Muchísimas gracias a todos los lectores por los comentarios. Son siempre un estímulo para continuar con la historia...


XVI

Después de dos días de descanso absoluto, Greg se sentía profundamente aburrido. Había evitado por casi cuarenta y ocho horas, pensar en las últimas palabras de Wilson. Se sentía mucho mejor, ya podía caminar derecho, pero persistía parte de la parálisis del párpado. Se levantó del sofá, apagó el televisor y se fue al baño. Por un instante se observó detenidamente en el espejo. Más arrugas, más canas, y el azul de sus ojos un poco más opaco. Fue a la habitación buscó las llaves de la motocicleta, la chaqueta de cuero, que se enfundó de un tirón y se preparó a salir.

El rugido del motor de cuatro cilindros de la Honda CBR1000RR Repsol era reconfortante para todo su cuerpo. Abrió el acelerador a fondo y sintió con gusto la velocidad. Inclinó el cuerpo hacia delante y empezó a recorrer calle tras calle, raudo. En cada curva se exigía más para no tener que disminuir su velocidad, tratando de no perder tiempo, hasta que finalmente llegó a donde quería ir.

Se quitó el casco, se bajó de la motocicleta y caminó hacia el portal del edificio.

Debe estar ya en Boston.

Las cortinas del departamento de Cameron estaban echadas.

Es tarde.

Giró sobre sí mismo, preparándose para irse.


Las bolsas del supermercado iban casi vacías, pues solo había comprado lo indispensable para un par de días. Cameron acomodó el contenido y caminó rápidamente por la acera. En la calle de enfrente un hermoso labrador que casi arrastraba a un chiquillo la distrajo por un segundo. Cuando giró la esquina y trató de cruzar la calle, pensó que estaba teniendo una visión, de una motocicleta naranja, de un hombre en frente de la entrada de su departamento, y un pie siguió al otro en un movimiento mecánico del cual, ella, no tenía el más mínimo control.

House quedó congelado en el sitio, en la mitad del movimiento. Pasó saliva con dificultad. Cameron venía caminando hacia él. El cabello rubio desordenado, un par de bolsas en las manos, el abrigo gris entreabierto, el paso elástico y dedicido. El cerebro de Greg registraba todo con detalle.

- House… - solo atinó a decir Cameron.

- Hola. – La respuesta de House no fue menos escueta.

Estaban de pie, frente a frente, igual de balbuceantes, en medio de la acera.

- Te ves…bien.- Comentó Cameron.

House no contestó. Solo la observaba como si nunca la hubiera visto. Cameron miró hacia la puerta del edificio.

¡ Di algo¡

- Pensé que no estabas- Dijo House finalmente.

- Estaba en el super..- Respondió Cameron mostrándole las bolsas. Su cerebro atontado empezaba a pensar con mayor claridad. – Porqué no entras y me cuentas a qué viniste. – Allison respiró con mayor libertad cuando House asintió con la cabeza y la siguió.

El departamento estaba casi desnudo. Solo quedaban los muebles que allí se quedarían: el comedor, el sofá, unos aparadores. House sacó el bastón del morral en la espalda, dejó este último sobre una silla, junto con el casco y sorteó las cajas de embalaje siguiendo los pasos de Cameron hacia la cocina.

- Los tontos del Mass General no son mas que unos pedantes.- House empezó a hablar. Cameron lo miró y comprendió que Wilson ya le había contado a donde se iba.

- Creo que ellos dicen lo mismo de ti. – Respondió Cameron, que lo miró y le dedicó una sonrisa a medias, sugestiva. Casi no podía creer lo que estaba ocurriendo, porque de repente, todo era difuso, como en un sueño.

- Lástima, creo que allí vas a desperdiciar el tiempo, será como jugar a la Barbie doctora.- Repuso Greg rápidamente.

Dile lo que tienes que decirle y lárgate. No hay más que hacer.

- Es un buen trabajo, y un buen hospital. Tengo incluso posibilidades de hacer algunas investigaciones sobre linfocitos y otras cosas.- La voz de Allison sonaba tranquila, a pesar que ella no lo estaba. La cafetera empezó a gorgotear distrayendo su atención. House seguía ahí, reposado contra el mesón, sin mirarla.

- Tú tienes madera para un departamento de diagnóstico –

- Eso crees? – El corazón de Cameron se encogió dentro de su pecho. Estaba una vez mas equivocada. House había vuelto solo para pedirle que volviera al Princeton.

- Creo que lo demostraste muy claramente conmigo –

- Eso solo fue un golpe de suerte.- Respondió Allison mientras llenaba dos tazas con el líquido oscuro. El delicioso aroma del café llenó el ambiente.

AHORA..

- Vine a …darte las gracias. – House esta vez la miró fijamente.

Hecho…ya te puedes ir.

Cameron se quedó muda. El azul de los ojos de House tenía ahora una intensidad casi metálica, en una mezcla de dolor y confusión. La respiración de ambos era lenta, sostenida. Siguió con la mirada la línea de la mandíbula de House, los labios apretados con fuerza que se asomaban tras la barba eternamente incipiente, los músculos del cuello que se tensaban bajo la piel.

- No tienes porqué. Chase o Foreman hubieran dado con el diagnóstico – Su propia voz le sonó como un susurro.

- No es solo por el diagnóstico, quiero agradecerte el que hayas estado ahí para …salvarme.- Musitó House en medio de una tormenta que vivía en su propia cabeza. Sin control, sin norte, no podía dejar de mirar a Allison Cameron. Y se le antojó mas hermosa que nunca, delicada pero férrea, tan llena de vida que era casi embriagante. Sin querer dió un paso vacilante hacia ella.

Cameron sintió una oleada de valentía correr por todo su cuerpo. Era una rebelión contra sus propias decisiones, contra su intelecto, contra su buen juicio. Recordó ese beso que ahora parecía tan lejano ya, y como tratando de recuperar cada sensación se acercó a House, en silencio, aspiró su olor, como una esencia intoxicante mezcla de cuero, loción, hombría, poder. Apoyó las manos en su pecho y sintió bajo ellas la misma ansiedad de su propio cuerpo, la musculatura en tensión. Levantó su cara hacia la de él, y sus labios se encontraron, ávidos, sedientos. House cerró los ojos, deleitándose en la suavidad de la boca de Cameron , mientras sus lenguas se buscaban en un beso lleno de lujuria, pasión y rendición.