Los personajes no me pertenecen, son propiedad de J.K. Rowling.


Capítulo 7

Las vacaciones de Navidad estaban a punto de terminar, y aunque Luna tenía muchas ganas de explicarle a Ginny y Hermione todo lo acontecido durante las vacaciones, también tenía ganas de seguir disfrutando de la poca libertad que le quedaba junto a Draco antes de que tuvieran que ponerse a estudiar en serio para sus ÉXTASIS, hasta junio no tendrían lugar dichos exámenes, pero al igual que cuando tuvieron lugar sus TIMOS, los profesores no tardarían en ponerles trabajos extra para prepararles.

La mañana antes de partir hacia Hogwarts de nuevo, una carta del profesor Slughorn llegó para Draco, Luna sabía qué era aquella carta, y esperaba en el fondo de su corazón que trajera buenas noticias junto a ella.

Luna corrió a buscar a Draco para entregarle la carta, encontrándole en su habitación, sentado en la cama mientras leía un libro.

–¡Por fin ha llegado! –exclamó Luna emocionada mientras le daba la carta a Draco.

Draco miró el sobre con el corazón martilleándole contra el pecho, aquella carta le podría traer la mejor noticia del mundo, o podría destrozar sus sueños por completo: le había solicitado al profesor Slughorn tomar clases de alquimia para poder optar al examen en sus ÉXTASIS. Sin dicha asignatura era poco probable que pudiera acabar siendo alquimista directamente, aunque como segunda opción siempre podría optar a ser pocionero, y de ahí intentar encontrar alguna manera de estudiar alquimia y acabar logrando su meta de ser alquimista.

Había estado esperando una respuesta por parte del profesor durante todas las vacaciones, y aunque hasta que se declaró a Luna había tenido otras cosas en mente, ahora que él y Luna por fin estaban juntos, su cabeza se había centrado cada segundo en esperar la tan ansiada respuesta por parte del profesor Slughorn.

No quería hacerse ilusiones, ya que sabía que la asignatura de alquimia hacía muchos años que no se impartía en Hogwarts, y además, no estaba muy seguro de si el profesor Slughorn tendría la bondad y el tiempo para dedicarle unas cuantas horas extras a Draco.

Con las manos temblorosas rompió el sello de lacre y sacó el pergamino de dentro del sobre:

Querido señor Malfoy,

He consultado su petición con la directora McGonagall y me complace anunciarle que no hay ningún problema para que pueda impartir la asignatura de Alquimia.

Las clases tendrán lugar a partir del mes de febrero en el aula de Pociones, los días serán lunes y jueves después de la última clase del día. Si hay algún cambio en dicho horario será previamente informado.

Muy cordialmente,
Horace Slughorn.

Draco leyó la carta una y otra vez sin terminar de creer que el profesor Slughorn iba a darle clases de alquimia; que su sueño de ser alquimista estaba realmente al alcance de sus dedos.

Luna escrudiñó el rostro de Draco intentando saber si la carta traía buenas noticias o no, pero en el momento en que Draco se levantó para abrazarla y tirarla junto a él a la cama, riendo sin parar, supo al instante que eran indudablemente buenas noticias.

–¡Voy a ser alquimista! –exclamó Draco esperanzado. Sabía que aún le quedaba un largo camino hasta llegar a ser realmente alquimista, pero ahora mismo estaba un paso más cerca de alcanzar su sueño.

–Vas a ser el mejor alquimista del mundo –dijo ella totalmente convencida.

Draco elevó el rostro hasta fijar su mirada con la de Luna, sin poder dejar de sonreír. Llevó sus manos hasta las mejillas de Luna para poder besarla con todo el cariño del mundo.

Sabía que todas las cosas buenas que le estaban pasando eran gracias a todo el esfuerzo que estaba haciendo, tanto por ser mejor persona como mejor estudiante. Pero una parte de su corazón realmente creía que todas aquellas buenas cosas le pasaban gracias a Luna.


1 de Enero

Ya en el andén 9 y ¾ y con los baúles en un carrito, Draco y Luna se encaminaron a dejarlo todo en el vagón del equipaje. En cuanto se acercaron por última vez a Xenophilius antes de subirse al expreso de Hogwarts, ambos acabaron apretujados en un gran abrazo, a Draco se le hacía aún muy raro que Xenophilius le tratase con tanto cariño, pero después de poder pasar algo más de una semana conociéndose, ahora se sentía mucho más cómodo a su lado, y más sabiendo que no le guardaba ningún tipo de rencor. Luna se lo había dicho mil veces, pero necesitaba comprobarlo por sí mismo para quitarse ese peso de los hombros.

–Cuida mucho de mi Luna –le pidió Xenophilius a Draco.

–Eso ni lo dude –respondió Draco con una tímida sonrisa.

Luna le dio un último abrazo a su padre antes de que ella y Draco se perdieran entre la aglomeración de alumnos, amigos y familiares.

Subieron al expreso y fueron directos al compartimento de los prefectos, después de que a ellos y a los prefectos les informasen de todo lo que era necesario, junto a Ron y Hermione partieron en busca del compartimento en el que estaban sus amigos. En uno de los compartimentos del vagón de Gryffindor, Ginny, Harry y Neville ya les estaban esperando, rebosantes de alegría por poder ponerse al día después de las vacaciones.

Aunque a Ron aún no le hacía mucha gracia tener a Draco cerca, poco a poco aquello iba cambiando, ya fuera porque quería respetar las decisiones de Luna y sus amigos, o porque en el fondo se estaba dando cuenta de que poco quedaba en él de aquel arrogante y egoísta Draco.

Menos Neville, que había pasado las navidades con su abuela y con Hannah, los demás habían estado juntos en la Madriguera. Luna tenía muchas ganas de volver a pasar algún día en la casa de los Weasleys, aunque hasta el verano quizá no podría ir. Draco por otra parte, pensaba que nunca sería bienvenido en la Madriguera, aunque si se equivocaba con el parecer de Xenophilius, quizá con esto también. Pero después de todo el daño que le había hecho a los Weasleys, encontraba comprensible que fuera persona non grata en dicha casa.

Ginny pareció leer sus pensamientos al decirle a Luna lo siguiente.

–Mamá ha dicho que este verano deberíais pasar unos días en casa antes de que lleguen las notas de los EXTASIS. Y eso te incluye a ti también, Draco –comentó ella como si nada.

Draco miró a Ginny perplejo sin acabar de creerse lo que acababa de decir. Ron se cruzó de brazos, aunque la idea ya no le molestaba tanto como cuando su madre lo propuso. Supuso que si su madre se fiaba del criterio de Luna, él debería empezar a hacer lo mismo.

–¡Claro! Tengo muchas ganas de volver a tu casa –respondió Luna entusiasmada.

Draco no pudo decir nada, más bien, no sabía qué decir, salvo sonreír a Ginny con gratitud, ella le devolvió la sonrisa al instante.

A mitad del trayecto, Hermione se dio cuenta de algo que los demás parecían no haber notado.

–Luna, ¿Ese no es el anillo de Draco? –preguntó Hermione con curiosidad al ver el anillo.

–Ah, sí, me lo dio el día que empezamos a salir –comentó Luna con una enorme sonrisa. Luna se moría de ganas por explicarles a sus amigos que ella y Draco llevaban juntos desde hacía unos días, y aquella fue la ocasión perfecta.

–¡Por fin! –exclamaron Ginny y Hermione al unísono.

Luna se sorprendió ante la respuesta de sus amigas. No pensaba que sus sentimientos por Draco hubieran sido tan obvios, pero volviendo a pensar en ello, quizá sí hubiera sido más obvia de lo que se imaginaba. Por otra parte, Draco pensaba que no se había esforzado mucho en esconder lo que sentía por Luna, así que encontró totalmente normal que sus amigas reaccionaran de aquella manera.

Harry y Neville simplemente les felicitaron, y Draco se sorprendió ante lo que Ron dijo.

–Me alegro por vosotros, pero como hagas llorar una sola vez a Luna, te mato –dijo Ron, dirigiéndose a Draco en aquello último, pero viniendo de él, era una pequeña victoria para Draco.

–Gracias, Weasley. Y tranquilo, pienso cuidar bien a Luna, lo prometo –dijo Draco seriamente. No sabía cuántas veces tendría que prometer aquello, pero sin duda, era una promesa que no se cansaría de hacer y cumplir.

Ron le miró desafiante por un instante, pero finalmente asintió convencido por las palabras de Draco y después siguió charlando con Harry de nuevo.

Draco se sintió aliviado ante la reacción de todo el mundo, sabía que aunque no hubieran ''aprobado'' su relación, no habría dejado de salir con Luna por nada del mundo, y que tampoco nadie habría conseguido separarles, pero el hecho de que los amigos de Luna aceptasen mejor o peor su relación, le dejaba un poco más tranquilo.

Sabía que aún le quedaba contárselo a sus padres...y aquello le hacía menos gracia aún. Luna había propuesto esperar a que terminasen el curso, y una vez ya graduados, explicárselo a Lucius y Narcissa. A Draco le había parecido una buena idea, no tenía por qué preocuparse de nada hasta junio.

Aunque pensaba que su madre no diría nada malo respecto a su relación con Luna, en el fondo le daba un poco de miedo que su padre se comportase como su antiguo yo. Tenía esperanzas de que realmente estuviera haciendo un esfuerzo por ser mejor persona, ni que fuera solo un poco.

Todo y eso, Draco estaba completamente convencido de que si su padre intentaba ser cruel con Luna, poco le faltaría por romper la relación son él. Si después de todo lo que habían pasado él y su madre por culpa de su padre, todavía lograba tolerarle, era solo por ella. Suficiente había tenido que soportar ya su madre, por eso en casa intentaba ser lo más cortés posible con su padre, y creed que era realmente complicado, aunque Draco intentase ser mejor persona, el rencor era una cosa que llevaba muy arraigada en su interior, y más contra Lucius, era por eso que sabía que nunca podría llegar a perdonarle del todo por lo que le hizo pasar.

Por cómo tuvo que pagar sus errores siendo marcado para siempre. Nunca iba a olvidar eso, no mientras mirase su antebrazo izquierdo.

No quería seguir pensando en eso, así que se centró en observar a Luna y en lo feliz que parecía hablando con sus amigos; se centró en aquella sonrisa que hacía brillar el mundo ante sus ojos.


Poco después de que se pusiera el sol, el expreso de Hogwarts paró en la estación de Hogsmeade. Nada más bajar del vagón, Luna cogió la mano de Draco y la entrelazó con la suya. Aquel simple gesto hizo que el corazón de Draco diera un vuelco, recordando la primera vez que bajaron y fueron juntos hacia el castillo, no hacía muchos meses atrás. Se sorprendió de lo rápido que puede llegar a cambiar todo, y por suerte, ésta vez todo estaba cambiando a mejor.

Se subieron a uno de los carruajes, contemplando el nocturno paisaje mientras los Thestrals tiraban de ellos y emprendían el camino hacia Hogwarts.

La cena transcurrió con tranquilidad, después de que la profesora McGonagall diera la bienvenida, todo el mundo hablaba animadamente, charlando sobre las vacaciones de cada uno.

A Draco todavía le costaba hacerse a la idea de que ahora era bienvenido –por casi todo el mundo– en la mesa de Gryffindor. Y para su sorpresa, no le molestaba estar ahí, quizá era la presencia de Luna y los demás, pero aquella sensación de estar rodeado de buenos amigos, no era muy habitual para él en la mesa de Slytherin, no al menos con el que hasta hacía un par de años había sido su ''círculo de amigos''.

Ahora por fin se sentía libre para ser quien realmente era; quien realmente siempre había querido ser.


Justo al salir del gran comedor, vieron a unos cuantos alumnos de Slytherin apiñados en el tablón de anuncios, Draco extrañado, fue a ver de qué se trataba:

''Convocatorias abiertas para elegir a un nuevo buscador para el equipo de quidditch de Slytherin. Interesados presentarse en el campo de quidditch el viernes día 12 de Enero a las cinco de la tarde.''

Draco se quedó releyendo aquel anuncio unas cuantas veces, quedándose pensativo como si pudiera ver más allá del papel. Luna sabía que para él el quidditch siempre fue una parte muy importante se su vida, hasta que en sexto curso tuvo que dejarlo. No pensaba perder la oportunidad de animar y apoyar a Draco para que volviera a hacer todas aquellas cosas que le apasionaban y lo seguían haciendo.

–¿Vas a presentarte a la prueba? –preguntó Luna con su voz cantarina.

Draco meditó la respuesta unos segundos, suspiró y sin dejar de mirar el anuncio le respondió.

–No lo sé –dijo con sinceridad. En el fondo tanto él como Luna sabían que la respuesta se acercaba más al no que al sí, pero que Draco necesitaba un empujoncito para animarse a ello.

–Creo que deberías intentarlo, estoy segura de que volver a jugar te sentará muy bien –dijo ella con buena intención.

–Puede que tengas razón...pero hace casi tres años que no me subo a una escoba, no creo que siga en tan buena forma como antes –se lamentó él.

–Ya bueno, es normal que hayas perdido algo de práctica desde entonces, pero nunca lo sabrás si ni tan solo lo intentas. Podrías pedirle ayuda a Harry, seguro que no le importaría ayudarte –comentó ella para intentar animarle.

Draco rio pensando en él y Potter codo con codo en el campo de quidditch. Tampoco era una idea demasiado descabellada...pero de momento no se veía con corazón de pedirle ayuda a quien hasta hace tan poco había sido su enemigo más acérrimo. Sí que era cierto que últimamente se estaba llevando mejor con Potter, aunque no estaba muy convencido de que a Harry le apeteciera pasar tiempo con él, pero bueno, era una posibilidad al fin y al cabo.

Luna no quería presionarle, así que no dijo nada más. Sabía lo orgulloso que Draco era cuando de pedir ayuda se trataba, así que simplemente dejó en el aire la posibilidad de que Harry le ayudase, así tendría tiempo de pensar en ello.–Es una posibilidad... –respondió finalmente Draco, aunque no sonara muy convencido.

Finalmente Draco dejó de mirar el anuncio, cogió la mano de Luna y dándole un pequeño apretón y dedicándole una gran sonrisa se encaminaron a la sala común.


A la mañana siguiente cuando Luna se despertó Draco ya estaba vestido y a punto de salir por el hueco del retrato.

–¿Me he quedado dormida? –preguntó Luna frotándose los ojos con la palma de la mano, tratando de deshacerse del sueño que todavía la invadía.

Draco retrocedió, enternecido por la adorable imagen de Luna adormilada y aún en pijama. Le dio un abrazo y un beso de buenos días antes de responderle.

–No, quería ir un momento a la buhonera antes de bajar a desayunar –le explicó enseñándole el sobre que llevaba en la mano.

–¿Es para tu madre? –preguntó Luna con curiosidad.

–Sí, pero es una sorpresa, cuando reciba su respuesta te lo explicaré –comentó él con aire misterioso.

Luna rio y asintió. Draco le dio a Luna un último beso en la frente y salió de la sala común en dirección a la buhonera.


La respuesta de Narcissa no tardó muchos días en llegar. Mientras Draco estaba desayunando junto a los demás en la mesa de Gryffindor, el correo de la mañana hizo acto de presencia en el gran comedor, y junto a éste, un gran paquete que casi cae sobre sus desayunos si no fuera por las rápidas manos de Draco, Ginny y Harry.

Apartaron con cuidado los platos, copas y bandejas de comida y antes de abrir el paquete, Luna miró con a Draco con sospecha.

–¿Esto es la sorpresa que aún no podías contarme? –preguntó ella con gran curiosidad.

–Exacto. Puedes abrirlo tú si quieres –ofreció Draco mientras él iba abriendo la carta que su madre le había enviado junto al paquete.

Con entusiasmo, Luna se puso manos a la obra abriendo el misterioso paquete. Cuando vieron el contenido, Luna miró el contenido tratando de no hacerse ilusiones, pero con una sonrisa de oreja a oreja, y Harry esbozó una pequeña sonrisa nostálgica.

–¿Es ésta tu vieja Nimbus 2001? –preguntó Harry.

Draco asintió.

–Eso quiere decir...¿Vas a apuntarte a la prueba de selección? –preguntó Luna emocionada.

Draco volvió a asentir, esta vez con una gran sonrisa.

–¡Ya verás como van a seleccionarte! –exclamó Luna emocionada, mientras achuchaba a Draco con fuerza– ¿Qué te ha dicho tu madre?

–Que está muy contenta de que vuelva a interesarme el quidditch, que espera que me seleccionen, y que espera que volver a montarme en una escoba me siga haciendo tan feliz como siempre lo había hecho –dijo Draco con un leve rubor, resumiendo la parte más importante de la carta.

–Me alegro de que tu madre también te apoye.

–Yo también –respondió él con una pequeña sonrisa.


Después de las clases de aquel día, Draco pensó que estando el campo de quidditch vacío sería buena idea comenzar ya a practicar para la selección. Luna le acompañó encantada para ayudarle.

–Recuerdo que cuando en mi primer año tuvimos que dar clases de vuelo estuve a punto de caerme de la escoba, pero solo quedé boca abajo al final –comentó Luna riendo de su anécdota mientras estaban de camino al campo de quidditch– en cambio Ginny parecía que había nacido para estar sobre una escoba, y no me equivocaba.

Draco rio también de la anécdota de Luna.

–Menos mal que no fuiste muy torpe y todo quedó en un susto. Y tienes razón, Weasley es una jugadora increíble, eso no puede negarlo nadie –reconoció Draco.

Luna le miró con una gran sonrisa al escuchar cómo reconocía el talento a su mejor amiga.

–También recuerdo que en mi primer año, cuando iba con Ginny a ver los partidos de quidditch te veía volando y pensaba que parecías una persona muy diferente a la que veía por los pasillos.

–¿Diferente? –preguntó Draco con curiosidad.

–Sí, como si estando allí arriba, pudieras sentirte un poco más libre de lo que te sentías al estar en tierra. Era solo una sensación que tenía al verte –comentó encogiéndose de hombros.

Draco pensó en ello detenidamente, dándose cuenta de que Luna tenía razón en eso. Aunque no se sintiera orgulloso del juego sucio de su equipo, sí que era cierto que cuando volaba, no sentía la presión de ser quien debía ser ante los demás; allí arriba en cierta manera, podía ser realmente él mismo.

–¿Sabes que eres una chica muy observadora? –comentó él deteniéndose un momento para abrazar a Luna con todo el cariño del universo– Gracias.

–¿Gracias por qué? –preguntó, correspondiendo al abrazo.

–Por haber visto desde el principio en mí un atisbo de quien siempre he querido ser.

Luna creyó que no había palabras suficientes que expresasen todo lo que quería decirle a Draco respecto a eso; respecto a todo lo que había visto en él desde el principio y terminó descubriendo que realmente eran como ella había imaginado.

Quizá era que los demás estaban tan obsesionados con la fachada que Draco mostraba, que eran incapaces de ver más allá; allá donde el verdadero Draco se escondía, aunque no fuera tan difícil percibir un atisbo de él.

Se separó unos centímetros para poder tomar el rostro de Draco con las manos, acariciando con los pulgares sus mejillas, sintiendo el calor que su piel desprendía en contraste al frío de sus manos, y finalmente poniéndose un poco de puntillas, le besó.

Ya era costumbre para los dos aquel tipo de besos en los que ponían todo su corazón en ellos, tratando de expresar lo que no sabían cómo decir con palabras, como si de legeremancia se tratara.

Al separarse, entrelazaron sus manos y volvieron a poner rumbo al campo de quidditch.


Draco pensó que le costaría más volver a cogerle el tranquillo a la escoba, pero en el momento en que se subió a su Nimbus 2001 y se levantó del suelo, volvió a sentir en sus venas aquel tipo de libertad que solo sentía al estar lejos del suelo. Decir que se le daba tan bien como antes después de tantos años sin practicar quizá hubiera sido un poco pretencioso, pero era innegable que aquello siempre se le iba a dar bien.

La profesora Hooch le había dejado a su disposición el cofre con todas las pelotas para que pudiera practicar, aunque de momento prefería centrarse solo en ver si seguía tan ágil como antes para atrapar la escurridiza snitch.

Una vez se hubo acostumbrado de nuevo a estar sobre la escoba le pidió a Luna que soltase la snitch dorada.

Con un cronómetro en la mano, Luna liberó la snitch y lo encendió para ver cuánto tardaba Draco en atraparla.

Draco ascendió hasta lo más alto de las gradas y comenzó a trazar círculos en el campo tratando de vislumbrar la snitch.

Luna ya llevaba contados nueve minutos y trece segundos en el cronómetro cuando Draco aumentó la velocidad de la Nimbus 2001, indicando que por fin había dado con la dorada pelota. Descendió con un tirabuzón, y a los once minutos y treintaiséis segundos, aterrizó junto a Luna con la snitch en la mano.

–¡Bien hecho! –le felicitó Luna.

–Antes era mucho más rápido... –se lamentó él, tratando de recuperar el aliento.

–Ya bueno, pero hace casi tres años que no te subías a una escoba, es normal que ahora te cueste un pelín más, pero ya verás que en unas cuantas prácticas más volverás a estar en plena forma –le animó ella.

–Seguro que sí, siempre tienes razón.

–¿Quieres volverlo a probar?

Draco asintió, colocándose de nuevo sobre la escoba y esperando a que Luna volviera a liberar a la snitch.


Durante el resto de la semana, Draco siguió practicando junto a Luna cuando el campo de quidditch estaba vacío. Y aunque sentía que volvía a estar preparado para jugar profesionalmente de nuevo –en el caso de que le seleccionaran– también sentía que todavía le faltaba algo más para mejorar.

Así fue, que un par de días antes de la selección, al entrar al Gran Comedor a la hora del desayuno, fue directo a la mesa de Gryffindor y se sentó junto a Potter.

Quizá era hora de poner sobre la mesa el consejo que Luna le había dado la semana anterior.

–Hola, Potter –saludó Draco.

–Buenos días, Malfoy –respondió él al terminar de dar un sorbo a su zumo de calabaza.

–¿Tienes planes esta tarde? –preguntó Draco yendo directo al grano.

Harry le miró con curiosidad, alzando una ceja.

–No, en principio no tengo nada que hacer, ¿Por?

–¿Te gustaría competir conmigo esta tarde en el campo de quidditch? Necesito a un rival digno con el que practicar para el día de la selección del nuevo buscador de Slytherin.

–Claro, por qué no –accedió Potter.

A Draco aquello le parecía un poco inverosímil, quién le habría dicho que acabaría codo con codo junto a Potter.

Aquella misma tarde Draco y Harry se reunieron en el campo de quidditch junto a Luna y Ginny. Al igual que el resto de días, Luna puso en marcha el cronómetro, pero esta vez quien liberó la snitch fue Ginny, quien decidió arbitrar aquella pequeña competición.

Draco no sabía si Harry llevaba ventaja sobre él porque su Saeta de Fuego era más rápida que la Nimbus 2001, o si simplemente él no había perdido nada de práctica y seguía siendo tan bueno como antes.

No quería desmotivarse por eso, sabía que él podía ser tan bueno o mejor que Harry si se lo proponía y se esforzaba más aún.

–¡Vamos Draco, tú puedes! –le animó Luna.

Aquello le dio a Draco el impulso que necesitaba para dar de sí su máximo esfuerzo.

Ambos vislumbraron el dorado destello de la snitch cerca de un poste de gol en el campo contrario. Volaron con rapidez uno junto al otro en su dirección, y Draco pensó en que aquello le recordaba al partido en el que los dos participaron en su segundo año. Fue el primer partido que Draco jugó, y aunque hubiera acabado siendo un desastre para el equipo de Slytherin, sentía una gran nostalgia al rememorarlo.

Los dos alzaron su diestra al tiempo que la snitch huía de ellos con gran velocidad, aunque no tardaron en volver a alcanzar su altura de nuevo.

Parecía que Draco estaba a punto de atraparla, sus dedos, a escasos milímetros de la snitch ya saboreaban la victoria contra Potter, cuando Harry le adelantó, atrapando finalmente la dorada pelota, y ganándole.

Draco se sintió un poco decepcionado, pensaba que realmente iba a ganarle por una vez.

Descendieron a tierra y aterrizaron junto a Luna y Ginny.

–¡Lo has hecho muy bien! –le felicitó Luna, dándole un buen achuchón.

–Pero no he ganado... –se lamentó él.

–Malfoy, hace años que no competías contra alguien y has estado a punto de ganarme –dijo Harry. Quizá era un poco pretencioso por su parte decir eso, pero Draco sentía que tenía razón.

–Además, muchos de los que van a apuntarse a la selección seguro que no son ni la mitad de buenos que tú –dijo Ginny tratando de animarle.

–Pues claro, vas a hacer una prueba fenomenal y volverás a ser el buscador de Slytherin, ya lo verás –afirmó Luna.

–Quizá tenéis razón...muchas gracias por vuestra ayuda –les agradeció Draco con una pequeña sonrisa y un leve rubor en sus mejillas.

Aprovecharon el resto de la tarde hasta que el sol se hubo puesto para seguir ayudando a Draco, ahora tardaba menos de cinco minutos en atrapar la snitch dorada, y todos estaban seguros de que bordaría la prueba de selección.


12 de Enero.

El día había llegado; en unas horas Draco se presentaría a la prueba de selección para ser el nuevo buscador de Slytherin. Había practicado muy duro, y estaba seguro que si daba lo mejor de sí mismo lograría que le seleccionaran, solo necesitaba hacerlo tan bien en la prueba como lo había hecho durante todos sus entrenos.

Su antiguo uniforme había llegado a tiempo el día anterior, y aunque el jersey y los pantalones se le habían quedado un par de centímetros cortos, todavía seguía valiéndole. No había motivo para comprarse un uniforme nuevo si de momento no era 100% seguro que fueran a seleccionarle. Por suerte la túnica todavía le quedaba bien y no se le había quedado demasiado pequeña en comparación al resto de la equipación.

Salió de su habitación y se encontró con Luna sentada en el sofá, enfundada en una de las bufandas de Slytherin de Draco. Al escucharle entrar, Luna giró la cabeza y posó su mirada en él.

–¡Qué guapo estás! No recordaba lo bien que te quedaba el uniforme de quidditch –comentó ella.

Draco sonrió, sonrojándose un poco. Todavía se sentía un poco raro al volver a llevar el uniforme, pero ciertamente, lo había echado de menos.

Se sentó junto a Luna en el sofá, pasando un brazo por sus hombros y atrayéndola hacia su cuerpo, para finalmente depositar un beso en su sien.

–¿Estás nervioso? –preguntó Luna apoyando su cabeza contra el hombro de Draco.

–Un poco...me da miedo no hacerlo tan bien como en los entrenos –confesó él.

–En cada entreno lo hacías cada vez mejor, ahora solo tienes que pensar positivamente y confiar en que lo harás igual de bien que el resto de días –le aconsejó ella.

–Tienes razón.

–Pues claro que la tengo, ya lo verás –le aseguró ella, depositando un beso en su mejilla.

Las pocas horas que quedaban hasta las cinco de la tarde pasaron volando, y antes de que pudiera pensar en ello, Draco ya se encontraba en el campo de quidditch haciendo cola junto a los demás candidatos a buscador.

Luna le había dado un beso de buena suerte antes de subir a las gradas para animarle. Y estaba seguro de que aquel beso de verdad iba a darle la suerte que necesitaba, aunque en el fondo tratase de tener confianza en sí mismo y en su propio esfuerzo y mérito, siempre le ayudaba sentir que Luna hacía que todo fuera a mejor de una manera u otra.

Este año Blaise Zabini era el capitán del equipo de Slytherin, y Draco notaba un sensación extraña en su estómago, no estaba seguro de si Zabini sería imparcial con él en la prueba, al fin y al cabo era de los pocos Slytherin que todavía le toleraba, y quizá pensar en eso era lo que estaba evitando que se pusiera aún más nervioso.

Uno a uno todos los participantes que estaban delante de Draco en la fila fueron haciendo su demostración en la prueba, y tuvo que reconocer que había gente muy prometedora haciéndola, pero aquello no debía desmotivarle, sabía que él podía hacerlo mucho mejor.

–Malfoy, te toca –le informó Zabini.

Draco se subió a su escoba, dio una patada en el suelo y se alzó en el aire. Esperó a que Zabini liberase la snitch dorada, aguardando a su señal para que la prueba comenzase.

La prueba comenzó en el momento en que Zabini hizo sonar su silbato, indicándole a Draco que ya podía comenzar a buscar la snitch. Se aferró al mango de la Nimbus 2001, tratando se mantener al margen sus nervios y las mariposas en el estómago, centrándose completamente en vislumbrar la snitch.

Con rapidez comenzó a trazar círculos en el campo, poniendo su completa atención a cada pequeño detalle que podía percibir con la vista.

En un par de minutos dio con el destello dorado de la snitch, que huía por detrás de una de las columnas en lo alto de una de las gradas cerca del campo contrario, voló a toda velocidad, extendiendo su diestra y atrapándola con mayor rapidez que en todos sus anteriores entrenos.

Aquello quería decir que había tardado menos de cinco minutos en finalizar su prueba, y en su opinión, lo había hecho mucho mejor que en todos los entrenos, incluso mejor quizá que el día que compitió contra Potter –sin contar la parte en la que entrenaba con alguien más–, no quería hacerse ilusiones, pero tenía la sensación de que iba a estar dentro del equipo.

Aterrizó junto a Zabini, entregándole la snitch dorada.

–Muy bien, Malfoy, lo has hecho genial –le felicitó Zabini con una pequeña sonrisa.

No quería pensar en que Zabini estaba siendo simplemente amable con él, estaba completamente seguro de que lo había hecho bien; había hecho una prueba digna para entrar al equipo.

–El domingo colgaré en el tablón de anuncios a quién he seleccionado, gracias por participar –comentó Zabini.

Draco caminó hacia la salida del campo, no queriendo ver cómo lo hacían el resto de participantes por si se llevaba un chasco con su propia prueba.

Luna le estaba esperando ya en la salida del campo, y cuando Draco se aproximaba a ella, Luna corrió y se tiró a sus brazos para darle un abrazo.

–¡Lo has hecho muy bien! ¡Ha sido una prueba fenomenal! –le felicitó ella.

–Muchas gracias, cielo. Estoy seguro de que ha sido gracias a tu beso de la suerte.

–Entonces me aseguraré de darte siempre uno antes de que comience un partido, en el que obviamente, tú estarás participando –aseguró ella, besándole de nuevo.

–Eso espero –dijo él, volviendo a besar a Luna, aunque con una sonrisa de por medio de aquel tan feliz beso.

De veras esperaba que Luna tuviera tanta razón como siempre solía tenerla.


El domingo había llegado. Y Draco no se atrevía a salir de la sala común. Se quedó delante del retrato de Newt Scamander, como si le hubieran enganchado los pies al suelo con pegamento.

–¿Qué ocurre? –preguntó Luna al salir de su habitación y verle allí plantado.

–Me da miedo ir a ver los resultados, ¿Y si no me han seleccionado? –cuestionó él, con la preocupación palpable en su voz.

–¿Y si sí te han seleccionado? Nunca lo sabrás si te quedas aquí para siempre –bromeó ella tratando de que Draco razonase consigo mismo.

Tardó unos segundos, pero finalmente entró en razón.

–Es verdad, tienes razón. Pero no puedo hacerlo solo...

–Entonces no lo hagas solo –dijo ella extendiéndole su mano–. Nunca tendrás que hacer solo algo que te asuste, te lo prometo. –le aseguró Luna, ayudándole a salir de la sala común.

¿Qué habría hecho para ser tan afortunado?, se preguntaba Draco.

Ambos salieron de la sala común con las manos entrelazadas y se dirigieron hacia el tablón de anuncios junto al Gran Comedor.

Un montón de alumnos de Slytherin ya estaban apiñados junto al tablón, algunos decepcionados al ver que no habían sido seleccionados y algunos otros aún con la esperanza de que fueran los elegidos.

Draco y Luna se acercaron con calma al tablón, intentando hacerse un hueco para poder leer el anuncio que Blaise Zabini había colgado en él.

Draco respiró hondo, y finalmente se atrevió a leer el anuncio:

''En nombre de todo el equipo de quidditch de Slytherin, yo, Blaise Zabini, capitán del equipo, informo que el participante seleccionado para ser el nuevo buscador del equipo será:

Draco Malfoy.

El siguiente entrenamiento será el próximo miércoles después de las clases.

Gracias a todos los que habéis participado.''

Draco leyó todo aquello con la boca abierta. ¿Era real? ¿No estaría leyendo mal?

–¡SÍIII! –exclamó Luna dando saltitos– ¡Felicidades, Draco! ¡Sabía que te seleccionarían!

Las palabras de Luna resonaron en su mente, haciéndole ver que todo aquello era real, que de verdad le habían seleccionado para ser el buscador de Slytherin.

Ambos salieron de entre el pequeño gentío de alumnos y cuando Draco comenzó a ser completamente consciente de que iba a volver a jugar a quidditch una sonrisa se apoderó de su rostro y estalló en una feliz carcajada.

–¡Me han seleccionado! No me lo puedo creer –dijo él con alegría, abrazando a Luna y levantándola en volandas, riendo ante la feliz situación– No lo podría haber conseguido sin ti, muchas gracias, Luna –le agradeció, volviendo a dejarla en el suelo pero sin soltar su cintura.

–No hay nada que agradecer, ha sido todo mérito tuyo y de tu esfuerzo.

–Pero, ¿Quién me animó a ello?, ¿Quién me ayudó a entrenar?, ¿Quién me sugirió que le pidiera ayuda a Potter? Ha sido todo gracias a ti, si no me hubieras ayudado con todos esos pequeños empujoncitos no habría llegado hasta aquí, así que no te quites el mérito que mereces –Le dijo él, depositando pequeños besos en su rostro.

–Bueno, entonces me alegro de haber sido de ayuda –reconoció ella.

–Todo lo bueno que he estado logrando en los últimos meses, ha sido gracias a ti; gracias por apoyarme siempre, gracias por no perder nunca la esperanza en mí, gracias por ayudarme a alcanzar poco a poco todos mis sueños.

Draco pensó que quizá no era el lugar más bonito para decir aquello; que Luna merecía escuchar aquellas palabras en un lugar que estuviera a su altura, y que quizá era demasiado pronto para decirlo, pero en ese preciso instante, sentía que era el momento indicado para dejar que su corazón tomase el mando una vez más.

Tomó el rostro de Luna entre sus manos, y fijando su mirada con la de ella; tratando de decirle aquello tanto con el corazón como con la mirada, finalmente consiguió articular aquellas dos palabras:

–Te quiero –dijo Draco desde el fondo de su corazón, y una sonrisa de oreja a oreja se formó en su rostro, sintiendo que finalmente se sentía mucho más ligero al haberle confesado aquellas palabras cargadas con todo el amor que sentía por ella.

Luna posó sus manos sobre las de Draco y le dedicó una mirada llena de adoración. No dudaba de sus palabras, pues ella se sentía de la misma manera. Contagiándose de su sonrisa y con una lágrima que amenazaba con derramarse sobre su mejilla, Luna besó a Draco como si su vida dependiera de ello, y al separarse finalmente le respondió:

–Yo también te quiero.

Ambos sonrieron, aliviados de haber dicho por fin lo que sentían; sintiendo como si hubieran vuelto a confesar de nuevo sus sentimientos por el otro.

Al separarse, Draco le ofreció su mano a Luna, y ella la tomó encantada, entrelazando sus dedos. Los dos se dirigieron al Gran Comedor en busca de sus amigos para darles la noticia de que habían seleccionado a Draco.

Y aunque Draco se sentía extremadamente feliz por haber entrado en el equipo, nada podía compararse a la felicidad que sentía al saber que Luna le correspondía completamente; que junto a él, tenía a quien sin duda, era el amor de su vida.


¡Por fin! Aquí tenéis el nuevo capítulo. Siento haber tardado tanto en escribirlo, entre las últimas clases del curso y todos los trabajos que nos han encargado durante el verano para el siguiente curso, me ha costado mucho ponerme a escribir cuando tenía tiempo libre, pero me alegro de haber hecho un pequeño esfuerzo y haber podido terminarlo.

En cuanto a mi salud mental, estoy mucho mejor, muchísimas gracias a todos los que os habéis preocupado por mí. Si no fuera por vuestros comentarios y ánimos a que siga con esta historia, estoy segura de que no estaría tan motivada para continuarla. Mil gracias a todos.

Espero que éste capítulo os guste. Me encantaría escuchar vuestra opinión y si os ha gustado o no.

Nos vemos en la siguiente actualización (Que espero, sea mucho más pronto que las anteriores).