XV

- Yo estaría muy, muy aburrido si tuviera tanto tiempo de estar aquí encerrado- Foreman caminó lentamente por la habitación.

- Y qué crees que como me siento? – Balbuceó House sentado en el borde de la cama.

- Considero que ya completamos el tiempo prudencial. Llevas casi ocho días de tratamiento y has mejorado bastante. – House arrugó la frente al ver a Foreman hablando con su tono de suficiencia, apoyado en la pared, la bata blanca impoluta así como su ropa de diseñador. Parecía un modelo de portada de Vogue.

- Deja ya de hablar y firma el alta de una vez. Aunque a la larga ni me importa lo que pienses. ¡Yo, me voy!- Sentenció House furiosamente. Tomó el bastón del borde de la cabecera de la cama y como pudo empezó a caminar, y al verlo, Foreman no pudo aguantar la risa.

- De qué te ríes?-

- Si te vieras House…-

- Si sigues con tus tonterías te voy a acusar con Cuddy de que te estás volviendo peor que yo.. ¿No eras tú el que quería "salvar vidas"? – House sentía unas intensas ganas de lanzarle una taza de café sobre su ropa impecable.

- Deberías cambiarte el nombre.- Murmuró entre carcajadas Foreman.

- Si, por el de Jack el Destripador, porque te juro que apenas pueda, te voy a despedazar…- Susurró House en un tono mortífero.

- Ja,ja,ja - La frente de Foreman se perló de sudor de tanto reírse – No, hombre, por el de Cuasimodo...el Jorobado de Notredame.-

House se detuvo en seco y observó su propio reflejo en el cristal de la ventana. Todavía estaba algo débil, así que caminaba encorvado, cojeante, apoyado en el bastón y con el ojo derecho, el maldito ojo derecho, medio cerrado. Aceptó que Foreman tenía razón, parecía el Jorobado de Notredame.

-Tu salida ya está autorizada…Puedes irte cuando quieras – House giró la cabeza hacia el nuevo visitante. Su amigo, James Wilson, estaba en la puerta, con gesto tranquilo.

- Como me fastidian los negritos liberados que se creen los dueños de la plantación – Le dijo House a Foreman, quien ya empezaba a abandonar la habitación.

- Cuídate – Le respondió Eric antes de salir.

- Cuídate tu la espalda…ni creas que no me voy a desquitar- Le gritó House, que renqueante, volvió hacia la cama. Wilson se acercó y lo observó en silencio por un momento.

- Cómo te sientes? –

- ¡Vaya, esto es un milagro, tengo que anotarlo: querido diario, hoy mi ex-amigo Jimmy me habló, estoy muy feliz! – House habló con voz de niño burlón.

- Tú eres el que casi te matas por andar inyectándote heroína y soy yo el malo de la película? – Un dejo de agresividad en la voz de Wilson detuvo a House instantáneamente. Greg calló y miró el suelo, inexpresivo.

- Y solo Dios sabe porqué sigo siendo tu amigo. Toma, aquí hay algo de ropa. Te llevo a tu departamento – Wilson le tendió una bolsa que House examinó sin mayor interés.


Un revuelto de cajas de cartón apiladas de cualquier manera, llenaba por completo el espacio vital de Allison. Llevaba cuatro días alistándose para la mudanza a Boston, y se había dado cuenta que sus verdaderas pertenencias no eran muchas. Parte del mobiliario lo había rentado con el departamento y lo que consideraba verdaderamente suyo, no eran mas que sus adorados libros y todos sus cuadernos de notas. Exhausta, se dejó caer en el sofá, y en medio del adormecimiento consecuencia de su cansancio, pensó que House ya debería haber salido del hospital. Después de descubrir la causa de sus males, había decidido no volver al Princeton por su propia salud mental. Cada revés de ese hombre, deshacía parte de su alma, y poco a poco sentía que se estaba quedando en solo girones. Tratando de recomponer su vida, volvió al plan original y dejó a todos, incluyendo a Chase, totalmente desconcertados, con su decisión inamovible de irse a trabajar al Mass General. Gregory House, el médico internista, nefrólogo, especialista en diagnóstico, y algunas veces notable bastardo y adorable desgraciado, debía quedarse en su pasado.


- ¿Limpiaste tú? Te doblo el sueldo que te dé Cuddy, si me haces la limpieza todas las semanas. – El asombro de House era total al ver su propia casa casi reluciente.

- ¿Quieres café? – Jimmy caminó hacia la cocina.

- No sé. Por poco me mato con el último.- Repuso House mientras recordaba esa mancha rosada que había quedado en su brazo después de la quemadura.

- Pero el whisky nunca me ha hecho nada malo.- Continuó Greg.

- Talvez tienes razón. La ocasión lo amerita- Convino Wilson. Trajo un par de vasos de cristal y buscó una botella de Whisky. Sirvió sendos tragos, y le alcanzó el suyo a House.

- Brindo por seguir en esta tierra.- House levantó su vaso. Jimmy repitió el gesto y se quedaron ambos en silencio, saboreando el líquido amarillento.

- Porqué no fuiste a verme cuando estaba en cuidados intensivos? – Preguntó House súbitamente.

- No quise hacerlo.- Fue la respuesta escueta de Wilson.

- No quise?

- Si. Así como suena. Me sentía fastidiado. – Jimmy explicó con claridad.

- Porqué?

- Te parece poco lo que hiciste?-

- Fue tu culpa.- Los ojos de House parpadearon inocentes. El párpado derecho dejaba ver solo la mitad de su iris azul.

- Mía?- Casi gritó Wilson.

- Tú y Cuddy se empeñaron en mantenerme en una absurda dieta de Vicodina y no sabes como ha estado el dolor de la pierna durante el último mes. Tuve que recurrir a medidas extremas.-

- Esto es exactamente lo que me fastidia House. Siempre encuentras excusas para tus errores, o simplemente ni los reconoces. Y antes de que sigamos con esta discusión estúpida, te dejo solo. – Wilson dejó el vaso en la mesa enfrente del sofá y se levantó.

- Espera – Musitó House. – Quería …agradecerte por sacarme del Hospital.- House bajó la cabeza.

- A quien deberías agradecerle es a Cameron. – Dijo Wilson plenamente convencido.

- Cameron? – House respondió como si no hubiese entendido bien la afirmación. - No la he vuelto a ver desde la primera noche que estuve en la Unidad de Cuidado Intensivo – Continuó reflexivamente.

- Creo que se va para Boston esta misma semana. Aprovecha el tiempo que tienes libre, ejercítate un poco y por fin haz algo decente. Dale las gracias, porque si no fuera por ella, estarías ahora sacándole canas al mismísimo Satanás.- le aconsejó Wilson.

- Asumes acaso que yo iría al infierno.- Preguntó House divertido.

- Exactamente…- le contestó sonriendo Wilson desde la puerta.

Wilson salió sin decir más y mientras afuera oscurecía, y House seguía inmóvil en el sofá, el recuerdo de la última caricia de Cameron antes de dejarlo en la Unidad quedó rebotando incesantemente en su cerebro.


El golpeteo suave de las hojas contra las ventanas de la oficina era un sonido tranquilizante para Lisa Cuddy, quien trataba de descansar y a la vez de despejar su cabeza. La puerta de la oficina crujió, y ella no se molestó en ver quien era.

- Ya lo dejé en su casa.- Cuddy se estiró complacida al escuchar a Wilson.

- Esperemos que se recupere de ésta, y ya veremos como solucionamos lo del equipo de trabajo.- Respondió Cuddy.

- Estoy de acuerdo.- Wilson se acercó a Cuddy y le empezó a masajear lentamente los hombros. Ella se relajó instantáneamente.

- Qué manos tan prodigiosas tiene Dr. Wilson- Le murmuró ella complacida.

- También tengo otras habilidades. – Informó Wilson mientras intensificaba el movimiento circular de sus pulgares sobre los músculos endurecidos de Lisa. – Hoy, por ejemplo, he tratado de hacer el papel de cupido.-

- Con House? – Cuddy lo miró fijamente.

- Le he sugerido que vaya a ver a Cameron, para darle las gracias…tu me entiendes. Espero que todo lo que House ha pasado, lo haga reflexionar, y que ojalá, no sea demasiado tarde.- Reflexionó Wilson.

Cuddy lo miró con indulgencia

- No te puedo imaginar de cupido.-

- Eso se puede arreglar, el disfraz es bastante sencillo. Solo necesitaría un arco y unas flechas.- Wilson acercó lentamente su cara a la de Cuddy.

- Solamente? – Preguntó Cuddy.

- Claro..no has visto acaso que Cupido siempre está desnudo? – Los labios de Wilson se amoldaron a los de Lisa en forma perfecta.

- ¡Hecho…fiesta de disfraces esta noche en mi casa¡ – Dijo ella cuando interrumpieron el beso.

- Invitados? – Preguntó Wilson.

- Solo tú y yo. – le susurró Lisa en el oído.