ahogada y se incorpora de golpe, mirando a Beca, que está apoyada contra la estantería. Deja de intentar contener su sonrisa de superioridad, cruza los brazos y alza la barbilla en un gesto tan petulante que Chloe casi tiene ganas de atropellarla con el carrito de la compra.

Se salva porque ahora mismo está más indignada con Amy.

- ¡No me lo puedo creer! ¡Fue ella! – grita, golpeando el volante del carrito con la palma de su mano.

- Ajá – asiente la DJ –. No sé qué tienen – coge la caja de Froot Loops de entre la compra y los agita –, pero son como crac para Amy.

Chloe observa los cereales con un puchero, sabedora de que va a tener que dejar esos aritos hechos de puro azúcar de colorines de vuelta en la estantería.

- No es justo – se queja en un suspiro.

Le arrebata la caja a Beca de las manos y la deja de vuelta en su sitio con un golpe que hace que sus contenidos se revuelvan con un sonido acartonado. En su lugar, coge con poco agrado unos cereales de fibra y los deja caer en el carrito, sin importar que se machaquen del golpe.

Un brazo rodea su cintura y la mano de Beca frota su espalda en un intento de consuelo.

- Venga, si terminamos pronto, te invito a un helado de la tienda de la esquina – le propone con un gesto de cabeza hacia la salida del supermercado.

Chloe le regala una sonrisa agradecida que Beca le devuelve, un poco más tímida.

Entonces, ambas parecen recordar que se supone que están enfadadas. Sus sonrisas se marchitan y Beca se tensa. El brazo que estaba frotando la espalda de Chloe cae junto a la DJ y esta se aleja hasta recuperar su posición frente al carrito.

Durante un instante, se quedan quietas en el pasillo del supermercado.

Chloe se muerde el labio inferior y le lanza una mirada a Beca solo para descubrir que la morena ya la está mirando. En cuanto hacen contacto visual, Beca desvía su mirada a la estantería que tienen delante y agacha la cabeza, claramente no interesada en arreglar las cosas en este momento.

Con un suspiro resignado, bien consciente de que esa propuesta de ir a tomar helado juntas cuando terminen no va ocurrir ahora que han vuelto al mundo real, Chloe devuelve sus manos al volante del carrito y lo gira para esquivar a Beca.

Tiene la impresión de que, últimamente, todo consiste en Beca y ella esquivándose mutuamente.


Era solo cuestión de tiempo que llegase un momento en el que ya no pudieran seguir esquivándose. Es solo que, cuando por fin sucede, no es para nada como Chloe esperaba.

Ocurre una noche de febrero en la que llega bastante tarde a casa. Es jueves y, después del taller de arte, Kat había propuesto ir todos juntos a tomar unas cervezas a algún bar del campus. El plan era no quedarse hasta muy tarde porque algunos tenían que madrugar al día siguiente, pero cuando te dicen "solo una cerveza y luego te marchas", las cosas al final nunca salen según lo pactado.

Terminaron en un bar en el que había actuaciones de música en directo y, entre el alcohol y las guitarras haciendo vibrar sus cuerpos, las horas pasaron sin que ninguno de ellos fuera realmente consciente de ello.

Al final, son cerca de las tres de la madrugada cuando Chloe abre silenciosamente la puerta principal de la casa. Los oídos todavía le pitan por el cambio de volumen entre el ruidoso interior del bar y el silencio sepulcral de la casa.

Se sacude la nieve en el recibidor, colgando su abrigo y el gorro empapados del perchero de la entrada para que se sequen. Guarda los guantes en el bolsillo de su abrigo y se quita las botas, también llenas de nieve que se va a derretir a lo largo de la noche y dejará un charco en el suelo.

Calzada únicamente con sus gruesos calcetines de invierno, cruza el salón con pasos distraídos. Saca el móvil del bolsillo trasero de sus vaqueros y comprueba sus mensajes.

Kat (2:47 AM): Avísame cuando llegues a casa! :3

Sonríe y se queda parada a mitad del salón para pulsar sobre la notificación y escribir un rápido mensaje informando de que ya está en casa y planea tomarse un vaso de leche caliente con cacao e irse a dormir.

Su cita no cita al final no llevó a nada, pero su amistad y el buen rollo entre ellas no se vio perjudicado. Kat mantuvo su palabra, fue una cena informal en la que se rieron mucho y lo pasaron muy bien, e incluso compartieron un suave y corto beso de despedida.

Pero fue en ese momento, al separarse y abrir los ojos otra vez, que Chloe se dio cuenta de que lo que deseaba ver era ondas morenas entre sus dedos y ojos azul medianoche. De modo que optó por no seguir por ese camino y mantener su relación en el terreno de lo estrictamente platónico, decisión que Kat aceptó sin rechistar. Ni siquiera intentó hacerle cambiar de opinión.

Parte de Chloe sospecha que es porque la artista se dio cuenta de que estaba buscando en ella a la persona que no podía tener, pero nunca pidió explicaciones de modo que no podía contrastar su teoría.

Le desea buenas noches a Kat con el emoji de un corazón morado y bloquea el móvil. Recorre los pocos pasos que le quedan hasta la cocina, pero se queda paralizada en el umbral al ver que ya hay alguien sentado en uno de los taburetes que rodean la isla de la cocina.

La estancia está sumida en la oscuridad, quien está dentro no se ha molestado en encender las luces, y los ojos de Chloe tardan un segundo más de lo habitual en reconocer la menuda figura encorvada sobre el granito porque todavía están adaptándose del brillo de la pantalla de su móvil a la escasa luz que se cuela a través de las cortinas que cubren las ventanas de la cocina.

Beca está sentada en un taburete, de espaldas a la entrada. Lleva su pijama puesto, uno suave y gordito en tonos grises y azules eléctricos ideal para las frías noches de invierno; y tiene sus ondas castañas recogidas en un moño descuidado.

Es obvio, por la forma en que sus hombros se sacuden y cómo se sorbe la nariz de tanto en tanto, que está llorando.

Esto presenta a Chloe con un dilema. Por norma general, Beca no lidia bien con las lágrimas, y mucho menos cuando son suyas, porque tiene la tonta idea de que es una forma de debilidad. Si se tiene en cuenta que siguen enfadadas y no han resuelto ni uno de los problemas que son la causa de tanta tensión y fricción entre ellas, la situación se complica.

No está segura de cómo reaccionaría Beca si se acercase e intentase consolarla, pero tampoco es capaz de dar media vuelta, subir a su habitación e intentar dormir sabiendo que en el piso de abajo Beca está llorando sola.

En realidad, la decisión no es tan complicada.

Retrocede unos cuantos pasos y vuelve a acercarse a la cocina, esta vez arrastrando los pies en el suelo para hacer ruido y bostezando. Pillar a Beca por sorpresa nunca es buena idea, menos aún si está en un momento de vulnerabilidad. De esta forma, la alerta de su presencia, lo que le da a Beca la oportunidad de prepararse y disimular las lágrimas si quiere.

No se equivoca, pues ve a la DJ moverse para secar sus mejillas con las mangas de su pijama. Sigue siendo obvio que ha estado llorando, pero no hay necesidad de hacer la situación más incómoda.

- Oh, eres tú – murmura Beca con voz rasposa y húmeda cuando gira la cabeza hacia la entrada de la cocina –. ¿Acabas de llegar?

Chloe se limita a emitir un "mmhh" afirmativo y procede a prepararse ese vaso de leche caliente con cacao que tanto se le ha antojado. Tatareando una suave melodía para sí misma, abre la nevera para sacar el cartón de leche y llena una taza hasta que solo quedan unos centímetros de corona. Luego, guarda la leche y mete la taza en el microondas.

Con el zumbido del electrodoméstico de fondo, Chloe se gira por fin hacia Beca. Le ha dejado este tiempo para recomponerse, por mucho que sepa que Beca desearía que fingiese que no se ha dado cuenta de nada y no hiciese comentario alguno al respecto, no va a tener tanta suerte.

Ese no es el tipo de persona que es Chloe.

La luz amarillenta del interior del microondas ilumina parte del rostro de la DJ, mostrando sus ojos y nariz enrojecidos. Chloe se apoya frente a ella en la encimera, descansando sus antebrazos sobre el frío granito, y permite que, de momento, Beca continúe rehuyendo su mirada.

- Sé que teóricamente seguimos enfadadas – comenta en voz baja –, pero tú sabes perfectamente que no puedo fingir que no te he visto llorar – Beca asiente con la cabeza gacha y se sorbe la nariz una vez más –. De modo que, propongo hacer un paréntesis.

Eso consigue captar el interés de la morena, que levanta y ladea la cabeza para mirar a Chloe con curiosidad en sus brillantes ojos azul medianoche.

- ¿A qué te refieres? – pregunta.

- Es una especie de tregua – aclara encogiéndose de hombros de forma casi imperceptible –. Por esta noche, solo soy tu mejor amiga. Olvida todo lo demás – barre con una mano el aire, empujándolo hacia un lado.

Mientras Beca medita su propuesta, Chloe se gira de nuevo hacia el microondas y lo para justo a tiempo para que no pite. No quiere arriesgarse a despertar a ninguna de las otras Bellas porque entonces Beca sí que se va a encerrar en sí misma y no habrá quien consiga sonsacarle qué hace llorando, sola y en la oscuridad, a las 3 de la mañana de un jueves.

Saca la taza después de comprobar que no se va a achicharrar la mano si la agarra por el mango y sopla sobre la leche caliente. Se alza sobre la punta de sus pies para llegar a la balda en la que está el tarro con cacao y se echa una pequeña cucharada en la leche, removiendo para disolver todos los grumos.

- Jesse se va a Nueva York en dos meses – habla por fin Beca en apenas un susurro.

Dos emociones estallan en el interior de Chloe en cuanto procesa la información y lo que significa. La primera es sorpresa, porque de todas las cosas que imaginaba que podían ser la causa tras las lágrimas de Beca, que Jesse se fuera a ir de Atlanta no era una de ellas. La segunda es alegría, pero un tipo de alegría perversa que hace que Chloe se sienta inmediatamente culpable y extinga esa llama de su pecho de un pisotón.

Le indica a Beca con una mano que trasladen esa charla y se sientan en el sillón una al lado de la otra. La morena dobla las rodillas y las rodea con sus brazos para pegarlas a su pecho, Chloe se limita a encajar su espalda entre la esquina que se forma entre el respaldo y el reposabrazos del sillón, con una pierna bajo su cuerpo y la otra colgando del borde.

- Me lo ha contado esta noche – continúa explicando Beca en un tono de voz apagado una vez ambas han encontrado posturas cómodas –. Ha encontrado "las prácticas de sus sueños" – la morena dibuja las comillas en el aire y es curioso cómo un simple gesto puede resultar tan sarcástico –, en un pequeño estudio de Brooklyn en el que componen bandas sonoras para películas.

- ¿Y la universidad? – pregunta Chloe.

- Ya lo ha hablado con el decano. Tendrá que hacer los exámenes finales antes de irse y, si aprueba todo, le mandarán por correo el título de graduado.

Se hace el silencio mientras Chloe piensa qué decir. No tiene ni la más remota idea.

Esa pequeña parte egoísta de sí misma, la que se ha alegrado al escuchar la noticia, la misma que está desesperada por recuperar la atención y el afecto de Beca, le susurra al oído todo lo bueno que puede salir de aquí. Jesse se muda a otro estado y deja a Beca detrás, eso solo puede suponer el final de su relación.

Sin embargo, el resto de Chloe siente el sufrimiento de Beca en su cuerpo como si fuera el suyo. Si tuviera un corazón, seguro que se habría encogido de dolor; pero estando las cosas como están, solo puede notar su latido fantasmagórico en el espacio donde solía estar.

Odia que Beca se encuentre en esta situación, que ahora que por fin ha encontrado a alguien se arriesgue a perderlo por unas prácticas en un estado distinto. No se lo merece, se merece ser feliz. Y, por mucho que escueza, Chloe debe admitir que Jesse hace a Beca feliz.

- Por lo menos podría haberme consultado antes de decir que sí, ¿no? – dice Beca, aunque parece más que esté pensando en voz alta. Se rasca la nariz y esboza una mueca –. Es decir, estamos en una relación y es una decisión que no solo le afecta a él, sino también a mí de rebote. Debería haberme hablado de ello… – su voz se apaga y pierde en sus pensamientos durante un instante antes de buscar un poco de apoyo en Chloe –. ¿…No?

Sus ojos suplican en la oscuridad del salón. Se clavan en el alma de la pelirroja, quien siente la herida de su pecho sangrar con pena y compasión. Traga saliva y suspira, porque no cree que esté a punto de ejercer de abogada de su diablo particular.

- Es comprensible que te sientas así, Bec – murmura suavemente. Su voz es dulce y comprensiva para no irritar a su mejor amiga más de lo que ya lo está, tiene que manejar la situación con la misma delicadeza con la que se cogen trozos de un cristal roto –. Pero ¿has probado a ponerte en su lugar? – le pregunta –. Si te hubieran ofrecido todo con lo que llevas soñando tu vida entera, ¿no habrías aceptado sin un solo instante de duda?

Beca cierra la boca y aparta la mirada, porque sabe que Chloe tiene razón.

- Jesse debería haber hablado contigo, es cierto – concede con un gesto de cabeza y una mueca –. Por lo menos debería haberte comentado que estaba pensando en pedir prácticas en Nueva York. Pero es normal que, con la emoción de por fin conseguir alcanzar su sueño, ni siquiera fuera del todo consciente de lo que supondría que le cogieran.

La morena medita lo que Chloe acaba de decir, y esta deja que procese todo mientras se bebe con calma su leche con cacao. Ya no le sabe tan dulce como antes. Tiene un sabor amargo en la lengua, como si su cuerpo se estuviera rebelando contra las palabras que han caído de su boca.

Sabe que es una reacción estúpida, así que se centra en ignorarla.

Resulta una tarea fácil cuando se da cuenta de que lágrimas silenciosas vuelven a caer de forma incesante por las mejillas de Beca. Chloe chasquea la lengua y deja su taza en la mesita del centro para poder acoger a la morena entre sus brazos y acunarla contra su pecho.

Beca se deja hacer sin protestar ni ponerse rígida, simplemente se acurruca contra Chloe y se agita en su abrazo con sollozos reprimidos.

- ¿Soy una persona horrible por no querer que se vaya? – pregunta la DJ en un murmullo roto.

Desvía la mirada, como si estuviera avergonzada, cuando Chloe, sorprendida, se despega para intentar ver su expresión y discernir si va en serio. Su reacción es suficiente para demostrarle que la pregunta es algo que le preocupa de verdad, y suspira.

- Oh, cielo, no – se apresura a aclarar, apretando sus brazos alrededor de su menudo cuerpo con más fuerza –. Solo eres una persona que está enamorada.

- No sé dónde nos deja esto – llora mientras se seca la nariz con una mano –. No sé si intentarlo o tirar la toalla ahora que estamos a tiempo, todo el mundo sabe que las relaciones a distancia nunca funcionan.

- Hay excepciones – le recuerda Chloe, a pesar de que le está matando –. Además, una vez te gradúes, nada te ata a Atlanta y ya sé que tu sueño siempre ha sido Los Ángeles, pero Nueva York también tiene una parte importante de la industria discográfica – razona –. Pero tienes que hablarlo con Jesse cuanto antes, Bec.

La morena asiente para demostrar que la ha escuchado, ya que no contesta de ninguna otra forma. Continúa llorando silenciosamente en el abrazo de Chloe, quien la arrulla y acaricia su espalda con roces firmes de su mano.

- No quiero perderle, Chlo – confiesa Beca en un susurro contra su sudadera.

Su mano se convierte en un puño alrededor de la prenda. Las palabras salen aplastadas contra la tela verde botella de Barden y Chloe casi no las escucha por culpa de sus oídos, que continúan pitando.

Pero por desgracia para ella, las escucha. Y son como una patada en el estómago, como si le hubieran volcado un cubo de nieve por dentro de la ropa.

Se clavan en su alma. Desgarran más la herida que tiene en su pecho.

- No tienes por qué – le asegura, apañándoselas para empujar las palabras justo antes de que un nudo cierre su garganta y ella también tenga que luchar contra las lágrimas.

El silencio cae sobre ellas mientras Beca se tranquiliza progresivamente. Le cuesta un rato, pero eventualmente consigue dejar de llorar. Sus hombros ya no se sacuden con sollozos, ya no sorbe la nariz ni se seca las lágrimas de la cara con las mangas del pijama, pero Chloe no la suelta ni un solo instante.

Continúa meciéndola entre sus brazos, su barbilla descansa en la cabeza de Beca y sus mechones castaños le hacen cosquillas en la cara de vez en cuando. Su mano recorre el mismo camino y dibuja círculos en la espalda de Beca, que se acurruca aún más contra ella.

El puño que tenía formado en la parte baja de la sudadera de Chloe se afloja hasta que la mano descansa contra su abdomen sin fuerza alguna. Su respiración se vuelve profunda y suave, de esa forma que resulta familiar para Chloe después de tantas noches durmiendo junto al menudo cuerpo de su mejor amiga.

El sueño empieza a pesarle en los párpados, pero no se ve capaz de moverse de donde está. Este momento, por muy doloroso que haya sido, está siendo curativo. Todo el daño que ha causado empujar a Beca a luchar por su relación con Jesse, cuando en verdad lo que deseaba hacer era decirle que le dejase marchar y se quedase con ella, está siendo reparado al ver que Beca sigue necesitándola.

La prueba yace entre sus brazos, durmiendo sobre su pecho.

Reposa la cabeza contra el respaldo del sillón en una postura que sabe que mañana todo su cuerpo lamentará, y cierra los ojos con toda la intención de dormir ella también. Sin embargo, un susurro hace que sus párpados se abran de golpe.

- Siento estar perdiéndome tantas cosas de tu vida – dice Beca en un tono de voz apenas audible. Chloe se tensa bajo ella y la morena suspira –. A veces parece que no conozco a esta nueva Chloe.

Y la pelirroja sabe por qué lo dice.

Recuerda perfectamente la conversación que tuvo con Beca la noche de su cita no cita con Kat. Recuerda que le echó en cara el hecho de que había muchas cosas sobre ella de las que no tenía ni idea porque llevaban meses sin hablar. Recuerda la sombra de arrepentimiento que cubrió ese azul medianoche que continúa siendo su tonalidad preferida de azul.

Muchas veces, tarde en la noche, cuando ya está metida en la cama y con el sueño pesándole en los párpados, pero todavía no es capaz de quedarse dormida por muy cansada que esté porque su cerebro se niega a parar de funcionar y darle vueltas a las cosas; recuerda cómo le dio la impresión de que Beca le había dicho algo, le había pedido disculpas, milésimas de segundo antes de que cerrase la puerta de la casa.

En esos momentos en los que su Pepito Grillo se dedica a revolver la mierda que Chloe mantiene escondida en ese oscuro cajón polvoriento en un rincón de su mente y le muestra la realidad bajo una luz dura y directa que no deja sombra alguna en la que ocultar esas verdades de las que uno no quiere ser consciente, porque duelen; se pregunta si Beca realmente dijo algo. Si realmente le dijo que lo sentía. Y por qué exactamente se estaba disculpando.

- Yo también lo siento – susurra Chloe de vuelta, con un fuerte nudo en la garganta y lágrimas en los ojos.

No es un perdón. Por lo menos, no es el perdón que ambas esperan. No es el perdón que va a arreglar su amistad y devolver las piezas a donde estaban.

Pero está de camino.


En algún momento del largo silencio que sigue a sus confesiones, Chloe se queda dormida. Lo siguiente de lo que es consciente es de despertarse con un dolor de cuello atroz que le da la impresión de que jamás va a ser capaz de volver a poner la cabeza recta.

Desorientada y profundamente agotada, parpadea con ojos arenosos y busca qué exactamente ha provocado que se despierte. No tarda mucho en darse cuenta, pues la razón por la que está despierta a las seis de la mañana, si el reloj está bien, se gira a mirarla con expresión de sorpresa y disculpa.

- Perdona, no pretendía despertarte – se disculpa la morena con una mueca.

Se levanta del sillón con algo de rigidez y se rehace el moño que estaba completamente destrozado.

- ¿A dónde vas? – inquiere Chloe con voz ronca cuando ve a Beca mirar el reloj y apresurarse –. Apenas has dormido tres horas.

- Lo sé, pero tengo que irme – responde en voz baja –. Tengo cosas que hacer.

Chloe frunce el ceño, preguntándose qué puede tener que hacer Beca a las seis de la mañana de un viernes. Le da la impresión de que está estrechamente relacionado con el hecho de que lleva todo el año desapareciendo así como así, sin darle explicaciones a nadie sobre a dónde va.

Beca cree que no se ha dado cuenta todavía, pero ¿cómo no se va a dar cuenta cuando, incluso estando enfadadas y empeñadas en ignorarse, el mundo de Chloe sigue girando alrededor de Beca?

- ¿Tienes que trabajar?

La morena se pausa, sus botas en una mano. Gira la cabeza hasta que mira a Chloe, que sigue semi tumbada en el sillón por miedo a morir de dolor si se mueve.

- …Sí – dice tras una pausa llena de incertidumbre.

No dice nada más, ni aporta más explicaciones. Gira sobre sus talones y corre escaleras arriba para vestirse.


Chloe puede no tener claras un montón de cosas sobre su vida.

No tiene ni idea de qué va a ser de ella. No tiene ni idea de si pretende suspender una vez más y quedarse sola en Barden. No tiene ni idea de si quiere graduarse con el resto de las Bellas. No tiene ni idea de qué quiere hacer con su futuro.

No tiene ni idea de qué va a ocurrir con las Bellas. No tiene ni idea de si serán capaces de ganar a DSM en el Campeonato Mundial de A Cappella. Ni siquiera sabe si van a ser capaces de llevar a cabo la actuación en la convención de la residencia de ancianos sin montar algún tipo de escándalo.

No tiene ni idea de qué va a ocurrir con Beca. No tiene ni idea de qué ha significado esta noche para su amistad y su pelea. No tiene ni idea de si van a continuar en esa especie de paréntesis por un tiempo indeterminado o si, por el contrario, su tregua acabó en cuanto salió el sol.

Chloe no tiene ni idea de qué hacer con muchos aspectos de su vida.

Pero hay dos cosas que tiene claras sobre Beca: que la echa de menos tanto como Chloe a ella, y que le está ocultando algo.


Dos semanas antes de que Jesse se marche a Nueva York, los Treblemakers deciden organizar una mega fiesta de despedida para su capitán.

Medio campus, sino Barden entero, acude al evento en uno u otro punto de la noche, de tal forma que los Trebles se ven obligados a expandir el terreno de la fiesta de su jardín trasero a la carretera de gravilla principal y la amplia expansión de césped que rodea el lago.

Dos peligrosos elementos para Chloe están presentes en toda la duración de la fiesta: el alcohol y la soledad. Soledad que, en algunas ocasiones, cuando en su desenfocado campo de visión veía a Jesse con Beca encajada bajo su brazo y contra su pecho, se convertía en una envidia que le quemaba por dentro a fuego lento.

Y ha sido buena. No solo al aconsejar a Beca y ayudarle a resolver el dilema en el que se encontraba respecto a su relación con Jesse y la distancia, a pesar de que colaborar en que Beca siguiese saliendo con Jesse iba en contra de todos sus deseos. Pero también ha sido buena en el tema de no volver a perder el control como el año pasado, no ha vuelto a acostarse con alguien borracha. De hecho, no se ha acostado con nadie en lo que va de curso.

Ha sido buena, pero hasta las personas buenas sucumben.

Es la urgencia de sentirse necesitada. Es la urgencia de olvidarse de que su amistad con Beca ha vuelto a un extraño limbo en el que no están mal, pero tampoco están bien. Se limitan a coexistir en el mismo espacio, con la tensión electrificando al aire allá donde vayan y recordándoles a ellas y a todos los que están al lado que todavía tienen asuntos pendientes por resolver.

Y la mezcla del alcohol con la soledad que siente acomodarse en el hueco que tiene en el pecho, donde su corazón solía estar, la empuja a los brazos de alguien que sabe que la aprecia y puede hacerle sentir bien. Aunque solo sea por unos minutos.

- Sin etiquetas – musita cuando termina de arrastrar a Kat lejos de la fiesta.

- Sin etiquetas – acepta ella sin problemas.

(Chloe se convence a sí misma de que acostarse con una chica no significa que esté dejando de ser buena. No existe riesgo alguno.)

Cuando terminan, no se molestan en levantarse de la húmeda hierba a orillas del lago. Kat parece sentir que Chloe necesita este momento de silencio acompañado y, en vez de proponer volver a la fiesta, se quedan tumbadas observando el vasto cielo que se expande sobre ellas y hace sentir a Chloe tan pequeña como una hormiga.

Al cabo de unos minutos, la artista busca algo en los bolsillos internos de su cazadora vaquera y saca unos enmarañados cascos y su Samsung. Sus ágiles dedos se entretienen desenredando el cable blanco hasta que no queda ni un solo nudo y puede conectar el jack.

No dice nada, simplemente ofrece uno de los auriculares a Chloe y se pone el otro.

Chloe duda un segundo, pero termina por aceptar. Observa con curiosidad cómo Kat sujeta el móvil sobre su cara y abre la aplicación de Spotify, tecleando el nombre de un artista del que Chloe no ha escuchado hablar en su vida.

Kat escoge una playlist creada por el propio artista: Rhys Lewis – The Complete Playlist; y tras asegurarse de que la opción de aleatorio está seleccionada, le da al play.

Una guitarra eléctrica empieza a sonar, lenta y melancólica. La voz del artista es grave y rasgada y acompaña a la guitarra perfectamente, llenando el pecho de Chloe de una tristeza infinita cuando la letra de la canción se filtra en su cabeza a través de su oído.

Cause I'm cold, so you warm me up

And I'm numb 'til I feel your touch

And I'm so tired of missing you

Como el agua, cada palabra gotea lentamente dentro de ella y se acumulan en sus ojos y el hueco de su corazón. Su peso oprime sus pulmones y hace que respirar requiera un esfuerzo consciente por parte de Chloe.

Se pregunta si Kat ha escogido a ese artista específicamente por esta canción, o si ha sido pura casualidad.


Es tarde cuando la playlist llega a su fin.

El móvil de Kat informa que van a dar las cinco de la mañana en aproximadamente diez minutos. Su ropa está húmeda de estar tanto tiempo tumbadas sobre la hierba a orillas del lago y ambas tienen que sacudirse los restos de ramitas y hojas que se han quedado pegadas a la tela y sus pelos.

- ¿Estás bien para ir sola? – se asegura Kat antes de despedirse.

- Sin problema – responde Chloe, a pesar de que se balancea ligeramente en el sitio.

Kat no parece muy convencida, sin embargo, deja que la pelirroja se marche tras hacerle prometer que le avisará en cuanto llegue sana y salva. Chloe deja escapar una risita y engancha sus meñiques para hacer su solemne juramento. Se encamina de vuelta a casa con el cansancio en los huesos.

Para estar todavía algo afectada por el alcohol consumido a lo largo de la noche, es capaz de cerrar tras ella en completo silencio y, a oscuras, arrastrar su cuerpo escaleras arriba con la ayuda de la barandilla hasta su habitación.

Deja los zapatos en una esquina, pero al darse la vuelta no calcula bien la distancia y choca sin querer contra la puerta abierta de su armario. El ruido no es muy fuerte, solo un seco y quedo thud que no es suficiente para despertar a las Bellas que están ya durmiendo; aun así, el cerebro de Chloe reacciona chistándole a la puerta como si eso fuera a arreglar la situación.

Con pasos un poco inestables, se dirige a su cama. Necesita estar más estable si quiere intentar quitarse los pantalones sin caerse. Se deja caer sobre el colchón, pero cuál es su sorpresa cuando choca con algo grande y sólido que está escondido bajo las mantas.

El bulto da un brinco semejante al de Chloe, que resbala de la cama y cae al suelo de culo por el susto. Tiene suerte de que la impresión la haya dejado muda, porque cuando el bulto se transforma en una persona que se incorpora hasta quedar sentada, su grito seguro que habría despertado a la casa entera y a todos los que viven en un radio de diez kilómetros.

Parpadea para enfocar la figura delineada por la luz que se filtra a través de su ventana, su pulso va a mil por hora y lo nota en la garganta. La persona se inclina y alarga una mano, Chloe se encoge por instinto hasta que se da cuenta de que lo que pretende es encender la luz de la mesilla.

La habitación queda bañada en suave luz amarillenta y Chloe identifica por fin al intruso que se ha metido en su cama: es Beca.

- ¡Me has dado un susto de muerte! – le regaña en un siseo.

Beca parpadea para librarse de los restos de sueño que impregnan sus ojos y mira hacia abajo, donde Chloe sigue sentada en el suelo.

- Perdón – se disculpa con voz ronca –. No tenía intención de quedarme dormida…

- ¿Qué haces aquí?

- Estaba… buscándote – Beca mira a su alrededor, las mantas que cubren su cuerpo y la cama semi deshecha –. Debí de quedarme dormida mientras esperaba a que volvieras.

- Ah – no sabe muy bien por qué, pero ahora que se le ha pasado el susto, encuentra la situación increíblemente ridícula. Deja escapar una risita mientras intenta levantarse. Necesita la asistencia del somier para conseguirlo –. Pues ya me encontraste – proclama extendiendo las manos una vez logra mantenerse recta.

- ¿Estás borracha? – pregunta Beca con el ceño fruncido y la desaprobación clara en su rostro.

- Nooooo – Chloe niega con la cabeza, porque tampoco está borracha, pero se ve obligada a parar cuando todo empieza a dar vueltas vertiginosas. El ceño de Beca se hace más profundo –. Vale, puede que un poco – tiene que admitir con una risa –, pero estoy bien – asegura –. Puedes seguir durmiendo, yo ahora voy.

La DJ deja escapar un bufido incrédulo y sus cejas se arquean cuando sacude la cabeza.

- Ah, bueno, sí tú estás bien entonces todo arreglado – dice derrochando sarcasmo –. ¿Alguna vez eres capaz de pensar en algo que no sea en ti misma, Chloe? – espeta.

Chloe recula como si las palabras le hubieran dado un empujón, completamente cogida desprevenida por la hostilidad con la que Beca la está mirando ahora mismo.

Pensar en los demás es todo lo que hago, piensa con amargura.

- ¿Dónde has estado? – pregunta Beca, los brazos firmemente cruzados en su pecho.

- ¿Cuándo?

- Antes, Chloe – responde exasperada –. Cuando no estabas ni en la fiesta, ni en casa.

- ¿Qué eres, mi madre? – se le escapa el comentario únicamente porque no entiende qué está pasando y por qué Beca la está tratando de esta forma. Que Chloe sepa, no le ha hecho nada que justifique esta actitud hacia ella.

- No, soy la que ha recibido una llamada de Aubrey en pleno ataque de pánico porque le habías mandado un mensaje muy extraño y no le contestabas las llamadas.

Chloe se pausa y sacude la cabeza. Está teniendo serios problemas para comprender tanta cosa junta.

- ¿Qué? – exclama.

No tiene recuerdo alguno de haberle mandado un mensaje a Aubrey, pero no sería la primera vez que el alcohol causa que tenga pequeñas lagunas en su memoria. Palmea sus pantalones húmedos en busca de su móvil, y luego se acuerda que se lo guardó en el bolsillo de la cazadora negra cuando Kat la tumbó en la hierba.

Saca el iPhone y… Efectivamente. Tiene como 12 llamadas perdidas de su mejor amiga y otras tantas de Beca, ninguna de las cuales había escuchado porque puso el móvil en silencio para no tener interrupción alguna. Navega con el pulgar por las notificaciones acumuladas y ve que todo fue escalando cuando no volvió a contestar a los mensajes de Aubrey.

Bree

últ. conexión a las 4.44

Hw sidp buena

Pwro ya no puedo mss

(3:18) Qué?

(3:23) A qué te refieres, Chloe?

(3:23) Estás bien?

(3:23) Ha pasado algo?

(3:36) Chloe?

(3:36) Chloe, en serio

(3:37) No tiene gracia

(3:37) Contesta

(3:57) Chloe dónde demonios estás?

(4:05) Chloe, contesta o llamo a la policía

No quiere ni imaginar el miedo que ha debido de pasar su mejor amiga después de recibir semejante mensajes y no ser capaz de ponerse en contacto con ella. Sintiéndose horriblemente culpable, Chloe se mordisquea el labio inferior y piensa un segundo qué decir para arreglar la situación.

Bree

en línea

Perdón Bree

No fue mi intención asustarte

No recordaba haberte escrito

Lo siento muchísimo

(5:12) Gracias a los dioses

(5:12) Estás bien?

(5:12) Te ha encontrado Beca?

Estoy bien

Estoy en casa

(5:13) Vale

De verdad que lo siento

(5:13) No te preocupes por eso ahora

(5:13) Duerme

(5:13) Ya hablaremos mañana

Está bien

Te quiero :* :* :*

(5:13) Y yo a ti :*

Cuando Chloe alza la mirada del iPhone, bloqueándolo y dejándolo sobre su mesilla boca abajo, Beca está esperando con los brazos cruzados y una ceja arqueada.

- ¿Y bien? – al ver que Chloe simplemente parpadea, sin saber a qué se refiere, la morena suspira y vuelve a preguntar –: ¿Dónde estabas?

- Estaba con alguien, ¿vale? – admite. No puede evitar ponerse a la defensiva, se siente juzgada por Beca.

- ¿Con quién?

- Alguien – nota que su respuesta irrita a la morena, quien chasquea la lengua y se pasa una mano por el pelo con exasperación –. ¿Por qué te interesan tanto los detalles?

- Chloe… – suspira Beca, y su tono de voz suena a advertencia.

- ¿Qué? – desafía la pelirroja.

- ¿Crees que deberías volver a las andadas después de lo que pasó?

Chloe frunce el ceño y cruza los brazos. No puede creerse que Beca esté usando eso en su contra en una especie de reproche que intenta hacerle lamentar las decisiones que está tomando con su cuerpo.

- No voy a dejar de tener sexo por un susto, Beca – espeta.

- Lo sé, pero… – intenta explicar la morena.

- No – le corta Chloe con frialdad. Sus ojos se entrecierran cuando mira a su mejor amiga, dolida por su estrategia para hacerle sentir culpable –. No me hagas sentir mal por querer vivir mi vida – le advierte.

- Hay otras formas de vivir – argumenta.

- A mí me gusta la mía, y, si tienes algún problema con ello, ya sabes dónde está la puerta.

Hace un gesto con la mano hacia la salida de su habitación y mira a Beca con desafío en su rostro. La morena sigue la dirección en la que apunta con la mirada, luego la cruza con la de Chloe, y termina por sacudir la cabeza con resignación.

- Mira, no quiero pelear contigo también… - sentencia, alzando las manos en señal de que se rinde.

Eso hace que Chloe se pause a media respiración.

- ¿También? – inquiere, su cabeza ladeada en muestra de interés –. ¿Qué ha pasado? ¿Con quién te has peleado?

- Jesse – musita Beca.

La pelirroja suspira y sacude la cabeza. Debería haberlo supuesto, con la fiesta de despedida y la marcha del Treble tan cercana, es normal que su relación ahora mismo no esté pasando por el mejor de los momentos.

Es probable que a Beca le sentase un poco mal la obvia emoción que Jesse mostró a lo largo de la noche cada vez que alguien se acercaba a preguntarle sobre su viaje a Nueva York.

- ¿Quieres que vaya a darle una patada en el culo? – ofrece con una media sonrisa llena de simpatía.

- Gracias – Beca bufa una risa –, pero no hace falta. Solo… No pretendo juzgarte – se disculpa en un tono de voz bajo y calmado, sus ojos clavados en algún punto de la colcha de la cama –, es solo que… Chloe, estabas destrozada – le recuerda, alzando la mirada para clavarla en la de la pelirroja con intensidad –. Perdona si no quiero que vuelvas a pasar por eso – murmura, apartando la mirada de nuevo.

Chloe se desinfla de golpe, y todo su enfado y dolor escapa de ella en esa exhalación. Sus hombros se hunden y vuelve a ser consciente de lo agotada que se siente, de lo húmeda que está su ropa y de lo mucho que le duele el cuerpo por haberse caído de culo.

- Mira… - empieza a decir. Se pausa un instante para coger una temblorosa bocanada de aire y mojarse los labios con la lengua, algo nerviosa. Se sienta en el borde de la cama y juguetea con sus dedos distraídamente –. Si tan desesperadamente necesitas saberlo, estaba con una chica ¿vale?

- Oh – susurra Beca, claramente sorprendida por la nueva información. Traga saliva y asiente un par de veces, como si eso le estuviera ayudando a procesarlo –. ¿Era…? ¿Era Kat?

Chloe no necesita ni contestar, su reacción a la pregunta es suficiente.

- ¿Estáis saliendo? – inquiere la DJ, insegura.

- No – niega con una sacudida de cabeza –. La cena nunca llevó a nada más – se muerde el labio inferior al recordar la boca de Kat en su cuello y dedos fríos acariciando su piel ardiente –. Hasta ahora.

- Eso… – Beca carraspea para limpiarse la garganta y esboza un intento de sonrisa que resulta un poco tirante –. Bien, ¿no?

Chloe solo se encoge de hombros, porque tampoco sabe muy bien cómo leer esta situación en la que se encuentra.

No sabe si Beca está buscando que empiece a hablar animadamente de lo increíble que ha sido y de sobre cómo todavía le tiemblan las piernas; o si, por el contrario, prefiere que mantenga la boca cerrada y se guarde todos los detalles para sí misma.

No sabe si quiere que le asegure que esta noche no va a cambiar su relación con Kat; o si le tranquilizaría más saber que Chloe planea convertir ese lío de una noche en algo más serio.

Por una vez en mucho tiempo, Chloe es incapaz de leer a Beca.


De todos los sitios y formas en que Chloe se había imaginado que ella y Beca por fin harían las paces, jamás pensó que fuera a ser al lado de una hoguera en medio del bosque, después de un día lleno de ejercicios en equipo, saltando al agua y rebozándose en barro.

Sin embargo, ya debería saber que Beca tiene la capacidad de cogerla siempre desprevenida.

Este fin de semana ha sido bastante… revelador, a falta de una palabra mejor. Quién diría que hacerlas dormir en una tienda de campaña todas juntas y tenerlas corriendo y cantando de un lado para otro todo el rato era lo que necesitaban para por fin dejar todas sus cartas sobre la mesa y hablar con sinceridad.

Por fin Chloe vuelve a entender a Beca.

Entiende, aunque no lo comparte, por qué les ocultó que estaba haciendo unas prácticas en una discográfica. Entiende el estrés al que ha estado sometida lo que llevan de curso teniendo que equilibrar sus clases, sus prácticas, su relación con Jesse, las Bellas y sus actuaciones, e ignorar a Chloe. Entiende su miedo de haber encauzado toda su vida para lograr un objetivo y solo descubrir ahora, a estas alturas, que a lo mejor no sirve para ello. Entiende sus dudas, su miedo al fracaso.

Lo entiende todo y, por lo tanto, también entiende qué significa cuando Beca empieza a cantar When I'm gone con ojos llenos de lágrimas clavados en ella. Lo entiende tan bien que le duele el pecho y teme que su voz suene toda rota por tener que contener las ganas de llorar cuando se une al segundo verso.

Este es el comienzo de una nueva etapa de sus vidas y Chloe por fin está preparada para enfrentarse a su futuro.

Una vez Amy la Gorda vuelve a estar a nivel del suelo, las Bellas se excusan casi una detrás de otra y se dirigen a la tienda de dormir para descansar después del día agotador que han tenido. Ya no solo física, sino también emocionalmente.

Aubrey es la última en retirarse. Se despide de Chloe con un beso en la coronilla, una mano que frota su espalda de manera reconfortante y una mirada significativa con la que le avisa de que ya sabe lo que tiene que hacer a continuación, o si no el propósito de este fin de semana no habrá servido para nada. Chloe sonríe y asiente imperceptiblemente, mordiéndose el labio inferior cuando Aubrey y Beca se desean buenas noches entre insultos cariñosos.

Entonces, solo quedan Beca y ella alrededor de la hoguera.

El fuego crepita con fuerza, las llamas altas y potentes a pesar de que ya debe de llevar una hora ardiendo. Chloe lo agradece porque está segura de que, si no fuera por él, se estaría muriendo de frío ahora mismo llevando solo una camiseta de tirantes y pantalones cortos de deporte.

Beca le lanza una tímida mirada desde el tronco en el que está sentada, dos más allá del de Chloe. Cuando la pelirroja le devuelve la mirada, la DJ curva sus labios en una sonrisa que delata que no sabe muy bien cómo proceder a continuación.

Ambas apartan sus miradas de vuelta al fuego. Beca suspira, Chloe coge aire profundamente para armarse de valor.

Pero Beca tiene la capacidad de cogerla siempre desprevenida.

- Lo siento – dice en un murmullo lo suficientemente alto como para que Chloe lo escuche desde donde está sentada, pero no tan alto como para que los agudos oídos de las ocho Bellas que duermen en la tienda puedan enterarse de su conversación.

Chloe alza la mirada, sorprendida, y ve el arrepentimiento pintado en azul medianoche. Los ojos de Beca continúan destellando con lágrimas contenidas bajo la danzarina luz del fuego. La DJ traga saliva y vuelve a mirar hacia la hoguera, porque si está avergonzada, es incapaz de mantener el contacto visual.

- Siento haber sido tan dura contigo – continúa –. Debería haber entendido y respetado tus motivos para quedarte en Barden – esboza una sonrisa un tanto autocrítica y sacude la cabeza ligeramente –. Dios sabe que yo no soy quién para juzgarte.

- No… Yo también lo siento – niega Chloe, sin aceptar que Beca se eche toda la culpa a sí misma –. Tendría que haber manejado las cosas de una manera diferente. Tendría que haber hablado contigo antes de volver a Barden, haberte explicado todo…

Se mantienen las miradas un instante, diciéndose todas las cosas de las que se sienten culpables sin necesidad de usar palabras: sienten haberse ignorado, sienten haber sido tan cabezotas, sienten haber contestado mal, sienten haber tratado mal a otras personas, sienten haberse perdido tanto de sus vidas.

Es como quitarse un peso que Chloe no sabía que llevaba encima, como una nube que la perseguía a todas partes e impedía que fuera capaz de ver el sol al completo. Siente que, por primera vez desde ese día de septiembre en que Beca le dio la espalda para subir las escaleras a su habitación sin tan solo decir "hola", puede respirar.

El fantasma de su corazón deja de ser fantasma. Chloe nota su presencia otra vez en el hueco de su pecho, que ya no duele, ya no sangra. Tiene que resistir el impulso de colocar una mano sobre la zona para notar su acelerado latido.

- Te echo de menos – confiesa Chloe con voz estrangulada por el nudo de su garganta. Observa a Beca parpadear varias veces y asentir –. Echo de menos a mi mejor amiga.

- Yo también… – murmura Beca de vuelta. Su voz se rompe a la mitad con un sollozo y tiene que forzar a las palabras a salir –. Yo también te echo de menos, dios, no sabes cuánto.

Chloe se sorbe la nariz y duda un segundo, sin saber si están de vuelta en este nivel y puede hacer lo que se muere por hacer. Una sola mirada al rostro de Beca es suficiente confirmación, le empuja a alzarse sobre rodillas algo inestables y recorre los tres pasos que la separan del tronco en el que está sentada la DJ.

Se sienta sobre la madera y Beca la encuentra a medio camino en un apretado abrazo. Sus brazos se enroscan alrededor del cuello de la morena y nota sus lágrimas mojarle el cuello, pero no podría importarle menos porque por fin está abrazando a Beca de nuevo.

Se había olvidado de lo bien que se sentía tener el menudo cuerpo de su mejor amiga presionado contra el suyo, de lo bien que encajaban juntas.

- Hagas lo que hagas, estoy aquí para apoyarte – susurra Beca contra su cuello. Chloe se estremece, pero espera que la DJ lo interprete como un efecto secundario de estar llorando y no porque sus labios hayan rozado su piel –. Te quiero, ¿recuerdas?

Abraza a Beca con más fuerza al escuchar esas dos palabras caer de su boca otra vez. Beca responde con la misma intensidad, y fusionadas la una contra la otra en un tronco, frente al fuego de una hoguera en medio de un bosque, es como Chloe cura su corazón roto.

- Yo también te quiero – musita.

Vuelve a estar completa porque Beca vuelve a estar a su lado de forma incondicional.

Y eso es todo lo que Chloe necesitaba.


Tiene la sensación de que el tiempo pasa en cuestión de un parpadeo.

Ir desde esa noche frente a la hoguera al enorme escenario del Campeonato Nacional de A Cappella en Copenhague es tan rápido como parpadear una sola vez. Los días pasan como una bola de nieve que baja por el lateral de una montaña muy empinada, hasta que chocan contra una pared y estalla en un millar de copos de nieve.

Precioso, pero devastador.

Para Chloe, eso es lo que supone terminar su actuación en Copenhague. Su sonrisa es tan grande que hasta duele, pero al mismo tiempo tiene lágrimas agridulces corriendo por sus mejillas. Sus gritos son de pura emoción, pero también de pena.

Se han graduado. Han actuado. Han ganado. Y ahora, ¿qué?

Tienen un avión que coger al día siguiente. Luego, una vez lleguen a Barden, será un caos de deshacer maletas pequeñas solo para meter esa misma ropa en una maleta más grande y organizar toda una vida en cajas de cartón identificadas con garabatos en forma de palabras escritas con permanente negro.

Entonces, vendrán los adioses.

La primera es Cynthia Rose, que les recuerda que tienen una boda a la que asistir en otoño y se sube al coche para conducir hasta donde su vida con su futura esposa la espera. La siguiente es Stacie, que arrastra sus enormes maletas rosas tras ella y las envuelve a cada una en un fuerte abrazo que termina con todas hundiendo su cara en su escote. Lilly desaparece en algún momento, pero ninguna está segura exactamente de cuándo.

Flo no cree en las despedidas, sin embargo, se asegura de hacerles noche de tacos por última vez antes de marcharse. Jessica y Ashley se van al día siguiente, dan abrazos a las pocas Bellas que quedan con lágrimas en los ojos y se suben juntas al taxi que las llevará al aeropuerto.

El turno de Chloe llega antes de lo que desearía. Sus cajas ya han sido mandadas a su casa por mensajería, tiene las maletas cargadas en el maletero de su viejo Beetle y el itinerario cargado en el navegador de su móvil, porque a pesar de llevar en Barden siete años, todavía se hace un lío con las autopistas.

Nunca se le dio especialmente bien la geografía.

A pesar de que su madre insistió en hacer que trajeran su coche y que Chloe cogiera un avión de vuelta a casa, porque no se fiaba de que el viejo Beetle – que perteneció al padre de Chloe – fuera capaz de soportar los más de 4.000 km de viaje que tenía por delante; Chloe se negó.

Esta era su oportunidad para hacer un viaje de carretera, como siempre había soñado. Solo ella, su música y los paisajes.

Amy le regala un poco de su confianza – de la buena – para que tenga suerte en el largo viaje y se despide para volver al fresco interior de la casa a terminar de comerse su bocadillo. Emily le da un fuerte abrazo con sus largos brazos y derrama unas cuantas lágrimas, preguntando si estaría bien que la llamase si tiene alguna duda sobre las Bellas.

- Tú y Aubrey sois las que más sabéis del grupo, pero… – la Heredera luce nerviosa. Mira a su alrededor como si estuviera a punto de soltar un secreto de Estado y tuviera miedo de quién podría escucharlo –. Aubrey me da un poco de miedo, así que la verdad es que preferiría poder llamarte a ti – confiesa con una mueca avergonzada.

- Por supuesto, Em – le asegura Chloe con una risa húmeda y ojos brillantes por la emoción –. Estaré encantada de ayudarte con lo que pueda.

Emily esboza una enorme sonrisa agradecida y le da un último abrazo antes de retirarse ella también al interior de la casa.

Lo que deja a…

- Hey – dice Beca acompañado de un pequeño y torpe saludo con la mano.

Chloe traga saliva cuando mira a su mejor amiga, su corazón da un doloroso latido al encogerse sobre sí mismo. Beca es el motivo por el que le está costando tanto decir adiós.

- Te he hecho unos cuantos sándwiches – saca una bolsa de papel de detrás de su cuerpo y la agita brevemente en el aire, encogiéndose de hombros para quitarle importancia –. Por si te entra hambre por el camino, es un viaje largo y…

Chloe no la deja terminar.

Tira de uno de sus hombros para acercarla a ella y enrosca sus brazos alrededor de su cuello, dejando libres las lágrimas que tanto se estaba esforzando por contener. Beca se tensa al principio, pillada completamente desprevenida, y deja escapar un "woah" en una exhalación de aire.

Cuando se da cuenta de que Chloe está llorando, devuelve el abrazo con fuerza y le frota la espalda para intentar consolarla.

- Oye, esto no es un adiós – murmura contra la tela de la camiseta de Chloe –. Vamos a seguir hablando todos los días, vamos a vernos para la boda de CR. Quién sabe, a lo mejor hasta puedas venir de visita a Nueva York un fin de semana o algo.

Ah, sí. En Copenhague, Beca le contó que había hablado con su jefe y, gracias a la demo que había hecho con Emily, este había tirado de algunos hilos para conseguirle un puesto como productora junior en una discográfica de Nueva York. De modo que Beca se va a la ciudad que nunca duerme, donde también vive su novio.

El único consuelo de Chloe es que por lo menos va a compartir piso con Amy, y no con Jesse.

- También puedes venir tú a Portland, lo sabes, ¿verdad? – responde, sorbiéndose la nariz.

- Lo sé – le asegura Beca, dándole más énfasis a sus palabras con un apretón a la cintura de Chloe.

- Te voy a echar de menos – admite con voz rota por las lágrimas.

Beca se mantiene callada un instante, pero dado que están completamente presionadas la una contra la otra, Chloe puede escuchar cómo traga saliva y se imagina que está intentando no llorar. Quiere ser la fuerte, porque sabe que, si Chloe la ve llorar, jamás será capaz de subirse al coche y empezar a conducir en dirección opuesta a donde va a estar Beca.

- Y yo a ti, Chlo – susurra en un suspiro –. Y yo a ti…


El universo funciona de forma impredecible. Es algo que a Chloe le queda más que claro al poco de comenzar el verano.

Tras superar con éxito su viaje de carretera, lo primero que hace al reinstalarse en la casa de su infancia en Portland, Oregón; es buscar algo con lo que entretenerse durante los largos días de verano.

Después de leer muchas ofertas e ir a un par entrevistas, un día que está simplemente paseando por la ciudad con su hermano Charlie, le llama la atención un cartel colgado de la puerta de un edificio por el que ha debido de pasar de largo miles de veces sin nunca fijarse en qué era.

Acalla las protestas de Charlie cuando le pide que espere un momento y abre la puerta de la tienda. El olor a animal inmediatamente golpea su nariz, un aroma espeso que cuelga en el aire y al que Chloe tarda un poco en acostumbrarse porque desde que murió su labrador Loki cuando tenía quince años, no ha vuelto a estar cerca de ningún otro tipo de animal.

La campanilla que cuelga encima de la puerta para anunciar cuando ha entrado alguien, suena con un tintineo que desata una oleada de ladridos y piidos que van desde los más graves hasta los más agudos. Chloe se encuentra a sí misma sonriendo.

- Hola, ¿puedo ayudarte en algo? – pregunta una chica que no debe ser mucho más mayor que Chloe. Va vestida con ropa vieja, probablemente para que no pase nada si se mancha o rompe mientras trabaja con los animales, y lleva a un diminuto y esquelético gatito en las manos.

La atención de Chloe rápidamente se desvía al minino, y tras solo una pregunta silenciosa con la mirada, se acerca a acariciar su suave cabeza.

- Lo encontramos hace dos días detrás de unos cubos de basura al lado del nuevo Starbucks – le cuenta la chica –. Está un poco malnutrido, pero con un poco de mimo, se recuperará en un periquete.

Chloe sonríe, le gusta el optimismo de la chica. Sus ojos revolotean por la camiseta de la chica en busca de una placa identificativa en la que ponga su nombre, pero no encuentra ninguna.

- ¿Vienes a adoptar alguna mascota?

- No – niega con la cabeza y señala hacia la puerta –. En realidad, he visto el cartel que tenéis colgado, el que dice que buscáis voluntarios para ayudar con los animales.

- ¿En serio? – los ojos verdes de la chica se iluminan de emoción cuando Chloe asiente y le regala una enorme sonrisa.

Al final, Chloe termina con el gatito en las manos mientras charla animadamente con Mandy, que le pregunta todo tipo de cosas para rellenar el formulario necesario. Le dice cuál será su horario y que, por desgracia, no podrán pagarle, y cuando Chloe le asegura que eso no será un problema Mandy suelta un suspiro de alivio y le confiesa que todo el mundo se echaba para atrás en cuanto les decía eso.

Quién le iba a decir a Chloe que, el día que por pura casualidad se fijó en un cartel en una puerta a la que nunca había prestado atención, encontraría lo que quería hacer para el resto de su vida.

Se enamora de su trabajo en la protectora de animales y en julio toma la decisión de empezar a buscar prácticas en alguna clínica veterinaria, ya que Mandy le ha dicho que esa es la mejor forma para entrenarse para las pruebas de acceso a la universidad.

El universo vuelve a sorprenderla cuando una clínica de Nueva York se interesa por ella y le responden al email. Comprensivos con su situación, acceden a hacerle la entrevista por Skype y, al final de media hora de estar hablando con ellos, tiene una oferta para comenzar a trabajar allí tan pronto como pueda.

Eso es lo que la tiene llamando a Beca en cuanto finaliza su entrevista por Skype. La DJ contesta tras tan solo cuatro pitidos y su rostro sonriente llena la pantalla del portátil de Chloe.

- ¡Oh dios mío, Chlo! – grita Beca nada más Chloe termina de contarle las buenas noticias.

- Beca, si estás en una llamada picante con la pelirroja, ¿puedes mantener los obviamente falsos gritos de placer a un volumen bajo? – se queja Amy en el fondo.

La morena pone los ojos en blanco mientras Chloe se limita a reírse.

- ¿De verdad vas a venirte a Nueva York? – pregunta sin dejar que el comentario de la australiana la desvíe del tema en cuestión. Su rostro está tan emocionado que es contagioso y Chloe está prácticamente vibrando cuando asiente con un "ajá".

- Tengo que discutir la logística con mi madre, pero sí. Lo más probable es que para principios de agosto ya me tengas por allí.

La sonrisa de Beca se amplía y su imagen se distorsiona un poco cuando mueve el ordenador sobre sus piernas.

- ¿Estáis montando una fiesta sin mí, o a qué se debe este alboroto si no? – pregunta Amy asomándose desde detrás de un perchero lleno de ropa.

- Ams, ¡Chloe se viene a vivir a Nueva York! – le informa Beca con emoción.

La australiana lo celebra con un baile extraño y muchos gritos antes de dejase caer en la cama de Beca con un rebote, su respiración acelerada por tanto esfuerzo.

- ¿Dónde vas a vivir? – inquiere. Le clava a Beca un codo en las costillas para que se recoloque el portátil y permita que mitad de su rostro aparezca en la cámara.

- En realidad, ese es en parte el motivo por el que he llamado – admite Chloe torciendo la boca con inseguridad –. Me preguntaba si conocéis a alguien en la ciudad que esté buscando una compañera de piso.

Ambas se quedan calladas mientras piensan, pero al final niegan con la cabeza.

- Podría preguntarle a Jesse, él conoce a más gente de aquí que yo – ofrece Beca.

- Si no, decidme cuáles son los barrios más asequibles para empezar a buscar piso, sin arriesgarme a vivir con drogadictos o a que me roben.

- Mmmm… ¿De cuánto estamos hablando? – pregunta Amy, rozando la yema de su dedo pulgar contra su índice y corazón en el gesto universal que todos saben que simboliza el dinero.

- No mucho – responde Chloe.

Sabe que podría permitirse un buen piso para ella sola, pero eso supondría estar dependiendo constantemente del apoyo financiero de su madre y, después de siete años en Barden haciendo precisamente eso, le gustaría necesitar lo menos posible pedirle dinero a su madre.

- Oye – interrumpe Beca, su rostro iluminado de esa forma que demuestra que se le ha ocurrido una idea –. ¿Por qué no vives con nosotras?

- Ooooh – exclama Amy, como si no se le hubiera ocurrido hasta ahora que Beca lo ha mencionado.

Las cejas de Chloe se arquean hasta casi desaparecer de su frente por la sorpresa.

- ¿En serio? – pregunta.

- Sí, es la opción más lógica – argumenta Beca, estirando una mano hasta que la palma mira hacia el techo –. Es decir, el estudio es pequeño y apenas hay espacio para dos, mucho menos para tres… – expone con sinceridad, a lo que Amy asiente desde su segundo plano –. Pero la verdad es que me vendría genial que alguien me ayudase a pagar el alquiler, ya que aquí la señorita Winehouse no aporta su parte – acusa con una mirada que hace que Chloe sepa que esta es una conversación que han tenido más de una vez.

Amy continúa asintiendo hasta que se da cuenta de que esa indirecta iba por ella y no le hace quedar nada bien admitir su culpabilidad. Deja escapar un sonido extraño de su garganta y redirige la atención de vuelta a Chloe.

- ¿Qué dices, pelirroja? – inquiere con una sonrisa algo traviesa –. ¿Quieres volver a ser nuestra compañera de vida?

- Amy, eso significa otra cosa – musita Beca ligeramente ruborizada.

- Sshh, déjala contestar – le regaña.

Chloe ríe y acepta la oferta. ¿Cómo no va a hacerlo?


Aubrey no se muestra tan segura como ella cuando le informa de su decisión. Su ceño se arruga, sus labios se fruncen y tuercen, y sus ojos verdes se tiñen de preocupación.

- ¿Estás segura de que eso es una buena idea? – le pregunta.

- ¿Por qué no iba a serlo? – pregunta Chloe de vuelta, genuinamente sorprendida por no recibir el apoyo inmediato de su mejor amiga.

- ¿Se te ha olvidado ya que estás enamorada hasta las trancas de Beca? – dado que Chloe se limita a parpadear y no reacciona de ninguna otra forma, Aubrey continúa exponiendo su punto de vista –. ¿Y que acabas de decir que probablemente tendréis que compartir cama porque no cabe otra en su apartamento?

Vale, Chloe puede ver por qué Aubrey puede pensar que es una idea un tanto conflictiva. Pero lo tiene todo bajo control.

- Beca está con Jesse y nunca pasará nada entre nosotras – responde con simpleza.

- Aun así…

- Bree – le corta Chloe antes de que su mejor amiga pueda explayarse –. Todo va a salir bien, ya verás – asegura con una sonrisa.

Aubrey no parece muy convencida, pero al final termina por aceptar cuando Chloe insiste en lo mismo una y otra vez.

Todo va a salir bien