Los personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 3.

Las semanas comenzaron a pasar más y más deprisa, y antes de que pudieran darse cuenta, noviembre había llegado finalmente.

Draco se encontraba de camino al Gran Comedor después de su clase de Adivinación cuando vio a unos cuantos alumnos apelotonados delante del tablón de anuncios, sonriendo y charlando sobre algo que estaban mirando colgado en el tablón. Se acercó más para poder ver a qué se debía tanto entusiasmo cuando finalmente pudo ver el cartel que destacaba entre los demás anuncios; La primera salida del curso a Hogsmeade.

Automáticamente sonrió, pensando en invitar a Luna. Pero cuando se dio cuenta de que ella podría pensar que se trataba de una invitación para una cita, desechó la idea al instante. Se moría por ir con ella. No es como si fuera la primera vez que iría a Hogsmeade, pero pensó en lo especial que sería ir con Luna. Entonces fue cuando se dio cuenta de que aquello sonaba totalmente como una cita.

Intentó no pensar más en ello, pero su mente se empeñaba en querer lo contrario.
Al entrar al Gran Comedor, no dejaba de escuchar cómo amigos y parejas planeaban lo que harían en la salida, y ciertamente, la envidia comenzaba a carcomerle por dentro.

Nada más llegar al pasillo que se formaba entre la mesa de Ravenclaw y Gryffindor, no tardó ni dos segundos en encontrar a Luna al final de la mesa, que estaba sumergida en el nuevo número de El Quisquilloso. Por cada paso que daba hasta llegar a su lado no podía dejar de sonreír cada vez más. Se sentó a su lado esperando a ver cuánto tardaría en darse cuenta de su presencia.

–Hola, Draco. –dijo casi en un susurro sin levantar la vista de la revista en el instante en el que él se sentó. Draco sonrió cuando la escuchó saludarle. Después de semanas pudo comprobar que, a diferencia de Hermione que cuando está leyendo nada a su alrededor existe, Luna parecía que seguía siendo consciente de todo lo que la rodeaba aun estando concentrada en cualquier otra cosa. Todo lo que descubría de ella le sorprendía y fascinaba por partes iguales.–Aquí tienes la tuya. –le extendió otro ejemplar de El Quisquilloso. Desde la semana siguiente del inicio del curso, Draco se había suscrito a la revista, y el padre de Luna ahora le enviaba los dos ejemplares mensuales juntos.

Cuánto más sabía del padre de Luna, más se arrepentía de haberles prejuzgado a los dos. Por lo que ella le explicaba, parecía un hombre muy interesante. Y ciertamente, no podía negar que tenía ganas de conocerle.

–¿Has encontrado los mensajes ocultos? –preguntó con curiosidad a la vez que apoyaba el codo sobre la mesa y reposaba la cabeza en su mano, mirando detenidamente lo concentrada que estaba Luna. Cuando la miraba, fuera el momento que fuera, no podía dejar de sonreír. Y se maldecía a sí mismo por lo que podría pensar cualquiera que viera cómo la miraba. Pero si algo había aprendido de Luna, era a no prestar atención de lo que los demás pensaran de él.

–Todavía no, pero solo he revisado la mitad de la revista por el momento. –explicó ella con una sonrisa.

Cuando llegó el ejemplar de octubre, Draco volvió a fijarse en que cuando Luna terminaba de leer la revista, la ponía boca abajo y con las espectrogafas volvía a leerla. Eso le llamó mucho la atención, y cuando le preguntó que por qué hacía eso, ella le respondió que era porque su padre dejaba mensajes ocultos entre las páginas. No acabó de entenderlo hasta que Luna le puso sus espectrogafas y le hizo mirar en un punto de la página, donde ella le señaló había un pequeño acertijo. Nunca se habría imaginado que se podría hacer algo tan ingenioso en una revista.

–Seguro que esta vez te lo ha puesto más difícil. El mes pasado lo encontraste en menos de cinco minutos. –dijo riendo recordando cómo ella se quejaba de lo fácil que le resultaba encontrarlos.

–Tienes razón. ¿Quieres probarlo tú también? –preguntó con su voz soñadora.

–Ya lo probaré antes de ir a dormir, quiero leerlo todo con calma. –respondió a la vez que guardaba su ejemplar en la mochila junto a sus libros.

–Buena idea. –dijo con una gran sonrisa.

Ambos comenzaron a comer en un agradable silencio. Draco ya se había acostumbrado a comer con Luna en la mesa de Ravenclaw –y muy ocasionalmente en la de Gryffindor–y si lo pensaba bien, no echaba para nada de menos estar en la mesa de Slytherin junto a los demás estudiantes de su casa. Lo único que le importaba era poder estar junto a Luna.

–¿Tienes que hacer algo esta tarde? –preguntó Luna cuando terminó de comer.

–Un apasionante trabajo de Adivinación. Así que me espera una aburrida tarde metido en la biblioteca. Si fuera de otra asignatura no me importaría la verdad…¿En qué momento se me ocurrió que Adivinación sería la mejor optativa? En fin, ¿Tú qué vas a hacer? –le preguntó con una pequeña sonrisa.

–Pues no mucho la verdad, ayer terminé los trabajos de esta semana, y antes en Estudios Muggles no nos han puesto ninguno, así que supongo que me quedaré leyendo en la sala común o si Ginny no está ocupada pasaré la tarde con ella. –respondió ella

–Entonces vas a tener una tarde muy entretenida. Bueno, voy yendo ya para la biblioteca antes de que me quiten la mejor mesa. Te veo luego. –antes de irse le dedicó a Luna la sonrisa más amplia que pudo, que automáticamente fue devuelta por parte de ella.

Mientras Luna seguía allí sentada tratando de buscar el mensaje oculto en El Quisquilloso comenzó a escuchar a su alrededor que muchos de los alumnos hablaban animadamente sobre una salida a Hogsmeade. Guardó la revista y las espectrogafas en la mochila y fue a la mesa de Gryffindor para sentarse junto a Ginny y Hermione.

–Hola chicas, ¿Habéis escuchado algo sobre una salida a Hogsmeade? –preguntó en cuanto tuvo la atención de las dos.

–¿No te has enterado? Lleva el cartel de la salida colgado en el tablón de anuncios desde primera hora de la mañana. –respondió Hermione de manera calmada.

–¡Es el sábado que viene, me muero por ir! Hace tanto que no podemos disfrutar de una salida así. –espetó Ginny con emoción.

Luna por otra parte, lo primero en lo que pensó es en lo divertido que sería ir con Draco. Pero sabía que quizá sus amigos no iban a estar muy de acuerdo en que él viniera. En parte le entristecía un poco el hecho de sentirse dividida. No le gustaba verse en la situación de tener que elegir entre ellos o Draco.

–Una pregunta…¿A vosotras os importaría que Draco viniera con nosotras? –preguntó Luna con un poco de miedo. Sabía que ellas dos quizá estarían de acuerdo, incluso Harry, pero sabía que Ron iba a interponerse a toda costa.

–Bueno… –comenzó hablando Hermione, aunque se quedó completamente en blanco. Se había dado cuenta de lo importante que se había vuelto Draco para ella, pero aún sentía cierto rencor hacia él. No sabía cómo decirle que viniera sin sonar a que la idea no le entusiasmaba.

–Claro, ¿Por qué no? –respondió Ginny casi sin pensarlo. A diferencia de Hermione, por mucho rencor que le tuviera a Draco, pensaba antes en la felicidad de su mejor amiga.

Hermione abrió los ojos de par en par en cuanto escuchó la respuesta de Ginny. La enorme sonrisa que se formó en el rostro de Luna la hizo sentir un poco culpable al no ver lo feliz que Draco realmente le hacía. Así que no tuvo más remedio que ceder.

–No hay problema, Luna. Dile que es bienvenido a venir con nosotros. –dijo Hermione tratando de sonar lo más amable posible.

–¿De verdad? –preguntó Luna de manera incrédula sin poder dejar de sonreír. Ambas asintieron a su pregunta–. ¡Muchas gracias chicas! Que él pueda estar con nosotros es muy importante para mí.


A media tarde Draco por fin había terminado el trabajo de Adivinación. Se estiró en la silla, sintiendo lo agarrotado que estaba por haber estado en la misma posición durante tantas horas. Guardó en la mochila todo lo que había esparcido encima de la mesa y salió de la biblioteca.
Por su mente aún rondaba la idea de invitar a Luna a Hogsmeade, pero lo único que se le ocurría eran cosas como ''Luna, ¿Te gustaría ir a Hogsmeade conmigo?'' o ''Me haría mucha ilusión visitar Hogsmeade contigo.'' Definitivamente no. Todo en su mente sonaba a una proposición para una cita. Y el solo hecho de pensar en ello hacía que algo en su estómago se retorciera por los nervios.

Puso rumbo a la sala común tratando de no pensar más en ello de momento.

Lo que no esperaba es que Luna hubiera estado pensando exactamente en lo mismo.
Nada más entrar a la sala común escuchó cómo Luna salía corriendo de su habitación y dando grandes saltos iba hasta el comedor con un rostro lleno de ilusión. Lo primero que Draco pensó es que finalmente había encontrado los mensajes ocultos de su padre.

–¡Draco! ¡Draco! –saludó ella con más energía que nunca.

–¡Luna! ¡Luna! –repitió él sin poder dejar de sonreír al ver lo animada que ella estaba.

–¿Quieres venir conmigo a Hogsmeade? El próximo fin de semana es la primera salida y me gustaría mucho que vinieras conmigo. –espetó totalmente emocionada.

Draco se quedó totalmente paralizado y sin darse cuenta comenzó a aguantar la respiración. Eso era lo último que esperaba escuchar por parte de ella. Su corazón empezó a latir con fuerza y poco a poco intentó recuperar el aliento para poder responder algo.

–Quieres…¿Quieres ir conmigo? –no sabía si estaba preguntándole si estaba segura sobre la invitación o si preguntaba inconscientemente lo que llevaba deseando decirle durante todo el día.

–¡Claro! nunca he ido contigo a Hogsmeade…bueno, ni a ningún lugar realmente. Pero me hace mucha ilusión que puedas venir con nosotros. –dijo ella ilusionada.

Nosotros.

Draco repitió ese ''nosotros'' en su cabeza una y otra vez hasta que se dio cuenta qué implicaba eso.

–Luna…me encantaría ir, ¿Pero crees que los demás van a querer que yo vaya? Porque lo dudo mucho. –dijo a la vez que suspiraba y se pasaba una mano por el pelo de manera nerviosa.

–Bueno, Ginny y Hermione han dicho que no hay problema con que vengas. –respondió ella sin más.

–Ginny y Hermione. Eso no asegura que Potter y Weasley les haga la misma gracia que vaya. –''Aunque dudo mucho que a Ginny y Hermione les haga gracia que vaya tampoco.'' Pensó mientras miraba fijamente a Luna. De verdad quería ir. Pero no estaba dispuesto a que ella tuviera que pasar un mal momento porque su grupo de amigos no le soportaban.

–Ya, bueno. No tienes que venir si no quieres. –dijo Luna de manera decaída mientras agachaba la cabeza, realmente le hacía muchísima ilusión ir con él a esa salida, y después de haberse hecho ilusiones creyendo que accedería a la primera se dio cuenta de lo incrédula que había sido.

Draco al verla así sintió una punzada en el corazón. A él le daba igual tener que aguantar los insultos y miradas de odio de los demás. Pero no podía soportar ver que Luna no era feliz.

Se acercó hasta ella y la estrechó entre sus brazos. El aroma a fresas que desprendía el pelo de Luna no hacía más que empeorar los nervios que Draco llevaba sintiendo en el estómago todo el día. Y por otra parte, sentía que no quería soltarla jamás.

–Luna, claro que quiero ir, me muero por ir contigo. –él mismo se sorprendió con la sinceridad que le dijo aquello sin vacilar–. Pero no quiero que lo pases mal por lo que digan los demás.

–¿Alguna vez me ha importado lo que digan los demás? –preguntó ella mientras pasaba los brazos por la espalda de Draco, sintiendo que su cuerpo se relajaba completamente al sentir el aroma a manzanas y menta tan característico de él.

–No. –respondió él al momento.

–¿Entonces qué más da lo que opinen Harry y Ron? Yo quiero ir contigo. Y si ellos no quieren que vengas…pues entonces ellos se lo pierden, iremos con Ginny y Hermione y ellos que se vayan a freír espárragos. –dijo toda decidida.

Draco soltó una carcajada al escucharla decir todo aquello de manera tan decidida. La estrechó contra su cuerpo con un poco más de fuerza y sonrió pensando en la suerte que tenía de tener a Luna en su vida.

–De acuerdo. Acepto esa invitación con sumo gusto, señorita Lovegood. –dijo él bromeando con un tono galante. Luna no pudo evitar reír.

–Muy bien, señor Malfoy. –dijo a la vez que alzaba el rostro para dedicarle una de sus radiantes sonrisas. Draco se quedó completamente embelesado ante aquel gesto, y no pudo hacer más que responderlo de igual manera a la vez que pensaba lo mucho que le gustaría congelar aquel instante y poder quedarse a vivir en él para siempre.


Draco trató de mentalizarse durante el resto de la semana de lo que supondría pasar un día entero con Luna y sus amigos. Decidió centrarse en lo entusiasmada que estaba ella con la idea de poder ir juntos a Hogsmeade. Se estaba preparando para todo lo que Ron pudiera decirle, y sabía que con tal de hacer feliz a Luna, estaba dispuesto a aguantar cualquier cosa.

La mañana del sábado pasó volando, y nada más terminar de comer –siendo Draco y Luna los últimos en terminar, ya que ella no podía dejar de comer pudding con una expresión de eterna felicidad–salieron del Gran Comedor y se dirigieron a la entrada del castillo, donde habían quedado con el resto del grupo.
Luna iba dando saltitos la mar de feliz, mientras que Draco por otra parte no podía reprimir los nervios que cada vez se acentuaban en su estómago con más y más fuerza.

A estas alturas, ya no sabía si estaba tan nervioso por tener que lidiar con los amigos de Luna, o por si el hecho de ir a Hogsmeade con ella fuera el verdadero motivo. ''No es una cita.'' Se repetía una y otra vez para tratar de mitigar los nervios. Cosa que no funcionaba para nada.

Nada más salir por la gran puerta principal del castillo vieron al grupo de amigos. Luna fue corriendo a abrazar a Ginny y Hermione, para seguidamente saludar a Harry y Ron. Draco se quedó quieto por un momento, teniendo miedo de acercarse más al grupo. Pareció que Luna le había leído el pensamiento, pues un segundo después, volvió a su lado para entrelazar sus brazos y acercarse al resto del grupo.

–Hola. –dijo él con una timidez muy inusual.

Ginny, Hermione y Harry sonrieron de manera simpática, tratando de hacer un esfuerzo por Luna. Pero por otra parte…Ron no parecía pensar mucho en su amiga.

–Me niego a ir con vosotros si él viene. –espetó Ron demostrando su enfado, pero no lleno de ira como la última vez que discutieron en el Gran Comedor.

Pero esta vez Hermione no iba a permitir que acabara de la misma manera.

–¡RONALD! ¡Se acabó que no puedas ver más allá de tu ombligo! Me parece perfecto que no quieras ser amigo de Malfoy, nadie te está obligando, pero ten un poco más de respeto por tu amiga, ¿O es que acaso no puedes ver lo feliz que la hace? Que él sea amigo de Luna no quiere decir que ahora vaya a ser nuestro mejor amigo, pero no cuesta nada hacer un esfuerzo por una persona que te importa. Y si no puedes comprender eso, puedes quedarte en el castillo, porque Luna no merece aguantar tus berrinches cuando ella siempre ha estado a tu lado en las buenas y en las malas. –dijo ella totalmente enfadada. A ella tampoco le hacía ilusión pasar una tarde con Malfoy, pero solo tenía que ver la cara de felicidad de Luna para saber que merecía la pena hacer un esfuerzo.

Todo se quedó en silencio por un momento. Draco no podía parar de repetir en su mente las palabras de Hermione, '' ¿O es que acaso no puedes ver lo feliz que la hace?'' Y se preguntó si de verdad su amistad hacía tan feliz a Luna. Agachó el rostro para verla, con una inmensa expresión de felicidad y gratitud mientras observaba a Hermione, y entonces creyó en las palabras que se habían instaurado en su mente.

Por otra parte, Ron se sentía avergonzado. No se había dado cuenta de lo egoísta que estaba siendo. Hermione tenía toda la razón, por mucho rencor que le tuviera a Malfoy, sabía que Luna no merecía tener que aguantar todo eso. Simplemente se le hacía raro. Era difícil de imaginar para él que Draco y Luna pudieran llevarse tan bien después de lo ocurrido en la mansión Malfoy. Pero entonces pensó, que Luna no era una persona cualquiera, y que su corazón jamás albergaba rencor alguno por nadie. Y Malfoy no iba a ser una excepción.

Envidiaba aquella facilidad que tenía Luna para perdonar a los demás y no volver a pensar nunca más en lo ocurrido en el pasado.

Quizá era hora de tomar un poco de ejemplo.

–Lo siento mucho, Luna. Tanto por lo de la última vez como por lo de hoy. –se disculpó él con sinceridad. Luna en respuesta le dedicó una radiante sonrisa para quitarle peso al asunto.

Ron se posicionó delante de Draco y le extendió la diestra de manera formal.

–Lo siento mucho. –se disculpó Ron. Jamás se imaginó disculpándose a Malfoy. Pero lo que sí que nunca había llegado a imaginar, era lo que vino a continuación.

Draco estrechó su mano con la contraria agitándola levemente.

–Yo también lo siento. Y esto va por todos. Siento haberme comportado como un imbécil como vosotros. No merecíais nada de lo que os ocurrió. –Draco era según él, malo para poner en palabras sus sentimientos. Pero parecía que aquello había sido más que suficiente para el grupo.

Nadie dijo nada más, todos le dedicaron una sonrisa –especialmente Luna– y emprendieron el camino a Hogsmeade.

Cuando iban por la mitad del camino, una ráfaga de viento hizo que más de uno se arrepintiera de no haberse abrigado más. Entre ellos, Luna. Que trataba de subir el cuello de la chaqueta lo más que podía. Draco al darse cuenta de esto, se sacó su bufanda de Slytherin y sin decir nada la colocó alrededor del cuello de Luna. Ella le miró extrañada pero al sentir que el frío desaparecía completamente de su cuerpo le dedicó una de las sonrisas que solo reservaba para él.

–Gracias, Draco. ¿No tienes frío? –preguntó con preocupación.

–No, la verdad es que no. –para su suerte, haberse criado en una mansión tan grande y fría, sin contar haber estado durmiendo más de seis años en la zona de las mazmorras de Hogwarts, le habían hecho acostumbrarse a estar en un clima más frío.

Luna sonrió ante su respuesta y siguieron caminando.

Poco después llegaron a la entrada del pequeño pueblo de Hogsmeade. Ninguno tuvo que preguntar dónde querían ir, todos fueron directos a Las Tres Escobas. Nada más entrar por la puerta del local, todo el bullicio de dentro les hizo pensar que quizá tendrían que haber ido un poco antes, porque parecía que estaba todo completamente lleno.

–Hola chicos, estáis de suerte, solo me queda una mesa libre al final de todo. –dijo Rosmerta cuando les vio entrar, señalando hacia el final del local, aunque ciertamente desde donde ellos estaban no podían ver más que las cabezas de incontables estudiantes y residentes del pueblo–. Venid, os tomaré el pedido allí mejor.

Los seis siguieron a Rosmerta hasta llegar donde previamente les había indicado. Por suerte era una mesa un poco más apartada y no parecía tan agobiante como el resto de asientos. Solo había un problema; Aquella mesa tenía solo cuatro sillas y una butaca medianamente amplia en la que cabía una persona y quizá una más muy apretujada. Ginny, Hermione, Harry y Ron se sentaron en las sillas, Draco se sentó en la butaca e intentó echarse a un lado lo más posible para ver si Luna cabía.
Luna se sentó pero tuvo que acabar pasando una pierna sobre las de Draco para poder quedar encajada de manera cómoda.

A decir verdad, ambos estaban realmente cómodos en aquella posición, era bastante parecida a cuando ambos se sentaban a leer en el sofá de la sala común y Luna estiraba las piernas encima del regazo de Draco.

Para ellos era de lo más normal. Pero Ginny y Hermione al ver eso se miraron y después dirigieron su mirada a Luna, que parecía ajena a lo que ocurría.
Aunque quizá todo estaba en sus cabezas y simplemente estaban viendo a dos amigos bien avenidos compartiendo un poco más de su espacio personal de lo que sería ''normal'' para ellas.

–Bien, ¿Qué vais a tomar? –preguntó Rosmerta sacando una pequeña libreta y una pluma para apuntar el pedido.

Después de que el trío de oro y Ginny dijeran lo que querían tomar, fue el turno de Draco y Luna. Él sabía perfectamente lo que ella iba a pedir, así que se adelantó.

–Dos cervezas de mantequilla por favor, y si puede ser no tires los corchos de las botellas. –dijo sonriendo a Luna. Ella le devolvió la sonrisa, completamente feliz al darse cuenta de que Draco había recordado un detalle, que quizá para los demás era insignificante, como que ella usaba los corchos de las botellas para fabricar amuletos para repeler a los nargles.

Cuando Rosmerta se marchó dirección a la barra todos comenzaron a charlar. Luna aprovechó para rodear a Draco con los brazos, quedándose así durante unos segundos hasta que alzó la cabeza y miró fijamente a Draco.

–Eres la primera persona que se acuerda de eso. Muchas gracias. –Le agradeció con un brillo especial en su mirada. Draco no respondió, se quedó embelesado mirándola sin darse cuenta de que estaba sonriendo hasta el punto que le dolían las mejillas. Depositó un beso sobre la cabeza de Luna y le acarició el pelo.

Finalmente encontró las palabras para responderle.

–No hay nada que agradecer. Me sorprende que hasta ahora nadie haya hecho algo así por ti. –teniendo unos amigos que cuidaban tanto de ella, le parecía extraño que nunca hayan tenido un detalle así.

Luna se acercó el rostro hasta su oído y le susurró.

–Oh, es que ellos no creen en los nargles ni en ninguna de las criaturas que creen que me invento. Supongo que por eso nunca han tenido ese detalle conmigo. –dijo ella como si eso no fuera importante.

A Draco le parecía increíble. Y no en el buen sentido. ¿Qué más daba si esas criaturas existían o no? Porque no puedas ver algo no quiere decir que no exista. Parecía que sus amigos no se daban cuenta de que aquello en lo que creía Luna, era tan importante para ella. Eso no quiere decir pensara que eran malos amigos. Pero de ahí a decirle a tu amiga que se inventa aquello en lo que cree fervientemente, le parecía una falta de respeto y algo totalmente insensible por su parte.

Al pensar en eso se dio cuenta de lo eternamente agradecido que estaba de que gracias a ella hubiera podido abrir su mente de tal manera. No soportaba recordar la mente tan cuadrada que tenía antes de la guerra.

Estrechó a Luna contra su cuerpo tratando de buscar las palabras adecuadas para poder responderle de manera adecuada. Lo primero que pensó fue en que quizá, si decía realmente lo que pensaba, Luna pensaría que estaba atacando a sus amigos, así que en vez de escuchar a su mente, decidió escuchar a su corazón.

–Pues eso de que nadie más que tú crea en ellos se ha acabado. ¿Podrás hacerme un amuleto? No quiero que los nargles vengan a embotarme el cerebro mientras duermo. –y no lo decía simplemente para hacerla feliz. Realmente creía en lo que había pensado anteriormente de ''porque no lo veas no quiere decir que no exista''.

–¡Claro! Aunque has confundido a los nargles con los torposoplos...pero quizá los nargles también pueden hacer eso, prefiero no comprobarlo la verdad. –exclamó ella totalmente feliz, sin darse cuenta de que ahora era el centro de atención de sus amigos.

–¿Qué ocurre Luna? –preguntó Ginny.

–Draco quiere que le haga un amuleto contra nargles. –dijo ella sin más, con su voz tan soñadora como siempre.

Ginny sonrió simplemente, a Draco le pareció que ella era la que tenía más en cuenta los sentimientos de Luna.

Por otra parte, los demás simplemente hicieron un gesto como que aquello no iba con ellos, y Hermione no pudo evitar soltar una pequeña carcajada que tuvo que intentar reprimir volteando el rostro.
Y aunque a Luna no suele importarle lo que digan los demás, que sus amigos se rieran de ella, era algo que no podía reprimir en sus sentimientos tan fácilmente.
Se veía en su rostro que aquel brillo ya no irradiaba en su mirada llena de ilusión como hacía un minuto cuando hablaba con Draco.

–No sé de qué te ríes, Granger, son la mar de útiles. Si no quieres ninguno, tú te lo pierdes, al menos Luna y yo vamos a estar bien protegidos. ¿A que sí? –dijo él defendiendo a Luna a la vez que le dedicaba una sonrisa. Un poco de aquel brillo volvía a chisporrotear en sus ojos, y Draco nunca pensó que defender a Luna podría hacerle tan feliz solo por ver aquella sonrisa de nuevo en su rostro.

Finalmente Rosmerta llegó con sus bebidas y mientras los demás charlaban e iban dándole sorbos, Draco no podía dejar de mirar a Luna, pensando en que esto sería mil veces mejor si hubieran venido los dos solos, pero también que si no hubieran venido con los demás, quizá no habría tenido la misma oportunidad de sentirse más cerca de ella, y no físicamente. Sentía que cada vez estaban más y más conectados mentalmente, y ciertamente, nunca se había sentido así con nadie más.

Quizá por eso aquellos nervios en su estómago le hacían sentir cierto miedo. Porque simplemente, nadie jamás le había hecho sentir de aquella manera.
O también porque nunca antes había sentido lo que era la libertad de experimentar lo que realmente querían expresar sus sentimientos. Siempre había tenido que suprimir sus emociones reales, y más durante los dos últimos años en los que tuvo que recurrir a la Oclumáncia para hacer aun más efectivo todo aquello.

Ahora era todo lo contrario, al estar cerca de Luna, por primera vez había comprendido en todos los sentidos la palabra ''libertad''. Por primera vez en su vida se sentía completamente libre de dejar que sus sentimientos existieran realmente, tanto en su mente como en su corazón.

Cuando todo el mundo seguía charlando , Luna comenzó a sentirse un poco aburrida.

–¿No queréis ir a Honeydukes? –preguntó ella con un poco de emoción.

Todos se miraron un momento antes de responder.

–Hace demasiado frío, mejor iremos antes de ir al castillo. –respondió Ginny con una sonrisa.

Luna hizo un pequeño puchero que a Draco le pareció lo más adorable del mundo.

–Podemos ir nosotros dos si quieres. –sugirió Draco. Luna no lo pensó dos ves, se levantó de la butaca, cogió los corchos que estaban sobre la mesa para guardarlos en el pequeño bolso de tela que traía, y cogiéndole la mano a Draco le ayudó a levantarse.

–Nos vemos en el castillo entonces, hasta luego. –se despidió ella seguida de los demás. Y finalmente salieron de Las Tres Escobas.

Sin pensarlo, Luna entrelazó su mano con la de Draco, cosa que hizo que el corazón del rubio comenzara a latir con fuerza, y fueron hasta la tienda de dulces. Por suerte en Honeydukes no había mucha gente, parecía que todo el mundo había ido a refugiarse del frío en Las Tres Escobas.

–Elige lo que quieras, hoy invito yo. –dijo Draco con una gran sonrisa. Luna le miró con el entrecejo fruncido, estaba a punto de reprochar, pero recordó que Draco seguía siendo un Malfoy cabezota, y acabaría invitándola quisiera ella o no.

–Está bien, pero la próxima vez invito yo. –advirtió ella. Draco alzó las manos en señal de derrota, cosa que hizo reír a Luna.

En ese momento, Draco pensó en lo mucho que le gustaba escuchar reír a Luna, y más cuando aquella harmoniosa risa la provocaba él.

Finalmente salieron de allí con unas cuantas cajas de grajeas de todos los sabores, ranas de chocolate, piruletas de diferentes colores y tamaños y una manzana de caramelo que Luna estaba comiendo con una expresión de felicidad extrema.

–Muchas gracias, Draco.

–No es nada, señorita Lovegood. –respondió con una pequeña reverencia que hizo que Luna estallara de la risa.

Con la mano que tenía libre, Luna volvió a entrelazarla con la de Draco. Lo hacía de una manera tan natural que parecía que se habían pasado toda la vida tomados de la mano. Era un gesto sencillo y lleno de cariño, y ciertamente, Draco no la soltaría si pudiera.

Caminaron hasta llegar al mirador desde donde se podía ver la casa de los gritos. Ambos se apoyaron en la baranda de madera y Draco rió sin pensarlo cuando un desafortunado recuerdo le vino a la mente.

–¿Qué ocurre? –preguntó Luna con curiosidad.

–La última vez que estuve aquí pasó una cosa que ahora que la recuerdo, fue bastante graciosa. –se giró y apoyó la espalda contra la baranda– Cuando estaba en tercero, fui a Hogsmeade con Crabbe y Goyle y cuando vinimos aquí nos encontramos con Granger y Weasley, como en aquel entonces era un chulito prepotente, tenía que dejarlo claro, así que fui a molestarles y bueno, ahora supongo que fue cosa de Potter pero de la nada comenzaron a golpearnos bolas de nieve y a hacernos más perrerías. –rió aún más– ciertamente, nos lo merecíamos.

Luna no dijo nada, ambos estallaron en una gran carcajada. Y Draco no se sintió mal porque Luna se estuviera riendo de aquel recuerdo. Sabía perfectamente que ella no era el tipo de persona que se ríe de los demás. Sentía que podía explicarle absolutamente cualquier sobre su pasado y ella jamás le juzgaría.

Y de nuevo, volvió a sentir aquel atisbo de libertad.

Siguieron charlando y comiendo dulces hasta que el sol comenzó a bajar con más rapidez por el horizonte. Ambos decidieron que era hora de volver al castillo.
Uno junto al otro con las manos entrelazadas emprendieron rumbo hasta la salida del pueblo.
Cuando se encontraban por la altura del puente de piedra, el viento comenzó a soplar con más fuerza y Luna empezó a tiritar ligeramente. Draco soltó su mano, y pasó el brazo sobre su hombro atrayéndola hacía él, mientras daba suaves caricias en el brazo de Luna, tratando de brindarle algo de calor. Luna sonrió, y pasó el brazo que tenía libre por la cintura de Draco.

Cuando llegaron al castillo ninguno de los dos quería soltar al otro, así que siguieron con las manos entrelazadas.
Ya en frente del Gran Comedor, ambos sintieron lo empachados que estaban por haber comido tantos dulces, así que descartaron la cena y fueron directamente hasta su sala común.

Ya con el pijama puesto, Luna salió de su habitación y dio unos suaves golpecitos en la puerta de la habitación contraria.
Nada más salir Draco –ya con su pijama también– Luna corrió a abrazarle como si dependiera su vida en ello. Él correspondió al abrazo, meciéndola suavemente.
Al separarse, Luna se sacó de dentro de su camiseta de pijama el amuleto contra nargles y se lo quitó, pasando el cordel por la cabeza de Draco. Él la miró sorprendido, y ella le regaló la más grande de las sonrisas.

–Gracias por todo, Draco. Quiero que te quedes mi amuleto. Yo ya me haré otro cuando pueda, pero de momento no quiero que los nargles te molesten. –dijo ella con todo el cariño del mundo.

–Muchas gracias. –agradeció él sin más. Él quizá no lo había notado, pero en su voz sonaba una pizca de emoción y cariño que Luna si percibió. Ella volvió a abrazarle con fuerza.

Draco depositó un suave beso en la frente de Luna y finalmente se separaron.

–Buenas noches, Luna.

–Buenas noches, Draco. –antes de cerrar la puerta volvió a abrirla y añadió– La próxima vez que vayamos a Hogsmeade…me gustaría que fuéramos los dos solos. –dijo ella con algo de timidez. Draco sonrió como no lo había hecho nunca. Y estaba seguro de que aquella sonrisa, solo era capaz de provocarla ella.

–Será todo un honor. –al escuchar eso, Luna volvió a sonreír con su ''sonrisa especial solo para Draco'' y cerró la puerta del todo.

Draco se estiró en la cama, sin poder parar de darle vueltas a aquello. Se preguntaba si Luna le había propuesto una cita. Algo en su interior se removió de solo pensarlo. Y se dio cuenta de que quizá por primera vez en su vida, estaba comenzando a sentir aquello que la gente llama…amor.


¡Gracias a todos los que comentáis y apoyáis la historia! Espero que os haya gustado este capítulo :)