Wolas! Aquí trayendo capi nuevo 3. Aunque estoy muy triste TOT. Solo tres personas me dejaron sus magníficos rw T.TEn fin, al capi:


Capítulo 5: El ataque de la jefa...

Bostezó, sintiendo el aroma a café por cada rincón de la casa. Caminó descalzo, sintiendo como Karupin enredaba su cuerpo entre sus piernas. Si no estuviera aconstumbrado al minino, hacia menos de segundos que estaría en el suelo de bruzes. Sintió los sonidos entonados por una dulce voz y regresó a la realidad. Sakuno Ryuzaki, su jefa, caminaba en un fino camisón de tela casi transparente, por toda la cocina.

-¿Ya has despertado?- Preguntó mirándole.

-Creo que no... Digo, sí-. Tartamudeó volviendo en sí-. ¿Qué haces?

-El desayuno.

Se sentó, dispuesto a deborar parte de toda la comida hecha por la chica y tardó verdaderamente poco en volver a sentir deseos de alagarla. Realmente cocinaba bien. Miró el reloj sobre una mesa suplente y frunció las cejas, alzándose y dejando la tostada sobre la mesa.

-¿Qué ocurre?- Preguntó ella confusa.

-Ducha-. Señaló-. Si llego tarde, fijo que me despiden.

Sakuno sonrió. Desde luego, no tenía en mente dejar de comportarse como siempre, tan solo porque su jefa se encontrara en su casa. Aunque estaba claro que muchas cosas habían cambiado. Una de las estanterias en las cuales tenía colocada perfume para hombre, había sido usurpada por diminutos botecitos de colonia femenina, y tenía que reconocerlo, olían demasiado bien. Por otra parte, el jabón también era diferente, dos cepillos de dientes descansaban dentro de un vaso cristalino.

-Demonios-. Maldijo rascándose la cabeza-. Esto es de locos...

Hasta ahora, muchas de las mujeres con las que se había acostado, habían amanecido al día siguiente, lavado su ropa y secado, pero jamás habían hallanado tanto. Cuando Momoshiro se enteró de aquello, declaró que había perdido. Posiblemente. Las mujeres y sus hallanamientos de morada.

Tras ducharse y vestirse, caminó hasta la salida, dispuesto a trabajar, o al menos, intentarlo. De repente, ambos móviles sonaron. Los dueños se miraron entre ellos, confusos. Descolgó, saliendo a la entrada, dejando privacidad a la castaña.

-¿Sí?

-¡Tio, tienes que venir al trabajo, pero ya!

-Ya estoy saliendo-. Informó en un bostezo-. No me des caña.

-Ryoma-. Llamó Momoshiro através de la linea-. Esta vez, no te lo digo en coña. Creo que tienes algo que ver...

Colgó. Si esta vez era otra de las bromas de el ojos lilas, se iba a enterar después. Apenas llegó el ascensor, una figura femenina jadeó a su lado, aferrando su brazo con fuerza.

-¡Ryoma!- Exclamó Sakuno-. Por favor, llévame contigo.

-¿Eh?

-¡Tenemos que llegar al local cuanto antes!

-¿Tu también¿Qué demonios ha pasado?

-¡Algo malo!

Arrastrado por la chica, se vió subido en su coche, conduciendo hasta el lugar. Nada más llegar, se esperaba que todo estuviera derrumbado, la policía o algo peor, sin embargo, nada de eso. Cuando entraron, se encontraron con una figura bailando sobre una de las mesas, expulsando al género masculino de el bar.

-¡Abajo!- Ordenó secamente Sakuno-. ¡Maldita sea, Kintaro!

-¡Sakuuuu!

Un joven pelirojo, alto, de ojos grisaceos, brillantes, una sonrisa amplia. Portaba un traje de ejecutivo grisaceo y se podría jurar que era de dias. Sakuno permitió que la abrazara, casi cayéndose al suelo de golpe. Lo aferró de el brazo, haciendo una reverencia ante los clientes y arrastrándolo hasta uno de los departamentos, inetando controlarlo, sin embargo, parecía tan imposible, hasta que un cubo de agua fria cayó sobre el personaje. Se volvió hacia Ryoma, molesta.

-Gracias, Echizen, por mojarme a mi también-. Protestó.

-Estaba en la trayectoria, señora-. Se excusó el moreno.

-¡Lo siento Sakuno!- Exclamó Ann apareciendo junto a Momoshiro-. ¡No me acordaba que Kintaro no puede beber!

-¡Por dios, Ann!-Exclamó Sakuno exhasperada.

-Madre mia-. Murmuró Kintaro señalando a Momoshiro hipando-. Te ha crecido demasiada barba, hip, Ann... tendrías que depilarte, hip, con una segadora, hip.

Sakuno golpeó sus caderas mirando a Ann de forma molesta.

-¿¡Lo ves!?-. Exclamó señalándole-. ¡Dice cosas incoherentes cuando está borracho¡Ha saber por qué ha venido a japón!

-Yo lo sé-. Afirmó Ann frotándose las manos-. Anoche él vino a mi casa. Fue a buscarte, pero al parecer no estabas.

Sakuno se sintió observada por los ojos azules de su amiga. Sabía que estaba en casa de Echizen, pero no que vivía allí. El peliverde tosió.

-Ni volveré-. Dijo finalmente-. ¿Y bien? Continua-. Apremió a su amiga.

-Pues me dijo que tu padre lo enviaba...

-¿Mi... padre?-. Preguntó asustada-. ¿¡Por qué!?

-¡No lo sé!- Exclamó Ann-. Estoy tan sorprendida como tu! Kintaro siempre ha sido el favorito de ese hombre y... que haya venido...

Todos dirijieron la mirada hasta el pelirojo, que finalmente, había terminado por quedarse dormido sobre uno de los sofares, con el culo en pompa y con la cabeza escondida entre los cojines. Se golpeó la frente ante el ridículo de esa postura y se acercó hasta el chico, señalando a Ryoma.

-Ayúdame, por favor-. Rogó-. Lo llevaremos a mi casa.

Obediente, recogió al muchacho y entre los dos, lo subieron hasta su coche. Sakuno ocupó la parte trasera de el automóvil, mientras que Ryoma manejaba en silencio. Tan solo los ligeros ronquidos rompían el silencio. Hasta que finalmente se quejó.

-Te recuerdo que soy camarero y bailarín. Un gigoló demandado, no tu chofer.

-Lo sé-. Suspiró-. Pero eres el único en quien puedo confiar-. Murmuró llevando una mano hasta su boca- .Él seguramente querrá acercarse a mi, si ha enviado a Kintaro...

No dijo nada. No podía. Seguramente, habría terminado maldiciendo a toda aquella estúpida familia y a aquel pelirojo tan afectuoso con la castaña. ¿Quién demonios era y qué tenía que ver con ella? Seguramente, si no hubiera seleccionado para acompañarla, ahora mismo estaría comiéndose las uñas. No se quedaba tranquilo y no comprendía la razón.

Detuvo el coche ante aquella cerrada casona, maldiciendo interiormente de nuevo a aquellas personas adineradas y que se creían los reyes de el mundo. Agradecía que su apartamente estuviera oculto de las miradas de ricos o ricas, puesto que aunque interiormente podría resultar un espectaculo, no era comparado con los millones de terrenos de jardín, casas de tres pisos e incluso cuatro.

Abrió la puerta de el acompañante, recogiendo el cuerpo de el pelirojo. ¡Demonios! Era más alto que él y pesado, aunque podría de sobras con aquel cuerpo inerte. Sakuno echó el asiento hacia alante, saliendo tras él y cerrando el vehículo. Caminó a prisa hasta llegar a la puerta, desconectar la alarma e indicarle una pequeña habitación. Ryoma frunció las cejas. ¿Acaso él no había sido arrastrado hasta el dormitorio de la chica¿Por qué el pelirojo terminaba en una habitación, claramente, de invitados?

-Aparta-. Ordenó friamente la chica.

Dejó paso al cuerpo femenino, observando todo desde lejos, apoyado en el quício de la puerta y cruzado de brazos y pies. Sakuno saltó sobre la cama, sentándose a horcajadas sobre el cuerpo masculino. Arrugó las cejas. ¿Qué demonios pensaba esa mujer? Observó como comenzó a sacar la casaka, seguida de la camisa, arrodillada y dejando una vista no muy poco sexy de ella desde su posición. Si aquello fuera una orgía, estaba seguro de que la chica estaba incitándolo a que la penetrara desde atrás. Volteó la cabeza, viéndola ahora arrodilla en el lado derecho de el cuerpo de el pelirojo, descendiendo los pantalones, seguidos de los calcetines. La chica ladeó la cabeza, apretando los labios con fuerza y claramente, aguantando una arcada.

-Ayúdame a llevarlo a la bañera-. Ordenó frotándose la boca-. Venga.

De nuevo obediente. Alzó el cuerpo desnudo sin ningún cuidado. Tal y como la joven había ordenado, dejó aquel cuerpo sobre el frio azulejo, tendido en el suelo. Sakuno lo apartó abriendo la llave de el grifo, por el cual, no tardó en salir agua helada. Mojó el desnudo cuerpo con frenesí e incluso cuando el joven despertó, escupiendo agua, continuó mojándole la cara.

-¿¡Qué demonios hacías bebiendo!?-Exclamó molesta-. ¡Sabes que no puedes hacerlo!

-¡Lo siento, Saku!- Se disculpó el chico.

-Yo de ti pararía, lo vas a matar por congelación-. Aconsejó el peliverde-. No creo que te convenga.

Sakuno cerró el grifo, mientras que Kintaro trepaba por la ducha, alcanzando una toalla y reliándosela, intentando encontrar algo de calor. Sakuno jadeó, apartándose el cabello de el rostro, señalándole.

-Te envia él¿verdad?-. Preguntó apunto de chillar-. ¿¡QUÉ DEMONIOS QUIERE AHORA!?¿¡Mi vida!?

-Saku, escúchame antes de enfurecerte más...

-¿¡Qué te escuche¿¡Para qué¡Siempre fue inútil hablar con vosotros¡Todos le creísteis a él¡Siempre! Me disteis la espalda... ¡Me insultásteis por todo!

-Sakuno-. Repitió paciente el pelirojo-. Yo no...

-¡Tu también!

El aire comenzó a faltar en su cuerpo, aferrándose a la ropa de Ryoma, con fuerza, sintiendo como sus piernas le fallaban. El peliverde se vió obligado a alzarla en brazos, guiándola hasta la cama cercana y posándola sobre esta. La arropó, recogiendo el traje esparcido por toda la habitación, regresando hasta el baño, donde se lo lanzó a su dueño. Kintaro miró atentamente.

-¿Quién eres?- Preguntó interesado.

-Echizen.

-¿Koshimae? Soy Kintaro Tooyama.

-¿Quién demonios es Koshimae?-. Preguntó el chico en un murmullo-. Da igual¿qué eres de ella?

-Mi primo-. Respondió Sakuno desde la habitación-. El hijo pequeño de mi tia paterna.

Miró atentamente al chico, que comenzaba a vestirse, temblando de frio. Ahora podía comprender el nerviosismo, las palabras de amargura de la chica. Ese chico pertenecía a la rama familiar de su padre, su estúpido y asqueroso violador. En esos momentos, también comprendió la razón de que Sakuno le eligiera a él como acompañante. Si aquel chico intentaba hacer algo, Ann no podría detenerle y las confianzas con Momoshiro eran las justas de empleado y jefa. Regresó hasta la habitación, sentándose en una de las blancas sillas, cubiertas con una tela grisacea en conjunto a lo demás.

-Sakuno, de verdad que tendrías que escucharme-. Murmuró el chico apareciendo de nuevo-. Yo no soy muy serio, ni respetado en la familia. Mi afición al tenis, en lugar de a la política o cualquier otra cosa no ayuda mucho, además de ser...

-Si ya-. Afirmó Sakuno alzándose-. Pero tu no acusaste "falsamente" a tu padre de violamiento. ¿Qué quiere que me digas?

-Esto-. Dijo el chico sacando un pequeño paquete de el bolsillo de la casaka-. Ten.

Sakuno tomó el paquete con temor, abriéndolo lentamente. Kintaro se movió sus pies, nerviosos, mientras que la chica leía aquella carta, la cual terminó arrugando entre sus manos, recogiendo el pequeño porta joyas y lanzándolo contra un espejo cercano. Kintaro recogió el objeto lentamente, mientras que Ryoma miró atentamente al chica.

-Sakuno...

-¡NO LO QUIERO!-. Gritó-. ¡NO QUIERO NADA DE ÉL!

- Pero si llevas sus genes, Sakuno-. Protestó inocentemente el chico.

Sakuno le miró incrédula, abriéndo la boca dejando escapar un gemido de frustación. Se alzó, corriendo hasta el baño y trasteando en el romi. Finalmente, apareció. Ryoma abrió los ojos sin poder creerse lo que estaba haciendo.

-¡SI QUIERE SU MALDITA SANGRE, QUE SE LA QUEDE!-.Gritó mostrando una cuchilla, guiándola hasta su cuello-. ¡YO NO LA QUIERO!

-¡Sakuno!-. Exclamaron ambos chicos.

Kintaro fue el más rápido, sin embargo, su fuerza lo único que provocó fue que ambos rebalaran con el agua, golpeándose ambas cabeza. Ryoma golpeó su frente, negando con la cabeza.

-Realmente nací con mala estrella.

-.-.-.-.-.

La enfermera pasó por tercera vez, solo que esta, se acercó a él. Se posicionó ante el peliverde, mirándolo de forma descarada y comprendió. Todavía llevaba el uniforme y en el se mostraba la insinia de el bar, conocido mayormente por mujeres. Sonrió, buscando dentro de sus pantalones y mostrándole un tarjeta, anteriormente entregada por Sakuno. Hacer propaganda venía bien.

-¿En qué puedo ayudarla?- Preguntó despertando a la mujer.

-¡Oh, sí, perdone!- Exclamó-. ¿Es usted familiar de estas dos personas?

-No-. Negó-. Simplemente estaba presente cuando sucedió. Por parte de el pelirojo no sé, señorita, pero Sakuno está sola... Su familia...

-Ya he notado síntomas en su escaner-. Murmuró una voz tras ellos-. Mi nombre es Atobe Keigo, soy el médico que ha atendido a sus amigos.

Extrecharon sus manos como saludo y la enfermera desapareció tras una simple mirada por el atractivo médico. Guió a Ryoma hasta la habitación donde descansaban los dos jóvenes y acarició sus sienes.

-La chica ha tenido un ataque de ansiedad. Las personas que han sufrido alguna experiencia traumática de jóvenes suelen tender a tenerlos frecuentemente.

-Intentó suicidarse-. Explicó simplemente. No pensaba contar nada. Era Sakuno quien debía-. ¿Es peligroso?

-Por supuesto que lo es-. Afirmó Atobe asombrado-. Si ninguno de ustedes hubiera estado ahí, la chiquilla se habría muerto. ¿Qué quería cortar?

-Su cuello...

-¡Oh, cielos!- Exclamó molesto el hombre-. ¿Y todavía duda?

Guardó silencio. Definitivamente aquel señor había desdoblado su interés hacia donde no iba.

-La hemos chequeado, simplemente sus constantes cerebrales son las que más nos preocupa. El chico está perfectamente, parece que tiene la cabeza bien dura-. Se burló-. ¿A que sí, Kabaji?

-Usu.

Ryoma miró tras la espalda de el médico, bastante alto comparado con él. De la nada, salió otro gigante, parecido a un gran gorila domado.

"Rey de los monos"-. Pensó.

-En fin, unos dias en observación la chica y el chico, cuando se despierte que se valla-. Sentenció-. Nada más. ¡Oh, bueno, sí!-. Recordó-. Ella tendría que ponerse bajo las manos de un spicólogo. Conozco uno muy bueno si su novio desea interesarse por ello.

Ryoma, que miraba la habitación, regresó su ver hasta el pelo morado, que sonreía, cínicamente al ser ignorado. Negó con la cabeza.

-Yo no soy su pareja sentimental-. Dijo.

Atobe le miró de arriba abajo,escondiendo sus manos dentro de los bolsillos de la bata blanquecina. Frunció las cejas al verse observado. ¿Es que acaso no le creía? No eran nada. En todo caso, simples compañeros de piso y...

-Es mi jefa-. Explicó finalmente.

-Demasiado joven para que sea tu jefa-. Replicó el mayor.

-Eso mismo digo yo.

-En todo caso, tan solo queda esperar a que despierte. La enfermera la tratará, así que no se preocupe.

Keigo seguramente esperaría algún "gracias" ó "muy amable", pero este jamás llegaría. Se adentró en la habitación, revisando con la mirada ambos cuerpos, tendidos sobre la cama y tan solo cubiertos por unas sábanas blancas, con la seña de el hospital. Caminó hasta el balcón, cerrando tras él. Sacó su movil y rápidamente el tono llegó tras marcar.

-Momo-. Dijo nada más sentir que descolgaban.

-Soy Ann-. Respondió la joven.

-¿Me equivoqué de núme...?

-No, es que lo tengo yo el móvil. ¿Ocurre algo, Ryoma?

-Sakuno está en el hospital con Kintaro.

-¿¡Quééééé!?

Podría jurar que necesitaría un buen oido nuevo. Seguramente, sus tímpanos fueron de entierro. Colgó el teléfono al no sentir ninguna señal para buscar entre su bolsilo, sacando la carta arrugada.

"Querida hija mia:

Seguramente, nada más leer esto, te enfadarás, gritarás y demás. Si es que te conozco demasiado bien. Sé de tus andanzas por tal de vengarte por algo que no hize. Sakuno, necesitas ayuda spicológica, hija mia. Yo no te toqué. Deberías de escucharme hasta el final. Simplemente, te dí un beso en la boca, como mi madre hacia conmigo. ¿Por qué dices que te hize tanto? Por favor, incluso alejastes a tu madre de mi... Recapacita, por favor.

Pd: Dentro de nada, asegúrate de estar lista para tu boda".

Arrugó las cejas. Era imposible. O bien el padre mentía, o bien, la hija. Suspiró, volviéndose lentamente hacia la habitación, deteniéndose preocupado.Un hombre estaba situado entre ambas camas, cruzado de brazos y mirando alternativamente a ambos. Entró, encontrándose con unos ojos rojizos,entristecidos, pero duros y cabellos cobrizos. Finalmente entró.

-¿Le puedo ayudar en algo?- Preguntó. Trabajar con clientes había servido de mucho.

-¿Quién es usted?- Preguntó el hombre.

-Eso tendría que decirlo yo.

-Soy Kureno Ryuzaki, el padre de Kintaro... O mejor dicho, el hombre que adoptó al chico. ¿Usted?

-Ryoma Echizen-. Respondió finalmente.

Kintaro se movió sobre la cama, entre abriendo los ojos. De golpe, se sentó sobre el mueble, mirando todo a su al rededor.

-¡Hijo!- Exclamó el hombre abrazándolo-. Finalmente despiertas.

-¿Tio?¿Qué haces en japón?

-¿Tio?-Preguntó Echizen alzando una ceja, ganándose las miradas de ambos. Kintaro frunció los labios.

-Es el padre de Sakuno...

-Y te ha seguido hasta aquí para encontrarla-. Terminó Ryoma cruzándose de brazos.

-Mi hija tiene problemas mentales desde que era pequeña, quiero llevármela de nuevo hasta mi casa-. Explicó el hombre.

-Ya¿Para volver a violarla?

-¡Oh!-. Exclamó ofendido el señor Ryuzaki-. Usted también ha sido engañado por su belleza y mentira. No la toqué. Los médicos verificaron mi cuartada o como se diga eso, además, usted no pertenece a la familia, no interrumpa nuestro encuentro.

Ryoma pestañeó sorprendido. Tenía razón. No era nada de la chica. ¿Por qué entrometerse? Se acercó hasta la puerta, dispuesto a salir, sin embargo, el control de constantes vitales comenzó a pitar de sobremanera, alertando a medio hospital. Se volvió, encontrándose al señor Ryuzaki cerca de la chica, susurrándole algo en el oido y cuando las enfermeras aparecieron, huyó.

-Cabrón...

Continuará...


Notas autora:

Bueno, pues aún triste, colgé el capi.

Espero que me dejen sus rw TOT.

Please.

Nos vemos en el próximo n.n.

Chia.