¡¡Wola!! Ciertamente tengo problemas con la página o.o, no me deja subir capis. Es raro, con el de intercambios me pasó lo mismo y una historia, la de mi querido ginecólogo, a desaparecido o.o. Espero me deje subir este capi n.n.

Besitos n.n.


Capítulo4:La jefa en casa.

La lluvia caía con gran fuerza, rompiendo cualquier posibilidad de coger un coche o cualquier otro transporte. Se frotó los oscuros cabellos y miró de nuevo el reloj. Las manecillas apuntaban justamente las once de la mañana y con la oscuridad que había en el exterior, bien podrían ser de la noche. Ya se había cansado de oir que aquella era la peor tormenta jamás vivida en japón, por ello, la televisión y la radio permanecían totalmente apagadas. No eran necesarias para darse cuenta de lo que sucedía tras los cristales de su lujoso apartamento.

Sí, lujoso. Cuando su madre se había enterado de que iría a japón a estudiar y trabajaría para alimentarse, se preocupó de buscarle una casa, ya pagada para que no tuviera que encargarse de la hipoteca. Se podría decir que se sentía con suerte en ese tema. Si su padre no fuera diferente. Un vicioso de revistas porno, pero buen hombre al final.

El apartamento constaba de tres habitaciones, dos de ellas con camas de matrimonio y una, ubicada como estudio. Un gran salón, una cocina, tres armarios empotrados y por último, un lavadero. El baño... Bueno, el baño formaba parte de otra habitación.

Desbió la mirada hasta el telefono inalámbrico que reposaba sobre el mueble bar. Momoshiro hacia tres horas que había llamado, informándole de que no habría trabajo por una inundación en el bar. Antes de que por su mente pasara alguna queja sobre su jefa, él respondió con una voz claramente divertida, que Sakuno volvía a encontrarse de viaje junto a Ann y le era imposible hacerse cargo, por ello, Tezuka Kunimitsu y Inui Sadaharu, serían los recomendados mientras tanto.

Le hubiera gustado mirar por un pequeño agujerito la cara de ambos hombres. Seguramente, estarían tan fastidiados en su camino al lugar, como lo hubiera estado él si hubiera tenido que ir. Sonrió ufano. A veces era bueno ser un simple empleado y nada predilecto de la jefa.

¿Nada predilecto? Podía ser. Hacía tres semanas que no la había visto. ¿Quizás estaba dolida por su rechazo a tener sexo? Por una vez que era "amable" con una chica, esta le esquivaba. Tampoco es que le importara razonablemente, él tenía su vida y mientras continuara en la universas estudiando poco a poco, aunque fueran cursos, o en el club de tenis por libre, todo iría bien. Al menos, su apetito sexual, de el cual no se preocupaba en gran demanda, estaba saciado.

Cabía la posibilidad de que aquella mujer fuera algo circe, pero por su pasado, algo podía comprender. Era vengativa y eso conllevaba su comportamiento. Especialmente, a la hora de tratar a los hombres, si lo único que había aprendido en la vida era que todos terminaban alzando su colita a la primera de cambio, no era normal que la chiquilla sintiera ascos. Desde luego, le encataba probocar y no era raro que los hombres respondieran, así como las mujeres.

Suspiró. Definitivamente era una chiquilla con buen cuerpo, que pese haber recibido un fuerte golpe, se alzaba simplemente para reclamar venganza. ¿Qué haría cuando la cumpliera¿Se encerraría en un zulo de por vida? Aquello solo sería de zoquetes, aunque claro, qué podía saber él que no había vivido una experiencia como esa.

Sin embargo... lo sentía. Apretó el puño izquierdo, como si estuviera tentado a golpear algo o alguien. Pero tan solo fue recoger aire. ¿Por qué tendría que entromerse? Cierto que el día que se enteró estuvo que se subía por las paredes, pero no era por ella. Era por ese cerdo hijo puta que se había librado de tanta mierda. ¿Cómo podían existir tanta gente corrupta aún? No lograba entenderlo. ¿Qué la humanindad no había adelantado su tiempo? Pues parecía que no. Seguían cometiendo los mismos errores una y otra vez.

Él mismo era hombre, podía sentir deseos de tomar a una mujer en cualquier momento, pero jamás se le ocurríría ir a por su hija, si es que alguna vez tenía alguna y para eso era muy difícil,o prima. ¿Tenía deseos? O bien tenía mujer o novia, o bien una prostituta, a lo cual, él se negaba rotundamente, seguiría con su firmeza en algo "nuevo y limpio".

El sonido de el teléfono rompió sus pensamientos, los cuales estaban apunto de terminar en algo peor que razonamientos. Descolgó con desgana y lo sujetó son su hombro derecho, mientras cerraba las cortinas.

-¿Quién?- Preguntó.

-¿Estás en tu casa?¡Oh, menos mal!

-¿Quién eres?- Cuestionó preocupado. Aquella voz no le sonaba para nada.

-Lo verás si abres la puerta de tu casa-. Declaró melodiosa aquella voz.

Frunció las cejas. ¿Acaso sería una mujer vengativa por arrancarle su virginidad? Imposible. Todas se había entregado con las ideas claras. Abrió el agujero de la mirilla y sus orbes se abrieron incrédulas. Tiró el telefono sobre el sofá y abrió la puerta, sujetándose a ella.

-¿¡Tu estás loca!?

-Bueno, muchas personas me lo dicen, pero nunca gritando-. Protestó la joven frotando sus oidos en molestias-. Encima que te he preparado comida.

-Ryuzaki-. Gruñó en un suspiro-. ¿No te habías ido de viaje?

-En él estoy-. Afirmó riendo maliciosamente-. ¿Es que nadie conoze este lugar, es el mejor para que me esconda.

-¿De quién?- Preguntó cediéndole entrar.

-De mi misma-. Declaró Sakuno señalándose.

Ryoma cerró la puerta, apoyando su frente sobre esta y negando con la cabeza. Era imposible que la persona que había estado ocupando su mente sin razón, se encontrara en esos momentos, totalmente empapada, con dos bolsas de comida y una sonrisa triunfal en su rostro. Era broma¿Verdad?

Se volvió, pensando que no estaría, que todo se debía a una ilusión, pero no, era real al cien por cien. Millones de gotas rodaban por el sinuoso cuerpo femenino, deslizándose de los largos y húmedos cabellos. Negó con la cabeza y caminó con paso firme hasta ella, obligándola a soltar las bolsas y arrastrándola hasta el baño. Le lanzó uno de los arbonoces, junto a una toalla pequeña.

-Dúchate y sécate-. Ordenó-. Pillarás una pulmonía. Una mujer de negocios no tiene que comportarse así.

Ella guardó silencio y él abandonó el aseo. No pensaba quedarse ahí ni loco. Si esa mujer era atractiva con ropa¿cómo sería sin ella¡Ni pensarlo! Esperó pacientemente, la señal de que el cerrojo había sido puesto, mas ésta no llegó. Cerró los ojos descansado al sentir como el agua corría por la duchera y ruido creado por ella. ¿Tanto confiaba en él que ni se encerraba?

"Es tu casa. Sabes como moverte por cualquiera de los lugares".

Idea aceptada. Si realmente quisiera hacerle algo, ni el pestillo de la puerta resistiría. Ya lo había roto una vez por su madre, podía volver hacerlo. Caminó hasta el salón, recogiendo las bolsas y sacando la comida. Caliente y envuetas en diversos cuencos de metal. Sonrió.

-Comida china-. Susurró.

Miró la puerta de el baño, por el cual se podía ver pequeñas olas de vapor saliendo y una suave voz entonando una melodía que de algo le sonaba. En silencio, y con algo de desgana, preparó la mesa. Siempre para uno y ahora, para dos. Volvió su ver hacia las cortinas cerradas y el flash de un relámpago irrumpió sus ideas de que la joven se marchara tras comer.

Se dejó caer sobre el sofá de cuero y recargó su espalda en él, enterrándose en la dura comodidad. Tras él, la puerta se abrió finamente y creyéndole dormido, sintió como la joven caminaba hacia él. Su sombra se reflejó en sus párpados y gruñó.

-¿Qué quieres?- Preguntó sobresaltándola. Abrió los ojos y se rascó la cabeza-. Es temprano para comer, pero tengo hambre. Comamos.

-Como mande el gruñón-. Sonrió.

La observó. Portaba su albornoz, demasiado grande y en lugar de tapar, ocultaba más. Se sentó sobre la silla, cruzando su pierna izquierda sobre la derecha y como lo más natural de el mundo, comenzó a comer. Se tapó la boca con una mano y señaló el baño.

-He puesto mi ropa con la tuya, para lavarla.

-Hn...

-Me pregunto qué pensarán tus vecinos cuando vean ropa de mujer tendida-. Se burló.

-¿Acaso te crees que yo soy un cura con el boto de castidad?-Preguntó con una sonrisa torcida-. No seas incrédula. Le duela a quien le duela, no soy el típico tio que espera sentado.

-Me lo imaginaba-. Aceptó ella sin borrarsu sonrisa-. Es más, cuando comenzé a pasarte a las noches, creí que un dia u otro, aparecería una de tus novias con un bazoka en mano y gritando por todas las mujeres que te has acostado.

-No creo que ninguna lo haga-. ¡Oh, dios! Estaba hablando demasiado-. Es más probablemente, si quisiera, podría llenarte el local y ni la mitad sería virgen.

-¿Tanto has vivido?-. Curioseó-. ¿Es que no se os agotan las pilas¡Seguro que serías un buen actor porno!-. Rió-. Aunque-. Rodó la boca en una mueca de asco-. Son horribles.

-Hn... ya veo que te interesan-. Sonrió pícaramente-. Tengo alguna de mi padre, si quieres verla...

-¡No!-Exclamó negando con las manos-. ¡Es imposible que yo aguante hasta el final!-. Alzó un dedo en anotación-. Es que... La tía finge que te cagas.

-¿Segura que finge?- Preguntó incrédulo-. Deberías de probarlo realmente para saber si finge o no.

-Según he leido, ciertos hombres se excitan demasiado y no llegan a cumplir sus espentativas. Tanta promoción no debe de ser buena.

-Los tios que aparecen en esas películas son normales y corrientes.

-¡Venga ya!-. Exclamó negativamente-. ¡Seguro que tu no puedes correrte tantas veces!

-Estoy comiendo como para pensar en correrme ahora-. Protestó en ansias de comer en paz y que no siguiera picándole. Tenía un límite y ese albornoz lo estaba bajando con fuerza-. Come y calla.

-Pero es que quiero hacerte muchas preguntas, por ejemplo¿es cierto que todos teneis un testículo más caido que otro?

Dejó los palillos sobre el plato, cruzándose de brazos y mirándola atentamente. Realmente la chica hacía esfuerzos por hablar de este tema. Entonces comprendió. Suspiró.

-No he estado con otros hombres, me gustan las mujeres, pero seguramente, sí.

-¡¿Vas a responderme!?-Se animó la joven asombradamente feliz.

-Venga...-. Apremió no muy convencido. Tener una charla de sexo era... peligroso.

-¡Bien!-Gritó aferrándose a la mesa con las manos-. ¿Ready?¡Go!¿A qué edad empezastes a... correrte?

-Eyacular-. Corrigió-. Eres una chica, deberías de ser más fina-. Arrugó las cejas pensativamente-. Ni idea. No recuerdo.

-¡Jo!-Protestó Sakuno arrugando la boca-. En fin..-. Suspiró-. ¿Es cierto que teneis el pene deforme?

-¿¡Qué chorrada es esa!?-Exclamó incrédulo-. Cada cual lo tendrá como quiera.

-¿El tuyo lo es?-. Se interesó con picardía.

-Lo siento, prohibido relacionarme con clientas, y una vez lo fuiste-. Respondió maliciosamente.

-¡Está bien!¡Siguiente!Veamos... ¿Es cierto que cuando dormiis os... quiero decir, eyaculais?-Se rió al recordar la corrección.

-Expecialmente en la adolescencia-. Contestó algo molesto por las burlas-. Siguiente.

-¿Te masturbas?

Si hubiera tenido algo en la boca, seguramente estaría descansando en el rostro curioso de la chica. Cerró los ojos y se cruzó de brazos, afirmando con la cabeza.

-Increible...-. Murmuró sorprendida-. Eso sí que no me lo esperaba...

-¿Algó más?-Preguntó molesto-. Señorita curiosa. ¿No te vendría mejor ver una peli?

-¡Qué nooo!-. Negó molesta-. Veamos... ¿Qué más puedo preguntar?¡hm!Se me acaba de ocurrir una buena.

-Dispara.

-¿¡Eres de eyacular precozmente!?

-¿¡Eso es una afirmación o una pregunta!?- Exclamó señalándola-. Porque jamás me ha pasado, señorita lista.

-Era un pregunta...

-Ah, bueno.

-Sigo-. Dijo dudosa. Él afirmó-. ¿Quién tiene que tomar la iniciativa?

-¿Qué importa eso?-. Preguntó incrédulo-. Que las chicas os habeis aconstumbrado demasiado a ciertas cosas.Vosotras también podeis "atacar".

Ella se silencio, confusa. Ryoma sonrió. Realmente no tenía ni idea. Seguramente, hasta ese momento, no había sido consciente de que provocaba más de lo que ella desearía.

-Sigue.

-Sí... Veamos... ¿Cuánto te mide?

Ahí estaba de nuevo, las preguntas trampa. Se alzó, volviéndose hasta el sofá y tirándose sobre este de lado, dándole la espalda.

-Se acabó el interrogatorio.

-¡Eso es que la tienes pequeña!- Se burló la chica en grandes risotadas.

-¿Qué pasa, que cuando el día está chungo te vuelves una loca de el sexo?

-¡Picha corta, picha corta!

Se artó. Alzó lentamente su cuerpo, acercándose hasta ella y tomándola de las manos. Sin necesidad apenas de esfuerzo, la sentó sobre el sofá.

-Tu quieres pruebas, las tendrás-. Aclaró molesto-. Para tu información, no sé cuanto mide, pero corta no es.

Deslizó los pantalones lentamente, quedando desnudo ante los hambrientos y curiosos ojos castaño. Sakuno tapó su rostro avergonzada, permitiendo que entre sus dedos, sus ojos vieran completamente el panorama. Pero no tardó en taparse la boca, alzarse y correr hasta el baño, vomitando la poca comida que había degustado. Se acercó hasta el lugar, con los pantalones ya subidos, y se recargó en el marco de la puerta.

-¿Por qué te esfuerzas tanto en hablar de esto si no puedes? -Preguntó.

-Porque quiero gustarte...-. Respondió tras escupir una última arqueada-. No quiero... que me veas tan solo como alguien super ficial. Te conseguí el primer día, te fijaste en mi y... desde que te enterastes de estos, cambiantes. Si hablar de sexo me hace ser un poco más tu amiga, me basta... aunque heche la primera papilla que me dió mi madre.

-Estúpida-. Murmuró. Se acercó hasta ella, arrodillándose a su lado y acariciando la castaña cabellera-. Para ser mi amiga, no necesitas eso, solo tienes que estar.

Sakuno se volvió, aferrándose a su ropa con fuerza y escondiendo el rostro entre la camisa azulada, semiabierta a fuerza de su agarre. La atrajo de los hombros, para extrecharla con sumo cuidado. ¡Parecía una muñeca de porcelana!¡En cualquier instante se podría romper! Sin embargo, algo cálido y repugnante le hizo apartarse.

-Te poté encima-. Gimoteó-. Lo siento.

Torpemente intentó limparle, pero lo único que logró fue marearse, suerte que a tiempo la recogió. Parecía la escena de una pélicula de baile, sujeta por un simple brazo y estirada cuan larga era, mientras que él intentaba compensar el peso con sus piernas y mano libre. En ese caso, intentaba que la papilla de comida expulsada no se pegara al cuerpo femenino.

-Niña tonta-. Gruñó.

-.-.-.-.-.-.

La luz se había cortado, regresando a las siete. Durmió durante esas horas en el sofá, resultándole la mar de incómodo y entonces se llamó imbécil a si mismo. ¿Acaso no tenía una cama de repuesto? Ahora que había regresado, por puro aburrimiento, volvió a encender la televisión, sin ninguna mejora por parte de el tiempo. Bufó, estirando las piernas y parte de su espalda. El teléfono llamó su atención al sonar y casi lo tuvo que rescatar de entre los cojines que él mismo había estrujado.

-¿Si?-. Preguntó con voz soñolienta.

-¿Estabas durmiendo?

-¿Te pasa algo, Ann?- Preguntó evitando una respuesta obvia-. ¿Qué quieres? Lo siento, pero hoy no trabajo.

-No es eso-. Negó entre risas las chicas-. Además, estoy con Momoshiro, tal y como me aconsejastes.

-¿Y bien?

-Es mejor amante que tu-. Le picó la joven-. Es broma, no te enfades. Catalogar a un hombre como buen o mal amante parece dañaros en la fibra más sensible.

-...

-¡Venga, dímelo!-. Apremió Ann burlona-. Dime con tu típico bueno humor: "¿Para qué has llamado?".

-Paso.

-¡En fin!-Suspiró defraudada-. Te llamo para saber si por una mera casualidad, sabes dónde se encuentra Sa...

El teléfono fue arrancado con rudeza de sus manos y siguiéndolo, pudo ver a la castaña, con nua mano en su cintura, sujetando parte de el albornoz que descansaba cubriendo mitad de su cuerpo, mientras que la contraria, quedaba sútilmente descubierta.

-¿Quién te da derecho a llamarle a estás horas, Ann?-Preguntó la voz ronca de la muchacha-. Te prohibo que te acerques más a él-. Sonrió malicosamente-. Apartir de ahora, tan solo bailará para mi.

Se frotó los ojos, incrédulo. ¿Realmente esa mujer entendía lo que esas palabras podían llegar a significar si son mal interpretadas? Seguramente no, pues con toda la despreocupación se sentó en el sillón contrario a él, con una de sus piernas alzada y permitiendo que la falda de el albornoz se entremetiera en sus piernas, protegiendo su intimidad a cualquier vista. Finalmente, cuando colgó se disculpó por usar demasiado el teléfono, olvidando lo anteriormente dicho.

-Por cierto¿Sobró comida?¡Me muero de hambre!

-Lógico, son las siete, a las ocho y media como máximo se suele cenar¿no?

-Uhm-. Pensó-. Es que yo generalmente como a todas horas.

-Como si estuvieras en tu casa-. Aunque no hiciera falta decirlo.

Definitivamente, estaba seguro de una cosa. Sakuno era de aquellas personas que vienen, molestan y cuando se van, dejan huella suficiente como para echarlas de menos. Por su mente pasaron las imágenes de aquella casa tan grande, de aspecto solitario y seguramente, con el gato como único acompañante. Le recordaba a él, pero en cualquier momento podía encontrar consuelo con alguna fémina disponible, además de que disfrutaba de la soledad, para qué negarlo. Pero, una persona que grita interiormente, que necesita que la saquen de esa soledad... ¿Cómo debe de sentirse dentro de aquella solitaria casa? Seguramente, el vacio sería más enorme y dolería más.

Estaba loco, completamente loco, pero...

-Sakuno-. Llamó.

-¿Hn?-Preguntó esta con la boca llena de fideos.

-¿Por qué no vienes a vivir aquí conmigo?

Silencio, un plato caerse al suelo y un cuerpo nervioso. Suspiró y frotó sus cabellos, inclinándose hacia delante y clavando sus codos sobre sus rodillas, las cuales movíó nervioso.

-No te estoy pidiendo en matrimonio. Tu estás sola en esa casa... y después de eso... no creo que sea prudente.

-Ya llevo muchos años viviendo así-. Protestó al creerse poco suficiente-. Además...

-La soledad te engulle en un sitio como ese.

-E...-. No logró protestar. Era cierto y él lo sabía-. Te molestaré mucho...

-No tiene por qué-. Respondió encogiéndose de hombros-. El piso es grande, dos habitaciones, tres armarios y un baño...

-Pagaré la mitad...

-Está pagado.

-¡Pues algo!

-Solo preocupate de vivir-. Aconsejó-. Te puedes trasladar cuando quieras-. Se estiró, alzándose-. Me voy a duchar.

-Ryoma...-. Le llamó preocupada-. Estás metiendo a tu jefa en tu vida-. Recordó.

-Lo sé. ¿Es peligroso?

-Igual tengo que despedirte...

-Entonces, me aguantaré-. Respondió encogiéndose de hombros.

Caminó hasta el baño, dejándola a solas. Se apoyó sobre la puerta cerrada y suspiró, golpeándose la frente. Su boca le había perdido y posiblemente, la lástima, la furia de imaginarse que tarde o temprano, aquel hombre volvería a encontrarla y si la volvía a encontrar sola, sería peor el remedio que la enfermedad. Aunque por supuesto, en el piso seguía sin estar segura, pero al menos, no tanto.

-.-.-.-.-.-.

La mudanza fue increiblemente, extraña. Tres malestas enormes repletas de ropa, una caja con ungüentos de belleza, champú, peines, y demás maquillajes. Dos bolsos con libros, al parecer la chica estudiaba y por último, las cosas de el gato, una maleta, un cajón para sus necesidades, collares, manta y por último, un neceser de limpieza. ¿Hasta los gatos tenían de esas cosas? No tenía ni idea de porqué, pero las tenían si estaban ahí.

Todo eso era lo que le esperaba cuando llegó de el trabajo tras finalizar los dos dias de vacaciones gracias a una gran tormenta y una estúpida grieta. El minino fue el primero en recibirle y amablemente, sin que nadie se diera cuenta, le acarició. Sintió unos pasos tras él, correr y detenerse a su espalda.

-¡Bienvenido!

-¿Yas has regresado?-Preguntó mirando todo a su al rededor.

-Perdona, es que estuve en clases, tenía examen, lo dejé todo por medio, luego, como has podido ver he tenido que ir al trabajo y tener unas cuantas reuniones.

-No tienes que darme explicaciones-. Interrumpió secamente-. Es tu casa.

Sintió la mirada de la chica en su espalda, pero siempre que volvía de el trabajo, necesitaba tranquilidad, por supuesto, ella no se la daría. Quizás sí fue mala idea meterla en su casa con esa bola de pelo que le había cogido demasiado cariño.

-Ey, Karupin-. Llamó al gató que le miraba desde la puerta de su dormitorio. Parecía buscar el mejor lugar para dormir, o, quien sabe, echar sus bolas de pelo-. Aquí no duermes, aquí no cagas y aquí no respiras, largo.

Sin embargo, el minino tan solo ronroneó, sentando sobre sus cuartos traseros, en una postura realmente galán, cerró sus ojos, dormitando e ignorando al humano. Ryoma arrugó las cejas en molestia.

-Hoy hasta el gato me ignora-. Suspiró.

Definitivamente, no había sido muy buen día. Momoshiro le había atrivillado a preguntas que ni comprendía la lógica de comida preferida, una clienta se había marchado sin pagar, otra, le había tirado el café ardiendo en sus partes, otra más, le había agarrado por completo su miembro mientras bailaba vestido de conejo, deseando no volver a ponerse nunca más ese traje, y la última, Osakada Tomoka, le había metido el dinero por el ojo izquierdo.

No, definitivamente no era un buen día.

-¡Ryoma!¡La cena ya está lista!

-Ni que estuvieramos casados-. Gruñó alzándose.

Caminó bostezando hasta el salón, deteniéndose asombraso. ¿Estaba alucinando?

-¿Qué demonios es toda esta comida?-Exclamó. Se veía realmente deliciosa.

-Ann me chibó unas cuantas recetas que te gustaban y logré cocinarlas.

-Así que por eso preguntaba Momo...-. Murmuró sentándose en la mesa-. Están compinchados...

-Espero te gusten.

Lentamente, y atormentando los nervios de la cocinera, cogió un poco de cada uno de los platos, obligándose a sentir deseos de repetir lo mismo. Realmente estaba delicioso. Pero no se lo diría.

-Mada mada dane-. Dijo finalmente.

Cuando estaba apunto de llevar otro trozo de comida hasta la boca, algo le golpeó la mano, obligando que los palillos cayeran en el plato, salpicándole de salsa. La miró incrédulo y enfadado, pero una sonrisa salió disparada, al verse la cara totalmente llena de salsa de la joven. No solo había recibido él. Pero no tardaría en quedar igual, puesto que la joven se rebotó, lanzando migas de pan sobre la cabeza masculina, seguida de salsa agridulce. En menos de un momento, comenzó una batalla de comida que avergonzaría hasta los niños más pequeños.

Finalmente, agotados, cayeron sobre el sofá, quedando sumidos en un lijero sueño mutuo. Quizás, y solo quizás, no era tan malo que se mudara por un tiempo a su casa.

-.-.-.-.-.-

Ann corrió hasta la puerta, dándose presumidamente los últimos retoques al escotado vestido azulado. Abrió la puerta con una sonrisa de oreja a oreja, con los ojos cerrados y extendiendo su mano.

-Por favor, caballero, lléveme hasta el cielo.

-Esto... Tachibana-San... ¿Al cielo se llega en metro?

Ann abrió los ojos incrédula, cubriéndose con las cortinas de la ventana cercana y mirando asombrada al muchacho frente a ella.

-¡Tu!

Continuará.


Notas autora:

Siento mucho no mriar las faltas, pero como no me va, no quiero tocarlo mucho.

Espero que algo se entienda u.ú.

¡Please alégrenme con sus rw!

¡Muchas gracias por los anteriores!

Me alegra mucho que les hiciera pensar n.n.

Besitos.

Chia,