Parecía un niño al dormir. Pero no era un niño; era un hombre. No sólo era un hombre, sino que era un hombre herido. Había perdido a su hija.
¿Sabré algún día cómo se sintió? Tenía tantas cosas para lamentar. Si lo sabré yo; siempre que alguien muere nos avasallan las culpas. Uno empieza a preguntarse por qué no aprovechó el tiempo mejor. Como mi hermano, que se pregunta todo el tiempo, día y noche, por qué no le dijo lo que sentía ala mujer que amaba. Ahora ella está muerta, verán, y aunque no lo diga, yo sé que no puede pensar en otra cosa.
Y este sujeto durmiendo pesadamente es mi padre. Tiene muy mal aspecto. Los círculos bajo sus ojos son oscuros y tiene cara de dolor. Y a mí me duele su dolor; quisiera poder abrazarlo y decirle que deje de buscarme, que no llore más, que no se culpe, porque yo estoy bien.
Es mentira, por supuesto. Yo no estoy bien. Estoy muerta.
Pero no es importante la verdad en este momento. Lo importante es que está sufriendo, y que es mi padre. E independientemente de eso, no merece sufrir, porque es un buen hombre.
Es el jefe de policía de Forks. Su vida era tranquila antes de que yo desapareciera. Siempre fue un sujeto honesto, mi papá. Bonachón. Callado, como yo, y sencillo. Tiene un corazón hermoso.
Me hubiera gustado pasar más tiempo con él, ya saben, cuando estaba viva. Tenía planeado algún día irme a vivir con él, para igualar un poco los tantos después de vivir con Reneé todos estos años. Pobre Charlie, no puede dormir bien. Por supuesto que no.
No quiero pensar en mi madre ahora. Me basta con ver la devastación que le causé a mi padre. Hubiera preferido que no me amaran, antes que estuvieran viviendo el calvario de buscarme y buscarme, y no encontrar jamás un dato, una pista, ni siquiera un cadáver que enterrar. Ya pasaron dos años desde entonces y mis padres no pueden superarlo.
Y sé que van a pasar muchos años antes de que lo superen. Porque cada vez que me escurro en la casa de mi padre y lo miro dormir, él me llama. Y yo no me animo a hacer nada.
Me siento en el suelo, apoyo mi cabeza contra el colchón y escucho el ritmo acompasado de su respiración y el sonido pesado de los latidos de su corazón. Es como si me arrullara, como cuando era una niña muy, muy pequeña y apoyaba mi cabecita contra su amplio pecho y sentía palpitar su pecho antes de dormirme.
Lo observo y escucho mientras se revuelve ligeramente en sueños con el ceño fruncido.
Está triste. Mientras veo su expresión dolorida, comienza a hablar en sueños. En su mayor parte son gruñidos angustiosos como una plegaria sin sentido. Y sé lo que está por venir, así que me pongo de pie, preparándome para irme, porque sé que no lo voy a soportar. Pero no hago tiempo, y son tres palabras que me desgarran por dentro, que me desgajan el alma, y no puedo respirar, no puedo sentir, no puedo pensar en otra cosa que en el dolor que me atraviesa como un rayo, y me deja clavada en el suelo.
Pequeña, ¿dónde estás?- pregunta Charlie, y lo hace con una voz tan angustiada que no puedo moverme y me quedo parada a los pies de su cama, pensando en que podría morirme de dolor, si no fuera porque ya estoy muerta, y espero que algo o alguien me saque de aquí porque yo no puedo juntar la suficiente fuerza de voluntad para alzar un pie y alejarme de mi padre, que me llama como si en ello se le fuera la vida cuando yo no puedo responderle.
Y me quedo aquí, quieta, hasta que siento que dos brazos me han rodeado desde atrás y de repente me están llevando como a un bebé. Manoel tiene cara de preocupación y yo me acurruco contra su pecho con los ojos cerrados.
No puedo hacer más que encerrarme en mi mente, meterme en el oasis de mis recuerdos y es como vivir en ellos otra vez. Recuerdo cada vez que estuve con Charlie de vacaciones en Forks, y me siento tan estúpida, y cuando el dolor de mis recuerdos se hace insoportable vuelvo en mí para encontrarme en brazos de mi hermano que me acaricia el pelo suavemente mientras mira a un punto invisible en su línea de horizonte. Se da cuenta inmediatamente de que estoy de vuelta y me mira con disimulada preocupación, pero no pregunta nada. Sabe que no podría soportar una pregunta ahora.
Estamos de nuevo en nuestro cuarto, puedo ver, y pasadas un par de horas, Manoel me vuelve a mirar con seriedad, y suspira.
Bueno Bella, nos vamos de caza.
¿De caza?- balbuceo.
Sí, vamos a cazar brujas.
