Los personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 2.
El sonido de las campanas de la torre del reloj que sonaron a las siete de la mañana despertaron a Draco. Que por primera vez en mucho tiempo, no se despertó con la sensación de haber muerto dentro de sus interminables pesadillas. Porque por primera vez en años, había pasado una noche sin ellas.
Al darse la vuelta en la cama recordó que Luna había estado ahí cuidándole hasta que se quedó dormido, y pensó en que quizá había sido gracias a ella que las pesadillas habían pactado por una vez una tregua.
Se quitó las sábanas de encima y fue directo a la ducha. Una vez terminó de asearse y curarse como era debido las heridas que se había hecho la noche anterior, se preparó para ir a desayunar. Prefería verse el antebrazo lleno de cicatrices antes que volver a ver la marca tenebrosa. Esperó a Luna sentado en uno de los sofás de la sala común.
Dieron las ocho y Luna aún no daba señales de vida. Antes que pensar en que no le daría tiempo de desayunar, Draco pensó en que quizá le había pasado algo a Luna. Se levantó del sofá y fue hasta la puerta de su habitación. Dio dos pequeños toques en la puerta antes de entrar.
–¿Luna? –preguntó tratando de no levantar demasiado la voz. Se metió dentro de la habitación y se quedó tranquilo cuando vio que seguía durmiendo plácidamente. Se acercó hasta el borde de su cama y se arrodilló ante ella, agitándola suavemente– Luna, despierta. Tenemos que ir a desayunar. –se quedó observándola hasta que ésta despertó regalándole una amplia sonrisa que hizo que le diera un vuelvo al corazón.
– Buenos días, Draco. ¿Te encuentras mejor? No te dormiste hasta casi las cinco de la mañana, pero al ver que ya no te dieron más pesadillas me fui a dormir tranquila. –dijo ella tranquilamente mientras se incorporaba y estiraba. Draco se quedó sin habla por un momento. ''Eso quiere decir que no ha dormido más de tres horas.'' Pensó él, sintiéndose culpable. En ese instante decidió que pensaba compensarle por aquello.
–Buenos días a ti también. –le respondió devolviéndole la sonrisa– Sí, me encuentro mejor, de hecho, es la primera vez en años que a pesar de dormir tan poco, me encuentro tan bien y me despierto de buen humor.
Al escuchar eso, Luna sonrió más aún, pensando que la falta de sueño había merecido la pena por haber ayudado a Draco.
–Siento haberme dormido, voy a arreglarme corriendo y vamos a desayunar.
–No tienes por qué disculparte, si no fuera porque hay clases te habría dejado seguir durmiendo.
Luna salió de la cama dando un salto, cogió el uniforme que había dejado bien preparado junto a su mochila y fue directa al baño. Draco mientras tanto, volvió al sofá para esperarla, aunque no le dio tiempo de esperarla mucho tiempo ya que en menos de diez minutos, Luna llegó a la sala común totalmente arreglada y con la mochila colgada del hombro. Draco la miró sorprendido, pensando que él necesitaba el triple de tiempo para prepararse normalmente.
–Deberías enseñarme cómo lo haces para arreglarte tan rápido. Por cierto, me gusta como te queda el pelo así. –comentó él con una sonrisa al ver que Luna se había recogido el pelo en una coleta alta. Ella en respuesta sonrió aún más ampliamente y sonrojándose levemente, no estaba acostumbrada a escuchar cumplidos.
–¿Vamos? –preguntó mientras se colocaba la varita tras su oreja izquierda.
–Claro. –respondió a la vez que se levantaba del sofá y se dirigía junto a ella para salir de la sala común.
Al llegar a la entrada del gran comedor, Ginny alzó sus brazos para saludar a Luna y que se acercara hasta ella. Draco la siguió pero se quedó a una distancia prudencial.
–¡Buenos días a todos! –saludó Luna a todos sus amigos que se encontraban sentados en la mesa de Gryffindor, aunque los únicos que le devolvieron el saludo, sin contar a Ginny, fueron Harry y Neville, ya que Ron estaba en su mundo mientras desayunaba todo lo que podía, y Hermione no apartaba la vista del libro que tenía delante ni para comer. Luna esbozó una pequeña sonrisa al ver de aquella manera a la pareja.
–¿Te sientas a desayunar con nosotros? –preguntó Ginny.
Antes de que Luna diera una respuesta, preguntó automáticamente.
–¿Puede sentarse Draco también? –preguntó con inocencia. Draco fijó su mirada en el suelo, ya sabía cuál iba a ser la respuesta de los Gryffindor.
–¡NI HABLAR! ¿ESTÁS LOCA?–respondió Ron alzando la voz y levantándose de golpe de su asiento. Todos se quedaron sorprendidos ante su respuesta, primero, porque pensaron que estaba demasiado absorto con su comida como para enterarse de lo que ocurría a su alrededor, y segundo, porque no esperaban que le alzara la voz a Luna ni que le dijera algo así, ni aunque fuera indirectamente y sin mala intención.
Todos le dedicaron una mirada de reproche por haberle alzado la voz a Luna, y por primera vez, Draco se había atrevido a mirar a Ron directamente a los ojos con toda la furia que su cuerpo le permitía. Ron pensaba que la mirada de Draco se debía a su rechazo, pero estaba completamente equivocado, por dentro, Draco tuvo que contenerse y no ir hasta el otro lado de la mesa para darle un puñetazo a Ron por cómo le había hablado a Luna. Apretó los puños hasta que los nudillos se le quedaron blancos y sintió como las uñas estaban empezando a penetrarle la carne de la palma, pero de un momento a otro, su cuerpo se relajó completamente. Agachó la vista para encontrarse con que Luna había entrelazado su brazo con el de él. Vio cómo Luna miraba a Ron con dolor.
–Pues no pienso ir a ninguna parte sin Draco. –espetó ella sin pensarlo dos veces. Draco le dedicó una gran sonrisa dándole las gracias por estar a su lado y ella se la devolvió de la misma manera– Vamos a la mesa de Ravenclaw. ¿Quieres venir Ginny? –preguntó de manera animada, tratando de evitar la mirada llena de rencor que Ron seguía dedicándole a Draco.
–¡Claro! –respondió ella, y los tres fueron a sentarse en la mesa de Ravenclaw. A diferencia de su hermano, ella estaba dispuesta a tolerar a alguien a quien ciertamente, nunca había soportado, por estar con su mejor amiga. Ginny tenía fe ciega en el criterio de Luna respecto a la gente de la que se rodeaba, siempre había pensado que Luna tenía como un sexto sentido con las personas, podía ver la bondad y la luz en ellas, incluso cuando parecía inexistente en aquella persona. Y pensó que si le había dado con tanta facilidad aquella segunda oportunidad a Malfoy, sería por algo. Así que simplemente intentó evitar hablar con él, centrándose en la presencia de su amiga.
–¿Qué clases tienes hoy? –le preguntó Luna a Ginny.
–Transformaciones, Pociones, Herbología y Estudios Muggles.
–¡Qué bien! Tenemos Estudios Muggles a la misma hora. –dijo Luna con entusiasmo. Le alegraba que al menos en la única clase en la que no estaría con Draco sí estaría con su mejor amiga– Oh, hoy no hay pudding para desayunar. –comentó Luna haciendo un puchero, mientras se servía con resignación un zumo de calabaza.
Mientras tanto, Draco comenzó a pensar en la sorpresa perfecta para Luna, sin poder evitar esbozar una pequeña sonrisa al mirarla. Cada momento que pasaba al lado de Luna se arrepentía más de no haber sido su amigo antes.
Ginny se fijó en cómo Draco sonreía al mirar a Luna y alzó una ceja de manera inquisitiva. Quizá estaba imaginando cosas que no eran, pero por su mente ya estaban ocurriendo mil historias que se moría por comentar con Hermione.
La campana que indicaba el inicio de las clases sonó, sobresaltando a los alumnos de primer curso. Los demás alumnos que había en el gran comedor rieron, recordando el susto que se llevaron muchos de ellos la primera vez que escucharon aquella campana sonar.
Todos se levantaron de sus asientos y pusieron rumbo a sus respectivas clases. En la puerta del gran comedor, Luna se despidió de Ginny y los demás, tratando de no guardarle rencor a Ron por lo sucedido anteriormente. En el fondo entendía por qué seguía pensando de Draco de aquella manera, puesto que él había sido muy cruel con Ron, tanto como el resto de sus amigos, pero a veces le costaba entender por qué a los demás les costaba tanto perdonar y no volver a mirar atrás. Ella por su parte, no quería volver a mirar hacia su pasado de nuevo.
Draco y Luna tomaron la dirección opuesta de los Gryffindor, y se dirigieron hacia las mazmorras, puesto que su primera clase era Defensa Contra las Artes Oscuras. Entraron a la clase junto a los demás Ravenclaw y Slytherin y se sentaron en primera fila.
Luna casi grita de emoción al ver quién entraba por la puerta.
–Bienvenidos a Defensa Contra las Artes Oscuras de séptimo curso. Mi nombre es Bill Weasley y éste año seré vuestro profesor. –Luna no pudo contener más su emoción y le dedicó un pequeño aplauso. Bill sonrió en cuanto vio a Luna.
Después de que el trío de oro la rescatara de la mansión Malfoy, Luna estuvo hospedada unos días en la que acabó siendo la casa de Bill y Fleur. Aunque la familia Weasley llamaba a aquella casa ''El Refugio''.
Muchos alumnos, incluido Draco, se quedaron impresionados por las grandes cicatrices que Bill tenía en el rostro, y se preguntaban cómo se las habría hecho. Lo que Draco desconocía, es que por mala suerte, él había tenido que trabajar muy de cerca con la persona, o más bien animal, que se las hizo. Fue en la batalla de la torre de Astronomía cuando Bill recibió el zarpazo por parte de Fenrir Greyback. Aunque esta vez, no iban a tener de nuevo un profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que durante unos días al mes ''enfermara'' por ser secretamente un hombre lobo.
–Bien, abrid vuestro libro por el primer tema.
Tanto en Defensa Contra las Artes Oscuras como en Encantamientos las horas de clase se pasaron volando. A diferencia de Historia de la Magia…
Draco y Luna pretendían presentarse a los E.X.T.A.S.I.S. pero pasados los primeros cinco minutos de clase, se preguntaban si merecía la pena.
La monótona voz del profesor Binns hacía que cualquier dato interesante sobre la historia de la magia se volviera lo más aburrido del mundo.
Mientras Luna trataba de no quedarse dormida iba tomando apuntes, Draco hacía ver que escuchaba lo que el profesor Binns decía, pero realmente estaba pensando en cómo prepararle la sorpresa a Luna…y cómo iba a pedirle ayuda a alguien que seguramente no iba a querer dirigirle la palabra.
Cuando por fin la campana que indicaba la hora del almuerzo sonó, toda la clase trató de desperezarse e ir corriendo al gran comedor lo más rápido posible.
Draco y Luna volvieron a sentarse en la mesa de Ravenclaw.
–¿Te sientes más cómodo aquí que en la mesa de Slytherin? –preguntó Luna con preocupación. Ella sabía muy bien lo que era que tus propios compañeros de casa te miren mal y no quieran tenerte cerca.
–Me sentiría cómodo en cualquier lugar mientras te tuviera a mi lado. –respondió él con sinceridad casi sin pensar en sus palabras. Estuvo a punto de arrepentirse de lo que había dicho hasta que Luna se sonrojó y sonrió más ampliamente que nunca.
Ambos almorzaron en un cómodo silencio hasta que la campana irrumpió con la tranquilidad de todos los estudiantes. Por suerte ya solo quedaba una clase y todos podrían retirarse a hacer lo que quisieran.
Aunque para Draco hoy no habría más clases.
Luna se despidió de él y se fue dando saltitos. Draco inspeccionó el gran comedor hasta que dio con la persona con la que necesitaba hablar.
Fue corriendo hasta alcanzarla.
–¡Granger! –llamó a Hermione cuando ya casi estaba a su lado. Ésta se giró y miró de manera inquisitiva a Draco– Necesito tu ayuda.
–No pienso ayudarte en nada, Malfoy. –dijo ella tajantemente mientras volvía a emprender su camino.
–Es por Luna. –Al escuchar eso, Hermione frenó en seco y dudando por un segundo, volvió a girarse. Quizá se arrepentiría por malgastar su tiempo escuchando a Malfoy, pero sabía que si era por Luna, merecería la pena.
–¿Qué pasa con Luna? –preguntó a la vez que se cruzaba de brazos de manera defensiva.
Draco le explicó lo ocurrido la noche anterior y procedió a explicarle su plan.
–Por eso me gustaría prepararle una sorpresa para darle las gracias por haberme cuidado. Recuerdo que en tercero montaste un tipo de organización relacionada con los elfos domésticos y sabes cómo llegar a las cocinas. Me gustaría que me dijeras como llegar, por favor. –le pidió casi a modo de súplica.
Hermione dudó largo y tendido, pensando en si Malfoy estaba tratando de jugársela a Luna. Pero después de verles juntos aquella mañana, creía que le estaba diciendo la verdad. Y por su amiga, merecía la pena hacer un pequeño esfuerzo y ayudarle. Incluso si se trataba de Draco Malfoy.
–¿Ves aquella puerta por la que entran y salen los de Hufflepuff? –le indicó. Draco buscó la puerta de la que Hermione hablaba y asintió– Esa puerta lleva hasta la sala común de Hufflepuff y a las cocinas, en el mismo pasillo encontrarás muchos cuadros, tienes que encontrar uno de un bodegón y hacerle cosquillas a la pera del cuadro. –Draco alzó una ceja al escuchar eso– Ya sé que parece raro, pero es así como se llega a las cocinas. Si lo haces bien la pera se transformará en un pomo y podrás acceder a ellas. –No tenía muchas ganas de seguir hablando con él, así que volvió a darse la vuelta y comenzó a caminar.
–Muchas gracias. –le agradeció. Hermione se giró y le miró con expresión de sorpresa. Incluso él se sorprendía de haber dicho aquellas dos palabras en voz alta, y más a Hermione Granger. Pero no volvió a cuestionarse, solo pensó en que si su plan salía como él esperaba, podría alegrarle el día a Luna, y eso era lo único que le importaba.
Caminó disimuladamente entre todos los alumnos que llegaban tarde a su clase y se escabulló por la puerta de la que aún salían unos cuantos Hufflepuff, trató de pasar desapercibido, pero eso era difícil siendo cómo destacaba el verde de su túnica entre tanto amarillo. Trató de no pensar en las miradas que los alumnos le dirigían y cuando finalmente parecía que todos los Hufflepuff habían salido de su sala común, Draco comenzó a buscar el cuadro que le había indicado Hermione. Al llegar a la mitad del pasillo lo vislumbró, miró a su izquierda y derecha asegurándose de que no había nadie más en el pasillo, y buscó la pera entre todas las frutas del bodegón para hacerle cosquillas. Se sintió estúpido por estar haciéndole cosquillas a un cuadro hasta que la pera se transformó en un pomo y se quedó perplejo. No dudaba en que Hermione le estaba diciendo la verdad, pero aquello era sorprendente hasta para él. Tiró del pomo y el cuadro se abrió dejando a la vista las cocinas. Entró con sigilo y se quedó aún más sorprendido al ver el tamaño de aquel lugar, era como si estuviera en el gran comedor pero lleno de elfos domésticos. Dio unos cuantos pasos y se aclaró la garganta tratando de llamar la atención de los ajetreados elfos que trabajaban sin parar.
–Disculpad… –dijo primero con timidez, pero sabía que así no iban a hacerle caso. Así que decidió que la mejor manera de llamar su atención era actuar por unos instantes. Se cruzó de brazos y los miró a todos severamente, como habría hecho el antiguo Draco. –¿Alguien podría ayudarme? –pero fue inútil, ni así le hacían caso. Justo una elfina pasaba por delante suyo cuando le preguntó con toda la amabilidad que pudo– Disculpa, ¿Podrías ayudarme? –la elfina lo miró con curiosidad, esperando que siguiera hablando– Me gustaría prepararle una sorpresa a mi amiga Luna. –de repente, todos los elfos miraron con emoción a Draco.
–¿Usted es amigo de la señorita Luna? Ella siempre ha sido muy buena con nosotros y le tenemos mucha estima. ¿Qué necesita señor? –preguntó un elfo que estaba preparando algo en los fogones. Draco sonrió satisfecho, no dudaba que Luna sería buena con cualquier persona o criatura en Hogwarts.
–Me gustaría prepararle una sorpresa, pero por favor, dejad que lo haga yo, solo necesito que vayáis dándome las instrucciones. –les explico. La misma elfina con la que había hablado al principio le quitó la túnica y le ayudó a colocarse un delantal.
Por otra parte, Luna no tenía ni idea que Draco estaba faltando a su clase de Adivinación. Miró a su izquierda, viendo el asiento vacío y pensó en lo raro que se le estaba haciendo estar en una clase sin él, suspiró sin darse cuenta. Pero quien sí se dio cuenta fueron Ginny y Hermione, que estaban sentadas a su derecha.
–¿Qué te pasa? –le preguntó Ginny con curiosidad.
–Oh, nada realmente, solo es que se me está haciendo raro no tener cerca a Draco. –respondió ella con sinceridad. Ginny y Hermione se miraron nada más escuchar eso. Justo antes de llegar a clase, Hermione le comentó lo que había pasado con Draco, y Ginny le explicó lo que estaba sospechando desde que desayunó con los dos. Volvieron a mirar a Luna, que tenía la mirada perdida en algún lugar y se preguntaron si realmente había algo entre ellos. Y si no lo había, estaban casi seguras que lo habría. Luna no pensaba bajo ninguna circunstancia en aquello, simplemente porque en su mente no se había formado aquella idea, solo que se sentía muy feliz de haberse hecho amiga de Draco. Ginny y Hermione no estaban muy contentas con la idea de que acabasen juntos, básicamente porque habían visto de lo que era capaz Malfoy. Pero por otra parte, sentían que con Luna era una persona diferente. En general, parecía una persona muy diferente a la que conocían, y se preguntaban si era correcto darle una segunda oportunidad al igual que había hecho Luna, no les iba a resultar tan fácil como a ella, pero quizá estaban dispuestas a darle un voto de confianza.
Draco llegó a la sala común cuando aún faltaba media hora para que las clases terminaran y se puso a preparar de inmediato lo que faltaba para la sorpresa.
Por fin sonó la campana que daba por finalizadas las clases de aquel día. Hermione y Ginny se despidieron de Luna y fueron hacia la biblioteca. Luna fue dando saltitos hasta llegar al séptimo piso.
–''Unicornios'' –dijo al llegar delante del retrato de Newt Scamander. El retrato se abrió dándole paso. Al entrar a la sala común esperaba encontrarse con Draco, pero no con todo aquello que vio nada más entrar.
Draco estaba sentado en el extremo de la mesa, esperando a Luna con una tímida sonrisa.
–Sorpresa. –dijo él un poco nervioso, era la primera vez que hacía algo así por alguien. Luna dejó la mochila y la túnica sobre el sofá y se acercó hasta la mesa. Casi gritó de emoción al ver que sobre la mesa había una bandeja con pudding y pastel de chocolate. Dio unos pequeños saltitos de alegría y se sentó junto a Draco. Él le tendió una rosa azul que tenía escondida bajo la mesa junto un pergamino plegado, al desplegarlo Luna vio que era una nota.
''Gracias por haberme cuidado y por ser mi amiga.
Y gracias por no haberme juzgado nunca.''
Era una nota escueta, pero llena de sentimientos. Luna apreciaba aquellas dos líneas llenas de agradecimiento. Sabía que para él no era nada fácil decir con palabras, ni tan solo escritas, cosas como aquellas. Releyó la nota una vez más sonriendo y miró la rosa, le encantaba el color azul.
–La he hechizado. Si lo he hecho bien, no se marchitará nunca. –comentó él al ver cómo Luna miraba con admiración aquella rosa. Su expresión de admiración pasó de la rosa a Draco.
–Es increíble. –dijo ella sin más. Por una vez casi se había quedado sin palabras. Nunca nadie había sido tan atento con ella.
–Bueno, ¿No quieres probar el pudding y el pastel? –preguntó él sonriendo. Luna asintió devolviéndole la sonrisa y ambos se sirvieron. Luna comenzó por el pudding y Draco por el pastel. Los dos soltaron un suspiro de satisfacción.
–Pensaba que sabría horrible, nunca antes había cocinado. –dijo él como si nada.
Luna paró de comer de golpe y le miró con incredulidad.
–¿L–Lo has preparado todo tú? –preguntó con la voz llena de emoción.
–Bueno, sí, supongo que sí, pero me han ayudado un poco. Para empezar, gracias a Granger he encontrado las cocinas, y después los elfos domésticos al saber que quería prepararte una sorpresa han sido muy amables conmigo, me han ido diciendo lo que tenía que hacer. No pensaba que fuera a saber tan bien algo que cocinase yo, y más al estilo muggle. Si mi padre se enterase entraría en cólera. –añadió entre risas aquello último.
Luna estaba a punto de llorar tras escuchar aquello. Ya no era el resultado final de aquella sorpresa lo que le estaba emocionando, era todo lo que Draco había hecho para poder prepararlo. Era la primera vez que alguien se tomaba tantas molestias en prepararle algo que, quizás para otras personas, sería un simple detalle, pero que para ella, era uno de las mejores cosas que le habían pasado. No recordaba estar tan contenta desde que su madre vivía.
Se levantó de su silla y corrió a abrazar a Draco, estrujándole lo más fuerte que pudo. Draco correspondió al abrazo, y pensó en lo bien que se sentía al tener a Luna entre sus brazos.
–Gracias. No sé cómo agradecerte todo esto. –dijo ella totalmente emocionada.
–Eh, aquí el que estaba dando las gracias era yo, no me robes protagonismo. –dijo él bromeando. Ambos rieron sin romper el abrazo. Cuando se separaron Luna volvió a sentarse y siguió comiendo ahora con mucha más satisfacción en cada bocado que daba al pudding y al pastel.
Al terminar los dos estaban completamente empachados. Luna comenzó a notar la fatiga de no haber dormido mucho y se restregó los ojos con la mano tratando de desperezarse. Pero eso no entraba en los planes de Draco.
–Aún falta una parte de la sorpresa. –comentó levantándose. Le tendió la mano a Luna y ella la cogió mientras se levantaba. Se dejó guiar por él, acabando en la habitación de ella– Lo que queda de sorpresa es una buena siesta.
Luna estuvo a punto de rechazar aquella siesta pensando en que tenía que hacer deberes, pero al pensarlo bien, recordó que ninguno de aquellos deberes eran para al día siguiente, así que lo que le proponía Draco le estaba pareciendo un plan perfecto.
–Pues sal un momento para que pueda ponerme el pijama. –Draco salió de la habitación mientras Luna se cambiaba– Ya está.
Luna ya estaba cómoda en su pijama de color azul celeste. Se metió en la cama y Draco se sentó a su lado.
–Esta vez me toca a mí cuidarte hasta que te duermas. –le dijo él de manera cariñosa mientas le acariciaba el pelo. Luna le dedicó una de sus radiantes sonrisas en agradecimiento. Cerró los ojos y se dejó llevar por las cuidadosas caricias de Draco hasta que se quedó dormida.
Por su parte, Draco no podía dejar de contemplarla como si quisiera memorizar todos y cada uno de los detalles de su rostro. Sus ojos la miraban de una manera muy diferente de lo que comenzaba a hacerlo su corazón, aunque aún no fuera consciente de aquello.
¡Muchas gracias por vuestro apoyo en el primer capítulo! Me animó a seguir con ésta historia. Espero que el segundo capítulo os haya gustado también, me encantaría saber vuestra opinión, así que espero vuestros comentarios con ganas :)
