10. THEY SAY LOVE IS PAIN, WELL DARLING, LET'S HURT TONIGHT

(Año 3)

Becs :3

en línea

Has visto las fotos?

Mis seguidores de Instagram han aumentado en 1000 en apenas dos horas, Bec

Qué vamos a hacer?

(16.39) Nada

(16.39) Lo mejor es hacer como si nada

Y eso va a ayudar a la situación?

No parecerá que nuestro silencio es una admisión de "culpa"?

(16.42) No tienen nada concreto, Chlo

(16.42) Unas fotos en las que se nos ve abrazándonos, eso puede significar literalmente cualquier cosa

Y el post ese en Tumblr

(16.44) Pero hasta ese post son puras teorías

(16.44) Que ellos sepan, puedes ser X o puedes ser mi mejor amiga con la que estoy retomando la relación después de que esta se viera algo dañada por la distancia y nuestras vidas ocupadas

(16.44) De momento todo lo que pueden hacer es especular, no tienen evidencias concretas

(16.45) Y no se las vamos a dar

(16.49) A no ser que tú quieras, claro está

(16.49) … Quieres eso?

No (?)

No lo sé

Creo que no estoy preparada todavía

Es muy egoísta por mi parte pedirte que lo mantengamos en secreto de momento? :/

(16.53) Para nada, Chlo

(16.53) Sé que es mucho y puede ser muy abrumador

(16.53) Siento que te hayas visto arrastrada a toda esta locura...

No lo sientas, Bec

Es parte de tu vida ahora

Es parte de quien eres ahora

No quiero hacerte vivir en las sombras o hacerte sentir que tienes que ocultarme

Solo necesito un poco de tiempo para acostumbrarme a ello

(16.55) Tómate todo el que necesites

(16.55) :3


Envuelta en dos mantas para protegerse de la humedad de la noche, Chloe se balancea lentamente en el banco-columpio que cuelga del porche trasero de su casa en Portland.

Sus labios están curvados en una sonrisa inconsciente mientras escucha a Beca relatarle una anécdota de su cena de Navidad. Ríe con ella, sus ojos cerrados y los pulmones llenos del frescor que queda en el aire después de la lluvia.

- Mi madre me ha preguntado por ti, por cierto – le dice Beca, en un tono más serio –. Está deseando volver a verte.

Chloe se olvida de la risa. Se sienta más recta contra el respaldo de madera barnizada y baja un pie para apoyarlo en el suelo y frenar el vaivén del banco. La mano que mantiene las mantas alrededor de su cuerpo se aprieta más sobre la tela.

Su silencio está lleno de incertidumbre, y es tan largo como para despertar la preocupación de Beca.

- ¿Chlo? – llama en tono bajo por encima de la estática de la conexión telefónica.

La pelirroja parpadea un par de veces y carraspea para deshacerse del nudo de su garganta.

- ¿No me odia? – pregunta casi en un murmullo –. ¿Por todo lo que pasó?

Beca suspira al otro lado de la línea. Se pausa solo unos segundos, pero lo suficiente para que Chloe cierre los ojos y se convenza a sí misma de que Beca va a responder que sí.

- Nada más lejos de la realidad, Chlo – asegura la morena suavemente.

- Oh – se le escapa por la sorpresa.

- ¿Recuerdas que, después de esa noche, nunca volví a pisar el estudio? – pregunta Beca.

Chloe emite un simple sonido de afirmación y espera la historia que sabe que la artista está a punto de comenzar a relatar. Se acurruca en su burrito de mantas y alza el cuello de la enorme sudadera del equipo de baloncesto en el que juega su hermano, cubriéndose hasta las orejas al encogerse en su interior.

- No estaba en Los Ángeles, como tú y Amy creíais – admite Beca finalmente con un suspiro –. Me vine a casa, a Seattle.

Beca le cuenta que cuando apareció en el umbral de su casa llorando y echa un auténtico desastre, su madre supo de forma inmediata qué había pasado. No hizo pregunta alguna, simplemente la acogió en sus brazos y dejó que Beca llorara hasta quedarse dormida.

A la mañana siguiente, sobre café recién hecho, Beca le contó todo lo que había estado pasando.

- Fue la primera en saber la historia entera. Me dijo que había sido una estúpida – dice Beca, su tono algo incrédulo todavía.

Cuando uno acude a su madre, espera apoyo incondicional y palabras dulces. Pero la madre de Beca era tal cual su hija, creía en decir la verdad a toda costa. Incluso si duele.

- Me pidió que lo arreglara inmediatamente, antes de que fuera demasiado tarde, pero yo... – Beca suspira y agita la cabeza. Su pelo roza el altavoz, haciéndolo crepitar suavemente –. Yo ya creía que era demasiado tarde y no hice caso – termina en voz baja y llena de arrepentimiento.

El corazón de Chloe se contrae de dolor. A veces se pregunta cómo se las apañaron para entender las cosas tan mal, cómo pudieron enredar tanto el hilo de sus vidas hasta crear semejante desastre.

- Mi madre te sigue adorando, Chlo – murmura Beca, sincera –. No te culpa de nada.

Chloe suspira sin molestarse en ocultar su alivio y los últimos restos de tensión abandonan su cuerpo. Se deja caer contra el respaldo de madera del banco y alza la pierna que tiene en el suelo tras coger impulso.

El banco retoma su balanceo con facilidad y Chloe se encuentra a sí misma sonriendo de nuevo.

- He estado pensando – anuncia llena de determinación, aunque algo tímida.

- Uh-oh – se burla Beca.

- Calla y escucha, te va a gustar mi idea – ríe Chloe –. ¿Qué te parecería que fuera a verte a Seattle un par de días?, antes de que terminen las Navidades y deba volver a Ithaca.

Beca se queda en silencio un momento. O bien esta propuesta le ha pillado completamente desprevenida y no sabe qué decir, o bien está reflexionando la mejor forma de decir que no sin herir los sentimientos de Chloe.

- ¿Lo dices en serio? – exclama finalmente llena de emoción.

Chloe sonríe y suelta el aliento que no sabía que estaba conteniendo. Responde con una afirmación y su corazón crece diez centímetros ante el entusiasmo con el que Beca empieza a planearlo todo.


Más tarde esa misma noche, Chloe escucha la puerta trasera abrirse y los pasos de alguien sobre el suelo de madera del porche. Gira la cabeza y sonríe al ver a su hermano empujar con un pie la puerta para cerrarla, sus manos ocupadas con dos tazas humeantes.

Está lloviendo de nuevo y Charlie acusa el cambio de temperatura con un escalofrío, apresurándose a tomar asiento junto a Chloe. La pelirroja rodea a su hermano con la mitad de sus mantas y se acurrucan uno al lado del otro en el banco-columpio.

- ¿Y Taylor? – pregunta Chloe mientras Charlie le tiende una de las tazas.

Sus manos se enroscan alrededor de la cerámica caliente y vuelve a recuperar el sentido en sus dedos. Alza la taza y aspira el aroma a chocolate, que se mezcla con el de césped húmedo y forman una fragancia que Chloe desearía poder embotellar.

- Está con mamá y la tía mirando vestidos de novia – responde Charlie, rodando los ojos –. Me han echado de la cocina porque no puedo saber nada del tema, que trae mala suerte – dibuja unas comillas en el aire con una mano.

Chloe ríe y descansa su cabeza en el hombro de su hermano mayor, pensativa.

- No me puedo creer que te vayas a casar – murmura. La sorpresa y la incredulidad permean a su voz y la hacen sonar algo jadeante.

- Yo tampoco, si te soy sincero – admite Charlie con una risa –. A veces me cuesta creer que Taylor me dijera que sí.

- Hacéis una pareja genial – le asegura.

Como toda respuesta, su hermano emite un "mmhh" que bien puede ser de afirmación, o de: permíteme dudarlo. Sea lo que sea, Chloe lo deja pasar en favor de abrazar el brazo de Charlie y pegarse a él, buscando su calor corporal y su presencia tranquilizadora.

Juntos observan en silencio la lluvia caer con fuerza sobre el jardín. La protección que les proporciona el techo del porche y el bamboleo del banco casi da la sensación de que están en una burbuja, en un mundo aparte y ajeno al que tienen frente a ellos.

Es mágico.

Al cabo de un rato, Chloe nota el hombro de Charlie cambiar bajo su mejilla. Cuando alza la mirada para ver qué está haciendo, descubre los ojos azules de su hermano – de una tonalidad que oscila entre el azul bebé de Chloe y el azul medianoche de Beca – recorrer su rostro con curiosidad.

- ¿Qué? – pregunta Chloe con una risa, algo incómoda ante el escrutinio de su hermano.

- Nada – responde él en un encogimiento de hombros –. Es solo que... – guiña los ojos y ladea la cabeza, sospechoso. Su mirada tiene un tinte curioso, pero también inquisitivo –. Estás como… diferente.

- ¿En qué sentido?

- No sé – tuerce los labios, como si de verdad notase un cambio, pero no supiera exactamente cuál –. Es como si te hubieran quitado un peso de encima – vuelve a encogerse de hombros –. Pareces más feliz ahora.

Chloe emite un "mmhh" pensativo, su mente se desvía sola y de manera automática hacia lo que ha cambiado en su vida: Beca Mitchell.

Piensa en Beca. Piensa en los avances, lentos pero seguros, que están haciendo en su relación. Piensa en cómo cada vez se está volviendo más sólida y certera. Piensa en cómo su corazón se acelera cuando ve a la morena y su piel se calienta allá donde la toca.

Sin poder evitarlo, sus labios se curvan en una sonrisa pequeña, pero sincera. Llena de alegría y de toda la esperanza que pensaba que nunca iba a ser capaz de recuperar.

- Soy feliz – afirma Chloe suavemente.

Charlie corresponde su sonrisa. La suya es más aliviada, más alegre por la mejora que ha experimentado Chloe. Pasa un brazo por los hombros de su hermana pequeña y la pelirroja se hunde en su cuerpo, respirando su colonia. Es un aroma familiar que siempre le ha hecho sentir a salvo.

- Me alegro – murmura Charlie contra su pelo, depositando un beso en la zona.

Chloe siente sus ojos llenarse inexplicablemente de lágrimas y parpadea para disiparlas. No son lágrimas de tristeza, más bien todo lo contrario. Son lágrimas de que en este momento su corazón está a punto de desbordar de amor y felicidad.

A veces le cuesta creerse que, después de tanto dolor y sufrimiento, esta sea su vida.

A veces parece todo demasiado bonito como para ser real y un miedo se apodera de su pecho, impidiéndole respirar: el miedo a despertar de repente y descubrir que ha sido todo un sueño.

A veces Chloe se pellizca para recordarse a sí misma que esto está pasando de verdad y que se lo merece.

Se merece ser feliz.


El 27 de diciembre, Chloe aterriza en Seattle con una pequeña mochila como único equipaje y un corazón emocionado latiendo como loco dentro de su pecho.

Pasa de largo las señales que guían a las masas de viajeros hasta la recogida de equipaje y marcha directa hacia la salida con todos aquellos que, como ella, no vienen con nada más que lo puesto.

Cruza las puertas corredizas de cristal envuelta en un grupo de señores mayores que están de viaje con la residencia. Camuflada entre camisas gruesos jerséis de punto hechos a mano y el olor a hospital, Chloe aprovecha su escondite accidental para tratar de encontrar a Beca entre las personas esperando a los recién llegados.

Su paso inseguro causa que hasta los señores con andador resoplen y la esquiven para no perder a su grupo. Ahora sin cobertura, Chloe es capaz de ver mejor, pero continúa sin encontrar a Beca.

Hasta que dos brazos se enroscan en su cintura por un costado y el cuerpo de Beca choca contra ella con la fuerza que solo le puede haber proporcionado haber venido corriendo. Chloe deja escapar una exclamación en la que se mezclan la sorpresa y la alerta, tropezando hasta recuperar el equilibrio.

Escucha la risa de Beca y el deja-vu es tan fuerte que por un momento ve a su alrededor con absoluta claridad el pasillo ensombrecido del edificio en Nueva York, y siente tras sus piernas la tela de sus dos enormes maletas.

Parpadea y vuelve al aeropuerto. Se gira hacia Beca, que va casi escondida detrás de su larga bufanda de lana y un gorro que cae hasta la mitad de su frente. Su sonrisa, sin embargo, está en primera línea.

Beca suelta su cintura en favor de enroscar sus brazos en su cuello y tirar de ella hacia abajo. Chloe responde al abrazo con ganas. Entierra su rostro en el cuello de la morena e inhala ese aroma a lavanda.

Es como volver a casa.


Debe admitir que, a pesar de todas las palabras tranquilizadoras de Beca, Chloe está algo nerviosa por el reencuentro con Johanna Turner.

La morena le ha repetido mil veces que su madre no le guarda ningún rencor, pero aun así Chloe siente sus dedos tensarse entre los de Beca mientras cruzan el césped hacia la puerta principal de una casa que, hace años, Chloe consideraba tan suya como su hogar natal en Portland.

El césped hace chof chof bajo las suelas de sus botas, encharcado por la llovizna que cae, suave pero constante. Chapotean por los charcos que se han formado sobre las escaleras delanteras, abombadas por el uso continuo y las inclemencias del tiempo.

- ¿Preparada? – pregunta Beca con un apretón a los dedos de Chloe que están entrelazados con los suyos.

Chloe asiente y traga saliva. En su mente hay una vocecita que grita "¡no, no!" de forma incesante, y a la que escoge ignorar. Sintiendo sus piernas robóticas, da los pasos necesarios para cruzar el umbral de la casa y entrar en el cálido interior.

Es como el abrazo de una madre. Huele a galletas recién hechas y chocolate, y ya desde la entrada Chloe puede escuchar el crepitar del fuego en la chimenea del salón. Se quita el abrigo, tratando de salpicar la menor cantidad de gotas de agua al suelo.

- ¿Bec? ¿Eres tú? – pregunta la madre de Beca desde la cocina.

- Ya estamos aquí – responde la morena, desenredándose la bufanda.

Su pelo se vuelve loco por la electricidad estática de la tela de la bufanda y el gorro. Mechones castaños caen en todas direcciones sobre la cara de Beca, quien bufa y, con las manos ocupadas, intenta quitárselos a resoplidos.

Chloe ríe y da un paso adelante. Con dedos helados, peina cuidadosamente esos mechones alocados y los recoloca como puede tras las orejas de Beca. La morena le sonríe, sus ojos trabados en una mirada larga y profunda que ninguna quiere romper.

Pero entonces escuchan un carraspeo desde el pasillo que da a la cocina y ambas se sobresaltan. Se giran hacia la madre de Beca, que está parada con los brazos cruzados sobre un delantal salpicado de harina.

Su postura es seria, casi de enfado, pero la sonrisa torcida de su rostro delata que encuentra la escena muy divertida. Sus ojos relucen con un brillo sabedor que hace que Chloe se cuestione si siempre ha estado ahí y ella estaba demasiado ciega como para verla, o si es algo que ha aparecido recientemente.

- Hola, Sra. Turner – musita, sintiendo la boca repentinamente seca.

Johanna hace restallar su lengua y sacude la cabeza con decepción. Chloe nota su pecho constreñirse y se le atasca la respiración en los pulmones. En su interior, cierra los ojos a la espera de las reprimendas; pero en el exterior su expresión se transforma en la que tendría un cervatillo deslumbrado por los faros de un coche.

- Chloe, ¿qué te dije la primera vez que viniste? – reprocha la madre de Beca –. Llámame Johanna.

Abre los brazos mientras se acerca a Chloe y la pelirroja está demasiado atascada como para corresponder el gesto, pero Johanna la atrapa en un abrazo de todos modos y la aprieta contra ella con cariño.

- Es bueno tenerte de vuelta – le dice en el oído –. Beca nunca lo admitirá, pero te echaba de menos.

Chloe ríe cuando escucha el quejido indignado que emite Beca, y se separa de Johanna con una sonrisa. Se siente mucho más calmada ahora que sabe al cien por cien que todo está bien entre ella y la madre de Beca.

- Gracias por acogerme – responde, agachando la cabeza casi con vergüenza.

- Siempre que quieras, ya lo sabes – Johanna le regala un guiño y da una palmada para anunciar que la bienvenida se ha acabado ya –. Bien, ahora, ¿cuál de las dos va a ayudarme a decorar galletas?

Beca alza las manos en el aire para excusarse.

- Yo prefiero comérmelas.

- Yo te ayudo – se ofrece Chloe con una risa.

Johanna, satisfecha con el resultado, se marcha de vuelta a la cocina alegando que tiene que comprobar cómo va la bandeja que ya ha metido en el horno. Beca lidera la subida por las escaleras en la ruta que Chloe ya tiene más que memorizada.

La habitación de Beca sigue exactamente igual que la última vez. Lo único que ha cambiado es el equipaje de la morena: la maleta está llena de distintas pegatinas que se han ido superponiendo unas sobre otras a lo largo que viajaba con Beca de estado a estado.

El otro nuevo añadido es la funda de guitarra que descansa en una esquina. Está abierta, dejando a la vista la guitarra acústica que Beca se compró de segunda mano para poder aprender a tocar, la misma que hizo acto de aparición en todas las canciones de Afterthought que requerían ese instrumento.

Chloe acaricia con reverencia las cuerdas y arranca una o dos notas frágiles que reverberan por la habitación. Al girarse hacia las camas, descubre que Beca la está mirando con una expresión infinitamente suave en su rostro.

Ladea la cabeza en una pregunta silenciosa, y Beca deja escapar un torrente de aire avergonzado, sacudiendo su cabeza en una negativa.

- Siempre me ha sorprendido la facilidad con la que encajas en mi habitación. Es como si… – agita una mano en el aire, incierta de qué quiere hacer con ella o a dónde pretende llegar con ese movimiento –. Como si también fuera tuya.

- ¿Te molesta? – pregunta Chloe, de pie en medio del cuarto y repentinamente llena de inseguridad.

- No – susurra Beca, negando –. Todo lo contrario.

Sus ojos están llenos de fascinación y atrapan a Chloe. Se siente a sí misma cayendo, no sabe a dónde, pero sí que sabe que no pasa nada porque Beca va a estar ahí para cogerla.


Beca vuelve de la cocina con los brazos llenos de galletas y una botella de vino. Cierra la puerta de su habitación tras ella, cuidadosa de no hacer ruido alguno, y camina de puntillas hasta la cama de Chloe.

La pelirroja deja escapar una risita. Se siente como una adolescente otra vez, bebiendo el alcohol de sus padres a escondidas y quedándose despierta hasta las tantas de la mañana mientras hablaba con sus amigas de sexo y novios.

Se incorpora para quitarle a Beca la bolsa de galletas que está a punto de caer de su agarre, y la morena deposita la botella de vino en su mesilla. Parece darse cuenta de algo demasiado tarde, porque se golpea la frente y su rostro se transforma en una mueca de fastidio.

- Los vasos – susurra –. Me he olvidado de los vasos.

Ambas comparten una mirada y ríen, decidiendo que beberán a morro de la botella. Beca toma asiento en el colchón, que cruje bajo el peso añadido porque su madre sigue sin haberlo cambiado.

Chloe le ofrece a Beca galletas, y la morena coge un puñado. Son pequeñas y rectangulares, con la parte posterior recubierta de chocolate con leche. A ambas les saben a gloria y ayudan a saciar el hambre de la madrugada.

Cuando Beca termina de dar un trago a la botella y se la ofrece a Chloe, se da cuenta de que la pelirroja no la está mirando porque quiera vino. La sonrisa de Chloe crece más todavía y cruza las piernas, inclinándose hacia delante con emoción.

Sus ojos relampaguean en la semi oscuridad.

- ¿Podemos darnos ya los regalos de Navidad? – pide casi en una súplica.

Beca ríe y sacude la cabeza. Deja el vino en la mesilla de nuevo y se levanta hacia su maleta. Rebusca bajo la ropa de marca hasta que encuentra lo que está buscando y, al darse la vuelta para volver a la cama, Chloe ve el objeto rectangular envuelto en papel regalo.

Arquea una ceja y extiende las manos, abriéndolas y cerrándolas en el aire con ansia. Coge su regalo y se sorprende al descubrir que pesa más de lo que esperaba. Parece una caja con algo dentro que se mueve y suena a plástico.

Sus dedos impacientes son rápidos a la hora de buscar un pliegue o un borde levantado por el que poder comenzar a romper el papel regalo. Rasga una de las esquinas y descubre un trozo de una caja de zapatos.

- Creí haber dicho que no valía comprar nada – observa, sus labios fruncidos en un puchero de reproche.

- Y yo creí haberte dicho que me parecía una regla estúpida – rebate Beca.

Chloe se pausa y alza la mirada, olvidándose por un momento del regalo y de su curiosidad. Suspira, porque recuerda muy bien la conversación y lo mucho que le costó hacer que Beca aceptase la condición sin una explicación.

Se pasa una mano por el pelo, alborotando sus mechones cobrizos y echándoselos hacia un lado.

- ¿Tú solías jugar al amigo invisible en el colegio? – pregunta.

Ve la sorpresa de Beca ante el aparente cambio de tema. Su ceño se frunce y su boca se abre un momento, como si fuera a preguntar a qué viene eso, pero decidiera callarse en el último momento. Al final, asiente y espera.

- Entonces recordarás que solía haber gente que nadie quería tener como amigo invisible porque tenían fama de cutres. Y solía haber otros que todo el mundo quería porque solían hacer regalos increíbles.

Otro asentimiento.

- Bien, pues… – Chloe suspira y esquiva la mirada de Beca, optando por observar fijamente la raya de luz que se dibuja en la pared por el hueco que hay entre una cortina y otra –. No quería que nos pasara eso a nosotras.

Su mirada se desvía a la maleta de Beca, la cual sabe que está llena de ropa que Chloe no podría permitirse sin ahorrar un año entero para ello y, aun así, se le iría todo el dinero en una única camiseta.

Por el camino de vuelta hasta Beca, tropieza con las botas Balmain que yacen torcidas al pie de la cama.

- Tú tienes ahora todo este dinero – agita una mano en el aire en la dirección general de la maleta –, y yo no… Y… – agacha la cabeza con algo de vergüenza –. No quería que fueras la niña que tiene que conformarse con un llavero de un equipo de fútbol que ni siquiera le gusta, y yo ser la que acaba con un hámster nuevo.

Beca suspira al comprender finalmente el dilema de Chloe y chasca suavemente la lengua. Sacude la cabeza y se arrastra sobre el colchón, arrancando unos cuantos quejidos a los viejos muelles.

Su mano agarra una de las de Chloe, rompiendo el juego nervioso de sus dedos para entrelazarlos con la suya. La pelirroja alza la mirada, sin estar segura de qué va a encontrar en el rostro de Beca.

La expresión de su mejor amiga es dulce y suave. No hay rastro de molestia o decepción.

- Chlo – llama Beca, y espera hasta que sus ojos se encuentran para continuar. Esboza una tímida sonrisa –. Yo sería feliz con un simple llavero con tal de que viniera de ti.

Chloe bufa y pone los ojos en blanco porque vale, ella es romántica, pero hay un límite de cursiladas que puede aceptar. Beca no se ofende por su reacción, más bien al contrario. Ríe quedamente, como si la estuviera esperando, y se inclina hacia delante para buscar los ojos de Chloe.

- Sé que el tema del dinero va a ser complicado, pero a mí no me importa – Beca les da un apretón a sus dedos.

- A mí sí – murmura Chloe –. No me quiero sentir como una mujer florero, ¿sabes? No quiero sentir que no aporto nada, que estoy chupando del bote.

- Aunque harías muy bien de mujer florero – bromea Beca con una sonrisa torcida, ganándose un suave manotazo que esquiva entre risas silenciosas –, nunca serás una. Eres demasiado orgullosa para eso.

Chloe frunce los labios para ocultar su sonrisa. Echa la cabeza hacia atrás, pero al final termina dejándola caer entre sus hombros en un gesto de derrota. Es la admisión de que Beca tiene razón.

- La verdad es que lo más probable es que siempre gane mucho más que tú – dice Beca con todo el tacto del que es capaz, dentro de la brutal sinceridad que es tan característica de ella.

Chloe no tiene problema con ese dato, ella también es muy consciente de ello. El trabajo de veterinaria nunca podrá competir con el de cantante famosa a nivel mundial. Asiente lentamente, casi en un lamento.

- Dividiremos los gastos, pero solo es lógico que yo me haga cargo de los más grandes. Porque puedo y porque quiero – Beca remarca las palabras con dos apretones a sus dedos entrelazados –. Y si de vez en cuando me apetece comprarte algo bonito, tendrás que dejarme.

Agacha la cabeza hasta poder mirar a Chloe a los ojos.

- Tanto dinero no me sirve de nada si la chica a la que quiero no me deja gastarlo en ella – dice en un tono bajo que acaricia a Chloe como si fuera terciopelo.

Beca agacha la mirada y encoge un hombro en una extraña muestra de timidez, y Chloe parpadea para no dejar caer las lágrimas que puede sentir trepar por sus conductos lagrimales, haciendo que le cosquillee la nariz.

Todo este momento, la intimidad que las rodea y las separa del mundo por completo, la conversación en la que Beca está hablando sobre un futuro en el que vivirán juntas con absoluta certeza de que eso es lo que quiere, el hecho de que haya dejado caer de forma tan casual y a la vez tan cargada de significado que Chloe es la chica a la que quiere…

Todo este momento llena el corazón de Chloe de amor hasta el punto de que cada latido duele. Hay una auténtica tormenta eléctrica dentro de su pecho, siente los rayos sobrecargar cada uno de sus nervios y se pregunta si solo ella escucha el restallar de la estática.

Se pregunta si, si acunara las mejillas de Beca entre sus manos y le diera un beso en el que transmita todas esas emociones que se acumulan dentro de ella hasta que no les quede aire en los pulmones y tengan que separarse; se pregunta si Beca podría sentir esa electricidad.

Se pregunta si le daría un calambre.

Las ganas de encontrar respuestas para esas preguntas casi toman las riendas de su cuerpo. Como en un hechizo, Chloe se encuentra a sí misma buscando el momento ideal en que poder coger a Beca, pensando si será mejor inclinar la cabeza hacia la izquierda o hacia la derecha.

Pero parpadea algo de sentido común dentro de su cerebro, deshaciendo el hechizo justo a tiempo. Carraspea y siente el rubor expandirse por su pecho solo de pensar en lo que ha estado a punto de hacer.

Beca le regala una delicada sonrisa – no frágil, sino delicada por su belleza. Chloe la observa fijamente para grabarla en su memoria y poder dibujarla luego, queriendo preservarla para siempre.

- Abre el regalo anda – le urge suavemente con un movimiento de cabeza hacia la caja que yace, olvidada, en el regazo de Chloe.

La pelirroja baja la mirada hacia el paquete a medio desenvolver y quita los últimos restos de papel regalo. Hace una bola con él y Beca se ofrece a tirarlo a la basura por ella. Falla, ya que la bola rebota en el borde metálico y cae al suelo, pero ninguna de las dos tiene prisa por enmendar ese error.

Los ojos de Chloe recorren la etiqueta pegada en la tapa superior de la caja de zapatos. Es un trozo de papel blanco, pegado por los cuatro bordes con cinta americana plateada. Escrito sobre él en la letra desgarbada que es tan inconfundiblemente Beca, pone: bandas sonoras para una vida.

Intrigada, Chloe levanta la tapa y se le escapa una exclamación de puro deleite al ver lo que hay dentro.

Organizados en dos filas hay una gran cantidad de casetes. Las caras A de los dos primeros casetes están a la vista y Chloe puede ver que están catalogados con etiquetas de distintos colores y, sobre ellas, Beca ha escrito un título que resume su contenido.

Si mi vida fuera un musical

Viaje a la mágica infancia

Chloe recorre los bordes de plástico de cada casete con las yemas de los dedos. Su mirada es fascinada, su roce delicado. Sus labios están ligeramente entreabiertos en una demostración de adoración. Escoge dos casetes al azar y empuja los anteriores hacia delante para poder leer los títulos.

Días de lluvia, manta y chocolate caliente

Noches de insomnio

- Son como playlists en Spotify, pero a la antigua usanza – explica Beca con un gesto nervioso de la mano –. Sé que te gusta escuchar vinilos y casetes, y me contaste que de pequeña solías hacer compilaciones así, y se me ocurrió que podría gustarte… – su voz se apaga al darse cuenta de que está dando demasiadas explicaciones.

Sus ojos rehúyen los de Chloe, lo que delata que está avergonzada o tiene miedo de que piense que es una tontería. Se rasca la nuca y termina por encogerse de hombros para restarle importancia a lo que acaba de pasar.

- Es perfecto, Bec – murmura Chloe, casi sin voz por la emoción.

Alza la mirada de los casetes a tiempo de captar el suspiro de alivio que escapa de Beca. Los hombros de su mejor amiga vuelven a relajarse y una pequeña sonrisa curva sus labios. Chloe da una última caricia a la tapa de la caja una vez vuelve a cerrarla y la deja sobre el colchón con tanto cuidado que uno pensaría que está llena de delicadas figuritas de cristal.

Su sonrisa soñadora se torna algo nerviosa al darse cuenta de que es turno de darle su regalo a Beca. Alza un dedo para indicarle que espere y se tumba boca abajo en el colchón, asomando medio cuerpo por el borde de la cama para coger su mochila del suelo.

Rebusca en su interior hasta topar con la pequeña caja, reconociéndola por el lazo que la mantiene cerrada. Vuelve a sentarse de cara a Beca y le tiende la caja, que la morena observa con obvia intriga.

Es como la que usarían en una joyería para guardar un colgante o una pulsera, pequeña y plana, de un azul celeste. El lazo negro está perfectamente hecho, Chloe lo deshizo cinco veces antes de conseguir que quedase bien.

Los ojos de Beca destellan con curiosidad cuando sus dedos cogen un extremo del lazo y dan un calculado tirón para deshacerlo. La sedosa tela resbala de entre sus dedos hasta caer en su regazo, pero Beca está demasiado distraída con la caja como para darse cuenta.

Chloe se lleva una mano a la boca y se pellizca el labio inferior cuando ve los dedos de Beca curvarse sobre la tapa de la caja. Contiene la respiración mientras Beca levanta la tapa, y su mirada cae, intensa, sobre el rostro de la morena para captar a la perfección su primera reacción.

Dentro de la caja hay una llave, nueva y reluciente, que reposa sobre la espuma negra.

Primero, Beca frunce el ceño sin entender nada. Luego, parpadea al pensar en algo y sus ojos se entrecierran con sospecha. Finalmente, abre mucho los ojos y coge una brusca respiración.

Azul medianoche se levanta con la velocidad del relámpago y mira a Chloe.

- ¿Es esto...? – pregunta a media voz.

Chloe suelta su labio inferior y deja la mano convertida en un puño bajo su barbilla. Esboza una tímida sonrisa y asiente para confirmar las sospechas de Beca. La morena vuelve a mirar la llave y en su rostro se refleja la sospecha, la sorpresa y la maravilla que siente ante lo que Chloe ha decidido regalarle.

Con el pulgar de la mano que sujeta la caja, acaricia la llave con reverencia, igual que hizo Chloe con las cintas.

- Así no tendré que seguir esperándote despierta las noches que decidas venir por sorpresa – le dice con una sonrisa.

- Chlo... – murmura Beca, emocionada pero preparada para protestar.

Sin embargo, Chloe está preparada. Lo había previsto, sabía que Beca no iba a aceptar así como así la llave de su apartamento. Sabía que iba a pensar en mil pegas por las que no debería tener ese tipo de acceso a la casa de Chloe.

Así que se adelanta a la queja que va a caer de los labios de su mejor amiga:

- No es problema, de verdad. Quiero que la tengas – remarca, buscando la mirada de Beca –. Eres parte de mi vida ahora, Becs.

Chloe puede ver, con un asiento de primera fila, cómo Beca se derrite un poco. La morena se muerde el labio inferior y asiente lentamente, sin romper ni un instante el contacto visual. Y, a pesar de que no dice nada, Chloe sabe que Beca está teniendo el mismo dilema que ella tuvo antes.

Cuando tu corazón está tan lleno de emociones que las palabras no bastan para describirlas, pero necesitas que la otra persona sepa todo lo que estás sintiendo.

Cuando todo te pide que beses a la otra persona, pero tienes miedo de que todavía no sea el momento adecuado.

Azul medianoche se desliza hacia los labios de Chloe mientras Beca piensa. Chloe deja de respirar sin darse cuenta, y mantiene el aire en sus pulmones hasta que escapa casi con alivio cuando Beca termina por desviar la mirada.

La morena vuelve a cerrar la caja y la deja en el trozo de cama que queda libre entre sus piernas cruzadas. Entonces se echa hacia delante, casi abalanzándose sobre Chloe en busca de un abrazo.

La pelirroja rodea su cintura con un brazo al chocar juntas, mientras usa el otro para mantenerse recta, dejando escapar una risa que es, a la vez, un ooof sorprendido.

- Gracias – susurra Beca desde donde entierra su rostro en el cuello de Chloe.

Deposita el fantasma de un beso en la delicada piel de esa zona y Chloe se estremece sin poder evitarlo. Usa sus dos brazos para devolverle el abrazo a Beca, apretando sus cuerpos todo lo posible.


ctrl_atl_supr: bmitch47 pregunta para ti, ¿cuál es tu canción favorita ahora mismo?

bmitch47: ctrl_alt_supr esa es una pregunta MUY difícil. No te puedo decir solo una favorita, pero últimamente no dejo de escuchar en bucle 3:15, de Bazzi ;)

(Life out in Cali has been great, I'm committed

You the only thing that makes me wish things were different

I might fly you out, get your ass on a one way

If I had it my way)


- ¡Va a empezar, va a empezar, va a empezar!

Chloe corre por el pasillo mientras grita el aviso, sus manos agitándose en el aire en cualquier dirección en un revoloteo nervioso. Derrapa en la esquina de la entrada al salón y se sujeta al marco de la puerta hasta casi usar las uñas para no caer de culo.

Recupera el equilibrio e, impulsándose con una mano en el respaldo del sillón, salta por encima hasta caer sentada en los cojines. Se lanza sobre los mandos que están encima de la mesita central y enciende la televisión.

Cambia canales hasta encontrar el de CBS y se detiene en él, subiendo el volumen tres números más. Para su alivio, ve que todavía están echando un episodio de Mentes Criminales que Chloe debe haber visto ya unas cinco veces.

Se levanta con más calma y, al girarse, se encuentra a Aubrey, Amy y Stacie en el umbral del salón mirándola con expresiones que van desde la diversión hasta la burla.

- La ceremonia de los Grammys no empieza hasta dentro de una hora – le pica Stacie con una enorme sonrisa torcida que Chloe siente el impulso de borrar de su cara de un manotazo.

- Quiero ver la alfombra roja – responde tras limpiarse la garganta con un carraspeo.

- Uh-huh – asiente Stacie, todavía con esa sonrisa cómplice en los labios.

- ¿Sabes dónde puedes ver una alfombra roja? – le dice Amy.

Su rostro está tan serio que casi parece que vaya a decir algo coherente e informativo, pero cuando señala a Chloe y luego sus manos se estiran hasta encuadrar su pelvis, la cual luego procede a mover hacia delante y hacia atrás, Chloe se da cuenta de que solo le está tomando el pelo.

Pone los ojos en blanco de forma exagerada y deja escapar un boh desinteresado, pasando de largo junto a sus amigas para ir a la cocina. Stacie estalla en carcajadas y Aubrey le aparta las manos a Amy de un manotazo.

- ¿Bree, me ayudas un momento? – pide Chloe desde la cocina.

Escucha los pasos de su mejor amiga acercarse a ella. Está dando la espalda a la puerta, concentrada en las zanahorias alineadas sobre la tabla de cortar y el cuchillo que está usando para partirlas en tiras que luego poder mojar en el humus.

Aubrey ni siquiera pregunta qué necesita, su telepatía funciona tan bien a estas alturas que se dirige hacia las botellas de vino sin necesidad de dirección por parte de Chloe. Saca cuatro copas tras asegurarse de que Troy no va a estar esta noche, y abre los cajones hasta encontrar el sacacorchos.

Desde la cocina, Chloe puede escuchar las risas de Stacie y Amy en el salón y aprovecha el momento a solas con su mejor amiga.

- ¿Bree? – llama con cautela.

- ¿Hhhmm? – responde su mejor amiga, seguido del pop del corcho al salir del cuello de la botella de vino.

Cuando la rubia se gira a mirarla, Chloe no puede evitar sonreír de manera automática.

A su mejor amiga le ha sentado genial el cambio profesional, y aunque Chloe está convencida de que le habría sentado aún mejor haberse ido a Grecia como quería en un principio, Aubrey está feliz siendo la doula de ricachones que viven por todo Estados Unidos.

Deja el cuchillo sobre la tabla para no estar manejando un arma peligrosa mientras mantienen esta conversación. Da la espalda a la encimera, curvando las manos alrededor del borde de granito.

- ¿Todo bien? – pregunta Aubrey, preocupada, al notar la aprehensión de su mejor amiga. Deja las dos botellas de vino recién abiertas para que respiren y refleja la postura de Chloe.

- Sí, solo… – Chloe suspira. Cuando se imaginaba este momento, nunca le costaba tanto encontrar las palabras –. Quería pedirte perdón – dice al final.

- ¿A mí? – la rubia se sorprende y se lleva una mano al pecho, ladeando la cabeza con intriga –. ¿Por qué?

- Hace unos meses vi que habías ido a la fiesta de estreno del disco de Beca – responde con cautela –, y no me lo contaste.

No quiere que suene como una acusación, porque esa no es para nada su intención. Aun así, su tono neutro debe inquietar más a Aubrey que si estuviera lleno de alguna emoción, porque la rubia cambia el peso de un pie a otro y parece dispuesta a rogar por el perdón de Chloe.

Chloe se pausa un instante, pensativa. Luego, se bufa a sí misma mientras sacude la cabeza. Una sonrisa sarcástica se dibuja en sus labios y se rasca la frente con las yemas de los dedos.

- Es estúpido, pero hasta que no vi esa foto fui consciente de la cantidad de tiempo que pasas en Los Ángeles por trabajo… – gira una mano hasta poner la palma hacia el techo, como exponiendo algo –, por lo que debéis de haber pasado mucho tiempo juntas.

- A veces me quedaba en su habitación de invitados – reconoce Aubrey con el mismo tono que usaría un asesino que está admitiendo haber cometido un crimen.

Chloe suspira, confirmando sus sospechas. No creía que Beca hubiera permitido que Aubrey estuviera pagando un hotel cuando la morena disponía de una habitación que nunca usaba. Y aunque estaba segura de que Aubrey muchas veces se habría negado, otras veces habría sucumbido a la insistencia de la morena.

- Quería disculparme – continúa –, porque nunca fue mi intención que sintieras que tenías que escoger entre Beca y yo – alza la mirada y capta la sorpresa de Bree –, o que tenías que mantener tu amistad con ella en secreto.

La rubia ya está sacudiendo la cabeza en una negativa mucho antes de que Chloe termine de hablar.

- No, Chlo – rebate –. No fue culpa tuya para nada – Bree cruza la distancia entre ellas y posa una mano sobre el brazo de su mejor amiga –. Fue decisión mía, estabas destrozada y…. – suspira –. No creí que fuera buena idea contarte lo bien que estaba Beca.

- ¿Estaba bien? – pregunta Chloe casi sin voz.

No sabe qué importancia tiene ahora que han arreglado las cosas, pero algo en su interior le urge a preguntar de todos modos. Aubrey agacha la cabeza y contempla su respuesta antes de decirla despacio y cuidadosamente.

- Era un desastre – admite –. Iba como un zombie por la vida… Funcionaba, pero notabas que no estaba del todo presente – su mirada se desvía y desenfoca, recordando algo –. A veces me levantaba en medio de la noche para hacer pis y Beca seguía despierta. Algunas veces trabajaba, pero otras… Simplemente estaba… – agita una mano en el aire –, ahí.

Chloe asiente. Entiende a qué se refiere Aubrey sin necesidad de que lo explique más. Chloe también tuvo noches en las que simplemente estaba ahí, mirando a la nada sin fijarse en lo que tenía delante porque estaba demasiado perdida dentro de su cabeza. Atontada por el dolor.

- De todos modos – dice Chloe al cabo de un rato, retomando el tema principal –. ¿Qué clase de mejor amiga soy si has tenido que mantener una parte de tu vida oculta durante casi dos años? Me siento egoísta porque últimamente ha sido todo sobre mí.

Aubrey vuelve a negar con la cabeza para demostrar que no está de acuerdo, pero Chloe insiste. Al final, la rubia suspira.

- ¿Te sentirás mejor si lo dejamos en un empate? – propone –. Por todos esos años en Barden en los que no te traté como debía, especialmente mi último año.

Chloe pone los ojos en blanco, aunque termina por aceptar. Se funden en un cálido abrazo para sellar el empate, pero se ven obligadas a separarse cuando Stacie les grita desde el sillón que está comenzando la alfombra roja.

Chloe se olvida de los aperitivos y del vino, y sale corriendo hacia el salón.

- Tranquila, ya me ocupo yo de esto – le dice Aubrey, su sarcasmo convirtiéndose en risa.


- Me encanta el vestido de Ariana – comenta Aubrey antes de dar un sorbo a su copa de vino.

Ven a la joven artista sonreír frente a las cámaras mientras de fondo los presentadores presentes en la alfombra roja entrevistan a Katy Perry, tratando de averiguar si tiene un disco nuevo en proceso de creación o se está tomando un año sabático.

- ¿Qué os parece lo de que se vaya a casar? ¿No es un poco locura? – dice Stacie.

- ¿Locura por qué? – pregunta Chloe, ladeando la cabeza y desviando sus ojos de la tele para mirar a la Bella sentada a su lado.

- Primero, solo tiene 25 años, es demasiado joven para andar pensando en cansarse – alega Stacie alargando un dedo en el aire. Sube otro dedo para continuar con su lista de argumentos –. Y segundo, ella y ¿Pete, se llama? – recibe un coro de asentimientos –. Pues ella y Pete llevan muy poco tiempo saliendo.

- Si lo sabes, lo sabes – opina Amy con un encogimiento de hombros, alzando su copa al aire en un brindis melancólico –. Los buenos sementales son escasos, así que si encuentras uno debes atarlo cuanto antes.

- Además – interviene Chloe, restos de risa en su voz –, te recuerdo que Cynthia Rose se casó con 22 años y no te pareció una locura.

Stacie rueda los ojos y agita una mano en el aire para desestimar el alegato de Chloe.

- Pero lo de CR es diferente. Ya sabes lo que dicen.

- ¿Qué dicen? – pregunta Aubrey sin poder evitar sonar curiosa.

- Bueno… – Stacie se encoge de hombros –. Las lesbianas tienen fama de comprometerse demasiado rápido. En plan, se conocen y al día siguiente ya se están yendo a vivir juntas.

- ¡Stacie! No deberías promover los estereotipos – le recrimina Chloe, dándole un suave manotazo en el brazo que hace que la morena rompa en risas.

- ¡Y no lo hago! – se defiende Stacie, todavía riéndose –. Solo que, en este caso, resulta que es cierto.

- ¡Woot, woot! – grita Amy, interrumpiendo las risas de sus amigas y alzando las manos hacia el techo como si estuvieran en medio de una fiesta en una fraternidad. Es un milagro que no se tire todo el vino por encima –. ¡Buenorro a la vista! – señala hacia la televisión.

La cabeza de Chloe se gira a la velocidad de la luz, esperando ver a Beca en la alfombra roja con esa sonrisa torcida que vuelve sus rodillas gelatina. No tiene ni idea de qué va a llevar la morena puesto porque ha querido mantenerlo en secreto, y la intriga le está comiendo por dentro.

Sin embargo, encuentra a Justin Bieber y Hailey Baldwin posando frente a las hordas de paparazzi. Su esperanza se convierte en una mueca de desagrado.

Bieber lleva gafas de sol para protegerse de los flashes de las cámaras que disparan como locas Su pelo rubio está repeinado hacia atrás con tanta gomina que parece que le ha lamido una vaca. El diamante en el dedo anular de Hailey capta la luz y llama la atención de toda persona en un kilómetro a la redonda.

- Por dios, Ames – se queja Aubrey poniendo los ojos en blanco –. ¿Cómo te puede parecer… eso – agita una mano en la dirección general en la que está Bieber –, atractivo?

- Con ese bigote parece un actor porno de los ochenta – aporta Stacie en un tono monótono.

- O un pervertido – añade Chloe.

Las tres estallan en carcajadas, pero Amy no se deja afectar por su opinión.

- Decid lo que queráis, pero eso de ahí – señala hacia Justin –, es un hombre – pronuncia la palabra exageradamente, dejando que las letras rueden individualmente por su lengua hasta caer –. Solo…

- Espera – le corta Stacie bruscamente, alargando una mano hacia Amy para taparle la boca con un dedo que le aplasta los labios y se los tuerce en una expresión muy rara –. ¿Esa es…?

Nunca tiene oportunidad de terminar su pregunta porque Chloe, que bebe toda imagen que aparece en televisión a la espera del momento en que aparezca su mejor amiga, identifica la menuda figura que se cuela por el borde izquierdo de la cámara.

- ¿¡Beca?! – exclama con incredulidad.

Una mujer rubia guía a la morena con una mano en su espalda a través del photocall. Hailey Baldwin termina sus fotos en solitario y desparece del encuadre, dejando el espacio libre para Beca.

Cuando Chloe ve lo que lleva puesto, su mandíbula cae abierta de par en par. Se escucha una exclamación de sorpresa con coro, pero Chloe está demasiado fuera de sí como para saber si ha sido ella o las demás.

- Dayuuuummm – murmura Amy con obvia admiración –. Alguien se ha puesto cachonda…

- Sí – dice Stacie –. Y está sentada a mi lado.

Le clava un codo en las costillas a Chloe, quien se lo devuelve mientras carraspea para tratar de recuperarse de su trance. No se molesta en negarlo, porque todas saben que Stacie tiene razón y no la culpan.

Beca está increíble en ese traje de pantalón negro. La americana se ajusta a su torso perfectamente, pero lo que capta la mirada de Chloe una y otra vez por más que intente desviarla es la ausencia de una camisa o body por debajo de la americana. Solo hay piel.

El escote es de vértigo y Chloe siente su estómago dar una voltereta cada vez que sus ojos se deslizan por él.

- Esta chica… – Aubrey chasca la lengua y sacude la cabeza con falsa decepción –. No puede no llevar pinchos en las orejas ni siquiera para los Grammys.

Chloe ríe. Beca lleva el pelo suelto y perfectamente peinado en ondas sedosas que caen hasta su pecho. El lado izquierdo lo lleva recogido por detrás de la oreja y deja al descubierto un pendiente con múltiples pinchos dorados que sobresalen por la parte inferior de su oreja.

- A mí me gustan sus monstruosidades – opina Chloe con un encogimiento de hombros, su sonrisa tan grande que le duelen las mejillas.

- Lo sabemos – responden las tres exBellas a la vez.

Sus risas se apagan cuando Beca se acerca a los presentadores para ser entrevistada. Su sonrisa se vuelve más sincera ahora que no está dirigida a los paparazzis, pero Chloe detecta los nervios que Beca está sintiendo.

- Hey, hola – saluda a los presentadores con las dos manos desde la distancia y cuando por fin los alcanza, estos rompen en exclamaciones y halagos sobre su traje.

La morena se sonroja un poco y se mira a sí misma como para decir: ¿todo por estos trapos de nada?

- ¿Qué llevas puesto? – pregunta la presentadora, girando el micrófono para que apunte hacia Beca.

- Eerrmm, todavía no me acostumbro a esto… – cierra los ojos un momento y los abre de golpe al recordar, chascando los dedos –. Jimmy Choo en los pies – dice mientras la cámara hace un recorrido desde sus tacones hasta su rostro –, y el traje es de Band of Outsiders.

- Me encanta – le dice el presentador con un movimiento exagerado de su mano –. ¿Vienes sola esta noche?

- Lamentablemente sí, mi acompañante no estaba disponible en estas fechas – Beca chasca la lengua con decepción.

Chloe se muerde el labio para no reírse al sentir las miradas curiosas de sus amigas sobre ella, probablemente considerando si Beca se está refiriendo de verdad a Chloe o es todo una estratagema para marear a la prensa.

El presentador no parece muy satisfecho con la escueta respuesta. Ríe, pero se puede notar su fastidio y lo empeñado que está en sacar más información de la morena. Se inclina hacia ella con aire confidencial y una sonrisa cómplice.

- ¿Tiene eso algo que ver con tu amiga Chloe Beale?

- No sabría qué decirte, Ryan – responde la morena, encogiéndose de hombros y tratando de ocultar la satisfacción que le produce dejar a la gente con más preguntas que antes.

- Cuéntanos, Beca. ¿Cómo se siente estar nominada a mejor artista revelación? – inquiere la presentadora para redirigir la conversación y aprovechar al máximo el poco tiempo con el que cuentan.

La morena bufa una risa incrédula y sacude la cabeza.

- Es una auténtica locura, la verdad – confiesa –. Mi sueño nunca fue cantar, yo solo quería producir, así que nunca creí que llegaría aquí tan pronto… Todo esto – señala a su alrededor con las manos –, es surrealista.

- ¿Crees que ganarás? – se interesa el presentador, sonriendo en un intento de parecer travieso.

- Compito con grandes artistas como Khalid, Julia Michaels y Alessa Cara, así que no – niega Beca en una risa. Se encoge de hombros para demostrar que no es algo que le robe el sueño por las noches.

- Bueno, te deseamos mucha suerte de todos modos.

Beca se despide de ellos con una sonrisa y la mujer rubia vuelve a aparecer para ayudarla a bajar de la pequeña tarima en la que se encuentran los presentadores.

En cuanto desaparecen juntas por el borde derecho de la imagen que proporciona la cámara, Chloe nota tres pares de ojos caer sobre ella y no puede evitar la sonrisa malvada que curva sus labios.

- ¿Te pidió Beca que fueras su acompañante en los Grammys? – exclama Stacie, su voz unas octavas más aguda de lo normal.

- Como presidenta auto declarada del club de fans de Bhloe, exijo respuestas – presiona Amy desde el otro extremo del sillón.

Aubrey se mantiene callada, pero tiene la suficiente decencia de asentir y lucir interesada en la conversación a pesar de que es la única de las presentes, además de Chloe, que ya conoce la historia al completo.

- Sí pero no – responde Chloe en una risa.

- ¿Qué demonios significa eso? – pregunta Amy, confundida y exasperada.

- No le dejaron pedírmelo – clarifica –. Le dijeron que le convenía ir con otro famoso, por la publicidad y eso – Chloe pone los ojos en blanco, la misma reacción que tuvo cuando Beca se lo contó por Skype –. Pero aun así me lo pidió.

- Típico de Beca – comenta Stacie, asintiendo.

- Le dije que no porque no quería que se metiera en líos con Khaled y con la tesis y todo… – sacude la cabeza –. No podía permitirme perder clase por ir a los Grammys – Chloe se encoge de hombros.

Ha tenido tiempo para hacer las paces con su decisión, a pesar de que en ese momento fue lo más duro del mundo. Se sentía estúpida, pensando que estaba dejando pasar la oportunidad de su vida por un par de clases que podría recuperar usando los apuntes de algún compañero y una tesis en la que quizá podía seguir trabajando desde Los Ángeles.

Por eso acudió a Aubrey, para que le recordara que estaba haciendo bien al anteponer sus estudios. Y, además, Beca aceptó sin rechistar su rechazo y le dijo que lo comprendía perfectamente, así que eso también ayudó un poco.

- Y, bueno, todo estaba todo el rollo de que son los Grammys – remarca Chloe, como si eso ya fuera suficiente explicación de lo que quiere decir. Y lo debe ser, porque sus amigas asienten –. Si vamos a hacer una aparición pública juntas, me gustaría que fuera en un sitio un poco menos abrumador.

- Tiene sentido – le tranquiliza Bree, alargando una mano desde su butaca para darle un apretón al brazo de Chloe.

- ¿Habéis hablando ya de cuándo lo vais a hacer público? – inquiere Stacie con más tacto que antes.

- Beca me está dejando decidir a mí – responde la pelirroja, suspirando –. De todos modos, primero habrá que tener algo que hacer público.

Amy bufa y ríe, haciendo que Chloe gire la cabeza y entrecierre los ojos, preguntándose qué encuentra tan divertido.

- Venga ya – le dice la australiana al notar su mirada sobre ella. Extiende los brazos y transforma su rostro en una mueca escéptica –. Beca y tú estáis saliendo.

Chloe frunce el ceño y ladea la cabeza, considerando esa declaración. ¿Se puede considerar lo que tiene con Beca una relación? ¿Sin contacto físico más allá de abrazos y besos inocentes? No está segura, y abre la boca para decirlo, pero Amy alarga una mano para pedirle que espere.

- Quizá no sea una relación convencional, porque las dos sois más raras que un perro verde y nadie entiende a qué esperáis para empezar a hacer hijos, pero – se pausa y clava a Chloe con su mirada –. Estáis saliendo.

- No es que no lo entendamos, porque sí lo hacemos – interviene Bree para aclarar ese pequeño detalle, notando que el ceño de su mejor amiga se ha fruncido momentáneamente al escuchar esas palabras –. Es que nos gustaría que no fuera necesario, ¿sabes?

Chloe asiente. Que se lo digan a ella, o a la Dra. Peterson. Tomar la decisión de esperar en vez de precipitarse a una relación con Beca le robó el sueño durante semanas.

- En un mundo ideal, Beca y tú ya estaríais casadas – añade Stacie con una sonrisa soñadora.

Chloe intenta imaginarse ese futuro. Es complicado al principio porque hay tantas incógnitas para las que no sabe cuándo encontrará la respuesta, que la fantasía es algo borrosa, como si necesitase gafas repentinamente o estuviera mirando a través del objetivo desenfocado de una cámara.

Pero luego la imagen va ganando definición y puede imaginárselo. Algo pequeño primero, solo despertarse y acostarse todos los días con Beca a su lado. Y, de ahí, va escalando poco a poco con ayuda de sus recuerdos de aquellos dos años que compartió con la morena en Nueva York.

Las cenas juntas, los desayunos juntas. Las mañanas perezosas de los domingos remoloneando en la cama durante horas. Tardes de otoño lluviosas acurrucadas en el sillón bajo una manta. La música de Beca filtrándose desde su despacho hacia el resto de la casa.

No es capaz de ir más allá. Cosas simples, momentos que su corazón echa tanto de menos como si fueran el oxígeno que necesita para respirar. No es capaz de imaginarse una boda, o hijos, o la casa de dos pisos con valla blanca que Bree describe.

Eso todavía está muy adelante en el futuro, y tienen que pasar tantas cosas antes…

El hilo de sus pensamientos se ve interrumpido por las exclamaciones excitadas de Amy. Parpadea de vuelta en la vida real y escucha la sintonía de los Grammys sobre la intro que indica que la ceremonia está a punto de comenzar.

Mientras ven los premios, la conversación nunca se acaba. Lo comentan todo, desde si consideran que el ganador lo merece o si esperaban que fuera otra persona, hasta si James Corden está haciendo un buen trabajo como presentador. Los únicos momentos de verdadero silencio son antes de que presenten la siguiente categoría y durante las actuaciones musicales.

Chloe no aparta la mirada de la tele ni un segundo, bebiendo cada pequeño instante en que las cámaras se vuelven al público y una de ellas capta a Beca durante unos segundos. La morena parece estar entretenida, sentada en una de las filas del medio, y de vez en cuando intercambia alguna palabra con Charlie XCX.

Entonces, por fin anuncian la categoría de mejor artista revelación.

- ¡Sshh! – chista Chloe, acabando de raíz con la conversación entre Stacie y Amy. Golpetea sus piernas con una mano repetidamente para devolver su atención a la televisión y transmitirles la urgencia del momento.

Todas se sientan más rectas en el sillón automáticamente y se hace un silencio absoluto. Chloe contiene la respiración sin darse cuenta mientras la pantalla se divide en una cuadrícula y, en cada una de ellas, aparecen los artistas nominados en esta categoría.

Nick Jonas y Kelly Clarkson son los músicos elegidos para presentar el ganador, y juntos introducen la categoría y todos los nombres de los nominados. La música se apaga para dar suspense justo después de que Nick diga las mágicas palabras:

- Y el mejor artista revelación es…

Kelly Clarkson esboza una sonrisa nerviosa mientras sus dedos se cuelan por debajo de la pegatina que mantiene la solapa del sobre pegada a la base.

El corazón de Chloe late fuertemente contra su pecho y no entiende cómo se las apaña Beca para parecer tan tranquila. Como si la cosa no fuera con ella, como si su rostro no estuviera entre los candidatos a ganar un Grammy.

Las tres Bellas se inclinan inconscientemente hacia la pantalla, a la espera del nombre.

- ¡Beca Mitchell!

El salón se llena de gritos. Chloe es la primera en saltar de pie y tira el bol de palomitas que tenía en su regazo. Puede escuchar el crujir de las palomitas bajo las plantas de sus pies mientras salta de arriba abajo, gritando de emoción.

Stacie es la siguiente en unirse, y Amy sale corriendo hacia Aubrey y dan vueltas juntas en un abrazo. Se calman lo suficiente para ver que a Beca le cuesta reaccionar, como si se hubiera convencido tanto a sí misma de que no iba a ganar que su cerebro no registra que han llamado su nombre.

Envueltas en un abrazo, las tres Bellas observan cómo el rostro de Beca se transforma en una mueca de absoluta confusión antes de llenarse de sorpresa. Charlie XCX deja de aplaudir para empujarla a que se levante y le da un breve abrazo de enhorabuena.

A su paso, todos los artistas con los que se cruza se levantan y celebran su victoria, la cual Beca todavía no parece terminar de creerse. En shock, camina hasta el escenario y recibe el gramófono dorado como un robot que solo está obedeciendo las órdenes del que tiene sus mandos.

Nick le da dos besos en la mejilla y Kelly Clarkson le da un enorme abrazo, su sonrisa tan grande que cualquiera diría que ha ganado ella el premio. Le murmura algo al oído que hace que Beca sonría, pero pronto parece darse cuenta de que el tiempo apremia y ocupa su lugar frente al micrófono.

- Um, wow – murmura –. Quizá debería haber ensayado más mi discurso…

Todo el mundo ríe con ella. Chloe se cubre la boca con las manos y siente lágrimas cálidas correr por sus mejillas, pero no se molesta en secárselas porque sabe que apenas son el principio de todas las que van a caer.

- La gran Carrie Fisher dijo una vez: coge tu corazón roto y conviértelo en arte – comienza a decir Beca, mirando el pesado gramófono dorado que tiene entre sus manos. Recibe otra oleada de aplausos y algunos vítores que le obligan a pausarse un segundo –. Eso intenté hacer yo y… – sacude la cabeza –, me sigue sorprendiendo la cantidad de gente que dice sentirse identificada con mi música. Este premio se lo debo a ellos.

Alza el gramófono un poco, girando la cabeza hacia las filas y filas de gente que se extiende a sus pies y que aplauden sus palabras. La sonrisa de Beca es enorme y, a pesar de todo, sigue llena de incredulidad.

- Quiero dedicárselo a Theo por ver algo especial en mí y, um… A DJ Khaled por hacerle caso y decidir arriesgarse conmigo – su sonrisa se tuerce con un poco de picardía, pero su felicidad es tanta que pronto vuelve a ponerse recta y expandirse hasta sus mejillas –. A mis Bellas, que no tienen miedo de abofetear algo de sentido común dentro de mí si ven que estoy cometiendo un gran error – ríe, y su risa es coreada por la audiencia –. Gracias por enseñarme que la familia debe impulsarte, no frenarte.

- Aaawww – exclama Stacie, sus ojos verdes anegados en lágrimas.

- Se está volviendo toda una blandengue – se burla Aubrey, aunque acto seguido se sorbe la nariz y se seca una mejilla con el dorso de la mano.

- Y, por último… – Beca se humedece los labios y su mirada se mueve hasta fijarse en la cámara que tiene justo frente a ella –. Esto es gracias a ti, tú sabes quién eres – dice, agitando el premio hacia la cámara –. Gracias por volver a mi lado y ayudarme a recordar lo que se siente cuando te late el corazón.

Chloe se traga un sollozo, una mano en la boca y la otra en su pecho.

Siente el revoloteo excitado de su corazón contra la palma de su mano y sonríe, porque solo Beca es capaz de hacerlo latir de esta forma desde casi cuatro mil kilómetros de distancia.


Es mucho más tarde cuando su iPhone empieza a vibrar sobre su colchón, en respuesta a los aproximadamente 80 mensajes llenos de gritos y palabras orgullosas que le mandó a Beca.

Bosteza y se frota los ojos, tratando de espabilarse un poco. Coge el móvil rápidamente para que la vibración no despierte a Aubrey, que duerme plácidamente en el otro lado de su cama. De puntillas, sale de la habitación y pasa de largo el salón, desde donde salen los ronquidos de Amy.

Se encierra en la cocina y responde a la llamada antes de que Beca cuelgue.

- Hey – su tono es quedo y suave, acorde con la hora y el cansancio que le pesa en los párpados.

- Chlo, Chlo – llama Beca al otro lado sonando urgente y excitada –. Adivina a quién he conocido hoy.

- Mmm no sé, ¿a medio Hollywood? – ríe silenciosamente.

- A Beyoncé, Chlo. Be-yon-cé – repite Beca, separando cada sílaba como si fuera la única forma de hacerlo comprensible para el resto de los mortales que habitan la Tierra –. Me felicitó por mi premio y me dio un abrazo y creo que hice el ridículo porque no recuerdo nada de lo que dije o hice.

Chloe sonríe al escuchar el balbuceo nervioso de Beca por encima del bullicio de fondo. Suena demasiado apagado como para que la morena esté presente en la after-party, pero si hubiera salido a la calle no se escucharía nada más que el tráfico.

- ¿Dónde estás?

- Oh, me he metido en el baño para poder llamarte – responde Beca, y Chloe puede ver su encogimiento de hombros despreocupado con tanta claridad como si la tuviera delante.

Justo en ese momento, alguien tira de la cadena y sale. Beca se queda en silencio, y Chloe se la puede imaginar sonriendo y saludando torpemente, tratando de convertir en algo totalmente normal estar escondida en el baño para hablar por teléfono.

- Kendall Jenner me acaba de mirar raro – susurra Beca al cabo de un rato, y de fondo se puede escuchar el ruido de una puerta cerrarse, volviendo a apagar el bullicio de la after-party.

- Oh. Wow– celebra Chloe. Entonces su cerebro se pone a su altura y se frena en seco –. Espera. ¿Qué pinta Kendall Jenner en los Grammy's?

- Ni idea, pero... ¿Es realmente una fiesta importante si no hay mínimo dos Kardashian en ella?

- Hmmm – Chloe medita la pregunta de Beca seriamente –. Es una buena hipótesis – admite al final con un asentimiento complacido –. Debería haber hecho mi tesis sobre eso.

- ¿Qué tal lo llevas, por cierto? – se interesa Beca.

- Prefiero no pensar en ello... – suspira de forma lastimera.

Se vuelve a hacer una pausa y Chloe escucha de lejos un grifo abierto, seguido del secador de manos. Supone que Beca está esperando a que se marche esa mujer antes de retomar la conversación.

- ¿Qué te ha parecido el traje? - pregunta Beca en cuanto la puerta del baño vuelve a cerrarse. Su voz suena tímida, quizá algo nerviosa, como si la opinión de Chloe fuera muy importante para ella.

(Lo es. Siempre lo ha sido y, probablemente, siempre lo será.)

Igual que un relámpago, la imagen de Beca en ese traje le vienen a la mente. Recuerda el triángulo de piel pálida que se forma entre los bordes de la americana, ese escote que cae hasta los comienzos de su abdomen y no deja ver nada, pero insinúa lo suficiente.

Su boca se seca en respuesta a las imágenes que flotan por su cabeza y siente una oleada de calor recorrer su cuerpo, erizando hasta su último pelo.

- Beca… – la voz de Chloe es grave y rasposa, y es suficiente respuesta por sí sola.

Escucha cómo su mejor amiga coge una temblorosa respiración. Carraspea para limpiarse la garganta antes de intentar hablar.

- Guay, me... – una pausa –. Me alegro.

De fondo, vuelve a la vida con un crujido el muelle de la puerta que impide que se cierre de golpe. El alboroto de la after-party se cuela al interior del baño, anunciando la entrada de un grupo de al menos varias personas.

La puerta vuelve a cerrarse y el alboroto disminuye, pero se escuchan los tacones de varias mujeres. Beca se queda callada, pero escapa de ella una exclamación estrangulada de sorpresa.

Hay un par de risas escandalosas y el ruido de puertas abriéndose y cerrándose por encima de las conversaciones despreocupadas que mantienen mientras hacen pis y se ayudan las unas a las otras con los vestidos y los bolsos.

Chloe nunca ha estado en ningún evento de semejante calibre, pero ha visto las suficientes entrevistas como para saber qué ocurre en el interior del baño de mujeres. Hashtag: MujeresApoyandoMujeres. Hashtag: Hermandad.

- Oh, erm... Umm... No, gracias – escucha murmurar a Beca, tropezando sobre sus palabras por los nervios.

La persona con la que acaba de interactuar debe alejarse de ella, porque la morena deja escapar una especie de gemido incrédulo.

- Oh dios mío, Chloe. Rihanna me acaba de ofrecer whisky de su petaca barra brazalete – le cuenta en un susurro emocionado. Su boca está tan pegada al altavoz de su iPhone en un intento de mantener en secreto lo que dice, que Chloe puede escuchar el roce de sus labios y su respiración agitada –. Y ahora están vapeando tranquilamente – Beca derrocha incredulidad –. Ya puedo morirme en paz, después de esto no se puede ir más alto.

Chloe ríe con ella, aunque parte de su corazón se contrae de forma dolorosa al pensar que podría haber estado viviendo todas estas nuevas experiencias de primera mano, junto a Beca. Se habrían gritado en persona con cada famoso que conocieran, y se habrían sacado la una a la otra de los trances a base de codazos y apretones excitados de los dedos.

En su lugar, tiene que vivir todo desde la distancia y a través de Beca.

- Voy a dejar que vuelvas a la fiesta – declara, tratando de que no se note que lo dice a regañadientes.

- ¿Qué? ¡No! ¿Por qué? – protesta Beca, sorprendida.

- Esta es una experiencia increíble para ti, Bec. Tienes que vivirla a tope y no lo vas a hacer si te quedas todo el rato encerrada en el baño hablando conmigo.

Beca suspira, pero no intenta disuadirla porque ella también sabe que Chloe tiene razón.

- Ojalá estuvieras aquí...

- Lo sé... – exhala Chloe –. Pero no estoy, así que acércate a Rihanna y acepta ese trago de whiskey porque estoy segura de que decirle que no a Rihanna constituye suicidio social – ríen juntas, y Chloe espera hasta la última gota que Beca tenga que ofrecer para decir su despedida –. Mañana ya me contarás todo con lujo de detalles.

- Vale – acepta la morena, no sin algo de reticencia –. Te quiero, Chlo.

- Y yo a ti, Becs. Estoy muy orgullosa de ti – responde.

La sonrisa le dura incluso después de haberse quedado dormida.


theGRAMMYs: bmitch47 le dedica su premio a X: Gracias por volver a mi lado y ayudarme a recordar lo que se siente cuando te late el corazón. – Podéis ver el discurso entero aquí.

Harry_Styles: theGRAMMYs bmitch47 he visto lo que has hecho ahí ;)

bmitch47: theGRAMMYs Harry_Styles no sé de qué me hablas o_O


17/03/21

Por: Liz Bennet

BECA MITCHELL SORPRENDE A SUS FANS CON UNA CANCIÓN NUEVA

En pleno concierto en Berlín, la artista se desvió de la tracklist original para dar a conocer entre sus fans uno de sus nuevos temas

Los afortunados que estuvieran presentes en el concierto de Beca Mitchell en Berlín pudieron vivir este momento en directo. Los que no tuvimos tanta suerte, nos enteramos a través de vídeos temblorosos en los que se escuchaba la voz de Mitchell por debajo de los gritos alocados de sus fans.

La artista dijo que quería que sus seguidores fueran los primeros en juzgar ese nuevo tema, uno de tantos en los que llevaba trabajando a lo largo de estos meses. Podemos suponer que, cuando termine el tour y vuelva al estudio, publicará las canciones con las que tienta a sus fans a través de las redes sociales y, ahora, conciertos.

La canción, llamada "Lost In Japan", tiene un ritmo sensual y habla sobre una relación a distancia que no es del todo seria, pero es mucho más que una simple amistad. Mitchell cuenta que es incapaz de dejar de pensar en esa persona y estaría dispuesta a viajar en avión, aunque solo sea por unas horas, para verla.

La historia encaja mucho con todas esas idas y venidas de la artista durante la etapa del tour norteamericana, las fotos que la pillaron abrazando a su mejor amiga Chloe Beale en Ithaca, y todas esas teorías que vinculan la identidad de X a Beale.

Ninguna de las dos ha confirmado ni desmentido esa posible relación. Es más, parece que se divierten jugando al despiste con el público, a juzgar por los tweets crípticos y las fotos que publican en sus cuentas de Instagram: podrían ser ellas, o podrían ser literalmente cualquier persona.

Más noticias: ESCUCHA EL NUEVO TEMA DE BECA MITCHELL, "LOST IN JAPAN", EN DIRECTO

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(Do you got plans tonight?

I'm a couple hundred miles from Japan, and I

I was thinking I could fly to your hotel tonight

'Cause I can't get you off my mind)


Chloe alza los brazos por encima de su cabeza mientras vitorea con toda la fuerza que puede, teniendo en cuenta que no deja de reírse al ver las reverencias burlonas de Stacie y Emily en el escenario del bar.

Las dos Bellas bajan por las escaleras frontales todavía haciendo el tonto, entre aplausos y silbidos, y devuelven los micrófonos al encargado del karaoke. Llegan a la mesa que ocupan todas las Bellas, justo al lado de una palmera de neón, jadeantes con los restos de la risa y el esfuerzo que han hecho para interpretar Bohemian Rapsody como si fueran Queen de verdad.

- Nadie va a ser capaz de superar semejante espectáculo, lo sabéis, ¿verdad? – les felicita Cynthia Rose, su voz raposa alzada para hacerse escuchar por encima del alboroto del bar y del hombre que está intentando no destrozar mucho Wake Me Up de Avicii.

- De eso se trata – responde Stacie con una sonrisa torcida y un guiño pícaro.

Chloe se distrae de la conversación al notar un cuerpo presionarse contra su espalda. Se gira con toda la intención de protestar, pero ve los brazos de Beca extenderse a su alrededor, sus manos ocupadas con tres cervezas en cada una.

Rápidamente, rodea las muñecas de la morena para guiar las cervezas hasta la firme superficie de la mesa de madera. En el otro extremo, llega Aubrey igual de cargada y las Bellas se abalanzan rápidamente sobre las bebidas frías.

Beca se mueve hasta asomarse por un costado de Chloe, quien automáticamente gira su cuerpo para acomodar a su mejor amiga. Rodea sus hombros con su brazo, sonriendo por la diferencia de altura ahora que ella está sentada en un taburete alto y Beca permanece de pie.

Deposita un breve beso en la mejilla de Beca a modo de gracias por las cervezas y siente la mano de la morena darle un suave apretón a su cadera. El escándalo de Amy apareciendo con una bandeja de chupitos rompe su burbuja y las devuelve a su ruidoso grupo de amigas.

Cuando Chloe decidió usar sus vacaciones de primavera para ir a Los Ángeles a visitar a Beca, aprovechando que estaba en un descanso entre el tour de Europa y el de Sudamérica, la noticia corrió como la pólvora entre las Bellas.

Y aunque Chloe es técnicamente la única que tiene vacaciones porque es la única que sigue estudiando, las demás Bellas decidieron tomarse la semana libre. Aubrey ya estaba en Los Ángeles por trabajo, y era toda la excusa que necesitaban para proclamar que ya iba siendo hora de una reunión.

- ¡Por las reuniones improvisadas! – brinda Emily con una sonrisa tan grande que es prácticamente todo lo que se ve de su cara.

Las Bellas corean el brindis y se beben de un trago el chupito de Jäger. Chloe tuerce el rostro en una mueca ante el ardor de su garganta, que baja por su esófago hasta acumularse en su estómago. Le hace darse cuenta de que se ha desacostumbrado a beber cosas tan fuertes.

- Woah – exhala, guiñando un ojo y sacudiendo la cabeza.

- ¿Has perdido el fuego, pelirroja? – le pregunta Amy, su tono a medio camino de un reproche, una burla y un lamento.

Chloe antes era, junto con Stacie y Amy, de las que más aguante tenía de todas las Bellas. Pero Veterinaria es tan dura como advierten, así que ha perdido el hábito de las fiestas y borracheras constantes que adquirió en Barden.

- He cambiado los licores por la cerveza, el vino… Quizá una sangría si el día es caluroso y estoy con ganas de verano – responde encogiendo un hombro.

- Los años no pasan en balde – le pica Beca, atrapando su lengua entre los dientes y riéndose silenciosamente.

- ¡Oye! – Chloe le clava un dedo entre las costillas y la morena da un brinco hacia un lado, intentando esquivarla.

Casi se lleva por delante a un camarero cargado con vasos sucios y botellas vacías, pero Chloe evita el accidente en el último momento al atrapar la muñeca de Beca con su mano y tirar de ella para quitarla del camino.

Beca choca con su costado y Chloe la abraza contra ella para asegurarse de que se mantenga quieta y fuera de peligro. Ambas se están riendo, sin aliento por la sorpresa y la adrenalina.

- Solo tengo dos años más que todas vosotras – les recuerda Chloe a las demás Bellas –. Así que, si soy algo, es una proyección de vuestro futuro.

- Yo ya estoy ahí – Stacie alza la palma de su mano y extiende el brazo para que Chloe le pueda chocar los cinco y así celebrarlo juntas.

Las demás Bellas ríen con ellas, pero su conversación se ve interrumpida cuando el encargado del karaoke llama el nombre de la persona que va a cantar a continuación y la canción que ha escogido: I Will Survive.

De una mesa de la esquina en la que están celebrando una despedida de soltera, se levanta la futura esposa entre aplausos y vítores de sus amigas, que alzan sus copas de champán y gritan todo tipo de chorradas para hacer reír a la futura esposa.

- ¿Quién es la siguiente? – pregunta Beca, señalando hacia el escenario con un gesto de cabeza.

- Primero le toca a Chloe y luego vas tú – la sonrisita de Flo es pícara, y al mirar a su alrededor, Chloe se da cuenta de que todas tienen la misma expresión en sus rostros.

- Espero que hayáis escogido una buena canción – responde sin dejarse intimidar.

Al poco de llegar al bar, las Bellas decidieron hacer todo el tema del karaoke más interesante optando por escoger en grupo la canción que una de ellas va a cantar, sin que esta tenga idea alguna de cuál es.

Es peligroso porque a las Bellas le encanta gastar bromas y ponerse unas a las otras en situaciones comprometidas, pero ahí está la diversión.

- Te va a gustar – le asegura Aubrey con una sonrisa tranquilizadora.

- Pero te va a gustar más la que cantará Beca – Amy sube y baja las cejas de forma sugerente.

La morena frunce el ceño y ladea la cabeza, pero Chloe no tiene tiempo para adivinanzas. Deja escapar una exclamación indignada y golpea con el culo de su botellín de cerveza en la mesa.

- ¿Ya habéis escogido la de Beca? ¿Sin mí? – protesta, torciendo los labios en un puchero que sabe que nadie es capaz de resistir.

- Es doble sorpresa – Stacie le guiña un ojo y, a su lado, Amy se encoge de hombros con una sonrisita pícara.

La cosa es, a Chloe no le da miedo alguno qué hayan escogido para ella. A pesar de que lleva tiempo sin cantar profesionalmente, confía en su voz y en su capacidad para sacar cualquier canción mucho mejor que la mayoría de las personas que han pasado por el karaoke esta noche.

Sin embargo, con Beca… Es otro tema. No es que no confíe en la capacidad de Beca para defenderse, sería una tontería considerando que la morena se está ganando la vida como artista ahora mismo.

Más bien lo que le da miedo es cómo va a reaccionar su cuerpo a lo que sea que Beca tenga que cantar. Porque si conoce a las Bellas y a sus sonrisas traviesas, sabe que han escogido una canción que probablemente tenga un alto componente sexual.

- ¡Chloe Beale, es tu turno!

Escucha su nombre ser llamado por el encargado del karaoke y se estira en el taburete a modo de respuesta. Se baja de un saltito al suelo, aterrizando limpiamente. Sus manos agarran los laterales de su falda vaquera para recolocársela, porque es de las que se van subiendo poco a poco.

- Deseadme suerte – les dice a sus Bellas, despidiéndose de ellas con un último guiño.

Antes de girar la cabeza, ve el repaso que Beca hace de su cuerpo y sonríe, mordiéndose el labio inferior. Si se aleja meneando las caderas más de lo necesario, es solo porque sabe que Beca va a estar mirando fijamente.

Acepta el micrófono que le tiende el encargado e ignora un par de silbidos que le lanzan desde una mesa llena de hombres que llevan unas cuantas copas de más. Su mirada se centra en la pantalla que cuelga de la esquina del techo y le entra la risa al ver el título de la canción que han elegido las Bellas.

Señala hacia la mesa en la que están sus amigas, la cual es capaz de localizar en gran parte basándose en su memoria y gracias a la palmera de neón, y no tanto porque pueda verlas. El foco apuntado hacia ella es cegador y cálido, ahora entiende por qué termina todo el mundo sudando.

Cuando empiezan las primeras notas de guitarra eléctrica, Chloe balancea su cuerpo y se rodea con sus brazos como si estuviera dentro de un abrazo. Cierra los ojos, dejando que la música la rodee y le haga olvidar que está en un escenario frente a un bar lleno.

Take it easy with me, please

Touch me gently like a summer evening breeze

Take your time, make it slow

Su voz es grave y con la textura del terciopelo, o de la seda. Sus caderas dibujan círculos lentos al ritmo de cada una de las palabras que caen de entre sus labios y sus hombros acompañan los movimientos.

Mueve los dedos sobre el aire, justo bajo el haz de luz de uno de los focos, y observa cómo cortan la cortina de luz morada. A medio camino, el morado se transforma progresivamente en un azul celeste muy parecido al color de sus ojos.

Make your fingers soft and light

Let your body be the velvet of the night

Touch my soul, you know how

La canción es suave y sugerente como la caricia de un amante. Incita a que Chloe deje que la mano con la que no sujeta el micrófono vague por su cuerpo como si no fuera suya. La pasa por sus ondas cobrizas, alborotándolas, y cae por un lado de su cara en un roce delicado.

Se desliza por la piel de su cuello, tan sensible que se eriza bajo las puntas de sus dedos y sonríe sin poder evitarlo. De ahí, su mano baja por su clavícula y por encima de su pecho, donde cambia de orientación.

There's a shimmer in your eyes

Like the feeling of a thousand butterflies

Please don't talk, go on, play

Echa la cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello ante el foco de luz, y dobla un poco las rodillas antes de volver a estirarse. Sus dedos se giran hacia abajo y recorren las montañas y valles de sus costillas por encima de la fina tela de su camiseta.

I'm your music, I'm your song

Play me time and time again and make me strong

Make me sing, make me sound

Al hacer el recorrido inverso con su mano, sus dedos se enganchan accidentalmente en el bajo de su camiseta crop top, alzándola hasta que revela una pequeña franja de piel morena y el comienzo de la línea que parte su abdomen en seis abdominales.

Se cuela por la base de su cuello y alborota una vez más sus rizos cobrizos cuando los echa en su mayoría encima de su cara. Se los aparta con un calculado gesto de cabeza que coordina con una ondulación de todo su cuerpo y sonríe.

Andante, Andante

Oh please don't let me down

No abre los ojos hasta que se desvanece la última nota de guitarra eléctrica y se da cuenta por primera vez de que el barullo del bar ha disminuido considerablemente. No lo ha sumido en el más absoluto silencio, pero sí que ha sido una de las pocas que ha conseguido que todos los ojos estén tan absortos en ella que se olvidan de hablar.

Sonríe al terminar y le devuelve el micrófono al encargado, quien le felicita con los ojos todavía algo glaseados. Los aplausos tardan un latido más en estallar, y el recorrido de vuelta a su mesa lo hace envuelta en un caos sonoro absoluto.

A menos de un metro de distancia, Chloe hace contacto visual con Beca y todo el ruido que la rodea se desvanece igual que si alguien hubiera cogido el dial del volumen y lo hubiera bajado hasta el cero.

La morena tiene una expresión indescifrable en su rostro: vacío de expresión, pero a la vez lleno de ella. Descansa su codo sobre la mesa, de espaldas a las demás, y da un sorbo a su cerveza. Frota sus labios juntos para deshacerse de la humedad sin apartar ni un solo instante la mirada.

Sus ojos están de lo más turbulentos que Chloe jamás los ha visto. Ni siquiera cuando Beca está enfadada se oscurecen tanto, parecen el cielo de una noche tormentosa, con nubes espesas cargadas de electricidad que pueden estallar en cualquier momento.

Solo con su mirada, llena el cuerpo de Chloe de piel de gallina y hace que se estremezca. Su confianza flaquea un instante, reemplazada por otro tipo de emoción ardiente que amenaza con consumir su cuerpo entero.

Entonces, Beca aparta la mirada y Chloe es capaz de volver a respirar. El sonido se sube de golpe y tiene que aguantar una mueca ante la protesta de sus tímpanos.

Las que más ruido hacen, obviamente, son las Bellas. Reciben a Chloe entre silbidos y gritos, Cynthia Rose está hasta golpeando la mesa con las manos, y se hacen incluso más escandalosas cuando Chloe vuelve a subirse a su taburete con una sonrisa llena de satisfacción que pretende ocultar lo tembloroso que nota su cuerpo.

- Creo que no hay ni una mandíbula que no se haya descolgado – le felicita CR, subiendo y bajando las manos en el aire como una alabanza.

Chloe deja escapar un grito cuando unas manos se enroscan en sus hombros y tiran de ella hacia atrás, creyendo que quieren tirarla del taburete. Sus manos salen disparadas a agarrarse al borde de la mesa y tira de ella, haciendo tintinear y balancearse peligrosamente los botellines de cerveza vacíos que han acumulado encima.

- Estoy tan orgullosa de ti – murmura Stacie en su oído, y Chloe se relaja automáticamente. Su espalda encuentra apoyo contra el pecho de la morena, quien sigue adelante como si ese pequeño momento de pánico no hubiera existido –. Nos has puesto a todos cachondos.

Chloe echa la cabeza hacia atrás y ríe con fuerza. Delante de ella, sobre la mesa, aparece otro chupito de Jäger que Amy le acaba de traer directamente desde el bar. La australiana tiene uno para ella también y le hace brindar con ella antes de tomárselo.

- Porque todavía tienes fuego – proclama sobre el chin-chin del cristal.

- ¡Ahora, con todos ustedes…! – el encargado del karaoke tropieza sobre sus palabras al ir a anunciar el nombre y emite una serie de sonidos dudosos en el micrófono –. Eh… ¿Hay una tal Pitufina aquí? – pregunta.

Se hace un instante de silencio entre las Bellas, como si a todas les hubiera pillado por sorpresa esa pregunta.

- ¿De quién ha sido la idea? – bufa Beca de repente, casi echando humo por las orejas y lanzando miradas fulminantes a diestro y siniestro.

Amy estalla en carcajadas con tanta fuerza que pronto está llorando lágrimas auténticas. Las demás Bellas parecen igual de afectadas por la broma, así que queda en manos de Chloe tratar de aplacar a la morena.

- No creo que pudieran poner tu verdadero nombre sin causar un ataque de histeria a más de uno – dice, tratando de no reírse ella también.

- ¿Está Pitufina en la sala? – insiste el encargado.

Beca pone los ojos en blanco y suelta un gruñido resignado. Marcha hacia el escenario con pasos llenos de determinación, como si estuviera tratando de probar que ese apodo es totalmente erróneo solo con su forma de andar.

Se para frente al encargado del karaoke para decirle algo, Chloe no puede ver qué por la distancia y la falta de luz, y el hecho de que Beca está casi de espaldas a ellas. Pero, sea lo que sea, los ojos del hombre se abren con sorpresa y asiente.

Beca sube al escenario y gira la cabeza para poder ver la pantalla de televisión. La mirada de Chloe también se desvía a tiempo para captar el título antes de que desaparezca y sea sustituido por unas notas musicales que se pintan de amarillo a medida que se acerca el momento en que hay que empezar a cantar.

La morena se planta en el centro del escenario, bajo el haz de luz de colores. Se tiñe de un blanco que va cambiando progresivamente hasta un rosado que encaja bastante con la base sugerente del comienzo de la canción.

Alza el micrófono a su boca y, con un tono bajo y sensual, comienza a cantar.

Put down your cigar and pick me up

Play me your guitar, that song I love

Chloe escucha conmoción en la mesa, pero está hipnotizada por el movimiento circular de las caderas de Beca y no quiere dejar de mirar para enterarse de qué está pasando entre las Bellas. Pronto descubre que no hace falta, el alboroto es tan ruidoso que puede enterarse de todos modos.

- Esa no es la canción que escogimos, ¿no? – pregunta Cynthia Rose, buscando el respaldo de sus amigas.

- No – corrobora Stacie, aunque su tono se alza como si fuera una pregunta más que una afirmación.

- Pusimos Tough Lover – dice Emily.

- Para que hiciera su voz de Christina Aguilera – continúa Amy.

- Me hace gracia que os sorprenda que Beca haga lo que le dé la gana – se burla Aubrey.

Si Chloe estuviera participando en la conversación, se vería inclinada a darle la razón a su mejor amiga. A Beca no le suele gustar seguir las reglas, no si hay una forma de romperlas que suponga más diversión y entretenimiento.

You're only brave in the moonlight

So why don't you stay till sunrise

Beca baila por el escenario. No es una coreografía elaborada ni de lejos, ni siquiera está haciendo nada extravagante. Baila como bailaría si estuvieran en una discoteca o en una de las típicas fiestas de los Treblemakers: pasándoselo bien y sin miedo a hacer el ridículo.

Pero Chloe siempre ha sido incapaz de resistirse a sus encantos, ya fuera en las fiestas de los Trebles o ahora mismo.

De modo que su mirada permanece fija en las caderas que dibujan círculos en el aire, en las manos que se enredan en mechones castaños y los alborotan, y en los labios que forman palabras en un tono sugerente.

Your body's looking good tonight

I'm thinking we should cross the line

Let's ruin the friendship, let's ruin the friendship

El cerebro de Chloe, con algo de lentitud por no estar centrado, hace las conexiones al escuchar el estribillo.

Se le atraganta la respiración y una oleada de calor recorre su cuerpo al pensar en que Beca ha escogido esa canción en concreto de todo el catálogo. Una canción sobre dar un paso más, cruzar la línea y arruinar una amistad.

Su estómago da una voltereta y, a pesar de que siente la boca seca, se niega a intentar beber porque lo más probable es que se atragante con la cerveza o lo termine escupiendo. Sus manos temblorosas rodean el botellín y, distraídamente, rasca con una uña sobre el borde de las etiquetas.

Baby, you and I got history

And we can't deny our chemistry

So why the fuck are we a mystery?

Las demás personas presentes en el karaoke empiezan a darse cuenta de quién es la que está cantando en el escenario. Chloe puede escuchar la marea de susurros incrédulos que recorren el local de mesa a mesa, y cuanta más gente descubre que es Beca Mitchell, la Beca Mitchell, más móviles empiezan a hacer acto de aparición.

Un mar de pantallas encendidas se alzan en el aire cuando todo el mundo quiere grabar este momento para luego poder presumir de ello. Seguro que hace las resacas que van a tener mañana algo más llevaderas.

En un tono casi jadeante, Beca repite una y otra vez la misma frase del puente entre los dos últimos estribillos de la canción.

No, I can't keep denying every minute I think of you

Las manos de Chloe se crispan sobre la botella, clavando las uñas en el cristal. Resbalan sobre los restos de pegamento seco que quedan bajo la etiqueta y la sensación es tan desagradable que le da un escalofrío.

Su cuerpo irradia calor igual que si tuviera fiebre, y está tan revuelta que la cabeza empieza a darle vueltas. Siente que la atmósfera del bar se ha vuelto repentinamente demasiado asfixiante, como si no hubiera oxígeno suficiente para todos los presentes.

Con movimientos robóticos de los que no es totalmente consciente, se baja del taburete. Su mano barre los restos de la etiqueta que ha despegado, hechos tiras, y los tira al suelo accidentalmente, pero ni siquiera se da cuenta.

- ¿Chloe? – escucha la voz lejana de Aubrey llamar su nombre –. ¿Estás bien?

Se siente a sí misma asentir y piensa: mentira.

- Voy al baño – dice. Siente las palabras salir de su garganta como un susurro, pero debe de ser suficientemente alto como para hacerse oír por encima de la música porque todas las Bellas asienten en señal de que se han enterado.

Sus pasos son inestables mientras esquiva las mesas en dirección a las escaleras que bajan a los aseos. Escucha los susurros reavivarse a su paso, como si ahora que la gente ha reconocido a Beca, también estuvieran reconociéndola a ella.

Agradece el frescor y la soledad del baño de mujeres. Deja escapar una exhalación de alivio y, tras comprobar que están limpios, apoya las manos en el borde de cerámica del lavabo. Su cabeza cae entre sus hombros, cierra los ojos para concentrarse mejor en su respiración y calmarse. Cuando siente los temblores abandonar su cuerpo, se incorpora y se mira en el espejo.

Sus ojos le devuelven una mirada oscura y turbulenta, con un brillo casi febril, que le sorprende. En un flash casi cegador, cruza por su mente el recuerdo de los ojos de Beca después de su actuación y se le vuelve a atascar la respiración al comprender.

Eso era.

Simple, puro e inadulterado deseo.

Sus manos tiemblan de nuevo en el borde del lavabo y crispa los dedos alrededor de la cerámica, agarrándose como si todo su cuerpo dependiera de ello para mantenerse en pie. Y es muy probable que así sea.

Se sobresalta cuando la puerta del baño se abre de golpe. Gira la cabeza rápidamente para identificar a la intrusa, esperando encontrarse a una desconocida que viene a hacer pis, o a una de las Bellas preocupada porque lleva demasiado tiempo aquí escondida.

Sin embargo, en el umbral está Beca.

Entra en el baño y su cabeza se ladea hacia un lado, como preguntando qué hace Chloe así a pesar de que de sus labios no cae ninguna pregunta. En sus ojos, Chloe puede ver que realmente no necesita explicaciones porque sabe exactamente qué está pasando.

Aun así, ella lo intenta.

- Necesitaba un poco de aire – se excusa. Repentinamente consciente de su postura, se estira y deja caer las manos del lavabo, girándose hacia Beca.

Su mejor amiga asiente en un silencioso "ajá", pero el brillo de su mirada aumenta. Cuando Chloe es capaz de ver más allá de él, se da cuenta de que ese azul medianoche que tanto le gusta está cargado de intensidad.

Son como las brasas de un fuego, y generan en Chloe la misma sensación que si hubiera metido la mano entre los troncos carbonizados para coger un puñado de ellas.

Siente la urgente necesidad de poner algo de distancia entre ella y Beca, de salir de ese baño. No cree que pueda responder de sus acciones como continúe atrapada en el interior de un espacio reducido, especialmente con las oleadas de intensidad que irradian desde Beca.

Rodea a su mejor amiga para salir del baño y puede escuchar los pasos que le siguen. No llegan muy lejos, en el pasillo entre la puerta y las escaleras que suben al bar, Beca coge su muñeca y la obliga a detenerse.

Acorta la distancia entre ellas y con cada paso Chloe siente sus pulmones encogerse más dentro de su pecho. Le falta la respiración y tiene la sensación de que se va a caer al suelo de un momento a otro.

Su mejor amiga da un paso más y Chloe se encuentra a sí misma retrocediendo por puro instinto. Presiente más que siente la presencia del escalón inferior en sus talones, así que se gira hacia un lado para evitar tropezar.

- ¿Qué te ha parecido la canción? – inquiere la morena en tono bajo.

Acorta la distancia con otro paso, acomodándose al cambio. Su mirada es tan intensa y centrada que hace que Chloe se sienta como una gacela siendo vigilada por una leona. Mirándose. Midiéndose. A la espera de un gesto delator que indique que va a salir corriendo o que va a saltar sobre ella.

Chloe contiene un estremecimiento.

- Beca… – jadea. Su voz sale grave y rasposa, y es suficiente respuesta por sí sola.

Retrocede de nuevo ante el avance de Beca y su espalda toca la pared de oscura madera. Las palmas de sus manos se extienden sobre la rugosa superficie, como si tener más superficie de contacto fuera a ayudarle a mantenerse recta en caso de que las rodillas le fallen.

- Creo que voy a explotar – murmura Beca casi encima de Chloe –, como pase otro día sin besarte.

Chloe cierra los ojos y deja escapar un gemido. Sus piernas tiemblan, pero no suficiente como para hacerle caer.

- No quiero que esté basado en algo puramente físico – dice en un nuevo intento de mantener la cordura. Sin embargo, a medida que pronuncia las palabras, los últimos hilos de su autocontrol van escapando de entre sus dedos.

Beca se echa un poco hacia atrás, como sorprendida. Parpadea un par de veces y sacude la cabeza.

- Chlo… – llama con infinita suavidad.

Su mano acuna la mejilla de Chloe con la misma delicadeza que si estuviera trabajando con trozos de cristal roto. Cuando la pelirroja encuentra sus ojos, ve que, por encima de todo el deseo, hay amor.

Al fin y al cabo, la calidez es la base del ardor.

- Entiendo si no quieres, por el motivo que sea. No importa – asegura Beca –. Pero ambas sabemos que esto va mucho más allá de lo físico.

Y contra eso, Chloe no tiene nada que decir. Así que deja de intentarlo en primer lugar y se entrega al momento.

Es ella la que acorta la distancia entre ambas, sus ojos se cierran por voluntad propia en cuanto sus labios hacen el primer contacto con los de Beca. Es apenas un roce tentativo, tan suave que casi parece que no es real.

Pero es suficiente para que Chloe sienta la descarga eléctrica que esperaba la primera vez. Su cuerpo se vuelve absolutamente loco, sus nervios están tan sensibles que puede sentir hasta el más mínimo cambio en el aire que anticipa los siguientes movimientos de Beca.

La mano que se desliza a su cuello, la otra que se enreda en su pelo, el paso que da hasta presionar sus cuerpos.

Sus labios vuelven a tocarse, esta vez con más firmeza. Se atrapan entre ellos y deslizan unos sobre otros de una forma tan natural que Chloe piensa en por qué han tardado tanto en sucumbir al deseo. Detrás de sus párpados cerrados ve un estallido de luz, tan pura que es blanca, que se desliza por su interior hasta calentar su cuerpo de un extremo a otro.

La siente en sus labios, haciendo que hormigueen bajo las caricias de Beca. La siente en las puntas de sus dedos, que se expanden por la piel caliente de la espalda de la morena. La siente en su estómago, que se aprieta en un nudo tras otro de forma placentera.

Las pequeñas respiraciones superficiales que es capaz de meter en sus pulmones pronto demuestran ser insuficientes y les obligan a romper el beso. Chloe deja caer la cabeza hasta que golpea la pared y cierra los ojos, intentando controlar sus jadeos acelerados.

Beca descansa su frente contra su clavícula, lo cual echa por tierra los intentos de Chloe de calmarse porque su presencia tan cerca es enloquecedora. Además, puede sentir cada cálida respiración deslizarse por su piel sensible y erizarla a su paso.

Pero, a la vez, no piensa pedirle que se mueva. Es más, alza sus brazos hasta rodear a Beca en una especie de abrazo y se quedan así un rato.

- Mereció la pena esperar – musita Beca con voz ronca, sus labios rozando la piel de Chloe.

La combinación de todo la hace estremecer y tiene que contener las ganas de volver a perderse en un beso de Beca. (Des)Afortundamente para ellas, escuchan los pasos de alguien bajando las escaleras y se separan de un brinco, tratando de asegurarse de estar presentables.

Emily llega hasta la mitad de las escaleras antes de agacharse un poco y dejarse ver por debajo del techo bajo. Sonríe al encontrárselas allí y les hace un gesto con la mano para que la sigan.

- Amy se niega a actuar sin que estéis presentes – explica apresuradamente.

Beca pone los ojos en blanco y suspira, pero su postura se suaviza cuando se gira hacia Chloe y le ofrece su mano. Chloe sonríe ampliamente y entrelaza sus dedos con los de Beca, dándoles un apretón antes de correr escaleras arriba.


Chloe Beale retwitteó

bmitch47: Vuelta a no saber dormir sola...


Chloe abre la puerta de su apartamento para encontrarse al mensajero de Amazon acompañado de Beca. Se sorprende tanto que se olvida del hombre un instante y lo único que puede hacer es parpadear.

Su cerebro está intentando de encontrarle el sentido a la presencia de Beca sobre su felpudo de bienvenida, especialmente porque se vieron hace menos de una semana y media y la morena debería estar preparándose para la gira por Sudamérica.

- ¿Por qué no has usado la llave? – es la primera pregunta que cae de su boca.

Antes de que Beca pueda responder, una mujer aparece a su lado. Debía de haber estado apoyada contra la pared del pasillo y Chloe no la había visto hasta ahora. Va vestida en un traje de falda de color melocotón con una camisa blanca bien planchada.

Chloe no sabe por qué, pero le viene a la cabeza la imagen de la Profesora Umbridge y tiene que contenerse para no torcerle el rostro. Quizá sea la postura rígida de la mujer, o su sonrisa tensa y su mirada insolente, pero algo en ella la pone en alerta inmediatamente.

- ¿Tienes las llaves de su casa? – pregunta la mujer, girando su cabeza hacia Beca. Sus cejas se arquean con calculada sorpresa –. Ya veo como "no es nada" – dibuja las comillas en el aire y hasta ese gesto derrocha desagrado.

Chloe reacciona a las palabras como si le acabaran de pellizcar, dando medio paso hacia atrás por la fuerza con la que golpean su pecho. Frunce el ceño y alterna la mirada entre la mujer y Beca, quien pone los ojos en blanco de forma muy exagerada, sin siquiera tratar de ocultarlo.

- Dije que no era nada de tu incumbencia, Sharon – responde Beca, recalcando las palabras con un tono helado. Toda su postura se relaja cuando mira a Chloe, aunque todavía se puede ver el hastío que siente por la situación –. Me temo que esta no es una visita personal – se disculpa en una mueca.

El mensajero de Amazon carraspea para llamar su atención y la mirada de Chloe se desvía al hombre. Esboza una sonrisa de disculpa al ver la incomodidad en el rostro del hombre, que está siendo testigo de un tenso momento y se nota que le gustaría poder estar lo más lejos posible de allí cuando todo estalle.

Se apresura a decirle su nombre, deletreando su apellido, y firma en la tableta electrónica para que conste que ha recibido el paquete. El hombre se despide con una última mirada que casi parece estar diciendo: buena suerte con lo que se te viene encima.

El ceño de Chloe se acentúa en cuanto devuelve su mirada a Sharon. Puede notar la impaciencia que sale de su cuerpo en oleadas y se transmite en los dedos que tamborilea ruidosamente contra el plástico de la funda de su iPad.

Aunque su instinto le dice a gritos que, por favor, la deje esperando en el pasillo eternamente, Chloe se ve obligada a hacerse a un lado e invitarle a entrar en su casa.

Troy se está preparando un café en la cocina cuando llegan ellas a invadirle. Sharon le analiza con ojo crítico de arriba abajo de una forma que hasta a Chloe hace sentir incómoda. Para su crédito, Troy se mantiene estoico y le tuerce el rostro a Sharon cuando esta se presenta alargando una mano en un gesto tan delicado que casi parece que esté esperando que se la bese en vez de estrecharla.

- Soy la jefa del Departamento de Relaciones Públicas de DJ Khaled – dice Sharon, dejando caer su cargo con orgullo.

- ¿Qué pasó con la otra chica? – pregunta Chloe. Recuerda con absoluta claridad que, en Francia, Theo había mencionado a una tal Rachel cuando las confundió por pareja y se ofreció a ayudarles a manejar la situación.

- No estuvo a la altura – responde Sharon en tono cortante.

Beca sacude la cabeza, como si estuviera en desacuerdo pero no pudiera decir nada al respecto. Comparte una mirada de disculpa con Chloe, quien toma asiento a su lado y le da un apretón en el brazo para asegurarle de que, pase lo que pase, no tiene nada de lo que preocuparse.

Ese gesto de apoyo mutuo no pasa desapercibido a los ojos de águila de Sharon, cuyo rostro se constriñe más todavía. Su afilada mirada salta de la pareja a Troy, quien sigue tomándose el café tranquilamente.

- ¿Podrías dejarnos solas un momento? – su tono es tan duro que suena a orden más que a petición.

Troy frunce el ceño y se traga el sorbo de café, chascando la lengua al final con obvia molestia. Con una última mirada fulminante desaparece por el umbral de la cocina arrastrando los pies.

Sharon espera hasta que escucha la puerta de su habitación cerrarse para girarse hacia las exBellas, sus manos firmemente entrelazadas sobre la funda gris de su iPad.

- Bien – dice tras coger aire. Su mirada punzante viaja de una a otra antes de caer sobre Chloe –. He venido para asegurarnos de tener preparado un plan de ataque para todo el tema de vuestra relación.

Agita una mano en el aire en un gesto circular y Chloe ve que sus uñas, además de tener la manicura perfectamente hecha, son ligeramente afiladas en la punta. Sharon levanta la tapa de la funda y descubre la pantalla oscura de su iPad.

- Durante el vuelo hasta aquí he ido apuntando ya algunas ideas sobre cómo actuar respecto a la filtración y creo que la más adecuada es…

Chloe deja de prestar atención a las uñas de la . cuando escucha la palabra "filtración". Su mirada se levanta de golpe hasta los ojos concentrados de Sharon, que leen algo directamente de su iPad, y luego busca a Beca.

Sus alarmas se encienden cuando la morena rehúye su mirada y la baja a sus dedos, jugueteando de forma nerviosa.

- ¿Filtración? – pregunta Chloe entonces, sintiendo que le están contando una historia habiéndose saltado el principio porque dan por hecho que es algo que ella ya debería saber –. ¿De qué filtración hablas?

Sharon se para de golpe y levanta sus ojos glaciales. Arquea sus cejas con una expresión en el rostro que hace que Chloe sienta que acaba de hacer la pregunta más estúpida del mundo.

- ¿No te has enterado? – no lo dice, pero el "todavía" va implícito en su tono.

Se contiene a duras penas de poner los ojos en blanco y, derrochando irritación por tener que desviarse de su plan original para explicarle a Chloe la situación, da un par de toques en la pantalla de su iPad.

Cuando encuentra lo que busca, lo gira sobre la mesa de la cocina para que la imagen que ponga en el sentido de Chloe. Azul bebé cae sobre la pantalla y tiene que parpadear un par de veces para comprender lo que está viendo.

Son tres fotos de baja calidad, como hechas con un móvil y abusando excesivamente del zoom. Están granuladas por la falta de iluminación, pero iluminadas en luz rojiza se ve las siluetas de dos personas en un estrecho pasillo.

En la primera foto, una de ellas está casi acorralada por la otra contra la pared, y la escena parecería peligrosa si no fuera porque la acorraladora está acariciando la mejilla de la acorralada.

- Alguien tomó estas fotos de vosotras la noche en que fuisteis al bar karaoke con las Bellas – explica Sharon en tono monótono y aburrido.

- Es "Bellas" – corrigen Beca y Chloe a la vez, pronunciando el nombre como si estuviera escrito con una ele.

Chloe desliza el dedo sobre la pantalla para ver la siguiente foto. En esta, esa caricia ha evolucionado a un beso que hasta desde fuera se puede notar que es acalorado.

- Parece que han estado esperando al momento en que más boom podían causar para filtrarlas a los medios – continúa la . –, y tras vuestra última… sospechosa – se decide finalmente por esa palabra, pero la forma en que la dice deja claro que es mucho más suave que la que tenía en mente – interacción en redes sociales, han soltado la bomba.

Chloe pasa a la tercera foto y… Es realmente la más problemática de todas.

La acorraladora tiene el rostro escondido en lo que parece el pecho de la otra mujer y, por la forma en que está colocada, no se ve la posición de sus manos. La acorralada tiene la cabeza echada hacia atrás como en un gesto de placer extremo.

La sensación general de la foto es que están haciendo algo que es de todo menos inocente.

- No es lo que parece – murmura con shock en su voz, aunque no sabe por qué necesita clarificarlo. Ya de poco sirve.

La expresión de Sharon está llena de escepticismo, sus tensos labios parecen estar diciendo: si tú lo dices…

- Como Beca tuvo el placer de recordarme, lo que estuvierais haciendo o no, no es de mi incumbencia – responde fríamente.

Chloe se gira hacia Beca, su frente arrugada por la preocupación y el esfuerzo de rebuscar en su cabeza en busca de un recuerdo de haber escuchado algo, haber visto algo, durante ese beso. No hace falta decir que no encuentra nada, su atención estaba… en otra parte.

- ¿No crees que fuera…? – pregunta, sin querer tener que hacerlo, pero obligándose de todos modos.

La única persona que las vio en ese pasillo fue Emily, pero es precisamente la última de las Bellas de las que Chloe jamás sospecharía. Los ojos de Beca se ensanchan ante la insinuación y Chloe ve su intención de negarlo de forma inmediata verse frenada por la duda.

- ¿Alguna de las Bellas? – termina Sharon por ella, pasando por alto cuando Chloe y Beca vuelven a corregir su pronunciación –. Fueron las primeras a las que investigamos y todas alegan ser inocentes.

- ¿Entonces…?

- Mi equipo está en ello y, de todos modos, yo no estoy aquí para eso – interrumpe Sharon con tono cortante –. Vengo a lidiar con el desastre que vuestra irresponsabilidad ha causado y asegurarme de que no vuelva a pasar.

Ambas exBellas dan un pequeño brinco ante la brusquedad con la que Sharon se dirige a ellas y la dureza de su acusación. Chloe no entiende de Relaciones Públicas, pero tampoco considera que sea algo tan grave. No es como si las hubieran acusado de acoso sexual, fue un simple beso y una foto que da a entender que pasó algo que realmente no ocurrió.

Además, lo suyo con Beca, a estas alturas, es ya un secreto a voces. Las fotos lo único que han hecho ha sido confirmar lo que todos sospechan.

Cuando vuelve a conectarse a la conversación que está teniendo lugar entre Beca y Sharon, ve que están discutiendo ideas para enterrar lo ocurrido. Pretenden desmentirlo o inventarse alguna historia que descredite esas fotos y lleve a la gente a pensar que ha sido todo un engaño.

- …mejor opción – está diciendo Sharon –. De esta forma podréis continuar manteniendo vuestra relación en secreto.

Beca asiente, conforme. Chloe, sin embargo, frunce el ceño y se pregunta por qué la idea de enterrarlo todo le parece tan incorrecta.

- No quiero seguir manteniéndolo en secreto – se responde a sí misma en voz alta, causando la sorpresa de sus dos acompañantes. Alza la mirada y reafirma su decisión con un asentimiento determinado –. No quiero que hagáis nada de lo que acabáis de decir.

- ¿Estás segura? – pregunta Beca. Su tono es tan suave y delicado que Chloe se enternece –. Esto… Es todo mi culpa, Chlo…

- No es tu culpa – le asegura Chloe, entrelazando sus dedos y dándole un apretón –. Yo te besé, ¿recuerdas?

- Sí, pero… – resopla y se humedece los labios –. Yo te empujé a ello con la canción, y al perseguirte al baño… Sabía exactamente lo que estaba haciendo – sacude la cabeza como si lamentase haber actuado de esa forma –. No quiero que te sientas presionada a hacerlo público cuando podemos enterrarlo.

- No me siento presionada – Chloe vuelve a darle un apretón tranquilizador –. ¿Recuerdas que te pedí tiempo para acostumbrarme a la idea y me dijiste que me tomase todo el del mundo? – espera al pequeño asentimiento de Beca para continuar, sonriendo –. Bueno, pues esta soy yo diciéndote que no necesito más tiempo. ¿Vale?

- Vale – susurra Beca, sonriendo ella también.

Chloe está a punto de inclinarse a darle un beso cuando la voz fría y aburrida de Sharon estalla su burbuja de la forma más desagradable posible.

- Enternecedor – dice con apatía –. Entonces ahora que ha quedado decidido que no vamos a enterrarlo, ¿hablamos de las reglas que conlleva una relación pública?

Chloe suspira, sintiendo toda la alegría del momento desaparecer de su cuerpo y llenarlo de ganas de huir de allí. Sus hombros se hunden y considera por un momento que la apatía de Sharon sea contagiosa.

La . se toma su silencio como consentimiento y sonríe de una forma que Chloe juraría que es directamente maliciosa, como si estuviera disfrutando enormemente con su sufrimiento.

- Bien – exclama, pinchando en su iPad para devolverlo a la vida –. Primero de todo…


Tres horas y media más tarde, Sharon por fin decide que han tenido suficiente tortura por hoy y se marcha tras acordar mandarles por e-mail la información pertinente.

Chloe continúa en la cocina, solo que ahora ya no está planteándose si dejar caer la cabeza repetidamente sobre la mesa hasta sufrir una concusión y desmayarse. Siente una ligera pulsación entre sus sienes y detrás de sus ojos, los principios de un dolor de cabeza provocado por el incesante martilleo de la .

Observa la sandía que reposa sobre la encimera, a punto de ser su víctima, y se pregunta si eso era lo que Sharon sentía cada vez que alzaba su afilada mirada del iPad para mirarlas a ellas.

Gira la sandía entre sus manos hasta que los dos culos reposan bajo las palmas de sus manos, mirando hacia los lados. Coge de uno de los cajones un largo cuchillo con el mango de suave madera y coloca la punta sobre un punto que, así a vista alzada, considera que podría estar en el centro.

Presiona la punta hasta que se hunde dentro de la gruesa piel y la suave carne de la fruta. Cambia la mano que sujeta la sandía y la coloca contra la cáscara verde, encima de la hoja plateada que penetra en su interior, para usarla de contrapeso.

Ejerce fuerza sobre el cuchillo, escuchando el satisfactorio crujir de la piel de la sandía mientras se parte a la mitad.

- ¿Sigues haciendo boxeo? – pregunta Beca de manera repentina.

Por suerte, Chloe no se asusta y su precisión no se ve afectada. Es lo último que necesitaría hoy, un viaje a Urgencias. Rueda la sandía sobre el granito cuando el filo del cuchillo casi toca la encimera y descubre nueva superficie que cortar.

- Sí, una vez a la semana – responde, distraída.

- Se nota…

Es la forma en que lo dice que desvía la atención de Chloe de la sandía a su mejor amiga. La voz de Beca está llena de apreciación y su mirada se desliza por los fuertes brazos de Chloe hasta el resto de su cuerpo y vuelve a subir a sus ojos.

Beca ni siquiera se muestra avergonzada por haber sido pillada, simplemente mantiene el contacto visual hasta que Chloe decide que tiene que centrarse en cortar la sandía y arriesgarse a perder el control.

Teniendo en cuenta que aún puede sentir la repelente presencia de Sharon en la cocina, no cree que sea buena idea.

- ¿Vas a poder venir a mi graduación? – pregunta para cambiar el tema y aliviar la tensión eléctrica que carga el ambiente.

Beca se despega del umbral de la cocina y se acerca a ella, puede escuchar sus pasos sobre el suelo de la cocina. Su cuerpo aparece a su lado cuando la morena se recuesta contra la nevera, brazos cruzados y expresión confundida.

- ¿Tu graduación? ¿No queda un año para eso?

- Termino en mayo ya. Como estuve dos años trabajando en la clínica, hay cosas que pude convalidar – Chloe se encoge de hombros y con un último y preciso empujón, las dos mitades de sandía caen abiertas sobre la encimera.

- ¿Y cuándo es? – pregunta Beca, su ceño fruncido en anticipación.

Chloe sabe que se avecina una época complicada para la morena.

Ahora está de descanso, entre comillas, porque ya están con los ensayos y preparaciones de la siguiente etapa del tour. Apenas le queda una semana más antes de tener que empezar el tour por Sudamérica, lo cual supone aproximadamente otro mes más sin parar quieta por más de un día o dos.

Pero espera que, preguntando con antelación, haya alguna posibilidad de que Beca sea capaz de cambiar algo aquí o allí y tener libre el día de su graduación.

- El 21 de mayo.

El rostro de Beca se tuerce en una mueca de decepción y disculpa por adelantado.

- No creo que pueda, Chlo – se disculpa, y en su voz Chloe puede notar lo mucho que siente tener que decirle que no –. Estaré por Brasil en esas fechas y no es lo mismo que coger un avión desde Vancouver...

- Ya, me lo imaginaba... – Chloe intenta que no se note mucho lo decepcionada que está, porque eso solo va a lograr que Beca se sienta peor consigo misma.

Debe de fallar porque siente brazos que se enroscan en su cintura y un cuerpo menudo que se presiona contra su espalda. Unos labios se posan sobre su hombro, descubierto por el tirante de la camiseta que lleva puesta, y dejan un beso caliente en su piel.

- Lo siento mucho – susurra Beca, su aliento sobre la piel de Chloe.

- Lo sé – murmura, cubriendo las manos que reposan sobre sus caderas. Entrelaza sus dedos con los de Beca y les da un apretón –. No pasa nada – asegura con toda la convicción que es capaz de reunir en ese momento.

Quizá si hace que Beca se lo crea, se lo creerá ella también.

La dos se quedan así un largo rato, disfrutando de ese abrazo y esa cercanía que no saben cuándo volverá a ser posible.


Al salir de salón de actos en medio de una masa de estudiantes excitados recién graduados, Chloe se toma un momento a solas para pararse y respirar hondo.

Se echa hacia la izquierda de la puerta para no ser empujada por el flujo en ambas direcciones de personas y busca el resguardo de un árbol. El día es cálido y soleado, el cielo tan azul que no hay ni una sola nube en él.

Inclina la cabeza hacia atrás y cierra los ojos. Deja que esa sensación de felicidad, de satisfacción, recorra su cuerpo como una ola lamería su piel si estuviera tumbada en la orilla. Una sonrisa sincera se dibuja en sus labios rojos y deja escapar un suspiro contento.

Su móvil vibra en el interior de su bolso dorado estilo sobre y separa el imán delantero que lo mantiene cerrado para colar una mano dentro. La pantalla de su iPhone está iluminada y deja ver que tiene tres mensajes nuevos.

Mamá (3 min): Cielo, estamos hacia el fondo del patio

Mamá (3 min): Al lado de un edificio con columnas

Mamá (ahora): Nos hemos movido a la sombra del edificio

Sonríe y pone los ojos en blanco con cariño. Es tan típico de su madre ir informando de cada pequeño movimiento como si fuera una partida de Hundir la Flota. Guarda de nuevo el iPhone sin molestaste en responder y emprende el camino en busca de su familia.

Se para varias veces a saludar a gente con la que ha coincidido en clase y felicitarles por su graduación. Con quien más se entretiene es con Troy, que no se gradúa, pero ha ido para verla a ella y a su novio.

- Te voy a echar de menos – le dice en el oído mientras comparten un fuerte abrazo –. Eres la mejor compi de piso que he tenido.

Chloe parpadea para disipar las lágrimas que aparecen de repente en sus ojos y deja escapar una risa húmeda.

- Eso solo lo dices porque gracias a mí conoces a Beca – se burla, pinchándole en el costado. Troy ríe con ella, pero al romper el abrazo Chloe puede ver que también tiene los ojos llorosos –. Te vas a estropear el maquillaje.

Alza una mano para corregir una mancha que tiene en la comisura del ojo derecho, probablemente de haberse secado con un pañuelo sin mucho cuidado. Troy la aparta con un manotazo juguetón y acuna sus mejillas entre sus manos.

- No te conviertas en una extraña, ¿vale? – pide mirándole fijamente a los ojos con una expresión tierna.

- Hablas como si no nos fuéramos a ver nunca más – ríe Chloe –. Te recuerdo que todavía vivimos juntos.

- Sí, pero por poco tiempo.

- Bueno, aún tengo que encontrar piso...

El "ajá" de Troy le suena sospechoso, como si el joven supiera algo que ella no, pero Chloe no tiene ni la más mínima idea de qué puede ser así que lo deja pasar.

Brad, el novio de Troy, termina la conversación que le estaba manteniendo distraído y, tras un abrazo y la felicitación de turno, Chloe aprovecha para despedirse de ambos y retomar su búsqueda.

Rodea el edificio de Humanidades, el único con columnas de toda la Universidad, y pronto encuentra el inconfundible corrillo formado por su familia.

A un lado están Charlie y Taylor, en el otro están Emily y Aubrey riendo sobre algo. En el centro, sentadas en un banco de piedra están su madre y Stacie, y las dos miran con cariño infinito a la pequeña Bella, que se tambalea con pasos inestables sobre la hierba mientras corretea de los brazos de unos a otros.

Antes de hacer notar su presencia, Chloe se pausa un momento para sonreír ante la imagen de su familia. Lo único que amarga su incontenible felicidad es el hueco que Emily y Aubrey parecen estar dejando de forma inconsciente, del tamaño perfecto para Beca.

Su ausencia es una astilla en el corazón de Chloe y la nota con cada latido. Su mano está muy vacía sin los dedos entrelazados de Beca entre los suyos, y le falta su cálida presencia a su lado para terminar de hacer el día perfecto.

Suspira y trata de deshacerse de esos pensamientos. Beca no querría que se dejase hundir por la tristeza, querría que disfrutase del día lo máximo que pudiera a pesar de que ella no estuviera presente.

Bella es la primera en ver a Chloe cuando esta empieza a cruzar la explanada de césped y deja escapar un gorjeo excitado. Pretende correr hacia ella, pero tropieza y, de no ser por los rápidos reflejos de su madre, las risas pronto se habrían convertido en llantos.

Emily deja escapar un gritito emocionado y sale corriendo a atrapar a Chloe en un fiero abrazo. Chloe ríe en su oído y se balancean durante un rato sobre la hierba, al calor del sol. Cuando finalmente se separan, hacen el camino de vuelta a los demás abrazadas: Emily rodea los hombros de Chloe mientras esta agarra su cintura.

La conversación fluye fácilmente durante unos minutos, comparten sus impresiones sobre la ceremonia y los diversos discursos, y el outfit de turno que les ha llamado especialmente la atención.

Sin embargo, llega un momento en que la atención de Chloe no deja de desviarse porque escucha música y no sabe de dónde viene exactamente. Busca en los rostros de los demás indicaciones de que ellos también la escuchen pero no encuentra nada.

Take my hand, take a breath

Pull me close and take one step

Ladea la cabeza y frunce el ceño, porque juraría que es una canción de High School Musical y no logra entenderlo. Se agacha para cambiar las manitas que agarran el bajo de su mono rojo y se las pasa a la Heredera, quien se pone de cuclillas para recibir a Bella entre sus brazos.

- Disculpadme un momento – murmura distraídamente.

Agradeciendo su decisión de escoger cuñas en vez de tacones ahora que tiene que caminar sobre césped, Chloe rodea el banco frente al que se han congregado en la dirección en la que cree que viene la música.

It's like catching lightning the chances of finding someone like you

It's one in a million the chances of feeling the way we do

Esquiva los troncos de los árboles que se interponen en su campo de visión. Entonces, se para de golpe al encontrar el origen de la canción de High School Musical.

Beca Mitchell está recostada contra la pared lateral del edificio y sostiene un pequeño altavoz entre sus manos. Su postura es tan casual y su sonrisa tan tranquila que Chloe cree por un momento que se lo está imaginando.

And with every step together we just keep on getting better

So, can I have this dance?

- Sé que no soy Zac Efron o Vanessa Hughens – dice mientras se empuja con el hombro para enderezarse –, pero espero que esto sirva – encoge un hombro despreocupadamente –. Aunque solo sea un poco.

La sorpresa impide que Chloe grite o emita sonido alguno, solo es capaz de esbozar una sonrisa de oreja a oreja y salir corriendo hacia Beca.

Chocan con fuerza en un abrazo y el ooof de Beca revuelve las ondas cobrizas de Chloe. Hunde su rostro en el hueco del cuello de la morena y deja escapar un suspiro de felicidad porque ahora, con los brazos de Beca a su alrededor, por fin siente que su día está completo.

- ¿Se puede saber qué haces aquí? – pregunta al separarse. No se va muy lejos, mantiene sus brazos enroscados en el cuello de su mejor amiga y esta no rompe su agarre en su cintura.

- Es lo más romántico del mundo, ¿no? – responde Beca con una sonrisa burlona.

Chloe ríe, recordando perfectamente a la conversación a la que Beca se refiere.

(- ¿También vas a llorar por esto?

- ¡Claro que sí, es precioso!

- Es una cursilada, Chlo. Mi baile es donde estés tú, puaj.

- Perdona, pero arriesgarse a llegar tarde al baile de graduación por ir a ver a Grabriella porque estar con ella es lo único que le importa, eso no es cursi. Es lo más romántico del mundo.

- Lo que tú digas…)

Vuelve a acortar la distancia entre ellas, pero esta vez no busca un abrazo. Esta vez va con toda la intención de conseguir un beso. Se para a centímetros de que sus labios se rocen y deja escapar una risita traviesa.

- Sharon nos va a matar – murmura.

- Que le den a Sharon – es toda la respuesta de Beca antes de alzar la barbilla y conseguir ese beso.

Sus labios se encuentran y se acarician con la seguridad que proporciona la experiencia. Chloe atrapa el grueso labio inferior de Beca entre los suyos y le da un suave mordisquito. La morena deja escapar un suspiro de finalidad y Chloe se encuentra a sí misma sonriendo tan fuerte que le es difícil devolver el beso.

Cuando el momento llega a un final natural, Chloe apoya su frente contra la de Beca y suelta un "mmmm" lleno de satisfacción. Presiona un último y breve beso sobre sus labios y ríe silenciosamente al ver a Beca tratar de perseguirla para alargarlo.

Stacie es la primera en decidir que ya es hora de que vuelvan con ellos y les grita desde el banco, usando a Bella como cebo porque sabe que ninguna de las dos es capaz de resistirse a los encantos de la bebé.

Agarradas de la cintura, ambas se unen al grupo.

- ¿Queréis cenar con nosotros? – pregunta la madre de Chloe, poniéndose en pie. Se pasa las manos por la parte trasera de los pantalones de traje para asegurarse de que no se le hayan manchado de polvo o tierra.

Chloe asiente, dispuesta a responder que sí, pero nota un apretón en la cadera que le hace frenarse. Cierra la boca de nuevo y se gira hacia Beca con expresión inquisitiva.

- En realidad, Chloe y yo tenemos planes – dice, esbozando una sonrisa de disculpa.

- ¿Ah sí? – se interesa Chloe.

Su mejor amiga solo asiente con un "uh-huh". En sus ojos, danza un brillo divertido, y cuando Chloe gira la cabeza para mirar a las demás Bellas y su hermano, ve que todos tienen la misma expresión que tenía antes Troy.

Todos saben algo que ella no.

En cualquier otra situación, le frustraría mucho estar en tan clara desventaja y presionaría hasta que a alguno se le escapase el secreto. Sin embargo, como está segura de que se trata de algo que ha planeado Beca, opta por dejar que la sorprendan.

Se despiden todos con la promesa de quedar al día siguiente para tomar un brunch relajado, y parten en caminos diferentes. Con Beca a su lado, Chloe está tan feliz que ni se da cuenta de por dónde está andando y al girarse casi se lleva por delante a una chica.

Un par de manos se posan sobre sus brazos para evitar el choque. Manos que Chloe reconoce porque estuvo un año jugando con ellas, entrelazando sus dedos con los suyos, alcanzando nuevos niveles de placer gracias a ellos.

Su mirada sale disparada hacia arriba y tropieza con la sonrisa torcida, aunque algo tímida, de Álex.

- Álex – exhala Chloe, pensando en la época en que ese nombre salía con reverencia y emoción de su boca.

- Beale, tenemos que dejar de encontrarnos así – bromea ella en tono suave.

La joven retira sus manos al darse cuenta de dónde las tenía puestas y es entonces que ambas parecen ser conscientes de la presencia silenciosa de Beca. La morena tiene una expresión extraña en su cara: no son celos o molestia, sino que parece más bien curiosidad.

Chloe supone que tiene sentido ya que esta es la primera vez que Beca conoce a Álex. Los cinco segundos en que coincidieron a través de Skype no cuentan, y tampoco las breves apariciones de la joven en las redes sociales de Chloe.

La mirada de Álex sigue el brazo de Beca que rodea la cintura de Chloe, no en un gesto de posesión, sino porque se nota que el estado natural de las dos amigas es estar unidas de alguna forma.

Cuando vuelve a alzar la mirada hasta la de Chloe, hay una casi inexistente sonrisa en sus labios y sus ojos están llenos de comprensión.

- Enhorabuena – felicita con sinceridad.

La sucesión de eventos hace que Chloe no este del todo segura de si lo dice por el hecho de que lograse recuperar a Beca, o por haberse graduado.

- Enhorabuena a ti también – responde, decidiendo seguir la ruta más segura.

Álex asiente y continúan mirándose hasta que alguien llama su nombre y gira la cabeza para ver quién es. Le hace un gesto de que espere un momento y se vuelve hacia la pareja con expresión de disculpa.

- Bueno, que te vaya muy bien, Chloe – dice a modo de despedida.

- Gracias – murmura ella –. Lo mismo te digo.

Álex sonríe una última vez y se da la vuelta, corriendo como puede sobre sus tacones para reunirse con la persona que gritaba su nombre.

Chloe deja escapar el aire en una sonora exhalación y se vuelve hacia Beca, sin saber muy bien qué esperar. La morena sigue con restos de curiosidad en su azul medianoche, y nada más. Quizá algo de diversión.

- Bueno, eso ha sido extra incómodo – exclama.

Chloe la mira un momento en silencio y luego empieza a reírse. Pronto Beca se le une y ambas se ríen durante un buen rato, probablemente mucho más de lo que la situación merece.


Beca navega por las calles de Nueva York con experiencia, como si esta no fuera la primera vez que ha hecho este mismo recorrido. Va canturreando para sí misma la canción que suena a volumen bajo en la radio, y sus pulgares marcan el ritmo sobre el volante.

Chloe mira por la ventana en un intento vano de reconocer el camino. No tiene ni idea de a dónde la está llevando Beca, es un barrio de Brooklyn por el que nunca llegaron a pasar durante sus primeras semanas de explorar la ciudad.

La morena frena en un cruce, pone el intermitente hacia la derecha y gira una vez pasa el coche que venía en dirección contraria. Se meten por una calle en la que a ambos lados hay edificios de ladrillo con el aspecto de ser viejos almacenes que han sido reacondicionados. Entre unos y otros, hay pequeñas parcelas de césped.

- ¿Se puede saber a dónde vamos? – pregunta Chloe con obvia curiosidad.

- Es una sorpresa – es toda la información que Beca le proporciona.

- ¿Otra?

Beca solo le regala una sonrisa torcida y detiene el Jeep frente al último edificio de la calle. Saca un pequeño mando negro de la guantera y presiona uno de los botones. Una luz roja se enciende en la punta del mando, luego, la puerta gris frente a la que se han detenido comienza a girar hacia un lado.

La morena conduce el Jeep hasta la plaza de garaje número 7 y aparca. Suben directamente en ascensor hasta el tercer piso, el más alto de todos, ya que los edificios son anchos pero bajos. Las puertas metálicas del ascensor se abren con un plin indicando que han llegado a su destino y Chloe se apresura en ser la primera en salir.

Es un pasillo estrecho, pero bien iluminado. Las paredes están pintadas de un agradable gris ceniza y las baldosas del suelo son de falsa madera negra. Beca la guía hasta una puerta con una figura dorada del número 7 colgada sobre la madera.

Saca una llave del bolsillo de su cazadora vaquera y la mete en la cerradura, la cual cede bajo el giro de su muñeca con un chasquido. La puerta se abre haca dentro y Beca le hace un gesto a Chloe para que vaya ella primero.

Con curiosidad, sin saber qué esperarse, Chloe entra con pasos cautelosos. La estancia se encuentra en la semi penumbra, solo alumbrada por la suave luz de las farolas que se cuela por las amplias ventanas que se expanden por la pared izquierda. Escucha el click de un interruptor tras ella y se hace la luz.

Ahora Chloe puede ver lo que es claramente un espacioso apartamento exquisitamente decorado. Los suelos de madera relucen con un brillo que delatan que nunca han sido pisados, hay gruesas alfombras con motivos étnicos y los muebles son de una mezcla de madera y hierro que les dan un toque industrial.

- ¿Bec…? – pregunta, girando sobre sí misma mientras intenta absorber todo lo que la rodea.

Se para frente al enorme piano de cola colocado al lado de los amplios ventanales que miran hacia la parcela de césped de la acera de enfrente. Lo acaricia con las yemas de sus dedos, sintiendo el frío de la madera barnizada morder su piel.

- Es mío – dice Beca encogiéndose de hombros. Guiña los ojos y ladea la cabeza, como si se acabase de acordar de algo –. Bueno, técnicamente es del estudio, pero están dispuestos a prestármelo indefinidamente si lo necesito.

Cuando Chloe le da la espalda al precioso piano, ve el nerviosismo que la morena había conseguido ocultarle hasta ahora. Su mirada vuela por el loft hasta posarse en las escaleras que suben hasta un piso superior.

¿Para qué necesita Beca que le presten un loft en Nueva York cuando tiene su propia casa en Los Ángeles?

- No entiendo… – sacude la cabeza, su ceño fruncido mientras intenta encontrarle el sentido a lo que está ocurriendo.

Beca exhala una risa un poco nerviosa. Agacha la cabeza como si ya hubiera supuesto que Chloe iba a tener problemas comprendiendo qué pretendía decirle, así que se pasa una mano por el pelo y da un paso hacia delante.

- Déjame que haga una cosa, por favor – pide con suavidad.

Se sienta en el taburete del piano y le indica con una mano a Chloe que tome asiento en el hueco restante. La pelirroja tarda un poco en responder, se queda de pie un instante y se nota la forma en que vacila.

- Ya sabes que las palabras no son lo mío – explica Beca, mostrando los dientes en una mueca de disculpa –, así que deja que me exprese a través de la música.

Chloe asiente lentamente y, cautelosa, toma asiento al lado de Beca. La morena posa sus dedos sobre el piano, pero no empieza a tocar inmediatamente, sino que parece que ella también necesita un momento de pausa para mentalizarse.

Coge una profunda respiración y presiona las teclas del piano en una cadencia lenta y repetitiva. La melodía resultante es tan melancólica que Chloe nota su pecho constreñirse en respuesta. Su corazón da un latido doloroso y le cuesta respirar.

While you were sleepin', I decided to lay it out

Every bad reason, all of my pointless doubts

La voz de Beca es suave, pero desgarradora en su honestidad. Sorprende a Chloe porque, en realidad, la letra no es tan triste como la música te hace pensar en un principio. A pesar de todo, esa garra de hierro que ha apresado su pecho no se afloja, sino que continúa apretándose con cada palabra que cae de entre los labios de Beca.

While you were dreamin', I handed you all my fears

My thoughtless decisions, turned into thoughtful tears

What have I done?

Su respiración se vuelve superficial a medida que escucha intensamente. No quiere perderse ni una sola letra, ni una sola nota. Sus ojos están abiertos de par en par y fijos en Beca, y bebe cada pequeño movimiento que hace.

La morena tiene los ojos cerrados y se ha formado una pequeña arruga en su frente. Está entregando cada hebra de emoción que tiene en su interior y a pesar de que Chloe ve la lucha que tiene consigo misma, su voz se mantiene firme.

Beca echa la cabeza hacia atrás, girándola ligeramente en dirección opuesta a Chloe, y todo su cuerpo se tensa por la fuerza con la que proyecta su voz una vez llega al estribillo.

But you get my love, baby, you get my love

If there's only one thing about me that you can trust

You get my love, baby

Chloe se lleva una mano temblorosa a la boca y la cubre para sofocar un sollozo. Lágrimas calientes ruedan por sus mejillas con absoluta libertad, goteando hasta su clavícula y, aquellas que no mueren en el escote de su mono rojo, continúan su recorrido por su pecho.

Se maravilla por la capacidad con la que Beca es capaz de poner todas sus emociones en una canción. Y cómo logra transmitirlas y hacer que una persona ajena las sienta en su cuerpo igual que si fueran suyas.

I'm no longer hidin' though you're not awake to leave

I can tell by your breathin', it's no longer a fantasy

No solo es pena, o alegría. No solo es amor, o desamor. Es una combinación de todo un poco, como los hilos entrelazados que componen una tela de araña.

En esta canción, Beca ha volcado los restos de la culpa que siente por cómo ocurrieron las cosas entre ellas. Ha volcado sus inseguridades y sus miedos, todas esas preguntas para las que no tiene respuesta y la llenan de incertidumbre, algo que ella siempre ha odiado.

I'm still not prepared for when you wake up

And turn to me

En esta canción, Beca le está entregando su corazón entero con la esperanza de que Chloe lo acepte y lo haga suyo. Con la esperanza de que Chloe sea capaz de ver más allá de los errores que cometió en el pasado y esté dispuesta a darle una segunda oportunidad.

You get my love, baby, you get my love

Don't let my mistakes take that away from us

You get my love

Beca termina de cantar y, durante un instante, ninguna de las dos se mueve. Chloe sigue llorando silenciosamente, conmovida hasta el punto de que no sabe qué hacer consigo misma, no sabe cómo reaccionar o qué decir.

Beca ha logrado dejarle sin palabras.

La morena se gira un poco en el taburete para mirarla. Luce nerviosa y algo emocionada ella también, pues tiene que tragar saliva varias veces antes de poder hablar.

- Sé que soy muy torpe y muy negativa – empieza a decir en voz rota –. Me escondo detrás de mis murallas y no dejo que entrar a nadie, hasta… – se bufa a sí misma de forma algo despectiva –. Hasta un niño de cinco años podría expresar lo que siente mejor que yo.

Chloe deja escapar una risa húmeda y se sorbe la nariz, tratando de secarse las lágrimas. No dice nada, porque no quiere interrumpir a Beca. Presiente que su mejor amiga tiene muchas cosas que quitarse de encima, cosas que no ha dicho todavía y le oprimen en el pecho.

- Soy probablemente una de las personas más difíciles que has conocido, pero… – se humedece los labios, nerviosa, y agacha la mirada a su regazo –. Puedo ser dulce. Se me da muy bien escuchar y me llevaré tus secretos conmigo a la tumba – mira a Chloe, tragando saliva –. Nunca te juzgaré y… – su determinación flaquea, pero se obliga a seguir adelante –. Y te querré todo lo que pueda.

Chloe mira a esos ojos anegados en lágrimas y sufre.

Sufre porque todo lo que quiere es atrapar a Beca en un abrazo y asegurarle que no le importa en absoluto ninguna de esas cosas malas sobre sí misma que acaba de decir. Nunca lo han hecho. Porque Chloe es amor, y el amor se enamora de todo aquello que es diferente, único, mágico, complicado.

Pero no puede decir nada de eso ahora.

- No sé cuáles son tus planes – continúa Beca, y por su tono se nota que está llegando al final de su discurso –, pero sí sé que quiero formar parte de ellos. Aquí o en Los Ángeles – su mirada se desvía un instante antes de volver a caer sobre Chloe con intensidad –. Si me dejas.

Entre lágrimas que parece que nunca va a parar, Chloe asiente vigorosamente. Coge las mejillas de Beca con sus manos y une sus labios en un beso dulce y salado al mismo tiempo, en el que sus suspiros de alivio y felicidad se entremezclan.

Recorre el labio inferior de Beca con su lengua, pidiendo un permiso que pronto le es garantizado. Sus lenguas se rozan, se acarician, se saludan después de tanto tiempo sin estar juntas.

Cuando se separan, Chloe descubre que es incapaz de soportar estar lejos de Beca en este momento. Sus labios se deslizan por la afilada mandíbula de la morena, recorriendo el inicio de su cuello y la base del hueso.

En la zona en la que el cuello se une con la oreja, deja un suave mordisco que le arranca un gemido a Beca.

- Chlo… – jadea, sus dedos crispándose en mechones cobrizos.

Chloe levanta sus labios de la pálida piel, observando con orgullo y satisfacción las marcas rojizas que ha ido dejando a lo largo de su camino. Sabe que, mañana por la mañana, algunas de ellas serán de un suave morado.

Un latigazo de placer estalla en su cuerpo y su piel se eriza en respuesta.

- Vamos a la cama – murmura en el oído de Beca, capturando su lóbulo entre sus dientes.

Da un último tirón y se pone en pie, extendiendo su mano para que Beca entrelace sus dedos. La morena se incorpora de un salto y acepta la mano ofrecida, tirando de Chloe en dirección de las escaleras.

Suben por ellas en silencio, el aire espeso de anticipación. El piso superior está compuesto únicamente por una cama de matrimonio, un amplio vestidor y lo que Chloe supone que es el baño principal. Los ventanales dan a una pequeña terraza llena de plantas y flores.

Entre besos lánguidos y tímidos, se quitan la ropa mutuamente. Sus manos tiemblan por los nervios, por la noción de que esto realmente está pasando. Después de tantos años de apartar la mirada y disimular, por fin pueden apreciar sus cuerpos desnudos mientras se mueven juntos sobre las sábanas.

El sol se está poniendo y la habitación queda bañada en tonos dorados y rosáceos. Chloe piensa que nunca ha visto a Beca más guapa que en ese momento. Ligeramente sonrojada y con los labios hinchados. Despeinada y sonriente. Desnuda y completamente a su merced.

Beca curva su mano en el costado izquierdo de Chloe, bajo su pecho descubierto. Chloe imita la posición de su mano, cubriendo las costillas de su mejor amiga. Sus miradas se encuentran y se sonríen.

Bajo la palma de su mano, siente el firme latir del corazón de Beca.

Pero lo mejor de todo es que coincide en cada golpe con el latir del de Chloe.


A/N: C'est fini, señoras y señores.

En algún momento de septiembre escribiré un epílogo, en cuanto logre más o menos formar una estructura con lo que quiero contar porque ahora mismo tengo una idea vaga... Muy vaga. Necesito madurarla. Pero lo más probable es que nos veamos antes de eso en otra historia, porque soy un culo inquieto y si no tengo algo publicado parece que no sé vivir.

PD: Canciones mencionadas: "Let's Hurt Tonight", de OneRepublic / "3:15", de Bazzi / "Lost In Japan", de Shawn Mendes / "Bohemian Rapdsody", de Queen / "Wake Me Up", de Avicii (D.E.P) / "I Will Survive", de Gloria Gaynor / "Andante, Andante", de Mamma Mia! Here We Go Again (A.K.A ABBA) / "Ruin This Friendship", de Demi Lovato / "Can I Have This Dance?", de High School Musical 3 / "You Get My Love", de P!nk.

PD2: Si esperábais smut en este fic, lamento decepcionaros pero no. No es este tipo de fic. No tengo nada en contra del smut, ya lo sabéis (guiño guiño, codazo codazo) pero considero que este fic se centra en emociones y el smut sería como... Degradante (?) No sé si tiene sentido para vosotros, pero para mí sí. Y como yo mando... Pues os aguantáis. (ES BROMA.)

PD3: Nunca se me había hecho tan interminable escribir un capítulo, tenía la sensación de que no iba a acabar nunca. Cada vez que encontraba el flow me interrumpían y me tocaba volver a empezar desde el principio. Ugh.

Arrivederci!