Bueno, puedo aceptar-dijo irritadamente Alice.- que no haya advertido la prescencia del hombre lobo. Pero yo vi claramente que la pelirroja ganaba, y cuando llegamos Bella ya había terminado con ella.

Estábamos sentados en la sala de estar; Alice, Jasper, Edward y yo. Emmett y Rosalie estaban arreglando unos detalles de su equipaje, pues la mayoría de ellos se iba de caza en un par de horas, a la mañana. Carlisle y Esme estaban charlando con Manoel, en la cocina.

Me concentré en lo que Alice acababa de decir, tratando de no estremecerme al recordar que había "acabado con ella". A pesar de lo que era Victoria, y de que había tenido varias oportunidades de acostumbrarme a la muerte en mi nueva existencia, me sentía horrible por haber terminado una vida. Estaba tratando de pensar otra cosa hasta que volviéramos a casa con Manoel, para no largarme a llorar. Así que me concentré en el asunto, y pensé con un leve cosquilleo de alegría en que Alice me llamaba por mi apodo preferido, como le había pedido.

La verdad, no sé muy bien cómo le gané. Ella era mayor que yo…-musité.- Sucedió algo extraño.-dije, recordando repentinamente. Alice me miró con atención, urgiéndome a continuar.- Cuando la sentí cerca de mi casa, tenía el viento a mi favor, así que traté de acercarme lo más discretamente posible, y cuando… llegué a estar frente a ella, y parecía que no me veía.

¿Qué quieres decir?- preguntó Alice. Jasper me miraba interesado, Pero Edward me estaba atravesando con la mirada. Su expresión seria me hizo contener el aliento. Inmediatamente me puse nerviosa.

Ella… ella me miraba, miraba donde yo estaba y no me veía, seguía buscando con los ojos alrededor… me buscaba pero no me veía.- concluí.

Interesante.-dijo Alice.- Debe ser un talento tuyo, Bella. ¿Hace cuánto que fuiste cambiada?

Hace dos años.- susurré. Este tema me ponía en un estado de ánimo muy sombrío.

Bueno, es probable que haya cosas que aún no has descubierto. Esta puede ser una de ellas.- respondió Alice con dulzura. Hubo un momento de silencio. Alice me dio una palmada en el hombro y se volvió a su marido.- Más vale que subamos para arreglar nuestras cosas.- dijo rápidamente- Nos vemos más tarde, Bella - y se fue guiñándome el ojo. Jasper la siguió mirándome con cara de disculpa.

Me quedé sentada sola con Edward.

Las situaciones incómodas.

Oh, Dios, esas situaciones. Esos momentos en los que no se sabe que decir ni qué hacer. Me escondí detrás de mi pelo. Traté de explicarme porqué estaba tan nerviosa, pues ya estaba confiando más en los Cullen. Después de todo habían salido de la comodidad de su hermosa casa para ayudarme, y me habían salvado del lobo… Pero me ponía nerviosa quedarme con Edward, quien raramente me hablaba y no dejaba de mirarme con expresión insondable.

Así que me quedé en el sillón mirando para otro lado. Si me latiera el corazón habría estado saltando como un caballo desbocado.

¿En qué piensas?

El sonido de su voz me sobresaltó, y salté ligeramente en mi lugar. Me volví lentamente para mirarlo, porque su voz había sonado gentil, y hasta curiosa, y eso no concordaba mucho con la expresión hosca que le había visto hasta ahora cuando dirigía su mirada hacia mí. Y lo que ví me sorprendió tanto como su voz; porque me miraba con el ceño ligeramente fruncido como si examinara una ecuación matemática o un enigma difícil de resolver, con intriga y un dejo de simpatía en los ojos. Mi sorpresa debe haberlo divertido porque esbozó una media sonrisa.

Disculpa, no quería asustarte.-respondió en voz más baja.

No, está bien.- respondí un poco ahogadamente, mirándolo sorprendida. De repente me di cuenta que me estaba olvidando de respirar, y tomé aire, sintiéndome una idiota. Edward ahogó una risita. Me sentí irritada de que fuera tan perceptivo y supe que de ser humana habría estado roja como un tomate.

Entonces,-preguntó otra vez, con aspecto divertido- ¿qué estás pensando?

¿Por qué me lo preguntas?- pregunté desconfiada. Recordaba perfectamente lo que Manoel me había dicho. Edward podía leer las mentes.

Él se encogió de hombros despreocupadamente.

Curiosidad.

Bueno, pues,- trastabillé.- pero… ya lo sabes…? –concluí, balbuceando.

No.- me dijo, solemnemente.

Pero… tú…- me puse nerviosa de verlo serio de repente. Tuve miedo de que me volviera a mirar con expresión hostil. De repente mi organismo entero se rebeló y tembló ante la idea de que Edward se enojara conmigo. Qué extraño, pensé.

Por lo general puedo leer las mentes de las personas, pero no la tuya.-dijo mirándome de nuevo como si yo fuera algo totalmente nuevo y extraño.

Me quedé completamente en blanco. No sabía qué conclusión sacar. La vocecita chillona de mi desconfianza ya estaba inventando una complicada trama en la que Edward inventaba esta historia para probar la honestidad de las personas, y casi me río de la ridícula historia. Nunca les mentiría a los Cullen. En realidad no le mentiría a nadie, soy una mentirosa bastante mala y no es algo que me guste hacer.

¿Qué?- solté, y él se rió de mi expresión. Al oír su risa me estremecí, pero fue una sensación placentera.

Bueno, a mí también me sorprendió bastante.- dijo, y me miró seriamente.- Nunca me había cruzado con nadie a quien no pudiera oír.

Lo decía con tanta naturalidad, como si oír los pensamientos ajenos fuera algo totalmente normal.

Así que dime. ¿Qué estás pensando?- insistió, mirándome a los ojos ansiosamente.

Me turbé y no supe que decir.

Eh.- no podía decirle que había estado pensando en lo raro que él era, en lo incómodo de estar sentada allí sola con él sin saber qué decir, ni en por qué se me erizaban los cabellos de la nuca cada vez que sonreía, particularmente la última, que estaba tratando de ignorar. Así que improvisé.- Pensaba en Victoria.

Oh.- dijo, con expresión de disculpa.

Hubo un momento de silencio. Me refugié detrás de mi cabello, pero el silencio no me hizo sentir mejor, a pesar de que me daba bastante miedo y vergüenza hablar con él. Casi deseé que me hablara de nuevo. Entonces noté que me estaba mirando fijamente todavía. Lo miré interrogativamente.

Nada. Me intriga saber tus pensamientos.- repuso.- Pero no entiendo.

¿Que no entiendes qué?- pregunté, la curiosidad ganándole a la timidez.

No te entiendo a ti. No puedo imaginarme qué pasa por tu cabeza.

¿Es así como funciona? ¿Te imaginas lo que pasa en la cabeza de la gente?

No. Veo y oigo lo que pasa en la cabeza de la gente. Pero como no te oigo a ti estoy tratando de imaginarlo.

Me sentí ligeramente alagada de que pensara en mí, aunque no supe explicarme por qué.

Y ¿por qué no me oyes?- le pregunté, y entonces se me ocurrió algo.- Si oyes a todos y no a mí entonces no soy normal… ¿Mi cabeza anda mal?

Volvió a reírse entre dientes.

No, parece ser que tu cabeza anda bien.- respondió.- pero me llama la atención, por que yo no te oigo, y dijiste que en tu encuentro con Victoria -me miró, con cara de cautela, como para ver si me molestaba lo que decía, y continuó cautamente- ella no podía verte.

Lo miré sin entender. No podía ver la conexión.

¿Estabas pensando en algo…? ¿Qué querías hacer cuando te le acercaste? ¿Lo recuerdas?- me preguntó, mirándome penetrantemente.

Yo… estaba deseando que no me viera hasta que estuviera lo suficientemente cerca. Conozco a Victoria, y una vez que se te escapa es imposible agarrarla de nuevo. Quería tratar de acercarme antes de que huyera, porque si ella hubiera vuelto a James después de captar mi rastro…

Edward asintió.

Pensé…- en ese momento sentí una sensación que ya conocía, como si muchas piezas estuvieran encastrando con otras y formando un puzzle.- cuando era chica me imaginaba que mi mente era una caja, y no se porqué, pensé en esa caja y...- Edward me miraba atentamente, animándome a seguir.- es una idiotez.

No creo que nada que pueda salir de ti sea una idiotez.-repuso él, - Además parece que te funcionó muy bien.

Me… imaginé… metiéndome en la caja…- le dije, sencillamente.

Se me quedó mirando, callado. Su expresión era ilegible, y me dio miedo lo que podría estar pensando. Quizás pensaba que era una completa idiota, y estaba a punto de levantarse para irse y no volver a hablarme jamás.

Interesante.- dijo finalmente.

Me volví para encontrarme con su rostro. Él sonrió, con una sonrisita torcida, y pareció que mis piernas se volvieran de manteca.

Entonces te escondiste dentro de tu mente.- concluyó.- Asombroso.

Me di cuenta de que tenía la boca abierta del asombro cuando él se rió. Tenía sentido, a pesar de lo descabellado que era. Me había recluido en mí misma… me había escondido…

Un momento, entonces, eso de que no me puedes oír…

Bueno, parece que tu mente es un lugar… inaccesible. Para los demás, al menos, porque tú puedes esconderte allí…- entonces se puso serio y me miró con expresión calculadora. Yo temblé bajo su mirada, que se ablandó al instante. Y me quedé sin aliento porque ahora me miraba casi con ternura.- ¿Estás bien?

Iba a decirle que sí, pero no pude. Traté de dedicarle una sonrisa de disculpa.

No sufras por eso. No podías hacer otra cosa.

No sé.- respondí.- Nunca sabré si había otra solución. Y aunque no la hubiera…- no quise seguir por miedo a que se me quebrara la voz.

No es justo que te tortures. Esta situación no es tu culpa.- me dijo dulcemente, y yo evité mirarlo.- No es tu culpa, ¿sabes?

Yo no le dije nada. Me ardían los ojos y no tenía lágrimas. Empecé a temblar.

No…-murmuró Edward.

Tomé aire y me recompuse dificultosamente. Entonces Edward me puso una mano en el hombro, y ese contacto físico inesperado me desarmó. Lo miré de nuevo, y él tenía una expresión llena de pena y compasión.

Lo siento. No quería lastimarte. No estés triste, por favor.

Está bien. – respondí con voz ronca.- Estoy bien… - murmuré, para convencerme a mí misma más que a él.

Está bien.- dijo Edward dándome la razón.- ¿Quieres… que llame a tu hermano?

No, no, estoy bien….- pero estaba temblando de nuevo.- sólo… tengo miedo.

Esta confesión casi destroza el gran dique que tengo construido en mi interior para contener la histeria y el pánico que me atenazaban desde que James entró a nuestras vidas. Me sentí avergonzada, no quería bajar las defensas frente a ningún desconocido, y mucho menos frente a Edward, quien estaba empezando a tratarme bien después de que aparentemente me odiaba.

No tienes que tener miedo,-me dijo, tomándome una mano.- Estamos contigo. No vamos a dejar que les pase nada.

Yo asentí. Respiré profundo, varias veces hasta que me calmé ligeramente. De repente me Edward me soltó bruscamente la mano y se alejó un poco de mí. Entendí porqué cuando un segundo más tarde entró Manoel en la habitación seguido por Esme. Como siempre, no necesitó ninguna explicación ni ninguna pregunta para saber qué me sucedía, y se sentó a mi lado abrazándome como a una niña pequeña.

¿Quieres volver a casa, Isabel?- preguntó en voz baja, acariciándome la cabeza.

Yo asentí. Fuimos hacia el vestíbulo, y mientras charlaba Manoel casualmente con Esme diciéndole que la llamaría al día siguiente, yo volví al living donde estaba Edward.

Gracias, Edward.- murmuré.

De nada.-me dijo, sonriendo, y yo

Bella…- me llamó quedamente de nuevo.

¿Sí?- pregunté, conteniendo el aliento.

Gracias por charlar conmigo.

De nada.-respondí, emocionada y turbada. Me quedé mirándolo. Él levantó las cejas, luego de un rato, sonriendo socarronamente.

¿No te ibas?

Ah, sí…- respondí, avergonzada.- adiós.

Adiós.

Yo me dirigí de nuevo al vestíbulo-

Bella.- agregó con una expresión extraña, ansiosa, en la mirada.- No dudes en venir, si necesitas algo.

Ah... Está bien.

Me volví maldiciéndome. No podría haber elegido una respuesta más estúpida que ese "Ah… Está bien". Sentí un cosquilleo en la panza. No te emociones, estúpida, no te invitó a su casa, me dijo una vocecita molesta en mi cabeza. Un momento, quien dijo que me emocioné, me dije a mi misma, bueno, sí me emocioné, reconocí, y mientras volvía a casa reflexioné que el mundo es un lugar extraño, cuando un par de horas después de haber matado a una mujer uno puede emocionarse por una cosa así. Odiándome por esto, me sumergí en reflexiones oscuras apenas llegué a casa, sin esperar nada bueno del nuevo día.

Bueno, vuelvo a agradecerles: PiRRa, karyta34, PatsyBlack y ady-maniquis! Gracias!

Recién ví que tenía 10 reviews y me emocioné. O sea, 10 es un número bastante respetable, no les parece?

Voy a tratar de subir el próximo capítulo pronto, aunque ahora viene lo más difícil de escribir. Le mando muchos saludos!