A/N: IMPORTANTE. Hay momentos intercalados que van sobre Beca. Eso no significa que sea porque Chloe lo está leyendo/viendo, sino que son como piezas aparte para ver una especie de "evolución profesional" de Beca.
Si queréis referencias visuales para los nuevos personajes, Troy es Troye Siovan (parece que no me curré nada el nombre pero juro que fue pura casualidad y luego cuando me di cuenta me dio pereza cambiarlo), Álex es Zazie Beetz y la Dra. Peterson es Oprah (porque why not?).
7. GIRL YOU MAKE MY HEART BREAK MORE EVERY DAY, BUT DON'T FADE AWAY
(Año 1)
- Esta es la última – anuncia la voz de Aubrey desde el pasillo.
Entra en la nueva habitación de Chloe cargada con una pesada caja de cartón en brazos y las llaves del camión de mudanza colgando de un dedo. Levanta el dedo anular para dejar que la anilla de las llaves resbale por él hasta caer con un tintineo metálico sobre la cama.
- Guay – responde Chloe, sin apartar la mirada del precinto que está cortando con el cúter.
Por el rabillo del ojo ve a su mejor amiga sacudir la cabeza para apartarse un mechón rubio que le ha caído en la cara y se ha quedado pegado a su frente por culpa del sudor. Dobla las rodillas para depositar la caja de libros en el suelo y agita los brazos para relajarlos, suspirando de alivio.
Chloe guarda la hoja del cúter una vez ha terminado y se lo mete en el bolsillo trasero de sus shorts para tenerlo a mano. Tira de las solapas de la caja para despegarlas y desvelar sus contenidos: en su mayoría son discos de música, algunas películas, y marcos de fotos envueltos en papel de burbujas para evitar que se rompieran durante la mudanza.
Saca el flexo que también había guardado en esa caja, el cuello doblado en una especie de círculo para que así ocupase menos espacio. Le quita el papel de burbujas que protege la zona de la bombilla y lo deposita sobre la mesa de trabajo que venía con la habitación.
Coge la caja y la sube también a la mesa, ya que justo al lado está la estantería de IKEA que Aubrey y ella se han pasado toda la mañana montando. Con el relajante sonido de Aubrey tarareando suavemente una vieja canción de Christina Aguilera, Chloe comienza la metódica tarea de sacar los CD y colocarlos en una hilera.
Cuando llega a los marcos de fotos, tiene un solo instante de pausa. Su mano se queda suspendida un segundo en el aire, a escasos centímetros de que las puntas de sus dedos rocen el papel de burbujas del marco que tiene más cerca. Coge una bocanada de aire silenciosa que le sirve para empujar a un lado lo que fuera que estaba a punto de comenzar a sentir, y curva los dedos alrededor del borde del marco.
Su agarre se vuelve más fuerte cuando engancha un dedo bajo la tira de celo que mantiene el papel de burbujas en su sitio y tira de él para despegarlo. Se escucha el estallido de unas burbujas mientras Chloe desenvuelve el marco, luego hace una pelota con el papel y lo tira a la bolsa de basura.
La tensión en su pecho se relaja cuando ve que es una foto de las Bellas en grupo.
Van vestidas con chaquetas rojas y alas de ángel, armadas con arcos y flechas con la punta en forma de corazón. Chloe recuerda que Aubrey las obligó a posar para sacarse una foto, pero la que tiene enmarcada es una que les sacaron apenas unos segundos después, cuando Stacie, Cynthia Rose, Amy la Gorda y Denise atacaron con sus flechas a las demás Bellas. Salen riéndose, intentando disparar de vuelta, y en el centro Aubrey está con los brazos estirados a ambos lados mientras intenta poner algo de orden.
La foto dibuja una suave sonrisa en los labios de Chloe de la que no es realmente consciente. Es una respuesta automática a los recuerdos que inundan su cuerpo como un tsunami de emociones.
Sacude la cabeza y repite el mismo proceso para desenvolver el segundo, tercer y cuarto marco. Los deja en la estantería, a la espera de tener su habitación organizada para decidir qué hacer con ellos. Mete la mano en la caja y coge el último marco.
Y, como el cuento de la lechera, está tan distraída pensando en el futuro que se olvida de prestar atención al presente y tropieza con la piedra que le hace caer. Solo que, en su caso, en vez de una piedra es el marco de fotos que hace girar entre sus manos para colocarlo correctamente en la estantería.
Lo primero que ve es la sonrisa de Beca. Grande y sincera, su boca abierta en mitad de una carcajada por algo que había dicho Chloe en ese momento. El brazo de Chloe rodea los menudos hombros de su mejor amiga para atraerla hacia su cuerpo mientras ríe, feliz por haber conseguido esa reacción en Beca.
Ninguna de las dos está mirando a la cámara, ni siquiera son conscientes de que haya una apuntada a ellas. Solo tienen ojos para la otra.
Chloe siente una dolorosa punzada en el pecho y se le escapa un quejido silencioso. Con manos temblorosas, deja el marco a toda prisa en la estantería, pero no lo coloca bien y la lengüeta que lo mantiene de pie se resbala. La madera golpea contra el estante con un golpe seco y el marco se desliza hasta caer al suelo boca abajo.
El cristal estalla, pero por suerte queda contenido por los bordes del marco.
- ¿Qué ha pasado? – pregunta Aubrey, materializándose por arte de magia a su lado. La rapidez con la que reacciona casi hace sospechar que estaba vigilando a Chloe, a la espera de que ocurriera algo así.
Coge el marco con mucho cuidado y se asegura de que todos los trozos de cristal roto hayan caído al suelo antes de darle la vuelta al marco. Cuando ve que es la foto con Beca, toda su postura se suaviza. Sus ojos verdes se llenan de compasión.
- No me mires así – pide Chloe con clara molestia.
Frunce el ceño y se centra en recoger los trozos de cristal que hay por el suelo con manos que todavía tiemblan un poco. Aubrey le coge por las muñecas para apartar sus inestables dedos del afilado cristal roto.
- ¿Cómo quieres que te mire si te niegas a hablar de ello, Chlo? – inquiere la rubia. En su voz se mezcla la exasperación y la preocupación, pero la forma en que trata a Chloe sigue siendo delicada.
Y Chloe está a harta de que la traten como si fuera a romperse en cualquier momento, de que anden de puntillas a su alrededor. Si no lo ha hecho ya, ahora que ha pasado un mes desde "esa noche", no cree que lo haga.
- Porque estoy bien, no hay nada de lo que hablar – se zafa del agarre de su mejor amiga en un tirón lleno de brusquedad y se incorpora. Desde su posición de superioridad sobre Aubrey, le lanza una mirada dura –. Tienes que parar de presionar con el tema.
La rubia frunce el ceño y se incorpora ella también. Sus labios forman una fina línea que se curva cuando abre la boca para replicar. Sin embargo, nunca tiene oportunidad de decir lo que quiere decir, pues un golpeteo en la puerta de la habitación abierta les interrumpe.
Ambas amigas giran la cabeza y ven a un chico alto y delgado asomado por el umbral. Lleva el pelo cortito, de un blanco plateado, y un piercing en forma de aro en la nariz. Su sonrisa amable se va desvaneciendo progresivamente a medida que se da cuenta de que ha llegado en mal momento.
- Eh… – titubea –. Perdonad, no quería interrumpir. Solo venía a decir hola y presentarme, pero puedo volver más tarde – ofrece, sonriendo con incomodidad.
Por el rabillo del ojo, Chloe ve que Aubrey está asintiendo como si le pareciera buena idea. Pero Chloe no está de acuerdo, su conversación con su mejor amiga está más que zanjada. Así que sonríe y hace un gesto con la mano a su futuro compañero de piso mientras le asegura que no pasa nada.
Intercambian dos besos en las mejillas una vez Troy se presenta, y Chloe entabla conversación fácilmente con el joven, como si nada hubiera pasado.
(Unos pasos más atrás, Aubrey suspira y sacude la cabeza. Se agacha para recoger los restos de cristal rotos que quedan en el suelo y piensa que le tocará hacer lo mismo con los restos del corazón roto de Chloe una vez la pelirroja deje de fingir que todo está bien.)
La forma que tiene Chloe de lidiar con lo ocurrido con Beca es precisamente esa: no lidiar con ello.
No reacciona cuando, unos días más tarde de "esa noche" – la única forma en que Chloe se refiere a lo ocurrido, si es que se refiere a ello siquiera –, el encargado de una empresa de mudanzas llama a la puerta de su pequeño estudio en Nueva York.
- ¿Será Beca? – pregunta Amy desde donde está sentada a los pies de su cama.
Chloe no responde, porque no sabe si decir "ojalá" o "espero que no". Por suerte, no tiene que hacer ninguna de las dos. No es Beca quien está al otro lado de la puerta.
- Vengo a recoger las pertenencias de la señorita… – el hombre se pausa tras dudar.
Sus peludas cejas se fruncen y baja la mirada a una tablilla de madera que lleva en las manos, de la que cuelga una hoja, probablemente con una lista detallada de todos los objetos que tiene que llevarse. Su gordo dedo índice recorre la hoja hasta dar un golpecito al encontrar lo que busca.
- De la señorita Mitchell – termina con un asentimiento para sí mismo, como corroborando que lo que había estado a punto de decir antes era correcto.
- Oh – Chloe se repone rápidamente a la sorpresa –. Sí, claro. Pase.
Se hace a un lado, llevándose la puerta con ella para que se abra del todo. El hombre recorre con la mirada el abarrotado interior del estudio, con cajas de cartón ocupando cada centímetro cuadrado libre, y Chloe casi puede ver el suspiro de desolación que escapa de él.
- No es todo de ella – le dice para tranquilizarle.
Con cuidado de no pisar nada, porque va descalza, Chloe sortea los obstáculos que encuentra en su camino mientras intenta separar las cosas de Beca de las suyas y las de Amy.
- ¿Te envía Beca? – pregunta Amy con expresión contrariada.
- La señorita Mitchell, sí – corrobora el hombre.
- ¿Se marcha ya a Los Ángeles?
- Um, no lo sé – titubea –. Solo sé que me ha contratado para que le lleve sus cosas a Los Ángeles antes del viernes.
- Eso es… – Amy hace un breve cálculo mental y el resultado le causa algo de sorpresa –. Pasado mañana.
- Efectivamente – asiente el hombre. Se levanta la gorra y se rasca la cabeza, claramente intentando organizarse para optimizar al máximo el tiempo y el número de viajes que tendrá que hacer hasta el camión o lo que sea que use para transportar las cosas.
- ¿Y no piensa despedirse? – dolor e incredulidad traspasan la voz de Amy y se reflejan en sus ojos marrones cuando mira al hombre, como si esperase que él pudiera darle una explicación lógica al comportamiento de su mejor amiga.
Chloe se deja caer en el medio de su cama y rodea sus piernas con sus brazos para atraerlas contra su pecho. Siente el estómago revuelto por la noción de que esto es su culpa.
Sinceramente, creía que Beca vendría algún día cuando Chloe estuviera trabajando, se llevaría sus cosas y aprovecharía a despedirse de Amy. Jamás se le ocurrió que la morena no volvería a pisar el estudio. Jamás tuvo la intención de no dejarle otra opción que esa.
Le ha robado a Beca y a Amy la oportunidad de despedirse.
- Lo siento, Ames – dice en un murmullo arrepentido.
Cuando Amy mira en su dirección, no hay ningún tipo de rencor en su rostro. Solo tristeza y compasión. Porque a pesar de que no han hablado de lo ocurrido entre Chloe y Beca, Amy lo sabe. De alguna forma, lo sabe.
Chloe lo nota en la forma en que la australiana ha mezclado su habitual crudeza con más delicadeza de la que es propia en ella. Cómo ha intentado animarla y la ha arrastrado con ella a cualquier tontería para sacarla de casa. Cómo ha evitado pronunciar el nombre de Beca, como si temiera que escucharlo fuera a provocar que Chloe se desmoronase.
Pero Chloe no se desmorona.
No en ese momento, mientras el hombre de la empresa de mudanzas hace que desaparezca el último rastro de Beca que queda en su vida. No por las noches, cuando las sábanas huelen a Beca y Chloe siente su ausencia en el hueco frío que hay al otro lado de la cama. No cuando pasan las horas y es incapaz de quedarse dormida.
Su truco en esas noches en que el sueño la elude siempre fue ponerse los cascos, aislarse del mundo y dejar que la música relaje su cuerpo hasta que cayera en los brazos de Morfeo. Era una técnica infalible, podía llevarle más o menos tiempo, pero al final siempre terminaba funcionando.
El problema es que ese truco ya no funciona. Porque Chloe, en estado normal, ya es bastante susceptible a la música. Un par de notas bien creadas son capaces de estremecer su cuerpo entero, ha perdido la cuenta de cuántas veces ha estado a punto de llorar por alguna canción especialmente parecida a su situación con Beca, y esto pre- "esa noche".
"Esa noche" lo ha cambiado todo. Ahora está demasiado descolocada. Sus emociones son un auténtico huracán que no se queda nunca sin energía, sus nervios están a flor de piel. Si antes la música le afectaba, ahora su efecto sobre ella se triplica.
La música deja de relajarla y pasa a empujarla al borde del precipicio.
Está cerca de derrumbarse una de esas noches en que busca el refugio de la música para quedarse dormida, cuando escucha una canción que la estremece y resuena en su interior.
Here I am waking up, still can't sleep on your side
There's your coffee cup, the lipstick stain fades with time
La letra hace que se pause y toda su piel se eriza como reacción al escalofrío que recorre con violencia su columna vertebral. Su respiración se vuelve errática, su garganta se cierra y su pecho se oprime.
So I drown it out like I always do
Dancing through our house with the ghost of you
El derrumbe está tan cerca que Chloe lo puede sentir en su cuerpo ya, como cuando una nube cubre el sol en un fresco día de primavera y ese confortable calor que lamía tu piel desaparece. Pero Chloe es más rápida y cierra Spotify antes de que pueda ocurrir nada.
Se encuentra a sí misma renunciando a una parte vital de quien es ella. Renuncia a la música, por lo menos de momento. Porque la música era el fundamento de su relación con Beca, era lo que las unió en un primer instante en esa ducha comunal de Barden. Era su lenguaje secreto, se comunicaban mutuamente a través de notas musicales.
Y ahora todas las canciones le recuerdan a Beca.
No ha vuelto a llorar desde "esa noche". No se ha permitido llorar. Y no por cabezonería ni orgullo, sino simplemente porque no puede meterse en la cama y quedarse ahí mientras lamenta su corazón roto y se lame las heridas.
Tiene que buscar un apartamento en Ithaca. Tiene que terminar todo el papeleo necesario para la Universidad. Tiene que organizar sus cosas y mandarlas a su nueva casa. Tiene clases para las que prepararse.
Tiene una vida que sigue adelante y no se pausa a esperar a que Chloe esté preparada para lidiar con ella. Al contrario, el tiempo corre y Chloe lo único que puede hacer es también echar a correr para intentar mantener el ritmo.
De modo que Chloe no se desmorona. Chloe no llora. Continúa con su vida como si nada hubiera ocurrido, porque no puede permitirse desmoronarse ni llorar.
Es más sencillo convertirse en un zombie que no es capaz de sentir nada. Es más sencillo fingir que todo está bien, como si no estuviera sobreviviendo con apenas un par de horas de sueño por noche, y no se diera cuenta de que sus sonrisas son una barata imitación de como solían ser, y no notase la fuerte falta de música en su vida porque todas las canciones tienen algún tipo de conexión con Beca.
Y es que la forma que tiene Chloe de lidiar con lo ocurrido con Beca es precisamente esa: no lidiar con ello.
La cosa con la realidad es que al final suele imponerse.
De la forma más imprevisible, cuando más desprevenida estás, la realidad se abalanza sobre ti como una leona sobre una gacela despistada. Con las garras por delante, para clavarlas en la carne y evitar que huyas.
Chloe no lo ve venir. No puede prepararse de ninguna forma para el golpe que supone que todo el aire escape de sus pulmones en un jadeo lleno de sorpresa. Ni siquiera se acordaba de la noche en que configuró la alerta de Google que es el detonante.
Pero, a través de ojos inundados en lágrimas, la memoria se reproduce ante ella con la misma claridad que si la estuviera proyectando en la pantalla de su móvil.
Recuerda que era de noche, unos días más tarde de que volvieran de Europa. Amy roncaba felizmente en su cama, pero Beca y Chloe seguían despiertas a pesar de que el reloj se acercaba, sin prisa pero sin pausa, a las tres de la madrugada. Sus cuerpos todavía seguían descolocados después de tanto cambio horario.
- No me puedo creer que, en apenas unas semanas, vayas a cumplir tu sueño de ir a Los Ángeles – susurró Chloe con notable admiración. Se giró en la cama de forma que estuviera tumbada de costado y pudiera ver a Beca, que estaba tumbada a su lado.
- Es bastante surrealista – admitió Beca, riendo quedamente.
- Dentro de nada serás una artista famosa que no se acordará de sus humildes inicios con su grupo de a cappella – clavó su dedo índice en el hombro de su mejor amiga, una enorme sonrisa en su rostro porque, aunque estaba segura de que lo primero se iba a hacer realidad, sabía que lo segundo jamás pasaría.
La morena giró la cabeza sobre su almohada. Su azul medianoche estaba lleno de una emoción que Chloe no pudo descifrar, pero que generó en ella el impulso casi irrefrenable de atrapar a Beca en su abrazo y jamás dejarla ir.
- ¿De verdad crees que me voy a hacer famosa? – preguntó Beca con un tono de voz apenas audible.
- Por supuesto – Chloe esbozó una suave sonrisa y asintió. Notaba la reticencia de su mejor amiga, así que deslizó una mano a través del escaso espacio que las separaba y la posó sobre el antebrazo de la DJ para darle un suave apretón de énfasis –. Becs, supe que ibas a ser una estrella desde el primer momento en que te vi – le aseguró.
A pesar de todo, Beca seguía sin parecer muy convencida. Es más, su usual aura de confianza y seguridad estaba tan apagada que apenas era visible. Y Chloe, siendo Chloe, no podía permitirlo.
- Te lo voy a demostrar – dijo de repente.
Giró sobre su espalda y se incorporó sobre un codo para coger su iPhone, que había dejado cargando en la mesilla. Lo desenganchó del cargador y deshizo sus movimientos hasta recuperar su posición tumbada de costado junto a su mejor amiga.
- ¿Qué estás haciendo? – inquirió Beca, sin poder evitar sonar curiosa, al ver que Chloe ocultaba su pantalla de ella.
Chloe se mordió el interior del labio inferior mientras intentaba encontrar la pantalla de Google que siempre encontraba por accidente. Cuando por fin dio con ella, buscó la opción de personalizar y tecleó el nombre de su mejor amiga.
- Estoy configurando una alerta de Google con tu nombre – informó para evitar que la impaciencia de Beca siguiera creciendo. Ladeó su iPhone de forma que Beca pudiera ver que estaba escogiendo que le avisase en cuanto hubiera una noticia relacionada con la morena –. Te apuesto a que, en menos de un mes, ya he recibido alguna notificación.
Beca bufó y negó con la cabeza.
- Hecho – estiró su mano para cerrar el pacto, y Chloe se la estrechó con una sonrisilla sabedora.
Con todo lo que sucedió después, solo es natural que Chloe se olvidara por completo de que creó esa alerta de Google y de su tonta apuesta con Beca. Y así es como la realidad la atrapa, a través del ruido de una notificación que llega minutos antes de que se vaya a dormir.
Aubrey sigue en el baño, lavándose los dientes, y Chloe está esperando a que termine para apagar la luz. El sonido que emite su iPhone causa que abra los ojos y tantea en busca del móvil por la mesilla.
Nunca debería haberlo cogido, pero solo agradece que esté sola y Aubrey no sea testigo de su reacción.
Parpadea para fijar sus ojos en la desenfocada pantalla del iPhone, iluminada y abierta en un artículo de la página web de MTV. El titular en gruesas letras en mayúscula deja claro sobre quién están hablando y es como un puñetazo en el estómago para Chloe.
A pesar de todo, se encuentra a sí misma leyendo.
18/08/18
Por: Chris Kresi
BECA MITCHELL, EL NUEVO FICHAJE DE DJ KHALED QUE VIENE PISANDO FUERTE
Quizá la conozcáis por su debut televisivo cantando Freedom! '90 desde Francia, o quizá nunca hayáis oído hablar de ella. Pero desde MTV tenemos la sensación de que el nombre de esta joven artista pronto va a estar en boca de todo el mundo.
Beca Mitchell ha acudido esta tarde a un evento organizado por MTV en el que se ha codeado con grandes personalidades del mundo de la música. Quitando un par de momentos en los que la fangirl de su interior ha tomado las riendas de su cuerpo, Mitchell se ha sabido desenvolver con soltura y facilidad. Nadie diría que es una novata.
Mitchell entró en el mundo de la música sin guía alguna. Trabajó durante sus veranos mientras estaba en el instituto hasta que pudo hacerse con su propio equipo de mezclas. Se quedó hasta tarde todas las noches mientras se enseñaba a sí misma a usar el programa de edición. Sus inicios fueron creando remixes y mash-ups de sus canciones favoritas.
Consiguió su reciente fichaje con We The Best, la discográfica creada por DJ Khaled, de la forma más inesperada. Todo fue gracias a un concurso organizado por las Fuerzas Armadas de América en el que compitió con su viejo grupo universitario de a cappella, las Bellas de Barden, del que fue capitana durante 3 años y las llevó a ganar competiciones tanto a nivel nacional, como internacional. Su talento llamó la atención del productor musical, que decidió ofrecerle un puesto en su firma.
El equipo de MTV ha tenido el gran privilegio de poder mantener una breve, pero muy interesante conversación con ella. Hemos comprobado por nosotros mismos que Beca Mitchell es una estrella en alza cuya luz, más que disminuir, aumenta con el tiempo.
MTV: ¿Cómo fue que DJ Khaled te eligiera solo a ti?
BM: Fue una decisión difícil, la verdad. Yo me habría presentado con las Bellas, estaba dispuesta a renunciar a la oferta de mis sueños por ellas. A estas alturas somos más familia que amigas, y no me parecía justo dejarlas tiradas.
MTV: Pero al final cambiaste de opinión…
BM: Tuve una charla con mis Bellas y todas me dijeron que sería una auténtica gilipollez que renunciara a la oferta de Khaled, era mi oportunidad para hacer lo que siempre he soñado. La familia está para empujarte adelante, no para frenarte.
MTV: Qué bonito... Y, cuéntanos, Beca, ¿cómo está siendo la adaptación a Los Ángeles? Porque tú vienes de Nueva York, ¿no?
BM: Sí, bueno. Me he movido un poco por el país [ríe]. Nací en Seattle, pero fui a la universidad de Barden, que está en Atlanta, porque mi padre trabaja allí. Luego me mudé a Nueva York con mis mejores amigas y, ahora finalmente… Los Ángeles. Creo que a lo que más me está costando adaptarme es al buen tiempo constante [ríe].
MTV: ¡Normal! ¿La distancia con tus Bellas está siendo muy dura? Todas se han quedado por la costa Este, ¿no?
BM: Obviamente siempre es duro estar tan lejos de tu familia y tus mejores amigas. Pero seguimos hablando gracias a las nuevas tecnologías [ríe]. Sé que cuento con su apoyo a pesar de la distancia y que están ahí para lo que sea. Y, al fin y al cabo, eso es lo que realmente importa.
MTV: Se nota que os queréis mucho. Última pregunta y ya te dejamos marchar. ¿Cuándo podremos escuchar algo original tuyo?
BM: Pronto. Probablemente me maten luego por decir esto, pero en la discográfica me están presionando para que saque algo, lo que se dice, ya. Para aprovechar la agitación del momento y todo eso.
MTV: Estaremos atentos entonces. Ha sido un placer charlar contigo.
BM: ¡Lo mismo digo!
Más sobre Beca Mitchell: LA COVER DE FREEDOM! '90 QUE TE DEJARÁ LOS PELOS DE PUNTA
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La entrevista va acompañada por una imagen. La morena sale posando frente a un photocall de la cadena de televisión. Va vestida en ropa que claramente ha sido escogida para ella, porque Beca nunca se habría puesto voluntariamente colores tan brillantes sin al menos tres piezas más de ropa en negro con las que combinarlos.
Su postura es relajada y su sonrisa, ligeramente torcida, resulta magnética. Pero Chloe, después de años de perfeccionamiento, es capaz de ver más allá de la máscara que Beca lleva puesta. Ve las sombras bajo sus ojos disimuladas con maquillaje. Ve el brillo apagado de su azul medianoche. Ve la tirantez de su sonrisa, que delata su incomodidad.
Es en ese momento, al hacer frente a las consecuencias de su decisión después de tanto ignorarlas, que Chloe es incapaz de seguir fingiendo que todo está bien. Se desmorona por completo y, cuando Aubrey vuelve del baño minutos más tarde, está llorando con tanta fuerza que es incapaz de explicarle qué ha ocurrido.
Pero no hace falta de todos modos, porque Aubrey parece saber exactamente por qué llora. Corre a su cama y la acuna entre sus brazos, acariciando su pelo y depositando de vez en cuando besos tan ligeros que Chloe apenas los nota.
- Lo sé, cielo – susurra Bree después de un sollozo particularmente fuerte.
Es algo ridículo que algo tan tonto como una alerta de Google pueda causar tanta devastación, pero así es la realidad. Cuando golpea, lo hace con fuerza.
A mediados de septiembre, dos días antes de que Chloe empiece la universidad, lleva a Aubrey al aeropuerto.
Por el rabillo del ojo, Chloe puede ver la fina línea en que se han convertido los labios de su mejor amiga y sabe que se está conteniendo para no decir nada. La forma en que cada vez abraza con más fuerza su bolso, el cual lleva en su regazo, delata que está a punto de perder la batalla contra sí misma.
- Podría quedarme unos días más, ¿no? – las palabras brotan de su boca contra su voluntad, pero una vez flotan en el aire, Aubrey decide continuar con su argumento –. Puedo pedir más días de vacaciones, Dios sabe que me los deben.
- No, Bree – Chloe sacude la cabeza, atenta al culo del coche que lleva delante –. Has estado casi dos meses conmigo, y te lo agradezco muchísimo, ya lo sabes – le lanza una mirada fugaz para que sepa que lo dice en serio –. Pero es hora de que vuelvas a tu vida.
- Mi vida puede esperar un par de días – agita una mano en el aire para restarle importancia –. Solo hasta que me asegure de que vas a estar bien y…
- Bree – le corta Chloe –. Estoy bien, voy a estar bien – le asegura.
Aprovecha un semáforo en rojo para alargar una mano y posarla en el brazo de su mejor amiga. Ojos verdes se mueven para clavarse en azul bebé y Aubrey suspira. Su mirada está llena de reproche, un reproche que Chloe es capaz de interpretar a la perfección sin necesidad de intercambiar palabras.
Sabe que Bree está pensando en todas aquellas veces que Chloe le aseguró estar bien cuando en realidad estaba lejos de estar bien. Todas aquellas veces que Chloe desestimó la preocupación de su mejor amiga porque era más fácil ignorar lo que había ocurrido que hacerle frente.
Pero ahora las cosas han cambiado. Esa alerta de Google y el artículo de MTV forzaron a Chloe a lidiar con las consecuencias de su decisión. Se dio cuenta de que había perdido a Beca, probablemente para siempre.
La realidad caló hondo dentro de ella y le hizo derramar todas aquellas lágrimas que había mantenido a raya – a duras penas – hasta el momento.
Después de esa noche, y las demás que le siguieron, Chloe lloraba hasta quedarse dormida en brazos de su mejor amiga. Y de verdad que entiende su preocupación. Si sus roles estuvieran intercambiados, Chloe también insistiría en quedarse más tiempo para asegurarse de que Aubrey estuviera bien. Pero considera, con toda honestidad, que lo peor ya ha pasado.
- Sé que te resulta difícil de creer – dice Chloe con una sonrisa y un suave apretón al brazo de su mejor amiga –. Pero esta vez lo digo totalmente en serio.
Un coche de la fila que se ha formado tras ellas hacer sonar el claxon y Chloe se da cuenta de que el semáforo se ha puesto en verde. Retira su mano para devolverla al volante y pisa el acelerador suavemente de forma que su Beetle avance calle abajo.
- Y si algo no va bien, ¿me prometes que me llamarás enseguida? – le pide Aubrey. Todavía suena desconfiada y eso le arranca una risa silenciosa a Chloe, porque no sería Aubrey si se dejase convencer fácilmente sin apenas argumentos.
- Te lo prometo – asiente –. No tienes de qué preocuparte, Bree. Es más, me da la sensación de que esta reticencia a marcharte tiene algo que ver con tu propio futuro – Chloe arquea sus cejas cuando le lanza una breve mirada a Aubrey.
Su mejor amiga hace todo un show de llevarse una mano a la garganta y mirar por la ventana del copiloto, como si la conversación no tuviera nada que ver con ella. Chloe se ríe y sacude la cabeza.
- Es poco característico en ti el huir de los problemas, esa suele ser mi tarea – se burla un poco de ella, porque estas ocasiones se presentan tan escasamente que hay que aprovecharlas al máximo mientras duran.
- No estoy huyendo – intenta negar Bree de forma muy poco convincente.
- ¿Has decidido ya qué vas a hacer? – su mejor amiga suspira y niega con la cabeza. Chloe reduce la velocidad en otro semáforo y se gira a mirarla –. Parecías bastante ilusionada con la idea de irte a Grecia y convertirte en doula.
- Creo que eso era más bien la adrenalina de haber sobrevivido a un secuestro y una explosión en alta mar – ríe Aubrey. Frunce el ceño y su mano encuentra el colgante que adorna su cuello para empezar a juguetear con él, algo que siempre hace cuando está nerviosa –. Luego lo pensé más seriamente y es una auténtica locura. No puedo irme al otro lado del mundo así como así.
- ¿Por qué no? Tienes el dinero necesario y estabas pensando en dejar tu trabajo en el retiro de todos modos.
- ¡No sé hablar griego! – exclama su mejor amiga de forma tan repentina que Chloe estalla en carcajadas.
- ¡Pues aprendes sobre la marcha! – contraargumenta Chloe. Ve que la angustia de la rubia es real y suaviza su postura –. ¿Cuál es el verdadero problema, Bree?
- No quiero estar tan lejos de vosotras. De ti – confiesa en un tono de voz bajo –. ¿Y si Amy la Gorda funde todo su dinero en tonterías y no puede seguir pagándose el piso? ¿Y si Stacie necesita ayuda con Bella? ¿Y si tú necesitas ayuda?
- Cielo… – suspira Chloe con un chasquido de su lengua –. Si pasa algo de eso, nos las apañaremos entre las que seguimos aquí – asegura –. Dice mucho de ti que quieras protegernos y cuidarnos, pero Bree… No puede ser a tu costa.
Agita una mano en el aire entre ambas y sonríe cuando Aubrey capta la indirecta y suelta su colgante para entrelazar sus dedos con los suyos. Chloe le da un apretón que espera que sirva de digno sustituto del abrazo que le habría dado si no estuviera conduciendo.
- Acepta el consejo de alguien que ha perdido seis años de su vida por culpa del miedo – le pide con una sonrisa triste –. Piénsalo seriamente y plantéate si realmente merece la pena para ti. Por las Bellas no te preocupes, nos cuidaremos las unas a las otras como siempre hemos hecho – le regala un guiño.
Bree asiente y promete que pensará sobre ello. Satisfecha con su respuesta, Chloe suelta su mano y, a medio camino de devolverla al volante, se para para pulsar el botón de la radio. Es algo que hace sin pensar, sin ser consciente de que hace mucho tiempo que rehúye de la música.
Siente la mirada de Aubrey clavada en ella, pero no se da cuenta de por qué hasta que escucha su propia voz tarareando distraídamente la canción que están poniendo en ese momento. Se corta por la sorpresa y comparte una mirada con su mejor amiga.
- ¿Ves? – dice Chloe con una sonrisa –. Te dije que estaré bien.
Bree imita su sonrisa y sube el volumen de la radio.
07/10/18
Por: Trish Northon
EL PRIMER SINGLE DE BECA MITCHELL, CADA VEZ MÁS CERCA
La artista ha subido un vídeo a su cuenta de Instagram que da a entender que ya está trabajando en su propio contenido, quizá hasta en un primer álbum.
Hay algo que no se le puede negar a DJ Khaled, y es que sabe cómo manejar a las masas. En la mayoría de los casos. Está todavía muy reciente el escándalo que rodeó al productor musical después de que unas controversiales – y bastante machistas – declaraciones que hizo en un programa de radio saltaran a las redes sociales.
Pero cuando se trata de manejar a Beca Mitchell, él y su equipo han hecho un trabajo espectacular. No solo se han cerciorado de que la joven artista estuviera presente en lugar y en el momento más adecuado, y rodeada de las personas adecuadas; sino que también se han preocupado por mantener las expectativas de todo el mundo bien altas.
Desde aquella magnífica actuación en Francia en la que Mitchell reinventó la clásica canción de George Michael, Freedom! '90, con ayuda de sus amigas; hasta hoy, cuando la ex cantante de a cappella ha publicado un vídeo en su cuenta de Instagram en el que aparecía trabajando en un estudio de grabación.
Aunque ni Mitchell ni su equipo han hecho ninguna declaración oficial, todo apunta a que lo que hemos podido escuchar ha sido su próximo y primer single. Mitchell parecía estar valorando el resultado final para darle su aprobación, por lo que solo podemos suponer que en cualquier momento nos sorprenderá con su primera canción.
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- ¿Tienes un vestido blanco viejo que no vayas a usar más?
La pregunta de Troy sale tan de la nada, que el adormilado cerebro de Chloe tarda más tiempo del necesario en procesarla. Parpadea varias veces, sin apartar la mirada de la carretera, y frunce el ceño.
- Creo que no – responde, dubitativa, y su tono se alza al final de forma que termina sonando más como una pregunta que como una afirmación –. ¿Por qué lo dices?
Troy suspira y chasquea la lengua, decepcionado. Se pasa una mano por los ojos, como si eso le fuera a ayudar a deshacerse del sueño de estas horas de la mañana, y continúa deslizando su pulgar hacia arriba por la pantalla táctil de su móvil.
- Estoy mirando ideas de disfraces de Halloween en Pinterest y me ha molado uno de la novia cadáver – responde finalmente con un encogimiento de hombros.
Chloe emite un "mmhh" pensativo y pisa suavemente el freno para disminuir la velocidad y dejar a un grupo de colegiales cruzar el paso de cebra. Se cubre con una mano la boca para ocultar su bostezo y parpadea para librarse de las lágrimas somnolientas que se acumulan en sus ojos.
- Si me disfrazo de la novia cadáver, ¿me ayudarías con el maquillaje? – Troy gira la cabeza que tiene descansando en el respaldo para mirarla. Pulsa con el pulgar en su iPhone y pone la pantalla de forma que Chloe pueda echarle un vistazo
- ¡Claro! – acepta ella.
El joven le regala una sonrisa radiante antes de devolver su atención al móvil. Chloe vuelve a ponerse en marcha cuando la fila de coches arranca y continúan su ruta hacia la universidad.
Ambos estudian en Cornell, y dado que Chloe tiene coche, pronto llegaron a un acuerdo mutuamente beneficioso: comparten los gastos de la gasolina a cambio de que Chloe haga de chófer siempre que pueda, y lleve y traiga a Troy a la universidad.
Le recuerda mucho a cómo Beca solía dejarla en la clínica del camino a su trabajo cuando ambas vivían en Nueva York. Con la diferencia de que la morena no le hacía pagar parte de la gasolina porque insistía en que le daba pereza tener que hacer cálculos.
- Chloeeee – se quejaba, poniendo los ojos exageradamente en blanco siempre que la pelirroja sacaba el tema –. Qué más da, si es un trayecto que tengo que hacer de todos modos – repetía una y otra vez –. No es como si me obligaras a cruzar media ciudad en dirección opuesta.
Era un argumento con bastante lógica, y si Chloe no lo aplica ahora mismo es porque ha vuelto a la universidad y no tiene trabajo. Cualquier ayuda, aunque solo sea la mitad de lo que le cuesta llenar el depósito, es bienvenida.
- ¡Me encanta esta canción! – exclama Troy.
Chloe sale de su ensimismamiento al ver la mano de su compañero de piso extenderse. Uñas pintadas en laca azul marino se curvan alrededor del dial del volumen de la radio y lo giran hacia la derecha dos rayas más.
- …tivo por el que ha sacado una canción tan pronto es porque la estaban presionando para ello – cuenta el comentarista del programa matutino con una risa –. No creo que a la discográfica le haga mucha gracia que haya dicho eso, pero bueno…
- Si consigue buenos resultados en los rankings seguro que se lo pasan por alto – responde la otra chica que le acompaña siempre.
- Ciertamente, Steff – le da la razón el hombre –. Y algo me dice que lo va a hacer.
- Dejad de cotorrear y poned la canción – abuchea Troy, haciendo reír quedamente a Chloe a pesar de que no tiene ni idea de a qué canción se refiere porque no estaba prestando atención alguna.
- …cuerdo contigo, Mark. Media industria de la música se está volviendo loca con la sensación que está causando Beca Mitchell.
Chloe pisa el freno. A fondo.
Su viejo Beetle se para en seco con un chirrido de las ruedas sobre el asfalto y Troy deja escapar un grito tan agudo que podría haber hecho estallar las ventanillas. Sus manos salen disparadas hacia delante, contra la guantera, para frenarse de salir despedido por el cristal delantero.
El cinturón de Chloe se bloquea con un chasquido seco y presiona el pecho de la pelirroja con fuerza cuando el moméntum la impulsa contra él.
- ¿¡Por qué has dado ese frenazo?! – grita Troy en un hilo de voz estrangulado.
Chloe le ve girarse frenéticamente en su asiento para mirar por el cristal trasero y asegurarse de que no haya ningún coche que vaya a chocar con ellos.
En realidad, es un milagro que no hayan provocado un accidente múltiple. Solo se ganan un par de pitidos alocados hasta que a los conductores deja de importarles que estén parados en medio de uno de los carriles y ponen el intermitente hacia la izquierda para esquivarles.
Sin embargo, Chloe no reacciona ante nada de esto.
Le zumban los oídos y su corazón late desbocado contra sus costillas. La vista se le desenfoca y le cuesta respirar. Como observando sus propios movimientos desde fuera, se ve a sí misma alargar una mano temblorosa y subir otras dos rayas el volumen de la radio.
- Sonando ahora en Blast FM – presenta Mark finalmente –, You Deserve Better, de Beca Mitchell.
- ¿Se puede saber qué coño acaba de pasar? – presiona Troy –. ¿Chloe?
Pero Chloe solo tiene oídos para la radio, para la melodía de una guitarra que se filtra a través de los altavoces del Beetle
I'm just not sure my heart is working
And yours is beating double time
Escuchar la voz de Beca por primera vez en meses, en ese tono grave que emplea para cantar a veces, es como un puñetazo directo a su estómago. Chloe se dobla hacia delante todo lo que le permite el cinturón que continúa bloqueado, y cierra los ojos.
Deep down you know I ain't even worth it
It's not enough, babe, all I do is make you cry
El ritmo de la canción arranca. Ahora la guitarra no es el único instrumento que compone la melodía, sino que hacen acto de presencia las bases rítmicas de una batería electrónica o del sintetizador. Y es tan Beca Mitchell, que Chloe aprieta los párpados en un gesto casi de dolor.
You deserve better, better, better than me
Might be what you want, but I want you to see
You're better off without me in your life
Coge una bocanada de aire que tiembla igual que un terremoto de magnitud 9 al entrar en sus pulmones. Le duele el pecho, y no sabe si es por la canción o por el golpe contra el cinturón.
- ¿Chloe, estás bien? – pregunta Troy, posando una mano delicada en el hombro de la pelirroja.
The more it hurts, the more you try
You know I loved, I just never showed it
It'll be too late when you're with some other guy
No. No está bien.
Cómo va a estar bien cuando Beca ha escrito esa canción claramente por y para Chloe. Cómo va a estar bien si, ahora que había vuelto a recuperar el equilibrio, Beca ha aparecido de la nada y ha tirado de la alfombra bajo sus pies.
Se puede sentir retrocediendo emocionalmente todas las casillas que había avanzado. Vuelve a quedarse atascada en la cárcel. Vuelve a ver cómo los demás siguen con el juego mientras ella se ha quedado sin turnos para lanzar el dado.
Y lo peor es que no sabe si está triste o enfadada.
And I hope you find somebody else
That'll love you like nobody else
And I hope he gives you something real, oh, I love you still
La voz de Beca se desvanece en vacío, y Chloe siente que por fin puede respirar. Se estira hasta que su espalda vuelve a tocar el respaldo del asiento y la mano de Troy se desliza de su hombro hasta su antebrazo.
Le da un suave apretón que hace que Chloe parpadee varias veces para enfocar el mundo real. Se gira, aturdida y lenta, hacia la expresión preocupada y todavía algo asustada de su compañero de piso.
Troy intenta acercarse más a ella, pero su cinturón bloqueado se lo impide con un click del enganche de seguridad. Deja escapar un bufido molesto y lo desengancha, dejando que salte y golpee contra la pared del Beetle. Ahora con libertad de movimientos, se asegura que Chloe no tenga ninguna herida.
- Dios – musita –. ¿Estás bien? – le pregunta de nuevo, mordiéndose el interior de su mejilla.
Chloe despega sus labios resecos y se queda un momento así. Parece que no vaya a contestar, pero al final se los humedece, traga saliva y asiente torpemente.
- ...Sí. Creo que sí.
- Parece que acabes de ver un fantasma… – observa Troy sin un ápice de mala intención.
La pelirroja frunce el ceño. Piensa en "esa noche", en la canción que acaba de escuchar, y en el hecho de que lleva meses sin saber nada de la que supuestamente es su mejor amiga. Llamarle fantasma es una descripción bastante acertada.
- Algo parecido… – admite con lentitud.
Troy se queda un momento en silencio, mirándola fijamente. Sus ojos parecen estar intentando ser capaces de ver a través de su cráneo para así poder leer sus pensamientos y comprender mejor por qué ha ocurrido lo que ha ocurrido
- ¿Conoces a Beca Mitchell?
Chloe cierra los ojos y deja escapar una larga exhalación. Un millón de recuerdos cruzan por su mente, con la velocidad y la energía de los relámpagos:
Ojos azul medianoche en una feria de actividades. Beca con esa sonrisa que Chloe a veces fantaseaba con que era solo para ella. Dedos fríos entrelazados entre los suyos en la semi penumbra de su habitación. El cuerpo menudo de su mejor amiga acurrucado contra el suyo, sus piernas enmarañadas y sus respiraciones acompasadas.
Cada uno de los "te quiero" que con tanto recelo Beca le regaló.
Un millón de recuerdos que vienen y van, con la velocidad y energía de los relámpagos.
Chloe suspira y sus labios se curvan en una triste sonrisa.
- Hubo un tiempo en que sí.
Y aunque sabe que Troy se está muriendo por bombardearla a preguntas, el joven debe sentir que este no es el momento adecuado para ello porque acepta la respuesta de Chloe con un simple asentimiento y se ofrece a conducir lo que queda de camino.
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Chloe conoce a Álex puramente por accidente. Y en el más literal sentido de esa expresión.
Es una mañana caótica en la cafetería de la Universidad, un sitio que Chloe suele intentar evitar entre clase y clase porque sabe que se llena y se tarda muchísimo en lograr llegar hasta la barra para pedir.
Sin embargo, anoche se quedó hasta muy tarde estudiando para el examen que tiene en un par de horas y esta mañana estaba tan nerviosa que prácticamente salió corriendo de su piso sin pararse siquiera a desayunar.
De modo que, suele evitar ir a la cafetería, pero esta vez es casi cuestión de vida o muerte. O, más acertadamente, de aprobado o suspendido. Porque puede notar la lentitud con la que funciona su cerebro, el peso en sus párpados y todo su cuerpo: necesita cafeína.
Solo por eso está dispuesta a esperar los casi diez minutos que le lleva a la encargada que le atendió hacer su café, pues no para de distraerse con los pedidos de otros alumnos y profesores. Chloe tiene que contener un resoplido cuando ve que la mujer abandona su vaso de cartón bajo la máquina para servir a alguien más.
Pone los ojos en blanco y comprueba obsesivamente la hora en su móvil, a pesar de que sabe que ha venido con tiempo más que de sobra hasta el examen. Se recoloca las tiras de su bolso en el hombro y vuelve a depositar su mano sobre el contador, marcando un ritmo nervioso con sus uñas sobre la superficie negra.
Al principio, no se da cuenta.
El barullo en la hora punta de la cafetería es insoportable. Todo el mundo a su alrededor está hablando, cada vez más alto para hacerse oír por encima de los demás, y resulta en una cacofonía de voces casi ensordecedora.
Y Chloe, distraída y preocupada como está, al principio no se da cuenta.
Pero poco a poco, de una forma que comienza casi imperceptible hasta que va ganando presencia, como una niebla que se cuela por los bordes de su conciencia y pronto lo ha impregnado todo, Chloe empieza a escucharla.
And I'm gonna be cliché here for a minute
And tell you that I've been hurt before
Frente a ella, al otro lado del mostrador y por detrás del hueco en el que se mueven las encargadas de la cafetería, hay una radio encendida. Es enorme y con aspecto antiguo, pero funciona perfectamente y está sintonizada en una emisora de música.
And I didn't want these feelings, but I brought 'em
But I know that you know exactly when I caught 'em
And I'm trying not to think about it often
Y Chloe al principio no se da cuenta, pero ahora es todo lo que es capaz de escuchar.
El nuevo hit de principios de año que todas las radios parecen incapaces de dejar de poner a todas horas. La voz de Beca Mitchell cantando versos que parecen estar dirigidos a Chloe, que parecen tener la intención de causar que su corazón se encoja en su pecho.
Cada nueva canción le hace arrepentirse de su decisión y la lanza con una patada al culo a una espiral de duda y dolor.
Cambia el peso de un pie a otro y sus dedos aumentan el ritmo de su tamborileo nervioso. Siente como si le estuviera saliendo una reacción alérgica por todo el cuerpo, tiene ganas de rascarse obsesivamente. Su mirada nerviosa se fija en la encargada y sigue todos sus movimientos hasta que la ve volver a por su café.
Even though I'm cautious, I just like the way it feels
When it's us, baby, when it's us
You make me forget that I'm not ready for love
- Aquí tienes – le dice la encargada cuando por fin deposita el vaso frente a ella.
Chloe le da las monedas que llevaba sujetando en su mano un buen rato, el metal está caliente y probablemente un poco sudado por sus nervios, pero a la encargada no parece importarle lo más mínimo. Su gesto es brusco y tan lleno de prisa que un centavo cae sobre el mostrador y rueda un poco hasta que la encargada lo aplasta con su palma.
Pero Chloe ya ha pasado a otra cosa, porque lo único que quiere es salir de ahí lo más rápido posible. Poner la mayor distancia posible entre ella y Beca.
Lo peor es que no hay forma de escapar de ella, porque tal y como Chloe predijo y siempre supo con absoluta certeza, Beca Mitchell se ha convertido en una estrella. Ahora está en todos lados: en las revistas, en las radios, en Twitter, en Instagram, en YouTube…
Coge un puñado de sobres de azúcar con una mano y uno de esos palitos de plástico para revolver. La mirada fija en el suelo, queriendo evitar tropezar, sale a empujones de la masa de estudiantes sin importarle a quién se lleva por delante con su desesperación.
Hasta que choca de frente con una chica. Y el vaso de café que lleva en las manos y por el que tanto le ha tocado esperar, se aplasta entre sus cuerpos y el líquido marrón chorrea sobre ambas y hasta el suelo.
A Chloe se le escapa una exclamación en la que se mezclan tantas emociones que ni ella misma sabría separarlas e identificarlas. Sus manos mojadas y pegajosas salen volando a retirarse el jersey de la piel porque el café estaba recién hecho y quema. Alza la mirada lentamente, todavía en shock.
La chica con la que ha chocado está mirando su camiseta blanca, como asesorando los daños provocados por el café, y los ojos de Chloe se llenan repentinamente de lágrimas.
- Oh dios mío – musita –. Lo siento muchísimo.
Algo en su voz debe de traicionar que está a punto de sufrir un colapso nervioso, porque la chica alza la cabeza a la velocidad del rayo. Sus ojos marrones están abiertos, con restos de sorpresa y algo de pánico, presumiblemente por lo mal que Chloe está gestionando lo ocurrido.
Su amiga, de quien Chloe es solo consciente ahora, le tiende un puñado de servilletas con las que la chica intenta secar el café que chorrea por su camiseta. Pero no sin antes lanzarle una mirada fulminante a Chloe, como si lo hubiera hecho adrede.
Y la canción de Beca sigue sonando de fondo, y Chloe juraría que, tras el choque, el escándalo de la cafetería se ha enmudecido, y todo es de repente simplemente demasiado.
- Yo… – intenta disculparse. Intenta no parecer una auténtica gilipollas. Pero las palabras se atascan en su garganta y solo es capaz de emitir un sollozo estrangulado que le hace sentir enormemente estúpida –. Lo siento mucho.
Sacude la cabeza en una negativa y sale corriendo de la cafetería sin mirar atrás, a pesar de que escucha a la chica llamarle. Esquiva a la gente que llena los pasillos y corre hasta encontrar el baño de chicas.
Se abalanza contra la puerta y descubre con inmenso alivio que el baño está vacío. Se sorbe la nariz mientras se acerca a uno de los lavabos, más calmada ahora que ya no puede escuchar la voz de Beca cantando ni sentir las miradas acusatorias de los testigos de su torpeza.
Tira de los bajos de su grueso jersey para sacárselo por la cabeza y se maldice a sí misma por haber decidido ponerse hoy el rosa clarito en vez del negro que había tenido en la mano. Se queda en sujetador en el baño, pero no es algo que le preocupe mucho.
Mete la zona manchada bajo el chorro de agua del grifo y se queda mirando fijamente mientras la tela se oscurece y se vuelve más pesada cuanta más agua absorbe. Le tranquiliza bastante, por lo menos hasta que la puerta del baño se abre poco a poco, como si la persona que hay al otro lado no estuviera segura de si quiere entrar o no.
A través del espejo, Chloe ve la cabeza de la chica de la cafetería asomarse por el hueco. Se muerde el labio inferior, avergonzada, cuando la chica entra en el baño.
- ¡Por fin te encuentro! – exclama.
Su sonrisa es amable y sus pasos cautelosos, pero Chloe no puede evitar tensarse.
Ha hecho el completo ridículo frente a esta chica. No solo por tirarle todo el café encima, sino también por no saber disculparse como una persona decente, sin romper en lágrimas. Y ahora aquí están, Chloe en sujetador y todavía con las mejillas mojadas, y la chica está preocupada por su bienestar.
- ¿En serio? – no puede evitar decir, incrédula –. ¿Te he arruinado la camiseta, he salido corriendo y aun así me preguntas si estoy bien? ¿Qué clase de persona eres? – no hay ningún tipo de mordisco en su tono, más bien todo lo contrario. Suena intrigada, curiosa, y para qué negarlo, algo fascinada.
La chica sonríe y se encoge de hombros.
- Una persona decente, espero – contesta.
Y es entonces que Chloe se fija en ella por primera vez. Fijarse en ella, de verdad. Más allá de la mancha marrón en su camiseta blanca.
Su rostro es amable, su sonrisa bonita. Lleva el afro recogido en un moño descuidado y un largo collar del que cuelga una llave que se balancea contra su pecho. Una gruesa chaqueta de lana morada la protege del frío de enero y tiene el pie derecho torcido sobre el costado dentro de sus botas militares, una postura de denota inseguridad.
Sus dos manos están ocupadas con dos cafés que, al notar que Chloe los mira con curiosidad, los levanta un poco, como si se hubiera olvidado de ellos.
- Nunca tuviste oportunidad de tomarte tu café – explica. Su boca se tuerce en una mueca y se encoge de hombros para restarle importancia.
Chloe despega los labios para hablar, pero nada sale de su garganta. Los vuelve a cerrar y sonríe, sacudiendo la cabeza con incredulidad. Cree que fue a tropezar con la persona más amable del universo.
- Gracias – dice, sincera. Acepta el vaso que la chica le tiende y le da un sorbo, cerrando los ojos al sentir el calor del café bajando hasta su estómago. Suspira y se muerde el labio inferior con arrepentimiento –. Siento mucho lo de tu camiseta.
- Esto se lava – le asegura ella agitando la mano que tiene libre en el aire –. No merece la pena agobiarse por ello.
Chloe pone los ojos en blanco y deja su café sobre el lavabo para escurrir su jersey.
- También siento que hayas tenido que presenciar eso – dice por encima del agua chorreando sobre cerámica, torciendo la boca en una mueca avergonzada –. Sé que no era como para llorar, pero…
- Hey – le corta la chica. Cuando Chloe la mira a través del espejo, ve que está negando con la cabeza –. No me tienes que dar explicaciones, a cualquiera podría haberle ocurrido. Hay momentos en los que simplemente se te viene todo encima – se encoge de hombros de nuevo y, a pesar de su actitud despreocupada, Chloe tiene la sensación de que sabe de lo que habla por experiencia propia.
Aun así, no sabe lo mucho que lo aprecia. Tanta amabilidad está a punto de sobrepasarla, y le hace pensar en lo curioso que es que, hace unos años, lo habría aceptado sin más. Porque Chloe es el tipo de persona que haría lo mismo que esta chica está haciendo hoy por ella. Pero ahora se ha vuelto más cínica y no puede evitar pensar que hay algún tipo de trampa.
- Sin trampas, palabra de boy scout – ríe la chica cuando se lo pregunta, estirando las manos en el aire en gesto de inocencia.
No se lo toma como una ofensa, sino que parece divertirle. Y parece encontrar todavía más divertido que Chloe no termine de estar muy convencida.
- Si sientes la necesidad de saldar la deuda, al próximo invitas tú – propone, alzando el vaso de su café para que Chloe sepa a qué se refiere.
- Trato hecho – acepta con una sonrisa y un asentimiento.
La chica parece satisfecha, porque esboza una amplia sonrisa. Recula de espaldas hacia la puerta y, antes de desaparecer por el pasillo, se pausa una última vez.
- Soy Álex, por cierto – se presenta.
- Chloe Beale.
- Lo sé – y con esa enigmática respuesta, cruza el umbral y permite que la puerta se cierre tras ella. Sin darle oportunidad alguna a Chloe a preguntarle cómo sabe su nombre si no se conocen de nada.
Es irónico, porque Chloe rompió lazos con Beca precisamente porque estaba cansada de contentarse con el estado en que se encontraba su vida. Quería algo mejor, quería sentir que estaba viviendo por fin.
Pero cortar lazos con Beca es precisamente la razón que le está impidiendo vivir.
Chloe se da cuenta de esto después de su encuentro accidental con Álex. Se da cuenta de que el único motivo por el que chocó con la joven fue porque estaba tan preocupada en salir corriendo de la cafetería para dejar de escuchar la canción de Beca, que no vio lo que tenía delante.
Sin embargo, igual que ese café se derramó por encima de la camiseta blanca de Álex, la realidad cae sobre Chloe como un cubo de agua helada. Hace que se quede parada a medio camino de recorrer a paso rápido un pasillo de camino a clase, y un grupito de chicas que iba tras ella la sobrepasan con miradas llenas de juicio.
Sigue huyendo, en vez de enfrentarse a lo ocurrido. Sigue buscando mil formas de mantenerse ocupada para así no tener capacidad mental para pensar en ello. Sigue pasando a toda velocidad por las redes sociales cuando ve algo remotamente relacionado con Beca.
Quizá que Chloe conociera a Álex fue puramente un accidente. O quizá es la forma que tiene el universo de decirle que es hora de buscar ayuda.
En abril, Chloe recupera la música.
Uno podría pensar que esto era algo que ya había logrado en el momento en que fue capaz de volver a encender la radio. Pero no, en abril, Chloe recupera la música en su totalidad. Sin esconderse tras la excusa de que no tiene poder alguno sobre las canciones que escogen los DJ.
Era solo cuestión de tiempo, al fin y al cabo, es una parte intrínseca de quien es ella. Chloe Beale no es Chloe Beale al 100% si no está siempre escuchando música o tarareando distraídamente una canción que se le ha quedado pegada.
Respira música de una forma distinta, pero a la vez muy parecida, a como lo hace Beca. La morena lleva la música en sus venas, fluye de sus dedos como la magia de un hechicero y es capaz de moldearla a su voluntad. La comprende a un nivel tan profundo que es capaz de generarla de la nada.
Chloe no llega a ese nivel. Está segura de que podría, si se pusiera a ello. Tan solo sería cuestión de enseñarse a sí misma, igual que hizo Beca todos esos años atrás. Pero, por mucho que fascine a Chloe el tema de poder manejar la música a su voluntad, nunca le ha generado suficiente interés como para dedicarle las horas necesarias.
Quizá no lleve la música en sus venas como Beca, pero Chloe respira música. Necesita música casi tanto como las plantas dependen del sol para vivir.
El problema es precisamente que la música era el fundamento en el que construyó su amistad con Beca, era una pasión que ambas compartían y las unía por encima de todo lo demás. Se podían pasar horas en silencio escuchando canciones, o horas hablando sobre ellas. Era un lenguaje que ambas comprendían y dominaban.
Después de seis años, solo es normal que Chloe asociase todo lo relacionado con la música con Beca. Ya fuera porque era su profesión, porque eran canciones que la propia Beca le había recomendado y/o hecho, o porque Chloe quería recomendárselas a Beca.
Estos meses sin música han sido una auténtica tortura. Chloe se sentía como si le faltase una parte de sí misma pero no terminase de ser capaz de averiguar el qué. Como una persona que se levanta un día y se ha olvidado de que le falta una pierna.
Sus días estaban llenos de horas muertas plagadas de silencio que le recordaban a cuando era pequeña, cuando su hermano se marchó a la universidad al otro lado de Estados Unidos y la dejó sola en una casa enorme y vacía.
Aunque, si es sincera consigo misma, supone que ha sido mejor renunciar temporalmente a la música que haberse arriesgado a sufrir una crisis emocional a cada hora. A veces hay que renunciar a cosas que nos hacen felices porque en determinados momentos, más que felicidad, lo único que hacen es dañarnos.
(Y si esa no es la mejor metáfora para describir lo que ocurrió con Beca, entonces Chloe no sabe cuál sería.)
Nada podría haberle preparado para el estallido de pura felicidad que siente revolotear por el interior de su pecho, como confeti cayendo por el aire, al volver a poner música a todo volumen.
Ain't it something when it all goes tragic
How a spell can get casted onto something magic
What I wouldn't give to get back to where we had it
La voz de P!nk reverbera por las paredes de su habitación, haciéndolas vibrar. Chloe baila por su cuarto sintiendo la melodía en sus huesos, en sus músculos, empujándolos a moverse de una determinada manera y en un determinado momento.
Now it's like I lied
When I said I didn't need you
Alright, if you'd left, I'd never be
Se corta de golpe cuando, al girarse con el cesto de ropa sucia en sus manos, ve que Troy está recostado contra el umbral de la puerta. El joven tiene los brazos cruzados en el pecho, pero su postura es relajada y su expresión curiosa.
- Perdona, ¿está muy alta la música? – se disculpa Chloe torciendo la boca. No deja que Troy pueda contestar antes de dirigirse a la base donde tiene su iPhone conectado y bajar el volumen a la mitad.
- No sabía que cantaras – observa el joven con la cabeza ladeada –. Mucho menos que lo hicieras tan bien. Jesús, Chloe – frunce el ceño e inhala por la boca, como si se hubiera acercado mucho a algo que quema.
La pelirroja se siente repentinamente avergonzada. Hace tanto que no canta que no está segura de haber sonado tan bien como Troy dice, especialmente porque se ha dejado llevar por el subidón del momento y no ha cuidado nada la potencia de su voz, y P!nk no es una artista que sea precisamente fácil.
Pero también siente cierta vergüenza de haber mantenido esa parte de sí misma oculta durante tanto tiempo. Casi parece que les haya mentido sobre quién es, porque Chloe Beale no es realmente Chloe Beale sin cantar.
- Estuve en un grupo de a cappella en la universidad – le cuenta, para compensar por el hecho de no haber sido sincera desde un principio –. No por presumir, pero éramos bastante buenas – chasquea la lengua.
Pasa de largo al lado del joven con su cesta de la ropa sucia y los botes de detergente y suavizante. Escucha la exclamación de absoluto deleite de Troy y sus pasos apresurados siguiéndola al cuartito de la lavadora.
- ¡No puedes soltar semejante bomba y actuar como si nada, Chloe! – protesta Troy con la sorpresa todavía dibujada en su anguloso rostro. Se sienta sobre la secadora y se queda mirando fijamente a Chloe, haciendo batir sus largas pestañas para demostrar su expectación.
- ¿Qué te creías que eran las Bellas? – pregunta Chloe casi en una risa.
- No sé, pensé que era algún tipo de broma interna entre vosotras y por eso os llamabais así – se defiende el chico.
Chloe echa la cabeza hacia atrás por la fuerza con la que se ríe y niega. Sigue sacudiendo la cabeza con incredulidad mientras coge el tapón medidor del detergente y vuelca el líquido azul hasta la mitad.
- ¿De ahí conoces a Beca Mitchell? – exclama de repente Troy. Si se da cuenta de cómo Chloe que queda paralizada, no hace caso alguno –. Ella también estuvo en un grupo de a cappella en la universidad, fue gracias a ellas que consiguió su contrato con DJ Khaled – continúa hablando excitadamente.
Ni siquiera permite que Chloe le responda, pues enseguida saca el móvil del bolsillo de su sudadera y empieza a teclear con propósito.
- Cantaron junto a ella en su actuación televisada, tiene que estar por aquí… – musita para sí mismo. Sus pensamientos en voz alta se ven interrumpidos por una fuerte exclamación una vez lo encuentra –. ¡Las Bellas de Barden, lo sabía! – grita dando patadas en el aire –. Espera – se pausa de golpe –. La foto que tienes que vais todas disfrazadas de azafatas…
- No era un disfraz, era nuestro uniforme.
- Oh dios mío – Troy se lleva ambas manos a la boca y sus ojos, de un azul aguamarina que a veces parece verde, resplandecen con diversión. Se sacude encima de la secadora por el ataque de risa que recorre su larguirucho cuerpo –. Por favor, dime que hay vídeos de eso.
Chloe cierra la lavadora con un click y esboza una sonrisa torcida. No sabe lo que se le viene encima…
ACA-ZORRAS 4 EVER!
Amy la Gorda, Ash, Becs 3, Bree, CR, Heredera, Jess, Lilly, Stace y Tú
Stace: OMG
Stace: EM
Stace: BECA
Stace: ALSKDFJDJSJSAD
Amy la Gorda: Stacie no estás teniendo sentido
CR: :O :O :O :O
Bree: Qué está pasando?
Heredera: AAAAHHHH
Heredera: SORPRESAAAAAA
Heredera: No sabéis lo MUCHO que me ha costado no deciros nada
Becs 3: Doy fe :')
Jess: Soy la única que no sabe qué está pasando?
Bree: Yo tampoco me entero de nada Jess :/
Stace: Beca Mitchell, Alesso - Let Me Go ft. Florida Georgia Line, WATT (Official Video)
Heredera: Yo ayudé a escribirla ^_^
CR: Dicen que va a ser la canción del verano!
La vibración y el posterior timbre de la alarma del iPhone de Chloe la saca del semi sueño en el que se había sumido.
Tumbada bajo un árbol, su cuerpo está en esa delicada y perfecta proporción de sol y sombra de forma que no se está muriendo de calor, pero tampoco tiene fresco. La suave brisa de principios de verano se desliza sobre su piel expuesta como la caricia de una prenda hecha de seda, y la calma que hay en ese rincón del jardín del campus es súper relajante.
Tampoco ayuda el hecho de que su cabeza esté reposando en el regazo de Álex, que tiene la espalda apoyada contra el tronco del árbol y la mano con la que no sujeta el libro que está leyendo juguetea a enredarse y desenredarse en los mechones pelirrojos de Chloe.
Con gestos torpes, tantea a ciegas por el césped que se expande bajo ella y por encima de su mochila hasta encontrar el borde de su iPhone. Suspira y se ve obligada a abrir los ojos con varios parpadeos, desacostumbrada a tanto brillo después de haberlos tenido cerrados durante tanto tiempo.
- Estoy empezando a odiar la alarma de tu móvil – comenta Álex una vez Chloe consigue que el irritante sonido se apague.
La pelirroja se incorpora hasta quedar sentada y se gira para poder seguir mirando a Álex. Sus gruesos labios están curvados en una sonrisa ligeramente triste, porque ambas saben perfectamente lo que significa que suene la alarma: vuelta a la vida real.
Su rostro, sin embargo, delata la tranquilidad que habían estado sintiendo hasta ese instante y la felicidad que le genera poder disfrutar de momentos así junto a Chloe.
Siempre hace que el corazón de Chloe lata un poco más rápido.
- Lo sé – suspira mientras se pasa las manos por el pelo para peinárselo un poco –, pero ya sabes lo que pasa si no la pongo.
Álex ríe y atrapa su lengua entre sus dientes, traviesa. Ambas saben a qué se refiere Chloe, ambas recuerdan perfectamente el día que se relajaron tanto que se olvidaron por completo de que tenían clase a las cinco.
- Touché – la joven acepta la pulla con clara diversión en sus ojos marrones.
Chloe se encuentra a sí misma respondiendo a la sonrisa de Álex, algo que se ha dado cuenta de que le está pasando cada vez con más y más frecuencia.
Es fácil estar con Álex. Es la misma facilidad que Chloe encontró en Kat, con la que sabía muy bien cuáles eran las bases de su relación y no había incertidumbre alguna. Álex no se anda con juegos ni con acertijos. Álex la persiguió el primer día y el segundo ya le dejó bien claro cuáles eran sus verdaderas intenciones.
Todo ocurrió cuando Chloe se dio cuenta de que coincidía con ella en la clase de biología. En ese momento cobró sentido el hecho de que Álex ya supiera su nombre, porque se había fijado en ella y lo habría escuchado en la lista.
(Para su defensa, Chloe debe decir que es una clase que comparten con muchos otros estudiantes y los primeros días su estado mental no había sido idóneo. No prestó atención alguna cada vez que el profesor pasó lista en un intento de asociar caras y nombres.)
A la siguiente semana, se presentó en la clase de biología con un café de sobra de Starbucks. Entro en la amplia aula con pasos decididos y subió hasta la fila en la que Álex siempre se sentaba.
Ese día la joven llevaba su afro suelto y un suave amarillo que contrastaba de forma preciosa con su tez oscura. Alzó la mirada con sorpresa cuando Chloe dejó el vaso de cartón de Starbucks sobre su mesa, al lado de su portátil ya abierto, con un sonoro clunk.
Al ver de quién se trataba, la sorpresa de Álex se transformó en diversión y una pizca de interés.
- Sabes que estaba de broma, ¿no? – comentó a modo de saludo o agradecimiento. Chloe se limitó a arquear las cejas, esperando un poco de clarificación –. No iba en serio con eso de devolverme el favor – su sonrisa se torció ligeramente –. Te invité a café porque quería hacerlo.
Chloe se encogió de hombros despreocupadamente y dejó caer su bolso dos sillas más allá de donde estaba sentada Álex, para poder ocupar la que estaba justo a su lado.
- Yo también te estoy invitando porque quiero.
- ¿No tiene nada que ver con el hecho de que te acabas de dar cuenta, meses más tarde, de que estamos en una clase juntas? – le picó la joven.
Chloe sonrió, pero intentó disimularlo mordiéndose el labio inferior. Se rascó tras una oreja, con cuidado de no deshacerse la trenza en la que se había recogido el pelo, y dejó su Mac rosa sobre la mesa.
- Quizá un poco – admitió, ligeramente ruborizada.
No entendía cómo había podido estar tan absorta en sí misma que no se había fijado en alguien como Álex durante meses. Álex, con su precioso afro siempre estilizado de alguna forma distinta. Álex, que siempre iba vestida con colores brillantes que la hacían destacar sobre todos los demás.
Su conversación se vio interrumpida brevemente cuando la puerta de la clase se abrió de golpe, de esa forma que anunciaba que acababa de llegar el profesor. Efectivamente, el profesor Ravensworth entró con paso apresurado, su pelo tan alborotado como siempre, y dejó su maletín en la tarima.
Comenzó la lección del día con voz distraída, de espaldas a los alumnos mientras escribía con tiza en la pizarra en letra enmarañada y, muchas veces, completamente indescifrable.
- ¿Sabes? – susurró Álex, inclinándose hacia un lado para estar más cerca. Chloe musitó un "mmhh" interesado, pero mantuvo la mirada al frente, tecleando en su portátil –. No fui del todo sincera cuando te dije que no había trampas en mi amabilidad.
Eso captó la atención de Chloe. Sus dedos se quedaron quietos sobre las teclas y giró la cabeza para poder mirar a la chica sentada a su lado.
- Me fijé en ti el primer día – confesó Álex. Su pierna izquierda se balanceaba de arriba abajo en un gesto nervioso –. Nuestro accidente en la cafetería fue la excusa que necesitaba para acercarme y hablar contigo.
Chloe se relajó y una sonrisa se extendió poco a poco por su rostro.
- O sea que tu palabra de boy scout no vale nada – se burló.
Álex bufó una risa.
- Ya… Sobre eso… – se mordió el labio inferior, apenas conteniendo la sonrisa –. Nunca fui una boy scout.
El profesor Ravensworth se giró para chistar por encima del hombro y acallar los susurros que recorrían el auditorio, robándole la oportunidad a Chloe de replicar. Se quedó mirando un largo rato a Álex, quien fingió no darse cuenta y continuó tomando apuntes como si nada.
Al final, Chloe sacudió la cabeza y, sonriendo para sí misma, devolvió su atención a la clase.
Ese fue el comienzo de empezar a pasar cada vez más tiempo juntas. Se veían para tomar café, para descansar entre clase y clase, para comer juntas, para estudiar juntas, para simplemente tumbarse en el césped bajo el árbol que ya consideran suyo.
Y no son citas, pero tampoco son no citas.
Se están conociendo poco a poco, cada día averiguan cosas nuevas sobre la otra. No tienen prisa por poner una etiqueta a lo que están haciendo, no tienen prisa por definirse. Se están tomando las cosas con calma para ver a dónde les lleva el orden natural de la vida.
- ¿Te veo al salir de clase? – le pregunta Álex mientras recoge sus cosas y las mete en su bolso.
Chloe se levanta del césped, sacudiéndose con las manos para no ir con restos de hierbas pegadas a la ropa. Lleva un vestido con florecitas, muy ligero, y con una abertura que sube hasta casi su cadera que deja una de sus piernas al descubierto.
Ve la mirada de Álex desviarse un momento, antes de darse cuenta de lo que está haciendo y corregirse a sí misma. La pelirroja se traga la sonrisa y asiente, agachándose a coger su bolso del suelo.
- Tengo que ir a la biblioteca a buscar unos libros para un trabajo – responde –. Si quieres nos vemos allí.
- Guay – acepta Álex.
Salen de la zona de césped hasta llegar al paseo de cemento en el que sus caminos se separan, pues ambas tienen clase en direcciones opuestas. Chloe se coloca bien el bolso en el hombro para que no le tire del pelo y Álex da un paso adelante, acortando la distancia entre ambas.
Parece indecisa un instante, pero pronto toma una decisión y simplemente se lanza. Chloe la ve venir, sin embargo, y entra en pánico. Su instinto la lleva a girar la cabeza en el último momento de forma que los labios de la joven aterrizan en su mejilla en lugar de su boca.
Álex se separa, sorprendida, y mira a Chloe con el ceño fruncido. Pero Chloe no puede pensar siquiera en darle explicaciones, porque ni ella sabe muy bien qué demonios acaba de pasar.
- Tengo que irme – se disculpa, señalando con la cabeza hacia la dirección en la que se encuentra su clase.
Álex mueve la cabeza en un asentimiento distraído y le lanza una última mirada interrogante a Chloe antes de marcharse con pasos dubitativos.
Sin embargo, esa despedida se pega a Chloe como si estuviera recubierta de SuperGlue. Es incapaz de centrarse en clase porque no deja de pensar en el rostro de Álex, la confusión y las dudas que pudo ver reflejadas en sus ojos marrones.
Y sabe que es hora de que tengan una conversación que lleva posponiendo demasiado tiempo.
De modo que, cuando la joven la encuentra a la salida de la biblioteca, Chloe le pregunta si pueden hablar. Álex acepta rápidamente y ambas se encaminan de vuelta a su sitio bajo el árbol.
- Siento mucho lo de antes – se disculpa con la mirada gacha, centrada en las hierbas que retuerce entre sus dedos para mantenerse ocupada y disimular el nerviosismo que hace temblar a su cuerpo entero.
Álex se mantiene en silencio, y Chloe no está segura de si es porque no acepta su disculpa, o por si está esperando a que le cuente en su totalidad los motivos que le empujaron a reaccionar como reaccionó en vez de asegurarle inmediatamente que no pasaba nada.
- Hace poco me rompieron el corazón – comienza a contar tras coger una agitada bocanada de aire –. Nos rompimos el corazón mutuamente – se corrige con una sonrisa amarga y desolada –. Y bueno… Supongo que no puedo decir que pasó hace poco porque fue… hace un año casi.
Se pausa un instante, sorprendida de lo rápido que ha pasado el tiempo a pesar de que ella ha tenido la sensación de que los días se alargaban lo que parecían semanas.
- Sé que puede resultar patético, porque ya va siendo hora, pero… Todavía no he sido capaz de superarlo.
Álex asiente lentamente. Su rostro refleja que está pensando en algo, sus ojos tienen un brillo que parece casi sospecha, pero Chloe no puede estar al cien por cien segura. No le extrañaría que fuera así, tampoco es que se haya esforzado por ocultar el estado en que se encuentra su corazón.
- ¿Esto tiene algo que ver con Beca Mitchell? – pregunta Álex de repente.
Chloe se queda congelada, sus dedos a medio camino de tirar del tallo de una flor para arrancarla del césped en el que está creciendo. Alza la mirada y abre y cierra la boca un par de veces hasta que es capaz de encontrar su voz de nuevo.
- ¿A qué viene eso? – rebate con otra pregunta, en vez de responder directamente.
Los labios de Álex se curvan en una sonrisa triste y sacude la cabeza, exhalando aire por la nariz en un bufido algo sarcástico.
- Subestimas la atención que te presto cada vez que estamos juntas, Chloe – le dice –. Me he dado cuenta de que reaccionas así – señala con una mano en un gesto vago hacia la pelirroja y su postura actual, todavía congelada –, cada vez el nombre de la artista surge en la conversación. Y cuando suena una de sus canciones, siempre cambias o quitas la música, o encuentras alguna excusa para irte del sitio y no escucharla.
Y vale, quizá Chloe no ha intentado ocultar que tiene el corazón roto. Pero siempre intentó mantener su historia con Beca privada, algo que es meramente suyo. Algo de lo que solo ellas dos poseen todos los detalles, y ni siquiera las Bellas saben muy bien qué ocurrió.
Sin embargo, considera que ahora es el momento de sincerarse. Porque teme que, si no lo hace, pueda perder a Álex.
- Sí – admite en apenas un susurro –. Tiene que ver con Beca.
Coge una profunda bocanada de aire para prepararse para lo que está a punto de hacer y, la próxima vez que su boca se abre, es para contar – aunque por encima y sin profundizar mucho – todo lo que ocurrió.
Cuando termina de relatar la historia, Álex se queda tanto rato en silencio que Chloe teme haberla espantado con tanta verdad. Se pregunta qué puede querer una persona con alguien tan roto como Chloe y no es capaz de encontrar ninguna respuesta.
- Wow – musita finalmente Álex, tras lo que se siente como una eternidad de espera. Mueve la cabeza hacia los lados, como si no terminase de tener claro qué quiere decir o cómo reaccionar –. Entiendo que no lo hayas superado todavía, eso es… – frunce el ceño –. Es mucho más jodido de lo que esperaba.
Ahora es el turno de Chloe de permanecer callada, porque no sabe qué se supone que debe hacer ahora.
- Chloe… – suspira Álex.
Y Chloe cierra los ojos, obligándose a sí misma a no llorar. Porque esto es todo. Este es el momento en que Álex le dice que está demasiado dañada para ella. Que ella se metió en esto sin saber lo complicado que iba a resultar. Que nunca quiso tener que ayudar a alguien a curar.
- No pretendo presionarte ni darte un ultimátum – continúa la joven –, pero sí que necesito que pienses en qué quieres.
Chloe parpadea, confundida, y cruza miradas con el marrón de Álex. Sus ojos están llenos de cariño, y preocupación, y tristeza. Y tanta sinceridad que Álex se ve obligada a romper el contacto visual y bajarlo al césped sobre el que están sentadas para decir lo siguiente.
- Si crees que en un futuro cercano no vas a ser capaz de poder tener algo conmigo, entonces necesito que me lo digas ya. Porque me estoy pillando de ti – confiesa, causando que la respiración de Chloe se atasque bruscamente en su garganta –. Estoy en el inevitable camino de enamorarme de ti y voy sin frenos.
Suspira y vuelve a cruzar miradas con Chloe.
- Pero necesito saberlo – pide –. Porque así me iré mentalizando de que tengo que saltar del coche en marcha.
Chloe está muda. Sin embargo, de alguna forma se las apaña para asentir y sellar la promesa.
Se remueve, inquieta, en el cómodo sillón del despacho de su psicóloga.
Esa fue la ayuda a la que recurrió después de su accidente con Álex en la cafetería. Alguien que le enseñase a hacer sentido de sus emociones para reparar por fin su corazón roto. Alguien a quien contarle todo lo que pasaba por su cabeza sin sentir que les está aplastando con sus problemas.
Sabe que Aubrey habría estado más que dispuesta a ayudarle con lo que hiciera falta, y que le habría repetido hasta la saciedad que no pasaba nada. Pero Bree tenía cosas que descubrir para sí misma, y si hubiera detectado el más mínimo inconveniente por parte de Chloe lo habría dejado todo para salir en su rescate.
Chloe no podía hacerle eso a su mejor amiga, no podía echarle todo el peso de sus problemas. Y, además, ya estaba en un punto en que necesitaba ayuda profesional. Porque no podía seguir haciendo lo de siempre: huir de los problemas y de la realidad hasta que no pudiera más.
Así fue como la Doctora Amanda Peterson entró en su vida.
- Me sorprendió recibir tu llamada adelantando nuestra cita – comenta la psicóloga, saliendo por fin de detrás de su mesa para recorrer el corto camino hasta el sillón situado frente a Chloe.
Lleva su usual libreta en una mano, y con el pulgar sujeta un bolígrafo Bic contra la cubierta de cuero. Sus gafas cuelgan de la cuerdecilla que usa para no perderlas y se balancean sobre su pecho cuando se inclina ligeramente hacia delante para sentarse.
- Pensé que lo de vernos dos veces por semana estaba funcionando bien – continúa diciendo –. Pero si sientes que necesitas volver a una vez por semana, lo cambiamos. No pasa nada – le asegura.
- No – Chloe sacude la cabeza en una negativa –. Dos veces por semana está bien, es solo que… – vuelve a cambiar de posición en el sillón y mete las manos bajo sus piernas –. Álex intentó besarme el otro día.
- Oh – las cejas de la Dra. Peterson se arquean por la sorpresa. Se pone sus gafas de carey al mismo tiempo que abre la libreta en la página señalada por la fina tira de tela que emplea como marcador –. ¿Y cómo reaccionaste?
- Mal – dice. Libera una de sus manos para pasarse una mano por el pelo –. Giré la cara en el último momento.
- Comprendo…
- Y como me sentía fatal por haber reaccionado así, más tarde le perdí perdón y le expliqué la situación.
- ¿Cómo se lo tomó?
- Mucho mejor de lo que esperaba – admite Chloe sin poder ocultar la sorpresa que eso todavía le hace sentir –. Pero… – suspira –. Me confesó que se estaba enamorando y me pidió que le dijese si creía que íbamos a poder tener un futuro.
- ¿Crees que podréis tener un futuro?
- No – es lo que cae de su boca. Pero Chloe sabe que eso no es del todo cierto, y eso le lleva a suspirar y agachar la cabeza –. Sí – admite finalmente –. No lo sé.
La Dra. Peterson esboza una suave sonrisa comprensiva. Deposita su libreta abierta sobre sus rodillas y se reclina contra el respaldo del sillón. Boli en mano, se rasca la barbilla.
- ¿Por qué no me cuentas qué está pasando por tu cabeza?
Chloe asiente lentamente y alza la cabeza. Mordisquea el interior de su mejilla mientras intenta ordenar la maraña de pensamientos que revolotean por su mente igual que una bandada de murciélagos asustados.
- ¿Es estúpido que siga teniendo esperanzas de que las cosas con Beca se arreglen? – pregunta, pero no permite que la Dra. Peterson le conteste porque ahora que ha abierto el grifo de su mente, es incapaz de cerrarlo –. Seguro que sí. Yo por lo menos me siento estúpida cada vez que tengo ese pequeño rayo de esperanza.
Bufa y se frota la frente con fuerza.
- En un mes se cumplirá un año desde lo que ocurrió y aquí sigo – deja caer la mano estirada contra el reposabrazos del sillón –. No estoy más cerca de olvidarla que entonces, no soy capaz de pasar página. Estoy estancada, sintiendo siempre este… – su mano forma una garra sobre donde está su corazón y su rostro se transforma en una mueca mientras lucha por buscar la palabra más adecuada para describir lo que siente –. Dolor. Este vacío.
Su mano cae sin fuerza en su regazo y Chloe se la queda observando un rato, en silencio.
- Y luego está Álex – continúa finalmente en voz baja –, que es auténticamente maravillosa y por algún motivo está interesada en mí. Me hace sentir… – suspira y niega con la cabeza –. Me hace sentir viva otra vez. Y mientras mi parte racional es totalmente consciente de que no le debo nada a Beca – alza la otra mano en contraposición –, mi corazón se siente enfermo cada vez que estoy con Álex porque siento como si estuviera engañando a Beca.
La Dra. Peterson se queda callada un rato, probablemente procesando trozo a trozo todo lo que Chloe acaba de lanzarle encima. Su mirada distraída recorre las letras que marcan las páginas blancas de su libreta, pero de esa forma desenfocada que delata que está pensando en algo lejano.
- ¿No crees que ese mínimo de esperanza – coloca el índice y el pulgar a una distancia muy pequeña –, es precisamente lo que te mantiene estancada? ¿Cómo pretendes olvidar a una persona que, en realidad, parte de ti no quiere olvidar?
- Pero no sé cómo cambiarlo – susurra Chloe con desesperación –. Lo he intentado, me he dicho mil veces que todo está perdido y aun así… – ni siquiera termina su argumento, deja que su voz se apague.
- ¿La echas de menos? – inquiere la Dra. Peterson.
- ¿A Beca? – ante el asentimiento de su psicóloga, Chloe no duda en responder que sí –. Fue una parte tan importante de mi vida durante tanto tiempo, ahora es como si me faltase la mitad de mí misma.
- ¿Qué es lo que más echas de menos?
Chloe no sabe a dónde pretende llevar la Dra. Peterson esta conversación, pero participa en ella porque de momento siempre ha sido capaz de ayudarla. Confía en que esta vez no sea distinto.
Aun así, resopla. Es una pregunta difícil.
- Supongo… – comienza a decir, perdida dentro de su cabeza y de los recuerdos –. Supongo que lo que más echo de menos es nuestra relación en sí. Ese lazo que nos unía.
Sonríe suavemente al pensar en cómo, a pesar de pasar casi todas las horas que tiene un día juntas, Chloe siempre tenía la urgencia de conseguir más. De que no era suficiente. De que nunca sería suficiente.
- Podíamos hablar durante horas sobre cualquier cosa, y no tener problema alguno con los silencios entre medias.
Piensa en todos los líos en los que se metieron por culpa de las Bellas y por sus propios orgullos, por la incapacidad de Beca de decirle que no a un reto y la necesidad de Chloe de velar por la seguridad de su mejor amiga.
- Hicimos auténticas locuras, y aunque algunas no fueran más que tonterías, todo era simplemente tan… divertido. Las noches eternas, las conversaciones serias y honestas, los "recuerdas cuando…". Yo lo recuerdo todo.
Su sonrisa se desvanece, como si se acabase de dar cuenta de lo que significa eso exactamente para ella: es un arma de doble filo, una bendición a la vez que una maldición.
- Me hace pensar en por qué la vida te da cosas si luego piensa arrebatártelas – frunce el ceño mientras intenta buscar una explicación a todo aquello que no entiende –. No puedo sacarme de la cabeza la facilidad con la que te distancias de personas que en un momento de tu vida lo fueron todo para ti.
Deja de hablar y se sume en sus propios pensamientos. En los recuerdos con Beca que flotan por delante de sus ojos, la calidez que todavía le hacen sentir, el cuidado con el que los trata. Igual que un coleccionista mantiene todas las piezas que ha ido recabando con el paso de sus años y las guarda en un expositor de reluciente cristal.
- Chloe – llama la Dra. Peterson.
La pelirroja vuelve a la realidad con un parpadeo y se fija en su psicóloga, que la mira, expectante. Al ver que tiene su atención, alza ambas manos para señalar que quiere pausar por un momento la conversación y cambiar a otra cosa.
- Imagina que un día, en una feria, te compras un globo – le pide –. Te encanta tu globo, estás muy feliz con él y lo llevas a todas partes enganchado en tu muñeca. Pero entonces, la cuerda se suelta y el globo sale volando. ¿Cómo te sientes?
- Um… ¿Triste? – responde Chloe, dubitativa.
- Desolada – exagera la Dra. Peterson –. Lloras durante horas y ningún otro globo es capaz de igualar al que has perdido. ¿Te pasas el resto de tu vida lamentando que perdiste ese globo?
- …No.
- Exacto, no – exclama –. Eventualmente sigues adelante, aceptas que lo perdiste y te conformas con los recuerdos de lo bien que te lo pasaste mientras lo tenías. Y, eventualmente, dejarás de comparar a todos los siguientes globos con ese, ¿verdad?
- Mmm, supongo…
- Beca es tu globo, Chloe – le explica la psicóloga. Se inclina hacia delante y descansa sus antebrazos en sus muslos. Con el bolígrafo que reposa entre sus dedos, señala a Chloe –. Te aterra dejarla marchar porque crees que la vas a perder para siempre y que nunca conseguirás a alguien igual.
- No – rebate Chloe sacudiendo la cabeza en una negativa –. Eso a lo sé, ya sé que la he perdido.
- Pero no estás dispuesta a dejarla marchar – le recuerda la psicóloga –. Te sigues aferrando a su fantasma – convierte ambas manos en puños contra su pecho –, cuando tienes que dejarla marchar – abre ambas manos y las extiende en el aire.
Le pelirroja se queda callada un momento, pensando en lo que han hablado. ¿Es cierto lo que dice la Dra. Peterson? ¿Es cierto que sigue empeñada en aferrarse a Beca con uñas y dientes?
La respuesta es sencilla: sí.
Porque fueron seis maravillosos años de amistad, confianza y mucho más. Y le aterra pensar en la posibilidad de que, si suelta a Beca y la observa flotar cada vez más lejos de ella, luego descubra que se ha llevado todo con ella.
- Dejarla marchar no significa perderla completamente, Chloe – dice la Dra. Peterson justo en ese momento, como si le hubiera leído la mente –. Tienes que aceptar que, ahora mismo, todo lo que te queda de Beca son esos recuerdos. Y esos recuerdos no van a desaparecer.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? – susurra.
- Porque esos recuerdos son tuyos y de nadie más – la señala con el bolígrafo –. Pero no es sano que te sigas aferrando a Beca, porque eso ya no es Beca. Es su fantasma, y lo único que está haciendo es impedirte avanzar.
Chloe asiente lentamente. Sabe que lo que la Dra. Peterson le está diciendo tiene todo el sentido del mundo, pero a aspectos prácticos… Es una de esas situaciones en que es mil veces más fácil decirlo que hacerlo.
No sabría siquiera por dónde empezar.
- ¿Me permites un comentario personal? – le pregunta su psicóloga. Se ha sentado ligeramente torcida, reposando su peso sobre el reposabrazos del sillón, y la suave curvatura de sus labios desprende amabilidad.
Chloe acepta con un gesto afirmativo de cabeza. Es la primera vez que la Dra. Peterson se permite salirse de las líneas estrictamente profesionales y no puede evitar sentir curiosidad por conocer su opinión personal sobre todo esto.
- La primera vez que viniste, eras una cáscara de quien solías ser – comienza a decir –. Apenas dormías, no eras capaz de escuchar música más allá de ciertas canciones en la radio, no cantabas…
Sus ojos marrones están centrados en ella con tanta intensidad que parece que está leyendo todos y cada uno de sus pensamientos. El brillo inteligente de su mirada hace que Chloe sepa, en ese momento y con absoluta certeza, que nunca sería capaz de engañar a esta mujer con una de sus máscaras.
- Es cierto que no sé cómo eras antes con Beca, pero me puedo hacer una idea aproximada. Y desde que has empezado a pasar más tiempo con Álex, estás más feliz. He podido ver… mmm… – mueve una mano en el aire mientras busca la palabra adecuada –, llamémoslos fogonazos, de la vieja Chloe.
La Dra. Peterson ladea la cabeza y mira a Chloe por encima del borde sus gafas para avisar de que va a decir algo importante.
- Suelta a Beca, Chloe – le recomienda –. Déjala marchar. Es tu turno de ser feliz.
Chloe parpadea para disipar las lágrimas que se le han acumulado en los ojos y asiente.
bmitch47 ha publicado un video: 4 AM.
La cámara enfoca la mano con la que Beca ha pulsado al botón de grabar, de forma que, cuando la morena se echa hacia atrás y deja caer su mano, la imagen se queda unos segundos desenfocada.
Beca se sienta en el borde de su cama, una pierna doblada bajo ella. Coge la guitarra acústica que había dejado apoyada contra el colchón y la coloca en su regazo, pero sus manos se mantienen reposando en el cuerpo de madera sin hacer nada todavía.
La cámara enfoca a tiempo para captar el momento en que la artista se recoge mechones castaños tras la oreja en un gesto casi cargado de nerviosismo. Su mirada se mantiene gacha, aunque, de todos modos, la única fuente de iluminación en su habitación son las guirnaldas de lucecitas LED que tiene enredadas en el cabecero de su cama.
Rodeada de semi penumbra, Beca alza la cabeza y mueve su mano izquierda para que descanse relajada sobre el mástil de su guitarra. Se pausa un momento mientras deja que sus dedos se muevan sobre las cuerdas de la guitarra, pero no le arranca sonido alguno.
Y entonces, como si por fin hubiera encontrado el valor suficiente para ello, sus dedos presionan y se curvan, arrancando acordes al instrumento que pronto acompaña con su voz.
We were so beautiful, we were so tragic
No other magic could ever compare
Una vez gana seguridad con el ritmo que está tocando en la guitarra, Beca se atreve a dejar de vigilar de cerca la posición de sus dedos sobre el mástil. Se estira, de forma que ya no se da sombra a sí misma y su rostro queda escasamente iluminado.
No es mucho, pero es suficiente para ver que tiene los ojos cerrados y está completamente entregada a la melodía. Hay una pequeña arruga formada entre sus cejas, una de las señales que delatan lo que esa canción le está haciendo sentir.
There's a room in my heart with the memories we made
Took 'em down but they're still in their frames
There's no way I could ever forget
Beca se pausa un instante antes de comenzar el estribillo. El eco de los últimos acordes se desvanece progresivamente en el aire a medida que las cuerdas de la guitarra dejan de vibrar, y casi parece que ese vaya a ser el final.
Casi parece que Beca no puede continuar.
Pero se escucha cómo coge una temblorosa inhalación y, manteniendo los ojos cerrados, coloca los dedos de forma correcta para continuar la melodía.
For as long as I live and as long as I love
I will never not think about you
El video llega a los dos minutos al final del estribillo, la duración máxima que permite Instragram. La imagen se queda congelada en un plano en que se ve a Beca, ojos cerrados y ceño fruncido, todo su rostro traspasado por la melancolía. Y, entonces, vuelve a reproducirse desde el principio.
Mitchellfan47: Es una canción original? *_*
Sandy_Smith: Qué haces despierta a las 4 AM?
Michelle22Williams: Mitchellfan47 no, es una canción de Lauv.
HunnyBunny69: me ha hecho pensar en ti amor LadyKiller69
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Álex
en línea
Hey
Estás en casa?
(19.09) Sep
Guay
Ábreme
Estoy en el portal
(19.09) Oh
(19.10) Vale, voy
La pesada puerta de barrotes negros se abre con un zumbido del timbre y Chloe la empuja con la mano que ya tenía enroscada alrededor de uno de los barrotes. La escucha cerrarse con un retumbar metálico cuando ella ya ha cruzado el portal y está esperando al ascensor.
Observa, nerviosa, el indicador digital que marca en qué piso está el ascensor en ese momento. La flecha roja se enciende cuando la máquina se pone en marcha y Chloe resopla. Gira sobre los talones de sus sandalias y empieza a subir las escaleras.
Hoy no es el día indicado para poner a prueba su paciencia.
Llega al quinto piso casi sin aliento, y se toma un momento para recuperar la respiración y calmar su agitado corazón antes de alzar el puño y golpear en la puerta del apartamento de Álex.
No es la primera vez que viene aquí, al contrario. Ha estudiado muchas veces en la habitación de la joven, ha compartido comida china con sus compañeras de piso mientras veían películas, y ha asistido a varias fiestas.
Sin embargo, esta vez, una vez cruce el umbral todo cambiará. Una vez entre, saldrá de ese apartamento de estudiantes como una persona distinta.
Álex abre la puerta, sus labios curvados en una sonrisa sincera, pero sorprendida. Chloe comprende ese sentimiento, han pasado casi tres semanas desde la última vez que hablaron bajo su árbol en el campus de la universidad.
Chloe respetó su promesa y se tomó su tiempo para pensar las cosas. Pero ahora ya ha tomado una decisión.
- ¿Podemos hablar? – le pregunta a Álex una vez se separan de un abrazo algo inseguro.
- Sí, claro – acepta ella. Chloe nota que está haciendo un esfuerzo por mantenerse calmada, pero la forma en que la comisura de sus labios se frunce y se relaja, la delata –. Vamos a mi habitación – propone, señalando con la mano hacia el pasillo.
Cruzan por delante del salón, en el que están sus dos compañeras de piso. Liz está sentada en el sillón y tiene los pies extendidos sobre el regazo de Anna, que está encorvada mientras le pinta las uñas de los pies de un alegre amarillo.
Ambas alzan la cabeza al escuchar pasos y sonríen, emocionadas, cuando ven a Chloe asomarse tímidamente al salón.
- ¡Chica, cuánto tiempo sin verte! – exclama Liz, alzando los brazos por encima de su cabeza.
- La semana que viene tenemos fiesta de fin de curso – le informa Anna. Aprovecha a hundir el pincel en el bote de pintauñas y le lanza una mirada significativa a Chloe –. Más te vale pasarte por aquí.
- Se intentará – ríe Chloe.
- Estaremos en mi cuarto – les avisa Álex –. Gritad si me necesitáis.
Escuchan el "uuuh" pícaro que grita Liz, y también escuchan el manotazo que debe de darle Anna en la pierna para que se calle. Tanto Chloe como Álex se ríen y comparten una mirada divertida, sacudiendo sus cabezas.
Álex cierra la puerta de su cuarto una vez ambas están dentro. Arquea sus cejas, expectante, al ver que Chloe se toma su tiempo haciendo una ronda de reconocimiento por la habitación a pesar de que ya la ha visto más veces. Se descruza el bolso y lo deja caer sobre la mesa de trabajo.
- Me he tomado mi tiempo para pensar las cosas, tal y como me pediste – le cuenta.
Y aunque da la impresión de que tenía todo un discurso preparado y listo para disparar en cuanto estuvieran a solas, no es así. Chloe no ha pensado en qué decir más allá de lo que ya ha caído de su boca.
- ¿Y bien? – presiona Álex, demasiado impaciente como para esperar más.
Se gira hacia Álex con un revoloteo de la falda de su vestido y se muerde el labio inferior. La observa a detenidamente.
Se ha quedado recostada contra la puerta cerrada, sus manos tras su espalda todavía sujetando el picaporte. En su rostro está reflejada la intriga, la curiosidad, y hasta el miedo que tiene por lo que Chloe vaya a decir a continuación.
Y a pesar de que Chloe no puede ver sus manos, sabe que las está tensando y destensando alrededor del picaporte por la forma en que se mueven los músculos de sus brazos.
No puede evitar sonreír, porque le parece adorable. Los nervios de Álex le han hecho olvidar los suyos propios, la prisa que tenía por venir cuanto antes y ver el rostro de la joven, escuchar su voz de nuevo.
Le viene a la mente, en el flash de un recuerdo, la forma de actuar de Chicago al acercarse a ella en el backstage. Cómo su nerviosismo le había parecido tan adorable que lo único en lo que había sido capaz de pensar era en besarle de una vez.
El mismo impulso se apodera de ella ahora.
Acorta la distancia entre ellas al mismo tiempo que sus manos salen por cuenta propia a acunar el rostro de Álex. Sus labios chocan juntos y no sabe si el jadeo sorprendido sale de Álex o de ella misma después de la corriente eléctrica que recorre su cuerpo tras el contacto.
Las manos de Álex se hunden en su pelo y tiran de ella para acercarla todavía más. Sus labios se deslizan juntos en un beso cargado de pasión y de todas las ganas que llevan acumulando durante meses.
Siente la lengua de Álex sobre su labio inferior y le concede de forma inmediata acceso. La pasión del momento rompe sobre ellas como una ola en alta mar. Las manos de Chloe sueltan las mejillas de la joven y bajan hasta sus hombros, sus costados, su cintura.
Tira de las trabillas de sus shorts al mismo tiempo que empuja con sus caderas, hasta el punto de que tiene a Álex completamente presionada contra la puerta usando solo su cuerpo. Sus manos se convierten en dos puños alrededor de la tela de la camiseta que lleva la joven y empieza a subirla poco a poco.
Álex musita un "mmhh" contra su boca y de repente hay una presión en los hombros de Chloe en dirección opuesta a la joven.
- Espera – musita como puede con sus labios todavía unidos –. Espera.
La pelirroja se deja separar, sus labios se separan con un chasquido y parpadea lentamente hasta abrir los ojos y centrarse en Álex. Tiene los ojos cerrados y la boca entreabierta todavía. Le cuesta un rato recomponerse lo suficiente como para poder hacer frente al azul bebé de Chloe.
- ¿Qué pasa? – pregunta Chloe en un jadeo.
- ¿Estás segura de que esto es lo que quieres?
Chloe se muerde el labio y ni necesita pararse a pensarlo.
- Sí – responde, asintiendo, mientras tira de la tela de la camiseta. Álex capta la indirecta y alza las manos para que Chloe pueda desvestirla.
Cuando reaparece su cabeza de dentro de la camiseta, está sonriendo. Chloe la besa con más calma, saboreando el momento al máximo, y se encuentra a sí misma correspondiendo a la sonrisa.
Horas más tarde, Chloe yace despierta sobre la cama de Álex.
La joven está presionada contra su espalda, abrazándola de forma que tiene la función de la cuchara grande, y su brazo está extendido sobre el de Chloe porque tienen los dedos entrelazados.
En la semi penumbra de la habitación, que solo está iluminada por la luz que se cuela de la calle a través de la ventana abierta, Chloe suspira y se recoloca mejor sobre la almohada. Álex se amolda al cambio de posición en sus sueños, exhalando una gran bocanada de aire que cae como una cascada por la espalda desnuda de Chloe.
El pecho de Álex se expande sobre su espalda cuando coge una profunda respiración y Chloe la siente moverse un poco.
- ¿Estás bien? – pregunta con voz ronca y somnolienta, como si no estuviera despierta del todo.
Chloe emite un "mmhh" afirmativo y siente un beso ser depositado sobre su hombro derecho, el que no está presionado contra el colchón. Los dedos de su mano libre dibujan formas cualesquiera de forma distraída sobre el brazo de Álex.
Admira, con una fascinación que no se molesta en ocultar, el contraste entre sus pieles. El chocolate de Álex contra su suave tostado.
Espera un rato a que la joven haya vuelto a quedarse profundamente dormida antes de soltar sus dedos y retirar con mucho cuidado el brazo que reposaba sobre su cintura. Se levanta, intentando no mover mucho el colchón.
Busca sus bragas en el suelo de la habitación y se pone la camiseta que antes le quitó a Álex. De puntillas, abre silenciosamente la puerta y recorre el corto paseo hasta el salón. La ventana también está abierta de par en par para luchar contra el calor creciente del verano, y Chloe sale a la terraza.
Reposa los brazos sobre la barandilla caliente y echa la cabeza hacia atrás para mirar hacia el cielo. Puede ver mitad de la luna por encima del tejado del edificio de enfrente, y alguna que otra estrella que brilla lo suficientemente fuerte como para sobrevivir a la contaminación lumínica.
Un coche pasa por la calle que se extiende bajo sus pies y Chloe observa su recorrido hasta que desaparece al doblar la esquina. Una vez se vuelve a hacer el silencio, se llena los pulmones del aire cálido nocturno.
Su mente funciona a toda velocidad mientras hace un rebobinado de todo lo que ha ocurrido esa tarde. No es que le sorprenda haber acabado en la cama de Álex, supo desde un principio que, en el momento en que entrase en el apartamento, las cosas entre ellas iban a cambiar irremediablemente.
Hizo caso del consejo de la Dra. Peterson y tomó una decisión: era hora de permitirse ser feliz.
Se había pasado seis años de su vida contentándose con las pequeñas migas que Beca lanzaba en su dirección de vez en cuando. Se convenció a sí misma diciéndole que eso era todo lo que buscaba, todo lo que necesitaba.
Creía que era suficiente para hacerla feliz.
Pero, si se permitía ser brutalmente honesta consigo misma, sabía que nunca fue suficiente. Sus años en Barden tenían un regusto agridulce, porque incluso los buenos momentos estaban teñidos por la tristeza de saber que aquello que anhelaba con todo su ser, jamás podría ser suyo.
Gira la cabeza y se mira la muñeca. Se imagina un cordel atado con un simple lazo y, al seguirlo con la mirada hacia arriba, un globo suspendido en el aire.
Se imagina que ha metido en su interior los pequeños rayitos de esperanza que tenía clavados en el corazón y que avanzaban, centímetro a centímetro, hasta el núcleo cada vez que Chloe se permitía sentirlos.
Levanta de la barandilla la mano en la que no tiene atado el globo y sujeta uno de los extremos del lazo que mantiene el cordel en su sitio. Y piensa en lo que le dijo la Dra. Robinson: "Dejarla marchar no significa perderla completamente, Chloe."
Coge una temblorosa bocanada de aire y tira del lazo para deshacerlo. El cordel acaricia su muñeca al caer y deslizarse hacia arriba, hacia el cielo infinito.
Se imagina que ese globo que se escapa de ella es Beca.
- Adiós – susurra.
10/01/20
Por: Jenna Stevenson
AQUÍ HUELE A ROMANCE
Beca Mitchell y el rapero BJ The Chicago Kid han sido pillados por los paparazzi más de una vez en este último mes en lo que podrían ser las primeras citas de la parejita musical
Si hay algo que los famosos que residen en Los Ángeles ya tienen más que claro, es que las calles están infestadas de paparazzi. Saben que salir supone exponerse ante las cámaras, aunque no sean conscientes de que les estén siguiendo.
Beca Mitchell, o parece que todavía no se ha acostumbrado a esto, o no le importa. En este último mes, a la artista se le ha pillado paseando por las calles de la ciudad junto al rapero BJ The Chicago Kid. ¿Es posible que estemos presenciando los primeros pasos de una posible relación?
Se anunció hace un mes que Mitchell y Sledge estaban trabajando juntos en una canción para el disco de la cantante, pero no serían los primeros para los que, después de tantas horas metidos en un estudio, las líneas entre una relación puramente profesional y una más personal se vuelven bastante difusas.
Sin embargo, no podemos olvidar las canciones de desamor que ha escrito Mitchell. La artista se ha negado a desvelar la identidad de la persona sobre la que canta, pero es obvio que es un tema que todavía hoy le afecta seriamente.
Ni Mitchell ni Sledge han confirmado ni desmentido los rumores, pero ya hay una gran cantidad de fans que están más que encantados con la posible parejita. Se han inventado hasta un nombre para ambos: Sledchell. Veremos cómo se va desarrollando este romance.
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El problema de Chloe es que tiende a olvidarse de que el universo todavía tiene unas cuantas sorpresas reservadas para ella.
En cuanto las cosas empiezan a irle bien y se mantienen así un tiempo, se olvida fácilmente que esta es solo la parte de la montaña rusa en la que suben hasta el punto más alto. Y lo siguiente es una caída libre y sin frenos.
Y, ahora mismo, todo en su vida parece estar sonriéndole.
Lleva desde verano sin escuchar ninguna canción nueva de Beca en la radio, le está yendo muy bien en la universidad, y tiene una novia que es increíble, cariñosa, amable, inteligente y toda una lista interminable de adjetivos a la que Chloe añade nuevas categorías varias veces al día.
Su mente está ocupada con pensamientos de los exámenes finales del primer cuatrimestre de su segundo año en la universidad; del trabajo que tiene que entregar la semana que viene y que todavía tiene a medio terminar; de si celebrar con Álex el aniversario del primer día que se conocieron.
Jamás se le pasa por la cabeza que esta pueda ser la calma antes de la tormenta.
Álex
en línea
Hey sexy
A qué hora terminas hoy los exámenes?
(09.54) Mmmm tengo el último hoy a las 3
(09.54) Y es microbiología así que voy a necesitar las dos horas enteras
O sea alrededor de las 5 no?
(09.54) Yup!
Genial, será más o menos cuando termine yo
Te hace un café donde siempre?
(10.13) Sabes que sí ;)
Efectivamente, para cuando dan las cinco y media ya están sentadas en una mesa en su cafetería habitual y disfrutando de sus respectivas bebidas.
- No me puedo creer que ya hayamos acabado – comenta Álex con algo de incredulidad en su voz.
- Relativamente – le recuerda Chloe mientras remueve su té de melocotón con la pajita para que se mezclen los ingredientes.
- Aguafiestas – la joven le saca la lengua en un gesto burlón, pero ambas se están riendo así que carece de seriedad alguna.
La conversación continúa relajada y alegre. Es algo que a Chloe le encanta de Álex, y es la facilidad con la que pueden alargar un tema sin llegar nunca a cansarse porque ambas, de forma natural, siempre tienden a desviarse de la conversación principal.
Es como cuando entras en YouTube para escuchar una canción y, de alguna forma que no terminas de explicarte, terminas dos horas más tarde viendo un documental sobre cómo se hacen los cordones de los zapatos.
Comienzan criticando a algunos profesores y la manía que tienen con hacerles las cosas a sus estudiantes innecesariamente más complicadas. Comparten su excitación o pereza con las asignaturas que les tocan el cuatrimestre que viene.
Y, sin que Chloe se lo pueda explicar, ha pasado una hora y están especulando sobre cuál de sus amigos tiene más probabilidades de casarse primero.
- ¿Troy? – exclama la pelirroja, intentando con todas sus fuerzas no atragantarse con el sorbo de té que acaba de beber.
- ¿Por qué no? – ríe Álex sin entender por qué Chloe lo encuentra tan imposible –. Lleva casi tres años en una relación monógama con Brad.
- Sí, y no me lo explico porque no cree en el amor – Chloe sacude la cabeza en un gesto incrédulo, como cada vez que se acuerda de ese pequeño detalle de su compañero de piso.
Le parece completamente ilógico que la persona que está en una longeva y satisfactoria relación sea la misma persona que no considera que el amor sea algo real. Claro que, a Chloe quizá le resulta más difícil de comprender que a nadie más, porque Chloe es amor.
Es casi como si Troy estuviera poniendo en entredicho su completa existencia.
- Troy sería la típica persona que nunca se casaría solo por demostrar que está en contra del sistema – dice Chloe con absoluta convicción.
A Álex le entra un ataque de risa, pero asiente de todos modos.
- Dios, eso le pega muchísimo.
Se hace una pausa en la conversación mientras Álex se distrae intentando recoger con la base de su pajita los restos de su smoothie de mango que se han quedado atrapados en el aro del culo de su vaso.
En ese momento, Chloe no piensa nada sobre ese silencio. Jamás se le pasa por la cabeza que esta pueda ser la calma antes de la tormenta de la que tanto te advierten.
Pero, años más adelante, cuando eche la vista atrás y recuerde ese instante, pensará en lo curioso que es que toda tu vida pueda cambiar en apenas un minuto de silencio. En lo que dura la transición entre las últimas notas de Ocean y las primeras de la siguiente canción.
Y, a pesar de que la radio está puesta de fondo y el escándalo de los estudiantes saboreando su libertad casi la ahoga, Chloe reconocería esos primeros acordes de piano en cualquier sitio.
Se queda totalmente congelada y palidece. Todo su cuerpo se hiela, como si acabasen de encender el aire acondicionado a tope y Chloe estuviera sentada justo bajo las rendijas de salida. Su pecho se contrae de forma dolorosa y sus ojos se desenfocan.
Consequences está sonando en la radio. La canción con la que Beca le rompió el corazón en mil pedacitos ahora está a disposición de cualquiera que quiera escucharla.
Se suponía que eso era algo privado. Se suponía que nadie más tenía que enterarse de cómo querer a Chloe venía con consecuencias. Se suponía que esa canción iba a quedar entre ellas porque la cantidad de recuerdos que acarreaba era abrumadora.
Pero ahora, Beca ha compartido Consequences con el mundo y Chloe se siente terriblemente traicionada.
No sabe si emite algún tipo de sonido extraño, o si es el silbido de sus pulmones al intentar respirar lo que alerta a Álex de que algo no va bien. La joven alza la mirada del fondo de su vaso de plástico y sus ojos se abren de golpe por la preocupación.
- Chlo, ¿te encuentras bien? – le pregunta, ansiosa.
Alarga una mano a través de la mesa de plástico y agarra a Chloe por la muñeca. Normalmente, ese roce le habría resultado tranquilizador y lo más probable es que le hubiera ayudado a luchar contra el ataque de ansiedad que siente oprimirle el pecho.
Esta vez, sin embargo, la calidez de Álex sobre la frialdad de su piel, y el uso de ese diminutivo de su nombre son simplemente demasiado.
Chloe se aparta del punto de contacto como si le hubiera quemado y se encoje sobre sí misma en el asiento de cuero. Álex le bombardea con preguntas, intentando averiguar qué le ocurre, sin darse cuenta de que Chloe no está condiciones ahora mismo de aplacar su preocupación.
Empieza a sacudir la cabeza, intentando no escuchar la agónica voz de Beca cantando sobre cómo quererla había sido algo tonto, oscuro y barato. Una serie de sonidos inconexos escapan de su boca con cada laborioso jadeo, pero no es capaz de hilar las palabras para formar una oración con sentido.
- No puedo… – murmura –. No puedo estar aquí – escupe al final.
Posa sus manos temblorosas sobre el borde de la mesa y se levanta de forma inestable, porque sus ojos están anegados en lágrimas y no ve bien. Sale corriendo de la cafetería sin una última mirada a Alex.
No sabe a dónde va, solo sabe que, una vez más, necesita establecer la mayor distancia posible entre ella y Beca. Es curiosa la cantidad de veces que se encuentra a sí misma huyendo de quien solía ser su mejor amiga, su lugar seguro.
El frío aire de enero corta su piel y congela sus lágrimas en sus mejillas, porque con las prisas se olvidó de llevarse el abrigo consigo. Pero Chloe casi lo agradece. Llega un momento en que ni siquiera es capaz de tiritar y simplemente camina como un zombie, insensible a todo lo que la rodea.
Ni siquiera intenta encontrarle sentido a la maraña de emociones y sentimientos que zumban por su cabeza y corazón. Eso requiere una energía que, en este momento, está lejos de tener. Se limita a vagar sin rumbo hasta que se pone el sol y un buen rato después.
Decide que es hora de volver a casa cuando pasa frente a la marquesina de un autobús que le informa de que es casi medianoche.
Cuando entra en su cálido apartamento, todo está a oscuras y en silencio. Lo agradece inmensamente, porque lo último que quiere hacer ahora es tener que responder preguntas para las que ni ella misma conoce todavía la respuesta.
Solo quiere meterse en la cama y olvidar que este día ha existido.
Sin embargo, su alivio dura poco. Al abrir la puerta de su habitación, encuentra a Álex esperando por ella. Está sentada en la silla de su mesa de trabajo y gira de golpe al escuchar a Chloe entrar. En un parpadeo, tiene a Chloe entre sus brazos.
- Estás helada – observa. Si le parece extraño que la pelirroja no le devuelva el abrazo, que no relaje su cuerpo y se hunda en ella, no hace comentario alguno.
Se separa lo suficiente para mantener a Chloe a la distancia de sus brazos estirados, que reposan sobre sus hombros mientras los ojos marrones de su novia la recorren de forma casi analítica, revisando que todo esté bien.
- ¿Qué haces aquí? - pregunta Chloe. Su voz suena áspera y tosca después de horas sin hablar.
- Te dejaste el bolso y el abrigo en la cafetería – le cuenta Álex –. No pensé que fueras a ir muy lejos sin ellos así que viene a esperarte aquí. Troy me dejó entrar antes de marcharse.
Chloe asiente, pero hasta ese simple gesto es casi robótico. Se sienta en el borde de su cama y se queda con la mirada clavada en un espacio en blanco de la pared de enfrente.
- ¿Puedes dejarme sola, por favor? – pide sin moverse y de forma algo monótona.
- ¿Qué? – exclama Álex, llena de incredulidad –. Chloe…
Su tono de voz suena casi a advertencia, y hace que la pelirroja se gire a mirarla. Puede ver el fuego del enfado que tanto se había esforzado por mantener bajo control llamear tras sus ojos marrones. Cuadra la mandíbula y las aletas de su nariz se dilatan.
Está casi vibrando del enfado, y Chloe no la culpa.
- Saliste corriendo sin ninguna explicación – le recuerda –. No has contestado ninguna de mis llamadas. No sabía qué te había pasado, si estabas bien, ni dónde andabas. ¿Te parece normal eso, Chloe? Estaba muerta de preocupación.
- Lo siento – se disculpa, pero esboza una mueca porque hasta a ella le suena poco sincero. No es que no lo sienta de verdad, se ha comportado fatal con Álex. Es simplemente que está demasiado agotada como para discutir.
Suspira y cierra los ojos en un largo parpadeo.
- Te prometo que mañana te lo explicaré todo – murmura –, pero ahora... Por favor, Álex – le pide, volviendo a abrir los ojos para clavar su mirada desesperada en su novia –. Necesito estar sola.
Álex abre la boca, sin saber muy bien cómo reaccionar. Por un lado, es demasiado buena persona como para no respetar los deseos de Chloe; pero por el otro lado, también tiene bastante genio y no suele dejarse pisotear así como así.
Al final, bufa y recoge sus cosas a base de manotazos. Le lanza una última mirada furiosa a Chloe antes de salir por la puerta de su habitación y dejar que se cierre tras ella con un sonoro portazo.
Chloe no reacciona.
Es consciente de que lo más probable es que lo haya fastidiado todo con Álex, pero ahora mismo no tiene energía como para preocuparse por ello. Se quita la ropa, tan fría que todavía no ha entrado en calor, y la tira en cualquier dirección, sin preocuparse por si mañana va a estar toda arrugada.
Se mete entre las gruesas mantas de su cama y deja escapar un profundo suspiro. Cierra los ojos, se tumba de costado, y permite que los sollozos que ha mantenido a raya hasta ahora salgan con tanta fuerza que amenazan con romperla en pedacitos.
Al día siguiente, se queda acurrucada en su bola de mantas. No prueba bocado en todo el día ni da señales de vida cuando Troy se pasa por la puerta de su habitación y toca con los nudillos para ver si está dentro.
Ignora todos los mensajes y las llamadas de Álex.
De ahí en adelante, las cosas solo van a peor.
Ya en el pasillo, puede escuchar el alboroto que están causando las Bellas.
Le saca una sonrisa y apresura el paso, casi dando saltitos hasta llegar a su habitación. Cierra la puerta tras ella y recupera su sitio frente a la mesa, donde tiene el portátil colocado y con los rostros de sus amigas dividiendo la pantalla en cinco.
- ¡Chloe ya ha vuelto! – anuncia Emily, saltando de emoción en su silla.
Chloe deja el paquete que le ha traído el mensajero de correos, el único motivo por el que abandonó la conversación con sus Bellas en primer lugar, lejos del campo de visión de la webcam de su Mac porque es parte del regalo de cumpleaños de Aubrey.
- ¿Nos has abandonado por un paquete? – pregunta su mejor amiga.
- Oye, si es un buen paquete… – aporta Amy la Gorda con actitud pensativa.
- Seamos sinceras – interrumpe Stacie, moviendo su mano plana en el aire de forma horizontal en un gesto con el que pretende dejar zanjada la conversación –. Todas abandonaríamos a nuestras amigas por un buen paquete – cierra sus palabras con un guiño lento y cargado de insinuación.
- Eeeeh yo no – les recuerda CR, su expresión una mueca de desagrado que arranca risas a las demás Bellas.
Su mejor amiga le lanza una mirada sospechosa cuando ve que Chloe tiene que contener un ataque de risa, pero opta por no hacer comentario alguno y dejarlo pasar. Chloe lo agradece, porque cuando se trata de sorpresas, es muy fácil que sucumba a la presión y lo confiese todo.
Empuja su Mac un poco hacia atrás de forma que tenga espacio para colocar los codos en la mesa y descansar la barbilla sobre sus manos entrelazadas. Su sonrisa es distraída mientras intenta enterarse de qué están hablando sus amigas, que se lanzan de nuevo al tema del que se habían desviado para darle la bienvenida.
Las Bellas no lo saben, pero Chloe necesitaba esto urgentemente. Simplemente volver a ver sus rostros y oír sus voces mientras se pisan las unas a las otras para hablar, gritan y gesticulan agresivamente como si no estuvieran cada una en sus respectivas habitaciones.
Su buena suerte parecía haberse acabado y la vida había dejado de sonreírle. Su relación con Álex pende de un hilo, cualquier soplo de aire más fuerte de lo normal las mandaría volando en direcciones opuestas. Y aunque a Chloe le gustaría creer que van a ser capaces de superarlo, sus esperanzas disminuyen por minutos.
La distracción que proporcionan sus excompañeras es más que bienvenida. Chloe ni siquiera siente la necesidad de participar en la conversación, le basta con ser testigo de ella. Es suficiente para volver hacerle sentir una felicidad que no es efímera.
El caos aumenta a medida que las Bellas que faltaban se van sumando a la llamada grupal por Skype. Todas son recibidas entre gritos, todas se toman su tiempo para luchar contra los gritos y felicitar a Aubrey, todas son incapaces de dejar de sonreír.
Para cuando dan las seis de la tarde, la pantalla de Chloe está dividida en ocho. Las únicas que faltan son Lilly y Beca.
Con Lilly fue imposible ponerse en contacto, solo esperaban que viera sus mensajes y se uniera cuando pudiera/quisiera. No les preocupa mucho porque es el comportamiento usual en la asiática, aunque supuestamente ahora ya estuviera libre de la influencia del Diablo – aún hoy Chloe sigue sin comprender qué demonios fue eso.
Y Beca… La verdad es que Chloe no quiere ni pensar en la morena. Aún sigue enfadada con ella por lo de Consequences. Pero sabe suficiente del tema como para estar tranquila y no preocuparse por la posibilidad de que Beca se una en cualquier momento a la llamada, porque aparentemente hoy tenía un evento de promoción de su disco y ya había hablado con Aubrey por separado para felicitarla.
De modo que Chloe se limita a disfrutar al máximo del momento y de la caótica presencia de sus amigas, aunque dicha presencia sea solo digital.
Pierde totalmente el sentido del tiempo, solo se da cuenta de que deben de llevar ya un buen rato hablando cuando Stacie se excusa porque tiene que darle de cenar a la pequeña Bella. Después de ella, CR, Emily, Jessley y Aubrey también se despiden casi una detrás de otra.
Al final, solo quedan Flo, Amy la Gorda y Lilly hablando con Chloe. Y, por supuesto, Chloe está tan distraída con su subidón de felicidad y la nube en la que está flotando ahora mismo, que no se da cuenta de la forma en que Flo intenta advertir a Amy que no haga algo solo con sus ojos y un movimiento de cabeza.
- Bueno, chicas, yo también debería ir yéndome – se disculpa Flo inmediatamente después.
Su rostro desaparece de la pantalla antes de que Chloe tenga oportunidad de decirle adiós y se queda mirando el hueco en negro con el ceño fruncido. Eso debería haberle hecho sospechar, pero como siempre piensa lo mejor de las personas, lo achaca a alguna urgencia repentina o un fallo de conexión.
Mientras escucha a Amy contarle su último viaje a las Bahamas, desvía la mirada un segundo de la pantalla de su ordenador para mirar el móvil. Ve que Álex le escribió hace media hora diciéndole que estaba de camino hasta su apartamento, así que le responde rápidamente.
Álex
últ. conexión a las 20:49
(20.27) De camino!
(20.27) Calculo que sobre en punto estaré ya por allí
Okis
Llama, te abrirá Troy
Estoy todavía hablando con las Bellas
Cuando vuelve a alzar la mirada, se encuentra con una sorpresa no del todo agradable.
En la ventana del Skype, en una fila de tres, están el cuadrado con el rostro de Amy, uno que muestra un techo blanco algo sucio que asume que es Lilly, y la expresión de shock e inseguridad de Beca.
Lo que fuera que estaba a punto de decir se queda atascado en su garganta de forma audible y casi tiene ganas de frotarse los ojos para asegurarse de que no esté alucinando. Pero no, Beca es real y se está dando cuenta de que lo que Amy le haya dicho para convencerla a unirse era una auténtica mentira.
- Vaya, me acabo de acordar de que tengo que ir a pasear a mi pez – exclama en ese momento Amy –. Os dejo solas. Adiós. No me odiéis mucho – escupe las palabras a toda velocidad y presiona el botón de finalizar llamada antes incluso de terminar de hablar.
El sonido de succión de Skype se traga lo último que dice. Pero la verdad es que ni a Beca ni a Chloe le importa mucho, porque tienen otro problema más grave entre sus manos, y es que esta es la primera vez que vuelven a estar cara a cara desde "esa noche".
Se miran fijamente durante unos largos y dolorosos minutos en los que ninguna de las dos sabe muy bien cómo actuar o qué decir.
- Bueno y… ¿Cómo te va? – pregunta Beca, dubitativa.
El silencio cuelga entre ambas, pesado con mil cosas que nunca llegaron a decirse, con el dolor que se causaron mutuamente, con los restos rotos de sus corazones.
Y Chloe sabe que tendría que intentar ser cordial, como Beca está intentado. Sabe que echarse cosas en cara no va a arreglar nada, sino que lo más probable es que empeore la situación todavía más y provoque más destrozos. Pero tiene la traición de Consequences muy reciente todavía.
Las palabras están cayendo de su boca en un vómito acusatorio antes incluso de que tome la decisión de decirlas.
- ¿Cómo te atreves a preguntarme eso?
Beca parece sorprenderse por la cantidad de veneno que hay en la voz de Chloe. Se echa ligeramente hacia atrás y frunce el ceño, sin comprender a qué viene ese ataque repentino.
- ¿Por qué hiciste Consequences pública? – pregunta Chloe –. ¿Te paraste a pensar siquiera en lo que supondría para mí escucharla en todas las radios?
- Chloe… – la suavidad con la que dice su nombre le deja saber que su respuesta es un no.
- Usaste esa canción para confesarme tus sentimientos la misma noche en que me rompiste el corazón – le recuerda en caso de que un año y medio hubiera sido suficiente para que se olvidara de ello.
Beca recula físicamente, como si las palabras de Chloe hubieran traspasado sus respectivas pantallas para darle un empujón. Un flash de angustia cruza su rostro, pero desaparece tan rápido que Chloe tiene la impresión de que se lo ha imaginado.
- No vayas de víctima, tú fuiste la que me echó de su vida – rebate, sus ojos entornados.
- ¿Y qué esperabas, Beca? ¿Que te recibiera con los brazos abiertos después de que me dijeras que no teníamos futuro alguno?
- Te pedí tiempo.
- No – niega Chloe, sacudiendo la cabeza con fuerza –. No. Me pediste que me quedase esperándote como si estuviéramos en la Primera Guerra Mundial y te hubieran llamado a luchar.
- Sé que no era justo, ¿vale? – lucha Beca de vuelta. Azul medianoche está cristalino por las lágrimas acumuladas, pero Chloe puede ver por la forma en que aprieta la mandíbula, que se está esforzando para impedir que caigan –. ¿Te crees que no lo sé? Pero era la única solución que se me ocurría que no supusiera perderte completamente. Si supieras la de veces que me he arrepentido de esa decisión…
- De poco me sirve tu arrepentimiento ahora, Beca. Me perdiste en el momento en que me dijiste que jamás te atreverías a comprometer nuestra amistad – le corrige Chloe. Alza una mano y se seca una lágrima traicionera con la palma –. Y eso fue la misma noche en que me hiciste ver que tus sentimientos por mí no habían sido más que una inconveniencia.
- ¿De qué hablas? – exclama Beca con una sacudida de cabeza confundida.
- De tu canción. Consequences – le aclara –. A mí nunca me importaron las consecuencias que tenía que me hubiera enamorado de ti, y créeme, había muchas. Pero tú escribes toda una canción sobre ello en que calificas quererme como algo tonto, oscuro y barato. Algo que aún te dolía. ¿Cómo esperabas que me lo tomara?
- No, Chloe… – la morena niega con vehemencia, luchando por conseguir expresarse –. Esa nunca fue la intención…
- Pues fue la impresión que a mí me dio – interrumpe con una mirada dolida –. Y luego vas y compartes esa canción, sobre mí, con todo el mundo. No puede sorprenderte que esté enfadada, Beca.
- Lo siento mucho – su voz suena ahogada por el esfuerzo que está haciendo por no llorar. Alza la mirada al techo y parpadea muy rápido –. No pensé… – suspira y cierra los ojos –. Creía que no te importaría porque ya habías pasado página.
- Lo había hecho, sí. Pero ahora, por culpa de esa canción, mi relación se ha ido a la mierda.
Beca se seca la mejilla con una mano rápidamente, intentando que el gesto pase desapercibido. Cuando estira el cuello y vuelve a colocarse recta, abre los ojos. Pero aquello que fuera a decir muere en su lengua, porque su mirada se desvía a algún punto más allá de Chloe.
La pelirroja se da cuenta de ese cambio de atención y se gira en su silla con ayuda de sus manos sobre el borde de la mesa. Deja escapar todo el aire de sus pulmones en una apesadumbrada exhalación al ver a Álex de pie en la entrada de su habitación.
Maldice para sí misma por haberse permitido distraerse tanto que se había olvidado por completo que su novia estaba de camino.
Se gira de nuevo hacia la pantalla de su Mac. Puede ver que Beca tiene ganas de decir algo, quizá disculparse con ella, o con Álex. Pero eso es lo último que Chloe necesita en este momento, porque está a muy poco de perder la compostura por completo.
Levanta una mano y empuja la tapa de su portátil hasta cerrarlo. Sin despedirse.
- ¿Cuánto has escuchado? – le pregunta a Álex sin girarse todavía.
- Suficiente – contesta su novia con voz calculadamente falta de emoción.
- Siento que hayas tenido que escuchar eso – murmura, empujándose para encarar a la joven de una vez por todas.
- Yo también – concuerda Álex asintiendo de una forma que resulta casi distraída –. Pero a la vez… Casi que me alegro. Ha sido muy esclarecedor.
- ¿Qué quieres decir? – Chloe tiene la sensación de saber cómo va a acabar esta conversación y no sabe si eso le supone un alivio o si le produce desolación.
- No lo has superado todavía, Chloe – hace un gesto de cabeza para señalar al portátil. No hay acusación alguna en su voz, ni reproche. Solo la finalidad de una persona que se ha cansado de luchar y aceptado aquello que llevaba negando bastante tiempo.
- Álex… – intenta persuadirla Chloe.
Pero dice mucho de sí misma que se mantiene quieta en su silla y permite que la distancia entre ella y la joven siga siendo abundante. Por algún motivo, no siente que sea justo para ninguna de las dos que intente luchar con más fuerzas.
Y Álex debe de estar sintiendo lo mismo porque niega y esboza una sonrisa llena de tristeza.
- Pensé que podríamos hacerlo funcionar – suena casi a disculpa.
Chloe se desinfla de golpe y agacha la cabeza, cerrando los ojos con arrepentimiento.
- Yo también – responde, siendo totalmente sincera.
- Lo sé. Pero creo que ya es hora de que nos dejemos de engañar a nosotras mismas.
Chloe asiente y Álex suspira.
- Cuídate, Chloe – murmura.
Y así de fácil, Álex desaparece de su vida. Por accidente. Igual que como entró en ella.
Sin portazo, sin una enorme pelea con gritos y lágrimas, sin elaborados argumentos para intentar convencerse de que lo mejor que pueden hacer es seguir juntas. No hay reproches ni acusaciones, solo el vacío que deja Álex al desalojar los huecos que se había hecho en la vida de Chloe.
Es la suerte de Chloe haber ido a tropezar con la persona más amable del universo.
Becs :3
últ. conexión a las 03:46
(03.45) Lo siento muchísimo.
(03.45) Nunca fue mi intención hacerte tanto daño
- Son las nueve de la mañana de un lunes 27 de abril y estáis escuchando Capital FM – saluda el presentador por encima de la sintonía de la emisora –. Antes de irnos a publicidad, presentamos a la artista invitada del día, que no es otra que… ¡Beca Mitchell!
Roman Kemp hace un gesto con la mano hacia el técnico sentado en la mesa de mezclas para que pinche un efecto con aplausos y vítores. Beca se recoloca los enormes auriculares sobre sus oídos porque no paran de resbalarse. Son tan grandes que, aun puestos en la posición más pequeña, le sobran unos cuantos centímetros.
- Para los raritos que no la conozcáis todavía, Beca es la autora de la canción del verano, Let Me Go, la balada Consequences, y otros hits que no paran de sonar en todas las emisoras de radio del mundo – presenta Roman leyendo del guion que tiene delante. Alza la mirada para cruzarla con la de Beca, que está sentada al otro lado de la mesa –. Bienvenida, Beca.
- Gracias, es todo un honor estar aquí – dice ella sonriendo.
- En menos de un mes estrenas tu álbum, ¿no?
- Sí, efectivamente – afirma la morena con un asentimiento algo excitado –. El 7 de mayo sale mi primer disco, así que estad atentos – se acerca más al micrófono y esboza una sonrisa torcida –. Quiero colas de espera fuera de cada tienda.
Parecería que va totalmente en serio si no fuera porque le entra la risa hacia el final y rompe su actuación con una carcajada. Roman le sonríe y hace girar su silla para poder apoyar sus antebrazos en la mesa.
- ¿Qué puedes contarnos sobre tu álbum? – pregunta.
- Tengo prohibido desvelar muchos detalles, está todo pensado para ir dándoos pieza a pieza – Beca se encoge de hombros en un gesto de disculpa –. Pero lo que sí puedo decir es que es un sonido bastante distinto a lo que habéis escuchado hasta el momento.
- Suena prometedor – responde Roman, asintiendo –. ¿A qué se debió ese cambio repentino?
Beca ríe silenciosamente y sacude la cabeza con un bufido, encontrando divertido algo que ha pensado. Se rasca la ceja izquierda y se pasa la lengua por los dientes de arriba, soltándola con un chasquido.
- Es gracioso, en realidad – advierte antes de comenzar a relatar la historia –. Cuando firmé con Khaled, lo primero que le dije fue que mi disco no iba a ser ninguna ñoñería. Quería hacer música animada, con bases electrónicas graves y profundas de esas que te empujan a moverte – agita una mano en el aire y la apunta hacia Roman –. Estilo lo que Khaled hizo con Rihanna en Wild Thoughts, ¿sabes?
El presentador emite un "uh-huh" de afirmación, aunque no dice nada más para no interrumpir la narración.
- Pero entonces algo pasó – dice Beca. Su sonrisa desaparece progresivamente hasta convertirse en una mueca y un ceño fruncido –. Perdí a una persona muy importante para mí y parecía que todo lo que podía escribir eran baladas tristes.
- Te ayudaba a desahogarte – aporta Roman.
- Exacto – Beca le da la razón, asintiendo –. De modo que cuando le presenté un primer boceto de lo que sería el disco, Khaled se quedó flipando con lo que había hecho al final.
- No se lo esperaba, ¿no?
- Para nada – ríe Beca.
- ¿Y el disco va a ser tal cual ese primer boceto o ha habido cambios?
- Pfff – resopla la morena sacudiendo la cabeza. Se sujeta con una mano los auriculares para que no se le caigan y se recoloca el mechón de pelo que le ha caído frente a la cara –. Ha habido muchos cambios – desvela –. Para empezar porque Theo, mi productor ejecutivo, me sentó un día y me dijo muy seriamente: Beca, que se sepas que me encantan todas tus canciones, pero tu disco es un cortavenas.
A Roman se le escapa una carcajada de pura sorpresa y Beca se une a él.
- No me lo creo – dice el presentador, con una mano cubriendo su boca.
- Tal cual te lo cuento – le asegura Beca entre risas –. Me dijo: me da ganas de llorar y no salir de casa nunca más. Tienes que cambiarlo. Y yo en plan… – ladea la cabeza con actitud pensativa –. Vale, veo por qué dices eso.
- ¿Así que tuviste que hacer nueva música?
- Básicamente, sip – hace restallar la p final, su sonrisa torcida –. Me tocó meterme de nuevo en el estudio y crear más cosas.
- ¿Y qué piensas hacer con todo el material descartado? – inquiere Roman, curioso.
Beca se pausa un instante mientras parece meditar sobre su respuesta. Tuerce los labios y al final se decanta por encogerse de hombros con actitud despreocupada.
- Es muy personal así que lo más probable es que nunca vea la luz – sentencia casi con indiferencia –. Pero por lo menos sirvió a su propósito conmigo.
- Algo es algo – concede Roman entre risas.
Son casi las doce de la noche cuando Chloe recibe un críptico mensaje por parte de Stacie.
Stace
en línea
(23.55) Estás despierta?
Sep.
La pregunta más bien es: qué haces TÚ despierta?
(23.55) Bella le están naciendo los dientes
(23.55) Te puedes imaginar el resto…
Pobre :(
(23.57) De todos modos
(23.57) Pon la NBC
(23.57) YA.
¿?
(23.58) Tú hazme caso, pelirroja
Sin saber muy bien qué esperar, Chloe se estira hacia delante para coger el mando de la mesa central del salón y cambia de canal. Quita a las Kardashian en favor de, aparentemente, el talk show de Jimmy Fallon.
No entiende qué tiene que ver esto con ella, pero entonces la cámara pasa de un plano del presentador a un plano del invitado de este programa y se le queda la respiración atascada en la garganta.
Es Beca.
La morena está tan guapa que duele. Su pelo cae en una sedosa cascada hasta por debajo de sus hombros, las puntas un poco más rubias que la raíz, ya sea debido al tinte o a que Beca ha estado expuesta a más sol. Se le nota también en la piel, el suave moreno que pasaría desapercibido en su pálida piel para cualquier persona menos para Chloe.
Su maquillaje es muy básico, un poco de sombra en sus ojos en tono plateado y un pintalabios rosa oscuro. Va vestida con un precioso mono negro con un único tirante grueso y cuya parte superior está adornada con abalorios cosidos en forma de flores que captan las luces de los focos y destellan.
Da la impresión de que se acaba de sentar en el sillón de los entrevistados, porque aún está girada hacia la audiencia y agitando ambas manos en el aire para saludarles. Su sonrisa es enorme, de esas que le salían a veces y sobre las que no tenía poder alguno y eran tan potentes que se le guiñaban los ojos.
- Bienvenida por primera vez al programa, Beca – le dice Jimmy una vez el público se calma un poco con los aplausos y gritos.
- He visto tantas veces tu programa que me resulta irreal estar aquí ahora – confiesa Beca mostrando sus dientes en una especie de sonrisa nerviosa.
- El honor es todo nuestro – asegura Jimmy –. Estás fantástica.
- Gracias, tú también.
- Gracias – Jimmy acepta el cumplido entre risas. Estira las manos y recoloca las cartas que descansan sobre su mesa –. Bueno, hablemos sobre tu nuevo disco. Recuérdanos a todos cuándo salió y la información básica – pide moviendo una mano en el aire en gestos circulares.
- Se llama Afterthought, tiene dieciséis canciones y salió hace unas semanas, el 7 de mayo – responde Beca, ganándose unos cuantos vítores por parte de la audiencia que le hacen volver a sonreír.
- Eso es – el presentador se agacha para coger algo de debajo de la mesa y cuando sus brazos reaparecen, llevan una edición vinilo del disco de Beca.
La portada es un dibujo de Beca tumbada con un brazo sobre su frente, en tonos rosas y azulados. En la parte de atrás, por encima de la tracklist, aparece en caligrafía blanca y estilizada la definición del título.
\aaf-tuh-thawt\
: una idea, pensamiento, o reconsideración que ocurre una vez la oportunidad para decirlo ya ha pasado.
- Lo escuché en cuanto salió – le cuenta reposando sus antebrazos en la mesa –, y me encantó. Todas las canciones. Es increíble.
Los agradecimientos de Beca son ahogados por los aplausos alocados del público, que parece estar muy de acuerdo con la opinión de Jimmy a juzgar por el ruido que hacen.
- Cuéntanos cuál fue la inspiración tras el título – pide él mientras inclina hacia delante y atrás el vinilo sobre su canto.
- Hace dos años perdí a alguien muy importante para mí por ser una cobarde – empieza a relatar Beca –. En el momento, me parecía que mi decisión era la más lógica y la que menos daño nos causaría a ambas. Luego cuando analicé lo ocurrido de forma más objetiva, me di cuenta de que había cometido un gran error, pero ya era demasiado tarde para hacer nada – se encoge de hombros y estira ambas manos en el aire con las palmas hacia arriba –. De ahí el nombre del disco.
Chloe jadea en su siguiente respiración, sin esperarse que Beca fuera a ser tan brutalmente honesta sobre lo que ocurrió. Pero, lo que más le pilla desprevenida, es el hecho de que aparentemente haya compuesto un disco entero sobre ella.
- Además del disco, este mes también has estrenado un documental, ¿verdad?
- Efectivamente – asiente Beca –. El 11 estrené en YouTube un documental que es básicamente el making of del disco. Ahí cuento cómo fue todo el proceso de creación y producción.
- Porque el disco cuenta una historia, más o menos – dice Jimmy moviendo una mano en el aire.
- Algo así – concede la morena –. Las canciones del disco son todas las emociones por las que he ido pasando a lo largo de todo este tiempo, mientras lidiaba con mi decisión y sus consecuencias.
- Tus cuatro etapas del duelo, ¿no?
- Justo – sonríe.
Jimmy asiente y deposita el vinilo tumbado sobre su mesa. En su lugar, coge las cartas y las cuadra contra la madera, pero no hace nada más con ellas. Parece que es más para tener algo en las manos que por otra cosa.
- En el documental, siempre que haces referencia a esta persona que perdiste, nunca haces mención de su nombre – Beca asiente para darle la razón –. ¿Tienes pensado revelar su identidad en algún momento?
- No creo – niega torciendo la boca –. Por lo menos no sin su consentimiento. El hecho de que yo ahora sea una persona pública y mi privacidad ya no sea mía, no significa que también tenga que pasarle a ella.
- Es una decisión muy considerada por tu parte – le felicita Jimmy con el apoyo del público –. Sin embargo, nunca has intentado ocultar que se trata de una mujer.
- Bueno… – Beca ladea la cabeza mientras medita su respuesta. Se pasa la lengua por los dientes delanteros y la suelta antes de contestar –. Tenía la sensación de que si mentía acerca de su sexo estaba renegando de una parte de quien soy, como que no estaría siendo honesta, ¿sabes?
Busca el asentimiento de Jimmy antes de continuar para saber si se está explicando con claridad. Es algo que hace que Chloe sonría sin darse cuenta porque Beca también lo hacía constantemente con ella cuando estaban manteniendo una conversación importante y quería asegurarse de estar siendo coherente.
- Ya estaba abriendo mi corazón al completo al público, no tenía sentido mantener parte de él oculto solo por no ofender a un par de… – la palabra que dice se ahoga tras un pitido de censura, pero Chloe puede hacerse una idea bastante aproximada.
Jimmy anuncia sobre los aplausos del público que van a una pausa publicitaria y volverán pronto con más preguntas para Beca. La cámara que va en la grúa hace un recorrido alejándose por el que se ve el escenario, en el que Beca entabla conversación con Jimmy, y los asientos de la audiencia.
Cuando el primer anuncio de One Million aparece en televisión, Chloe sale de su trance. Se da cuenta de que estaba mirando fijamente la pantalla como si esta hubiera hecho algún truco de hipnosis sobre ella.
Con movimientos un tanto robóticos por estar sentada con las piernas cruzadas mucho rato, se levanta del sillón y camina por el pasillo hasta su habitación. Comprueba que el icono de la batería de su portátil en reposo esté lo suficientemente lleno como para no necesitar el cargador y coge el Mac rosa.
Lo coloca en equilibrio sobre su brazo derecho, con la mano abierta y expandida en la base para mantenerlo quieto en la posición. Usa los dedos de la izquierda para buscar el icono de YouTube en su barra de marcadores y teclear: beca mitchell documental
La página se pone un segundo en blanco cuando pasa por la zona del apartamento en que el WiFi, por cuestiones paranormales y que todavía no tiene explicación, desaparece. Cuando entra en el salón, su ordenador se reconecta automáticamente y cargan los resultados de su búsqueda.
El primero de todos es el adecuado: El Making Of de Afterthought, subido por la cuenta de BecaMitchellVEVO.
Chloe pincha sobre el vídeo, pero inmediatamente después le da al botón de pausa para que no empiece a reproducirse. Solo quiere tenerlo ahí guardado para luego, para cuando reuna el coraje necesario para verlo.
Después de casi dos años sin hablar y eludiendo concienzudamente cualquier noticia que tuviera que ver con Beca, está a punto de sumergirse de lleno en todo el proceso creativo de su primer álbum.
Va a poder ver de primera mano qué ha estado sintiendo Beca, va a poder comprender el porqué de todo lo ocurrido. Y eso requiere coraje y mentalizarse.
Se sienta en el sillón, con una pierna doblada bajo su cuerpo y la otra estirada hasta tocar el suelo con la punta del dedo gordo. Deja el portátil abierto sobre la mesita que tiene frente a ella y se recoloca a tiempo para ver el último anuncio antes de que vuelva el programa de Jimmy Fallon.
Tras una breve introducción, el presentador recupera fácilmente el hilo de la entrevista justo donde la había dejado antes de marcharse a publicidad.
- Es un disco bastante triste – observa mientras sus ojos recorren el tracklist que aparece en la portada trasera –, ¿significa esto que vas a ser la nueva Taylor Swift?
Beca bufa una risa y Chloe se muerde la lengua.
La morena siempre había declarado odiar a Taylor Swift, pero Chloe sabía que eso era todo puro artificio. Más de una vez la había pillado alguna de sus viejas canciones, y cuando sacó su penúltimo disco, 1989, Beca lo escuchó de cabo a rabo unas quince veces.
- Um… Creo que Adele sería una descripción más adecuada – opina con actitud pensativa –. O incluso Sam Smith. Pero no – se ríe, sacudiendo la cabeza en una negativa con la lengua atrapada entre sus dientes –. Ojalá tuviera tanto talento como ellos.
- Bueno, tampoco te quedas muy lejos – le alaba Jimmy.
- Gracias – y como siempre que hay cumplidos de por medio, Beca agacha la cabeza para que su pelo caiga como cortinas sobre su cara y oculte su vergüenza. Porque no importa quién ni cuántas veces se lo digan, que siempre le costará creerse que la gente va en serio cuando valora positivamente su trabajo.
- Y, dime. ¿Qué reacción esperas conseguir con este disco? – inquiere Jimmy.
Beca se muerde el interior del labio mientras reflexiona. Sus ojos recorren la parte superior del set donde se graba el programa.
- Con suerte, que guste y haya gente por ahí que se sienta identificado – responde finalmente de forma honesta.
- ¿No esperas que la persona sobre la que cantas te llame? – presiona el presentador.
- Creo que ese barco ya zarpó, Jimmy… – se encoge de hombros con una mueca apenada –. La verdad es que lo único que quiero es que sirva para evitar que cometan el mismo error que yo – tropieza un momento sobre lo que iba a decir cuando cambia de forma repentina de decisión –. De hecho, quisiera mandar un mensaje a todo el mundo que está viéndome ahora, ¿si me dejas? – le pide.
- Por supuesto, adelante – Jimmy estira un brazo para señalar hacia la zona delante de ellos donde se encuentran las cámaras.
Beca apunta con sus dos dedos índices en dos direcciones, preguntando con ese simple gesto cuál es la cámara a la que debería dirigirse. Una vez le dan la respuesta, gira la cabeza hacia la derecha y clava sus ojos azul medianoche en el objetivo.
Chloe siente como si no hubiera una pantalla entre ellas y la respiración se atasca en su garganta.
- Si queréis a alguien, decírselo antes de que sea demasiado tarde – aconseja Beca con seriedad –. No dejéis que se marche de vuestras vidas sin que lo sepa – señala una última vez con su índice hacia la cámara antes de dejarlo caer en su regazo y sonreír al público.
- ¿Creéis que podríamos ir un minuto a publicidad? – pregunta Jimmy, fingiendo tener que abanicarse los ojos para luchar con las lágrimas –. Tengo que hacer una llamada urgente a mi mujer.
Beca ríe, aunque Chloe puede ver, por la forma en que se cubre la cara con una mano, que se siente ligeramente avergonzada por lo que acaba de hacer.
- Bueno, creo que has venido esta noche para actuar para nosotros, ¿no? – dice Jimmy golpeando con sus manos estiradas sobre la mesa de madera.
- Eso creo, Jimmy. Por lo menos eso me dijo mi agente – responde Beca –. Si no, no habría venido – puntualiza con ese humor ácido que la caracteriza y su típica sonrisa torcida.
- Ah, muy bonito, Mitchell – el presentador le sigue el juego, encantado con esa demostración de humor.
Ambos rompen sus papeles al reírse. Jimmy anuncia por encima de los aplausos que Beca va a cantar la decimocuarta canción de su disco, Human, y se une al público al vitorear a la morena.
Beca cruza el plató hasta la zona de las actuaciones, donde un técnico de sonido le ofrece a un micrófono. Lo acepta con un asentimiento para agradecérselo y se coloca el pinganillo sobre el que escuchará la música.
Espera con la cabeza gacha a que comience a sonar la música y asiente para marcarse a sí misma el ritmo y no equivocarse al entrar.
I always fear that I'm not living right
So I feel guilty when I go to church
Es una canción mucho más animada de lo que Chloe esperada, porque a juzgar por lo que ha escuchado en la entrevista, da la impresión de que el disco de Beca está compuesto en su mayoría por baladas de desamor.
En este tema, Chloe detecta con facilidad la influencia de años y años creando mash-ups para las Bellas. No es a cappella, porque de fondo se escucha el teclado y sonidos que solo se pueden conseguir gracias a un sintetizador, pero Beca juega mucho con los sonidos vocales.
There's someone gorgeous in my bed tonight
Yet I'm still petrified that I'll die alone
Hay una fuerte presencia del sintetizador y las bases electrónicas que, a estas alturas, son la firma de Beca. Es lo que diferencia una canción suya de cualquier otra. Tiene una forma de componer los ritmos que Chloe sabría aislar sin problema alguno incluso en el entorno más caótico del mundo.
I'm just so sick of being human
I'm just so sick of being human
Por primera vez desde hace casi dos años, Chloe se encuentra a sí misma disfrutando de una canción compuesta por Beca.
Quizá influya el hecho de que esta no está directamente relacionada con "esa noche" y la devastación que le siguió. No tiene nada que ver con Chloe, en general, sino que más bien es como si Beca hubiera decido girar el foco de atención hacia sí misma.
I got no nuts to tell the one I love
That she's the reason that I wrote this song
Beca ha cogido su corazón y su cerebro y los ha diseccionado para que todos puedan saber la lista de miedos, algunos tontos, otros no tanto, casi todos bastante irónicos, que ocupan su mente todos los días. Es brutalmente sincero y un ejercicio de autocrítica admirable.
And that's some coward shit I know it sucks
But CB call me when you hear this song
Chloe deja de respirar de golpe y se inclina hacia delante en el sillón, como si estar más cerca de la pantalla fuera a hacer que escuchase mejor. No cabe lugar a dudas de que Beca le acaba de dirigir ese trozo de su canción.
CB tiene que ser Chloe Beale.
Sabe por la entrevista de que no quiere desvelar su identidad y, además, ¿qué otra CB puede haber en la vida de Beca? ¿Cuáles son las probabilidades de que exista una tal Charlie Brown, o Cassandra Blake, de la que Beca esté enamorada?
Pero la pregunta importante no es esa. La pregunta más importante, y a la que su cerebro le lleva más tiempo llegar porque sigue distrayéndose por el camino con los más pequeños detalles, es si Chloe quiere que Beca se esté refiriendo a ella.
Porque si realmente CB es una abreviación de Chloe Beale, entonces le deja con una decisión importante en las manos: ¿va a llamar a Beca o va a hacer como que no se ha dado cuenta de lo que ha dicho?
If my location's never unknown
Then tell me why I still feel lost
La música aún no se ha apagado cuando la sintonía del programa se alza por encima y la tapa. Jimmy Fallon se levanta corriendo de su silla y cruza el set hasta llegar a donde está Beca, aplaudiendo con fuerza.
- ¡Beca Mitchell, señoras y señores! – dice cuando llega al lado de la morena, señalándola con ambas manos.
El público enloquece y se vuelve casi ensordecedor. Beca cambia el peso de un pie a otro, sonriente, aunque algo incómoda por tener tanta atención sobre ella.
- Ha sido un placer tenerte en el show, Beca – le dice Jimmy, aunque se escucha algo ahogado por los aplausos de la audiencia. Comparten un breve abrazo de despedida –. Mucha suerte con lo que venga ahora.
- Muchas gracias, el placer ha sido todo mío – responde Beca mientras le devuelve el micrófono que ha utilizado para cantar al presentador.
- Espero que lo hayas pasado bien.
- Oh, voy a repetir seguro, Jimmy.
- Genial. Todos, dad un fuerte aplauso a Beca Mitchell.
Jimmy salta frente a las gradas donde está el público, agitando sus brazos en el aire para enardecerlos más todavía. Beca, con una sonrisa tan grande en rostro que casi tiene los ojos cerrados, saluda con ambas manos y sigue el camino de vuelta hacia el otro lado de la cortina.
En cuanto su menuda figura desaparece detrás de la pesada tela azul marino, Chloe se encuentra a sí misma buscando a ciegas su móvil sobre el sofá. Sus dedos tropiezan con el borde del iPhone debajo de un cojín y se cierran en torno a él.
Lo desbloquea con la huella de su pulgar y rápidamente entra en sus contactos favoritos. Presiona en el primero y se sube en móvil al oído.
Sus dedos marcan un ritmo ansioso sobre su rodilla, cada vez más rápido a medida que la línea pita y pita y pita y pita. Empieza a dudar un poco, a cuestionarse si esto es una buena idea. Al fin y al cabo, deben ser cerca de la una de la noche y no todo el mundo está despierto a estas horas.
Se muerde el labio inferior y justo cuando está a punto de colgar, el pitido se interrumpe a la mitad y se establece conexión con un crujido, como si estuvieran arrastrando el altavoz por encima de algo.
Se hace el silencio al otro lado, pero Chloe puede escuchar una respiración intranquila sobre el altavoz.
- ¿Chloe? – pregunta finalmente Beca con voz suave.
A/N: Siento mucho haber tardado tanto en actualizar. No contaba con que me fuera a costar tanto escribir este capítulo. Ha sido especialmente difícil y además yo que soy híper perfeccionista... Pues eso. Os hacéis una idea.
PD: El único motivo por el que existe este fic es porque quería tener una excusa para crear el disco de Beca. Cada canción está cuidadosamente seleccionada (parezco de un anuncio de zumos de frutas) y ordenada para reflejar esas etapas del duelo por las que fue pasando Beca. De ahí la importancia de la música y por lo que soy tan pesada con el tema. Pero anyway, como el siguiente capítulo va a ser sobre el documental, os voy a dejar ya el "disco" para que podáis escucharlo si queréis. Yo recomiendo escucharlo pero la decisión es vuestra obviamente. Tengo una playlist en Spotify llamada: Afterthought - Beca Mitchell. Voy a poner el link en mi Twitter (soy Raquellu47 en todos sitios así que es fácil) junto con el diseño de la portada y contraportada del disco.
PD2: Cada capítulo me digo: este lo hago más corto. Pero parece ser que me gusta desafiarme a mí misma porque cada vez son más largos :')
PD3: Canciones mencionadas: "Fade", by Lewis Capaldi (la del título) / "Ghost of You", by 5SOS / "You Deserve Better", by James Arthur / "Jump", by Julia Michaels / "For now", by P!nk / "Let Me Go", by Hailee Steinfeld / "Never Not", by Lauv / "Ocean", by Khalid ft. Martin Harris / "Consequences", by Camila Cabello / "Human", by Jon Bellion.
