Los personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K Rowling.
Capítulo 5.
Con la llegada de diciembre todos los terrenos de Hogwarts quedaron cubiertos de una gran capa de nieve. Draco y Luna contemplaban el Lago Negro desde uno de los ventanales de la torre de Astronomía, viendo como algunos alumnos se aventuraban a patinar sobre la helada superficie. Cada vez que alguno se caía, Draco se tronchaba de risa.
–Pobrecito Calamar Gigante, voy a echarle de menos. –dijo Luna con un deje de tristeza.
–Al menos no estará solo, tiene a las Sirenas, los Tritones y los Grindylow para que le hagan compañía mientras el lago esté congelado. En cuanto se deshiele iremos a verle. –le aseguró tratando de animarla.
No era de extrañar que Luna fuera amiga de casi todas las criaturas de Hogwarts. Y el Calamar Gigante no iba a ser menos.
–¡Vale! –respondió ella con entusiasmo– Y tienes razón, al menos está en buena compañía.
El timbre que indicaba el final del descanso retumbó por todo el castillo.
–¿Qué nos toca ahora? –preguntó Luna sin apartar la vista del majestuoso paisaje.
–Dos horas de pociones y ya acabamos por hoy. –dijo Draco recogiendo la mochila que había dejado apoyada en el suelo y llevándosela al hombro de nuevo. Cogió la de Luna y se la pasó.
–Genial, espero que hoy podamos acabar el proyecto de Slughorn. –comentó ella mientras se colocaba bien la mochila.
Ambos emprendieron la marcha hacia las mazmorras. Y aunque llegaron justos de tiempo los demás alumnos de Ravenclaw y Slytherin todavía estaban esperando fuera del aula de pociones.
–¿Todavía no ha llegado el profesor Slughorn? –le preguntó Luna a Padma Patil.
–No, ha dejado una nota en la puerta de su despacho avisando de que llegaría un poco tarde. Anthony ha ido a buscar a Filch para que nos abra la puerta. Slughorn ha dicho que vayamos trabajando mientras no llegue. –explicó Padma. Luna asintió y se apoyó en la pared junto a Draco mientras esperaban.
Pocos minutos después Anthony Goldstein llegaba junto a Filch, el cual murmuraba algo entre dientes. Sacó un gran manojo de llaves buscando una por una hasta que dio con la del aula de pociones. Abrió la puerta y todos los alumnos entraron, colocándose en sus respectivos asientos.
Mientras Draco iba a por un caldero, Luna sacó de la mochila los ingredientes que necesitaban y el pergamino donde tenían redactado su proyecto semanal.
Estaban trabajando en calma cuando unos cuantos compañeros de Ravenclaw comenzaron a charlar alzando la voz más de la cuenta. Comentaban entusiasmadamente las ganas que tenían de que las vacaciones de navidad llegasen y lo bien que lo iban a pasar con sus familias y amigos.
En ese momento finalmente Slughorn llegó, disculpándose por haber tenido que llegar más tarde, y toda la clase volvió a estar en semi silencio. Solo se escuchaban susurros de compañeros hablando entre ellos. Ya fuera sobre las esperadas vacaciones de navidad o sobre su proyecto.
El estado de ánimo de Draco había cambiado desde que habían escuchado la conversación de aquellos Ravenclaw. Para cualquiera hubiera sido un cambio imperceptible, ya que Draco siempre ha trabajado en silencio, y podrían haber confundido su expresión por simple concentración. Pero no para Luna. Llegados a este punto, era capaz de sentir el mínimo cambio en el estado de ánimo de Draco.
La empatía entre los dos era casi telepática.
Sabía que no iba a servir de nada preguntarle en ese momento, pues Draco necesitaba su tiempo para procesar sus propias emociones. Era mejor hacerlo después de comer, ya en la intimidad de su sala común.
Media hora antes de que la clase de pociones terminase, ambos terminaron con su proyecto.
–¡Es fantástico! –exclamó Slughorn cuando se acercó hasta su mesa– Cada semana os superáis de manera asombrosa. –Luna sonrió con orgullo. Pero Draco casi ni se inmutó; normalmente al recibir un halago de Slughorn sonreiría con satisfacción. Pero hoy no ocurrió lo mismo. Cosa que no pasó desapercibida para Luna.
–Es todo gracias a Draco, él es el que tiene un don innato para las pociones, lo mío es todo imaginación. –respondió Luna tratando de animar un poco a Draco. Y aunque quizá no funcionó tanto como esperaba, él le dedicó una pequeña sonrisa. Algo era algo, pensó ella.
–Razón no le falta, señorita Lovegood. El señor Malfoy siempre ha demostrado un talento asombroso en mi asignatura. Y por parte del profesor Snape, creo que opinaba lo mismo. –dijo él con seguridad.
Aquello no hizo que Draco se animase por completo, pero por la sonrisa que ahora se asomaba en su rostro era evidente que agradecía que reconocieran su esfuerzo.
–Muchas gracias profesor. –respondió él con sinceridad.
Mientras esperaban a que el timbre sonase, Draco aprovechó para seguir leyendo el último libro sobre alquimia que había cogido de la biblioteca. Luna le observaba con preocupación. Se puso a garabatear en un pergamino, tratando de distraerse.
Finalmente el timbre sonó y casi todo el mundo salió corriendo hacia el Gran Comedor. Draco recogió sus cosas con calma, y Luna podía sentir cómo se movía casi como si le faltara la energía. Luna guardó de nuevo todos los ingredientes que habían sobrado y enrolló los pergaminos que había dejado esparcidos por la mesa, guardándolos de nuevo en la mochila.
Salieron del aula de pociones y se dirigieron al Gran Comedor. Luna no quería forzar una conversación, así que simplemente se puso a explicarle a Draco anécdotas para hacerle reír, como la primera vez que vio un Grindylow en Cuidado de Criaturas Mágicas y la mitad de la clase se puso a gritar histérica al ver a Luna en la orilla del Lago Negro, abrazando un Grindylow como si de un gatito se tratase…aunque claro, aquella clase no acabó tan bien como ella esperaba, no sin llevarse un mordisco por parte del Grindylow, una pequeña bronca de Hagrid y una repentina excursión a la enfermería donde Madame Pomfrey tuvo que curarle la herida que la criatura había dejado en su antebrazo. A Luna le gustaba decir que aquello fue un mordisco afectuoso, ya que la cicatriz que le quedó tenía forma de corazón.
Aquello finalmente hizo reír a Draco. Él sabía que Luna había notado su cambio de humor en clase, y que se estaba esforzando por hacerle sentir mejor sin forzarle a decir qué le pasaba. Agradecía que Luna se preocupara tanto por él, así que antes de entrar al Gran Comedor le dio un fuerte abrazo, tratando de transmitirle su agradecimiento. Luna lo comprendió al instante. Correspondió al abrazo estrechando a Draco lo más fuerte que pudo contra su cuerpo.
Nada más entrar fueron directos a sentarse a su habitual asiento en la mesa de Ravenclaw. Aunque Draco no comió mucho, Luna comió hasta empacharse.
Al terminar se marcharon directamente a la sala común.
Luna fue a dejar la mochila en su habitación y se cambió, poniéndose un cómodo y calentito pijama. Draco fue a hacer lo mismo, volviendo a los pocos minutos a la sala de estar. Luna le siguió y ambos se acomodaron en el sofá, tapándose con la manta.
A Luna no le hizo falta preguntarle nada a Draco, ya que él solo comenzó a hablar sobre lo que le llevaba rondando en la cabeza desde hacía unas horas.
–¿Sabes? Antes me encantaba que llegasen las vacaciones de navidad. Me encantaba poder volver a casa y tener todo lo que quisiera. Poder estar con mi familia. Me encantaba estar en mi casa. Pero no desde que cumplí los dieciséis. Ya sabes a qué me refiero –Luna asintió. Tomando la mano de Draco y dándole suaves caricias para reconfortarle; animándole a continuar hablando–. Desde entonces, no siento mi casa como mi hogar, como un lugar seguro. Siento que sigo caminando sobre la sangre de todos aquellos que murieron en el mismo suelo donde yo crecí, donde yo jugaba de pequeño; siento que vivo entre las almas atormentadas de todos aquellos que murieron por culpa de mi familia…por mi culpa. Porque no tenía más remedio que mirar cómo morían cuando suplicaban por su vida. Y sé que eran ellos o mi familia y yo. Pero eso me sigue atormentando, y sé que seguirá haciéndolo mientras viva allí. –hizo una breve pausa para tomar aire, agarrando con fuerza la mano de Luna, sintiendo que aquel gesto era lo único que le daba valor para seguir hablando sin derrumbarse– Nunca había pensado en Hogwarts como un hogar. Nunca lo había sentido como tal. Y mucho menos antes de la guerra. No hasta ahora, aunque creo que eres tú quien hace que lo sienta así. –explicó con sinceridad, haciendo sonreír y sonrojar a Luna– Quiero ver a mi madre…pero no quiero volver a casa, la sola idea me aterra. No quiero volver a tener pesadillas cada vez que cierre los ojos y a pasar el resto del día con ataques de pánico. No quiero volver a pasar por ese infierno…
Ni con la tranquilizadora presencia de Luna consiguió no derrumbarse. Aunque era cierto que desde septiembre había conseguido estar mucho mejor, aquello seguía atormentándole. Luna sabía que las palabras no apaciguarían su dolor, así que hizo que Draco recostara la cabeza contra su regazo y dejó que llorase todo lo que necesitara mientras trataba de reconfortarle acariciándole el pelo.
Al final Draco terminó durmiéndose en aquella posición. Mientras tanto, Luna pensó en cómo ayudarle. Sabía que la primera opción de Draco iba a ser quedarse en el castillo durante las vacaciones, pero no quería dejarle solo durante tantas semanas. Y entonces, se le ocurrió la idea perfecta. Se levantó con cuidado de no despertar a Draco y corrió a su habitación a por pluma y pergamino.
Sabía que si primero le comentaba su idea a Draco se iba a negar en rotundo, así que sin pensarlo dos veces se puso a escribirle una carta a su padre.
''Hola papá.
Quería consultarte algo. Verás, Draco lo está pasando realmente mal en su casa, no puedo darte detalles, ya que es algo personal. Pero la cuestión es que seguramente se va a quedar a pasar las vacaciones de navidad en Hogwarts…y no tiene a nadie más aparte de mí. No quiero que lo pase mal aquí solo. Bueno, ya sabes lo importante que es para mí después de todo lo que te explico siempre en mis cartas. Es por eso que quería saber si podría venir a pasar las vacaciones con nosotros.
No quería decirle nada hasta saber seguro tu opinión. Espero que puedas responderme lo antes posible.
Te quiere,
Luna.''
Plegó con sumo cuidado el pergamino y le ató con cuidado un cordel, asegurándose de que la carta quedase bien sujeta.
No se molestó en cambiarse, solo se puso unos zapatos y una chaqueta que la abrigase bien. Asegurándose de que Draco seguía durmiendo fue corriendo lo más rápido que pudo a la torre oeste donde se encontraba la Lechucería.
Subió los escalones con cuidado de no resbalar y en cuanto llegó hasta la parte más alta de la torre, las pocas lechuzas que estaban despiertas la miraron con curiosidad. Se acercó hasta una de las lechuzas que la escuela tenía a disposición de los alumnos que no tuvieran una, y ató con mucho cuidado a una de sus patas el cordel que tenía bien protegida la carta. Antes de dejar que emprendiera el vuelo cogió de la cesta de comida una chuchería para lechuzas –recordaba haber visto en una ocasión a Ron dándole una a Pigwidgeon…y Pig atragantándose con ella–, y se la dio a la lechuza que posteriormente arrimó su cabeza a la mano de Luna para dejarse acariciar, cosa que ella hizo encantada, y finalmente desplegó las alas.
Se quedó observando cómo la lechuza emprendía el vuelo hasta perderse en el horizonte. Sabía que había tomado una buena decisión.
Volvió a la sala común, encontrándose con Draco aún durmiendo. Le arropó bien con la manta y fue a la habitación para descalzarse y quitarse la chaqueta.
La respuesta de Xenophilius no tardó en llegar; fue dos días después de que Luna enviase su carta. A la hora del almuerzo cuando todas las lechuzas entraron al gran Comedor para entregar el correo, Luna avistó volando en su dirección a la lechuza que había enviado a su padre. Dejó caer la carta sobre su regazo y dando una pequeña vuelta aterrizó delante de ella, volviendo a arrimar la cabeza a su mano. Parecía que le había cogido cariño, pero era difícil que algún animal o criatura no le acabara teniendo cariño a Luna. Después de acariciarle un poco, le acercó su copa con zumo de calabaza para que bebiera un poco.
Draco miró la escena con curiosidad, alzando una ceja.
–Es de papá. –explicó ella sin más. Aquello bastó para saciar la curiosidad de Draco, pues no era algo inusual, los Lovegood se carteaban una vez a la semana como mínimo.
Luna se guardó la carta en el bolsillo de la túnica para leer la respuesta con calma más tarde. Además de que antes de explicarle nada a Draco quería saber la respuesta de su padre; y sabía que si la leía en ese momento quizá Draco cotillearía por encima, y no quería que leyera algo como ''Un Malfoy no entrará en mi casa.'' Aunque estaba segura de que su padre jamás diría algo así, no quería arriesgarse a que ambos se llevasen una decepción.
Siguió acariciando a la lechuza que parecía no querer irse de su lado por el momento hasta que sonó el timbre y todo el mundo tuvo que ir para clase.
Después de comer, y ya que Draco había tenido que ir un momento a la biblioteca, aprovechó para leer la respuesta de su padre.
Sacó la carta del bolsillo, quitándole el cordel y desplegando el pergamino.
''Querida Luna;
Siento mucho por lo que tiene que estar pasando Draco, no puedo imaginar cómo debe de ser su vida en casa después de todo lo que tuvo que ocurrir allí.
Pero me alegro de que al menos en Hogwarts pueda tenerte a su lado. Podrías iluminar la vida de cualquier persona con tu presencia, cariño.
Por todo lo que me has ido explicando se ve que Draco es un buen chico, y no se merece tener que pasar por eso solo. Dile que es bienvenido a nuestra casa por vacaciones y siempre que quiera. Aquí hay espacio de sobra para uno más.
Por el momento, os estaré esperando a los dos en la estación.
Con amor,
Papá.''
Nada más leer la carta, Luna comenzó a dar saltos de alegría, con una sonrisa que expresaba bastante bien lo que sentía. Desde el momento en que escribió la carta sabía que había tomado la decisión correcta. Estaba deseando que Draco regresase de la biblioteca para darle la noticia.
Mientras él no regresaba aprovechó para darse una ducha y ponerse su calentito pijama.
Cuando salió del baño se encontró con Draco en la mesa redactando algo en un pergamino. El subidón de energía por la emoción volvió a apoderarse de su cuerpo.
–¡DRACO! ¡DRACO! –gritó su nombre de manera entusiasmada mientras corría hasta su lado haciéndole sobresaltar.
–¿¡Qué?! ¿Ha pasado algo? –preguntó alarmado, con la voz llena de preocupación.
–¡SÍ! ¡Que tengo que explicarte una cosa! –respondió con una gran sonrisa y Draco inmediatamente se relajó al sentir que por lo menos se trataba de algo bueno. Luna se sentó en una silla a su lado y procedió a darle la noticia– Como recordarás, esta mañana me ha llegado una carta de mi padre. –Draco asintió– Bien, hace unos días, cuando me explicaste que no querías volver a casa…se me ocurrió que quizá te apetecería pasar las navidades con mi padre y conmigo, antes que quedarte aquí solo, porque sabía que esa iba a ser tu primera opción. Así que le escribí a mi padre para preguntarle si podías venir a pasar las vacaciones con nosotros, y él está encantado con que vengas. No te enfades porque no te haya dicho nada antes…
Draco miró a Luna con los ojos muy abiertos, sin saber muy bien qué decir. Abrió la boca tratando de formular una respuesta coherente, pero lo único que pudo decir fue:
–No. –dijo escuetamente, con la voz llena de pánico.
–¿Qué? ¿Por qué no? –preguntó frunciendo el entrecejo. Al sentir su tono de voz arrimó más la silla a su lado, tomando una de sus manos entre las suyas propias.
–Lo siento, Luna. Agradezco que te preocupes tanto por mí…pero no puedo. No puedo ir a tu casa. –respondió dedicándole una triste sonrisa.
Luna sabía qué era lo que estaba rondándole por la cabeza. No quería ir por todo lo que Voldemort y los Mortífagos le hicieron a su padre y a ella. Porque seguía atormentándole la idea de que por su culpa perdieron su hogar. Aunque no fuera su culpa, era difícil hacerle creer lo contrario. Pero no perdía nada en intentarlo, el no ya lo tenía.
–Draco, escúchame atentamente. Si mi padre ha dicho que está encantado con que vengas conmigo a casa, es porque es verdad. ¿Qué ganaría él con mentirme? Sabes que es un defensor de la verdad, ¿Por qué tendría que ser diferente esta vez? –inquirió ella. Draco en respuesta se encogió de hombros, tratando de soportar el nudo que se le estaba formando en la garganta– Te lo repetiré las veces que hagan falta; tú no has tenido la culpa de nada de lo que pasó. Papá quiere que vengas…y yo también. No quiero estar tantos días lejos de ti. –explicó con toda la sinceridad del mundo. Aquello último hizo que el corazón de Draco latiera furiosamente contra su pecho. Él tampoco quería estar lejos de Luna durante semanas. Sabía que no lo podría soportar.
–Tengo miedo de que ya estando allí tu padre cambie de opinión y me eche de casa. –terminó confesando.
–Te aseguro que eso no pasará. Y en el hipotético caso de que eso ocurra, yo me voy contigo. –espetó ella de manera decidida, Draco le dedicó una tímida sonrisa– Además, cerca de mi casa está la de los Weasley, seguro que la señora Weasley estaría encantada de acogernos. –Draco rió ante aquel comentario.
–¿Te imaginas? Un Malfoy en casa de los Weasley, sería algo inverosímil. –dijo riendo y contagiándole la risa a Luna.
–Bueno, ¿Y quién se hubiera imaginado hace unos años que tú y yo seríamos inseparables? Nunca digas nunca. –Draco le dedicó una mirada llena de cariño.
–En eso tienes razón. –respondió él. Suspiró hasta que sintió que no quedaba ni gota de aire en sus pulmones y se pasó la mano por el pelo– Está bien, Lovegood. Iré a pasar las navidades contigo.
El rostro de Luna se iluminó con una gran sonrisa, y Draco pensó que nunca la había visto sonreír de aquella manera tan feliz. Y entonces supo que si le hubiera dicho definitivamente que se quedaría en Hogwarts a pasar las vacaciones, se hubiera arrepentido toda la vida.
–¡BIEEEEN! –gritó ella con emoción. Se lanzó al cuello de Draco para achucharle con fuerza– Van a ser las mejores vacaciones de mi vida.
–¿Y eso por qué? –preguntó riendo, apoyando su barbilla contra el hombro de Luna y estrechándola entre sus brazos.
–Porque vas a estar conmigo. –respondió con naturalidad.
–Pero Luna, si estamos juntos siempre, no va a ser diferente a cuando estamos en Hogwarts.
–Sí que lo va a ser, siento que van a ser unos días muy especiales. Bueno, siempre haces que mis días sean especiales. Pero me refiero a que…tengo un extraño presentimiento de que algo bueno y aún más especial va a pasar. –explicó ella con su voz soñadora.
Y Draco no dudó ni un instante en sus palabras. Estaba seguro de que algo increíblemente bueno iba a pasar.
Y Luna tiene toda la razón, porque el siguiente capítulo, va a ser EL capítulo. Preparaos para un bombardeo de feels.
¡Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios, siempre hacéis que tenga muchísimas más ganas de esforzarme con cada capítulo nuevo! Espero vuestra opinión y nos vemos en el siguiente capítulo :)
