XVII

La cabeza se le estaba yendo en un remolino de sensaciones. Tomó a Cameron por los hombros y la separó de sí. Abrió los ojos y se encontró con que ella lo miraba fijamente.

Esta es una muy mala idea, solo te empeorará el dolor.

Ella lo observaba con las pupilas dilatadas, la respiración agitada y con un tono rosa que coloreaba sus mejillas suaves. Un cosquilleo hizo que Allison involuntariamente se mordiera suavemente el labio inferior. Greg le apretó los hombros con ambas manos, casi desesperado por encontrar un escape.

- No traes esta vez ninguna aguja? – preguntó casi en un susurro.

Cameron se fijó alternadamente en la boca y los ojos de House. En éstos últimos buscó algo, un pequeño signo que le indicara qué hacer.

- No, esta vez no quiero muestras…te quiero a ti.- Allison se sorprendió de su propias palabras.

Te destrozarás otra vez.

En un segundo la cara de House se tornó hacia una expresión decidida, y Allison sintió un estremecimiento de alegría al ver un destello de pasión en los ojos azules de Greg. Se abandonó a los clamores de su cerebro embriagado y se recostó nuevamente contra él, mientras con una mano lo tomaba por la nuca para acercarlo hacia ella.

Estás perdido!!!!!

El tiempo se detuvo. Se besaron con intensidad creciente, los ojos cerrados con fuerza y abrazándose entre sí. Cameron empezó a caminar hacia atrás, y Greg como pudo, la siguió por entre una maraña de cajas y muebles que no le interesó reconocer, concentrado como estaba en no separarse de ella.

La cama parecía una isla en medio del océano deshabitado del cuarto parcialmente desmantelado. Cameron deslizó sus labios por el cuello de House y este gimió de placer. Le quitó de la chaqueta de cuero que fue a parar al suelo de cualquier manera. Las manos diestras de Greg despojaron a Cameron de la blusa para luego acariciarla delicadamente con la yema de los dedos por la espalda y los hombros, examinando, memorizando cada detalle de su piel blanca. Cameron apoyó ambas manos en el cinturón de los vaqueros de House y luego las deslizó bajo la camiseta para acariciar el abdomen. Siguió la línea de vello hacia arriba, acompañando con besos rápidos el recorrido, y House se vió consumido por un deseo sin límites, excitación pura y primaria, sin reflexiones ni consecuencias, y una necesidad apremiante de poseerla. Ayudó a Allison en su lenta y enloquecedora tarea de quitarle la camiseta. Cuando Cameron se encontró con el pecho desnudo de House no pudo menos que sonreír. Era exactamente como lo había deseado, como lo recordaba. Sin dudarlo aplicó sus labios a una de las tetillas, moviendo la lengua en círculos hasta sentir como se endurecía. House estaba totalmente trastornado, porque no recordaba haberse sentido así alguna vez. Tomó a Cameron suavemente por el cabello, le inclinó la cabeza hacia atrás y buscó su boca una vez más, mientras con la otra mano le soltaba el sostén, que cayó al suelo sumándose al resto de ropa. Observó sus pechos turgentes, los pezones perfectamente definidos. Tomó uno de ellos con la mano y lo acarició con los dedos. Por el cuerpo de Cameron corrían oleadas de placer enceguecedor, que se hicieron más intensas cuando House la besó en la base del cuello, y con la barba cosquilleándole maravillosamente. Se arqueó contra el cuerpo de él y pudo sentir la impresionante manifestación física de su excitación. Una breve interrupción en las caricias, hizo que Allison entendiera que la pierna impedía a House a ir más lejos, si bien la diferencia de altura de ambos le dejaba en desventaja, así que sin más dilaciones se deshizo de zapatos y pantalón para quedar solo con un minúsculo panty. House no le quitaba los ojos de encima, totalmente hipnotizado por el hermoso cuerpo de Cameron. Con un movimiento ágil, se sentó en la cama, la tomó por las caderas y le empezó a besar la piel sedosa del estomago, ella respondió enredando los dedos en el cabello entrecano de él, manteniendolo cerca. House la terminó de desnudar y Allison gimió cuando la lengua de él alcanzó el íntimo sur de su pelvis, inundándola de calor y lujuria. House temblaba en anticipo, tratando de controlarse, de aguantar hasta el final.

Despojada ya de cualquier clase de temor, Allison se inclinó sobre él y se hizo cargo de los vaqueros y los boxer. Se detuvo en la cicatriz del muslo para rozarla con los labios en un gesto de aceptación total. Volvió a besarlo con mayor intensidad pero brevemente, después le mordió el lóbulo de la oreja, tentándolo.

- Greg… – gimió ella con voz ronca. Al escuchar su nombre en los labios de ella, House se estremeció.

- … libérame- murmuró Cameron a su oído, en una súplica llena de ardor.

Ella se acomodó a horcajadas sobre él, y House la tomó por la cintura, guiándola lentamente.

- Mírame – Le ordenó a Cameron, mientras empezaba a penetrarla aterradoramente despacio. Ella gimió sin cerrar los ojos, consumida por su propio deseo, y por el fuego que sentía en cada nervio de su piel. Clavó los dedos en los fuertes hombros de House y se concentró en las sensaciones. Finalmente no pudo más, lanzó la cabeza hacia atrás y gritó. Luego lo miró con los ojos muy abiertos, y no vió la arrogancia del médico, el orgullo del sabio, sino simplemente al hombre. House sintió como ella se amoldaba perfectamente a sus exigencias, y con una avidez primitiva quiso borrar de la piel de ella cualquier recuerdo, de Chase, del esposo moribundo y a la vez sacudirse sus propios demonios. La intensidad de las arremetidas de sus cuerpos iba en peligroso incremento, arrancando gemidos en ambos. Cameron no podía casi concebir el goce salvaje que House le generaba, porque mientras se movía dentro de ella, no dejaba de acariciarla y besarla, y trató de mantener su ritmo frenético siguiéndolo con los movimientos voluptuosos de sus caderas.

Todo pensamiento abandonó el cerebro de Greg. Solo estaba ella, y presintiendo el clímax cercano arremetió con todas sus energías, enterrando la cara entre sus pechos suaves, deleitándose con los gemidos de ella, gemidos que se intensificaron cuando Allison sintió en su interior un torrente violento de energía que surgía de su vientre y que la inundó con una convulsión que la sacudió de pies a cabeza, la llenó de placer y los espasmos de su interior guiaron a Greg al límite, para acabar estallando dentro de ella en un éxtasis desmedido. Luego y por un instante, todo desapareció a su alrededor, a excepción de sus cuerpos intensamente unidos, dulcemente vencidos.