A/N: Pedid y seréis recompensados (103939482 años más tarde, eso sí xd).
Estoy ilusionada y todo por saber vuestras reacciones. Pero os pido una cosa: leed hasta el final antes de decidir si me queréis odiar o no.
9. AND THAT I STILL NEED TO BE LOVED AND HEAR YOU WHISPER TO ME: YOU'RE ENOUGH
(Año 2)
Son las once de la mañana cuando Chloe se despierta en su cama con un sobresalto.
Su cuerpo se tensa, como si estuviera en peligro inminente. Siente los ojos espesos del sueño, y tan irritados que le da la impresión de que nunca va a ser capaz de despegar sus párpados para abrirlos. Mira a su alrededor, desubicada a pesar de estar en su habitación.
Tiene la urgente sensación de que llega tarde a algún sitio, pero está todavía muy adormilada como para ser capaz de pensar a dónde.
Rueda sobre su costado hasta alzarse con sus codos y estira un brazo para tantear en busca de su móvil en la mesilla. Al no encontrarlo allí, frunce el ceño y vuelve a rodar para poder sentarse. Mira con desconcierto el lío de sábanas que tiene por cama.
Su mano se desliza sobre el colchón. Tropieza con un cable y, al tirar, descubre de debajo de su almohada sus cascos. Van seguidos de su móvil, todavía conectado por el jack. Al mismo tiempo que sus dedos se curvan alrededor del borde de su iPhone, los recuerdos caen sobre ella como un cubo de agua helada.
Recuerda ver a Beca en el talk show Jimmy Kimmel. Recuerda hablar con Beca por teléfono. Recuerda colgar e inmediatamente darle al play en su documental. Recuerda irse a dormir escuchando en bucle su disco.
Y, efectivamente, en cuanto posa la huella dactilar de su pulgar sobre el botón de inicio, en su pantalla se abre con un efecto la lista de reproducción de Spotify. Está pausado en Palace, lo que significa que, en algún momento de la noche y de alguna forma que no recuerda, Chloe le dio al botón de pause.
Al mirar el pequeño reloj que aparece en la esquina superior derecha de su pantalla, deja escapar un suspiro de alivio y todo su cuerpo se relaja. Todavía tiene tiempo de sobra.
Sin embargo, pensar en qué le depara el futuro próximo la llena de otro tipo de tensión: la tensión del miedo, del pánico, de la ansiedad. La tensión de los nervios de no saber cómo van a salir las cosas.
Se obliga a sí misma a coger una profunda bocanada de aire que tiembla un poco al pasar entre sus labios y cierra los ojos, descansando su frente en las rodillas que ha doblado y mantiene pegadas a su pecho con los brazos.
Al igual que hizo años atrás después de tomar la decisión de mudarse a Nueva York y vivir en un estudio demasiado pequeño para tres personas en el que iba a tener que compartir cama con Beca, se convence de que todo va a salir bien.
Es un día nublado, pero no hace frío, de modo que Chloe decide ir en bicicleta.
Cuando su viejo Beetle decidió que ya estaba demasiado viejo para esa segunda vida que le dio su padre al restaurarlo, a Chloe no le quedó otra opción que buscar un sustituto que pudiera permitirse pagar de su bolsillo.
Su abanico de opciones no era muy extenso, que digamos. Pensaba que tendría que contentarse con ir en transporte público hasta que pasó por delante de una tienda de bicicletas de segunda mano y vio el azul celeste de una de ellas. Atrajo su mirada desde la otra cera y Chloe supo en ese momento que tenía que ser suya.
Rueda su bicicleta por las escaleras de entrada al portal de su edificio y se monta una vez llega a la acera. Engancha el cierre del casco con un click que siempre le trae flashbacks de aquella vez en Seattle en que montó en moto con Beca.
Su pie derecho se engancha en el pedal hasta alzarlo y poder usarlo para coger impulso. Rueda calle abajo por la acera vacía hasta llegar al paso de peatones. Comprueba que no hay ningún coche cerca y deja que el impulso la empuje por la rampa de cemento a la carretera.
La brisa acaricia su rostro y una suave sonrisa se dibuja de forma automática en sus labios. Siempre tiene que resistir las ganas de cerrar los ojos y dejarse llevar. Pedalea sin necesidad de hacer mucho esfuerzo por la calle llana, avanzando con velocidad.
Mientras ve el mundo a su alrededor pasar a su lado en nada más que un borrón lleno de explosiones de color, su mente divaga. Inevitablemente, termina repasando su conversación con Beca.
Es como si ese recuerdo en particular fuera un imán que Chloe es incapaz de resistir, pues se encuentra a sí misma volviendo a él una y otra vez. La timidez e inseguridad en sus voces. Lo extraño que se hacía el no saber cómo hablar con Beca cuando solía ser lo más sencillo del mundo. Los densos silencios.
- ¿Chloe? – había preguntado Beca.
La forma en que pronunció su nombre derrochaba suavidad, lleno de ese tipo de sorpresa que te deja sin palabras por la emoción y no puedes hacer nada más que abrir y cerrar la boca como un pez.
Tan reverente que Chloe había sentido ganas instantáneas de echarse a llorar.
- Hola – respondió al cabo de un largo silencio en el que sabía que Beca había podido escuchar cada una de sus agitadas respiraciones. Sentía la necesidad de justificarse a sí misma, por eso se apresuró a escupir una explicación –. Stacie me ha avisado de que ibas a estar en Jimmy Kimmel esta noche.
- Oh – de nuevo, la voz de Beca no era más que un hilo. Una exhalación sorprendida –. ¿Lo has visto?
- Sí – murmuró Chloe.
Volvió a hacerse el silencio entre ellas, tan espeso que resultaba casi asfixiante.
- No tenías por qué llamarme – dijo Beca. Carraspeó y se escuchó el roce de su pelo contra el altavoz del móvil, como si estuviera sacudiendo la cabeza –. Quiero decir…
Pero Chloe no dejó que terminase de explicarse.
- Lo sé – le interrumpió y, aunque sonó algo brusco, esa no era su intención. Dejó escapar un largo suspiro –. Quería hacerlo – confesó finalmente.
Chloe escuchó la pequeña inhalación de Beca. Escuchó la forma en que exhaló todo el aire de sus pulmones. Escuchó su duda.
- ¿Podríamos…? ¿Querrías…? – se pausó un largo instante –. ¿Podemos vernos en persona y…? No ahora – se apresuró a aclarar, tropezando sobre sus propias palabras –. Pero, para hablar. ¿Mañana, quizá?
El primer instinto de Chloe fue contestar que no. Pero, apenas unas milésimas de segundo después, tenía un sí listo en la punta de su lengua y preparado para lanzarse al vacío sin paracaídas.
- Vale – acepta en un volumen apenas audible.
Chloe gira el manillar de su bici para esquivar la puerta de un coche y al conductor que está intentando salir de él. Ve un poco más adelante el cruce en el que se encuentra su destino, de modo que sube por la pequeña cuña metálica que sirve para salvar el borde de la acera en la entrada de un garaje.
Reduce la velocidad para no suponer un peligro para los peatones que caminan tranquilamente por la acera y apoya las puntas de sus Nike negras cuando se detiene de forma definitiva. Desmonta y saca de su pequeña mochila la cadena de seguridad.
Cierra el cerrojo con un clack y se cuelga el casco por las tiras del brazo. Sin permitirse pensar las cosas dos veces, porque sabe que entonces lo más probable es que vuelva a montarse en la bici y pedalee en dirección opuesta, cruza los cuatro pasos que la separan de la entrada de la cafetería y abre la puerta con un tirón lleno de determinación.
Sus ojos escanean el interior de forma algo frenética, desesperados por encontrar el rostro que busca. Al no verlo en el primer repaso, saca el móvil de su mochila para comprobar que no haya llegado demasiado pronto.
Sin embargo, un mensaje de texto salta nada más tiene el iPhone entre sus manos.
Becs :3 (ahora): Mira hacia arriba
Chloe obedece de forma automática y siente su corazón pararse en su pecho al ver a Beca asomada sobre el raíl de madera que se asoma a la planta inferior de la cafetería. Hace un tímido y torpe gesto con la mano para señalizar su posición antes de agachar la cabeza otra vez.
Su móvil vuelve a dejar escapar un ping.
Becs :3 (ahora): No hace falta que compres bebida
Los dedos de Chloe se aprietan alrededor de su iPhone, las puntas blancas por la presión que está ejerciendo.
Se ha quedado sin excusas con las que ganar tiempo y no sabe por qué eso la está haciendo sentir tan inestable. Siente como si alguien hubiera cogido el eje de la Tierra y lo hubiera girado un par de grados, dejándola inclinada hacia un lado.
Aprieta la mandíbula y se repite su mantra: todo va a salir bien. Con rodillas que tiemblan como si en lugar de huesos tuviera gelatina, sube despacio el tramo de dieciséis escaleras hasta llegar al piso de arriba.
Beca se levanta nada más verla, con tanto ímpetu y nerviosismo que golpea la mesa con las rodillas. Su rostro se transforma en una mueca mientras sus manos salen disparadas hacia las bebidas para estabilizarlas.
Alza la mirada justo cuando Chloe ya está al lado. Se quedan inmóviles de pie una frente a la otra, como paralizadas. Ni siquiera respiran. Durante un minuto lo único que son capaces de hacer es mirarse con un brillo en sus ojos que oscila entre la incredulidad y la admiración.
A pesar de que ambas sabían perfectamente con quién habían quedado, no pueden evitar ese momento de sorpresa.
- Hola – murmura Beca en apenas un hilo de voz.
La incomodidad se asienta en el aire revuelto. Chloe deja de evaluar a Beca y sus ojos tropiezan con azul medianoche que parece haber tomado la misma decisión. Esta vez, cuando se quedan mirando es porque ninguna de las dos sabe muy bien qué hacer a continuación.
¿Se abrazan? ¿Aprietan manos? ¿Chocan los cinco? ¿Se dan dos besos?
Beca toma la decisión por las dos. Rompe contacto visual, rehuyendo la mirada de Chloe a favor de bajarla y desviarla a un lado, hacia la mesa.
- Espero que no te moleste – dice agitando una mano en un gesto vago. Chloe mira hacia lo que señala y descubre un vaso de plástico lleno de líquido de un pálido rosa y cubitos de hielo que flotan por el interior –. Me he tomado la libertad de cogerte uno de esos tés helados que siempre pedías en verano.
Y eso hace que Chloe parpadee. Es de lo más extraño, porque le recuerda que la Beca que tiene delante es Beca. Su Beca. La que la conoce tan bien que hasta sabe que las preferencias de Chloe en cuanto a bebidas cambian según la estación en la que se encuentren.
Pero, a la vez, la Beca que tiene delante es una completa desconocida.
No reconoce la camiseta desgastada de Led Zeppelin que lleva puesta, ni las Ray-Ban polarizadas con las que mantiene sus mechones castaños fuera de su cara. En sus orejas hay piercings nuevos y su piel tiene un brillo dorado, salpicada de suaves pecas apenas visibles pero que Chloe sabe que están ahí.
Porque conoce a Beca tan bien como a la palma de su mano, pero al mismo tiempo que no tiene ni idea de quién es. Es una contradicción que hace que le duela la cabeza.
- Gracias – musita finalmente, sintiendo su garganta tan seca que parece que se ha tragado el contenido de un cenicero lleno hasta arriba.
Beca solo asiente con un poco de torpeza y sus ojos revolotean momentáneamente hacia los de Chloe. Siguen de pie, paradas ahí en medio como si se les hubiera olvidado cómo mover sus cuerpos.
Chloe toma la iniciativa esta vez y señala con su mano hacia la silla para indicar que va a sentarse.
- Sí, claro – se apresura a murmurar Beca, tomando asiento ella también.
Ambas buscan el refugio de sus bebidas para ganar tiempo. Chloe roba miradas fugaces a Beca y se da cuenta de que la televisión no engaña tanto como dicen. Beca tiene muy bien aspecto y, a pesar de su nerviosismo, le rodea un aura de seguridad que es como un imán para Chloe.
Es incapaz de dejar de mirarla.
A la cuarta vez que Chloe desvía la mirada bruscamente para evitar ser pillada en su intensa observación, Beca carraspea y se humedece los labios con la lengua en un gesto lleno de nerviosismo antes de romper el pesado silencio.
- Um… Gracias por acceder a verme – tuerce la boca en una mueca insegura –. No sabía si ibas a decir que sí.
- Yo tampoco, la verdad – exhala Chloe, sincera.
Beca simplemente asiente, demostrando que lo habría comprendido en el caso de que Chloe hubiera rechazado su propuesta. Sus manos se deslizan de alrededor de su vaso de cartón hasta que se unen en el centro. Entrelaza los dedos con tanta fuerza que Chloe puede ver las zonas de presión en las que su piel se vuelve blanca.
Suspira, y agacha la cabeza. Cuando alza la mirada, aproximadamente un minuto después, sus ojos azul medianoche están atormentados. Llenos de arrepentimiento.
- Siento muchísimo todo lo que pasó – susurra.
Chloe se muerde el labio inferior con el único objetivo de disimular su temblor. Traga saliva y parpadea un par de veces, obligando a las lágrimas a desaparecer de vuelta dentro de sus conductos lacrimógenos.
- Sé que… – Beca suspira y sacude la cabeza –. Sé que puede no parecerlo, pero en ese momento creía que era la decisión correcta. Y la cosa es… – deja escapar un bufido hacia sí misma –. Siempre me han parecido gilipollas aquellos que dicen: no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.
Suelta una de sus manos y usa su dedo índice izquierdo para trazar las marcas curvas de la madera. Recoge bajo su yema algunos granos perdidos de azúcar que habían caído sobre la mesa en vez de en los vasos y los lleva hasta el borde para tirarlos.
- Lo irónico de la situación es que me terminé convirtiendo en uno de esos gilipollas – musita, su mirada fija en la mesa.
Es casi como si no se atreviera a mirarla a los ojos, pero Chloe lo entiende. Porque sabe que Beca está sintiendo la misma inestabilidad que ella, como si fueran productos explosivos y corrieran peligro de estallar en cualquier momento, sin previo aviso.
- Simplemente escogiste lo fácil – responde Chloe, sin importar sonar tan rota como suena.
Beca cierra los ojos y por su rostro cruza una mueca de dolor.
- Te echo de menos, Chlo – confiesa de repente, y su devastadora honestidad causa que el corazón de Chloe deje de latir en su pecho –. Te echo muchísimo de menos – recalca, abriendo los ojos para mirarla fijamente.
Chloe coge una temblorosa respiración y sus labios se abren automáticamente, pero ningún tipo de sonido sale de ellos. Es todo lo que se ha pasado estos últimos casi dos años deseando escuchar, de modo que no entiende por qué hace que todo su cuerpo duela.
Siente su corazón martillear contra sus costillas, como si estuviera intentando escapar de esa jaula de hueso y músculo para plantarse en la mesa y demostrarle a Beca que ella se siente igual, aunque ahora mismo sea incapaz de expresarlo.
La sintonía de llamada de un iPhone sale de algún punto detrás de Beca, sonando a todo volumen. Tanto Chloe como Beca se sobresaltan, claramente no esperando esa interrupción.
La morena se gira en el asiento y mete la mano por el interior de la ancha cazadora vaquera con algunos desgarrones que cuelga del respaldo de su silla. Debe de tener algún bolsillo interior, porque de él saca su móvil.
En el identificador de pantallas, Chloe puede ver el nombre de Theo seguido del emoji de una tortuga, y casi le hace reír. Es algo tan típico de Beca hacer eso. Es la forma que tiene de dejar claro que no le importa burlarse de esa persona, pero a la vez denota que le tiene cariño, porque si no, no se habría molestado en añadir ese emoji en primer lugar.
- Perdona, tengo que coger esto – se disculpa, el ceño fruncido.
Su dedo pulgar se desliza por la pantalla al mismo tiempo que se levanta de la mesa, esta vez sin causar estrago alguno, y se aleja un par de pasos para contestar la llamada.
- Tío, cálmate, ¿vale? Estoy en Ithaca – responde Beca en un tono de voz moderadamente agitado, como si estuviera intentando que no se escuchara mucho la conversación.
Pone los ojos en blanco mientras Theo sigue hablando y deja rodar su cabeza hacia atrás sobre sus hombros.
- Llegaré con tiempo de sobra – su bufido se ve interrumpido a la mitad. Su ceño se acentúa más con lo que sea que el productor ejecutivo le dice al otro lado de la línea –. ¿Cómo que lo han adelantado? ¿Por qué? – sisea, contrariada.
Alza una mano para frotarse la frente y suspira.
- Joder. Vale, vale – acepta en señal de rendición, aunque a regañadientes. Se aprieta con los dedos los ojos mientras intenta pensar –. Ya me vuelvo.
En un gesto instintivo, gira su muñeca derecha como si esperase ver un reloj en su muñeca en el que basarse para saber la hora, a pesar de que la Beca que Chloe conoce nunca en su vida ha llevado reloj.
Al encontrarse solo piel, Beca dejar caer la mano de nuevo junto a su cuerpo.
- Tenía que hacer cosas – se excusa, a la defensiva –. No, no tiene nada que ver… – Theo debe interrumpirla, porque se corta a sí misma con un gesto frustrado –. Ya sé que es importante, no hace falta que me des la charla, Theo.
Se hace una pausa.
- Cállate. No sigas por ahí – ordena Beca en un gruñido bajo.
Cuando Chloe alza la mirada para asegurarse de que Beca esté bien, ve que no está cabreada, sino más bien profundamente avergonzada por lo que sea que el productor le esté diciendo.
- No tengo interés alguno en continuar esta conversación contigo – anuncia –. Llegaré en unas cuatro horas.
Sin siquiera molestarse en despedirse, Beca cuelga la llamada, a pesar de que todavía se podía escuchar a Theo hablar. Con el móvil en la mano, se gira y descubre la mirada ligeramente curiosa de Chloe fija en ella.
Esboza una sonrisa algo incómoda y vuelve a su silla.
- ¿Todo bien? – inquiere Chloe, su voz algo rasposa.
- Uh-huh – asiente la morena, devolviendo el móvil al bolsillo interior de su cazadora vaquera –. Es solo que… – se pasa la lengua por los dientes y esboza una mueca –. Han adelantado la hora de una entrevista y tengo que irme ya.
- Oh – murmura Chloe, aunque por lo que ha podido escuchar de la conversación lo veía venir.
Todo el rostro de Beca intenta transmitir lo mucho que siente tener que marcharse de forma tan repentina. Sus labios se curvan hacia abajo y su azul medianoche está nublado con un torbellino de culpa.
Pero, a pesar de la urgencia que Theo parecía estar tratando de despertar en Beca, la morena no hace amago alguno de moverse de al lado de la mesa. Se pone seria de nuevo y mira intermitentemente a algún punto por encima del hombro de Chloe y toda la cafetería con un revoloteo nervioso de sus párpados.
- Mira, sé que todavía tenemos mucho que hablar – empieza, dubitativa.
Se rasca una ceja y usa esa excusa para desviar la mirada brevemente. Luego, cuando ya no le queda dónde esconderse, coge una profunda bocanada de aire. Se está preparando para algo, y Chloe se encuentra a sí misma conteniendo la respiración.
- ¿Puedo volver a verte antes de que me tenga que ir a Los Ángeles? – inquiere Beca al final llena de incertidumbre –. ¿O es empujar mucho mi suerte?
Está tan vulnerable en este momento. Todo su rostro abierto, sin querer crearse ilusiones a pesar de que probablemente ya se las haya creado. Y, en el momento en que Chloe diga que no, va a ver el reflejo de su corazón rompiéndose en sus ojos.
Por suerte para ella, Chloe no tiene intención de decirle que no.
- Eso… – murmura, algo nerviosa ella también. Esboza una sonrisa tentativa y alza la mirada hasta cruzarla con la de Beca –. Estaría bien.
La morena se relaja notablemente. Sus hombros se destensan y deja escapar una respiración por la nariz. Sus labios se curvan en una imitación de sonrisa de la de Chloe, sin querer hacerla demasiado amplia.
- Genial – asiente apenas sin voz.
En su mirada, Chloe ve esperanza.
Tres días pasan sin noticia alguna de Beca, y Chloe empieza a pensar que se ha olvidado.
Cuando le cuenta sus preocupaciones a Aubrey, su mejor amiga suspira y se queda en silencio un largo rato. Tanto, que Chloe se separa el móvil de la oreja para comprobar que la llamada no se ha cortado de forma repentina.
- Probablemente solo sea que está ocupada, Chlo – razona Bree –. Al fin y al cabo, está en plena promoción del disco.
Chloe intenta creer que eso es lo que ha pasado. Es mucho más soportable que la devastadora idea de que Beca simplemente se ha olvidado de ella. Que no es tan importante como para permanecer en su memoria.
Cuando la mañana del cuarto día llega y Chloe ya está a punto de perder la esperanza, Beca da señales de vida. Aunque, en un primer instante, Chloe no tiene ni idea de que se trata de Beca y por un instante cree que es todo un error.
El mensajero la pilla por los pelos. Chloe ya está parada frente a la puerta de su apartamento y cerrando con llave antes de ir a clase, cuando un hombre que debe de estar rondando ya la cuarentena se para a su lado.
- ¿Chloe Beale? – inquiere.
Chloe quita la llave de la cerradura y tintinea en sus manos cuando se cuelga el llavero de un dedo usando la anilla. Se gira hacia el hombre vestido en un uniforme azul marino con unas letras amarillas bordadas en la pechera de su polo que no alcanza a leer porque están arrugadas por cómo tiene el brazo colocado.
- ¿Sí? – responde ella, debatiendo por un instante mentir.
Supone que habría sido absurdo, pues lo más probable es que el hombre tenga su dirección apuntada. Pero eso es justo lo que le causa recelo: ella no ha comprado nada recientemente que requiera que se lo traigan a casa. Y si fuera algo de Troy, no habrían preguntado por Chloe.
- Tengo un paquete para usted, ¿si me hace el favor de firmar aquí? – pide el hombre al mismo tiempo que se saca la tableta electrónica que lleva bajo el brazo.
Se la ofrece a Chloe con una mano, la otra sujeta ya el bolígrafo atado con un cordel para que no se pierda.
- ¿Qué paquete? – no hace gesto alguno de coger los objetos. En su lugar, su mano izquierda se enrosca alrededor de las llaves y de la tira de su bolso. Cambia el peso al pie que tiene más alejado del hombre.
- Solo se lo puedo entregar una vez firme – se disculpa él, adelantando unos centímetros más en el aire la tableta electrónica y el bolígrafo. Es una invitación.
Chloe frunce el ceño, pero termina por aceptar. No puede negar que, si bien mitad de ella siente bastante desconfianza, la otra mitad se muere de curiosidad por saber de qué va todo esto. Coge el bolígrafo ofrecido y se inclina un poco para garabatear su firma en la pantalla.
- Aquí tiene – el mensajero hace un asentimiento con la cabeza y le tiende el paquete alargado que llevaba enganchado bajo el otro brazo –. Que pase un buen día – se despide antes de desaparecer con paso apresurado pasillo abajo.
- Sí – responde Chloe, distraída por la caja negra que reposa en sus manos. Procesa tarde lo que le ha dicho el hombre y alza la cabeza para escupir un apresurado –: Gracias, tú también.
No cree que la escuche por encima del retumbar metálico de la puerta del ascensor al cerrarse, pero se siente mejor sabiendo que por lo menos lo ha intentado. Su atención, sin embargo, se centra rápidamente en el paquete.
Es alargado y delgado, como si fuera la caja de una varita mágica. Cuando lo sacude con cuidado solo se escucha un suave golpe sordo que no hace que el cartón retumbe sobre sus dedos. Apenas pesa, Chloe sospecha que lo que más pesa es la caja en sí más que el contenido.
Sin poder contener más su curiosidad, deshace el lazo blanco que mantiene la caja cerrada y levanta la tapa. Está tan encajada con la parte inferior que hace un extraño ruido de succión acartonado.
En el interior yace una simple rosa de un intenso rojo. A Chloe se le escapa una exclamación maravillada porque cree que nunca ha visto una rosa tan perfecta. Es, de hecho, sospechosamente perfecta, y Chloe roza delicadamente con la yema de los dedos los pétalos para comprobar que sea de verdad.
La textura sedosa, a la par que rugosa, de los pétalos delata que no es falsa. Todavía está fresca, como si acabaran de cogerla de un rosal mojado por los restos de rocío de una noche húmeda.
Bajo el tallo verde oscuro, Chloe ve la esquina de algo rojo que destaca sobre el papel maché blanco que usan como cama para la rosa. Tras comprobar que han quitado las espinas, con cuidado de no romper ninguna hoja, cuela los dedos hasta que puede coger la esquina roja.
Es un pequeño sobre. Despega la lengüeta que va enganchada en la parte inferior del sobre y descubre un rectángulo de papel con un mensaje escrito. Al sacarlo del sobre para poder leerlo, ve que por detrás hay algo más.
Lo hace girar entre sus dedos, curiosa. Es una tarjeta de plástico, parecida a una simple tarjeta de crédito. Solo que es completamente negra y no hay nada escrito en ella a excepción de las palabras "VIP" en metálico, y solo se ve cuando la luz se refleja de cierta forma.
Pone el rectángulo de papel encima para leer el mensaje. En bolígrafo azul y una caligrafía dolorosamente familiar, hay escritas una fecha, una dirección de Nueva York y una hora determinada.
Trae la rosa, pide. Está firmado por BM, y al lado de las iniciales hay dibujado el garabato de un corazón.
Justo en ese instante, su móvil vibra para anunciar que le acaba de llegar una avalancha de mensajes nuevos.
Becs :3
en línea
(07:30) Ya te ha llegado, verdad?
(07:30) Estarás libre este viernes por la noche?
(07:30) Confírmame en cuanto sepas que así mando a alguien que te recoja, que sé que no tienes coche
(07:32) Si quieres venir, claro
(07:32) Es totalmente decisión tuya
Chloe mira de nuevo la preciosa rosa y medita sobre semejante demostración de poder por parte de Beca. No en el sentido de que la esté forzando a aceptar, sino el hecho de parecer tener todo bajo control.
Hasta el más mínimo detalle está cuidadosamente planeado: el mensajero, la rosa, el mensaje, el evento, la tarjeta de acceso. Todo.
Lo único que Beca no puede controlar, es a Chloe. Pero tampoco lo necesita.
Becs :3
últ. conexión a las 07:37
Iré
A qué hora tengo que estar lista?
unapologetic777: Después de escuchar obsesivamente Afterthought, solo tengo una pregunta. QUIÉN DEMONIOS ES X? bmitch47
bmitch47: unapologetic777 ¯\_(ツ)_/¯
Cuando el Jeep negro reduce velocidad hasta frenar enfrente de un pequeño pub de Brooklyn, Chloe tiene la sensación de que el conductor debe de haber metido mal la dirección en el GPS. Se inclina para ver a través de la ventanilla tintada y frunce el ceño.
- ¿Seguro que es este el sitio? – inquiere, dubitativa.
- Sí, señorita – le asegura el conductor, lanzándole una mirada a través del espejo retrovisor interior.
No es que le parezca raro que Beca la haya citado en un pequeño pub de Brooklyn, aunque quizá no sea el sitio más ideal teniendo en cuenta que tienen una conversación pendiente y con el volumen al que ponen la música no hay quien escuche ni los propios pensamientos.
Lo que sí que es raro es la larga cola de gente que forma una línea impaciente frente a la entrada del pub. Y que se alarga hasta dar la vuelta a la calle y continuar por el otro lado. Todo bajo la vigilante mirada de dos enormes porteros que guardan la entrada.
Chloe acepta su destino con resignación y coge su bolso y la alargada caja negra del asiento trasero. Le da las gracias al conductor mientras se desliza por el borde del asiento hasta que el tacón de sus botas choca contra el asfalto de la carretera.
El ruido de la puerta del Jeep al cerrarse atrae unas cuantas miradas curiosas en su dirección, y Chloe tiene que resistir el impulso de esconder su rostro de tantos ojos. Especialmente cuando ignora la larga fila y se dirige directa hacia los porteros.
No le da tiempo a decir nada. El portero que está más a la izquierda la ve acercarse y sus ojos se iluminan al reconocerla. Alza la mano que tenía cruzada en su pecho y que es fácilmente del tamaño de la cabeza de Chloe, y presiona el botón lateral de su walkie talkie.
- Chloe Beale está aquí – informa. El aparato emite un sonido estático durante unos segundos hasta que se corta con un chirrido.
- Voy – responde una voz que a Chloe le resulta familiar, pero no termina de situar porque suena algo distorsionada.
- Espere aquí un momento – le indica el portero, señalando con la antena de su walkie talkie hacia un lateral de la cola.
En cuanto Chloe se aparta a su sitio designado, el otro portero hace una señal con la mano hacia los que están esperando. El volumen de sus conversaciones se incrementa y vuelve excitado cuando corre la voz de que van a comenzar a dejar pasar gente al interior del pub.
Cada persona tiene que pararse frente a los dos armarios de hombres y enseñar la acreditación correspondiente. En los dos minutos que Chloe tiene que esperar, siete personas son rechazadas por intentar hacer trampas.
No sabe muy bien qué está pasando, pero solo de imaginar que todo esto pueda ser por Beca, Chloe tiene la sensación de que la cabeza le va a explotar. Le cuesta hacerse a la idea de que, en casi dos años, tanto haya podido cambiar la vida de quien era su mejor amiga.
Siempre supo que Beca estaba destinada a ser una estrella, pero Chloe nunca se paró mucho a pensar en las implicaciones que eso traía consigo. Nunca se había parado a considerar lo famosa que Beca puede llegar a ser, si es que no lo es ya.
Es intimidante.
Afortunadamente, antes de que aquello pueda resultar demasiado abrumador, Chloe escucha una puerta metálica abrir y cerrarse cerca de ella. Al girar sobre sus talones, ve a Theo aparecer de repente de la parte lateral del edificio.
Chlo cree que nunca se ha sentido más aliviada de ver al productor ejecutivo. Por fin alguien que le podrá contestar a todas sus preguntas.
- ¿Qué tal? – se interesa Theo después de separarse del breve abrazo.
- Bien – exhala Chloe, todavía sintiéndose algo sobrepasada y desubicada.
- Me alegro.
Sin embargo, esas parece que van a ser todas las cordialidades, pues Theo le indica con algo de inquietud que le siga por el callejón lateral del edificio. Sujeta la puerta metálica de la salida de emergencia para que Chloe entre primero y la sigue rápidamente, imponiendo un paso apresurado.
Recorren pasillos grises que poco sirven para resolver las dudas de Chloe sobre dónde está y para qué exactamente.
- ¿Has traído el pase VIP? – inquiere Theo, solo desviando la mirada del camino al ver que Chloe agita la caja negra en el aire –. Bien – asiente, conforme –. Ahora no lo necesitas porque vas conmigo, pero luego quizá te la pidan para el backstage y el palco.
- ¿Palco? – repite Chloe, desconcertada.
Theo musita un "uh-huh" distraído y le advierte, señalando al suelo, que tenga cuidado y evite en la medida de lo posible pisar los cables que recorren el suelo como serpientes de colores. Se cruzan con un par de técnicos cargados con un enorme y pesado altavoz, y una chica con guantes que está trepando por la estructura metálica para mover un foco de luz.
Un concierto, se da cuenta Chloe de golpe. Beca la ha invitado a un concierto suyo.
Atraviesan el interior del pub y toda la parte del escenario que nunca queda expuesta al público. Todo el mundo parece compartir la misma urgencia que impulsa los pasos de Theo, trabajando a contrarreloj para asegurarse de que todo quede listo a tiempo.
El productor mira su Apple Watch, que se ilumina con su movimiento de muñeca para enseñarle la hora. Hace chascar la lengua, su rostro pensativo, y disminuye la velocidad hasta frenar frente a una puerta de un morado oscuro.
- Beca ahora mismo está terminando de vestirse – informa de tal manera que parece que está pensando en voz alta más que hablando con Chloe. La pelirroja llega por fin a su altura y ladea la cabeza –. Si tiene tiempo antes de empezar, le diré que se pase a verte – promete él.
Gira el picaporte de la puerta y descubre una serie de escaleras ascendentes iluminadas con luces de neón moradas. Chloe tiene que resistir las ganas de sacarle una foto.
- Por aquí se sube al palco – Theo le señala con la mano a las escaleras y sonríe por primera vez desde que se saludaron en la calle –. Pide lo que quieras en el bar, va de nuestra cuenta.
Se despide alegando que tiene que hacer unas últimas comprobaciones, y Chloe se queda sola para subir las escaleras futuristas. El palco es lo que su nombre dice: una terraza que se asoma sobre la pista y el escenario. Tiene un bar en la esquina izquierda, y cómodos sillones repartidos por todo el espacio.
Una camarera mira su móvil tras la barra, pero lo guarda rápidamente cuando ve a Chloe vagar por el espacio con expresión curiosa. La pelirroja toma asiento en uno de los taburetes del bar, prefiriendo la compañía antes que sentarse sola los sillones.
- ¿Qué te pongo? – pregunta la chica con una sonrisa simpática.
Chloe deja su bolso sobre la barra metálica y observa las estanterías que cuelgan de la pared, llenas de botellas de distintas formas, tamaños y colores.
- ¿Tenéis vino blanco?
La camarera asiente y se dispone a secar una copa limpia. Una vez ha servido la bebida, la posa sobre una servilleta sobre la superficie metálica y la desliza con dos dedos hasta el antebrazo de Chloe.
- Gracias – le dice, sonriendo.
No tarda en dar un primer sorbo al vino. Se acerca al borde del palco y, copa en mano, se asoma para ver qué está ocurriendo en el piso inferior.
En el escenario, Chloe reconoce los rostros de la banda de Beca haciendo las últimas pruebas de sonido para sus instrumentos. Mientras tanto, la pista se llena lentamente de toda la gente que estaba esperando en la calle. Apenas serán unas cien personas, no cree que puedan caber muchas más en el pequeño pub.
Y eso es, en realidad, lo que más desconcierta a Chloe. Si Beca quiere hacer su primer concierto como artista, ¿por qué escoger un lugar tan pequeño?
- ¿De qué va todo esto? – pregunta, volviendo hacia la barra.
Recibe una mirada incrédula por parte de la camarera, que Chloe pronto averigua que se llama Jane. Deja el trapo que está usando para secar los vasos recién salidos del lavavajillas y se lo cuelga en el hombro.
- ¿Cómo has conseguido un pase VIP para un evento que no sabes de qué va? – rebate Jane llena de curiosidad.
Chloe está a punto de decir simplemente: Beca. Pero se para justo a tiempo, sabiendo que eso sería demasiado revelador y no conoce a esta chica. Nada le asegura que luego no vaya a ir corriendo a contárselo a los demás.
Es súper extraño tener que ser tan consciente de su privacidad. Chloe siempre ha sido un libro abierto, en algunas ocasiones demasiado abierto, le dirían algunas personas. No está en su naturaleza el andarse con evasivas o tener que calcular constantemente qué decir y qué no.
- Por una amiga – responde al final con un encogimiento de hombros.
Jane acepta la contestación sin más, aunque su sonrisa torcida denota diversión. Vuelve a su tarea de secar vasos para evitar que se queden llenos de marcas de agua y señala con la cabeza hacia el borde del palco.
- Es un concierto exclusivo de Beca Mitchell. Ni siquiera se han puesto entradas a la venta, la gente que ha conseguido venir ha sido por sorteo – al ver las cejas arqueadas de Chloe en sorpresa, Jane asiente –. Creo que fue a través de Instagram.
Chloe musita un "mmhh" pensativo. Tratando de ser sutil, saca su móvil del bolso y abre rápidamente la aplicación de Instagram. Presiona sobre la lupa para escribir el nombre de usuario de la cuenta de Beca.
La última foto que ha subido es de ella sentada de lado en el ancho asiento color crema de un jet privado, de forma que sus piernas se doblan sobre un reposabrazos. Lleva una alargada copa de champán entre las manos y va vestida con el mismo vestido que llevó a Jimmy Fallon.
bmitch47: ¿Es esto lo que se siente al ser VIP? Y, hablando de VIP. Si quieres venir a mi concierto SÚPER EXCLUSIVO el 23 de mayo en NYC, menciona a 1 AMIGO que llevarías contigo. Los ganadores serán escogidos al azar de entre los comentarios. BUENA SUERTE!
Con aire distraído, Chloe usa su pulgar para avanzar en el tiempo por el Instagram de Beca y ver todas esas fotos, todos esos vídeos, que no había visto en año y medio.
Sonríe al encontrar la publicación de la fiesta de estreno del álbum de la morena. Son una serie de fotos, una de Beca sola, otra con su banda, y otra de algunas Bellas que fueron capaces de acudir: Emily, Amy la Gorda, Cynthia Rose y su mujer, y… ¿Aubrey?
Chloe parpadea al ver el rostro sonriente de su mejor amiga y siente una dolorosa punzada en su corazón. No tenía ni idea de que Aubrey había ido a Los Ángeles a ver a Beca, nunca se lo había contado.
Cuando se trataba de Beca, Aubrey tendía a actuar a su alrededor con extrema cautela. Como si temiera que un mal paso hiciera que la fina placa de hielo sobre la que Chloe está de pie desde "esa noche" se fuera a romper. Llevándose a Chloe hasta lo más profundo de un océano helado.
Y Chloe lo entiende. Aubrey estuvo con ella esos primeros dos meses, la vio en su peor momento. Entiende que le dé miedo volver a provocar, sin querer, que recaiga en ese pozo oscuro de tristeza infinita.
Pero no puede evitar sentirse culpable. Igual que se sintió culpable cuando Beca decidió marcharse a Los Ángeles sin despedirse de Amy la Gorda. Es como que, Chloe, con sus problemas, no solo está limitando su propia vida, sino también la de quienes le rodean.
Afortunadamente, espera que esta noche lo arregle todo. O, si no todo, por lo menos la mayoría de las cosas. Espera por fin tener la oportunidad de sentarse y tener una larga y sincera conversación con Beca en la que expongan sus corazones al más receloso escrutinio.
Sale de su ensimismamiento cuando las luces del pub se apagan, provocando que el público empiece a gritar de emoción.
Chloe arrastra el taburete en el que está sentada hasta el borde del palco, de forma que pueda ver todo lo que ocurre abajo sin tener que estar de pie todo el rato. Su mano se tensa alrededor de la curvatura de la copa cuando un solo foco se enciende sobre el escenario y Beca camina hasta ponerse bajo él.
Los gritos aumentan y hacen sonreír a Beca. Se para justo frente al micrófono de pie que espera, solitario en medio del escenario, por ella. Quita el micro de la base y se acerca todo lo que puede al borde del escenario, guiñando los ojos por la intensidad de la luz apuntada directamente a ella.
- ¡Hola, Nueva York! – saluda con energía –. ¿Estáis preparados?
Recibe otra oleada de gritos de vuelta y ríe en el micro. Asiente, satisfecha con el nivel de entusiasmo que se palpa en el ambiente, y da la espalda al público para hacer un gesto con el que su banda entra al escenario.
Cada uno ocupa sus posiciones designadas y, en cuanto empieza la música, Chloe se queda hipnotizada.
Esta no es ni de lejos la primera vez que ve a Beca subida en un escenario y, sin embargo, sigue teniendo el mismo efecto que cuando la vio entrar con paso inseguro en el auditorio de Barden y disculparse porque no sabía que había que prepararse esa canción de Kelly Clarkson.
Durante años, Chloe siempre se encontraba a sí misma robando miradas a Beca que iban mucho más allá de asegurarse que estaban en perfecta sincronía. Porque Beca, cuando se trataba de la música, poseía un magnetismo que Chloe era simplemente incapaz de resistir.
Puede que ahora ese magnetismo esté incluso amplificado. Beca se come el escenario. Se adueña de él con una facilidad que parece que se haya pasado toda la vida actuando frente a grandes masas de gente. Como si hubiera nacido para ello.
Es simplemente increíble pensar que, esa Beca que está haciendo vibrar a alrededor de cien personas al ritmo de su voz, sea la misma Beca que le dijo a Chloe que ella no cantaba.
Siempre tuvo la certeza de que Beca estaba destinada a ser una estrella. Lo supo desde el primer momento en que cruzaron miradas en la feria de actividades de Barden y lo confirmó cuando descubrió que esa voz angelical que cantaba Titanium en la ducha pertenecía a Beca. Y, después de eso, lo confirmaba cada vez que veía a Beca subir a un escenario.
Para Chloe, Beca tiene un brillo especial. Para Chloe, Beca es como un campo lleno de luciérnagas en una noche cálida de verano: igual de raro, igual de fascinante, igual de bello.
Esa luz que emite Beca, Chloe la ha visto crecer a lo largo de los años. Empezó como una pequeña bolita del tamaño de una canica cuando Beca cogió un simple vaso de plástico y se puso a cantar When I'm Gone, con las piernas cruzadas, frente a ella.
A medida que Beca iba conociendo la magnitud de sus facultades y se las creía, a medida que empezaba a confiar en sí misma y crecer, no solo como persona, sino también como artista; esa canica de luz se iba haciendo más grande.
Cuando Beca cantó Freedom! '90 en ese escenario de Francia, Chloe pensó que eso era todo. Su luz ya no era una canica, era tan grande que envolvía a Beca y hacía que casi fuera imposible distinguir su menuda figura. Pensó que no podía crecer más.
Ahora, Chloe se da cuenta de que estaba muy equivocada. Está siendo testigo de ello en directo, cómo todas y cada una de las personas que están presentes en ese pequeño pub son incapaces de apartar la mirada. Cómo todos sus corazones laten al ritmo que marca la voz de Beca.
Ahora, Chloe lo sabe con certeza: Beca va a seguir creciendo, va a seguir deslumbrando, hasta alcanzar la potencia y el tamaño del Sol.
Escuchar las canciones por primera vez en el documental fue devastador. Escuchar el producto final en Spotify fue catártico. Escuchar a Beca cantarlas en directo, sin embargo, es…
Chloe no tiene palabras para describir cómo le está haciendo sentir.
Su cuerpo es un huracán de emociones que vibran y zumban por sus venas. Su corazón late, pesado y lento, diez veces más grande de lo normal. Tiene la sensación de que, o se comprime sobre sí mismo y desaparece, o explota en un millón de pedacitos y… Desaparece.
Y, durante todo esto, es agudamente consciente de que Beca está dejando Consequences para el final. Y de que nunca ha escuchado a Beca cantarla en directo.
Beca canta canciones suyas, hace covers de otros artistas, y a medida que el reloj se acerca inexorablemente hacia la hora y media de concierto, Chloe es cada vez más consciente de que en cualquier momento escuchará esos acordes de piano que son capaces de parar su corazón de golpe.
Tiene ganas de salir corriendo, huir antes de que llegue ese momento. Pero hay algo, la otra parte de sí misma que está disfrutando como nunca, que la mantiene sentada en el taburete y con dedos blancos alrededor de la caja en la que tiene la rosa guardada.
Observa cómo Beca termina de bailar por el escenario al ritmo de These Days. La música se apaga y se escucha el "wow" jadeante que Beca suelta ante el micrófono. Su piel reluce bajo los focos por el sudor y da la sensación de que es una especie de hada o aparición celestial.
- ¿Qué tal vais, Nueva York? – pregunta, sonriente. Los gritos que recibe de vuelta siguen siendo igual de altos que hace hora y media, cuando empezó el concierto –. Bien, ahora voy a necesitar que seáis más silenciosos – pide Beca.
Las luces se apagan de golpe, y el pub queda sumido en la oscuridad. Todos los teléfonos que están encendidos para grabar a la morena pasan a ser las fuentes principales de luz.
Beca se lleva el micrófono con ella hasta tomar asiento en el piano negro, que está posicionado en el centro del escenario. Lo engancha en el soporte ya preparado para él y sus manos acarician con suavidad las teclas, pero sin arrancar sonido alguno.
- Os voy a pedir un favor – dice, girando la cabeza para mirar al público –. Encended las linternas de vuestros móviles para la siguiente canción. Es muy especial para mí, supongo que ya sabréis de cuál hablo – regala un guiño a su audiencia, enloqueciéndola.
Chloe intenta tragar saliva, pero su cuerpo no responde. Se tensa en el taburete, incapaz de apartar la mirada a pesar de que su cerebro no deja de gritarle, desesperado, que salga de allí lo antes posible.
Beca alza la mirada y, si Chloe no supiera que es imposible que la esté viendo, juraría que sus miradas se encuentran durante un interminable minuto en el que todo permanece inmóvil. Es como si alguien hubiera parado el tiempo.
Entonces, esos acordes de piano rompen el silencio y el público se vuelve loco antes de recordar que Beca le has pedido que bajen de intensidad. Como si formasen parte de una única mente, todas las personas comienzan a mover sus móviles en el aire de lado a lado.
Desde donde Chloe está situada, solo ve una enorme ola de luces blancas que danzan por el aire al ritmo de la triste voz de Beca. Las personas que se encuentran en la pista corean todos y cada uno de los versos de Beca sin perder el tempo, como si se supieran la letra de memoria.
El momento es tan precioso que Chloe no quiere perderse ni un solo segundo de él. No parpadea, casi ni respira, como si temiera que pudiera enturbiar la magia de ese instante con sus exhalaciones.
Las lágrimas que había derramado esporádicamente a lo largo del concierto ahora caen por sus mejillas en una cascada. Es una presa que ya no tiene motivos para mantener sus puertas cerradas, dejando escapar el agua.
Cuando Beca termina de cantar, los gritos son casi ensordecedores. Es, fácilmente, el rugido más alto y sincero que Chloe jamás ha escuchado. Y, aparentemente, Beca.
La morena se queda sentada en el taburete del piano un rato, limitándose a mirar al público y escucharlo aclamarla. Casi parece que esté intentando absorber el momento, grabarlo a fuego en su memoria para jamás olvidar cómo le está haciendo sentir.
Ríe al escuchar el cántico pidiéndole que toque otra canción más, y sacude la cabeza.
- Es hora de ir terminando ya – anuncia algo apenada. Vuelve a reírse con el "no" que surge del público y esboza una sonrisa torcida –. ¿Qué os parece si me despido con una canción que nunca habéis escuchado?
La reacción del público es enloquecer. No hay otra forma de describirlo, en verdad. Pero Chloe ha de admitir que hasta ella se excita ante la idea de escuchar algo nuevo de Beca. Se inclina más hacia delante y apoya su codo en la barra del palco para equilibrarse.
- Se llama Roses, espero que os guste.
Beca se gira de nuevo hacia las teclas del piano y posa sus manos sobre ellas. Al mismo tiempo, desde un lateral del escenario se ve entrar a Emma con una guitarra colgada sobre el pecho. Aprieta el paso para colocarse en su sitio y engancha el cable del amplificador a la base del instrumento.
Comparte una mirada y un asentimiento con Beca, quien mueve sus hombros en círculos y estira la cabeza hacia los lados para descargar tensión acumulada. Se marca a sí misma el ritmo con la cabeza hasta que empieza a tocar el piano.
Es una melodía lenta y algo triste, y la voz de Beca se acompasa a ella con un tinte melancólico que pone la piel de Chloe de gallina.
It's not that I'm afraid I'm not enough for her
It's not that I can't find the words to say
La respiración de Chloe se atasca en su garganta y no siente su bolso deslizarse de sus piernas hasta caer al suelo cuando se inclina todavía más. El magnetismo de Beca ya no solo atrapa su mirada, sino su cuerpo entero.
Requiere de todo su autocontrol no salir corriendo escaleras abajo hasta abrirse paso por la masa de cuerpos apelotonados en la pista para ponerse en primera fila y así estar más cerca de Beca.
I'm not tryna start a fire, with this flame
But I'm worried that your heart might feel the same
Sin embargo, pronto se da cuenta de que la distancia física poco importa. Porque, en cuanto se lanza al estribillo, Beca alza la mirada y a pesar de los focos que la deslumbran, Chloe sabe con certeza que la ha localizado en el borde del palco y la está mirando fijamente.
Chloe sabe con certeza que le está dedicando esta canción a ella y a nadie más.
You can tell me stop, if you already know
Though I'm not sure my heart can take it
But the look on your face says, don't let me go
Allí, con otras cien personas más. Allí, donde no hay intimidad. Allí, donde no pueden hacer contacto visual directo por los focos.
Allí, donde Beca está, una vez más, abriendo su corazón a Chloe.
Allí es donde se siente lo más cerca de Beca que jamás haya estado.
Más que todas esas noches enredadas en el sofá-cama del pequeño estudio de Nueva York. Que en esos momentos en los que, con sus dedos entrelazados y sumidas en la semi penumbra de su cuarto en Barden, Beca bajaba el puente levadizo para permitir que Chloe traspasase sus murallas. Que en esos abrazos en los que usaban sus cuerpos enteros.
Tell me if I'm wrong, this is crazy
But I got you this rose and I need to know
Will you let it die or let it grow?
No es hasta que la música se apaga y Beca se despide del entusiasmado público con un energético: "¡Buenas noches, Nueva York!", que Chloe procesa del todo el significado de la canción que acaba de escuchar.
La palabra "rosa" se ha quedado atascada en su cabeza y, en un principio, está tan aturdida por sus descontroladas emociones que no termina de entender por qué es incapaz de deshacerse de ella. Pero entonces…
¿La dejarás morir o la dejarás crecer?
Sus ojos se abren de golpe y se enfocan sobre la alargada caja negra que tiene bajo un agarre asfixiante entre sus manos. Sus dedos tardan un momento en ser capaz de aflojar la presión y desengancharse del borde.
Levanta la tapa y observa con la respiración agitada la rosa roja que reposa sobre el papel maché blanco.
¿La dejarás morir o la dejarás crecer?
Si Chloe creía que su encuentro con Beca en la cafetería había estado lleno de incomodidad, después del concierto Beca apenas es capaz de mirarle a los ojos una vez Theo la guía hasta su camerino.
La morena se está quitando el maquillaje con una toallita. Los ve entrar a través del espejo que tiene delante y, en cuanto hace contacto visual con Chloe, su mirada sale disparada en dirección opuesta. La mantiene allí hasta que no le queda otra que girarse a saludar.
Se ha cambiado la ropa que ha usado para actuar por unos cómodos shorts vaqueros y una camiseta básica blanca con el escote en pico. La lleva enganchada en la parte delantera de los pantalones y Chloe encuentra esa simple decisión tremendamente atractiva.
- Perdona que no pudiera ir a verte antes de empezar el concierto – se disculpa Beca, sus ojos cerrados mientras se pasa la toallita por los párpados. El maquillaje morado desaparece para dejar ver su pálida piel –. Íbamos algo atrasados de tiempo.
- No pasa nada – asegura Chloe. Cambia el peso de un pie a otro –. Me ha gustado mucho.
Beca retira la toallita y abre los ojos. Tarda una milésima de segundo en localizar a Chloe gracias a su reflejo y esboza una tímida sonrisa.
- Gracias.
Su mirada cae, como si se estuviera permitiendo por primera vez absorber la imagen de Chloe. Azul medianoche recorre su fina camisa de tirantes negros y ajustados pitillos negros. Sin embargo, se queda atascada cuando llega a las manos que Chloe lleva unidas frente a su cuerpo.
Ve la alargada caja negra que contiene la rosa y su rostro se contrae en una mueca llena de aprehensión.
Parece que ese arranque de valentía que la llevó a cantar Roses, la ha abandonado ahora. Chloe siente una oleada por simpatía hacia ella y se propone a sí misma conseguir respuestas, pero de la forma menos dolorosa posible. Ya no solo por Beca, sino también por su maltrecho corazón.
- ¿Quieres…? – empieza a preguntar.
- Había pensado… – dice Beca al mismo tiempo, después de suspirar y tirar a la basura la toallita sucia.
Ambas se pausan y se quedan mirando a través de sus reflejos en el espejo.
- Tú primero – Chloe se apresura a cederle el paso y así evitarse lo que podría ser una enorme humillación.
Porque el problema está en que no sabe muy bien cuáles son los planes de Beca. ¿Quería únicamente que viera su concierto y ahora va a intentar deshacerse de ella? ¿O tiene algo más pensado para después? ¿O considera que ya ha hecho bastante y es el turno de Chloe de mostrar iniciativa?
Mejor callar y esperar.
Beca asiente lentamente, como si no estuviera muy feliz de tener que ir primero pero tampoco va a comenzar una pelea por algo tan estúpido. Se gira en la silla de forma que no tengan que usar el espejo para ser capaces de mirarse y sujeta con ambas manos el respaldo.
- Había pensado que podíamos ir a cenar algo – propone con cautela, sin hacer contacto visual directo por más de unos segundos –. Podemos pedir servicio de habitaciones en mi habitación de hotel, allí tendremos más privacidad.
Sus ojos se abren de golpe cuando se da cuenta de que se puede malinterpretar bastante su último comentario y alarga una mano en el aire que se queda suspendida a medio camino de llegar a Chloe.
- Quiero decir, privacidad para hablar – aclara atropelladamente –. No quería insinuar…
Chloe deja escapar una risa suave y tranquiliza a Beca diciéndole que la ha entendido bien a la primera. Los labios de Beca se curvan en una ligera sonrisa, pero no hace movimiento alguno de moverse.
Simplemente se queda mirando a Chloe fijamente, como a la espera de algo. Y Chloe tarda un rato más en darse cuenta de que sigue esperando una respuesta.
- Me parece buen plan – asiente con algo de timidez.
- Genial – exhala Beca, sonando aliviada.
La morena se pone la cazadora vaquera y se asegura de llevar el móvil encima antes de despedirse de los técnicos con los que se cruzan en el camino hacia la salida lateral. Es la misma que Theo usó para colar a Chloe.
Hay una barra roja que cruza la puerta metálica en horizontal. Beca la presiona hacia dentro con ambas manos para desactivar el mecanismo de seguridad y poder abrirla. Pero, antes de empujar, se gira un momento para prevenir a Chloe:
- Es probable que haya fans esperando ahí fuera – dice con un gesto de cabeza.
Chloe asiente y coge una profunda respiración para prepararse. Supone que debía haberlo previsto, estando en un pub tan normal la gente no va a irse simplemente, hasta Chloe sabe que lo habitual es buscar la puerta trasera para tratar de pillar en banda al artista de turno.
En cuanto se escucha el chasquido metálico de la puerta, empiezan los gritos al otro lado. Se cuelan por la rendija creciente a medida que Beca empuja con cuidado de no dar a nadie y crea un hueco suficientemente grande como para que puedan pasar.
Sale ella antes que Chloe, no por cuestiones de que se la haya olvidado la caballerosidad, sino más bien por la propia seguridad de Chloe. Los fans se echan sobre ella, y los dos porteros solo tienen dos brazos para contenerlos.
Es bastante intimidante, y Chloe se siente algo sobrepasada cuando uno de los porteros, por órdenes de Beca, deja de tratar de mantener a raya a los fans y se centra en guiar a Chloe hasta fuera de esa masa de cuerpos.
Pierde de vista a Beca rápidamente y eso solo hace que la angustia dentro de su pecho eche raíces profundas.
Una vez el portero consigue sacarlos del centro de todo, Chloe se reclina contra la pared de ladrillo del callejón. Aprovecha el espacio para coger una profunda bocanada de aire, llenando sus pulmones del frescor que queda en el aire después de la lluvia.
Desde fuera, la situación no parece tan agobiante a primera vista. Chloe se para a reflexionar sobre ello y supone que debe ser bastante increíble tener la capacidad de influir y ser tan importante en las vidas de personas que jamás has conocido. Beca tiene un enorme poder, tiene la fe y la devoción de sus fans en sus manos.
Claro que, como bien dijo Spider-Man: todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Beca no queda exenta de ello. Porque con los fans, viene el peso en los hombros. Debe actuar correctamente 24/7 porque los ojos de todo el mundo están fijos en ella. Y sus victorias y aciertos no se van a celebrar con tanto ahínco como sus derrotas y errores.
Esa es la parte de la fama con la que Chloe no termina de congeniar del todo. El hecho de que no exista el respeto a tu privacidad. El hecho de que la gente asuma que, porque parte de tu vida sea de cara a ellos, todo lo demás también debe ser expuesto a su escrutinio y opinión.
Beca por fin consigue abrirse paso entre los fans que quedan. Firma tantos autógrafos como ponen en su camino, y se saca fotos con aquellos que se lo piden. Al final, se despide de ellos lanzándoles un beso y se reúne con Chloe en la pared.
Deja escapar un "wow" exhalado, sus cejas arqueadas en sorpresa e incredulidad.
- Eres… algo así como una persona importante, ¿no? – bromea Chloe.
- Qué va. Yo creo que se han equivocado de puerta – ríe Beca con una sacudida de cabeza.
Reconoce la rama de olivo que Chloe le tiende y agarra el otro extremo en lugar de tirarla al suelo y pisotearla. El humor siempre les ha ayudado a aliviar la tensión y romper la incomodidad. Siempre ha sido algo a lo que ambas sabían que podían recurrir en caso de necesidad.
El corazón de Chloe revolotea en su pecho al descubrir que por lo menos ese pequeño aspecto de su relación no ha cambiado. No se ha visto afectado por casi dos años de incomunicación.
Juntas, suben al Jeep en el que Chloe vino desde Ithaca. El mismo conductor recibe sin rechistar la petición de Beca de que las lleve a su hotel.
- En realidad podríamos ir andando – explica la morena mientras se acomoda en el asiento de cuero –, pero no quiero arriesgarme a que nos sigan o algo así.
Chloe suspira. Ni siquiera había pensado en la posibilidad de que alguno de esos fans que estaba en el callejón pudiera seguirles, pero ahora que Beca lo ha dicho en voz alta, se siente estúpida por no haber caído en ello.
- ¿Cómo lo haces? – pregunta, y en su voz se mezcla la incredulidad y la admiración. Beca frunce el ceño, sin comprender a qué se refiere, y Chloe agita una mano en el aire hacia atrás –. ¿Cómo pasas de ser la persona más antisocial del mundo a… eso?
Beca se muerde la lengua y se sacude con risas silenciosas. Se encoge de hombros con despreocupación.
- No queda otra – dice simplemente –. No quiero decir que al final te acostumbras, pero… – repite el encogimiento de hombros –. Sí que pasa. En parte.
- ¿No te agobia?
- A veces sí – admite en un resoplido –. Muchas veces si soy sincera – agacha la mirada, sus dientes descubiertos en una mueca pensativa –. Supongo que son gajes del oficio… Y, de todos modos, no todos son así.
El Jeep da una vuelta de más a la manzana por si acaso, y por fin frena delante de la entrada iluminada del hotel en que Beca está hospedada. Ambas amigas bajan del coche y Chloe echa la cabeza hacia atrás para apreciar la arquitectura del viejo edificio.
Entran en la enorme puerta giratoria de cristal, en la que cabrían por lo menos veinte personas con sus respectivas maletas. Chloe se muerde el labio inferior para no reírse cuando le viene a la cabeza el recuerdo de aquella vez que las Bellas se quedaron atascadas en el interior de una de esas puertas giratorias de un hotel de mala muerte de Nueva York.
No sabían que, si son automáticas, tienen un mecanismo de seguridad que las bloquea cuando alguien las empuja para que no puedan aumentar la velocidad. Y Amy lo primero que hizo nada más entró la última Bella fue empujar. Tuvieron que quedarse ahí dentro hasta que el recepcionista encontró la forma de desbloquearlas.
Parece que Beca se está acordando de lo mismo porque se gira a comprobar que Chloe haya salido tras ella del interior acristalado y sus ojos brillan con restos burbujeantes de risa contenida.
Chloe piensa en la última vez que estuvo en un hotel tan elegante y el recuerdo que le viene a la memoria es un tanto agridulce. Fue en Francia, con las Bellas, durante el tour con las Fuerzas Armadas. Donde vivió un secuestro, una explosión en alta mar y el subsecuente rescate.
Y, sin embargo, la imagen que le viene a la cabeza es de Beca parada justo en la entrada de su habitación con expresión de haber dicho la cosa equivocada, pero no saber por qué.
Recuerda su pregunta: ¿Tan malo sería salir conmigo?
El fantasma de sus emociones en aquel momento roza su pecho: esa sensación de finalidad, de tener la respuesta que había estado buscando, aunque no fuera la que ella anhelaba. El no saber si quería que Beca luchara por ella o por fin la dejara marchar.
Recuerda la respuesta de Beca: Eres mi mejor amiga, ¿sabes?
En ese momento, Chloe lo vio como el rechazo definitivo. Ahora, sin embargo, Chloe lo entiende.
Ahora, Chloe entiende a Beca.
Mientras cenan, mantienen una conversación ligera que es cómoda para ambas, y fácil.
Ambas parecen haber sido capaces de superar la incomodidad inicial y los nervios trabalenguas, y Chloe se siente agradecida. Esta cena habría sido mil veces más desagradable si ambas no hubieran logrado relajarse en la presencia de la otra.
Sentadas sobre la gruesa alfombra de la habitación de hotel de Beca, a Chloe le recuerda mucho a aquella noche en que, tiradas en el suelo de su pequeño estudio, cenaron comida china y bebieron vino barato en viejos tarros de pintar.
Sus ojos revolotean por la habitación, que no es una suite, pero tampoco precisamente pequeña. Beca ha dejado atrás la época en la que el dinero de sus patrocinadores no les permitía darse lujos y, a veces, dormían las diez Bellas apretujadas en una única habitación.
Es extraña esta sensación de familiaridad que Beca le hace sentir. Porque, al mismo tiempo, cada vez que alza la mirada de su plato, no reconoce nada de lo que la rodea.
A veces, no reconoce ni a Beca.
Sin embargo, el peso de la promesa de esa conversación que ambas quieren, y deben, tener, flota por el aire. Llena sus silencios de una electricidad que Chloe puede escuchar restallar cada vez con más fuerza a medida que la cantidad de comida en sus platos disminuye.
Sabe que Beca debe de estar sintiendo algo parecido por la frecuencia con la que sus miradas se encuentran y desvían.
Chloe coge su vaso de Coca-Coca. El cristal está lleno de gotas de condensación que mojan sus dedos y ruedan hasta aterrizar en su regazo, las nota mojar en varios puntos sus vaqueros. Pone una mano por debajo mientras da un trago a la bebida.
Siente las burbujas de la Coca-Cola subir por su nariz y la arruga ante la desagradable sensación. Una vez vuelve a dejar el vaso sobre la mesa baja que están usando para cenar, ve que Beca ha dejado sus cubiertos en su plato vacío y lo ha empujado al centro de la mesa.
Eso solo puede significar una cosa: está preparada para hablar.
Chloe no sabe cómo empezar esta conversación, y el pesado silencio que se hace entre ellas denota que Beca también está un poco perdida. Sus miradas coinciden antes de que cada una la desvíe hacia un lado, sin querer tener que ser la primera.
- Vi tu documental – las palabras suben por su garganta como las burbujas de la Coca-Cola un minuto antes, y Chloe se encuentra a sí misma escupiéndolas sin control.
Se sorprende a sí misma, y sorprende a Beca. La morena se gira de forma que su costado reposa contra la base del sillón que tienen a modo de respaldo, y se recoge ondas castañas tras las orejas en un gesto nervioso.
Coge aire, pero se desinfla milésimas de segundo después. Al final, humedece sus labios con la punta de la lengua y desvía la mirada al suelo.
- ¿Ah sí? – pregunta casi con timidez.
Chloe asiente y deja que sus ojos vuelen por encima del respaldo del sillón. Ve la parte superior del cuadro que está colgado sobre la cama de la habitación, una representación colorida de un almendro en flor.
Traza con sus ojos las irregulares líneas marrones que son las ramas del árbol y deja que su mente vague libre para averiguar cómo continuar. Por el rabillo del ojo capta la forma en que Beca atrapa su labio inferior entre los dientes y ve la fuerza que está aplicando por la mancha blanca que se crea alrededor del incisivo.
Ve un flash de angustia ensombrecer el rostro de la morena y, a pesar de todo lo ocurrido y el tiempo pasado, Chloe es aparentemente incapaz de soportar la noción de que Beca está sufriendo. Sea su culpa o no.
El instinto de aliviar su dolor se expande por su pecho como el resultado de la explosión de una bomba nuclear y Chloe no puede hacer otra cosa que obedecer.
- Sabes que no te guardo rencor alguno, ¿verdad? – dice de forma repentina.
Resiste el hábito de atrapar las manos de Beca entre las suyas, sin estar segura de cómo recibiría el contacto físico. En los grandes ojos medianoche que se alzan bruscamente hacia su cara, ve la vulnerabilidad y la incredulidad de Beca.
- No te culparía si lo hicieras – admite la morena en un susurro ronco –. Yo lo hago.
Chloe sacude la cabeza y resiste el pinchazo de dolor que surge desde su corazón.
- No, yo... – agacha la cabeza y suspira, pensando –. Tomé la decisión que tomé, no por despecho, sino porque era lo mejor para las dos. Creo que… – deja escapar un suspiro algo sarcástico –. Era más fácil creer que seguía enfadada que admitirme a mí misma que, en realidad… Te perdoné al instante.
Estira de nuevo la cabeza, justo a tiempo para escuchar la brusca inhalación de Beca.
- Tus canciones me ayudaron a comprender qué estabas sintiendo durante todos esos años y… – ladea la cabeza y guiña los ojos en una mueca –. Me ha costado, pero ahora lo entiendo.
- No debería… – Beca deja que su voz se apague, como ahogada por la cantidad de remordimientos que hunden sus hombros y hace que en sus ojos haya una petición silenciosa de auxilio.
Chloe es incapaz de seguir luchando contra su instinto.
Se alza sobre sus manos en la gruesa alfombra y acorta el medio metro que la separa de Beca. Sin dejarse pensar, coge las manos de la morena entre las suyas y entrelaza sus dedos, dándole un suave apretón lleno de comprensión.
- Tomaste la decisión que tomaste porque creías que era lo mejor para las dos – dice para aliviar su conciencia –. Puede yo no estuviera de acuerdo – admite con un encogimiento de hombros –. Puede que fuera errónea, o puede que fuera lo que necesitábamos.
- ¿Cómo es tanto dolor lo que necesitábamos? – murmura Beca, sacudiendo la cabeza en un gesto lleno de incomprensión.
- Llevábamos haciéndonos daño mucho antes que eso.
La mirada de Chloe es firme y se mantiene hasta que Beca se traga la reticencia y admite que tiene razón con un asentimiento. Aun así, Chloe puede notar que su mejor amiga no termina de estar muy convencida.
No está segura de que alguna vez Beca llegue a perdonarse a sí misma, y eso le causa dolor inmenso. Porque hasta Chloe comprende que a veces se cometen errores. Y a veces se hace daño a las personas que más quieres en el mundo precisamente cuando estás tratando de protegerles.
A veces, las buenas intenciones no son suficientes.
- ¿Puedo preguntarte algo?
Beca parece sorprendida, pero mueve la cabeza arriba y abajo en una señal de permiso. Chloe se muerde el labio inferior y desvía la mirada hacia el cuadro del almendro.
- ¿Por qué…? – se humedece los labios y coge aire –. ¿Por qué tardaste tanto en decirme cómo te sentías? ¿Por qué esperaste a que nuestras vidas tomaran caminos opuestos?
Beca baja los ojos hasta la alfombra y retira sus manos de Chloe. Cruza las piernas en posición de indio de forma que está orientada directamente hacia la pelirroja y deja que sus manos reposen en su regazo, jugueteando con sus dedos de forma nerviosa.
- Um… – musita. Frunce el ceño y mordisquea el interior de su mejilla –. Hasta que no vi tu cara al escuchar Consequences, no estuve al cien por cien segura de que mis sospechas fueran ciertas – confiesa finalmente en voz baja.
Alza una mano para pellizcarse el labio inferior mientras piensa. Chloe espera con la respiración contenida, mordiéndose la lengua para no disparar la multitud de preguntas que plagan su cabeza de forma inmediatamente posterior a esa admisión.
- Tú… Sabes cómo soy – continúa Beca, señalándose con una mano en un gesto vago –. Tiendo a ponerme siempre en el peor escenario posible para no llevarme desilusiones, y tú… – suspira y algo parecido a una sonrisa curva sus labios –. Tú eres precisamente lo opuesto. Eres luz. Y… –– gira esa mano en el aire –. Bueno, siguiendo mi naturaleza, no podía creerme que alguien como tú – señala a Chloe –, hubiera visto algo en mí que mereciera la pena.
Chloe frunce el ceño. No es la primera vez que escucha algo así caer de la boca de Beca, pero ahora que lo está viendo en directo y no a través de la pantalla de su ordenador… Se siente profundamente confundida.
Para Chloe, Beca es diferente, única, mágica y complicada.
Para Chloe, Beca es increíble. Digna de las más profunda y sincera admiración, el mismo tipo que tiene un niño por su ídolo.
Para Chloe, Beca es luz.
Y es tan obvio que no entiende cómo Beca no puede ver eso cada vez que se mira al espejo. Porque Chloe sabe que ella no es la única en darse cuenta, en apreciar esas cualidades en Beca. Hasta Aubrey terminó por sufrir el "efecto Beca".
Es un rayo que viene de la nada y te deja marcado para siempre.
Chloe se enganchó a Beca desde el primer instante y aún ahora, casi ocho años más tarde, sigue sin ser capaz de renunciar a ella.
- Además, tú me confundías mucho – continúa Beca tras una breve pausa –. Eres tan… Directa. Tan cercana con todo el mundo, incluso si los acabas de conocer.
Los labios de Beca se fruncen y suavizan, como si hubiera tenido que reprimir una sonrisa por algo. Chloe se hace una idea bastante aproximada de lo que ha cruzado por su cabeza y ella también tuerce sus labios hacia un lado para no reírse.
- Te encanta flirtear, te diviertes haciéndolo y yo… – Beca se rasca la nariz brevemente –. Siempre tuve la sensación de que conmigo era diferente, pero no sabía si era porque realmente era diferente o… – se encoge de hombros y se señala al pecho con una mano –. O si yo quería que fuera diferente. Y claro – su cabeza rueda sobre sus hombros hasta que la deja caer hacia delante –, era muy confuso porque yo tenía a Jesse y no debería estar queriendo que las cosas entre nosotras fueran algo más.
Chloe frota sus labios entre sí, como si se acabase de echar cacao y estuviera intentando esparcirlo equitativamente. Los suelta con un chasquido y agacha la cabeza.
- Por si sirve de algo – musita de forma casi avergonzada –, tú siempre fuiste diferente.
Beca traga saliva, y aunque no exterioriza su reacción de ninguna otra forma, Chloe puede ver la calidez expandirse por sus ojos como un incendio en un bosque durante un día ventoso.
- De todos modos – rebate con un suspiro y un encogimiento de hombros –, ni siquiera estaba segura de que estuvieses interesada en las mujeres de esa forma, ¿sabes? Por lo menos, no hasta…
Beca no termina, pero Chloe sabe perfectamente qué es lo que sigue: no hasta Kat. No hasta que se enfadaron y estuvieron casi todo su último curso en Barden sin dirigirse la palabra, casi sin mirarse.
- Y… De ninguna forma intento culparte o algo así – se apresura a aclarar la morena antes de continuar –. Yo tenía novio y tú eras libre de hacer lo que quisieras, pero…
La pausa se alarga tanto que Chloe empieza a dudar que Beca vaya a terminar su argumento. Se queda mirando fijamente la batalla interna que la morena parece estar teniendo en su interior, y decide darle un pequeño empujón.
- ¿Pero…? – pregunta.
Beca alza la mirada y la vuelve a bajar casi de manera inmediata. Mordisquea el interior de su labio inferior con tanta inseguridad que Chloe está a punto de asegurarle que no tiene por qué decir nada.
Pero Beca se le adelanta:
- Pero que te acostases con otras personas solo me hacía cuestionarme más las cosas – murmura finalmente.
Chloe se echa hacia atrás como si alguien acabase de pellizcarle. No hay ningún tipo de reproche en las palabras de Beca, no es una acusación. Es honesto y tan directo que parece un dardo apuntado directamente al corazón de Chloe que se ha disparado por error.
Beca sabe de inmediato el efecto que lo que ha dicho ha tenido en Chloe, pero no parece tener idea sobre cómo enmendarlo.
- Solo estaba… – intenta decir Chloe. Su voz se rompe y apaga, atragantada.
No sabe por qué se está defendiendo, estaba en su derecho de acostarse con quien le diera la gana y no tiene que dar explicaciones por ello a nadie. Mucho menos a alguien que, durante todo ese tiempo, tenía pareja.
- Estaba intentando seguir con mi vida – es casi doloroso habar. Como si las palabras fueran demasiado grandes para su garganta y ella las estuviera forzando a pasar a pesar de todo –. A veces… A veces tenía la sensación de que solo estabas jugando con mi corazón.
- Yo no sabía… – se disculpa Beca inmediatamente, llena de urgencia.
- Lo sé – asiente Chloe –. Y eso a veces lo hacía más fácil, pero otras veces…
No necesita ponerlo en palabras, Beca lo entiende. Asiente, pesarosa, y deja la cabeza hundida entre sus hombros en una postura llena de culpa y dolor.
Chloe quiere aliviar parte de esa carga, porque no es únicamente responsabilidad de Beca. Les ha llevado tiempo, pero ya son capaces de hacer frente a todo lo ocurrido y tomar responsabilidad de ello. Han visto las consecuencias, al fantasma de sus errores. Les han mirado fijamente a los ojos, y les han perdido perdón.
La conclusión es que las dos se han hecho daño mutuamente a lo largo de los años. Sus decisiones, ya fueran correctas o erróneas, ya fueran hechas de forma consciente o inconsciente, terminaban por repercutir en la otra.
Porque nunca ha sido únicamente sobre una de ellas. Desde el momento en que se conocieron, sus vidas quedaron tan entrelazadas que era imposible distinguir una de la otra. E incluso cuando parecía que iban a estar separadas para siempre, regresaban la una a la otra.
Desde el principio, esta historia ha tratado de Beca y Chloe. Chloe y Beca.
Chloe es muy consciente de ello cuando evapora el resto de distancia que queda entre ellas. Sus rodillas chocan con las piernas cruzadas de Beca, y su mano empuja delicadamente la barbilla de la morena hacia arriba.
Se agacha un poco en busca de sus ojos. Su intención es decirle algo tranquilizador, compartir todos esos pensamientos sobre cómo Beca debería dejar de culparse solo a sí misma. Pero en el momento en que sus miradas se encuentran, todo desaparece de su cabeza.
Como una pizarra que acabasen de borrar hasta dejar limpia, así es su mente. El aire escapa de sus pulmones, porque Beca la está mirando con tanta intensidad. Siente como si acabase de tragarse un vaso entero de magma líquido.
El calor se acumula en la zona donde está su corazón y parte de él sigue bajando hasta su abdomen. Su mano tiembla donde sujeta la barbilla de Beca y la morena alza una de las suyas para entrelazar sus dedos.
- Chlo… – murmura en una exhalación casi inaudible.
De hecho, Chloe escucha el torrente de aire, pero solo sabe que ha salido en la forma de su nombre porque está mirando fijamente los labios de Beca. Los ve moverse alrededor de su nombre con reverencia, como un devoto pronuncia el nombre de su Dios.
Y Chloe se ahoga en esa sensación. No sabe quién se inclina primero. No sabe quién llega primero ni quién cierra los ojos antes. Contiene la respiración a la espera del estallido eléctrico que recorrerá su cuerpo cuando sus labios se unan por fin.
Solo que… Ese estallido nunca llega. Sus labios se rozan y mueven en un beso tierno, pero no hay estallido eléctrico. Su cerebro se lanza a trabajar a un ritmo frenético, en la búsqueda de una explicación a por qué no está siendo consumida por un huracán de sensaciones.
Se odia a sí misma porque este es su primer beso con Beca y no es capaz de dejar de pensar.
Piensa en que no es para nada como se lo había imaginado, no está escuchando campanas celestiales ni viendo fuegos artificiales estallar tras sus párpados cerrados. Piensa en que, en realidad, no conoce a esta Beca.
La Beca famosa, cómoda frente a cámaras y sin verborreas nerviosas justo antes de actuar frente a un público grande.
La Beca que no se agobia cuando se ve rodeada por fans ansiosos y no se escurre como una anguila porque están invadiendo su burbuja de espacio vital.
La Beca que está tan en conexión con sus sentimientos y está haciendo un esfuerzo consciente por entenderse a sí misma y ser más abierta sobre esos temas.
Esta Beca es una extraña.
Y Chloe se odia a sí misma porque este es su primer beso con Beca y no puede evitar sentir que no está bien.
- Espera, espera – musita, rompiendo la unión de sus labios con un chasquido.
Beca se separa con rapidez, como si las manos que Chloe usa para empujar sus hombros le hubieran dado un calambrazo. Sus ojos se abren de golpe, llenos de cautela y algo más. Algo que hace que Chloe tenga la sensación de que lo que está a punto de decir no va a ser una sorpresa para Beca.
- Esto no está bien – suspira –. Hay algo que no… – sacude la cabeza, sin saber muy bien cómo expresarlo.
Solo sabe que le falta algo.
Le faltan las campanas celestiales y los fuegos artificiales. Le falta pensar que los labios de Beca son como volver a casa. Le falta ese pensamiento de por fin. Le falta sentir que esto es todo lo que necesita para ser feliz.
Hay algo que no encaja, y es raro porque Chloe y Beca siempre han encajado como dos piezas consecutivas de puzzle. Hechas para estar juntas.
Pero estos casi dos años las han cambiado. Beca ha cambiado; de eso, Chloe es agudamente consciente. Y ella misma también ha cambiado, ahora es más mayor, no solo en términos físicos sino también psicológicos.
- Lo siento – se disculpa.
- No… – niega Beca. Exhala un largo suspiro y sus hombros se hunden cuando el aire abandona su boca –. Yo también tengo esa sensación. Dios, ¿qué más tiene que pasar? – resopla, sarcástica, alzando la mirada al techo como si estuviera hablando con alguien.
Pero Chloe puede ver la fina capa acuosa que se acumula sobre su párpado inferior.
- Creo que… – se humedece los labios con la lengua y siente la cabeza darle vueltas al pensar que, si hubiera hecho eso minutos antes, habría tocado los labios de Beca –. Creo que simplemente necesitamos tiempo – murmura al final.
Beca baja la mirada poco a poco hasta que azul medianoche se cruza con azul bebé, y Chloe tuerce el rostro en una mueca llena de tristeza.
- Ya no somos las mismas personas que solíamos ser y ahora es…
- Como si no nos conociéramos – termina Beca por ella en apenas un hilo de voz.
Chloe asiente para darle la razón y agacha la mirada a los dedos que juguetean nerviosamente en su regazo.
- Tiempo – musita Beca –. Parece que ese es nuestro punto débil.
Y, sinceramente, Chloe está de acuerdo. En su historia, todo ha sido siempre cuestión de tiempo. Primero, que si no era el momento adecuado. Luego, que si esperaban demasiado solo para descubrir que volvía a no ser el momento adecuado.
Es como si estuvieran atrapadas en un bucle y no lograran encontrar la salida adecuada.
Tiempo.
Es su punto débil, pero también la clave de todo.
El suave ronroneo del motor del Jeep es casi hipnótico y sume a Chloe en un estado en el que no llega a estar dormida, pero tampoco totalmente despierta.
Sus párpados le pesan de esa forma que es casi imposible resistirse y mantenerlos abiertos, y pronto se rinde al cansancio. Además, el hombro de Beca es muy cómodo. Nota cada tranquila respiración de la morena, completamente presionada a su costado, y sume a Chloe en un estado de relajación absoluta.
Beca y ella se pasaron gran parte de la noche simplemente hablando. Emplearon el tiempo en ponerse al día con sus vidas y empezar la misión de volver a conocerse. Al final, serían alrededor de las tres cuando ambas cayeron rendidas, solo para ser despertadas por Theo a las siete de la mañana.
Chloe recuerda la serie de gruñidos con los que Beca se comunicó con su productor y una sonrisa adormilada se dibuja en sus labios.
- Tienes una entrevista a las cuatro, si quieres acompañar a Chloe hasta Ithaca tenéis que salir ya – advirtió el británico, golpeando con el índice la esfera de cristal de su caro reloj.
Beca se despegó de la almohada con un gruñido, su pelo alborotado y con formas extrañas por haberse ido a dormir sin lavarse los kilos de laca que le echaron para mantener el peinado durante el concierto. Se pasó una mano por la cara y Chloe pensó por un momento que se había vuelto a quedar dormida, sentada, con la cabeza apoyada en su mano.
Pero al final Beca resopló y con ojos llenos de cansancio, miró a Chloe.
- Supongo que es hora de ponerse en marcha – murmuró, su voz ronca y espesa de sueño.
- No hace falta que me acompañes – respondió Chloe.
Estiró sus brazos sobre su cabeza hasta escuchar el satisfactorio chasquido de su espalda. Giró sobre sí misma en la alfombra, buscando la ropa que había cambiado por una camiseta que le prestó Beca.
La tela apenas le llegaba por debajo del culo y, cuando alzó la mirada para continuar con su argumento, pilló a Beca mirándola con una sonrisa contenta en los labios y una expresión suave en su azul medianoche.
Era la mirada de alguien disfrutando de que su pareja lleve puesta su ropa. Y, por un instante, Chloe se olvidó completamente de lo que iba a decir.
- Es más – carraspeó al final –, deberías dormir un poco más para no parecer un zombie en tu entrevista.
- Puedo dormir en el coche – Beca agitó una mano en el aire en un gesto despreocupado y se quitó las mantas de encima para levantarse de la cama.
Y la morena cumple su promesa. Aguanta hora y media antes de que el cansancio del concierto más las pocas horas de sueño terminen por ganar la batalla. Se queda dormida con la cabeza apoyada en la ventanilla, su cuerpo torcido de tal forma que su espalda está encajada en la esquina entre el respaldo de su asiento y la puerta.
Chloe también debe de quedarse dormida en algún punto, porque cuando vuelve en sí es porque el conductor sacude con delicadeza su rodilla. Parpadea, desorientada durante un largo minuto hasta que se ubica.
A través de las ventanillas tintadas del Jeep ve pasar a toda velocidad la autopista de entrada a Ithaca y tropieza con los ojos del conductor en el espejo retrovisor.
- Ya estamos llegando – le dice con una sonrisa de disculpa.
Chloe asiente para darle las gracias y se gira hacia Beca. Acaricia la mejilla de la morena que no está presionada contra la puerta del coche y aparta los mechones castaños que se le han escapado del moño semi deshecho.
Beca se despierta con un pequeño sobresalto y deja escapar un sonido inconexo lleno de incomprensión. Mira a su alrededor y se queda parada al llegar a Chloe, y por un instante se muestra sorprendida.
Se lleva una mano a la boca y frota, como si tuviera miedo de encontrar un hilo de baba. Pero, para su alivio, la zona está limpia y seca. Se incorpora hasta quedar sentada recta y se pasa las manos por su pelo sucio hasta tropezar con la goma que está a punto de caer por su espalda.
Se rehace el moño y se frota los ojos cuando termina. Chloe simplemente sonríe, incapaz de hacer nada más. Vuelve a apoyar la espalda en el asiento central del coche y observa a través del parabrisas la ciudad que ahora llama casa.
- A la derecha aquí – indica al conductor cuando llegan a un cruce.
Sobre el tic-tac del intermitente, Chloe aprecia por primera vez que la voz que se filtra a través de los altavoces del Jeep es de Beca. Canta sobre una guitarra eléctrica y un piano, y la melodía es simple pero pegadiza.
It's time for me to finally meet somebody new
Take her to all the places that I took us to
Mueve la cabeza al ritmo de la música, sus manos siguen el tempo sobre sus muslos y solo paran cuando se inclina hacia delante para señalar el siguiente desvío que tiene que tomar el conductor.
And she might help me forget
But loving her is something I could never do
Because I had, because I had you
Deja escapar un "mmhh" apreciativo y gira la cabeza hacia Beca. La morena no parece haber caído todavía en lo que están escuchando, sigue parpadeando para deshacerse del sueño que vuelve pesados sus párpados.
- ¿Qué canción es esta? – inquiere Chloe, porque sabe perfectamente que no estaba incluida en Afterthought y no puede evitar preguntarse si es algo que Beca sacará próximamente o si es una de esas viejas canciones que tuvo que descartar.
You're with somebody I can't be
But I can tell that you're happy
La morena despega la mirada del paisaje y, como si estuviera encendiendo sus oídos para escuchar, ladea la cabeza hacia el altavoz. Sus mejillas se cubren de un rubor vergonzoso al mismo tiempo que sus ojos se abren de golpe.
- Erm, nada – escupe en un carraspeo apresurado.
Sus prisas por coger su móvil la vuelven torpe y el iPhone casi cae a la alfombrilla del suelo, pero lo agarra en el último momento y casi de forma milagrosa. Presiona el botón central para devolver la pantalla a la vida y le da al botón de siguiente canción.
Gracias al Bluetooth, la voz de Beca deja de salir por los altavoces del Jeep y es sustituida por la sugerente melodía inicial de Daddy Issues. Y, aunque Chloe prefería escuchar a Beca, no tiene ninguna objeción con Demi Lovato.
- Oh – exclama al reconocer el inicio de la calle en la que están –. Es el edificio rojo de la izquierda – señala para el conductor.
El Jeep reduce velocidad hasta detenerse suavemente en segunda fila frente al edificio correcto, y Beca se suelta el cinturón. Se pone las gafas de sol, baja del interior del coche de un salto y aterriza en el caliente asfalto, echándose a un lado para que Chloe pueda salir sin tener que esquivarla.
Se suben a la acera y Chloe gira sobre sus talones para mirar a Beca. Tiene las manos metidas en los bolsillos traseros de sus shorts vaqueros y sus ojos están ocultos tras las gafas, pero Chloe no necesita verlos para saber que están llenos de tristeza e inseguridad.
Ninguna de las dos sabe cómo despedirse. Ninguna de las dos quiere tener que despedirse.
- ¿Cuándo podré volver a verte? – pregunta Chloe con voz frágil.
Los labios de Beca se tuercen y su rostro se encoge en una mueca.
- Empiezo el tour en un mes...
- ¿Tan pronto? – exclama, sin pensar siquiera en ocultar su sorpresa.
Normalmente el tour se suele hacer meses después de haber sacado el disco, no de forma tan precipitada.
- Khaled no quería que esperase – explica Beca, y algo en su tono da la sensación de que no está muy de acuerdo con la decisión, pero no le queda otra que obedecer –. Quiere que empiece cuanto antes para así estar libre en febrero para los Grammy's.
Los ojos de Chloe se agrandan cuando Beca deja caer Los Premios, con mayúsculas, con un tono tan casual que cualquiera pensaría que es algo que ha hecho tantas veces que ya no tiene importancia alguna.
Sin embargo, su emoción pronto se disipa en su interior al recordar lo que significa que Beca empiece el tour tan pronto.
- Hablaremos, ¿vale? Todo el rato – se apresura a asegurarle Beca. Da un paso adelante y coge las manos de Chloe entre las suyas, tratando de consolarla –. Excepto cuando esté ensayando o en el escenario. Te lo prometo – le da un suave apretón y busca sus ojos desde detrás del cristal polarizado de sus Ray-Ban –. Y te mandaré entradas para el concierto en Nueva York – añade con una sonrisa.
Chloe asiente, intentando no llorar. Parpadea y traga saliva, en un intento de tragarse también el nudo que se le ha formado en la garganta.
Quizá sea estúpido. Probablemente lo sea. Pero eso no quita que siente que apenas acaba de recuperar a Beca y tiene que volver a decirle adiós.
Libera sus manos del agarre de su mejor amiga y nota su decepción, pero solo dura un segundo. En seguida se disipa cuando Chloe las usa para agarrar a Beca de los hombros y apretarla contra su cuerpo en un fuerte y largo abrazo.
Cierra los ojos y hunde el rostro en el hueco del cuello de la morena, sin querer dejarla marchar. Por la forma en que nota los dedos de Beca hundirse en la piel de su espalda, y luego formar puños en la parte trasera de su camiseta, sabe que ella está sintiendo lo mismo.
Escuchan el sonido de una ventanilla bajarse y el conductor del Jeep interrumpe su momento para avisar a Beca de que tienen que emprender el camino de vuelta ya si no quieren llegar tarde a su entrevista.
Beca rompe el abrazo y asiente, pero se muestra reticente a moverse del sitio. Mira a Chloe y al coche alternativamente, indecisa. Parece que no quiera dejara a Chloe sin saber que está bien. Que va a estar bien.
- Nos vemos pronto, entonces – suspira Chloe, intentando esbozar una sonrisa esperanzadora.
Sabe que no le sale muy convincente, pero Beca la acepta con gratitud. Parte de la tensión abandona sus hombros. Un flash de duda cruza por su rostro, sustituido de inmediato por seguridad.
Da un paso adelante y deposita un beso en la mejilla de Chloe. Un beso que se alarga más de lo que debería. Sus dedos se entrelazan de nuevo y les da un suave apretón.
Cuando se separa, mantiene sus dedos entrelazados hasta que se aleja tanto que no les queda más remedio que soltarse. Sube al coche y, a pesar de los cristales tintados, Chloe sabe que Beca está observándola al otro lado.
Alza una mano para despedirse y el conductor le devuelve el saludo con rostro solemne. Observa el Jeep avanzar por su calle hasta desaparecer al doblar la esquina y suspira.
La Dra. Peterson lleva todavía el café en la mano cuando llega a la puerta de su clínica y se encuentra a Chloe ya esperando por ella en el pasillo.
Sus cejas se arquean, pero esa es la única muestra de sorpresa que deja ver. Su paso no se interrumpe y mete la llave en la cerradura para poder abrir la puerta de su consulta.
- Llegas pronto – observa con un cierto retintín divertido.
Chloe solo asiente y sigue a su psicóloga a través del apartamento hasta el despacho que usa para atender a sus clientes. La Dra. Peterson deja su bolso y el café en la mesa, y se cambia las gafas de sol por las de ver.
Hace una señal con la mano hacia el sillón de cuero para que Chloe se siente, pero ella agita la cabeza en una negación. Está demasiado nerviosa como para quedarse quieta en el mismo sitio, así que opta por permanecer de pie.
Espera con mal disimulada impaciencia a que la Dra. Peterson termine su ritual de preparación: enciende del Mac que descansa en su escritorio, busca su bolígrafo preferido y su block de notas. Alegando tener mal la espalda, ella sí toma asiento en su lugar habitual.
- ¿A qué se debe la urgencia, pues? – pregunta al final, levantando la tapa de cuero de la libreta para poder empezar a escribir.
Chloe coge aire y se lanza de cabeza a una detallada explicación de todo lo ocurrido con Beca. Para su crédito, la Dra. Peterson es capaz de mantener la misma expresión neutra en su rostro a pesar de que hay unas cuantas bombas que Chloe suelta como si fueran nada.
Mientras habla, da vueltas nerviosas por el despacho, gesticulando ampliamente con las manos en el aire. Al terminar, se gira hacia su terapeuta y hace la pregunta que le ha robado el sueño desde que cruzó su cabeza por primera vez.
- ¿He sido una auténtica gilipollas?
Tiene la opinión de Aubrey sobre el tema, pero quiere – necesita – la opinión profesional de la Dra. Peterson. Sin embargo, ante el silencio de la psicóloga, Chloe lo interpreta como una afirmación y se lleva las manos a la cabeza.
- Oh dios mío – musita el lamento con agonía –. He cometido el mayor error de mi vida, ¿verdad? – pregunta, aunque sin esperar realmente una respuesta porque ella sola comienza a cavar el agujero en el que pretende meterse y esperar a morir –. Beca estaba ahí, abierta y dispuesta y yo… – sacude la cabeza, disgustada consigo misma –. Lo he fastidiado todo y la he vuelto a perder. ¡Seré estúpida! – se golpea la frente con una mano.
En ese momento, la Dra. Peterson considera oportuno intervenir y frenar la espiral de pánico en la que Chloe se ha metido.
- En ese momento, ¿considerabas que lo mejor era no precipitarse al empezar una relación con Beca? – pregunta de forma tan calmada que contrasta drásticamente con Chloe.
- En ese momento sí – responde Chloe, casi histérica –. ¡Pero ahora ya no!
- ¿Y Beca? – continúa la psicóloga –. ¿Ella estuvo de acuerdo?
Eso hace que Chloe se pause en medio de su paseo nervioso. Deja caer las manos que tenía en la cara y se gira, cautelosa, para mirar a la Dra. Peterson.
- Um, sí – dice lentamente.
Su terapeuta extiende ambas palmas en el aire, mirando hacia el techo, como si tuviera una bandeja invisible sobre ellas que le está presentando a Chloe. Y esa bandeja metafórica no es más que la conclusión a la que quiere que Chloe llegue por sí misma: hizo bien en confiar en su instinto.
- Pero… – intenta rebatir Chloe.
- Piensa en esto – la petición de la Dra. Peterson interrumpe su protesta, y con un dedo alzado, pide silencio y atención –. Que Beca se vaya de tour no es más diferente que si se hubiera vuelto a Los Ángeles, ¿no? – despega las yemas de sus dedos de donde las había unido y le lanza a Chloe una mirada por encima del borde de sus gafas –. Al fin y al cabo, tendríais que haber lidiado con la distancia.
Chloe se lo piensa y termina asintiendo con algo de reticencia.
- ¿Entonces por qué te da tanto miedo? ¿Qué tiene de distinto el tour?
- No sé – admite encogiéndose de hombros. Recorre los pasos que le quedan hasta el sillón de cuero y se deja caer en él con actitud derrotada –. No había pensado en que tendría que volver a Los Ángeles de todos modos. En mi cabeza, Beca se quedaba de forma permanente en Nueva York.
- ¿Se ha ofrecido a hacer eso?
- No… Pero sería lo ideal – suspira.
- Tendría que renunciar a su vida en Los Ángeles – le recuerda la Dra. Peterson.
Chloe frunce el ceño y alza la mirada de golpe. Entonces, se da cuenta de cómo ha sonado su comentario y se apresura a negar con la cabeza.
- No digo que tenga que hacerlo, o que yo se lo vaya a pedir – aclara, agitando una mano en el aire –. También sería ideal que yo pudiera irme a Los Ángeles.
La Dra. Peterson asiente, complacida con su respuesta. Hace sonar su bolígrafo con un click para sacar la punta y escribe algo en su libreta, posicionada de tal forma que Chloe nunca es capaz de ver su contenido.
Se humedece los labios con nerviosismo y frota las palmas de sus manos juntas donde las tiene encajadas entre sus piernas.
- Así que… – empieza –. ¿De verdad cree que hice bien al decir que no?
Necesita cerciorarse, porque es la única forma de acallar por fin a esa vocecita que susurra desde algún rincón de su cabeza que la ha vuelto a cagar. Que lo ha echado todo a perder solo porque sentía que al beso le faltaba algo.
Quizá no todos los besos sean fuegos artificiales y campanillas celestiales. Quizá algunos besos no te hacen sentir nada y todo lo anterior son fantasías que te creas por culpa de los cuentos de hadas y novelas románticas.
La Dra. Peterson suspira y cierra la libreta. Con el boli en la mano, entrelaza sus dedos sobre la portada de cuero y fija a Chloe con una mirada directa que la inmoviliza en el sitio.
- Desde mi punto de vista, hiciste bien – le asegura una vez más con firmeza –. Beca y tú… Debéis aprender a quereros sin que os haga daño. Debéis daros cuenta de que vuestros sentimientos no son algo malo que tengáis que reprimir. Ya no.
Chloe asiente, y su cuerpo se relaja por el alivio que afloja sus músculos. Coge una profunda respiración y recupera su mantra: todo va a salir bien.
not-beca-mitchell: RESPONDO A LA PREGUNTA DEL SIGLO: ¿QUIÉN ES X?
He leído tantas teorías alocadas sobre la identidad de X, que al final me han llevado a decidir tomar cartas en el asunto. En realidad, la conclusión sobre quién es X es bastante sencilla una vez encuentras el hilo de la historia y lo sigues hasta el final.
(Aunque coincido en que Cate Blanchett es la diosa de las lesbianas, dudo bastante que sea ella a quien Beca se refiriera con CB. Más que nada por cuestiones temporales. Pero ojalá. Sería la fantasía de toda bollera hecha realidad.)
A ver. Esto es todo lo que sabemos sobre X.
La primera vez que Beca mencionó a X fue en su entrevista en Capital FM. Ahí contó que algo había pasado con una persona muy importante para ella que hizo que cambiara drásticamente el enfoque que tenía pensado para Afterthought.
Bien. Voy a ir dando saltos hacia delante y atrás en los acontecimientos, intentaré ser lo más clara posible para que nos os perdáis, pero… Lidiad conmigo.
Veamos. Primero los hechos.
Sabemos que Beca estuvo en Barden desde 2012 hasta 2016. Esos cuatro años estuvo en una relación seria con Jesse Swanson. Cuando se graduaron, ambos se fueron a Nueva York, aunque no vivían juntos. Beca compartía piso con sus mejores amigas: Amy la Gorda y Chloe.
Beca y Jesse rompieron su relación en el verano de 2017. Y, según contó Beca en el documental, durante todo este tiempo su historia con X ya estaba en marcha. Por lo que X tiene que ser alguien que conoció durante sus años en Barden, ¿no?
Vale. Seguimos. Beca está soltera y empieza a estar muy confundida con todo lo que está sintiendo por X. De modo que, mientras Beca estaba en NY, su relación con X seguía siendo muy cercana. Todo apunta a que X tiene que ser una de las Bellas (su grupo de a cappella de la uni).
Alrededor de esta época es cuando Beca empezó a escribir Consequences y la terminó de escribir en el tour con las Fuerzas Armadas por Europa, donde también conoció a DJ Khaled. Esto ocurrió un año después de que hubiera cortado con Jesse.
Beca firmó con DJ Khaled a mediados de agosto. Sabemos que antes de firmar el contrato definitivo, lo cual se hizo en Los Ángeles (gracias Instagram de Khaled), pasó todo con X. Y con todo me refiero a que Beca le enseñó Consequences en un intento de confesar sus sentimientos y de alguna forma las cosas salieron muy mal y rompieron lazos. (¿Para siempre? Esperemos que no.)
Hasta aquí todo bien, ¿no?
Beca va a Los Ángeles a perseguir su carrera musical y X se queda en algún sitio distinto. No sabemos dónde, pero sabemos que es lejos. Lo cual, refuerza la idea de que tiene que ser alguien dentro de las Bellas porque todas se quedaron en el este de EEUU.
Beca empieza a escribir canciones sobre X y su relación. Sabemos que tenían una gran amistad y que fue lo que Beca tanto miedo tenía de perder, el motivo por el que tardó tanto en confesar sus sentimientos. Sabemos que debían de pasar mucho tiempo juntas, porque Beca cuenta darse cuenta de cuántos huecos ocupaba X en su vida.
Sin embargo, la historia se complica. En algún momento durante la producción de la primera maqueta de Afterthough, la cual tuvo lugar entre octubre de 2018 y septiembre de 2019, X empezó a salir con una chica. No sabemos cuándo, PERO.
Poco después Beca se convirtió en una heartbreaker que se tiraba a todo lo que se meneaba. (Y yo digo: ole tu cuerpo moreno. Tú que puedes, hazlo.) Esto ayuda, pues la prensa rosa se cebó con el comportamiento de Beca y los rumores constantes sobre sus nuevos romances. Estimo que fue en algún momento entre abril y julio de 2019 cuando X encontró pareja.
Ese tipo de noticias sobre Beca pararon aproximadamente sobre agosto-septiembre de 2019, que fue cuando tuvo que escribir Palace. Ahí fue cuando hizo las paces con todo y se propuso seguir adelante, y también es ahí cuando volvió al estudio para grabar cosas diferentes para la segunda parte del disco. Se nota el cambio, ¿verdad?
Bueno, pues eso. Cada una iba por su lado. Pero entonces…
Entonces llega abril. Y gracias al Instagram de Aubrey Posen, excapitana de las Bellas, sé que todas las chicas se reunieron en una llamada de Skype para felicitarla. Esa es La Llamada de Skype. Y las Bellas son las amigas que engañaron a Beca para que terminara hablando con X a solas. (¿VEIS CÓMO OS DIJE QUE X TENÍA QUE SER UNA BELLA?).
Ahí fue cuando Beca y X volvieron a discutir, y cuando All These Years nació. (En realidad le deberíamos de estar súper agradecidos a X por haberle roto el corazón a Beca porque así han nacido auténticas obras maestras.)
Entonces. Recapitulemos.
Con todas estas piezas podemos formar un puzzle. Es como el juego ese de mesa de "¿Quién es quién?" en el que describías a una persona y tu contrincante tenía que adivinarlo antes de que tú adivinaras el suyo.
Sabemos que es una chica con ojos azules de una tonalidad que no es la habitual. Sabemos que tiene una personalidad bastante positiva y radiante. Sabemos que es probable que sus iniciales sean CB. Sabemos que tuvo que formar parte de las Bellas. Sabemos que mantuvo una estrecha, muy estrecha, relación con Beca hasta después del tour por Europa.
La respuesta cae por su propio peso: es Chloe. Tiene que ser Chloe.
Y si tenéis dudas, solo tenéis que mirar las redes sociales de ambas. Incluso de las demás Bellas. Las respuestas están todas ahí.
En el Instagram de Chloe, las fotos con Beca son constantes y muy cariñosas. Hasta que se cortan de forma abrupta alrededor de julio-agosto del 2018. En ese período de tiempo, Chloe desaparece durante un par de meses de la vida pública hasta volver a reaparecer sobre mediados de septiembre, viviendo en Ithaca (NY) mientras estudia para ser veterinaria.
En el Instagram de Beca pasa exactamente lo mismo.
En los vídeos que hay en YouTube sobre las viejas actuaciones de las Bellas, Chloe y Beca siempre parecen encontrar la forma de terminar juntas sobre el escenario. Y de sus ojos prácticamente salTaN CHispAS De AMoRRrRr.
En la actuación de Beca en Francia, la primera en salir corriendo a abrazarla es Chloe.
En el concierto exclusivo que Beca hizo en Nueva York hace un mes, hay gente que está convencida de que vieron a Chloe acercarse a hablar con los porteros. Y, ¿a que no sabéis qué? Ni siquiera necesitó hacer cola, la colaron por la puerta lateral.
Además, al terminar el concierto, los fans que se quedaron a pedir autógrafos dijeron que las vieron marcharse juntas. A medianoche. Os digo yo que esas dos no se hicieron las cuatro horas de viaje en coche hasta Ithaca esa noche.
Por si eso no fuera suficiente, en sus viejas fotos juntas hay bromas constantes por parte de las demás Bellas sobre cómo Beca y Chloe están prácticamente casadas. Las llaman "aca-matrimonio", "aca-madres", etc.
E INCLUSO SE INVENTARON SU NOMBRE DE OTP: Bhloe. (¿Es muy horrible que me guste tanto?).
Stacie Conrad subió una foto de todas las Bellas en la que Bhloe no aparecían y puso, Y CITO TEXTUALMENTE: "Beca y Chloe estaban demasiado ocupadas morreándose". ¿HOLAAAAAAA? ¿CATE BLANCHETT QUIEEEEN?
X es Chloe. CB es Chloe Beale.
Y no hay más que hablar.
Fuente: not-beca-mitchell
#Beca Mitchell #Afterthought #Quién es X #También conocida como CB #Teorías #Me merezco un puto Pulitzer después de esto #Bhloe forever #Yo lo shippeo #Me hundiré con este ship #Voy a ir comprando kilos de helado
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En la madrugada del día de su cumpleaños, Chloe se despierta en medio de la noche por las ganas incontenibles de hacer pis.
Con paso inestable y ayuda de las paredes para mantenerse recta y no chocar con nada, camina con los ojos casi cerrados por el sueño hasta el baño al final del pasillo. Deja escapar un suspiro de alivio cuando por fin puede hacer pis y reposa la barbilla en su mano.
Está tan cansada que sería capaz de quedarse dormida ahí mismo.
Tira de la cadena una vez termina y baja la tapa. No ha encendido la luz para no quedarse ciega, así que sale sin más y se dirige recta hacia su habitación, ya soñando con tirarse en su cama y abrazar la almohada.
Sin embargo, una serie de golpeteos en la puerta de su apartamento hace que se pare en seco en medio del pasillo. Se queda totalmente quieta y espera otra vez, para comprobar que no sean imaginaciones suyas.
Efectivamente, al cabo de un rato se vuelve a escuchar el golpeteo de nudillos. Hay alguien llamando a la puerta. Creyendo que Troy ha vuelto a olvidarse o a perder las llaves, suspira y pasa de largo su habitación para ir a abrirle.
Abre de par en par y, al ver lo que hay al otro lado, tiene que parpadear diez veces para asegurarse de que lo está viendo es real y no está soñando. Casi tiene que resistir el impulso de pellizcarse en el brazo.
Porque, en el pasillo, solo iluminada por la suave luz cálida que proporciona una única vela pinchada en un pequeño cupcake, está Beca.
Sonríe con timidez al ver a Chloe y ladea la cabeza, esperando.
- ¿Beca? – escupe roncamente, estupefacta –. ¿Qué estás haciendo aquí?
- Feliz cumpleaños – susurra la morena con toda la suavidad que a Chloe le falta –. Aunque técnicamente llego unas horas tarde – se disculpa esbozando una mueca.
Chloe deja que su mirada caiga por su propio peso hasta el cupcake que Beca extiende hacia ella y esboza una sonrisa adormilada. Sopla con suavidad, porque la vela no parece muy estable, y la sonrisa de Beca se ensancha.
- ¿Qué haces aquí? – es lo primero que pregunta Chloe una vez han terminado con las formalidades
- No me iba a perder tu cumpleaños – responde Beca con un simple encogimiento de hombros.
- Pero pasado mañana... Mañana ya – se corrige Chloe, consciente de las horas que son –, tienes un concierto en Vancouver.
- Lo sé.
La despreocupación de Beca conmueve a Chloe hasta puntos insospechables. Su corazón se sacude en su pecho, tan lleno de ternura que amenaza con desbordar su caja torácica con cada pesado latido.
Coge el cupcake que aún se interpone entre ellas y engancha un brazo rápidamente alrededor del cuello de Beca. La morena responde con ganas, rodeando la cintura de Chloe con tanta fuerza que la obliga a tropezar un paso adelante hasta que sus cuerpos están completamente pegados.
En el confort del abrazo de su mejor amiga, Chloe vuelve a notar el sueño caer sobre ellas como una cálida manta, envolviéndolas. Entrelaza sus dedos con los de Beca y la guía tras ella por el pasillo.
Entran en su habitación, y Chloe solo se detiene ante su mesa para dejar con delicadeza el cupcake. Ahora no tiene hambre, pero seguro que por la mañana lo agradece. Da un suave tirón cuando nota que Beca opone algo de resistencia, parada en el umbral con inseguridad.
Entra un par de pasos, pero vuelve a quedarse parada cuando Chloe se sienta en el borde de su cama. Casi parece intimidada, y si Chloe no estuviera tan cansada lo habría encontrado adorablemente gracioso.
- Vamos a dormir, Becs – susurra Chloe suavemente.
Beca duda, aunque al final se deja guiar hasta el borde de la cama. Se para a quitarse las Nike Air con los pies y dejar el móvil en la mesilla de noche, justo al lado del de Chloe.
La pelirroja puede ver las manos de su mejor amiga temblar ligeramente cuando las apoya, con las palmas extendidas, sobre la sábana revuelta antes de trepar por el colchón y poder ocupar el sitio que le ha dejado en el lado izquierdo.
Beca se tumba, casi rígida. Chloe, en cuanto nota que ya ha encontrado una postura satisfactoria, rueda sobre su costado hasta poder entrelazar sus manos. Dedos fríos entre dedos calientes, les da un apretón que causa que Beca gire la cabeza en la almohada para tratar de encontrarla en la oscuridad.
- Gracias – dice Chloe en apenas un hilo de voz.
Beca no contesta con palabras. Le devuelve el apretón y relaja su cuerpo, dejando escapar un suspiro agotado.
Y eso es más suficiente para Chloe.
A la mañana siguiente, el despertador de Beca les arranca cruelmente de sus respectivos sueños a una hora que se siente demasiado temprana considerando sus aventuras nocturnas.
Son las nueve de la mañana, descubre Chloe cuando rueda sobre el cuerpo retorcido de su mejor amiga para coger el iPhone y apagar el infernal tono de alarma. Resopla mientras se deja caer sobre la espalda de Beca, cuyo rostro sigue enterrado en la almohada y solo deja escapar un gruñido.
- Voy a hacer café – murmura Chloe contra la tela de la camiseta, depositando un beso en la misma zona.
Se quita la sábana a patadas y camina haciendo eses hasta la cocina. Le sorprende encontrar a Troy ya vestido y con una taza humeante entre sus manos, sentado en el granito de la encimera como acostumbra a hacer mientras desayuna o cocina.
- ¿Qué haces tan pronto despierto? – pregunta Chloe.
- Acabo de llegar – responde él con un guiño.
La pelirroja se fija entonces en que sí, está vestido, pero su camisa hawaiana está toda arrugada y su pelo rubio platino delata que se lo ha peinado con los dedos en un intento de disimular su apariencia de: acabo de rodar fuera de una cama.
Chloe bosteza con tantas ganas que teme romperse la mandíbula y se dirige directa hacia la cafetera. Vuelca el líquido, todavía caliente y con un aroma maravilloso, en dos tazas limpias.
- ¿Tienes compañía? – exclama Troy, tan sorprendido que quizá Chloe debería tomárselo como un insulto, pero está demasiado cansada como para que le importe.
Baja de la encimera de un brinco y se encara con Chloe, a punto de escupir cincuenta preguntas seguidas como una ametralladora dispara las balas. Pero algo en el umbral de la cocina capta su atención y gira la cabeza a la velocidad de la luz.
Una especie de sonido ahogado sale de su garganta, pero por primera vez desde que Chloe le conoce, parece que el gato le ha comido la lengua. Troy solo es capaz de seguir mirando hacia la entrada con ojos como platos.
Chloe coge las tazas del mango y se gira para darle la suya a Beca, que la acepta con una sonrisa cansada, pero agradecida. Da un sorbo y cierra los ojos, dejando escapar un gemido casi orgásmico.
Se da cuenta de que Troy sigue sin reaccionar, así que, sus labios torcidos en su típica sonrisa y cejas arqueadas por la diversión, su mirada baila del joven a Chloe.
- ¿Se encuentra bien? – pregunta sin verdadera preocupación. Su voz tiembla un poco por el esfuerzo de contener la risa.
- Tú dale un momento – asegura Chloe agitando una mano en el aire para quitarle importancia.
Una vez Troy vuelve a la vida con una exagerada bocanada de aire y un millón de preguntas hechas en un tono de voz que casi raya en el histerismo, Chloe se apresura a sacar a Beca del apartamento antes de que su compañero de piso sufra un aneurisma.
Acompaña a la morena al Uber que espera en la calle para llevarla al aeropuerto, y repiten el ritual que ya comienza a ser familiar para ambas: un fuerte abrazo que siempre parece breve, pero nunca es breve; y un beso en la mejilla.
- Nos vemos pronto – le promete Beca con un guiño pícaro antes de meterse en el asiento trasero del Toyota.
Chloe tiene la sensación de que esta no será la única vez que se encuentre a Beca en el umbral de la puerta de su casa.
JustJared: Sorprendemos a bmitch47 en el Aeropuerto. Otra vez. ¿A dónde viaja tanto y por qué? – podéis verlo todo aquí.
Entre esa noche del 7-8 de junio y septiembre, Beca aparece en la puerta de su apartamento tres veces más.
Siempre en las primeras horas de la madrugada. Siempre con aspecto de estar completamente agotada, pero feliz de estar allí. Siempre viaja ligero, solo con la ropa que lleva puesta y nada más. Y, lo peor de todo, siempre tiene que volver a irse al mediodía del día siguiente.
Llama a Chloe cuando llega al otro lado de su puerta, de forma que solo tenga que rodar fuera de la cama y caminar adormilada hasta la entrada para dejarle pasar al interior.
A veces tienen energía suficiente como para hablar un poco. Chloe le pregunta qué tal el concierto de esa noche y qué ciudad es la siguiente. Beca se interesa por su día a día, a qué dedica su verano además de leer, la última locura de Troy.
Pero, en general, no hacen mucho más que caer rendidas en la cama, hechas un lío de extremidades, y dormir hasta que suena la alarma de Beca. No hay necesidad de quedarse todas las noches despiertas hablando, porque no se van a decir nada que no se hayan dicho ya por mensaje.
Ese es realmente el mayor cambio. El chat con Beca pasa de estar casi al final de la lista en el móvil de Chloe, a volver a ser siempre el primero. La conversación es constante, incluso si no ha pasado nada nuevo – en el caso de Chloe, porque Beca tiene historias nuevas cada noche –, encuentran de qué hablar.
Se dan los buenos días y las buenas noches. Se mandan canciones que les han gustado y que creen que podrían gustarle a la otra. Se mandan memes y vídeos de animales siendo sus adorables seres. Se animan cuando ganan y se consuelan cuando pierden.
Están ahí para lo bueno y para lo malo, y descubren que es increíble la facilidad con la que son capaces de volver a caer en su vieja dinámica.
Chloe tenía miedo al principio de que los primeros meses fuera a ser forzado y solo de pensar en la cantidad de conversaciones básicas y poco informativas que iban a tener que mantener, se adueñaba de su cuerpo la pereza existencial.
Ella quería pasar directamente a las conversaciones profundas, y totalmente aleatorias, que solían tener durante sus años en Barden: hablar de la vida, del universo y su origen, de si creían en el destino o si en hay algo más allá de la muerte, de si existe realmente el amor a primera vista y qué era para ellas el amor en primer lugar.
Lo superficial no iba a ayudarles a volver a conocerse, y ese era el miedo que Chloe tenía. Que ya no fueran capaces de superar lo superficial y se quedasen atascadas para siempre en los: hola, hola, qué tal, bien ¿y tú?, bien también, guay.
Pero, para su gran alivio sus miedos no se hicieron. Beca y ella son capaces de retomar su relación justo donde la dejaron, como si nunca hubiera pasado nada.
Aunque, sí que es cierto que a veces hay momentos raros y silencios incómodos, y temas que ninguna de las dos están muy seguras sobre cómo navegar exactamente.
- ¿Y de quién era la fiesta de nuevo? – pregunta Beca durante una de las muchas llamadas que se hacen a lo largo del verano.
- De Matt, ¿recuerdas? – repite Chloe con una ligera risa en su voz. Todavía le dura un poco el efecto del alcohol, ya que acaba de llegar a casa y al ver la hora, ha decidido llamar a Beca un rato antes de irse a dormir porque en donde está la morena, es mediodía –. Te hablé de él, mi compañero de laboratorio.
Escucha el "mmhh" de Beca que confirma que ya sabe de quién le está hablando. Pero le sigue un silencio lleno de algo raro que, hasta contentilla, Chloe es capaz de captar. Entrecierra los ojos y ladea la cabeza hacia el lado en el que tiene el teléfono.
- ¿Bec? – llama suavemente –. ¿Quieres decirme qué ronda por tu mente?
- ¿Quién dice que me esté rondando algo por la mente? – Beca es rápida en responder. Si Chloe tenía algunas reservas, ese tono defensivo las disipa todas.
- No hagas eso – pide en un suspiro apenado –. No te escondas de mí.
Escucha la profunda exhalación de Beca hacer crepitar el altavoz, pero la morena no dice nada. Sin embargo, Chloe se hace una idea aproximada de qué está ocurriendo. No necesita verle la cara a Beca, ni estar cerca de ella, puede notar las ondas de emoción salir desde el teléfono.
Es miedo. Son celos. Es inseguridad.
Chloe lo sabe porque ella más de una vez se ha encontrado en el otro lado de la moneda, cuando Beca llegaba de un concierto todavía en pleno subidón de adrenalina y se ponía a contarle que x fan se había lanzado sobre ella.
Se atrapa el labio inferior entre los dientes, dudando. Ese poquito de alcohol que todavía tiene en sus venas es lo que le empuja a decirlo finalmente.
- Es solo un amigo, Bec – murmura, su voz apagada y honesta –. No hay nada ahí.
La morena mantiene un rato más el silencio y debe hacer un gesto con la cabeza, porque Chloe puede escuchar el roce de su pelo contra el iPhone.
- ¿Si lo hubiera…? – empieza a preguntar Beca.
- No va a haberlo – interrumpe Chloe con firmeza.
- Pero ¿si lo hubiera? – reitera Beca, su voz llena de intensidad y velada urgencia –. ¿Me lo dirías?
- Sí – promete.
Becs :3
últ. conexión a las 04:35
(02.10) Dulces sueños :*
(04.21) Dua Lipa - Homesick (Album Visual) – YouTube
Ahora la escucho!
Buenos días para mí, buenas noches (?) para ti
No termino de hacerme a las zonas horarias :/
(Tell my heart to lie
But I know deep inside it's true
That I wish I was there with you)
Chloe se ha acostumbrado tanto a que Beca solo venga en medio de la noche que, cuando llaman a la puerta de su apartamento un lunes por la tarde a finales septiembre, lo último que se le pasa por la cabeza es que pueda ser ella.
Troy está en casa, estudiando en su habitación para el examen que tiene al día siguiente. Su puerta está cerrada de modo que Chloe asume que no ha escuchado el golpeteo de nudillos sobre la madera.
Con un quejido por sus ovarios doloridos, se levanta del sillón en el que estaba hecha una bolita y sujeta la bolsa de agua caliente contra su estómago para que no se le caiga. Está hecha un desastre: tiene el pelo sucio recogido en una coleta y va vestida en chándal porque ni siquiera le apetece vivir, mucho menos arreglarse.
Supone que, quien quiera que esté al otro lado de la puerta, habrá visto cosas peores en su vida que una mujer sufriendo por la regla.
- ¿Has pedido comida? – pregunta en voz alta mientras se acerca a la puerta.
No recibe respuesta alguna por parte de Troy, y no sabe si interpretarlo como un sí o un no. De todos modos, tampoco importa mucho porque lo va a descubrir por su cuenta.
- ¿Qué haces aquí tan pronto? – es lo que escapa de su boca en cuanto abre la puerta.
- Oh, wow – ríe Beca desde su posición usual en el pasillo –. ¿Ni siquiera recibo un hola?
Chloe esboza una sonrisa torcida de disculpa.
- Perdón, es que me has pillado por sorpresa.
Beca sonríe y se encoge de hombros, demostrando que su comentario iba más en broma que otra cosa. Saca la mano que lleva metida en el interior de su cazadora de cuero negra para rascarse una ceja.
- Hemos llegado a Nueva Jersey hace unas horas, pero no tocamos hasta mañana por la noche así que pensé en pasarme a verte – explica –. ¿Estás enferma o algo? – pregunta tras escanear a Chloe con ojos preocupados.
La pelirroja es repentinamente consciente de su aspecto y cambia el peso de un pie al otro, incómoda. Que, en realidad, Beca le ha visto en situaciones peores así que no tiene de qué preocuparse. Pero, aun así…
- La regla – responde, haciendo una mueca dolorida –, pero como si lo estuviera.
Beca chasquea la lengua con compasión y se autoinvita al interior del apartamento, ordenando a Chloe que vuelva a tumbarse al sillón. Ella obedece con gusto y recupera su posición hecha una bolita. En la televisión, siguen los anuncios, lo cual es una buena señal porque significa que no se ha perdido nada de El Diario de Noah.
Escucha a Beca trastear en la cocina y entra en el salón al cabo de un rato con una bandeja que deja cuidadosamente sobre la mesa central, asegurándose de que no interfiera en el campo visual de Chloe. Le ha hecho una taza de té y ha traído una tableta de chocolate.
Se descalza antes de tomar asiento en el sillón y Chloe reposa su cabeza en su regazo, dejando escapar un suspiro complacido cuando Beca comienza a juguetear con su pelo. Las yemas de sus dedos se deslizan por el borde de su oreja, su cuello y su frente, y es lo mejor que Chloe se ha sentido en un largo tiempo.
Se pasan toda la tarde acurradas en el sillón, viendo la televisión y comiendo chocolate. Beca no se queja ni una sola vez, y Chloe llora incesantemente hasta con las cosas más estúpidas.
- Como sigas así voy a tener que ir a comprar más clínex – se burla la morena cuando Chloe se deshace del último pañuelo porque ya está inservible.
La pelirroja deja de sonarse la nariz lo justo para lanzarle una mirada a Beca y darle un suave manotazo en el estómago.
- En serio, Chlo – sigue riendo Beca –. Lo de El Diario de Noah aún lo entiendo, pero ¿el anuncio de UNICEF? – estalla en carcajadas.
- ¡Ese niño está malnutrido! – se defiende Chloe agitando una mano hacia la tele –. ¡Podría morir!
Beca sigue riendo y riendo, y aunque Chloe intenta con todas sus fuerzas mantenerse enfadada y escandalizada por su falta de compasión, nota las comisuras de sus labios tirando hacia arriba en una sonrisa. Al final, se une a Beca.
- No es gracioso – intenta protestar, jadeante. Se seca una lágrima del borde del ojo, solo que esta no es de tristeza.
- Claro que no, es adorable – rebate Beca.
Atrapa a Chloe entre sus brazos y la presiona contra su pecho, que se sacude con los restos de su risa. Deposita un beso en su pelo y en su frente, y se acomodan para seguir viendo películas.
Chloe cierra los ojos y desea que este momento no acabe nunca.
Becs :3
últ. conexión a las 21:01
Bazzi - Beautiful feat. Camila (Official Audio) – YouTube
*o*
(Your touch is heaven-sent
Beautiful, beautiful sight right now
Beautiful, beautiful life right now)
Chloe odia que, precisamente cuando intentas huir de algo, es cuando más tropiezas con ello.
Desde que despertó esa mañana para recibir un bofetón en la cara nada más abrir Twitter y descubrir que absolutamente todo el mundo está hablando sobre cómo los paparazzis han pillado a Beca Mitchell paseando por Los Ángeles con Jesse; no ha parado de esquivar la noticia en todos sitios.
Casi parece una retorcida broma del destino, como si estuviera disfrutando restregárselo por la cara.
Pasa por delante de un kiosko en el camino de vuelta a casa y no puede evitar poner los ojos en blanco porque, cómo no. En la portada de todas las revistas de cotilleos, están las fotos de Beca y Jesse.
A pesar de que su cerebro aconseja sobre lo contrario, Chloe cruza la acera con cuidado de no ser atropellada por el hípster montado en patinete eléctrico. Se acerca a los estands metálicos que sujetan las revistas en cascada y coge la primera que encuentra.
El titular, superpuesto sobre la foto de los paparazzi, es casi como un puñetazo a los ojos. Las letras gruesas y en mayúsculas parecen estar gritando a todo el mundo que pasa de largo.
¿UN CLAVO SACA A OTRO CLAVO? BECA MITCHELL YA PASA DE X
Deja la revista de nuevo en el cajón metálico y repasa con la mirada los titulares de las demás:
DE X A EXNOVIO, Y TIRO PORQUE ME TOCA
BECA MITCHELL – X = EXNOVIO
Y lo que Chloe encuentra más absurdo de toda esta situación es que Beca y Jesse no están haciendo nada fuera de lo normal.
No es como si les hubieran pillado besándose o caminando de la mano. Solo están uno al lado del otro, mirando al frente, como si fueran dos extraños que han coincidido en la misma altura.
Chloe ve dos exnovios que en su momento también fueron mejores amigos. Ve dos personas que parecen estar intentando rescatar la amistad que se perdió en la devastación de una ruptura.
Pero todos los demás parecen ver un significado oculto, un mensaje entre líneas, diferente al que ve Chloe. Parecen ver a dos exnovios intentando reavivar la vieja llama. Parecen ver a una Beca decepcionada por haber fracasado con X tratar de superarlo con su antiguo amor.
Es frustrante y se instala debajo de su pie como una astilla. Le deja con una sensación extraña en el pecho, como si estuviera desequilibrada, que hace que esté irritable y rara durante el resto del día.
- ¿Te pasa algo? – inquiere Troy mientras comen juntos en la cocina.
- Estoy bien – le asegura Chloe con sequedad, lo cual es una obvia señal de que no está bien. Pero Troy opta por salvar su cuello y abandonar el tema en vez de seguir presionando.
Y Chloe sabe que probablemente esté reaccionando de forma exagerada, que no hay nada a lo que reaccionar. Son simples rumores, especulaciones sin ningún fundamento. Buscan el click de la gente, buscan el morbo. No es periodismo, es cotilleo.
Su parte racional sabe que lo mejor es ignorarlo y no dejar que le afecte. Pero su parte racional no es precisamente la que tiene el mando cuando se trata de Beca. Y su parte emocional no es racional. No analiza ni razona, solo siente.
De modo que su irritabilidad aumenta, y con el paso de las horas se siente más desequilibrada. No puede evitarlo, no tiene ningún tipo de control sobre ello.
Es como ese momento en las películas en las que el protagonista camina por una masa de gente que tienen un destino y un propósito, y se siente completamente perdido. Como si todos los demás hubieran recibido una información que él desconoce y ahora está observando todo desde el exterior.
Y por mucho que intenta ignorarlo y fingir que todo está bien, no es capaz. Está más callada de lo normal. Si puede, responde a todo con monosílabos. Se pierde en su cabeza y deja de escuchar lo que ocurre a su alrededor.
- ¿Te has enterado de algo de lo que acabo de decir? – le pregunta Beca con una risa durante su llamada diaria habitual. Al solo recibir silencio, ni una sola risa o disculpa, la morena pierde el humor y su voz se torna seria –. ¿Chlo, estás bien?
Chloe piensa en mentir. La posibilidad cruza su cabeza, pero la deshecha casi al instante. Si no ha sido capaz de engañar a Troy, que vive metido en su propio mundo la mayor parte del tiempo, va a ser imposible engañar a Beca.
Así que suspira y deja caer la frente en su mano. Usa su índice y el pulgar para presionar el puente de su nariz en un intento de aliviar el dolor de cabeza.
- He visto las fotos – admite en tono calculadamente neutro.
Beca se pausa, pero al cabo de un rato se escucha una fuerte exhalación y Chloe se la imagina agachando la cabeza.
- Chloe – murmura casi con incomprensión –, es Jesse.
Cuando Beca recalca el nombre del Treble, lo hace como si esa fuera suficiente explicación. Es su mejor amigo, su exnovio, la persona a la que quiso durante años pero que al final no fue suficiente.
Es aquel que se escapó.
- Precisamente, Beca. Es Jesse.
Cuando Chloe recalca el nombre del Treble, lo hace como si esa fuera suficiente explicación. Es la persona que sacaba su peor lado, el que la empujó – sin tener ni idea de que lo estaba haciendo – a odiar la parte de sí misma que era amor.
Es aquel que tenía todo lo que Chloe anhelaba.
Beca suspira y vuelve a hacerse el silencio entre ambas.
- Le va a pedir a Mary Jane que se case con él – confiesa la morena con voz apagada.
La boca de Chloe se abre en un oh que nunca llega a materializarse. Parpadea, tan cogida por sorpresa que no tiene palabras. Ni siquiera sabe qué diría si las tuviera.
- Quería hablar conmigo antes, arreglar las cosas – continúa contando Beca –. Se sentía muy mal por cómo había acabado todo.
El silencio se prolonga en el lado de Chloe. Beca lo interpreta como algo, ya sea enfado, shock, celos. Lo interpreta como una señal de que sigue siendo su turno de hablar, de que tiene que ser ella esta vez la que tranquilice a Chloe.
- Chlo, lo mío con Jesse… – comienza a decir, cortándose para suspirar –. Ese barco ya zarpó hace mucho tiempo y naufragó en medio del océano Atlántico.
- ¿Cómo el Titanic? – responde Chloe con voz ronca.
- Como el Titanic, sí – ríe Beca –. No es a Jesse a quien quiero.
Chloe nota cómo su corazón se salta un latido y sus pulmones se olvidan de funcionar durante un par de segundos. Tiene ganas de preguntar, puede saborear las palabras en la punta de su lengua.
¿A quién quieres?
Pero no les da voz al final. No se atreve a hacerlo. Porque hay dos posibilidades: o bien Beca intenta escaquearse de ello contestando que Chloe ya sabe la respuesta a esa pregunta, o bien responde con absoluta sinceridad.
A ti.
Chloe no sabe si estaría preparada para sobrevivir a la sinceridad, pero tampoco cree que fuera suficiente una evasiva.
Así que opta por no preguntar.
bmitch47 ha publicado un vídeo: Algo viejo, algo nuevo.
Alguien que no es Beca está sujetando la cámara de lo que parece ser un móvil normal y corriente. Muestra a la morena de perfil tocando el piano en un escenario vacío dentro de una sala enorme, también vacía.
I know a girl, she's like a curse
We want each other, no one will break first
En acústico, la canción solo cuenta de la lenta melodía que Beca está tocando en el piano y su voz. Tiene un cierto tinte melancólico, pero no de esos que te llenan de tristeza y ganas de llorar. Es una melancolía de las buenas, de las que hablan de anhelos que algún día todavía pueden cumplirse.
When people ask about us, now, we just brush it off
I don't know why we act like it means nothing at all
I wish that I could tell you that you're all that I want, yeah
La voz de Beca reverbera en el espacio vacío, por las gradas guardadas y los asientos de plástico doblados. Sus ecos armonizan con la melodía principal en una mezcla tan perfecta que resulta sospechoso que haya sido puramente accidental.
Beca se echa hacia atrás en la banqueta y estira el cuello para proyectar su voz hacia el techo. Comienza el estribillo, cada vez más agudo.
I pretend that I'm not ready
Why do we put each other through hell?
Why can't we just get over ourselves?
Hace una última elaborada sucesión de notas, presionando las teclas con precisión, aunque probablemente esté improvisando. Con el último acorde, levanta las manos en el aire igual que si las teclas quemasen repentinamente y se gira hacia quien está grabando con una sonrisa juguetona.
StevensonRyan: Nos vemos esta noche en San Francisco!
Mitchellfan47: Dios me tienes enamorada. Siempre pienso que no te puedes superar más a ti misma, pero al final siempre me sorprendes *_*
Hollah_Dollah: Y el resto de la canción?! No puEDES DEjaRNOs aSÍ MALDitA seAS
jjj_72: Bueno, y para cuándo en Spotify? ;)
jessebells123: Vendrás a México?
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Chlo despega un segundo sus ojos irritados de las palabras que ve aparecer en la pantalla de su portátil para mirar al pequeño reloj digital que aparece en la esquina superior derecha: son las 12:45 de la noche.
Suspira, pero no deja que el cansancio aminore su ritmo. Sus manos siguen volando por el teclado de su ordenador, presionando teclas a una velocidad que hasta las mejores mecanógrafas admirarían. Claro que también tiene que rectificar muchas veces más que si fuera más despacio.
Pero tiene prisa, así que no es el momento de ponerse purista. Ya corregirá en otro momento todas las rayas rojas que el autocorrector le marca. Quiere terminar de una vez este diagnóstico que tiene que entregar a la mañana siguiente en clase y así poder irse a dormir.
A medio camino de teclear la palabra "comunicación", como un relámpago, le viene a la mente el recuerdo de una promesa.
- Mierda – musita para sí misma.
Sus dedos se pausan sobre las teclas del portátil un segundo y se queda mirando la barra negra del Word parpadear sobre el fondo blanco. Alarga una mano para coger su móvil, que tiene boca abajo sobre la mesa para no distraerse.
Abre la conversación adecuada y escribe tres rápidos mensajes
Becs :3
en línea
Perdón!
Se me olvidó por completo responderte
He tenido un día de locos -.-"
(21.09) Quieres hablar?
En vez de esperar a una respuesta, el iPhone de Chloe comienza a vibrar en sus manos. Sonríe al ver el nombre y la foto que aparece en la pantalla iluminada y desliza el dedo sobre el icono redondo del teléfono para contestar.
Sujetándolo entre su oído y su hombro, sus manos vuelven a escribir palabras en su ordenador a toda velocidad.
- Hey – saluda Beca en voz suave y casi tentativa.
- Hola – responde Chloe en el mismo tono.
- ¿Qué ha pasado hoy?
Chloe ve que sus movimientos están más limitados por tener el hombro agarrotado, de forma que pone a Beca en altavoz y devuelve el iPhone a la mesa, a su lado. Por encima del teclear de sus dedos, le explica todos los contratiempos con los que se ha encontrado hoy y que son el motivo de que esté apurando al máximo el tiempo.
Beca se muestra comprensiva y le manda ánimos, asegurándole que a pesar de las prisas está segura de que va a bordar ese trabajo. La conversación se desvía de forma natural a medida que Chloe sigue trabajando y Beca descansa en el sillón del bus que usan para moverse de estado en estado.
Son casi las dos y media cuando Chloe pone el último punto final y termina de revisar y corregir todos los fallos gramaticales. Quita el altavoz para poder escuchar bien la voz de Beca, sin que suene distorsionada, y presiona el botón de imprimir.
De esta forma, puede apreciar el runrún del motor del bus y las ruedas sobre el asfalto de la carretera. Intenta recuperar el recuerdo del calendario que Beca le pasó al poco de empezar el tour, pero no recuerda dónde se supone que tiene el próximo concierto.
- ¿Qué ciudad toca ahora? – pregunta de forma distraída, comprobando que su diagnóstico se esté imprimiendo bien.
- La muy nevada Colorado – responde Beca.
- Ya estás cada vez más cerca de casa – le anima Chloe.
Sabe de primera mano que, aunque el tour está organizado para que tenga días y alguna semana de descanso, Beca está agotada. Ya le ha repetido mil veces lo mucho que está deseando poder salir de ese bus y estar en el mismo sitio una temporada.
Lo cual, lo tiene complicado. En enero termina el recorrido por Norteamérica, pero en cuanto pasen los Grammy's empezará con Europa. Y, según le comentó, Khaled se estaba pensando ampliarlo hasta Sudamérica.
- Mínimo, México y Brasil – suspira Beca cuando Chloe le pregunta si ya han tomado una decisión –. Lo demás se lo está planteando, quiere ver primero cómo van las cosas por Europa.
Chloe no sabe si darle sus condolencias o su enhorabuena. Todo el tema de la fama y la carrera de Beca tiene tantas facetas opuestas que es bastante complicado a veces saber qué decir para una persona como Chloe que está fuera y no termina de entender todos los factores en juego.
Se mete en la cama y se frota con la mano sus pies fríos. A pesar de que lleva calcetines gordos para protegerlos del aire congelado de diciembre, siente sus dedos adormecidos y faltos de sensibilidad.
Se cubre con las mantas hasta casi la nariz y se revuelve en la cama helada.
- Ojalá estuvieras aquí – susurra quedamente.
- Para robarme todo el calor corporal, ¿no? – bromea Beca.
Chloe ríe junto a ella, adorando el sonido de la risa de Beca. Es fácilmente su música favorita.
- ¿Me avisas cuando lleguéis? – le pide a través de un bostezo.
- Ya estarás dormida, nos quedan como poco tres horas.
- Da igual – asegura Chloe, acurrucándose bajo sus mantas y tratando de abrazarse a sí misma para entrar antes en calor –. Así tendré un mensaje tuyo por la mañana.
- Está bien – promete Beca. Su voz suena cálida y llena de cariño, y Chloe piensa que ojalá pudiera envolverse en ella y usarla como manta –. Buenas noches, Chlo.
- Buenas noches, Bec – murmura, sus párpados pesados –. Te quiero.
Cuelga la llamada antes de darse cuenta de lo que ha dicho. Acaba de presionar el botón rojo cuando sus ojos se abren de par en par y se olvida de todo su sueño de forma repentina.
No se incorpora de un brinco porque por fin ha logrado calentar su cama y no quiere dejar el frío entrar, pero su corazón sí que se salta un latido. Luego, se lanza a una carrera frenética contra su pecho mientras Chloe mira la pantalla oscura de su móvil, como si eso fuera a solucionar algo.
Le ha dicho te quiero a Beca por primera vez en más de dos años.
Alza una mano para golpearse en la frente y se regaña a sí misma, preguntándose en qué demonios estaba pensando para considerar que estaría bien soltar semejante bomba. Le viene a la cabeza, en bucle, ese verso de la canción de Drake: you said I love you too fast.
Los cimientos de lo que sea que tiene con Beca – amistad, intento de relación, llámalo x – todavía son muy frágiles. No está segura de si serán capaces de sobrevivir a un te quiero.
En ese momento, su móvil vibra sobre el colchón donde lo ha dejado caer durante su auto lamentación. La pantalla se enciende e ilumina el interior del pequeño capullo que se ha formado con las mantas.
Becs :3 (ahora): Yo también te quiero.
Chloe deja escapar un profundo suspiro de alivio que sale directamente de su corazón. Una sonrisa, grande y potente, curva sus labios y se mantiene así incluso una vez se queda dormida.
La gris luz de la mañana se cuela a través de los huecos dejados por la espesa cortina. Es escasa, pero suficiente como para iluminar los dos cuerpos que yacen en la cama, sus piernas entrelazadas.
Chloe está tumbada de espaldas, escuchando el sonido de la lluvia golpeando el cristal de la ventana. Tiene los ojos cerrados y sus párpados revolotean cada vez que mueve los ojos por debajo.
Su mano está extendida con la palma hacia arriba, a merced de las caricias de Beca. La morena juega con sus dedos, dibujando formas inciertas sobre la piel con la suave presión de las yemas de sus dedos.
No hay necesidad de palabras, están disfrutando de la cálida compañía de la otra. El silencio pesa en el aire, pero no porque sea incómodo, sino precisamente por lo contrario. Está cargado de confianza y complacencia.
Beca se remueve en la cama otra vez, y Chloe abre los ojos. Los constantes cambios de postura no son porque no esté cómoda, sino porque hay algo en su cabeza que no le deja descansar tranquila.
Su rostro está sereno, aunque pensativo. Las sombras danzan por su piel de una forma tan exquisita que los dedos de Chloe se crispan por las ganas de volver a coger un lápiz y dibujar a Beca.
La morena nota su movimiento y se pausa. Alza la mirada y observa a Chloe con un matiz casi filosófico, como si se estuviera planteando una cuestión existencial. Apenas unos segundos más tarde, vuelve a refugiar su mirada en las caricias que retoma.
Chloe respira hondo y vuelve a cerrar los ojos. Si Beca quiere hablar de algo, ya sacará el tema cuando sienta que está preparada.
Efectivamente, pasan unos minutos antes de que Beca abra la boca para plantear una pregunta en voz baja.
- ¿Qué somos?
Los párpados de Chloe se alzan y gira la cabeza en la almohada para poder mirar a su mejor amiga a la cara. Su ceño se frunce en confusión. No entiende el enfoque de la pregunta, si Beca está planteando un tema amplio que afecta a la raza humana en general, o si es más concreto.
- ¿A qué te refieres?
Beca se humedece los labios y mantiene la mirada baja. Está nerviosa.
- ¿Qué es esto? – lo intenta de nuevo, dejando sus caricias momentáneamente para agitar esa mano en el espacio entre ellas.
La boca de Chloe se vuelve redonda en un silencioso oh de comprensión. Junta los labios y los frunce, considerando su respuesta.
- No lo sé – dice finalmente, honesta –. ¿Qué quieres que seamos?
Beca sacude la cabeza y fija a Chloe con una mirada firme y molesta.
- No vale que hagas eso – protesta frunciendo el ceño.
- ¿El qué?
- Esquivar la pregunta – responde rápidamente, como si supiera que Chloe iba a decir eso –. Yo he preguntado primero, te toca contestar.
Chloe suspira, aunque está luchando por no sonreír. Sabe que es un tema que debe manejar con seriedad y delicadeza, pero no puede evitar encontrar todo lo que Beca hace adorable.
Gira hasta colocarse de costado y así poder mirar bien a Beca a la cara. Medita el tema, barajando varias respuestas posibles que podría darle a su mejor amiga, intentando encontrar la mejor de todas.
Sus dedos se alzan y curvan, acariciando de forma distraída la palma de la mano de Beca que se cierne sobre la suya. Su corazón late, lento y seguro, dentro de su pecho, y de repente Chloe sabe exactamente qué decir.
- ¿Sabes la canción de Two Ghosts de Harry Styles? – pregunta.
Nota la confusión de Beca, además de verla pintarse en su rostro en forma de arrugas de concentración. Deja de acariciar sus dedos para posar la mano sobre el colchón.
Probablemente se está planteando qué tendrá que ver esa canción con su pregunta, y si Chloe ha perdido el juicio por completo. Pero Beca también la conoce lo suficiente como para participar en el juego, aunque no sepa a dónde se dirige.
- No, no me suena – contesta finalmente.
Chloe asiente y coloca la mano que tiene libre bajo su mejilla para que la almohada no le impida ver a Beca.
- Bueno pues, habla de dos personas que se vuelven a encontrar en el futuro. Y, aunque aparentemente siguen siendo los mismos, se dan cuenta de que han cambiado muchas cosas – explica suavemente, en un tono de voz que apenas es más alto que un susurro –. Ellos han cambiado.
La morena asiente para demostrar que ahora ya entiende por dónde van los tiros. Ha encontrado la conexión. Chloe se humedece los labios y se desliza hacia delante sobre su almohada para poder estar más cerca de Beca, pero no tanto que tengan que ya no puedan mirarse a los ojos.
- Hay un verso en el estribillo que dice algo así como: somos solo dos fantasmas parados en el lugar que ocupamos tú y yo, intentando recordar qué se siente cuando te late el corazón – murmura Chloe.
Usa la mano que no tiene sobre la almohada para recoger un par de mechones castaños tras la oreja de Beca, acariciando su mejilla, y los párpados de la morena revolotean. Como si se estuviera esforzando por no cerrar los ojos.
Nunca dejará de adorar la forma en que Beca se doblega bajo su roce.
- Creo que eso es lo que somos – concluye Chloe –. Dos fantasmas acostumbrándose a que sus corazones vuelvan a latir acompasados.
Azul medianoche se inunda de emoción. Beca traga saliva y alza una mano para entrelazar sus dedos con la que Chloe mantiene en su mejilla.
- ¿Es suficiente para ti? – pregunta con infinita suavidad, reposando su frente contra la de Beca.
La morena no responde con palabras. Sus ojos se cierran en un largo parpadeo y asiente, con cuidado de no chocar cabezas. Se inclina hacia delante y, por un instante en que Chloe se olvida de respirar, piensa que va a besarla.
Sin embargo, Beca se desvía en el último momento y sus labios se posan con delicadeza sobre la mejilla de Chloe. Porque sabe que no están preparadas para un beso. Todavía.
Es solo cuestión de tiempo.
(Tiempo.
Es su punto débil, pero también la clave de todo.)
21/12/20
Por: James Cooper
BECA MITCHELL
Pillada ABRAZANDO a una PELIRROJA en el aeropuerto de ITHACA
TMZ ha podido hacerse con una serie de imágenes que muestran a la nueva sensación de la música, Beca Mitchell, envuelta en un intenso abrazo con una pelirroja. Nuestra fuente asegura haber identificado a la pelirroja como Chloe Beale, la excompañera de Mitchell en su grupo universitario de a cappella.
Beale y Mitchell tuvieron una cercana amistad durante sus años de universidad, y la artista se ha estado escapando bastante frecuentemente después de sus conciertos del tour por Norteamérica. ¿Puede ser que, todo este tiempo, estuviera visitando a su mejor amiga?
En TMZ sospechamos que la historia va mucho más allá. Es mucha casualidad que las iniciales de Beale coincidan con "CB", también conocida como X, la chica que le rompió el corazón a Mitchell y fue la inspiración para su álbum debut, Afterthought.
De hecho, es tal la coincidencia que hay una gran facción de los fans de Mitchell que están convencidos de que entre Beale y Mitchell siempre hubo algo más que simple amistad. Hace apenas unos meses, un post en Tumblr se hizo viral y en él se exponía de forma bastante elocuente y creíble, que la verdadera identidad de X es Chloe Beale.
Más noticias: BECA MITCHELL INTENTA RECONQUISTAR A X EN TELEVISIÓN NACIONAL
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A/N: ¿Os asusté? MUAHAHAHAH me encanta tener ese tipo de control sobre vosotros.
Delirios de poder a parte, supongo que ahora entenderéis por qué os pedí que esperaráis a leerlo entero antes de pedir mi cabeza. NO SOY TAN CRUEL COMO CREÉIS ¿VALE?
PD: Y hablando así de todo un poco, me alegro de que al final a nadie le pareciera que el anterior capítulo sobraba. Es un gran alivio.
PD2: El final ya se acerca...
PD3: Canciones mencionadas: "The Pugilist", de Keaton Henson / "Roses", de Shawn Mendes / "Because I Had You", de Shawn Mendes / "Daddy Issues", de Demi Lovato / "Homesick", de Dua Lipa / "Beautiful", de Bazzi ft. Camila Cabello / "Why", de Shawn Mendes / "Summer Games", de Drake / "Two Ghosts", de Harry Styles.
