Aviso: OHSHC no me pertenece; pertenece a Studio Bones y a Bisco Hatori. No reclamo la idea original de los Elementales de Ouran; muchas gracias a Star-of-Seraph por su permiso para usarlo. En cualquier caso, me pertenecen tanto la trama como todos los aspectos no-canónicos.

Acompañamiento musical: Dune Messiah, de Brian Tyler, de la banda sonora de Hijos of Dune. Podéis ponerlo en repetición durante todo el capítulo, el tono va muy bien con todas las secciones.

Pido perdón a la gente que no puede encontrar la música que estoy sugiriendo; como la mayor parte son canciones instrumentales, no es probable que se puedan encontrar en youtube o en otras páginas de música. Además de comprar el CD o las canciones, no estoy muy segura de cómo uno puede lograr adquirirlas (legalmente).

Notas de la autora: Gracias a huamulan03 por su beteo. Es maravillosa haciendo que esta historia quede así de pulida y adorable.


Capítulo 8

- Haruhi... despierta. Hemos vuelto.

Ella volvió en sí misma suavemente, y se dio cuenta de que parte de su cordura había regresado durante el viaje. No temblaba tanto, y su mente estaba lo bastante clara para comprender las cosas que pasaban a su alrededor. Los guardaespaldas de Kyouya hablando tranquilamente, y asegurando al trío que nada había pasado; Kyouya, a su vez, diciéndoles que fueran a encargarse del desastre, lo que quiera que eso quisiera decir. Los olores familiares del perfume de su padre y de las ropas de sus amigos la ayudaron a ralentizar su acelerado corazón. La lluvia ya no caía sobre ella, estaba a salvo dentro de su casa.

Entonces Kyouya dijo:

- Entrégamela.

- ¿ Qué¿ Por qué? – preguntó Hikaru, y ella sintió que sus dedos se estrechaban en sus brazos y piernas.

- Porque voy a meterla en la cama mientras tú te secas. – Una pausa, y Hikaru no parecía estar contento con la situación porque Kyouya añadió, con exasperación – Mira, idiota. Si fuese a aprovecharme de una mujer, ciertamente no sería de una plebeya medio catatónica. Aún más importante, necesitas tener las manos libres para deshacerte de la lluvia. No sé cuántas toallas guardan los plebeyos, pero dudo que haya suficiente para todos nosotros. Ahora entrégamela.

Hikaru murmuró algo pero transfirió cuidadosamente a Haruhi de sus brazos a las muy capaces manos de Kyouya. Ella gruñó porque la acción intesificó el dolor de su cuerpo, pero una palabra de consuelo susurrada en su oreja y el levísimo rastro de canela y almizcle de ámbar le ayudaron a relajarse. Cuando Kyouya la tumbó en el futón extendido del estudio, Haruhi encontró fuerzas para abrir los ojos.

En ese momento, el destello de un rayó atravesó el cielo, visible desde la ventana, y el terror superó al cansancio. Se movió como el viento, agarrando la manta de su cama y tirando a Kyouya antes de correr dentro del cuarto principal. Un dolor apuñalante disparaba a través de su costado ahí dónde la habían pateado, y se apretó el costado mientras jadeaba para recuperar el aliento. Sorprendió a Hikaru cuando le empujó al pasar a su lado, buceó bajo la mesa del comedor y se tiró la manta sobre la cabeza.

No puedo verlo no puedo oirlo no puedo verlo no puedo oirlo no puedo verlo no puedo oir...

- ¿ Haruhi...? Haruhi, sal de ahí.

- Ven aquí. Estás empapada, y tenemos que curar tus heridas.

- ... luego. – susurró ella, su voz amortiguada por el algodón.- Cuando pare la tormenta.

- No, ahora.

- No, no puedo.

- Sí, sí puedes.

- ¡ No, no puedo! – y otro restallido del trueno puntuó sus palabras. Hikaru maldijo.

- ¡ Joder, tíos, parad la tormenta antes de que vuelva loca!

Por unos latidos, no hubo nada salvo el sonido de la lluvia golpeando las ventanas y el tejado. Entonces Haruhi sintió una suave presión en su frente.

- Aquí fuera no hay nada salvo oscuridad. Ven. – dijo Kyouya, su voz suave y estable.- Te lo prometo, estarás bien.

Sintió cómo algo se deslizaba sobre sus ojos y sobre sus orejas, y la idea de dejar el refugio de la mesa se convirtió de repente en algo soportable. Lentamente, siempre muy lentamente, retiró la colcha de sus ojos – y jadeó cuando no vió nada. Literalmente nada; ni siquiera el más ligero rastro de luz. El dedo de Kyouya aún descansaba en su frente, y ella comprendió que él estaba creando la seguridad.

- Sólo deja que te ayudemos.

- Pero el trueno...

- Se muere mientras hablamos. – y tenía razón. La lluvia aún estaba cayendo, pero con una blandura muda que no era tan aterradora.

Salió a gatas, y Hikaru la atrapó inmediatamente. Empujó su espalda contra su pecho y envolvió sus hombros con sus brazos, aún vibrantes y cálidos, como si pudiera obligar a la salud y a la felicidad a entrar en su cuerpo.

Kyouya ya había retirado sus dedos, pero la oscuridad no se levantó.

- Mantenla caliente y mira a ver si puedes secarla. Yo llamaré al médico.

- No. – dijo Haruhi, casi sin aliento. – No necesito un médico. Por favor, no traigas a nadie aquí.

Oyó el ceño en las palabras de Hikaru.

- Tu orgullo de plebeya no va a ayudarte¿ sabes?

Kyouya, sin embargo, sólo dijo:

- Entonces cogeré el botiquín.

Unos cuantos minutos después él estaba untando antiséptico en sus brazos y piernas, contra los raspones que se había hecho al golpear repetidamente el asfalto. Limpió la sangre de sus labios y la suciedad de su cara con manos sorprendentemente amables. De vez en cuando, el cielo parecía rugir de ira, pero las presencias tanto de Kyouya como de Hikaru mantenían el miedo bajo control. El silencio era agradable, completamente inesperado, y ella sintió cómo se iba aletargando de vuelta al sueño.

Entonces la puerta se abrió de golpe.

- ¡ Haruhi! –gritó Tamaki.

Ella giró la cabeza en dirección a su voz, los otros coreando con él. Su corazón se aceleró cuando corrieron hacia ella –podía sentir el suelo vibrar bajo su peso- pero Kyouya detuvo la estampida.

- Parad. Vais a asustarla aún más si corréis hacia ella como unos locos.

Los otros cuatro miembros se tranquilizaron, y unos cuantos minutos de arrastrar los pies pasaron antes de que Tamaki preguntara:

- ¿ Para qué es eso?

- Evita que vea el rayo. También amortiguó el ruido un poquito.

Haruhi se tocó la sien, sintiendo la oscuridad sólida como la espuma contra sus dedos.

- Puedes quitármelo ahora. Creo que estoy bien. – dijo.

- ¿ Estás segura?

- Ya no truena – confirmó Hani.

- Ni relampaguea. Sólo está la lluvia, dejando de caer. – dijo Kaoru solemnemente.

Haruhi asintió.

- Lo digo en serio. Me siento mucho mejor. Está bien.

Kyouya dejó escapar un suspiro y las sombras se disolvieron lentamente, casi reluctantes. Sus ojos se ajustaron a la luz ambiente, y pudo ver a todos sentados en círculo alrededor de ella; los cuatro que acababan de llegar estaban empapados, y pensó perezosamente que van a arruinar el tatami. Cuando la elemancia de Kyouya desapareció por completo, sus expresiones se volvieron furibundas de repente. Por un momento, Haruhi se preguntó qué es lo que había hecho para enfadarles, pero entonces Tamaki, a la izquierda de Haruhi, extendió una mano.

- Te pegó de verdad.- dijo con un susurro horrorizado, y luego tocó su mejilla. Un estallido de dolor la recorrió, y ella apartó su mano rápidamente. Sus ojos violeta se abrieron alarmados, y murmuró un sincero- Lo siento.

Kyouya frunció el ceño.

- Parece peor de lo que pensaba. Puede que te haya roto el pómulo.

El genio de Hikaru casi prendió fuego a Haruhi y a si mismo, pero Mori, sentado a su derecha, aplacó la situación.

- Puedo ayudar. La herida seguirá existiendo, pero puedo intentar curar lo peor de tu lesión.

Los Elementales de Tierra eran capaces de acelerar el proceso de curación natural del cuerpo; los Terráqueos más dotados podían obrar milagros y salvar vidas con un simple toque. Haruhi nunca había visto a Mori usar su talento de esa forma; si el ligero fruncir de sus cejas era alguna indicación, no era una habilidad que resultara fácil. Pero confiaba en él, y se desenredó de Hikaru antes de arrodillarse delante de Mori.

Él reposó la palma contra su mejilla con amabilidad–Haruhi cerró los ojos y clavó sus dedos en sus pantalones cortos para no apartarse- y sintió de repente hielo y fuego filtrándose por su piel cuando cosieron el hueso y repararon las venas rotas. La aguda ternura de su cara empezó a desvanecerse hasta convertirse en un dolor amortiguado e ignorable. Abrió los ojos, esperando ver que él se había apartado de ella, pero para su sorpresa una de sus manos estaba flotando a lo largo de su costado.

- ¿ Qué estás haciendo, Mori-sempai? – preguntó Kaoru con desconfianza.

- Curar. – dijo él, clavando sus ojos en los de ella, y Haruhi no quiso reconocer la pregunta inexpresada que vió en ellos.

¿ Por qué no nos dijiste que también estabas herida ahí?

Porque no quería que pensarais que soy débil.

Pero levantó cuidadosamente el borde de la camiseta, justo bajo la curva de su pecho, y Mori colocó rápidamente su mano sobre sus costillas. Elemancia de color esmeralda arrastró la peor parte de la herida; ya no dolía respirar ni moverse, aunque Haruhi esperaba que el área fuese sensible al tacto durante varios días más. Cuando él retiró su mano, pudo ver las marcas de un arañazo medio curado de, aproximadamente, el tamaño de su puño. Se fundía con tonos enfermizos de amarillo, verde y púrpura contra su cremosa piel, y ella se preguntó si así era como se veía la herida de su rostro.

Tamaki maldijo en fluído francés; Hikaru y Kaoru en duro japonés. El asa del botiquín se partió entre los blancos nudillos de Kyouya, y Haruhi se colocó la camiseta rápidamente antes de que desencadenaran su furia.

- Gracias. – susurró.

- Siento no haber podido hacer más. – dijo Mori, y Haruhi vio las sombras oscuras bajo sus ojos y la insalubre palidez de su piel.

Oh Dios mío, creo que ha drenado toda su elemancia por mi. Tiene que haber usado un montón de energía durante la pelea, y aún así quería ayudarme.

- Hiciste más que suficiente. – dijo ella, tocándole las manos para darle las gracias.- ¿ Qué pasó con Iwasaki?

- Por favor, decidme que los matasteis. – dijo Hikaru con una voz tan áspera y peligrosa como un incendio forestal. Él estaba cogiendo las camisas de todos ellos y secándolas entre sus dedos. La actividad era burda pero mantenía sus manos ocupadas, cosa de la que Haruhi estaba agradecida.

Hani negó con la cabeza bruscamente.

- No, pero no harán daño a nadie durante mucho tiempo. – y Haruhi vió que los nudillos de su mano derecha estaban partidos. Mori empezó a envolverlos con habituada habilidad.

- Tachibana llamó para pedir refuerzos y nos dijeron que viniéramos aquí mientras que ellos se hacían cargo de todo lo demás. – dijo Kaoru, y Haruhi se sorprendió al ver el trueno en los ojos de normalmente amable gemelo. – Vinimos tan pronto como calmamos la tormenta.

Esta vez el cuarto se quedó en silencio, y no había nada cómodo en él. Todos estaban mirándola, y Haruhi no sabía qué decir. Se miró las manos, arañadas y cortadas, y rascó el barro seco de su ropa.

- ¿ Por qué no nos lo dijiste?

Su cabeza se alzó de golpe y se encontró con la mirada de Tamaki.

- ¿ Deciros el qué?

- Que tenías miedo del trueno. Podríamos haber salido por ti, o haber parado la tormenta, o haber hecho algo para ayudarte.

- Aún más importante¿ por qué no nos dijiste que Iwasaki aún estaba batiéndose contigo? – preguntó Kyouya con calma, aunque su expresión era de evidente frustración.

- No era un problema. – dijo ella.

- ¡ Sí, lo era! – estalló Tamaki.- ¡ Lo que acaba de pasar ahora ha sido un gran problema¡ Tenían intención de golpearte hasta dejarte moribunda, si no de asesinarte directamente!

- No pensé que llegaría a esto.

- ¡ Entonces necesitas pensar más! Haruhi, no eran buena gente¡ lo viste en tu primer día en el Club de Hosts¿ Qué te poseyó para que pensaras que Iwasaki iba a seguir perdiendo contra ti de buena gana?

Sus mejillas se encendieron de humillación y orgullo herido, y no respondió.

- Probablemente pretendía hacer eso desde hace ya mucho tiempo. –dijo Kaoru, forzando el tema.- Adormecerte con una falsa sensación de seguridad, y entonces golpearte cuando fueras vulnerable.

- Usó tu miedo en su favor, y trajo ayuda. – dijo Kyouya- Incluso con sólo una de esas desventajas, el resultado podría haber sido... incluso más serio de lo que es. Y deberías haber mencionado los duelos con Iwasaki, aunque sólo fuera para hacernos saber que el CEE aún se estaba moviendo contra nosotros.

- Pero era yo la que tenía que enfrentarse a él, igual que con mi fobia. No había necesidad de hablaros de ello.

- Hasta que te tumbaron de un puñetazo. – gruñó Hikaru.

- Bueno, siento mucho que hayáis tenido que ir a rescatarme. – dijo Haruhi agitadamente. Entonces se paró y preguntó, más suavemente.- ¿ Co... cómo supistéis dónde estaba?

- Hani-sempai sintió el cambio en los patrones del viento y del tiempo, y yo sentí muy cerca la elemancia del Rayo. La seguimos hasta ti... y vimos cómo te golpeaba. –dijo Kaoru, y la voz de Hikaru se unió a la suya. – Sentimos no haber sido más rápidos.

- No, no fue culpa vuestra. – dijo ella, y un pequeño escalofrío de miedo rememorado bajó por su columna.- Pero no entiendo por qué todos estáis tan enfadados conmigo. ¿ Es porque no pude cuidar de mi misma? No quiero que penséis que no podéis confiar en mi.

- No. –dijo Hani, estirándose sobre el regazo de Mori y cogiendo su mano.- Nos asustaste muchísimo. Pensamos que ibas a morir.

Haruhi paladeó la frase durante unos segundos, le dio vueltas en su aún aturdido cerebro y entonces la comprensión amaneció sobre ella.

- ¿ Estabais... yo... estabais preocupados por mi¿ Teníais miedo por mi?

Miró alrededor del círculo y vió que ninguno de los hosts podía mantener su mirada, sus ojos sombreados con callado dolor. De hecho, tuvo la sensación de que estaban reviviendo esos momentos justo antes de encontrarla, preguntándose qué ocurriría si no lo lograban –o peor, qué ocurriría si ella no lo lograba.

Algo dentro de ella lloró cuando se dio cuenta de lo que les había hecho pasar.

- Lo siento. – susurró.- No pretendía heriros.

Fue rápidamente envuelta en un abrazo de Hani mientras que Mori revolvía su cabello afectuosamente. Hikaru y Kaoru le hicieron un (cuidadoso) placaje desde ambos lados, profesándole su perdón con voces extravagantes. Kyouya simplemente asintió, satisfecho, y Tamaki...

Tamaki la abrazó y le preguntó bajito:

- ¿ Siempre has sido independiente, verdad¿ Sin confiar en nadie aunque estábamos justo aquí? – cuando ella asintió, él continuó. – Quiero cambiar eso. Quiero que sepas que eres libre para ser tú misma, pero que estamos aquí para ayudarte tanto como tú nos ayudas a nosotros.

"Así que quiero que nuestro Club de Hosts forje un Círculo."

Haruhi abrió mucho los ojos y se apartó de sus brazos.

- ¿ Qué¿ A qué demonios ha venido eso?

- Si forjamos un Círculo, estamos prometiendo que nos apoyaremos los unos a los otros en todos los aspectos de nuestras vidas. – dijo Tamaki, su voz alzándose con excitación.- El día que entraste en la Tercera Sala de Elemancia fue el comienzo de algo grandioso. ¡ Fue el destino en su mejor momento! Y todos nosotros somos Elementales diferentes, lo que demuestra aún más que estamos destinados a forjar un Círculo.

- ¡ No, no lo demustra¡ Formar parte de un Círculo es una obligación de por vida¡ No puedes decidir hacer esto en una ventolera!

- No es una ventolera – ni siquiera es algo que acabe de decidir.

- Tono ha estado planeando esto durante casi un mes. – dijo Hikaru.

- Por eso vinimos hoy. –añadió Kaoru.- Queríamos hablar contigo, ver si estabas dispuesta a unirte a nosotros.

Ella miró alrededor de la habitación, buscando un signo de que estaban bromeando o tomándole el pelo o algo que le dijera que le estaban haciendo una jugarreta de extremado mal gusto, pero ni siquiera las caras de los gemelos mostraban más que callada anticipación.

- Lo decís en en serio. –dijo ella sin emoción.- Y por eso estabais preguntándome sobre ello antes¿verdad?

- Por supuesto. - replicó Kyouya, ajustándose las gafas.- Será extremadamente beneficioso que cinco de las familias más influyentes de nuestra generación forjen un Círculo. Aún mejor que lo hagamos mientras que somos jóvenes. Lazos más fuertes, sabes.

- Y nos gusta la idea. –dijo Hikaru.- Siempre bromeábamos acerca de adoptarte, así que¿por qué no hacerlo más o menos oficial?

- Quiero seguir compartiendo mi tarta contigo.- dijo Hani con un guiño.

- Y vamos a estar juntos como una familia. Nada nos romperá. – dijo Tamaki, casi resplandeciendo con toda su autosatisfacción. - ¿ Qué es lo que tú...?

- ¡ IDIOTA!

El silencio absoluto entró en el cuarto, y Haruhi estaba de pie (¿cuándo pasó eso?), incapaz de detener las palabras que se desbordaban de su boca.

- Tú¡ estúpido idiota¡ Todos vosotros¿ No lo comprendéis¡ Esto no es sobre dinero o poder o amistades¡ Forjar un Círculo no es como hacer un frío trato de negocios o una declaración politica ni nada por el estilo¡ Es para siempre jamás, hasta que la muerte nos separe! Cuando algo amenace a uno de los miembros, los otros seis están ahí para ayudarle. ¡No es porque tengan que estar, es porque necesitan estar¡ Están unidos por algo más fuerte que la sangre y el amor y la familia, y no importa lo lejos que se aparten, no importa lo que esté ocurriendo en sus vidas, al final el Círculo. Siempre. Será. Lo primero!

El recuerdo la golpeó entre los ojos-

- Hoy llegaré tarde a casa, pero te prepararé un banquete cuando llegue¿vale?

- ¿ Mamá va a usar su magia para darle una paliza a los malos?

Una risa delicada de una mujer que podía domar el océano.

- Sí, Haruhi-chan, voy a usarla.

- ¡ Cuando crezca quiero ser justo igual que tú!

- Serás incluso mejor que yo. Me haces estar muy orgullosa de ti¿lo sabes, no?

Se sintió arrastrada a un abrazo que cortaba el aliento.

- ¡ Te quiero, Mamá¡ Ten un día genial!

- Yo te quiero más, mi hadita acuática. Yo te quiero más... – y su madre se dio la vuelta y dejó la casa para siempre.

---- Y Haruhi sintió que sus piernas cedían. Los rápidos reflejos de Mori la salvaron, recogiéndola sobre su brazo y guiándola amablemente hacia el suelo. Ella contuvo las lágrimas parpadeando, tratando de recuperar la compostura y negándose a mirar a nadie. Ellos no dijeron nada, evidentemente asombrados por su vehemencia.

¡ Bien!

Le llevó cinco minutos de respirar profundamente antes de atreverse a hablar en tonos más calmados.

- Necesito algo de tiempo para pensármelo. Ahora mismo, no puedo decir que sí; simplemente no puedo hacerlo. Pero...- y vio la decepción (no, es más que eso) en sus rostros y amortiguó el golpe.-... dadme tiempo para pensar¿vale?

Hani fue el primero en actuar. Le dio su sonrisa patentada de loli-shota, aunque no llegó hasta sus ojos, y dijo:

- Okay, Haru-chan. Cualquier cosa que quieras, podemos hacerla por ti.

- Sí, no te agobies.

- Hablaremos sobre ello cuando estés preparada.

- Sólo mantenlo en la cabeza.

Mori miró de Hani a ella antes de dedicarle un brusco asentimiento y levantarse.

- Deberíamos irnos.

Fue como si hubiesen presionado un interruptor. Antes, había sido casi imposible desalojarles de su casa. Ahora, los seis se iban sin apenas gastar tiempo en decir adios y buenas noches. Los últimos en salir fueron Tamaki y Kyouya, quienes simplemente le dijeron que descansara antes de cerrar la puerta.

Entonces la casa se quedó silenciosa de verdad, y Haruhi se quedó con sólo sus recuerdos como compañía. Ella sabía que debería de estar histérica – una experiencia próxima a la muerte combinada con el equivalente a una propuesta de matrimonio mágica le habían caído encima en el espacio de sesenta minutos- pero lo único que se sentía era muerta por dentro.

Y no estoy segura de que me importe.

Durante la hora siguiente funcionó con el piloto automático; arreglando la casa, usando algunas de las sobras para hacerle la cena a su padre (extraño, ella no tenía apetito). No podía pensar, y emborronó sus deberes hasta declararlos una causa perdida (estudiaré mañana) antes de sentarse por fín.

No se había dado cuenta antes, pero las bandejas de la tarta habían sido limpiados. De hecho, se estaban secando en la estantería al lado de la pila; aún ligeramente sucios y jabonosos, pero obviamente se habían hecho un intento de lavarlos. Un lateral de su boca se arqueó hacia arriba.

Me escucharon. Incluso hicieron trabajo vulgar porque yo se lo pedí. Qué... sorprendentemente dulce.

Y por ninguna razón lógica que ella pudiera comprender, todo lo que había pasado esa noche empujó sus barreras mentales y la golpeó con la fuerza de un tsunami. Jadeó ante las abrumadoras sensaciones –pánico-ira-asombro-pérdida- e hizo la única cosa posible; su único recurso para consolarse cuando no tenía nada.

Corrió dentro del cuarto de baño y abrió hasta el tope el agua caliente de la bañera. Se quitó la ropa frenéticametne y, sin molestarse en lavarse, se metió dentro.

El agua empezó a tomar vida propia tan pronto como la tocó, alimentada por su elemancia pero no por su voluntad. Fluía y se agrupaba en una forma vágamente femenina; los rasgos estaban borrosos, amortiguados por la distancia del recuerdo, pero Haruhi sabía quién se suponía que era (quién quería que fuera).

¡ Mamá!

Haruhi se arrojó a los brazos de la mujer-agua, con su tatuaje restallando con tristeza zafiro mientras que la abrazaba con toda la fuerza de su cansado cuerpo. Dedos semisólidos acariciaron su cabello, masajearon su espalda, limpiaron las lágrimas. No era real (no es Mamá) y no era la primera vez que esto pasaba (estos abrazos, estos toques no significan nada, sólo es el agua reaccionando a lo que yo quiero), pero Haruhi sabía que no sería la última (porque no siempre puedo ser fuerte y así es como lo he soportado cuando necesitaba a alguien que no podía tener).

Aún estaba ahí, acunada como una niña en los brazos del agua viviente, cuando su padre llegó a casa.


Notas de la autora (13-VIII-2007): Pobre Haruhi; la quiero a morir y lo único que hago es torturarla. Siento curiosidad por saber cuánta gente se vio venir esto –que Tamaki le pidiera a Haruhi que se uniera a un Círculo. El último capítulo lo hizo bastante obvio, lo admito, pero dejé una cuantas pistas muy sutiles en los anteriores.

Gracias a todos mis lectores y críticos; siempre me asombra la desbordante emoción que sale de vosotros. Hace que sienta que le estoy haciendo justicia al Club de Hosts.

El próximo capítulo será cargado la semana que viene. Espero veros entonces.


Notas de la traductora (1-X-2007): Me rindo. Si alguna de vosotras sabe cómo diablos puedo evitar que se COMA LA MITAD DE LOS MALDITOS SIGNOS DE ADMIRACIÓN y no le importa compartir el secreto conmigo, prometo enviarle muchas galletas virtuales y una dedicatoria muy especial en el próximo.

Una aclaración: Kryssa es la autora original. Yo, Sambucivox, soy la traductora. La historia traducida (y la original, claro está) se está publicando en el perfil de Kryssa, y cualquier crítica que le dejéis la traduciré literalmente para ella.

Intentaré subir el próximo capítulo antes del sábado, día en el que estaré extremadamente ocupada –esta semana es mi cumpleaños, pista, pista- y no tendré tiempo para plebeyeces –broma, broma. Espero que éste os haya gustado; el próximo es algo más tranquilo, pero nos da muuuuucha historia de Haru-chan, su familia y los Círculos en general, y nos prepara para la Gran Bajada de la Montaña Rusa de Kryssalandia que vendrá a continuación. Así que seguid sintonizando este fandom.