"The Flame Alchemy: El Némesis"

By

AnneNoir


Disclaimer: Todos los personajes, el contexto y la historia originales pertenecen a Hiromu Arakawa y demás compañías con Copyright sobre el anime. Sin embargo, personajes nuevos y la historia aquí presentada es propiedad exclusivamente mía. Soo… si copias un solo pedazo te demostrare todo lo que una persona puede hacer con un tenedor… y mira que soy agresiva… grrrr… ÒwÓ


Advertencias:

-Creo… que nada… - Bastante tranquilo


Notas básicas:

0.-oºo-.0 cambio de escena.

-Entre guiones- Dialogo

-"Entre comillas"Pensamientos.


Recapitulación

El corazón me late demasiado fuerte, y no es por la carrera casi maratónica que eh tenido, es el miedo, el dolor, el susto, todo, todo… corro y corro casi sin sentirlo, por inercia cuando escucho el segundo grito

-¡¡¡Que alguien llame a un doctor¡¡¿¿HAY ALGUIEN AQUÍ??!!

¿Un doctor¡¡Mierda¡¡No!! No puede ser. No tan pronto, no hoy, no ahora, no, no, no, no, no, no ¡¡¡NO!!!

Me tropiezo con uno de los escalones y me hago daño en uno de los tobillos, pero el dolor me es indiferente, enseguida estoy de pie y abro con fuerza la puerta de la biblioteca de mi padre, donde esa mañana lo he dejado.

Pero en la puerta me congelo.

Sangre.

SANGRE.

En todos lados.

-¡¡¡RIZA!!!


Capitulo 1

"Un hombre y una niña."


-"Papá…!"-

No puedo ni siquiera pensar algo claramente. Tengo la garganta agarrotada por alguna clase de fuerza, la misma que no me permite dar otro paso adelante, ni alejarme de la puerta.

El esta muerto.

Ya lo se, no necesito acercarme para saberlo, Roy parece desesperado, angustiado, esta sufriendo. Pero yo ya no puedo sentir nada, el momento acaba de pasar delante de mis ojos.

Aún así… aún… Aún hay algo, algo que no le dije, algo que no hice… pero supongo… que son tantas cosas!!! La sensación que me invade ya es pura tristeza, y ahora, si. Se que estoy llorando.

La inmovilidad cede y a traspiés comienzo a eliminar la distancia entre El y yo. Es curioso, como al acercarme a su cuerpo fisco elimino la distancia y sin embargo al mismo tiempo estoy construyendo un abismo entre nuestras almas, entre lo que somos, y fuimos. Y en lo que seré.

Trato de agacharme lentamente a un lado de su cuerpo, pero aún no estoy en completo dominio de mis piernas, y caigo casi con violencia al suelo. El tobillo me duele, pero nada tiene que ver con ese dolor que siento en todo… en todo.

-…Un medico, busca a un medico… por favor… Riza… que… que haces…?-

Elimino la voz de Roy de mi mente. Y Paso mis manos por el rostro de mi padre. Con un suave toque en su cuello ya se que no hay más vida en su cuerpo… que ya… ya ni la alquimia es útil con sus heridas. Ni aunque llame al mejor medico, ya nada podrá hacer.

Nadie.

Levanto la mirada y me encuentro con la de Roy, el aún, aún no lo a aceptado, el aún no quiere aceptarlo.

-¿Puedes cargarlo?-

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Desde que tengo memoria solo hemos sido El y Yo. Una niña y un Hombre. Un Padre y una Hija. Solo dos. Sin embargo, por lógica y según el, hubo un tiempo en el que fuimos tres.

No tengo recuerdos de aquellos tiempos, pero según El fueron los más hermosos de nuestras vidas, según sus palabras, esa persona iluminaba cada recoveco de nuestras vidas, nos alegraba, nos acompañaba, nos cuidaba, nos amaba. Pero aunque El siempre hablaba en plural, no creo que realmente hubiera sido así. Creería que esa persona lo hubiera alegrado, acompañado, cuidado y amado a el. Que lo hubiera iluminado. Pero solo a El.

En toda la casa no hay una sola foto, un solo recuerdo, un vestido, una carta, una nota, nada que me mostrara que su presencia había sido real. Yo no recordaba su rostro redondo y blanco, ni sus ojos caobas y centellantes, tampoco tenia recuerdos de su largo cabello negro y brillante. No recordaba sus manos suaves y gentiles, ni su voz arrullante y dulce. No recordaba sus cuentos, ni sus canciones, no recordaba sus palabras, ni sus miradas, no la recordaba, y no había nada que me lo recordara. Solo El me hablaba de ella y sus virtudes y defectos, tanto así que hasta cree una imagen suya y comencé a crear recuerdos ficticios de ella y nuestra vida juntos.

Sin embargo mi primer recuerdo claro es durante un día soleado y hermoso, donde todos estaban vestidos de negro. Mi papá estaba a mi lado, y se veía muy guapo con aquel traje oscuro y su cabello atado en una cola baja, el rostro pálido como el mío y los ojos azules con un brillo extraño. Volvíamos de algún lugar que no recuerdo…

Iba tomada de su mano, me había vestido con una falda oscura y una camisita blanca, y tenia el pelo atado en una trenza alta que me llegaba a media espalda. Me encantaba sentir el largo cabello siendo balanceado por el viento. Y amaba cuando me lo peinaban y acariciaban suavemente.

El parecía muy triste y como el se veía triste yo también me sentí así, no me gustaba verlo de esa forma. Entramos en nuestra casa y la sentí distinta. Mi padre se quito el abrigo y lo dejo sobre una silla que había en la entrada, y aquello no me pareció bien, así que lo tomé y lo puse en el perchero que descansaba en una esquina de la habitación, aunque al principio debí acercarme una silla ya que no llegaba hasta arriba del todo.

Luego puse el mío también, pero faltaba algo, y sin saber bien que era camine hasta la cocina donde estaba mi papá. Estaba sentado en una silla mirando hacia el fregadero, que estaba lleno de trastos sin lavar. Yo lo mire desde la puerta pero el no se dio cuenta de que estaba allí.

-Papá…-

El siguió mirando hacia la nada, sin prestarme la más mínima atención así que levante la voz.

-¡Papá!-

El me miro confundido. Como si yo hubiera roto algo invisible, y sagrado. Me sentí avergonzada así que lo único que pude hacer, fue salir corriendo. Corrí escaleras arriba, y me encerré en mi cuarto. De cualquier manera el no me había seguido.

Mire mi habitación y no vi nada bien, todo estaba desordenado, la cama no estaba echa, mis juguetes estaban regados por todo el lugar, los papeles y crayones estaban tirados por todo el piso, algunos habían sido pisados manchado el piso y mis ojos estaban llenos de lagrimas.

Como si fuera algo horrible que no debería ser comencé a ordenar todo lo que encontraba en mi camino. Hasta que todo estuvo en su lugar. Entonces me dirigí al espejo de mi ropero y me vi totalmente extraña, la ropa no me gustaba así que me la cambie rápidamente y volví a mirarme en el espejo.

Note que mi cabello estaba mal, la trenza era horrible y estaba mal echa, la desarme y volví a armar una y otra vez, hasta que sentí que me dolía la cabeza de tanto jalarme el pelo y los brazos por tener que tenerlos tanto tiempo en alto.

Di tres grandes zancadas hasta una cajonera en mi cuarto y la abrí violentamente, comencé a tirar todo lo que había adentro hasta que encontré lo que buscaba, lo tome dudosa, pero a la vez con mucha decisión.

Volví frente al espejo y mire la larga trenza hasta la mitad de la espalda y que comenzaba muy alto en mi cabeza. La tomé con una mano y con la otra acerqué la tijera hasta el comienzo de la trenza rubia.

Y la corte.

Miré casi horrorizada los cabellos rubios en mi mano, pero a su vez un enorme alivio mezclado con tristeza se apodero d mi alma. Los cabellos me caían de cualquier forma sobre el cuello, tenia mechones más largos que otros, pero me pareció mejor que teniéndolo mal arreglado.

Entonces lo sentí por alguna razón, me giré y lo vi parado en la puerta. La tijera callo de mis manos al igual que la trenza.

-Riza…-

Sus ojos se veían aún más tristes, y no supe que hacer cuando vi lagrimas en sus ojos. No soporte nada y corrí hasta abrazarme a sus piernas. Y lloraba desconsoladamente.

-Lo siento… papa… pero yo creí, creí que si… esta mal, algo esta mal papá, y no se como lo arregló… papá…. Papá…-

El me abrazo, y jamás creí escuchar palabras más consoladoras que aquellas.

-Lo arregláremos… juntos… por que después de todo… somos uno… hasta que tú también lo encuentres…

-Te ayudare papá…

-Si lo harás, y yo también.

En ese momento no sabía de que estaba hablando el, no lo sabía, pero de alguna forma, lo entendía, y era como un juramento eterno, hasta que la muerte lo rompiera.

Y acababa de suceder.

La muerte y algo más… nos acaba a de liberar de aquel juramento, que aunque era una carga, era una que lleve a gusto durante mucho tiempo.

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Guié a Roy hasta el cuarto de mi padre y el depositó el cadáver sobre las sabanas blancas. Cojeando me dirigí hasta el baño anexo al cuarto y llene un pequeño trasto con agua. Lo lleve hasta la cama donde Roy miraba a mi padre como esperando que se levantara en cualquier momento y me senté en el borde bajo su mirada. Saque un pañuelo de mi bolsillo y mojándolo en el agua comencé a limpiar la sangre que había en su rostro.

-Deberías…-

-No puedo llamar al medico. El pueblo esta a cinco quilómetros y se esta formando una tormenta muy fuerte afuera… "Además para que quiero un medico…" es peligroso salir. En la mañana iré a buscar al reverendo… y hablare con el sepulturero…-No se de donde eh sacado todo ese razonamiento cuando mi mente no esta trabajando. No se que es lo que digo, sus ojos están abiertos, debería cerrarlos ya o más tarde no podré hacerlo.

Pero me estoy perdiendo en su mirada. Sus ojos no son como los míos, el siempre me decían que eran como los de Ella. Y me ponía frente a un espejo, para que viera que hermosos que habían sido sus ojos. No los míos, los de Ella.

Paso el pañuelo por su mandíbula una vez más, y lo escurro en el agua carmesí de nuevo, pero mis manos se detienen en esta acción. Entonces siento que roy estira su mano hasta el rostro de mi padre y baja sus parpados, ahora tiene los ojos cerrados, ya no veo aquel azul cielo. Y lo siento con toda mi alma… pero es mejor así al menos ahora se ve más natural, parece dormido.

Ahora Roy a rodeado la cama y a puesto sus manos sobre las mías quitándome el pañuelo, el contacto dura más de lo que esperaba, pero como yo no respondo el retira las manos junto con el pañuelo y toma también el cubo con el agua rojiza. Lo oigo caminar hasta el baño, el se aleja, me esta dando un tiempo.

Mi padre a cambiado mucho en los últimos años, su enfermedad lo ha llevado hasta este limite en los que las ojeras eran algo ya común, la piel como el papel blanco casi transparente, el aspecto desaliñado, adelgazando tanto que se le hundieron las mejillas, prematuras arrugas le llenaron la cara y dejo de atar su antes brilloso cabello, que ahora era opaco y sin gracia.

Sin embargo en los momentos en que su carácter no se alteraba, seguía siendo el mismo padre amoroso que había criado a una niña solo durante más de diez años.

Sin ayuda de nadie.

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Siempre supe que nuestra situación económica no era un lujo, mi padre era un alquimista, y vivía para su Búsqueda, por lo que los trabajos que tenía no podían acapararle mucho tiempo. La mayoría de la gente siempre opinaba que mi padre era un irresponsable y que teniendo una hija el debería de ocuparse al cien por ciento de ella.

Sin embargo yo le entendía, comprendía, aceptaba y admiraba su pasión por la alquimia, por eso le apoyaba, e intentaba ser lo más independiente posible. Ya que desde el momento en el que nos hicimos aquella promesa de ayudarnos mutuamente, jamás me pidió nada y me dio todo lo que pudo.

Nuestra casa era una herencia de mi madre, una casa de campo que le había dejado a su vez su padre como regalo de casamiento. Era extraño teniendo en cuenta que mi madre y mi abuelo no volvieron a hablarse, tanto así que yo no recuerdo haberlo conocido jamás, mi padre no hablaba de el, por lo que yo tampoco preguntaba, éramos felices como éramos y no había razón para arruinar esta felicidad por asuntos pasados.

La casa era un lujo y era difícil de mantener, sin embargo siempre logramos hacer malabares con los ingresos.

Mi padre era muy respetado como alquimista, y siendo el único en el pueblo los aldeano recurrían a el con mucha frecuencia, para que le arreglara maquinarias de cosecha, ya que no teníamos un mecánico en el pueblo, también objetos y cosas de este estilo. Además de ayudar cuando el río que pasaba por allí se desbordaba, o una vez cuando un incendio se llevo gran parte de los bosques.

También solían pedirle que hiciera un tipo de alquimia especial con la que separaba los buenos elementos de la tierra de los malos para que las cosechas fueran más fértiles.

Pero los aldeanos al igual que nosotros no siempre tenían dinero con el cual pagar los trabajos de mi padre, por lo que solían retribuírselo con alimentos, o cosas que necesitáramos, como ropa, zapatos, u objetos varios.

Y aunque las intenciones eran buenas, no así los resultados. Si mi padre quería sacar adelante su investigación, necesitaba dinero para comprar libros, materiales e instrumentos. Y para esto se necesitaba bastante dinero.

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Durante las mañanas mi padre iba al pueblo para hacer sus pequeños trabajos, al comienzo siempre me traía pegada a el pero después de un tiempo me dejaba hacer pequeñas compras con una lista que me daba y si cuando terminaba el no había acabado yo iba con Sally, la panadera y repostera del pueblo, que además de hacer postres y pan, era muy buena cocinera y me dejaba colarme en su cocina para ver como lo hacía. Y aprendía mucho de ella.

Pero un día cuando mi padre fue a buscarme donde Sally, la mujer lo detuvo y le hablo.

A Sally no le caía nada bien mi padre, pero de igual forma solía preocupase por ambos.

-Escucha Hawkeye, sabes que no me caes bien, pero ten en cuenta que quiero demasiado a tu hija ¿Entendido?

Mi padre solía reír nervioso ante este tipo de comentarios de Sally, que eran muy seguidos. Según ella mi padre tendría que haberme mandado con mi abuelo, y aunque yo sabía que no lo decía con maldad, yo siempre saltaba defendiendo a mi padre para este tipo de comentarios. Así que en ese momento yo ya estaba por adelantarme para soltarle algo a Sally, pero me sorprendió cuando esta ablando la expresión de su rostro y miro a mi padre casi hasta con cariño.

-Escucha ya va siendo hora de que te pongas a trabajar para poder darle lo mejor a este ángel que te has raptado…

-Lo se Sally pero…

-¡No! Calla. Y no me llames por mi nombre Hawkeye, soy Albert para ti.-Dijo con un tono de advertencia, pero luego suspiro y saco un papel de su bolsillo.-Escucha, el terrateniente de esta área esta buscando un alquimista que enseñe a su hijo la materia, va a pagar y por lo que eh escuchado lo hará muy bien, me parece un trabajo estable y del que podrías sacar provecho…-

Creo que a mi padre la idea no le pareció muy buena, pero yo me había ilusionad tanto que me colgué de su brazo y le rogué que aceptara, y el por supuesto lo hizo.

Las cosas no marcharon tan bien como esperábamos, mi padre no volvía de muy buen humor de sus clases, y por lo que murmuraba sin que yo le entendiera mucho, era que su joven aprendiz, no era más que un niño encaprichado con la alquila que no respetaba ninguna de sus lecciones. El dinero llegaba y en grandes cantidades, pero finalmente no servía de mucho ya que mi padre no podía concentrarse en su investigación, al tener que maquinar las mejores estrategias para convencer a este niño de que la alquimia no era ninguna clase de magia que con un dibujo lograbas hacerla.

Finalmente un día decidí que aquello no servía.

Mi padre estaba sentado frente a un par de libros nuevos que había comprado, pero no parecía concentrado en su lectura, su seño se fruncía cada vez más. Así que lo interrumpí llevándole una taza de café y un pan que había horneado como Sally me lo había enseñado.

El pareció extrañado con aquello.

-¡Papá mira¡Lo he hecho yo!- Le sonreí colocándole el café y el pan en la mesa del escritorio.

-¡¡Ahh!! Déjame probarlo…-Mordió un pedazo del pan y se llevo el café a los labios. Por un momento puso una cara de tal sufrimiento que pensé que había terminado por envenenarlo, tanto que comenzó a toser dándose golpes en el pecho.

-¡¡¡Ahhhh¡¡¡Papa!!!-Me le acerqué y comencé a darle palmadas en la espalda, estaba asustadísima.-Lo siento… lo siento…!-Lo repetía desesperada. Hasta que el comenzó a reír en medio de la tos, yo me separe y le mire angustiada e indignada… había estado burlándose de mí.

-¡Papá!-

El seguía riendo.

-Lo siento… es que… ¡¡¡jajá jajá!!! Lo siento, lo siento Riza-chan.-

Lo mire con el seño fruncido y me cruce de brazos.

-Estaba delicioso Riza…-Dijo con sinceridad.-Solo me he quemado un poco con el café, pero esta muy sabroso.-y siguió masticando el pan y bebiendo el café con lentitud. De repente puso una cara como si hubiera recordado algo malo.

-Un momento…¿Has estado manejando el horno tú sola?-

Se me subieron los colores a la cara.

-Pues... si… Sally me ha enseñado a hacerlo… y pues… pensé que te agradaría…-

-¡Riza¡Tienes siete años¡Además Sally va a matarme cuando se entere!-

-No tiene porque enterarse…-Dije con una guiñada.

-Si… si no se lo dices…-Pareció pensativo un rato y volvió a poner una mirada de seriedad de nuevo como si entrara en razón de repente.-No! De igual forma, las niñas como tú no pueden hacerlo solas, es peligroso! Pídeme ayuda la próxima vez…

Sonreí tímidamente y asentí. El movió la cabeza negativamente y sonrió resignado, el sabía que yo no lo haría. Y luego me despeino el corto cabello rubio. Se me quedo mirando como meditando algo y luego me dijo suavemente.

-Sabes, podrías dejarte crecer el cabello nuevamente…-

El y yo no volvimos a mencionar el tema del cabello ni lo que sucedió aquel día en que hicimos aquella promesa. Realmente no se porque pero no lo hacíamos. Como si fuera un tabú.

Negué con la cabeza y permití que me sentara en sus piernas.

-No. Así esta bien, no se porque, pero se que es así como debe estar. No recuerdo la razón… pero se que hay una.

-Ya… entonces quedara corto. Ya recordaras.-

Asentí y acepte el pedazo de pan qué me puso en la boca.

-¿Puedo tomar café?-

-No.-

-Ahh… ¡¡¡papá!!!-

-Ya eres bastante hiperactiva sin nada arriba, tú no necesitas café, dudo que lo necesites nunca… el café es para las personas como yo…

-Los vagos dormilones… y perezosos.

-No deberías decir eso de tú padre…

-Sally lo dijo, no yo…

Papá suspiró.

-Ya entonces Sally debe tener razón.

Me reí y tome uno de los libros de la mesa

-¿Es bueno¿Lo disfrutas?-Pregunte.

El pareció pensarlo un rato y luego contesto con rapidez.

-Claro, si, es uno muy bueno.

-Uhmm… yo podría leértelo…

-¿Tú?

-Sip.

-Eres buena leyendo pero es algo complicado.

Fruncí el seño y tome una página cualquiera del libro.

-Ingredientes principales: Agua: 35 litros, Carbono: 20 KG, Amoniaco: 4 litros, Lima: 1,5 Kg., Fósforo: 800 gr., Sal: 250gr, Nitrato 100g, Sulfuro: 80g, Fluoruro: 7,5 g Hierro: 5g, Silicio: 3g, Y otros 15 elementos. Aunque estos sean los elementos que con forman el cuerpo humano, la t-t… transmutación!... humana es un tabú en la alquimia…

Fruncí el seño…

-¿Transmutación humana? Papá. Pueden los alquimistas hacer personas?

El se noto incomodo y me quito el libro de las manos, cerrándolo y dejándolo aun lado.

-No, no pueden.

-Pero…

-Te lo explicare otro día es complicado y debo descansar para mañana darle las clases a Mark.

Fruncí el seño cuando vi su rostro serio e inconforme.

-Papá… tal vez debas dejarlo.

-¿Que?

-Las clases…

-Pero Riza…

-No escucha. No sirve si realmente no te sientes feliz. Se que no lo disfrutas, pero además esta interfiriendo con tú investigación, y no nos sirven de nada todos estos libros si no puedes concentrarte para leerlos…

El sonrío levemente.

-Deberás piensas así? Pero volveríamos de nuevo a lo de antes.

-Lo de antes estaba bien, además ya encontraras algo que de verdad sirva.

El me sonrío

-Tienes razón.-

-Siempre es así-Le dije sonriendo.-No se que harías sin mi.-

El se me quedo mirando de una forma extraña y luego soltó:

-Te pareces tanto a ella…

Odiaba cuando me comparaba con ella, por alguna razón lo odiaba.

-Ya es suficiente por hoy, voy a dormir… me arropas?

El desvió la mirada pero asintió.

Y yo no pude evitar pensar que había sido demasiado dura y cortante. Me le acerqué y puse mi pequeña mano sobre la suya.

-Papá… te amó.

El me sonrió levemente.

-Yo también Riza-chan.

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Después de aquello papá dejo el trabajo de maestro, y aunque aquello nos acarreo varios problemas ya que el terrateniente era un hombre muy influyente, y se molesto bastante con el abandono de mi padre, logramos volver al ritmo normal de vida.

Sin embargo, por lo visto su fama como alquimista había crecido en aquel tiempo y le llegaron muchas peticiones para convertirse en tutor de personas que realmente parecían querer aprender alquimia, sin embargo entre los dos decidimos que no era una idea tan buena desde la experiencia del hijo del terrateniente.

Solían llegar muchísimas cartas los primeros meses pero entre los dos solíamos leerlas y mandar respuestas cordiales a todos, tampoco se podía ser descortés con todas estas personas.

Pero un día llego una que hizo enfurecer mucho a mi padre y me sorprendió de sobremanera.

Solíamos sentarnos en la sala comedor mientras abríamos las cartas. Yo se las leía a mi padre para practicar mi lectura, y el escribía las respuestas.

-… cordialmente me despido esperando su pronta y afirmativa respuesta. Atte. Job Morris. Parece muy seguro de si mismo… se va a llevar una decepción cuando reciba tú rechazo.

Mi padre asintió levemente.

-Pero no hay nada que hacer. De cualquier manera no pienso aceptar a nadie y es algo que explico en sus respuestas, así que no es que lo haya considerado mejor o peor que otros, no hay razón para que no sigan adelante….

-Mira! Otra más de el tal Roy Mustang… Es ya la sexta en cuatro meses ¿no?-La abrí y la leí para a dentro, y luego le comenté.-Je… lo mismo de siempre, te pide que lo reconsideres, Que puede pagarte bien y esas cosas…

Mi padre me la quito y la leyó el.

-Es una lastima, parece ser un buen chico, pero no voy a arriesgarme a meterme con el hijo de un militar, creo que es hijo de Rod Mustang un coronel de ciudad del este..-

Su mirada se oscurecía al mencionar a los militares y a ciudad del este, así que yo siempre intentaba desviar el tema, aunque con la edad la curiosidad estaba comenzando a hacer mella en mí, y realmente quería saber mas cosas, sobre mi madre, mi abuelo, ciudad del este, y los militares.

Vivíamos en un pueblo en medio de la nada, por lo que las noticias que llegaban eran escasas e inexactas. Aún así saque otra carta del montón y mire con curiosidad el signo en la estampilla, era la bandera de amestris pero enmarcada en amarillo y terminando en un triangulo.

Jamás la había visto.

La abrió y la leyó.

-Sr. J. Hawkeye: Dados sus conocimientos prácticos y teóricos en la materia, el estado de Amestris estaría orgulloso de que prestara sus servicios a la nación, convirtiéndose en alquimista nacional. Recordándole que como beneficios incluidos en este titulo se encuentran el grado de Mayor en nuestro… ejercito…-Se me corto la voz a la mención de los militares. Los que tanto odiaba mi padre. La duda de por que razón volvió a mi mente. Pero al ver que mi padre no decía nada continué.- un fondo ilimitado para sus investigaciones (Dando constancias anuales de ellas), acceso ilimitado a las bibliotecas nacionales de la milicia, y a la sección especial para alquimistas, y residencia permanente en central, entre otros beneficios alternos.

Esperando que considere nuestra propuesta se despide de usted, Ami Wattson, Secretaria personal del Fhurer.

Mi padre no decía nada, y me moría de curiosidad así que simplemente le solté:

-¿Por que no consideras esto papá? Parece bueno, se interesan en los alquimistas, y les interesan que sus Investigaciones salgan adelante… no tendríamos que preocuparnos más por el dinero… y me han dicho que central es un lugar muy bonito.

-Riza… por mucho que parezca perfecto, los militares no son un buen camino, no lo entenderías ahora. Cuando crezcas te lo explicare.

Tuve ganas de gritarle muchas cosas pero no lo hice. El no se lo merecía.

Asentí y boté la carta.

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Las cosas siguieron su curso durante cierto tiempo más, mi padre me enseñaba muchas cosas, y yo lo admiraba por que parecía saber todos los conocimientos del mundo, pero no me hablaba mucho sobre la alquimia, no la practica al menos. Y yo lo dejé pasar, aunque cada vez me sentía más molesta por esto.

Hasta que llego el día que cambió nuestras vidas, en muchos sentidos.

Mientras Sally hacía las compras yo solía vagar por el mercado, que se encontraba, muy seca de la estación del tren, y me gustaba escuchar el silbato de este cuando volvía a partir.

Mientras Sally negociaba los precios con el puestero, yo me acerqué a la parada para ver como el tren se iba.

Mientras observaba a algunas personas saludando desde la ventana, alguien me llevo por delante y me tiro al suelo junto con el paquete de huevos que Sally me había mandado a llevar.

Se rompieron todos.

Y así enfurecida, corrí detrás del idiota que lo había echo.

No faltó mucho para que el muchacho cayera de rodillas cuando me colgué a sus piernas.

-¡Oye!- El muchacho me alzo tomándome por la espalda del suéter que llevaba, y me dejo pateando en el aire.

-¿Que te sucede niña? Discúlpate-Me exigió

Parecía molesto por el golpe. Pero yo no perdí la compostura

-¡No¡Tú acabas de empujarme¡¡Y has roto todos los huevos!!

El me miro confundido y vio el paquete desparramado en el suelo.

-Ahh… ¿Fuiste tú, enana? Pensé que había sido un perro.

¿Un perro? Le desde donde estaba le lance una patada en el estomago que llego a rozarle.

-¡Oye¡No seas agresiva!

-¡No¡Tu no me llames perro¡Y bájame al suelo!... Y… ¡Y págame los huevos!

El suspiro y me bajo al suelo.

-Bien, discúlpame…-Parecía sincero.

-Y los huevos?

-No puedo pagártelos…

Iba a gritarle de nuevo pero añadió.

-Pero puedo hacer otra cosa…

Vi como sacaba una tiza de su bolillo y trazaba un círculo de transmutación alrededor de los huevos. Puso sus manos en el, y al instante estaba todos reparados.

-Ya ¿Ahora estamos en paz?

Le miré sería y asentí, no me gustaba que supiera usar la alquimia… Sentía que involucraba a mi padre…

-Bien…

El chico pareció perdido. Tenía una mirada Negra como el carbón y el mismo cabello. Era alto, parecía tener unos quince años. Cargaba con una bolsa al hombro y una maleta en la mano.

-Ahora que somos amigos…

-¿Amigos...?

El no presto atención a mi sarcasmo.

-¿Podrías decirme donde vive, el maestro de alquimia Hawkeye…?

Lo mire nervios y me puse a la defensiva.

-¿Que… quien… quien eres?

-Oh, lo siento no me presente… soy Roy Mustang.-Puso una sonrisa tan amistosa y blanca que una chica que pasó por allí suspiro.

Y yo recordé el nombre enseguida…

-El insistente…-Murmuré para mi, pero el pareció oírlo.

-¿EH¿Sabes?

Yo negué con insistencia.

-No, no. Te has equivocado de lugar aquí no vive ningún Hawkeye… te debes haber confundido de pueblo, tal vez sea el siguiente... y te has confundido al bajar.

Mustang me miro extrañado y sacó un papel del bolsillo.

-No. Este es el lugar. Iré a hablar con otra persona, tal vez tú no lo conozcas, eres solo una niña….-Volvió a ser un borde.

-¡Pero, no¡Es un pueblo pequeños, estoy segura…!-

-Igual preguntare en otro lado, solo para estar seguro.

El hizo ademán de irse pero yo me puse en su camino.

-¡No!

-¿Riza?

La voz de mi padre me sorprendió.

-¡Que haces aquí estábamos preocupados…!-

Sally iba con el.

-Ne… vamos¿¡Quien puede perderse en este pueblo...!?-Al ver que Roy intentaba decir algo solo corrí y tomé la mano de mi padre para irnos.-Vayámonos, tenemos que terminar el almuerzo, Sally y yo.-

-Si-

Mi padre asintió, y se encamino para irse.

Pero entonces sentí la voz de Roy dirigirse a Sally.

-Oiga, señora, podría decirme donde vivé el alquimista Hawkeye?

Mi padre se giró rápidamente y miró al chico. Yo solo suspire.

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El ruido de Roy vaciando el cubo en la pileta me despierta y miró una última vez el rostro de mi padre. Esta perdiendo el calor. Me acercó y beso sus labios suavemente. Es mi despedida.

Estiro la sabana, y cubro su rostro con ella también.

Me giro y veo a Roy parado en la puerta del baño con la mirada sería. Hay mucho de que hablar. El debe estar lleno de preguntas, que yo no estoy dispuesta a contestar hasta que el responda a las mías, así que endurezco mi mirada, y la sostengo con la suya.

Luego solo agrego:

-Bajemos. Preparare café.


Terminado el miércoles, 17 de enero de 2007 a las 21:04:32


N.A: ¿Y que os ha parecido? Este primer capitulo esta centrado en Riza y sus recuerdos de niñez, antes de que Roy entrara en su vida, puede haber cosas que aún no entiendan, eh dejado bastante para explicar en un futuro, pero igual pregunten que si es posible responderé, quiero que me sigan el paso.

También es posible, que piensen que de momento los caracteres de roy y en especial Riza puedan ser diferentes, pero recuerden que aún son niños y le quedan muchas cosas por vivir y que marcaran su personalidad hasta llegar a la que todos conocemos.

Bueno, por otro lado quería hablar de los reviews, no puedo decirles que voy a dejar de escribir si no me los dejan, mis trabajos los termino siempre que los empiezo, es algo que es inamovible a mi, pero aún así valoro mi trabajo y creo que es algo decente… ­-

Así que también creo que es importante que como yo cumpla con las actualizaciones correctamente ustedes los hagan con los reviews. Es el Intercambio equivalente… -je… Y eh visto que al menos 40 veces han entrado ha esta historia, así que sin esperar 40 reviews, espero cinco al menos ¿No es mucho cierto? Y los chaps… son largos…

Bue, en si les estoy rogando por que me dejen comentarios ¿Ok?

Y… me despido contestando a reviews….

VALE BLACK: Gracias!!! Sip! Lo tengo más o menos controlado, pero si, bueno beso!!!

Ya ven 1 sola persona… eso baja el animo… (sin desmereserte!! Te lo agradesco mucho!!)

Atte. AnneNoir