¡Hola! Aún me estoy recuperando¬¬. Solo me dejaron dos post. En fin. Si veo que este capítulo tampoco me dejan sus rw, lo borraré. No quiero molestarles con algo que no les guste...
Capitulo6: El amor no tiene razon.
Mierda, mierda y mierda
Dejó la copa con wiski sobre la mesa y se volvió, al momento en que sintió una de las miradas de reproche por parte de Momoshiro. Se acercó hasta él, cansado. Era la quinta de esa mañana. Las miradas le cansaban.
-¿Qué?-. Preguntó tosco.
-Ryoma, le has puesto la copa de Wiski a una niña de doce años, el plato de sopa a alguien que había pedido pescado y una flan en la cabeza a un hombre...-. Suspiró el ojos lilas-. ¿Qué demonios te pasa?
Suspiró, frotó sus cabellos. Desde luego, no podía estar tranquilo. Miró el reloj sobre la barra y frunció las cejas. Quince minutos para terminar el turno y un nudo en el estómago.
-Ann está con ella-. Volvió a suspirar el mayor-. No te preocupes tanto.
-No me preocupo-. Mintió mirándole seriamente.
-Ya, seguro-. Dijo sarcástico el moreno-. Ryoma Echizen jamás mostrará algo que no sea una sonrisa de superioridad a los demás. Sin embargo, por primera vez en su vida-. Añadió-. Está preocupado por una persona que no es él. Dime¿qué te ha dado la jefa?
-¿Un sueldo?-. Preguntó haciéndose el tonto-. Tengo mesas que atender.
Desde luego, Momoshiro no estaba tan desencaminado. ¿Qué demonios estaba sucediendo con él¿Desde cuando actuaba así? No lo comprendía. Pero se había vuelto pura monotomía.
-¡Koshimae!
Se escarrufó. Aquella voz gritona pertenecía al personaje que desde que llegó, no dejaba de nombrarle de forma diferente, muy seguro de que ese era su nomobre, y aparecía siempre dispuesto a que le llevara al hospital.
Kuso... no soy el taxista de nadie
-¿Ya terminaste?-. Preguntó el pelirojo dando vueltas a su al rededor.
-No-. Negó empujándolo sin cuidado de la frente-. Molestas.
-¡Venga, sal ya¡No se lo diré a Sakuno!-. Protestó Kintaro con voz infantil.
-Pero mi sueldo sí.
Entonces sí accedió el visitante a permitirle terminar su trabajo. Hacía ya una semana que estaba en esa situación. Aquel viejo imbécil le había tomado el pelo. Esos movimientos, haberse ido tan deprisa, tan solo lo culpaban. ¡Se había burlado de él para acercarse a Sakuno! Y lo peor de todo... había sido el caos que había creado en la chica, la cual, debido al shock, no había despertado aún. Desde ese día, iba a verla.
Aún recordaba aquella tarde...
Flas back.
Atobe Keigo lo arrastró al exterior junto al pelirojo, que no hacía más que gritar y molestar a las enfermeras. Se soltó de el agarre, mirando al médico molesto.
-¿Qué demonios ha pasado?-. Preguntó Atobe molesto-. Estaba estable y de repente a caido en un shock total.
-Su padre estuvo aquí-. Respondió Kintaro rascándose la rojiza cabeza-. Seguro que algo pasó... Tan solo le susurró en el oido.
-¿Qué?-. Interrogó el pelilila molesto-. ¿¡Qué fue lo que dijo!?
-¡No lo escuché!-. Exclamó por igual el atormentado visitante-. Yo... realmente no sabía que mi prima... estaría tan molesta con mi tio...
Atobe bufó, sentándose sobre la silla más cercana y mirándoles de arriba a abajo.
-Cuénteme la situación.
Sus orbes doradas declinaron la respuesta, sin embargo, Kintaro comenzó a relatar su propia versión, o al menos, todo lo que él había logrado escuchar de su prima.
-Al parecer, cuando era más joven, Sakuno dijo que mi tio había intentando abusar de ella sexualmente. Sin embargo, en el juicio, nadie creyó ese hecho y por ello, el resultado fue favorable para mi tio. La madre de Sakuno se marchó con ella, puesto... que al parecer mi tio la maltrataba o algo... Sakuno está obsesionada con que le hizo algo...
-Suficiente-. Cortó Atobe alzándose-. No quiero saber nada más. Me parece inapropiado por vuestra parte, sabiendo la delicadeza de la mente de esa joven y que permitiérais que ese hombre se acercara.
-¡Pero es que nada es cierto!-. Defendió firmemente Kintaro-. ¡Mi tio no la tocó¡Los médicos lo catalogaron!
-Los compraron-. Interrumpió mirando seriamente al pelirojo-. Existen médicos así.
-Yo no soy uno de ellos, pero-. Interfirió altanero el mayor-. Soy un médico respetable¿a que sí, Kabaji?
-Usu.
Suspiró. El médico, su gorila y el pelirojo. Todos estaban completamente locos. ¿¡Es que no se daban cuenta de la situación!?
-Esto... doctor-. Llamó Kintaro algo avergonzado-. ¿No se puede saber si Sakuno realmente sufrió esa agresión?
-¿Ahora?-. Preguntó desconcertado el médico-. Lo siento, pero sería imposible. Verás... tu prima puede haber mantenido relaciones con cualquier otro hombre durante estos años. Esta, sería la mejor escusa. No sé si me comprende.
-Sí... no serviría de nada ya...
-Doctor-. Llamó cansado Echizen-. Creo que ahora importa más el momento.
-Oh, sí. Tiene razón-. Recordó Keigo-. Veamos... tendré que tenerla en observación hasta que despierte y sin duda alguna, la quiero con un spicólogo cuando esto suceda.
-¿Y si ella no quiere?-. Preguntó con miedo Tooyama.
-Entonces, que dios os ampare soportándola.
-¿Y quien demonios es Dios?-. Protestó el peliverde en un gruñido.
Ambos hombres lo miraron extrañados. Se acercó hasta la habitación, quedándose en el marco. Era culpa suya. Si no se hubiera fiado. ¡Era claro que ese hombre perturvaba la mente de la joven¿¡Cómo podía haber sido tan necio!? Desde luego, no volvería a pasar. Estaba cansado. Alejarse sería lo mejor.
Fin de el flas back.
Vale, sí. Había dicho que no iría¿Verdad¿¡Entonces que hacía aparcando frente a la entrada de el hospital¿¡Por qué caminaba por la rampa y se adentraba en aquel edificio con olor a desinfectante!? No lo entendía.
Kintaro siempre terminaba guiándole hasta el lugar, acoplándose en su coche y hablando de tonterías. ¿Por qué el chico estaba tan enviciado con el manga¡Era puro dolor de cabeza! Al menos, tenía conversación de tenis y ahí sí se podía decir que hablaba con él. También le gustaba el deporte.
Caminó en silencio por los largos pasillos, dejando que su acompañante saliera corriendo, armando algo de barullo, pero¿qué más daba? No era su responsabilidad. Finalmente llegó a la habitación correcta. Encontrándose con un Kintaro pálido, aferrado al borde la puerta. Le miró, ladeando la cabeza y pasó a su lado, empujándole.
-Hola.
Se volvió, buscando los ojos de su acompañante, igual de sorprendidos.
-Sakuno-. Murmuró Kintaro acercándose hasta ella lentamente-. ¿Estás... bien?
-Um... Descontando que tenga los músculos entumecidos y tenga que ir por una temporada en silla de ruedas, sí-. Bromeó la joven-. ¿Por qué esas caras?
-Estuviste en shock-. Explicó Kintaro desconcertado-. Sakuno...
-Eso no fue nada, Kintaro-. Sonrió la castaña-. Ah, sí, señor Echizen.
El ojos dorados la miró alzando una ceja. ¿Señor Echizen¿De qué iba? Arrugó las cejas en molestía, acercándose hasta ellos. Ryuzaki le miró atentamente, con seriedad. Sin mirar, rodó su mano hasta la de su acompañante, aferrándola.
-Tengo algo que comunicarle-. Comenzó-. Quisiera que lo comunicara en mi local. Me ausentaré por un tiempo, ya que tengo que comenzar los preparativos para mi boda.
-¿Su boda?-. Interrogó atragantándose-. ¿De quién?
-Mia y de Kintaro. Nuestros padres han decidido unirnos en matrimonio. Disculpa las molestias dadas por mi parte y mi futuro marido.
El silencio fue lo único que reinó en esos momentos. Kintaro la miró confuso, pero sonrió, alabando que tomara esa reacción. Ahora comprendía. La carta. Llevó su mano izquierda hasta su cinturón, sacando de el bolsillo cercano aquella arrugada notificación y entregándosela a la chica.
-Enviaré un coche a recoger mis cosas-. Sentenció la chica-. Así no te molestarán cuando vayan...
-No será necesario-. Interrumpió seco-. Que sean felices.
-.-.-.-.-.-.
Tres días después. Universidad X.
-¡Venga, Ryoma¡No seas así!
Bufó. Sentía el peso de aquella joven en su brazo, mientras caminaban por los frondosos jardines de la universidad. Desde luego, tener que ir a hacer los examenes finales era cansado. Pero valía la pena. Tendría el día libre y tras terminarlos, podría regresar a su casa y dormir hasta la noche.
-¿Y bien?-. Repitió la voz femina.
-Está bien-. Aceptó-. Vamos.
-¡Pero se amable!-Advirtió temerosa.
Sonrió, ladeándose un poco hacia aquella joven de ver verdoso y cabellos negros extralargos. Tomó el mentón blanquecino, acercándola hasta él. Lo suficiente como para que sus labios casi se rozasen y con una sonrisa de superiorida, expresó:
-Yo siempre soy amable.
Un suspiro escapó de los labios femeninos y él simplemente se apartó, buscando en sus bolsillos las llaves de el coche. Maldecía tener que ser un galán para poder desfogarse sexualmente y por primera vez en tres días, se había vuelto a centrar en encontrar mujeres vírgenes. Aunque, contando con Ann, ya lo había roto. Pero seguía con aquel firme pensamiento.
Monótomo. Se podría llamar así. Sin embargo, aquel día no lo era. Se había olvidado por completo que las cosas de Sakuno todavía seguían en su apartamento, razón por lo cual, la joven acompañante le miró dudosa.
-¿Acaso quieres ponerle los cuernos a tu novia?
-No tengo-. Sentenció-. Si no quieres hacerlo, vete.
-No seas así-. Gruñó la joven melosa-. ¿Por qué no me dices que son de tu hermana?
Pestañeó. ¿Hermana? Bueno, tenía un hermano bastante raro, pero si le escuchaba llamarle "nenaza", seguro que estaría ahí mismo gritando. Sonrió sastifecho.
-Sí, son de mi hermana.
Pequeña venganza por sus torturas infatiles. Algún día le devolvería todas sus jugadas a Ryoga Echizen, su hermano mayor. Pero no tuvo más tiempo en pensar en él. Entre besos y tocamientos, terminó yaciendo con aquella joven.
Otra más...
Una virgen menos...
Miró el cuerpo bajo las sábanas y sonrió asqueado. Se odiaba a sí mismo siempre, después de aquella tarea. Sin embargo, al sensación de haber descargado su necesidad, era demasiado placentera como para arrepentirse de mucho más.
Volvió sus ojos hasta el reloj de la mesilla, que marcaba las diez y media de la noche. No tenía ganas de cenar, quería ducharse y dormir. Sin embargo, había tenido demasiada duración aquella sesión torpe de sexo por parte de la chiquilla. Tan solo tendría tiempo para una ducha rápida, despertarla, llevarla de regreso a su casa y si te he visto, ni me acuerdo. Así pues, comenzó su tarea.
Cuando finalmente llegó al bar, Momoshiro lo abordó.
-Creo que deberías de ir por otro lado-. Avisó.
-¿Por qué?-. Preguntó molesto.
-Sé que estás enamorado de la jefa y...
-¿Quién está enamorado de esa fiera?-. Interrogó irónico. Lo apartó adentrándose-. Suéltame, Momo-. Gruñó.
Liberándose de el agarre de el chico, se adentró. Desde que Sakuno se marchara y él mismo diera la noticia de su boda, todas las miradas comenzaron a caer sobre él. Al parecer se pensaban que algo sentimental había comenzado entre ellos, pero no fue así. No sentía nada por aquella mal hablada mujer, de armas tomar y cuerpo espléndido. Había aprendido a no querer ver en sus ojos lo que ocultaba, lo que necesitaba. Ahora, ella tenía otro hombro donde apoyarse y que no hubiera ido a buscar sus cosas, tan solo significaba que estaba demasiado ocupada en otras cosas.
-¡Koshimae!
Maldijo. Odiaba que le llamaran así y solo existía una persona que lo haría. Alzó la mirada, encontrándose con quien sabía.
-Tooyama-. Susurró para sí mismo.
-¡Al fin llegas¡Toma!
Alargó la mano por el tiró de el pelirojo, recogiendo en esta un sobre blanco con letras en relieve.
-Es la invitación para nuestra boda. Sakuno quería que te la entregara-. Rozó sus pelirojos cabellos con precisión.
-Demasiado rápido-. Murmuró Momoshiro. Él afirmó.
-Quiere casarse cuanto antes-. Explicó Kintaro-. Al parecer... algo ha pasado y no sé que es... De todas formas, espero que Koshimae venga a vernos-. Sonrió ampliamente, palmeando el hombro de el peliverde-. Ahora tengo que irme. ¡Adios!
Momoshiro observó junto a él como el muchacho se marchaba, sonriente y corriendo. El ojos lilas desvió la mirada hacia él, interrogante.
-¿Qué?-. Preguntó suspirando.
-¿Irás?
-Que remedio.
Definitivamente, aquel día no tendría que haberse levantando.
Dos semanas después...
Odiaba ponerse trajes. Especialmente, para celebraciones que le aburrían. ¿Una boda un acto precioso en el que todos terminaban llorando¡Ni hablar¡Era una tortura! No solo era el traje, las personas a su lado, o sudaban, o murmuraban criticando a los novios o a los padres de estos, y por supuesto, esta boda traía cola. La novia, denunció a su padre por violación y el novio, no pertenecía realmente a la rama Ryuzaki, si no que había sido adoptado. Definitivamente, era la comidilla central de el día, y, posiblemente, semanas.
Fue pesado y largo. Por suerte, logró escaparse de los demás, adentrándose en uno de los largos pasillos reservados para la boda. Se dejó descansar sobre una de las puertas más cercanas y entrecerró los ojos. Todos los invitados, seguramente, ya estarían deseando despedir a los novios y lanzarles algo más que arroz.
-¿Echizen?...
Volteó, con rostro aburrido. Sin darse cuenta, no había reconocido la voz. Sakuno permanecía a su lado, con la mano aferrada al picaporte de la puerta cercana, el velo en su mano izquierda y sus rojizos ojos asombrados.
-¿Quería algo?-. Preguntó con voz temblorosa.
-...
Se volvió, con la idea de alejarse. Aquello era demasiado peligroso para los cotilleos. Sin embargo, iba a ser peor de lo que creía. En un abrir y cerrar de ojos, se vió arrastrado hasta el interior de la habitación, su espalda empotrada contra la puerta y sus brazos sujetos por las manos femeninas.
-¿Qué?-. Masculló confuso.
-¿¡Por qué has venido!?
-Tu me invitaste-. Respondió sin más.
-¡No era para que vinieras¿¡Es que no pillas nada!?
Parpadeó. No por necesidad, si no por confusión. ¿Acaso se había perdido algo? Tenía que reconocer que era demasiado despistado algunas veces y quizás, estaba olvidando alguna conversación pasada con la castaña. Se frotó las sienes mirándola intrigado.
-¿De qué me estás hablan...¿¡!?
No entendía nada, estaba completamente perdido, pero sí sentía. Sentía calor sobre sus labios, una extraña humedad intensificada que mostraba un beso torpe y miedoso. La apartó, mirándola furioso.
-¿Qué demonios haces?
-Besarte-. Respondió la jefa sonriente-. Algo que quería desde hace mucho tiempo.
-Pues no debes de hacerlo. No es por nada, pero estás recien casada y ya le estás poniendo los cuernos.
-¡Oh, dios mio¡Eres la mar de espeso!-. Protestó la chica.
Sakuno suspiró, alejándose, dejando el velo sobre la cama y sentándose en este. La miró atentamente. Tenía que reconocer que la muchacha se veía preciosa con aquel vestido. Había visto muchas otras novias y pese a que todas se esforzaban por dar su mejor esfuerzo en aquel día, resultaban al final feas. Por supuesto¿quién se lo iba a decir? Sin embargo, podría jurar que su jefa no se encontraba en esa clase.
"Sé que estás enamorado de la jefa y..."
Ladeó la cabeza. No era el mejor momento para volver a recordar algo que se había empeñado en cerrar durante esa semana. Se había mentalizado para ir a una boda, no para pensar en cosas extrañas. ¿Qué estaba enamorado de ella¡Ja¿¡Qué más quisiera ella!?
-¿Me estás escuchando?-. Gritó la joven molesta. Hinchó los mofletes y rozó su mejilla en nerviosismo. Sí, una manía que muchas veces se había dado cuenta que tenía la joven-. Te decía que ¿qué puedo hacer?
-¿De qué?
-¿¡De qué!?-. Repitió sarcástica-. Es mi noche de bodas...
-Pues felicidades-. Contestó seco. ¿Qué demonios quería de él?
Ryuzaki entre abrió la boca, molesta por el pasotismo de el chico. Sin embargo, alzó una ceja en confusión. No hacía más que frotar sus cabellos y moverse sobre sus pies, nervioso por algo.
-¿Qué pasa?-. Preguntó curiosa-. ¿Es que estás nervioso?
-Para nada-. De nuevo seco-. ¿Qué quieres que haga, jefa?
-Por lo menos darme algún consejo-. Declaró arrugando la rojiza boca-. Eres tan molesto...
-¿Perdona?-. Interrogó en burla-. Tu eres la molestia que ha estado siguiéndome, contándome cosas, que la apoyara y de repente, se larga a los brazos de otro tio-. La miró asombrado-. Kuso-. Maldijo-. Vete al cuerno.
¿Qué pasa?...
¿Desde cuando hablo tanto?
¿Estaré...?
No... no puede ser...
Ella no...
Se volvió, con urgencia. Quería irse, salir, pero algo lo retuvo. De nuevo, aquellas suaves manos. Su pecho casi rozó la puerta que quería abrir, sintiendo en su espalda la frente femenina descansar, el aliento golpear contra la chaqueta de su traje. Suspiró.
-¿Qué quieres ahora?-. Preguntó con voz nerviosa. ¿Desde cuando se comportaba así?
-No te vayas... Escúchame hasta el final.
-...
-Yo... esta noche seguramente tendré que... ya sabes, con Kintaro...-. Tartamudeó con voz tremolosa-. Y... tengo miedo... ¿Por qué tengo que hacer algo que no quiero?
-Díselo y no te tocará-. Murmuró apresando el aire en sus puños.
-Kintaro... está esperando con ansias esta noche, R... Ryoma...
-Y... ¿Qué quieres que haga yo?
-Que seas antes que él.
-¿Perdón?-. Exclamó alarmado.
Las manos femeninas le obligaron a volverse, encontrándose con los rojizos ojos perlados en lágrimas.
-Sé que eres un gigolo que trabaja para mi, que tan solo te acuestas con mujeres vírgenes. También soy consciente de que yo no cumplo ninguno de esos riquisitos... Pero sí estoy segura de algo... Seguro que soy la única mujer que no ha sido indiferente en tu vida.
Tocado...
-Y.. estoy segura de que... tienes miedo de tocarme. Porque siempre has probado lo nuevo y nunca lo...-. Tragó, cerrándo los ojos con fuerza-... probado.
... y hundido.
Rió por dentro. Frotó sus sienes una vez más. Sentía como la jaqueca crecía en su cabeza y no lograba ni controlar la razón.
"El amor no tiene razón".
"La razón es lo que menos tiene".
-Entonces... ¿Qué se supone que tengo hacer?-. Preguntó más para sí mismo. Sin embargo, ella abrió la boca para responder, cortándola sonrió-. Desde luego... Igual cometo el error de mi vida. Eres mi jefa, maldita sea...-. La apartó levemente-. Además, yo te haré lo mismo que cualquier otro hombre... hasta lo que tu padre te hizo..
-¡No me lo recuerdes!-. Gritó aferrándose a él-. ¡Tan solo, tómame!
¿Continuará?
Ustedes deciden...
¿Será el último capítulo?...
