III
Por esta vez, cambió el ritual matutino. Cerró las persianas de la ofician antes de prender la cafetera. La cabeza le palpitaba, la pierna estaba quemándolo, aún a pesar de los dos vicodin que había casi engullido en la última hora, y ahora esto. El recuerdo de Cameron preparándole el café. Sacudió la cabeza tratando de alejar los pensamientos traicioneros de una que otra neurona disidente de su agotado cerebro. Se dirigió hacia la silla de su escritorio donde trató de acomodarse para aliviar el dolor de la pierna. Dejó el bastón apoyado en el escritorio, lo suficientemente cerca para tomarlo rápidamente, lo suficientemente lejos para tratar de olvidarlo. Apenas hubo cerrado los ojos, escuchó el crujir de la puerta.
- No Cuddy, no otra vez. Estoy cansado de que me acoses desde que llego en la mañana- House habló sin abrir los ojos.
- Ya sé que me ha crecido un poco el cabello, pero todavía no tengo ni caderas redondeadas, ni senos abundantes para que me confundas.-
La respuesta de la voz masculina sobresaltó a House, quien se balanceó peligrosamente en la silla.
- Demonios! Wilson, casi me haces caer… y qué es esto de andar molestando a éstas horas de la mañana?
- Éstas horas? Son las once House. La gente que te rodea ya lleva varias horas trabajando.- Wilson le respondió desde la penumbra- Tienes otra vez migrañas?-
- No, solo me estoy evitando un cáncer de piel por esa radiación ultravioleta tan molesta.-
Wilson se acercó y se fijó en el rostro pálido, los ojos enrojecidos y la barba de náufrago irredento más profusa y descuidada que nunca.
- Te estás drogando? – Wilson preguntó preocupado.
- Cada día de mi vida.
- Sabes a qué me refiero – Wilson llegó hasta el escritorio y arrugó la nariz al percibir el aliento acre de una resaca.
- House, tu hígado va a estallar.
- Si mami…lo que tú digas. – House cortó la comunicación al reposar de nuevo la cabeza en el respaldo de la silla.
El oncólogo observó en silencio a su amigo sin decidirse a hablar de la razón de su visita.
- Espera a que me sienta mejor para que me digas lo tan importante que viniste a decirme- House habló intempestivamente.
- Qué?
- Has llegado sin motivo alguno, callas , te quedas ahí parado como un idiota, y luego balbuceas como un chiquillo asustado, así que nos vemos en el almuerzo. Adiós.- House seguía con los ojos cerrados.
Wilson siguió de pie, en la mitad de la oficina, silencioso.
- Qué te pasa?- Desde el asiento surgió el grito intempestivo, que hizo que Wilson quedara un poco azorado.
- Qué vas a hacer esta noche?- Preguntó Wilson con voz vacilante.
- Parece que me estuvieras invitando a un baile de graduación. Deja de hacer estupideces y dime de una vez que quieres.- House se puso en pie disgustado.
- Te invito a cenar- Wilson por fin había encontrado una solución.
- No gracias, tengo otros planes.
- Beberte hasta las botellas que tienes escondidas? O alguna prostituta?
- No, mejor aún, dos. Estoy explorando nuevas posibilidades. Así que si me vas a invitar a algo, las tendré que llevar conmigo.
- Lo que tú quieras House. Te recojo a las 8 en tu casa. – Wilson se dirigió hacia la puerta.
- Oye, espera…no podrías adelantarme la prescripción de vicodin?
- Pensé que después de todo lo que te ha pasado las cosas iban a estar muy claras. Ya te di la prescripción para un mes.
- A mí me quedó muy claro, pero…explícaselo a ella ¿sí? – House señaló su pierna con un gesto inocente.- Últimamente ha estado peor- ´
- Te la daré mañana. – Wilson calló y salió rápidamente.
House arrugó la frente y sacudió el frasco donde dos solitarias pastillas revolotearon atrapadas en el plástico amarillento.
