[He tardado muchiiiisiimo, pero tenia la sensacion de que necesitaba escribir mas para poder finalizar otro capitulo. En fin, aqui esta nn Espero que os guste y dejad reviews O
RECUERDOS
Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac….
Las tres agujas del reloj se desplazaron simultáneamente, señalando las 3 am. De forma instantánea el reloj situado sobre la mesilla emitió un parpadeo azul y en cuestión de segundos volvió a la normalidad.
-¿En que piensas Sayuri?-una figura negra cruzo la habitación, que aunque permanecía sumida en una oscuridad absoluta, se pudo apreciar como alzaba un libro y observaba la portada.
La joven de 16 años ladeo la cabeza para mirar su reloj digital y sin responder a la pregunta se acurruco contra la almohada. Parecía no importarla el hecho de que aun estaba vestida con las ropas del colegio.
-Anubis.-el sonido de su voz rompió la tranquilidad de la habitación.-¿Crees en los presentimientos?.-pregunto tras un largo silencio. Tenía los ojos abiertos y la mirada perdida, otorgándole a su rostro una expresión ausente. A simple vista parecía relajada, aunque el cansancio había hecho mella en ella.
-Depende.-el Shinigami se encogió de hombros.-Sayuri ¿No deberías de dormir?.-pregunto aproximándose a ella.-Si no duermes mañana te harán muchas preguntas sobre tu aspecto y no rendirás adecuadamente.-apunto.
Sayuri suspiro y se sentó en el borde de la cama.-Debería, pero no puedo dormir.-chasqueo la lengua mientras se quitaba los calcetines.-¿Pero desde cuando te has convertido en mi asistente de imagen Anubis?.-pregunto mas animada haciendo una pelota con los calcetines y tirándoselos al Shinigami. Este no se inmuto, el único gesto que hizo fue enarcar una ceja.-¿Sabes? Ya me ha entrado el sueño.-comento bostezando y desperezándose -aunque mas bien parecía que estaba rezando algún tipo de oración extraña, porque entre que bostezando no se la entendía nada y que estirándose se asemejaba a un ritual Africano para que lloviera, podía haber pasado por una troglodita-
-Sayuri, no hagas eso un publico porque pensarían que les has echado un mal de ojo.-Anubis centro su atención en la mochila de la chica.-Aun no la has hecho.-dijo dándose la vuelta para mirar la puerta del baño, tras la cual se encontraba actualmente la joven.
Sayuri no respondió. Su expresión pasó a ser algo mas fatigada, un observador atento pudo ver la sombra de nostalgia que paso por sus ojos. Cuando salio del baño llevaba puesto un pijama bastante holgado, su rostro se veía algo demacrado, teniendo en cuenta que sus ojos estaban surcados por ojeras. Una vez hizo la mochila aparto las sabanas y la colcha de su cama y se arropo con estas al tumbarse de lado, de cara al despertador.-Iba a decirte que me recordabas a mi madre.-confeso.-Pero he recordado…-cerro los ojos y se acomodo entre los calidos y confortables tejidos.-Que yo no tengo madre.-Segundos después Sayuri yacía profundamente dormida. No obstante, ella no soñaba, no podía llamarse así a lo que pasaba por su mente. A pesar de estar dormida le daba vueltas a lo ocurrido esa tarde en la Universidad, lo referente a Elle y Light. Tenia la certeza de que ambos se escondían tras una mascara, ocultaban su verdadero yo. Uno era tan… extraño y el otro un asesino que conocía al chico raro. No podía haber evitado la sensación de que de una forma u otra su destino estaba ligado con el de esas dos personas. No sabía hasta que punto estaba en lo cierto.
"Conoce mi nombre."
No era una hipótesis, tampoco una posibilidad, era un hecho constatado y la certeza de que no podía negarlo lo aterraba. No por ello dejaba de ser menos interesante, habría sido divertido de no ser porque intentaba arrestar a un asesino de identidad desconocida, que con tan solo conocer el nombre y mantener contacto visual con su victima podía asesinarla. Con semejante panorama tan poco alentador no pudo hacer otra cosa que ahogar sus penas en chocolate, mas concretamente en una deliciosa tarta que parecía estar implorando "cómeme".
De cuclillas sobre un sillón, el detective más famoso del mundo y a la vez el de más difícil acceso revisaba unos informes facilitados por el equipo de investigación. Para ser sinceros, no prestaba gran atención a la información que tenia frente a el. No cesaba de preguntarse como diablos había conseguido saber esa chica su verdadero nombre, era inconcebible. Nadie lo conocía, absolutamente nadie. Siempre había sido reacio a revelar su nombre, de hecho nunca lo había hecho y no llegaba a entender como una adolescente lo sabia. No podía pedir al equipo de investigación que hiciera por el una lista con todas las chicas occidentales mayores de 14 y menores de 18 con sus fotos y su historia correspondiente hasta dar con la susodicha. Estaba más que claro que jamás se lo pediría, levantaría demasiadas sospechas, sobre todo por parte de Light, así que tendría que investigar solo, como siempre había hecho. En cierto modo agradecía que fuera así, si cometía algún error tan solo el seria el responsable, no tendría que cargar con el resto.
Inspiro profundamente y alzo la cabeza del montón de papeles amontonados sobre la mesa de café. ¿Qué haría cuando la encontrara? No había reparado antes en ello. Si había algo claro es que no seria fácil, no podía detenerla como a Misa, contando con la ayuda del resto del equipo. Cansado de estar sentado decidió incorporarse y pasear por la habitación.
-¿Dónde estas?-murmuro en voz alta mirando por la venta. A lo lejos el cielo comenzaba a aclarase. Los rayos de sol despuntaban al alba, tiñendo las nubes de distintas tonalidades de rojo y dorado. Desde el la ventana del hotel la panorámica de la ciudad era espectacular y digna de contemplar. Hace un par de días quizás se hubiera permitido perder un par de minutos para admirar aquel espectáculo, ahora mismo la idea se le antojaba cómica. Su vida pendía de un hilo.
Pipipipi, pipipipi, pipipi, pipi POF!
La mano de Sayuri cayó sobre el grueso botón del despertador azul oscuro y plata. Odiaba ese sonido, siempre lo había hecho y ahora, cada vez que lo escuchaba por las mañanas la sacaba de sus casillas. La única razón por la que tenía un despertador con un sonido tan estridente y que tanto la disgustaba era porque al menos así se aseguraba levantarse, aunque solo fuera para apagarlo y acabar con ese pitido molesto. Con un suspiro de resignación abrió los ojos. Todo estaba borroso y difuminado, cosas de levantarse con legañas.
Aparto las sabanas bruscamente con una mano, a su vez con la otra se restregaba un ojo perezosamente. Un poco más despierta se sentó en el borde de la cama tanteando con los pies en el suelo en busca de sus zapatillas. Somnolienta avanzo a tientas por la habitación completamente a oscuras. Era un misterio como conseguía avanzar sin chocarse contra nada.
Al cruzar la puerta del baño pego la mano a la pared y busco el interruptor. Al sentir la luz sobre sus ojos cerrados frunció el ceño y se acerco al lavabo molesta. Abrió el grifo del agua fría y después de empaparse las manos se mojo la cara por completo. Estaba helada.
-Has hablado en sueños.-una voz grave sonó a sus espaldas, sin embargo lo que la sorprendió no fue la voz, sino la información que transmitía. La escena se congelo durante unos segundos para finalmente volver al ritmo de siempre.
-¿Si?-murmuro secándose la cara con la toalla.- ¿Y que dije?-su voz sonó entre divertida e incrédula. No se creía que hubiera hablado en sueños, aunque una pequeña parte de si misma sabía que era cierto, Anubis no tenía una razón para mentirla.
El shinigami salio del baño y regreso con el uniforme de Sayuri. Lo dejo caer sobre los brazos extendidos de la joven y salio de la habitación esperando tras la puerta. Aunque ella era una humana atractiva y no le atraía, sabia que Sayuri se sentiría incomoda si permanecía delante mientras se duchaba y vestía.
-Dijiste algo como "no me olvidéis", muchos "no". También dijiste "Alejandra" y el resto no tiene sentido. Incoherencias.-Sayuri enarco una ceja pensativa mientras se envolvía en la toalla. No sabía que su subconsciente la traicionaran cuando estaba dormida. Uno de sus mayores miedos e incluso el único era que un día olvidara su nombre, se despertara por la mañana y no recordara como se llamaba en realidad: Alejandra. Su maldición personal y su mayor condena constituían a la vez su única salvación y mayor secreto: nadie excepto ella debía saber como se llamaba en realidad. Aun así no quería caer en el olvido, perderse en el constante flujo del tiempo.
Su rostro se endureció sin mostrar ninguna emoción al respecto. Cuando salio del baño completamente vestida no dijo nada, hizo la cama con parsimonia mientras permanecía absorta en su propio mundo. Cuando termino de ordenar un poco su habitación se colgó la mochila al hombro y fue hasta la cocina del amplio piso en el que vivían ella y su padre adoptivo. De vez en cuando iban hasta la mansión de las afueras, situada en una urbanización privada rodeada de jardines. Siempre habían vivido ahí hasta que murió su madre adoptiva, entonces se mudaron a la ciudad y tan solo visitaban la mansión de forma intermitente, como su refugio privado para mantenerse a salvo de la sociedad.
Al llegar a la cocina su padre estaba sentado en una silla tomándose el café mientras leía el periódico. Ni siquiera pareció reparar en que Sayuri había entrado a la cocina. La chica se acerco al frutero y copio dos manzanas. Sin mediar palabra salio de casa sin hacer ruido. Cuando el hombre alzo la cabeza enarco una ceja extrañado, Sayuri aun no había pasado por la cocina. Fue hasta su habitación para despertarla por si se había dormido. Se encontró toda la habitación ordenada y la cama hecha. No sabia como se las arreglaba la joven para pasar desapercibida, era como vivir con un espectro, un fantasma. Si había pasado por ahí no había manera de saber si solo había sido una ilusión o una ensoñación. Sacudió la cabeza confuso y volvió a terminarse su café. Nunca lo confesaría, pero había veces que prefería una adolescente alocada y alegre, alguien que insuflara algo de vida a esa casa gris. Suspiro, tenia que quitarse esas ideas de la cabeza.
Estaba distraída, lo sabía, así como también sabía que no debería de permitirse semejante privilegio, al fin y al cabo estaba en clase. Sus ojos dejaron de mirar el exterior, definitivamente sentarse al lado de la ventana era un inconveniente si quería prestar un mínimo de atención al profesor. Con un ahogado suspiro de resignación ladeo levemente la cabeza, dedicando al resto de sus compañeros una rápida mirada, no era la única que estaba deseando que el timbre sonara para poder irse a casa.
Apoyo la barbilla en la palma de la mano. Sinceramente la revolución Rusa no es que la interesara mucho ahora mismo, tenia cosas más "interesantes" en las que volcar su atención. Además, aunque no tuviera un dilema mental su estomago se estaba comiendo a si mismo y los parpados la pesaban por no haber dormido apenas.
Sus alargados dedos rozaron con sumo cuidado la tapa del cuaderno rojo que descansaba frente a ella, al lado del libro de historia. Frunció el ceño indecisa, no sabia lo que haría con el. Abrió la tapa y repitió el gesto de antes, pero esta vez la yema de sus dedos se deslizo por unas finas letras.
"Yagami Light"
Descendió un poco mas hasta que rozo la elegante caligrafía que indicaba la dirección -que imaginaba-, seria la de su casa.
¿Qué hacer? No había dejado de darle vueltas al asunto, de resaltar los pros y los contras, acabando con más razones por las que no ir a devolvérselo. Pero¿y si de verdad necesitaba el cuaderno urgentemente?
Suspiro pesadamente. No tenía ganas de volver a encontrarse con un asesino por muy guapo que fuera, aunque mirándolo desde otro punto de vista ¿Acaso no era ella otra más? Acabo con dos de las esposas de su padre adoptivo, cierto que fue por su propio bien y el de ella, no se sentía culpable por lo que hizo, los planes de aquellas dos arpías eran mucho peores que los de la propia Sayuri. En cierto modo fue mejor así, pero ¿Y si a el también le había pasado algo similar? Chasqueo la lengua molesta, una parte de su conciencia no cesaba de defenderle, así que dejo esa hipótesis como "probable".
El timbre sonó de pronto sacándola de sus ensoñaciones. Nunca imagino que escuchar el estridente sonido de ese cacharro viejo la fuera a hacer tan feliz. Cuando salio de clase ya tenía ideado su plan de acción y no tendría que perder el tiempo ultimando detalles. Definitivamente le devolvería el cuaderno, pero no seria ella quien se lo entregase. No quería correr el riesgo de que la vieran merodeando por los alrededores de la casa de Light, así que iría a la Universidad del otro día, dejaría el cuaderno en recepción alegando que lo había encontrado tirado al lado de un banco nada mas entrar cuando ella tan solo venia a pedir unos panfletos informativos.
Tan solo quedaba por pulir un detalle¿Cuando? Lo mas cómodo seria solucionar el embrollo cuanto antes y desembarazarse de el lo antes posible, preferiblemente hoy mismo. No obstante no estaba segura de si la daría tiempo para ir a comer a casa a la hora estipulada por su padre, transmitida a la asistenta. Aunque si se retrasaba siempre podía llamarla a casa desde el móvil, excusándose por su tardanza al hacerla creer que de camino se había encontrado con una vieja amiga y el tiempo se les paso volando a ambas mientras hablaban.
Seria lo mejor para todos.
En vez de subir al autobús que la dejaba cerca de casa cruzo la calle. Un par de billetes de metro después y uno de tren se encontraba de camino a la Universidad.
-Sayuri
…
-Sayuri
La joven se removió en sueños incomoda, por lo demás, no dio muestras de prestar las mas mínima atención a la voz que la llamaba. Era consciente de que por educación debería de responder, pero estaba cansada de hacer lo correcto y por una vez se permitiría el soberano lujo de ignorar esa dichosa voz.
-Sayuri
Esta vez el tono de voz poseía un matiz de impertinencia y cansancio. No quería despertarse, no deseaba abandonar el maravilloso sueño en el que permanecía sumida.
-Sayuri.
Se acabo. Esta vez no aguantaría mas, tenia que hacer callar esa voz a toda costa, era una molestia demasiado grande para poder pasarla por alto. La bomba iba a explotar, llevándose consigo todo lo que encontrara por delante.
-¿¡Se puede saber que demonios quieres!?
Se sorprendió a si misma de pie, gritando al hombre que se sentaba a su lado y que o bien por el miedo o por el susto permanecía encogido en su sitio. Algo no cuadraba. ¿Dónde estaba? Miro en derredor y lo que vio no la gusto en absoluto. Se encontraba en un autobús repleto de gente que la observaba con pavor, como si fuera una fiera escapada de un zoo o una psicópata loca contando la historia de su fantasiosa vida.
-No he parado de llamarte. Iba a decirte que ya habíamos llegado, pero ¡Cielo santo¡Eres peor que la bella durmiente!
Los ojos de Sayuri se detuvieron en el origen de la voz que tantos problemas la estaba ocasionando. Anubis se encontraba suspendido en el aire sobre la cabeza rubia de una chica menuda, de nariz prominente y ojos negros. La sonreía con suficiencia, era evidente que se encontraba a si mismo irremediablemente gracioso y que la escena le parecía de lo mas cómica.
-¡Cállate!-le espeto con desdén.
¿Qué la ocurría¿Por qué se comportaba de esa manera tan brusca? Ella nunca había perdido los nervios de esa manera y menos ante los comentarios del Shinigami. La chica rubia desvió sus corrientes y achicados ojos negros fingiendo un repentino interés por sus zapatos. De nuevo había vuelto a meter la pata.
Sin saber bien que decir o hacer miro por la ventana del autobús. Los jardines y el imponente edificio que constituía la Universidad de se alzaban frente a ella esperando que cruzara sus puertas con los brazos abiertos.
Se giro lentamente dispuesta a salir al pasillo del autobús y poner fin a todas las miradas ávidas que se centraban en ella. Al pasar al lado del hombre de antes este se encogió aun más si cabe y se cubrió la cabeza con las manos. No pudo evitar estirar el brazo e intentar rozarle, no obstante, antes de que pudiera si quiera tocarle se puso a temblar. Desvió la mirada avergonzada.
-Yo… lo siento, no era mi intención. Mis disculpas.-esto último lo dijo digiriéndose a todo el autobús. Estaba convencida de que cada uno de los presentes contaría lo ocurrido a sus familiares a la hora de cenar. Seria una anécdota de lo más divertida.
Al salir del vehículo comenzó a andar con nerviosismo por los jardines previos a la inmensa escalera de piedra y a las grandes puertas de entrada. Estaba abochornada, peor aun, avergonzada. Se había humillado públicamente ella solita, sin la ayuda de nadie.
Pero lejos de ser la única anomalía del día había un hecho que la preocupaba y no tenía nada que ver con su repentino patinazo social.
Lo normal habría sido que el embarazoso suceso de hace tan solo unos minutos hubiera permanecido en su mente de forma constante, recordándola incesantemente su penosa actuación. Es curioso, pero no era así.
Pensaba en lo que había soñado, en que había sido tan importante como para que no quisiera despertar y que la había hecho reaccionar de aquella manera al verse obligada a abandonar su idílico sueño.
Recordaba unos ojos… grises.
Probablemente más tarde se acordaría de más.
Un trazo por aquí, otro por allá. Un poco de sombra en esta zona, se difumina esta otra. Una nueva línea mas y…
-Yagami Light¿podría decirme que dos bloques de alianzas se crearon en la primera Guerra Mundial?
Era la voz del profesor, de eso no cabía duda. Sintio como las punzantes miradas del resto de sus compañeros de clase se clavaban en su nuca, hizo caso omiso de estas y se limito a responder con total naturalidad.
-La triple alianza y la triple entente o simplemente entente, es decir, "amigos".
No pudo evitar pensar en que la gente de la primera guerra mundial tampoco se estrujo demasiado la cabeza a la hora de pensar nombres. Aun así era curioso el segundo nombre. Amigos. Tenía gracia que se llamaran así un grupo de países que hasta hace poco tiempo habían estado destrozándose mutuamente.
El profesor asintió con la cabeza satisfecho de que su alumno predilecto mostrara conocimientos que no habían sido tratados hasta ahora. Entre tanto el joven reanudo su despreocupada tarea. Apoyo la cabeza sobre la palma de una de sus manos mientras con la otra sujetaba el lápiz. Al mirar al cuaderno unos ojos penetrantes le devolvían la mirada.
Era… era ella.
La chica con la que se choco hace unos días. Sin querer había dibujado su armonioso rostro, incluso las pecas. No faltaba detalle, indudablemente era ella, no podía tratarse de otra persona. En el dibujo el viento azotaba sus cabellos, los cuales se entrelazaban entre pétalos de un cerezo próximo.
-Vaya, no sabia que dibujaras tan bien Light. Deberías dedicarte a ello.-una extraña sonrisa cruzo el rostro de su interlocutor.- ¡Anda! Pero si es esa chica con la que te chocaste.-el shinigami dejo escapar una risita.-Ay, nuestro Light se nos ha enamorado.-comento con voz teatral.
-Cierra el pico Ryuk.-murmuro entre dientes.
Por una vez no entendía nada, cosa que le desagradaba en grado sumo. Se le sumaba el hecho de que de lo último que tenia ganas es que un shinigami sumido en el aburrimiento le tocara las narices en mitad de una clase de historia.
-Sayuri.-rozo el rostro de la chica con la yema de los dedos.- ¿Qué me has hecho?-no había abierto la boca en ningún momento, todo aquello no eran mas que pensamientos, sin embargo, estaba aterrado.
