-Veo que pierdes el control otra vez- miraba muy fijamente con sus ojos dorados, él parado y ella amarrada, se quedó un rato viéndola- Bien si no hay otra opción usare esto- menciono mientras abría su mano frente a la joven adentro había una flor de loto en cristal y lo fue acercando a ella mientras se seguía descontrolando, al estar a unos centímetros de su rostro se quedó viéndola, la flor que estaba en su mano se la incrusto en el pecho, en ese mismo instante ella fue volviendo a la normalidad mientras que aparecía una estrella totalmente negra en su frente.

-¿Qué fue lo que hiciste?-preguntó muy asustada al no saber qué era lo que había pasado con ellos y sobre todo al no saber que era esa flor de cristal.

-El escudo de tu espada fue roto, lo que hice fue un antiguo método que tranquilizara tu poder demoniaco, ahora todo depende de ti- mencionó mientras aparecían Rin y Jaken, Rin fue a curar a Inuyasha mientras que Jaken se fue con Sesshomaru para ver si encontraban más respuestas a todo este misterio.

-Ka…go…me- fue la voz de aquel chico que la hizo voltear a donde se encontraba él, se quedó viendo sus ojos dorados, estaba feliz que siguiera vivo.

-Inuyasha- ella lloró, apenas podía pararse, cada acción que hacia le provocaba mucho dolor, poco a poco se fue acercando a mí, puso sus dos manos en sus mejillas y secaba con sus dedos las lágrimas que salían de sus ojos-Lo siento, lo siento mucho Inuyasha-fueron las palabras, las únicas que le salían por la boca en ese momento.

-Esto no es tu culpa-dijo con un gran esfuerzo-¿Kagome?-pregunto al ver que sus ojos se cerraban muy lentamente- ¡¿Kagome?!-seguía diciendo cada vez con más y más desesperación mientras la sacudía-¡Rin! ¡¿Que le hizo Sesshomaru?!-le grito a la pequeña que se encontraba atrás suyo.

-El señor Sesshomaru dijo que le ayudaría a recordar algunas cosas- mencionó mientras se quedaba dormida la joven y hacia pasar al joven hanyou dentro de la cueva pero algo lo detuvo y en vez entrar se dirigió al bosque al oler el aroma de su primer amor.


RECUERDOS DE KAGOME

Abrí mis ojos muy lentamente, me encontraba tirada en un campo de batalla, me faltaba mucho el aire, intente pararme, pero no podía. Vi mi cuerpo tenía un traje de batalla oscuro con el símbolo de la estrella negra, el traje estaba compuesto con mucha armadura y estaba totalmente lleno de heridas que cada vez se hacían más y más grandes ¡No entendía nada! me empecé a arrastrar y al ir más adelante observe como unos youkai peleaban; otros ya estaban muertos en el campo. A lo lejos vi algo totalmente sorprendente un youkai en forma de perro tenía el símbolo de la media luna (Inu No Taisho) y otro que estaba con forma de tigre y tenía el símbolo de estrella de 6 puntas (Byakko). Estos estaban peleando con… -sus ojo se cerraron de golpe y cuando pudo volver a despertar estaba en otro lugar.

Desperté y al abrir los ojos me encontraba en un bosque con mucha neblina, todo se veía muy tétrico pero mis ojos lograron identificaron a una figura mientras se iba acercando a mí. Era un hombre alto, cabellos negros, piel blanca y tenía la figura de la estrella negra en su frente. Él tenía parecido el traje de Inu No Taisho solo en este era de colores oscuros: negros, plomos y con una mejor armadura, al verlo me sorprendí, la única la palabra que se me venía al verlo era…

-¿Papa?- dije esas palabras fueron las únicas que me salieron, el youkai solamente me sonrió y por instinto hizo que yo también sonriera mientras iban apareciendo unas pequeñas lágrimas en mis ojos, se arrodillo dónde estaba y puso su mano en mi mejilla acariciándola suavemente y limpiando las lágrimas.

-Kagome-con su mano fue recorriendo totalmente mi cara Hija, esto solo es el comienzo ¡Ten cuidado! Esto aún no ha terminado. Perdóname haberte echo todo esto…- dijo cambiando completamente su rostro a uno más triste y preocupado- Tu poder es más grande de lo que crees y tienes que intentar controlarlo o alguien podrá salir lastimado. En las manos de él y tuyas está el destino de todosaco sus manos de sus mejillas, voltio y se alejó.

-¡Papa! ¡Papa!- grite intentando seguirlo pero era inútil, era como si estuviese corriendo en el mismo lado, sin avanzar, poco a poco aquella silueta fue desapareciendo, esa fue la última imagen que vi antes de despertar.

-¿Qué fue lo que recordaste?-dijo acercándose a ella hasta estar a unos centímetros de su cara.

-Vi… vi a mi padre –se sintió nerviosa por el gran acercamiento de Sesshomaru pero al nombrar a su padre vio que la cara del youkai cambio. No se había sorprendido, acaso ¿Él sabía algo que ella no?

-Y… ¿Viste al mío, verdad?- pregunto él sin sorpresa. Ella se sorprendió ya que él tenía una idea de lo que pudo haber visto.

-Si… en una batalla- en ese momento Sesshomaru corto la cadena la ataba ya no era necesario, al menos no por ahora.


KIKYO

Al divisar el ambiente oscuro que se originó en el bosque no dudo en ir, no sintió presencia alguna lo cual era raro. Al adentrarse más se toparía con alguien que nunca hubiera pensado encontrar.

-Kikyo, que bueno verte- dijo con su típica voz confiada y sonriendo, esta vez sí era él en carne y hueso.

-¡Naraku!- apuntó su flecha y no dudo en disparar pero no le hizo absolutamente nada- Mi flecha se fundió en su cuerpo ¿Qué está pasando?- pensaba ella pero no pudo percibir el siguiente movimiento de Naraku. Él simplemente con sus tentáculos atravesó su hombro derecho.

-Que lastima, pensé que esto sería más interesante pero me equivoque ¡Adiós Kikyo!-dijo mientras se marchaba, ella se arrodillo y se recostó en un árbol mientras cerraba los ojos. Pero algo hizo que los abriera, una voz conocida para ella.

-Kikyo…-susurro mientras se acercaba a aquel árbol.

-¿Inuyasha? pero ¿Por qué? ¿Qué haces aquí?- interrogó la joven sacerdotisa mientras volvía a pararse.

-Tu olor me guió hacia acá ¿Quién te hizo esto?-dijo acercándose a ella hasta estar a unos centímetros.

-No es nada grave y esto lo hizo Naraku, estaba vez parece que ya no puedo hacerle daño- menciono mientras se retiraba entre los arboles pero la mano de Inuyasha la detuvo y la jalo hacia él.

-Ahora ella es tibia, ha vuelto a hacer la misma que hace mucho tiempo- pensó Inuyasha mientras abrazaba a Kikyo, la miro unos segundos más y se acercaron en un beso lleno de pasión.

Me separe de él, aunque no quería hacerlo, como extrañaba estar cerca.

-Adiós Inuyasha…-dijo y me fue creando un campo de energía para que no siguiera su olor, él se quedó allí parado viéndome hacia la nada.


MIENTRAS TANTO EN LA CUEVA

-Si… en una batalla- en ese momento Sesshomaru corto la cadena la ataba ya no era necesario, al menos no por ahora.

-Entiendo-dijo aun sin quitar su mirada de ella lo que hizo que un sonrojo apareciera de parte de ella pero en ese mismo instante salió Rin de la cueva.

-Señor Sesshomaru ¿Y el joven Inuyasha?-pregunto preocupada-Aun no sanan sus heridas no debería moverse-dijo volteando una y otra vez a todos los lados buscándolo.

-Se fue cuando se sintió la presencia de una sacerdotisa - dijo Sesshomaru sin interesarle mucho, la lluvia comenzó a caer y a cuestión de segundos estábamos completamente mojados. Sesshomaru entro a la cueva y a unos pocos minutos salió.

-Ponte esto- dijo Sesshomaru mientras le entregaba muy cuidadosamente en unas bolsas antiguas un kimono. Ella entro a la cueva y abrió las bolsas, el kimono tenía un tono morado en los hombros e iba bajando su tono a blanco a Rin también le dio uno y la llevo junto a Jaken a una aldea para que este segura. Sesshomaru y la joven estaban solos, ambos sentados de la misma manera pero ella se quedó viendo a colmillo blanco preguntándose ¿Por qué?

Continuara.