II

La puerta de madera con pequeños cuadritos de cristal era la única concesión de privacidad a la política de transparencia del Plainsboro, que la oficina de la decana podía tener. James Wilson, jefe de oncología, paseaba indeciso en la entrada, sin decidirse a seguir. Se detuvo, miró al frente y finalmente entró.

Cuddy giró en su silla y se miraron brevemente.

- Hola Wilson.

- ¿Cómo te fue¿Lograste que House se decidiera por alguno? – Wilson preguntó con un dejo de esperanza en la voz.

- No. Puse una semana de plazo para que haga algo. Veremos si eso funciona o no.

- Un ultimátum nunca funciona con él, lo sabes.

- No sé que más hacer. Se me sale de las manos, como siempre- Aceptó Cuddy – Tenías razón con eso de que él se comporta como un mocoso de seis años que cree que está mejor sin sus padres… - La decana dejó la frase en el aire, con resignación.

Wilson calló. Sus suaves ojos café se pasearon impacientes por la sala, hasta que pareció ver la luz al final del túnel.

- ¡Eso es! Que tal si sus padres en verdad se van…- Wilson miró a Cuddy casi sonriendo.

- Hablas de dejarlo solo? Me sorprendes, tú que siempre tratas de protegerlo. Y cómo lo haríamos?

- Es sencillo. No podemos estar ni tú ni yo, lo cual es obvio así que… - Wilson meditó mirando hacia el vacío.

- Te sigo la idea, me parece bastante atractiva…así que Jimmy, te invito a unas vacaciones no programadas. – Cuddy le dirigió una sonrisa radiante a un sorprendido Wilson, quien dio un paso atrás, asustado.

- Prefiero que me llames Wilson. Ese Jimmy me suena un poco …siniestro. Vacaciones?

- Es tu idea! Vámonos sin previo aviso. Yo dejaré encargado a Fischer, el jefe del Departamento Quirúrgico, con estrictas indicaciones que darle o no a House. Si él quiere seguir trabajando le tocará untarse sus manos…

- Pero House odia a Fischer – Wilson sintió un poco de pánico al ver a Cuddy tan entusiasmada. No había calculado que su tonta idea fuese tomada en cuenta tan seriamente.

- Exactamente. No más congraciarse con él – sentenció Cuddy.

- Y nos vamos a ir los dos?- Wilson preguntó.

- Si. Los dos.

- Juntos? – Wilson enarcó las cejas, alarmado.

- Eso depende de ti, Jimmy. – Cuddy finalizó la frase con un falso tono zalamero, para luego abandonar la oficina sin decir otra cosa.

Wilson quedó allí, solo, con un extraño escalofrío recorriéndole el cuerpo.