Chiquis: odio darles excusas pero momentaneamente estoy sin conexion a internet, por eso estoy tardando; asi que este capitulo consiste simplemente en Manoel y Bella; el proximo capitulo es como cinco paginas de Edward, Bella, Jasper y Emmett; creo que les va a gustar más; pero tendrian que esperarme un par de dias, tengo conexion de nuevo el trece, dentro de unos dias...

Gracias!!!

Era horrible. Nunca había presenciado la transformación de otro; recordaba la mía; pero esto era diferente.

¿Cuántos años tenía¿Quién era¿Qué hacía en el páramo desolado que cruzaba mi hermano estando de caza?

¿Quién lo esperaba en casa¿Su madre¿Su mujer¿Tenía acaso hijos o hermanos, o amigos que esperaban verlo, que se preguntaban por qué no había vuelto, que comenzaban a recorrer el agónico camino de su desaparición¿Vivía aquí¿Podríamos ocultarlo¿Lo buscarían, nos buscarían, traeríamos la sospecha y el dolor al mundo de los Cullen? Mientras miraba el rostro sudoroso y agónico de este hombre, no podía evitar preguntarme miles de cosas; no podía dejar de sentir pena por él, una pena que era solapadamente mi pena; y no podía evitar que mi costado más racional y práctico, recién despierto por la desmoralización completa de Manoel, se preocupara por evitar el descubrimiento de nuestro crimen. Si podía llamársele así.

Era muy pálido; tenía pecas en demasía y el pelo rubio clarísimo, y los ojos negros se dilataban en la oscuridad mientras gritaba con la voz ronca y desgastada. Aparentaba no superar la veintena, pero muy mal llevada. Me acuclillé en el suelo a su lado y comencé a hablarle, tomándole la mano y sujetándole la frente. En su brazo encontré pequeños raspones infectados que reconocí como inyecciones. Tenía los lóbulos de los ojos enrojecidos por las lágrimas y sudaba copiosamente. Observé que era muy flaco y estaba pálido y escuálido aún para estándares humanos. Le acaricié el pelo hablándole suavemente, prometiéndole que esto iba a pasar. Manoel me miraba desencajado y temblando, desplomado en el suelo, junto a la puerta.

Lo siento, lo siento, lo siento- murmuraba compulsivamente una y otra y otra vez. Desde que había descubierto que podía evitar atacar humanos, si bien a fuerza de voluntad y sacrificio, se le hacía terriblemente imperdonable perder el control. Cuando creía que matar era la única opción alimentarse era horrible, y ahora, alimentarse de un humano pudiendo haberse alimentado de un animal le resultaba imperdonable. Y traerlo accidentalmente a nuestro pequeño infierno era mucho más de lo que cualquiera de nosotros podía soportar.

-Está bien, cariño. –dije, mirándolo con una sonrisa abatida. Él negaba con la cabeza, los ojos aterrados fijos en el joven.- Ven.

-No.- dijo ahogadamente.

-Ven, cielo. Ven.- Lo estaba tratando con la mayor dulzura de la que era capaz; como si fuera un niño. Manoel se deslizó hacia mí en un milisegundo, luego de mirarme dubitativamente. Sin embargo, mientras estaba a mi lado no podía apartar la vista de el muchacho, con una expresión de remordimiento terrible. – Háblale. Dile que lo sientes, que no pudiste evitarlo.- ordené. Ahí capturé su atención: me miró con los ojos grandes como platos y la boca abierta, los dientes brillando en la oscuridad.

-¿Qué?- soltó, con un hilo de voz.

-Díselo a él. No lo hiciste a propósito.- insistí, y acerqué mi mano a su mejilla para acariciarlo, pero él se alejó de mi mano como si lo hubiera atacado.

-No importa. Arruiné su vida- sollozó.- Es peor, peor que nada que haya hecho, por que ahora tenía la opción de no lastimar a nadie y lo hice. No importa.

-Sí que importa. ¿Acaso no importó con Vivian y tú?

-¡No me hables de ella!- Rugió, y temblé. Tenía los ojos color borravino oscurecidos y estaba lívido. Jamás me había levantado la voz. De hecho, jamás lo había escuchado gritarle a nadie. Además, no habíamos hablado tan directamente de Vivian desde que ella vivía. - ¡ESTÁ MUERTA¡MUERTA¡Ella me cambió y yo me enamoré de ella como un imbécil, y fui el más estúpido de todos, y ahora ella está muerta¿Importa¡No importa nada, porque salió todo mal¡La única razón de mi vida, de esta mierda que llamamos existencia, se fue y no la voy a volver a ver nunca, y nunca le voy a poder decir lo mucho que la quiero…!- sollozó, con la voz quebrada, ya no había rastros de furia, mientras su súbito discurso se mezclaba con los alaridos del hombre en el suelo.- y nunca voy a abrazarla ni sostenerla ni escucharla ni siquiera vivir con ella porque ya no existe… ¡Y NO HAGO MÁS QUE ARRUINARLO TODO! No puedo ni siquiera protegerte - gimió- y eres lo único que me queda en el mundo ¡Y AHORA VAMOS A TENER QUE HUIR DE AQUÍ SIN SIQUIERA ENCONTRAR LO QUE VINIMOS A BUSCAR Y TO…!

En ese momento le pegué una cachetada. No se me ocurrió otra cosa para cortar su ataque de histeria. Era algo sumamente estúpido, y lo saqué de las películas. Era la única manera que se me ocurría de callarlo aparte de besarlo y no tenía el más mínimo deseo de hacer eso, pues Manoel es mi hermano mayor. A pesar de la fulgurante idiotez de mi gesto, él se detuvo en seco y durante un minuto permanecimos en un silencio hollado por los gritos del nuevo vampiro.

-Lo siento, perdón… Te grité. No quise hacer eso, y solo estás tratando de ayudar.- murmuró, después de lo que me pareció una eternidad. Me acerqué a él, mirando sus ojos, y lo abracé lo más fuerte que pude.

-Te quiero.

-Yo más.- musitó, antes de soltarme, y sentarse con expresión torturada junto al muchacho.- Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento.

Y volvió a repetir esas palabras como un mantra, una y otra vez. Abracé a mi hermano por la espalda, y acaricié sus cabellos, y luego de una hora, le dije quedamente que me esperara un momento. Tembló como una hoja, y me rogó que no lo dejara solo, por lo cual esperé un poco más. Cuando no pude seguir postergando la cuestión, revisé la mochila del joven agonizante y sus bolsillos.

Encontré su billetera, tenía sólo un registro de conducir que decía que tenía 22 años, y su nombre era Brian Coxon. La licencia de conducir era del estado de Texas y tenía unos dos años de antigüedad. Bueno, al menos sabíamos de dónde venía este tipo.

-Hey, Manoel, me voy. Voy a tratar de averiguar algo sobre él, para ir pensando lo que vamos a hacer. No podemos esperar que despierte para saber de dónde viene ni para decidir lo que vamos a hacer. Pero no tardo.

-No te tardes mucho.- susurró.

-No, voy a tratar de apresurarme. ¿Estarás bien?

-Creo.

Lo abracé por última vez y le dije que todo iba a andar bien.

Comencé a recorrer el laberíntico camino de salida. Una vez hube cruzado la vieja y enorme fábrica, me detuve un momento en la puerta, escudriñando la noche.

Y fue grande mi sorpresa cuando a pocos metros vi un volvo plateado estacionado.