XXII
La sala de emergencias era intemporal. Ubicada en el sótano del Princeton, carecía de ventanas, así que era uniforme la iluminación durante el día y la noche, así como el bochorno y el hedor de muchos seres humanos, tanto en verano como en invierno.
Cameron se lavó las manos por décima vez, antes de entrar a ver al siguiente paciente que la esperaba tras una cortinilla. Después de una noche espantosa que comenzó con la llamada de Wilson, que le explicó que House había creído que ella no volvería más, y en la cual dio mil vueltas en la cama pensando como había podido ocurrir tal malentendido , y de una guardia infernal con cientos de pacientes por atender, estaba exhausta al final de la tarde. Sin embargo, bendijo el trabajo que tenía, porque le evitaba tener que pensar en su propia debacle.
- Cómo estás en tu primer día? – Unas manos refrescantes la tomaron por los hombros y la masajearon con energía.
- Tratando de sobrevivir – Respondió Cameron con una sonrisa al reconocer la voz de Chase.
- Bienvenida al pozo más profundo del infierno.- Chase la abrazó con júbilo y Cameron sintió unas ganas irreprimibles de llorar, pero se controló.
- Gracias… - le dijo a Chase sinceramente.
- No, las gracias te las debo dar a ti. Ya que tú llenaste la plaza disponible aquí abajo, me enviaron a Cirugía. Un ascenso, literalmente hablando. Pero…¿pensé que te ibas a Boston?-
- No era el trabajo que quería- respondió a medias Cameron.
- Y andar suturando a cuánto borracho se accidenta si lo es? – preguntó Chase, intrigado.
- Me gusta más tratar con gente, que lidiar con cajas de petri, microscopios, resultados y estadísticas – dijo Cameron, sin sonar convencida.
- Que vas a hacer cuando termines la guardia? – Chase sonó esperanzado.
- Me iré a mi casa a dormir doce horas seguidas – mintió Cameron tratando de evadir la invitación que veía venir.
- Bueno, si cambias de opinión, hay un sitio nuevo muy cerca de mi departamento donde hacen una sopa deliciosa.- Chase sonrió cortésmente.
- No creo, estoy demasiado cansada.-
- Será otro día….- Chase le apretó el brazo cordialmente y salió de la sala, mientras Cameron suspiraba aliviada.
Allison se tomó casi quince desesperantes minutos en poder atender el último paciente, una anciana rusa, terca y sorda, con una amibiasis pertinaz. Le entregó la fórmula y salió de la sala de emergencias, tomando sus cosas apresuradamente. No quería salir a la calle, llegar otra vez a su departamento y sentirse otra vez como la noche anterior.
Caminó por el corredor que llevaba a la morgue, que a esa hora estaba casi desierto y apoyada contra una pared de un verde descolorido, casi escondida, lloró.
El crujido de una puerta a sus espaldas hizo que reprimiera las lágrimas, se secó los ojos con las manos y se enderezó. Una mano se apoyó en su hombro y pensó que Chase no se daría nunca por vencido, pero un olor conocido hizo que dudara de su propia cordura.
- No te entiendo…no soy un moribundo, no tengo un tumor en el cerebro, no soy un adorable calvito con leucemia y talvez ni siquiera soy soportable.
Cameron cerró los ojos. No quería oír, porque esto era sin duda un truco de su agotado cerebro, pero la mano en su hombro apretó con más fuerza e hizo que girara y se apoyara de espalda contra la pared. Sintió el calor de un cuerpo próximo al suyo.
- Soy terco, obsesivo, orgulloso y en veces, lo reconozco, despiadado. Nunca escucho los buenos consejos de mi único amigo, y me encanta que me odien. Por eso te entiendo menos aún.
La mano se deslizó de su hombro a su brazo, donde empezó una suave caricia que descendió hacia su mano.
- No creo que yo valga la pena, pero…quién soy para decirte lo que es mejor para ti?
Una lágrima escapó de los ojos cerrados de Cameron y se deslizó, perezosa, por su mejilla, hasta que fue detenida por unos labios ávidos que empezaron a besarla en la cara.
Allison sabía que todo era un sueño, y no quería despertar, por eso siguió con los ojos cerrados, pero levantó sus manos y tocó la tela arrugada de una camisa. Fue besada en la frente, en sus párpados apretados y finalmente en sus labios temblorosos, que se abrieron, cálidos y complacientes. Sintió desvanecerse y se abrazó desesperada al hombre junto a ella. Se besaron por un largo instante, con una avidez que la asombró.
- Hay un último detalle que olvidé mencionar – la voz que le habló era un suave susurro al oído de Cameron.
- No he aprendido aún a pedir perdón, pero estoy trabajando en ello. – Los labios se deslizaron por el blanco cuello de Allison, quien echó la cabeza hacia atrás extasiada.
- Te creo – dijo Cameron.
