Los personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 4.
El fin de semana siguiente a la salida a Hogsmeade, Luna, Ginny y Hermione se encontraban en la biblioteca haciendo un trabajo de Estudios Muggles. Aunque a decir verdad, Ginny no estaba muy por la labor; desde el sábado pasado estuvo tramando cómo sonsacarle a Luna lo que pasaba entre ella y Draco, y pensó en que su tarde de trabajo intensivo sería el momento idóneo para hacerle preguntas, así que desde hacía un buen rato estaba pensando cómo comenzar aquella conversación sin que sonara sospechoso.
Por otra parte, Hermione se había negado a colaborar en dicho interrogatorio; sí, se moría por preguntarle también, pero creía que lo mejor era dejar que fuera Luna quien explicase lo que quisiera sobre su relación con Malfoy cuando fuera el momento adecuado para ella.
–Oye Luna, al final no nos lo contaste, ¿Qué hiciste con Malfoy cuando os marchasteis de Las Tres Escobas? –preguntó Ginny, tratando de formular aquella pregunta como si fuera una cosa sin importancia.
Luna levantó la vista de su pergamino y se encontró con las curiosas miradas de sus amigas –Hermione tratando de disimular más que Ginny–. Apoyó la pluma sobre el bote de tinta y aprovechó para estirar los brazos un poco.
–Oh, pues fuimos a Honeydukes y el muy cabezota insistió en invitarme a todos los dulces que quisiera –rió al recordar su pequeña ''discusión'' con Draco–, pero ya le dije que me vengaría por ello. Después fuimos al mirador donde se ve la Casa de los Gritos y estuvimos charlando e hinchándonos a dulces hasta que casi anocheció. Luego volvimos al castillo y estábamos tan empachados que casi nos fuimos a dormir directamente. –explicó ella con toda la naturalidad del mundo.
–¿Y ya está? ¿No pasó nada más? –inquirió Ginny casi indignada. Hermione le dio un pequeño puntapié en la espinilla tratando de advertirla para que no se pasase con las preguntas. Ginny se mordió el interior de la mejilla tratando de mitigar en silencio el dolor que le había causado Hermione, a quien ahora estaba fulminando con la mirada.
–Pues… –Luna trató de recordar si se dejaba algún detalle– ¡Oh, es verdad! –Ginny y Hermione se miraron alarmadas por un instante, y después miraron a Luna con expectación–. Antes de ir a dormir le regalé mi amuleto contra nargles. Muchos Slytherin le han estado haciendo burla esta semana por verle con el amuleto puesto, pero él no se lo ha quitado en ningún momento. Cada vez que alguien se reía de él, Draco me abrazaba y me daba las gracias, porque gracias a mí está protegido de los nargles. –dijo ella con una gran sonrisa y con la voz llena de ilusión, sin darse cuenta de que se estaba sonrojando–.
Ginny y Hermione la miraron con la boca abierta. No sabían quién de los dos estaba más ciego ante los sentimientos del otro. Pero tenían claro que por mucho que quisieran intervenir, aquello era cosa de Draco y Luna.
–Eso es muy bonito, Luna. –comentó Hermione, y aunque estaba más que claro que ella no creía en todas las criaturas de las que hablaba Luna, le pareció que el gesto de Malfoy era algo realmente precioso como para no tenerlo en cuenta; e inconscientemente, deseaba que Ron la hubiera apoyado de esa manera cuando comenzó con su lucha con la P.E.D.D.O*. Luna le dedicó una radiante sonrisa en respuesta.
Pero Ginny necesitaba respuestas, y aquello que había explicado Luna la incitaba aún más a hacerle más preguntas sobre Draco.
–Y…¿No te parece que Draco es súper guapo? –preguntó Ginny, tratando de que Luna acabara confesando sus sentimientos. Hermione miraba a Ginny de manera alarmada, parecía que estaba a punto de entrar en pánico.
–Mucho. A decir verdad, creo que es el chico más guapo de todo Hogwarts…y el chico más guapo que haya conocido en toda mi vida. –respondió Luna con inocencia, mordiéndose el labio y fijando la mirada en algún lugar lejano.
Ni Ginny ni Hermione esperaban aquella respuesta, y de haber sido posible, sus bocas se encontrarían en el suelo de lo mucho que estaban abriéndolas con sorpresa. Estaba claro que ni ella misma era consciente de sus sentimientos. Así que Ginny decidió que por el momento, no haría más preguntas. Aquella confesión había sido más de lo que esperaba escuchar esa tarde.
Las tres siguieron trabajando y charlando sobre lo mucho que querían que las vacaciones de navidad llegasen.
Faltaban un par de horas para que fuera la hora de la cena cuando Luna terminó su trabajo, recogió todo lo que tenía desparramado por la mesa y lo guardó en su mochila.
–Yo ya he terminado, nos vemos luego en el Gran Comedor. –se despidió Luna. Ginny y Hermione le dedicaron una sonrisa y siguieron con sus respectivos trabajos.
Luna salió de la biblioteca y comenzó a caminar dando pequeños saltitos.
Ya en las escaleras cambiantes escuchó una estridente carcajada, y antes de poder reaccionar un gran chorro de agua le cayó encima, calándole completamente. Al mirar hacia arriba se encontró con Peeves; el poltergeist de la escuela, sujetando un cubo, donde antes se encontraba el agua que ahora se encontraba sobre Luna y esparcida por todo su alrededor.
–¡Cómo le explique esto al Barón Sanguinario te vas a enterar! –exclamó molesta. En cuanto escuchó el nombre del Barón Sanguinario, Peeves se marchó corriendo, tirando al suelo a un par de alumnos de Gryffindor nada más dobló la esquina de uno de los pasillos del quinto piso.
Luna suspiró resignada, al menos es solo agua, pensó. En ese momento se alegró de haber hechizado su mochila para que repeliera cualquier tipo de líquido, pues no era la primera vez que Peeves o alguien más la dejaba calada hasta los huesos con algún tipo de líquido.
Se agarró al pasamano de la escalera y esperó a que volviera a moverse en la dirección de la siguiente escalera que se dirigiera hacia arriba.
Ya en frente del retrato de Newt dijo la contraseña y se metió en la sala común.
–Adiós señor Scamander. –se despidió Luna antes de que el retrato cerrase la entrada por completo.
Draco se encontraba en el sofá leyendo, al escuchar la llegada de Luna sonrió y dejó el libro sobre la mesita que había en frente de los sofás. Se levantó y fue corriendo a darle un abrazo, pero se paró en seco en cuanto vio el estado de Luna.
–¿¡Qué ha pasado?! –preguntó de manera alarmada.
–Oh, nada importante. Peeves y sus bromas. –respondió ella tratando de restarle peso al asunto.
–¡Pero estás empapada! Ve corriendo a darte una ducha caliente, no quiero que te resfríes. –dijo él con preocupación.
–Está bien. Gracias por preocuparte, Draco. –le dedicó una gran sonrisa antes de ir directa hacia el baño.
Cuando volvió a encontrarse solo en la sala de estar de la sala común miró el reloj que había en una de las paredes, viendo que faltaba apenas una hora para la hora de la cena. Fue entonces cuando se le ocurrió una idea.
Salió corriendo de la sala común y se dirigió a un sitio que últimamente había tenido el placer de conocer bastante bien; las cocinas.
Ya dentro de las cocinas se encontró con una elfina llamada Trixy, quien resultó ser una muy buena amiga de Luna.
–Hola Trixy, ¿Podrías hacerme un favor?
–Claro, señor Malfoy, ¿En qué puedo ayudarle? –preguntó ella, observando a Draco fijamente con sus enromes ojos de color miel.
–Verás, Luna ha sido víctima de la última broma de Peeves, y ha llegado completamente empapada. Y lo último que quiero es que se enferme bajando al Gran Comedor después de una ducha caliente, no creo que sean buenos tantos cambios de temperatura de golpe. En fin, lo que quería preguntarte, es si podrías hacer que nuestra cena apareciera en el comedor de nuestra sala común. Si es posible claro.
–¡Por supuesto señor! ¡Ay, mi pobrecita Luna! –Trixy casi se pone a llorar en ese instante– ¡Menos mal que ella tiene al señor Malfoy que la cuida tanto! –exclamó con emoción. Draco al escuchar aquello se sonrojó levemente sin poder evitar sonreír.
–Luna se merece que la traten así y mucho mejor. Es una persona tan buena y especial, merece todo lo bueno de este universo. –dijo Draco de manera cariñosa. Siempre que hablaba de Luna acababa usando aquel tono que cualquiera habría catalogado de ''ñoño'' y realmente, le importaba muy poco. Sabía que no podía hablar de Luna de otra manera que no fuera con la voz llena de cariño, al igual que todo lo que decía sobre ella.
–Tiene toda la razón, señor Malfoy –respondió Trixy, limpiándose con el dorso de la mano las lágrimas que amenazaban con recorrer sus mejillas–. En cuanto sea la hora de la cena enviaré allí vuestra cena.
–Muchísimas gracias, Trixy. –le agradeció él con una enorme sonrisa.
Al salir de la cocina comenzó a darle vueltas a lo que Trixy le acababa de decir y sonrió; definitivamente, quería ser la persona que cuidase de Luna en todos los sentidos. Quería estar para ella siempre que fuera posible.
Corrió hacia la sala común y nada más entrar se encontró con Luna sentada en uno de los sofás ya con ropa seca, secándose el pelo con la toalla.
–¿Dónde estabas? –preguntó ella con curiosidad.
–Es una sorpresa, lo verás en nada. –respondió él con una pequeña sonrisa. Se moría por contárselo, pero estaba deseando ver la cara de emoción que pondría al ver cómo la cena aparecería en su mesa.
Se acercó hasta el sofá, y viendo como Luna ahora estaba teniendo problemas para desenredarse el pelo se sentó a su lado, extendiéndole una mano, preguntándole silenciosamente si necesitaba ayuda. Ella le dedicó una enorme sonrisa y le pasó el cepillo. Draco tomó con delicadeza un mechón tras otro, desenredando su larga y rubia cabellera; tratando de hacerlo todo con sumo cuidado y no darle ningún tirón. Una vez hubo acabado siguió peinándola un poco más, pues sabía cuánto le gustaba a Luna que le cepillasen el pelo. Y que solo Ginny se ofrecía a hacerlo muy de vez en cuando.
Dejó el cepillo sobre la mesita y Luna giró levemente la cabeza mirándole de reojo con un puchero. Draco soltó una pequeña carcajada y abrazó por detrás a Luna, apoyando la barbilla contra su hombro. Luna giró más el rostro, tratando de captar la grisácea mirada de Draco.
Por un instante se quedó paralizado sintiendo lo cerca que estaba su rostro del de Luna. Si solo me inclinase un poco más hacia delante, pensó Draco.
Desde su ''cita'' en Hogsmeade sus ganas por besarla se incrementaban más cada día. Sentía que quizá ese era el momento propicio, solo tenía que acercarse un poco más. Su corazón latía con tanta fuerza que por un momento pensó en que Luna debía estar sintiéndolo contra su espalda.
Cuando creyó que por fin había reunido el valor necesario para dar aquel paso, el repique del último timbre del día resonó por todo el castillo, anunciando que por fin era la hora de la cena; y aquella repentina valentía desapareció.
Suspiró contra su espalda, se separaron y cuando Luna se levantó fijó su vista hacia el pequeño comedor, que ahora miraba perpleja. Pasó su mirada de la mesa que ahora se encontraba llena de comida hacia Draco, que la contemplaba con una gran sonrisa.
–Sorpresa. –dijo él sin más, levantándose.
–¿Y esto? –preguntó ella totalmente emocionada.
–No quería que te resfriases bajando al Gran Comedor, así que le pedí a Trixy si podía traernos la cena hasta aquí. – respondió contagiándose de la gran sonrisa de Luna.
Luna en respuesta abrazó a Draco dejándole bien espachurrado contra ella y repitiendo ''gracias'' una y otra vez.
Se sentaron en sus respectivas sillas y comenzaron a servirse la comida en sus platos mientras charlaban tranquilamente. Ella explicando qué tal había ido con el trabajo que se había pasado toda la tarde haciendo, y él explicándole lo interesante que era el nuevo libro sobre alquimia que estaba leyendo.
Cuando ya estaban empachados fueron a lavarse los dientes y volvieron a la sala de estar, para así disfrutar de las últimas horas que quedaban hasta que el fuego dejase de calentar la estancia.
Antes de sentarse, Draco cogió del otro sofá una manta que se encontraba allí plegada. Se la puso por encima a Luna, y se sentó en el extremo del sofá, abriendo los brazos para que se acurrucara allí con él. Ella no tardó en acomodarse junto a Draco, apoyando la cabeza contra su pecho y tapándole a él también con la manta.
Cosas así se habían convertido en costumbre para ellos; como acurrucarse en el sofá y disfrutar de la cercanía del otro. Charlando sobre cómo les había ido el día o sobre cosas triviales.
Draco llegados a este punto era muy consciente de sus sentimientos hacia Luna, pero no quería arriesgarse a estropear su amistad; sí, Luna parecía que se mostraba recíproca hacia sus sentimientos, pero también sabía lo inocente que ella era. Y hasta que ella no mostrara luz verde hacia sus sentimientos, no quería precipitarse en nada. Por el momento, se contentaba con momentos como ese con Luna.
Era casi medianoche, Draco le acariciaba el pelo a Luna sin darse cuenta de que ya llevaba unos minutos dormida.
–¿Luna? –preguntó en el momento en que sintió cómo Luna pasaba su brazo izquierdo sobre su cintura y le aferraba más contra su cuerpo.
Está dormida, pensó él al darse cuenta de que Luna no respondía. Apartó la manta con cuidado, dejándola sobre el respaldo del sofá. Intentó incorporarse sin despertarla y la acomodó mejor sobre su regazo para poder cogerla en brazos mejor. Pasó el brazo bajo sus muslos y su espalda y la levantó; aferrándola con cuidado contra su cuerpo. Luna se despertó un poco, aunque prácticamente seguía en el mundo de los sueños, y pasó sus brazos por el cuello de Draco, escondiendo el rostro en el hueco donde se juntaba su cuello y hombro.
Fue hacia el pequeño pasillo que conectaba las habitaciones y el baño y entraron en la habitación de Luna. Le daba pena despertarla solo para que se pusiera el pijama, así que con mucho cuidado, y aprovechando que Luna estaba aferrada a su cuello con fuerza, sacó la mano de su espalda y se agachó para poder retirar la manta y la sábana de la cama. La tumbó con cuidado, sacándole las zapatillas –aunque sabía que ella solía dejárselas puestas porque es sonámbula. Pero por eso mismo Draco había empezado a dormir con la puerta abierta. Así podía darse cuenta si ella se levantaba en medio de la noche y poder cuidarla– Cuando fue a arroparla Luna entreabrió los ojos y con la mano atrapó la muñeca izquierda de Draco.
–No te vayas…quédate conmigo esta noche. –pidió ella. Draco la miro fijamente y le dedicó una radiante sonrisa; no podía negarle nada.
Se sentó en el borde de la cama y se quitó los zapatos y los pantalones. Se metió bajo las mantas y pasó el brazo derecho debajo de Luna, ella se apoyó contra su pecho con una enorme sonrisa.
Draco acarició el pelo de Luna mientras se fijaba en su antebrazo izquierdo; las grandes heridas que se había hecho a principios de septiembre ahora eran unas cicatrices de color rosado. Pero no le molestaban para nada, al contrario, gracias a ellas ahora apenas se podía ver la marca tenebrosa.
Sonrió para sí mismo al recordar aquella noche y cómo habían cambiado las cosas desde entonces; ya no tenía pesadillas, si no sueños que protagonizaba Luna.
Había conseguido volver a dormir del tirón desde aquella noche, y estaba seguro de que todo era gracias a Luna. Estaba deseoso de poder expresarle sus sentimientos.
Y ya que por el momento no podía hacerlo, se conformaría con los pequeños momentos de cercanía que Luna le brindaba.
Abrazó a Luna atrayéndola más hacía su cuerpo y depositando un beso sobre su frente. Cerró los ojos y dejó que el sueño se apoderase de su cuerpo.
Lo que Draco no sabía, es que Luna no había vuelto a dormirse desde que le había pedido que se quedara. Había estado disfrutando de su cercanía y sus mimos. Pensando en lo mucho que le gustaba estar así con Draco y que la cuidase tan bien. En ese momento recordó lo que Ginny le había preguntado aquella misma tarde ''¿No te parece que Draco es súper guapo?'' Y sí, cada vez le parecía más guapo; preguntándose si aquello tenía algo que ver con lo mucho que se le aceleraba el corazón cada vez que estaba cerca de él. Lo mucho que le gustaba verle sonreír; lo mucho que le gustaba cuando le abrazaba y le daba caricias llenas de cariño.
Llevó la mano derecha hasta el pecho de Draco y notó que bajo la camiseta se encontraba el amuleto contra nargles –que nunca se quitaba– y sonrió; pensó en que quizá no solo le gustaban esas acciones, sino que lo que más le gustaba, era Draco.
Cerró los ojos y se acomodó de nuevo, sintiendo el martilleante ritmo del corazón contra su pecho, mientras pensaba en sus sentimientos hacia Draco, y que quizá, ya llevasen en su corazón desde mucho antes de que ella pudiera ser consciente de ellos.
*P.E.D.D.O: Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros.
¡Muchísimas gracias por vuestros comentarios! ¡Espero que este capítulo (aunque sea un poco más corto de lo normal) os haya gustado! Espero vuestra opinión, nos vemos en el siguiente capítulo :)
