VI

Allison no dejaba de contemplarse en el espejo. Después de luchar por dos horas contra las instrucciones de un empaque, y con su propio cabello, ahora lucía rubia. El cambio parecía sentarle bien. Pensó en qué tan femenino era eso de jugar y hacer tonterías con el cabello cuando se estaba algo deprimida. Era algo que debía aceptar: estaba al borde de una crisis de auto-conmiseración.

Su departamento estaba muy silencioso, y solo la luz del baño iluminaba parcialmente el corredor. El resto permanecía en penumbras que oprimían aún más su corazón. Salió al living y se quedó de pie, quieta, pensando en la penumbra. Era el momento, talvez el último en el cual contara con valor suficiente, para hacer algo fuera de lo común, una jugada de riesgo.

- Ahora, no hay absolutamente nada que perder. – Dijo en voz alta, tratando de espantar los fantasmas de su propio pensamiento.

Con renovado ahínco y con el corazón latiéndole rápidamente, tomó las llaves y el abrigo y salió al frío nocturno agitando, rebelde, su nueva cabellera.

El trayecto hasta la casa de House fue breve. Había estado allí antes, incluso había entrado a hurtadillas con Chase. Se deshizo rápidamente de la imagen de él, y se concentró en su tarea. A través de las ventanas no se notaba luz alguna, lo cual la tranquilizó. Solo entraría y le esperaría. Que podría ocurrir después? No se atrevió a aventurar. Buscó la llave de repuesto en el dintel de la puerta, abrió lentamente y cerró tras de sí.

La oscuridad adentro era total. Tanteó un poco hasta sentir un estante a su izquierda y buscó el interruptor de la luz. Las cosas se definieron a su alrededor. Con una justificada sensación de extrañeza y de intrusión, recorrió con la mirada la habitación. Sobre el piano, una botella vacía de whisky lanzaba destellos irisados sobre la pared, y con la luz que se proyectaba a la cocina vio la suela de un zapato deportivo. Su respiración se detuvo. De dos saltos llegó al umbral de la puerta y encendió la luz del recinto. Gregory House estaba tendido en el suelo, boca arriba, inmóvil. Atónita, Cameron lo miró por un breve segundo antes de arrodillarse junto a él, sin importar el charco de café medio reseco en el que se apoyó. Colocó sus dedos en el cuello de él y sintió el pulso en la arteria carótida. Cameron pudo respirar de nuevo. La respiración de House era pausada pero constante.

- House…despierta!!- Llamó con voz entrecortada. – Vamos, contéstame!!! – El volumen de la voz de Cameron subió ostensiblemente. No lo movió, y por los restos de cerámica y el desorden en el suelo, coligió que se trataba de una caída. Con los nudillos presionó el pecho de House para causarle dolor.

-Mmmñsmm- un gruñido ininteligible surgió de la garganta del hombre a la vez que se movía un poco. Cameron tomó su teléfono móvil y con dedos ágiles marcó 911.