Los chicos de la reservación siguieron comiendo y charlando hasta pasada la tarde, y yo los acompañé durante toda su velada. Eran adolescentes; siempre había sentido particular simpatía por los muchachos de esa edad, incluso antes de quedar estaqueada en ella para siempre. Particularmente este grupo se caracterizaba por la alegría y la sencillez; lo cual los hacía muy agradables. Estuve conversando un poco con Quil y con los otros chicos, pero la mayor parte de la conversación fue con Jake. Me contó que su padre era Billy Black, quien era amigo de mi padre. Ahí me di cuenta de que podría haberme reconocido, porque seguramente me habría visto alguna vez de niños. Me contó que le gustaba arreglar autos y cómo odiaba el viejo monovolumen a causa de su lentitud. Me sorprendió esa serie de habilidades a su corta edad. Cuando los chicos se aprestaron para ir de vuelta a casa, Jake me saludó con expresión ligeramente entristecida.
¿Qué vas a hacer ahora?- le pregunté. No sabía muy bien que hacer, pero me agradaba este chico. Me agradaba de la manera que me agradan los humanos, como añorando ser lo que ellos pueden ser. Pero esto era diferente. Sabía dentro de mí que de ser humana también me hubiera gustado. Era el tipo de persona de la que hubiera podido ser amiga.
Nada. Tengo que volver a casa.- respondió. Me sentí un poco desanimada porque por un segundo había pensado en invitarlo a dar una vuelta conmigo.
Yo le sonreí y le propuse que viniera a verme algún día, si tenía tiempo. Pareció alegre y esperanzado ante aquel prospecto. Me alejé por la calle y en cuanto estuve fuera de su vista doblé por un callejón y arranqué a toda velocidad. Estaba muy excitada por la información que acababa de recopilar, todavía me sentía horrible por los sucesos del día anterior y estaba bastante sedienta, por lo cual quería llegar a casa lo más pronto posible, eso es, a la habitación de hotel que ocupaba con Manoel. Esperaba que él hubiera podido dedicar su tiempo a una investigación más fructífera que la mía.
Sin embargo mi frenética corrida no duró demasiado; por que a media cuadra de Strawberry Fields capté un aroma conocido y ví un volvo plateado estacionado, y detrás de la ventanilla baja de la puerta del conductor se podía ver el rostro de Edward Cullen.
Me saltó el corazón en el pecho, cuando me detuve mirándolo sorprendida. Él me sonrió, con una sonrisita torcida, y me hizo seña con la mano para que me acercara.
Y avancé hacia él con una sensación de cosquilleo recorriéndome el cuerpo.
Hola, Bella ¿Qué haces aquí?- preguntó con una sonrisa estremecedora.
Vivo aquí, por el momento.-respondí. A pesar de que su presencia me conmovía mucho más de lo que me preocupaba reconocer, su encanto vampírico no podía distraerme; era mucha casualidad que estuviera aquí con su brillante carromato, a la vuelta del bar del que acababa de salir, esperándome.- Me estabas esperando.- repuse, y no era una pregunta, si no una mera confirmación.
¿Qué te hace pensar eso?- preguntó con una mirada inocente que no compré ni por un minuto.
Nada.- mentí.
¿Te importaría si te llevo?- preguntó con un aire solemne que me hubiera hecho reír de no ser que esta situación me resultaba bastante novedosa y estaba incómoda y sorprendida; y que por otro lado su presencia acechante aquí despertaba mis aún-no-del-todo-superadas desconfianzas hacia su familia.
Supongo que no me importaría no encontrarte a veinte metros del lugar en el que estoy, sin mostrar el más mínimo indicio de sorpresa.
A veinte metros podría haberte olido.- repuso despectivamente.
Sí; pero no soy tonta y me doy cuenta de que me esperabas.- Edward apretó los dientes.
Qué importa.-gruñó.
No confío en ustedes.- le respondí, desafiante. Manoel me va a matar cuando se entere que arruiné sus relaciones diplomáticas.- No voy a empezar a hacerlo si los encuentro siguiéndome como sombras.- siseé.
El cretino de Edward sonrió, con expresión de… ¿alivio?
No te sigo para vigilarte.- soltó, y fruncí el ceño al verlo tan evidentemente alegre.
¿No? ¿Qué quieres?
Nada. Hablar contigo.-dijo, tentativamente y me pareció que un poco inseguro. Esto detuvo la respuesta que yo tenía preparada. Era obvio que era sincero, o por lo menos, eso creí yo. No entendí ese gesto de expectativa cuando me miraba. ¿Qué demonios podía llegar a querer hablar conmigo?- Está bien si no quieres venir… digo… apenas nos conocemos y has estado pasando por cosas muy…
No… umm… eh… está bien, supongo.- musité. Me lo quedé mirando como si fuera el animal más raro del zoológico.
Oh.- dijo, con una chispa de alegría en la mirada. Destrabó la puerta del acompañante y la abrió en un nanosegundo.- ¿Subes?
Sí.-dije para mis adentros. Sorteé la distancia hasta la puerta y me subí al auto.
Edward arrancó el auto mirándome como si fuera una bomba que está a punto de estallar; Yo miré el camino. Las calles grises de Port Angeles se reteñían del gris nuboso del cielo en la península de Olimpyc; en ese lugar uno no sabía si iba a ver el sol de nuevo; la lluvia era una constante eterna e inevitable. Por eso justamente podíamos recorrer sus calles de día, a la vista de los humanos mortales.
¿A dónde te llevo?- preguntó Edward.
Depende.
¿De qué?- inquirió, confundido.
Estoy aquí para hablar contigo, ¿no? ¿de qué querías hablar?
No sé. De tantas cosas…- dijo. Este tipo realmente me estaba confundiendo.
¿De qué querías hablar?
No sé. Quisiera conocerte un poco más. Mira, esto no fue buena idea. Seguramente no tienes tiempo para esto. Lo siento, fue una estupidez, sobre todo en este momento… -se detuvo, frustrado, mirando fijamente el camino.
No entiendo.- ahora sí que me hice un lío, pensé. No entendía, realmente, por qué tanta insistencia en preguntar cosas que no quería preguntar. No entendía nada.
Yo tampoco. – suspiró. Sonreí.
Eh… no sé muy bien qué quieres, Edward, pero puedo asegurarte que no pretendo hacerle ningún daño a tu familia, si eso es lo que querías saber.- dije, firmemente, mientras una oscura sospecha me asaltaba; ¿desconfiaría de mí al no poder leer mi mente y querría interrogarme…? Ya estaba inventándome una historia terrible cuando él me respondió bruscamente.
No, no es eso. Ya sé cómo son tú y tu hermano.
No, no sabes. Nos hemos visto dos veces.
Leo la mente de tu hermano. Mi hermana Alice ve el futuro y su marido, Jasper, percibe y manipula las emociones de la gente. Nos damos cuenta perfectamente de quiénes son amigos y quiénes enemigos, gracias.
Entonces, ¿qué quieres?- pregunté, desconcertada.
Hablar contigo.- respondió lentamente, como si yo tuviera tres años, totalmente exasperado. Y en ese momento, el entendimiento me alcanzó gradualmente. Quería ser mi amigo. (Nota de la autora: esta Bella es lenta, lenta, muy lenta, y cuando al fin lo entiende, entiende la mitad, no?) Lo miré tratando de medirlo, de entender si sus palabras eran ciertas o no, como hace mi hermano, pero no poseo su don; no puedo ver la bondad y el talento de las personas como veo el color de sus pieles o de sus ojos. Para saber qué quería Edward Cullen tendría que conocerlo, y eso tomaría tiempo.
Eh… hazme una pregunta.- dije, un poco nerviosa. Deseé que olvidara todo ese estúpido intercambio de palabras que habíamos protagonizado.
Mmm….
Argh.-gruñí.- Esto no va a avanzar si no preguntas. No puedo adivinar lo que quieres saber. No leo las mentes, ¿sabes?
No.- sonrió. Sus ojos vagaban por el camino frente a él. Sólo me miraba cuando creía que no podía verlo- Cuéntame lo que quieras.
¿Lo que quiera?
Sí.
Bueno. Había una vez una niña llamada Caperucita Roja.- reí.
No,- rió él, también- No te burles de mí…
Perdón…- susurré, aún entre risas. Tomé aire, acomodándome en el asiento.- ¿A dónde vamos a ir?
¿A dónde quieres ir? No me respondiste, recién.
Vamos al parque. Debe estar vacío.- repuse.- No sé si quiero salir del auto, igual.- dije.
¿Por qué?- preguntó. Me encogí de hombros.- No tienes la más mínima gana de hablar conmigo, ¿verdad?- dijo tristemente. Eso tocó una fibra sensible en mí. Me dio lástima su expresión vencida.
Vivian tenía un auto parecido… -repuse, y cambié rápidamente de tema- es algo muy humano, andar en auto. Me gusta. Antes no me gustaba, pero ahora sí…- Edward esperó un instante, y al ver que yo continuaba sumida en mis pensamientos, preguntó, muy suavemente:
¿Quién era Vivian?- Qué pregunta, pensé.
Era la primera de nosotros.
La primera de ustedes.-repitió él.- Nunca había oído a nadie decirlo así. ¿Ella te… cambió?
No. Vivian no era una persona muy propensa a la creación de vampiros. Creo que no era partidaria de la idea. No tuve mucho tiempo para hablar con ella, de cualquier modo.
¿Hace cuanto que estabas con ellos? Con Vivian y con Manoel, quiero decir.
Nos… encontramos… apenas unos meses después de mi cambio. Yo vagaba, estaba perdida y me sentía muy sola… y nos encontramos y Manoel me ofreció inmediatamente que me quedara con ellos. No lo dudó i por un segundo, y aunque tenía mucho miedo supone que sus intenciones eran buenas.
Eso suena mucho como Manoel.- comentó Edward, sonriéndome.
Sí, eso es Manoel de pies a cabeza. Antes del cambio era una persona muy sociable, en su propio estilo. El nació en España, pero estaba trabajando aquí, es arquitecto. Era uno de los más jóvenes de su época y era muy talentoso. Supongo que aún lo es, no le pedí nunca que me dibujara un plano… - comenté, reteniendo una risita, y retomé la historia.- Tenía una novia en su país, estaba por casarse y quería tener muchos hijos. Era el cuarto de seis hermanos, tenía montones de primos, tíos y sobrinos. Bueno, y vino aquí por unos meses, para trabajar en la construcción de una torre, pero le ocurrió esto… Por eso es así. Pasó de tener toda esa enorme familia la que amaba a estar solo, en otro país, sin poder verlos más porque de repente, era un monstruo legendario…- me quedé sin voz; me embargaba la pena por mi hermano, y por mí, pues lo que le había pasado a él me había pasado a mí. Edward me miraba con expresión de dolor; también le había sucedido a él; a todos los que llevábamos esta vida.
¿Cómo fue que empezaron a cazar animales?- preguntó Edward curiosamente, un rato después, cuando ya habíamos aparcado en el parque.
Eso fue hace bastante poco.-expliqué.- cuando llegué yo, Manoel me dijo que era la primera vez que veía a uno de los nuestros alimentarse de animales, y comenzó a ir de caza conmigo… Es muy duro para él aún…
Pero… espera, ¿a ti quién te enseñó a cazar de animales?- preguntó, sorprendido.
Nadie. La sangre humana me enferma. -Expliqué.
¿Cómo?
Me enferma. Cuando era humana el olor de la sangre me daba arcadas, y si bien al principio me atraía, no tanto como la sangre animal, no la puedo tolerar. – como Edward me seguía mirando anonadado, especifiqué.- como la comida humana; la vomito. Ni siquiera me resulta apetitosa ahora.- entonces me acordé de Manoel.- ¡Demonios!- exclamé.- tengo que ir de caza con mi hermano…- y lo miré.-¿No ibas a ir de caza?- pregunté.
No, mis hermanos salieron esta vez.- repuso.- saldré el próximo fin de semana.
Tengo que volver.-le dije. Atardecía y la luz rojiza brillaba suavemente sobre la piel de Edward. Esta tarde había sido, definitivamente, muy rara.
Vamos, entonces.- respondió él.
Me llevó hasta la puerta del Flagstone Motel en silencio.
Se están quedando en el lugar más horrible de la ciudad.- comentó, con desaprobación.
No nos quita el sueño.- bromeé. Edward me sonrió. Una vez hube bajado y agradecido el paseo, Edward me miró con una expresión indescifrable y preguntó:
¿Te importaría decirme qué hacías con todos esos muchachos hoy a la tarde? No es que me meta, pero noté que eran chicos de la reservación.
Estaba averiguando si tienen una bruja.-contesté, irritada.
Oh.
No la tienen, puedes quedarte tranquilo. – Edward tomó aire para responder, pero no le di tiempo. Huí, molesta por esa última pregunta que me resultaba molesta y me hacía sentir vigilada. Sin embrago no podía menos que sentir simpatía por Edward, y me sentía ligada a él de una manera que no podía explicar.
Entré al hotel corriendo, tan rápido que era invisible a ojos humanos, y me estrellé contra el suelo de mi habitación. Manoel no estaba. Me pregunté hacia adónde se habría ido. Llamé a su celular nuevo desde el teléfono del hotel. No contestaba. Debía tenerlo apagado y me preocupó un poco porque supuestamente iba a estar esperándome para ir de caza; mas yo había tardado tanto que no sería sorprendente si se hubiera marchado solo. Me tiré en la cama y cerré los ojos.
En ese momento sentí el sonido susurrante de un vampiro corriendo. Manoel entró como una tromba y cerró la puerta de un portazo.
¿Qué pasó? ¿Dónde estabas?- pregunté.
Lo miré con atención al notar que no respondía, y se me hizo evidente que algo no andaba bien. Levantó la vista y tenía los ojos rojos.
Ah, mierda.- musité.
No vamos a poder pedirle más ayuda a los Cullen después de todo.- murmuró.
Bueno, después de una semana terrible, en la cual se me rompió primero el Mouse y después el teclado, escribí esto. Resulta que no tenía planeado esto; simplemente llegué al hotel con Bella y esta situación estaba allí… y no podía dar vuelta atrás… El próximo capítulo está un poco más cocinado que este, espero tardar menos en subirlo. Gracias por leer!
Posdata de último momento: preparé este capitulo para subirlo después de cenar…. A mitad de la cena llama mi hermano por teléfono. Dice: "Abril (mi sobrina) se cayó y no conseguimos taxi" así q salimos rajando con mi mama en el auto. Mi vieja se va con mi hermano, mi sobrina y mi cuñadita al hospital, y me dejan a mí con mi sobrino de un año, que lloró cuarenta minutos seguidos, no por hambre, ni por sueño, ni por pañal sucio, si no porque quería a Su Mamá, hasta dormirse de cansancio. Resumen, la nena se quebró el brazo izquierdo y está enyesada. Y recién después de esto, les subo el capítulo… Perdón por la demora!
