¿Dije que esto era una idea de un cuadrado amoroso? Pues, MENTÍ. JAJAJAJA. (?)
Ignorénme, por favor. Me hacen falta un par de tornillos desde hace tiempo y el hecho de que Horikoshi me regale este arco con los de la clase B me tiene vuelta un mar de emociones y sensaciones.
Si llegan a leer esto, espero que lo disfruten. Sale, bye.
Disclaimer: My Hero Academia no me pertenece.
Extra: De los vómitos y líos entre los de la clase B.
Por Blue-Salamon
La verdad es que a Itsuka aquello no le suena mal.
La ha tomado por sorpresa, pero algo en su cabeza hace un 'click' del tipo que suena a un "que estúpida fui antes por no haberme dado cuenta".
Y luego. Tiene una sensación de torpeza. Y luego, sólo se dice que si eso le hacía sentido pero simplemente no lo había considerado, tal vez, y sólo tal vez, tan sólo era que ella misma lo había bloqueado. Quizá. No sería la primera vez que bloqueaba algo que le estorbara cuando había una causa de peso mayor, bien definida para visualizar, en la distancia.
Pero, ahora, reconocía la sensación. Y las miradas de Monoma que a veces no comprendía y ella no hacía mucho por indagar respecto al silencio de él. Esas miradas que le cosquilleaban en alguna parte de la nuca o le entumecían de pronto los nervios del corazón —y, demonios, que era verdad que se le apretaba con fuerza—, de pronto tan solo.
De pronto tan solo le parecen lindas. Le parecen tiernas. Y. Vaya. Eso no.
Eso no es posible porque Monoma le parece de todo menos tierno.
De todo, de todo. Recuerda que, a veces, hasta tenía pensamientos fortuitos de lo atractivo que le parecía. Pero ella misma se los interrumpía diciéndose cosas como « ¡que no, Itsuka! Quedamos que nada de caras bonitas sin corazones o gramos de inteligencia, ¿recuerdas? » Y es que.
Monoma era un chico difícil.
Que difícil. Difícil era decir poco.
Aunque, no era tonto. Aunque, tampoco era que no tuviera corazón. Y, en realidad, puestos así, pensándolo de esa manera... Monoma no tenía nada de malo. En teoría. Y entonces si no tenía nada de malo. Si no tenía nada de malo entonces... Entonces. Ella se había encaprichado con Tetsutetsu, ¿por qué?
.
.
.
En verdad hubo vómito.
Y arcadas desagradables que acabaron con su poca energía y lo dejaron tumbado en la cama de la enfermería viendo al techo sin poder dejar de sentir un dolor punzante y agudo en la cabeza. Y. Agh. Después de hacer lo que hizo, ahora tampoco es que pudiera dormir, incluso cuando la recomendación había sido esa.
Si tomara una pastilla para el dolor, tal vez eso le ayudaría a relajarse. Relajarse y conseguir no entrar en pánico mientras se pone a maquinar su próximo plan de acción ahora que ha revelado a Itsuka sus sentimientos por ella.
Pero. Pero, eso no es en realidad tan malo.
¿Cierto...?
Por favor. Que alguien le diga que lo que ha hecho no es tan malo.
Y parece haber hecho una invocación cuando escucha la puerta ser corrida y abierta seguida de los pasos y las voces de un par de sus compañeros.
—¡Monoma-kun!
—Oye, ¡Tsunotori-chan! Estamos en la enfermería. Por favor no alces la voz.
—¿Eh? ¿Por qué? Solo quiero saber si Monoma-kun está por aquí.
—Sí, pero Monoma podría no ser el único que esté en la enfermería, Tsunotori-chan.
Y ciertamente, Neito siente que quiere que el piso se lo trague en ese mismo momento. Antes de que la pequeña y extraviada Tsunotori Pony se presentara ante él con sus grandes ojos de cachorro fiel y perdido junto al todavía más fiel de sus cuidadores de Kōsei Tsuburaba.
—Ah. ¡Aquí estás!
Pero el piso no tiene piedad de él. Y no se abre para tragárselo. —Oh, Pony...
Y cuando Kōsei se asoma a verlo, le da una larga mirada penetrante y silenciosa. Pony se acerca con un banco en el que tomar asiento a su lado. Y a Tsuburaba no le queda más que coger otro con expresión de fastidio y sentarse al lado de ella, ambos, al lado de él.
—Te ves fatal.
Monoma arrastra la mirada al otro chico, separa los labios, un poco, antes de volver a juntarlos y entonces, sonríe. Le sonríe con sarcasmo a Kōsei. Con el que no tiene ni ha tenido nunca nada en contra, pero que él mismo, Neito Monoma, parece sacar una vena conflictiva junto a su persona tan solo por dos razones. La primera: su propia personalidad del asco, que hace creer a todos que está bien a veces tratarlo como a sus patas, porque de hecho él a veces también trata a todos como a sus patas (así que no se opone a eso, a Monoma le parece un trato justo). Y la segunda es.
—¿Verdad que sí? Yo te dije antes que no te veías bien, Monoma-kun. ¡Y te pregunté si estabas bien! Pero me miraste feo y me dio miedo... ¡Pero ahora estás aquí y estoy preocupada! ¿Estás bien? ¿Qué te dijo Recovery Girl...-san?
La parlanchina Pony no se detiene y ni siquiera lo piensa cuando se reclina y haciendo un contacto innecesario lo coge del brazo y casi le toma la mano. A Neito le dan ganas de sacudírsela, un poco, de la manera más bruta posible. Pero Kosei lo mira. Y es. Esa mirada de advertencia, oscura y penetrante, la que lo hace pensárselo dos veces, porque no quiere tener que andar por el resto de sus días llevando sus manos frente a él para asegurarse de no estrellarse contra paredes invisibles de aire endurecido. En pocos segundos, igual, Pony le quita las manos de encima para ahora apoyarse en Kosei, borrándole con efectividad impresionante esa expresión terrible del rostro y pasando a sustituir la sombra bajo sus ojos por un sonrojo leve.
—Kōsei me dijo...
Tsunotori sigue explicándole que ella, que había ido al baño para cuando su desastrosa declaración ocurrió, cuando al volver no lo había encontrado se había puesto nerviosa y Kosei se había dado cuenta de su nerviosismo —porque el chico se sentaba justo detrás de ella, claro— y había terminado por explicarle que Monoma había salido del salón con mucha prisa.
Y. A Monoma realmente no le importaba nada de eso, sino el hecho de que ella llamara tan naturalmente a Kōsei por su nombre sin ningún honorífico. Kōsei, Kōsei, Kōsei. En su cabeza se repite y, lentamente, vuelve a ver al muchacho, quien le devuelve la mirada y: —Kōsei —dice, repite, de una sola. Y el aludido se pone inmediatamente colorado y se inclina tensándose, su mirada gritando un silencioso « ¡cállate! » que Neito ignora. Con destreza—. ¿Cuánto tiempo dices que llevan conociéndose, Pony-chan?
—¿Eh? ¿Quién?
Kōsei lo sigue mirando con ojos que casi parecen ir a perforarlo.
—Tú y Kōsei. No me imaginaba que tuvieran ese tipo de relación, para llamarse por sus nombres sin nada más...
—Ah, bueno —la pequeña rubia inclina la cabeza, llevándose un dedo al mentón—. Kōsei ha sido muy bueno conmigo y cuando le pregunté si le incomodaría él dijo que-
—Tsunotori-chan —Kōsei la interrumpe, antes de que la chica hable de más y le dé información que no necesitaba a Monoma.
La chica cierra los ojos para luego volver la mirada, lentamente, a Tsuburaba. Y una vez puesta en él la entorna. Y sus labios se fruncen haciendo un mohín—: ¿Ves? —apenas regresa su mirada a Monoma, Pony se cruza de brazos con gesto de indignación que en ella. En ella luce tan encantador para Kosei que a este se le arrebolan las mejillas en rojo—. Le dije que podía llamarme « Pony », a secas también y no me ha hecho caso —lo último lo agrega haciendo incapié en cada una de las palabras sin dejar de martillarlo, a la vez, con sus ojos fijos en el ingenuo Tsuburaba.
—No, es que... —Tsuburaba intenta justificarse. Algo que hace por cuenta propia su solo sonrojo.
Pero Pony no lo entiende. Ni lo capta. Así que Monoma.
—Sólo está siendo muy tímido, Pony —y si Kosei no le saltó a la yugular en ese mismo momento fue tan solo porque Pony estaba ahí presente—. Tampoco es la gran cosa llamarte sólo por tu nombre, ¿verdad? —Neito se divierte por su cuenta, fastidiándolo. Al pobre de Kōsei que no es capaz de decirle que no a Tsunotori y tampoco de llamarla por su nombre así como así.
—¡Es lo que digo!
Lo siguiente que pasa es que Monoma usa el nombre de Pony en todas las oportunidades que tiene al mismo tiempo que ve a Kōsei. Y se divierte mucho tan solo con su expresión contenida porque sabe lo que hay detrás de todo eso y a final de cuentas, que lo miren con fastidio se trata de algo que le gusta provocar en las personas a su alrededor sólo porque sí.
Pony, en algún momento, sale corriendo de la enfermería y los deja a ellos dos solos. Y en un condenado silencio a muerte, Monoma sólo se queda viendo a Kōsei, esperando a que explote delante de él. Aunque con su poca paciencia y la buena perseverancia de Kōsei, decide darle un pequeño empujón y.
—Dejaste que ella te llamara por tu nombre solo por que-
—Porque sí. ¿Sí? —Kōsei intenta callar a Monoma antes de que diga cualquier cosa que no debería de decir, incluso cuando él vuelto loco por la pequeña niña americana no fuera noticia nueva para nadie dentro de la clase B (porque es un idiota transparente y Monoma no deja de fastidiarlo sin medirse, por lo que la única cosa que había necesitado el resto como confirmación a sus sospechas habían sido las burlas de Monoma)—. No hay nada más. Y cállate. Y. ¡Deja de usar su nombre porque a ella le gustas tú y si sigues así sólo la acabarás ilusionando!
Monoma lo mira en silencio y luego de unos varios, largos, segundos suspira: —no le contaste todo lo que pasó antes de que viniera aquí, ¿verdad?
Kōsei no necesita responder a eso porque su expresión habla por sí sola, pero aún así: —¿y qué se supone que debía decirle? ¿que el chico que le gusta se le declaró en frente de todo el salón a una chica que no es ella?
—Sí. Y luego debiste decirle que a ti te gustaba ella.
Tsuburaba desvía la mirada al recibir la elocuente de Monoma y guarda silencio por unos momentos. —Yo no soy como tú —escupe, primero—. Y no voy a ser quien le rompa el corazón a la chica que me gusta —declaración que, no hace nada más que ahondar en Monoma, apenas rozándolo, en la superficie, en realidad mucho más blanda de lo que lo parecía, de su corazón. Y casi, casi, le duele. Pero una parte de él se siente orgullosa de que Kosei sea capaz de darle esa clase de respuestas venenosas. Aunque su forma de arquear la ceja estuviera lejos, por mucho, de tener la técnica precisa y elegante que le daría el tono adecuado para una excelente provocación.
Haciendo un resoplo de risa, Monoma lleva la mirada al techo y se queda mirando la luz de la lámpara hasta que siente que la cabeza le comienza a doler una vez más. —Ah... Hubiera sido mejor si hubiera estado ahí cuando se lo dije a Itsuka...
Kōsei mira en la distancia la puerta por la que había salido Tsunotori antes de suspirar, un pequeño círculo de aire endurecido cayendo directo en la palma de su mano. —Sí. Hubiera sido mejor... —acuerda, mascullando las palabras; jugando con el círculo translucido entre sus dedos, cual moneda de cien yenes.
.
.
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Tierra fértil es arañada y excavada, antes de dejar caer en su interior unas cuantas semillas. Luego más tierra termina sobre ellas. Y entonces cae una cortina de agua, limitada y precipitada, desde una regadera.
—Le gusto a Monoma.
El rocío para por unos pocos segundos antes de continuar. Y luego unas manos enfundadas en guantes gruesos de carnaza se toman su tiempo para colocar guijarros de adorno alrededor del punto en donde habían sido sembradas las próximas flores, marcándolo como habría sido el punto de encuentro en un mapa.
Entonces, se sacuden. Las manos de la tierra. Y la regadera es colocada a un lado de las jardineras en los patios de la prestigiosa escuela Yūei.
—No puedo creer que no me haya dado cuenta de que le gusto.
Y los ojos oscuros de Shiozaki la consideran apenas cuando parpadea antes de preguntarle, su voz suave como las que los mismísimos dioses, probablemente, debían de tener: —¿y en verdad no te habías dado cuenta? —Guarda un tono maternal conocedor. Esa aura siempre la tiene y por eso es que su nombre de heroína le va tan bien. María.
Kendō casi se atraganta con su propia saliva. Y en realidad, la molestia que obtiene con el hecho es tan desafortunada, que a final de cuentas ella acaba comenzando a toser escandalosamente. Y Shiozaki. Shiozaki la sigue mirando, con esa paciencia infinita que parece tener, y le ofrece un poco de agua de su propia botella que Kendō agradece cuando toma unos tragos grandes para recuperarse.
—¡Habría actuado de otra manera de saberlo!
Shiozaki cierra los ojos con parsimoniosa actitud: —Tal vez por eso él no te lo dijo hasta ahora —es su suave sugerencia mientras permanece inmutable a la problemática de ella.
Kendō se queda sin habla y parpadea, pensándose sus palabras. Shiozaki la mira y, compadeciéndose, sonríe con dulzura antes de decidir explicarse: —No sé porqué, pero ustedes dos parecen llevarse bien —comienza—. Y creo que a Monoma-kun le gusta que tengas control sobre él.
No hay picardía real. Pero Itsuka comienza a sonrojarse a lo último. Y no tarda en volver a ponerse nerviosa, que de inmediato busca contradecir a la chica. —¡Yo no tengo ningún control sobre él! Monoma siempre hace lo que quiere. No importa si le digo algo o no, él va por su causa y hace lo que le da la gana.
Shiozaki niega silenciosamente, guardándose unas risas discretas de burla antes de volver a hablar. —Se piensa un poco más las cosas antes de hacerlas si le dices algo. Y si no le dices nada, cuando lo regañas deja de hacer las cosas —señala, cosa que Itsuka se rehusa a terminar de creerle y por eso tuerce una mueca de indecisión en su boca—. Los chicos de la clase A solo han visto su peor lado, pero nosotros sabemos que él es muy listo y sabe trazar planes que cubran las necesidades de todos. Es un gran líder, pero le falta tacto y carisma. Carisma que tú sí tienes y te ha reconocido por eso, y...
Itsuka aprieta sus manos en sus propias piernas, esperando a que la chica termine de hablar.
—Y es muy fiel a ti, a pesar de todo.
Kendō pasa saliva y sigue sin creerle. Aún cuando Shiozaki fuera una chica difícil de contradecir. Casi no hablaba, porque era muy tranquila y mucho más observadora y reservada, pero si se tuviera que decir algo al respecto de hacer una comparación entre ellas dos; Itsuka podría ser la hermana mayor de la clase B, pero Shiozaki era como la mamá. Dulce y severa, paciente y tranquila. Era el tipo de aura que ella conseguía transmitir con sus palabras, su actuar y accionar. Una chica increíble. Itsuka era un poco más ruda, así que. No. Ella no encajaba tanto en el rol de madre.
—Bien... Puede que sí supiera sus sentimientos por mí... —acaba por admitir, en voz baja, mordiéndose los labios y dedicándose a excavar un agujero para las semillas al lado del que Shiozaki había hecho. Con sus cabellos hechos de lianas cubiertos de espinas, Shiozaki le sonríe y se arrima a ella para corregir la ubicación del hoyo y hacerlo un poco más lejos de donde inicialmente Itsuka lo había trazado. Luego le tendió a ella las semillas para que las echara en el lugar señalado. Kendō sonrió y las dejó caer con deje divertido.
—Eres una chica muy lista, no me sorprendería que lo hubieras notado desde el principio.
Itsuka tuerce una mueca antes de conseguir una sonrisa. —Tú también eres una chica lista, Shiozaki-chan.
—¿Eso crees?
—¡Por supuesto que sí!
Las risas de las dos se combinan mientras Shiozaki le deja la regadera también para que les eche agua a las flores que había plantado. Y de pronto.
—¡Ibara-san!
La susodicha alza la mirada en busca de su compañero de clases haciendo el llamado. Es obvio de quién se trata, pero eso no resulta ningún impedimento para igual asomarse a asegurarse de que fuera él. Kendō, por su parte, se queda quieta. Para ella tampoco es difícil saber de quién se trata. Pero a diferencia de Shiozaki, Itsuka se queda en su lugar mirando a la pared, intentando de la manera más tonta pasar lo más desapercibida posible.
Los pasos llegan al frente de las dos chicas. Y al fin el chico también termina por darse cuenta de la presencia de Kendō. —¡Ah, también estás aquí, Kendō!
—¡Tetsu...!
—Hola, Tetsutetsu-san.
—¡Ah! ¡Ibara-san! Es- yo... te buscaba. Sí, eso. Te estaba buscando.
Desde su posición, es bastante fácil para Kendō encontrar el precioso detalle de una rosa blanca con todo y espinas escondida tras el muchacho y anidada entre sus manos, mientras Shiozaki pregunta con curiosidad el motivo por el que él le estaría buscando. Kendō capta de inmediato que ese es el momento de hacer su salida sin necesidad de que Tetsutetsu voltee a verla. Cuando este lo hace, de todas formas, Kendō consigue sonreírle al chico a pesar del retortijón que sufre en sus entrañas. Luego, también, le sonríe a la chica. Y antes de que pueda terminar de pensarlo se despide de ambos echando a andar con una excusa cualquiera.
Kendō echa a correr con la imagen de Tetsutetsu enredándole a la preciosa cabellera de Shiozaki aquella bella rosa blanca, sin él tener que pasar penosas dificultades gracias a su individualidad tan oportuna para el cabello de ella. A Kendō le duele algo el corazón; no lo suficiente como para poder llorar sin pena pero sí como para querer hecerlo y desear tener una buena razón.
Pero como Neito y ella habían acordado, a Tetsutetsu le gustaba Shiozaki y.
Kendō ya lo sabía.
