Al momento, dos personas entraron en la cocina, lo que provocó un silencio selpulcral. Entró Temari con decisión y la seguía una tímida Matsuri. Gaara las miró un instante y enseguida agachó la cabeza para contemplar así el fascinante mundo de una lata vacía entre sus manos, evitando en la medida de lo posible el hecho de sonrojarse, sin embargo se mostraba muy ceñudo. Kankuro casi escupe el sorbo que estaba dando a su nuevo refresco pero no pudo evitar el atragantarse (Temari también lo sabe) fue lo primero que se le vino a la cabeza. La verdad es que Temari estaba muy seria, apretaba mucho los labios y sin decir nada fue a la nevera a coger otro refresco para ella y otro para Matsuri. Esta última estaba tremendamente nerviosa y su cara parecía un tomate, miraba a Gaara de reojo, no parecía la Matsuri de hacía un rato, cuando estaba con él en el baño.
Ambas se sentaron también a la mesa.
- Matsuri comerá hoy con nosotros, espero que no os importe. Así celebraremos su llegada – dijo Temari remarcando bien la palabra "celebraremos" mientras miraba inquisitivamente a Gaara.
El único que parecía disfrutar con toda aquella situación era Kankuro, el cual miraba indistintamente a Matsuri y a Gaara por si mostraba alguno una mínima evidencia de los hechos acontecidos en el cuarto de baño. Lo que sí estaba claro es que Temari parecía también saberlo, y más después de haber dicho así esas palabras.
Enseguida todos tenían sus respectivos platos en la mesa y se dispusieron a comer. Pero nadie se atrevía a decir nada, la tensión en el aire casi se podía cortar con tijeras. Tensión que tan solo provocaba Temari con su gesto, ya que de reojo miraba a su hermano menor, parecía querer decirle algo pero ninguna palabra llegaba hasta sus labios.
Finalmente, Gaara rompió el silencio:
- ¿Te ocurre algo, Temari?
Esta ya no podía más, y reventó haciendo la pregunta que rondaba por su cabeza, allí delante de todos. Miró un momento a Matsuri y luego se dirigió a su hermano.
- Al menos... habréis tomado medidas¿no? – soltó sin más mientras Kankuro escupía lo que estaba comiendo.
La pobre Matsuri iba resbalando cada vez más en la silla, quería esconderse debajo de la mesa y que la tierra la tragase. Pudo apreciar casi sin mirar que Gaara la fusiló con la mirada brevemente.
Como nadie decía nada, Kankuro intentó resolver la situación.
- Oh vamos... Temari ¡dales un respiro¡son jóvenes!
- Precisamente por eso, Kankuro, precisamente por eso.
Curiosamente, ambos hermanos mayores comenzaron una discusión sobre qué era mejor para Gaara y Matsuri, pero estos últimos no decían ni palabra y evitaban mirarse, hasta que...
- ¡Basta ya! – Gaara se puso en pie.
De repente sus hermanos se callaron y vieron aquella expresión que antaño tanto temían. El Kazekage se mostraba terriblemente serio y cruzó los brazos, miró a Matsuri un instante para luego dirigirse a sus hermanos.
- Seguís tratándome como si fuese un niño y... ya no lo soy. Me tenéis harto. – y dicho esto se marchó.
Ninguno se atrevió a replicar. Un sentimiento de culpabilidad se agarró en el pecho de Matsuri. Ésta se levantó enseguida, disculpándose, obviamente para ir en busca de Gaara.
En la cocina, Kankuro comenzó a discutir de nuevo con Temari.
- En fin, estarás contenta, ya le has cabreado.
- Pero Kankuro es que... ¡alguien debe de mirar por su bien!
- Lo sé Temari. Pero el otro día fue su cumpleaños¿recuerdas? Ya es mayor de edad y por lo tanto...
- ¡Ah claro! Ya es mayor de edad... ¡tema resuelto! – exclamó Temari con sorna. – Eso no es una excusa Kankuro. Además recuerda que él es nuestro Kazekage, por lo que no creo que sea bueno que se meta en algún lío personal.
- Temari, es un ser humano, aunque sea el Kazekage, necesita esto¿no lo entiendes? Venga... dale un respiro ¿quieres? Estoy seguro de que sabe lo que hace.
- Tú siempre estás defendiéndole – Temari se levantó – Bah, estoy perdiendo el tiempo – y se marchó.
Matsuri fue de un lado a otro buscando a Gaara, fue a su despacho, por diferentes estancias y por los patios... ya sólo le quedaba un sitio donde mirar, el tejado.
Como era su costumbre, el Kazekage miraba hacia el infinito horizonte, sumido en sus pensamientos, el aire azotaba su ropa y su melena rojiza. Matsuri se acercó tímidamente por su espalda, pero luego lo pensó mejor y se dio media vuelta.
- No espera, no te vayas... No quiero estar solo.
La kunoichi se dio la vuelta, ahora el Kazekage la estaba mirando, no guardaba ningún rencor en sus ojos.
- Te estaba buscando... Gaara-sensei.
El Kazekage hizo lo que pareció una mueca de sonrisa.
- Me hace gracia que te dirijas a mí aún así, pues ya no soy tu profesor.
- Para mi siempre lo serás – acertó a decir Matsuri.
Ambos se apoyaron entonces sobre la barandilla y contemplaron la aldea frente a ellos, la vista era como siempre, magnífica. Pasaron unos segundos pero ninguno hablaba, dejaron que el viento azotase sus rostros. Pero Matsuri no podía contenerse por más tiempo, pretendía disculparse.
- Yo siento mucho, lo de antes, no se que me pasó... es que...
- No te disculpes – interrumpió Gaara – Ahora está bien así.
Pero Matsuri quiso continuar.
- Tu hermana sólo mira por tu bien y yo no quiero que haya problemas por mi culpa. Además es gracioso, ni siquiera llegamos a... en fin que no pasó nada.
Entonces al decir eso Gaara dejó de contemplar la aldea para mirarla directamente a los ojos.
- ¿Qué no pasó nada? Matsuri, para mi fue totalmente suficiente. Y sinceramente, me alegro que Kankuro se equivocase al indicarte donde estaba. Con respecto a Temari, en fin supongo que es normal que se preocupe ahora tanto por mí, después de todo, pero al final tendrá que comprender. Es curioso, ella ahora actúa como la madre que nunca llegué a tener.
- Al menos ahora tienes a tus hermanos, pero yo... – Matsuri agachó la cabeza, recordó como murieron asesinados sus padres y una lágrima recorrió su mejilla. Una mano cálida se poso en ella para secársela.
- Me tienes a mí.
Matsuri abrió mucho los ojos y entonces miró hacia el frente, sintiendo de nuevo los cálidos labios del Kazekage sobre los suyos.
Mientras tanto, a tres días de distancia, dos ninjas se preparaban para salir en misión hacia Sunagakure.
- Vamos date prisa¿por qué te paras ahora a comprar?
- No te pongas pesado, es que quiero llevarle un regalo a Kankuro y tú deberías también de llevar algún detalle a su hermana.
- Oh vamos¿para qué? Todas las mujeres sois iguales, que problemático...
