XIV
Entre la oscuridad y la soledad, su enfermedad dejó de ser lo más importante. La conversación tanto tiempo evitada consigo mismo era ahora una tarea que debía enfrentar. Y no estaba alucinando como cuando le habían disparado. Esto era real. El ritmo cíclico del ventilador le ayudó a pensar en el balance de su vida. A su mente vino esa cursilería de sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, como ejemplo de una vida productiva. El árbol nunca lo sembró porque siempre le pareció algo estúpido. El libro tampoco lo había escrito, pero pensó que múltiples artículos científicos en las mejores revistas especializadas eran más que suficiente. Finalmente, el temor irracional de convertirse en un padre maltratador como el suyo había alejado totalmente la idea de tener hijos. A la larga terminó pensando que los niños eran pequeños seres humanos llorones, impredecibles y manipuladores que no tenían nada que ver con él. Ahora, era demasiado tarde. Esa última reflexión le trajo a la cabeza el más doloroso y callado de sus males: estaba solo. Después del infarto del muslo y el desastre del divorcio, la vicodina se había convertido en su mejor amante y la más constante. Había buscado simplemente la satisfacción de sus necesidades físicas como cualquier hombre razonablemente sano, sin embargo, después de las prostitutas o de los ligues de una noche en algún bar, tuvo la certeza arrolladora de que el sexo sin amor solo dejaba tristeza. Finalmente había mentido a Wilson, a todos. No era que la gente le aburriese, sino que el miedo a volver a sentir, a hacer lazos, a sufrir, era más grande que su sensación de miseria. La sencilla aceptación le dejó vacío, inerme, y su mente quedó en blanco.
La puerta de la habitación estaba abierta como siempre. Foreman entró silenciosamente y observó al enfermo en la cama. House estaba extrañamente quieto y pálido. Si no fuese por los signos vitales que aparecían claramente en el monitor a la cabecera, hubiera pensado que estaba muerto. Se acercó y verificó los parámetros del ventilador, la temperatura, la frecuencia cardíaca. Todo en una actividad mecánica que le evitaba pensar en que no tenían remota idea de que era lo que le estaba pasando.
Unos pasos apresurados en el corredor le sacaron del ensimismamiento y en pocos segundos una Cameron jadeante irrumpió en la habitación.
- No encontré nada en la oficina. Todo está más limpio que la capilla.- Dijo Foreman.
¿Quién llegó?
Cameron pareció no escucharle. Se paró al lado de la cama y sin palabra alguna retiró el cobertor con un movimiento brusco. El cuerpo de Greg quedó solo cubierto por una delgada bata gris.
¡Debe ser Chase… me quiere matar de hipotermia!!
- Cameron ¿Qué haces? – Preguntó Foreman asustado. Se colocó al otro lado de la habitación, en frente de Cameron.
Ella se movió con rapidez, le soltó la batilla a House y lo dejó completamente expuesto, desnudo.
¡¡¡¡Cameron!!!!
A pesar que su objetivo era netamente médico, Allison no pudo evitar mirarlo con otros ojos, porque no era simplemente un cuerpo bien esculpido. En la forma de su pecho, de los hombros, se veía ese grosor que solo podía encontrarse en un hombre maduro, poderoso. Cameron sacudió la cabeza luego de ese infinitesimal instante de placer y se acercó, ahora sí con su ojo experto.
- Ayúdame a buscar signos de punción- Le ordenó al atónito Foreman.
- Punción? –
- Si. Encontramos jeringuillas en su departamento. Es posible que se haya inyectado algo intravenoso- Cameron no completó la idea. Con la mirada pasó por cada centímetro de piel expuesta, pasando por los brazos, el cuello, la región inguinal. Foreman sin entender bien, le ayudó en la tarea.
¡¡Si, eso es. Busca Cameron, busca bien!!
- Acaso crees que se haya intentado suicidar? – Preguntó Foreman mientras miraba el dorso de una mano.
- No, pero de House puedes esperar cosas peores. – Aseveró Cameron.
Por fin aprendiste que hay que pensar lo peor de todos, sobretodo de mí.
- ¡Ajá! Aquí está.- Cameron gritó victoriosa.
- Qué es?
Allison señaló el dorso del pie izquierdo a Foreman. Allí, sobre un trayecto azuloso de una vena había una pequeña masa roja.
- ¡Es una pústula!. Los pies son sitios favoritos de los drogadictos para que no les noten los pinchazos.- Foreman repuso a la seña de Cameron.
- Exacto. Lo que tiene House es botulismo…- Cameron miró fijamente a Foreman.
- De qué hablas? La causa más frecuente de botulismo es por contaminación de alimentos, y da principalmente síntomas digestivos. – Foreman estaba francamente incrédulo.
- Olvidas una causa menos frecuente…el botulismo en heridas. Uso de drogas intravenosas de mala calidad, contaminadas. Aparece una parálisis descendente con signos infecciosos poco claros. Los antibióticos usuales no son útiles.- La explicación de Cameron empezó a tener sentido.
Una estrella dorada más para Cameron…
- Heroína?- Foreman preguntó sorprendido.
- Eso creo, faltaría examinar lo que queda en las jeringas, pero es la principal droga relacionada. Solo debemos iniciar la antitoxina botulínica y la parálisis resolverá.- Cameron cubrió de nuevo el cuerpo de House y le colocó el cobertor.
- House ha caído muy bajo.- El tono reflexivo de Foreman no guardaba rencor alguno.
Y seguramente tú estarás muy contento ¿no?
- Qué le estaría pasando? Reflexionó Cameron.
- No hay disculpas. Lo conoces bien. Seguramente no le bastó la vicodina esta vez y quiso recurrir a algo más fuerte.-
Cameron no respondió. No quería aceptar la posibilidad de que House lo hubiese hecho no por necesidad, sino por gusto o curiosidad.
- Voy a llamar ahora mismo al Centro de Control de Enfermedades en Atlanta, para que nos envíen ahora mismo la antitoxina. – Foreman caminó hacia la puerta y abandonó la habitación.
Allison observó el rostro inmóvil de House, queriendo escrutar en sus facciones la verdad que siempre la obsesionaba.
- ¿Quisiste probar qué se sentía?– Habló en voz alta, animada por el hecho de que él, no le iba a responder. Eso hacía las cosas más fáciles.
No es mi culpa…Wilson me dejó sin pastillas…nadie más podía darme una prescripción, y ustedes no estaban…
- Pensé que después de todo ese lío de la navidad pasada ibas a reconsiderar lo de tu adicción a la vicodina. Ya ves, sigo siendo la misma tonta que piensa que la gente puede cambiar.- Cameron sonrió tristemente. – Pero eso no importa ahora. Lo importante es que ya tenemos diagnóstico y se debe comenzar cuanto antes la medicación. Vas a estar a salvo, ya verás.- Ella le pasó la mano suavemente por la frente.
House pudo sentir el roce en su piel. Quiso ponerse en pie, explicar lo que había ocurrido, talvez tratar de justificarse tontamente, pero no podía. Se sintió frustrado y furioso. Escuchó los pasos de Cameron que se alejaba de la cama y que salía de la habitación. Pensó que nada había cambiado, seguía vivo y solo.
