No sabía que pensar mientras me acercaba al auto. Edward, sin embargo, se me adelantó, porque salió velozmente del auto estacionado y se acercó a mí con semblante preocupado.

¿Qué pasó, Bella?

¿Qué haces aquí?- pregunté, no mirándolo a él, si no al auto estacionado.

Me enteré de que tuviste un problema y vine a ver si necesitabas ayuda.- esto me sacó de quicio. Me miraba con conmiseración, y si venía de su casa seguramente ya sabía lo que había pasado.

No pasa nada. Nos arreglaremos.-murmuré, amargamente, mirando el suelo. Edward se quedó mirándome en silencio.

¿Cómo está tu hermano?-preguntó.

Mal. Nunca lo había visto así.- repliqué.

¿No hay nada que pueda hacer por ti?- y lo dijo en voz baja y con un tono muy dulce. Creo que temblé cuando lo escuché.

No quiero meterlos en más problemas.-musité. Recién ahí me atreví a mirarlo, y tenía una expresión de tal bondad que me pregunté cómo había podido dudar de sus intenciones en algún momento.

Creo que hay más posibilidades de que esto empeore si no te ayudo- dijo. Era casi un comentario arrogante, pero tenía razón. Llevaban muchos años en esta vida y habían presenciado más de una transformación, a juzgar por su número. En ese momento Alice apareció doblando una esquina. – Mi hermana se enteró mientras estaba de caza y no pudo avisarnos, ni volver… tuvimos un día agitado.- Alice estuvo a mi lado, abrazándome fuertemente en un segundo.

Oh, Bella, lo siento, no pude hacer nada para avisarte y tu celular estaba fuera de servicio y no pude comunicarme con nadie porque…- arrancó a toda velocidad.- no pude preverlo si no unos segundos antes de que sucediera y se me mezclaba con otras….

Está bien, Alice.- respondí. – No hay problema. No tienes por qué ocuparte de nosotros.

No Bella, no digas eso…

No te sientas mal, es algo que pasó. Lo que pasó, pasó.- le dije. Estaba harta de consolar gente hoy.

Bueno, entonces tú puedes ir con Edward a buscar información sobre el chico y yo voy a acompañar a Manoel.- exclamó Alice.

No, es…- protesté.

Es una buena idea,- repuso Edward.- O si prefieres acompañar a tu hermano tú misma nos puedes dar la licencia de conducir del chico y buscamos información de él.

¿Cómo sabes que tengo la licencia…?

Lo leí de la mente de Alice.- respondió con tono aburrido Edward.- Pero me parece mejor que vengas conmigo y te despejes un poco, Alice es una de las mejores personas para consolar a alguien en esta situación, créeme. Tiene una vasta experiencia.- Alice lo fulminó con la mirada, antes de mirarme a mí, expectante. Suspiré y asentí.

Espera, que te muestro el camino.- murmuré.

No es necesario.- respondió Alice alzando una mano para detenerme.- Lo he visto. – Y se escabulló puertas adentro a toda velocidad.

Me quedé sola, con Edward, muy confundida. Toda esta situación me sobrepasaba.

Lo próximo que sé es que, repentinamente unos brazos cálidos me envolvían. Levanté la vista, sorprendida, para ver el rostro de mi madre mirándome con una sonrisa despreocupada.

Mamá, - musité. Y estaba mirando su hermoso rostro, muy alegre, cuando sentí que unos brazos helados me sacudían.

¡Despierta, ya, mismo! Te dije que esto era peligroso – dijo una voz ronca de mujer. Vivian me miraba enojada. – y Manoel te necesita.

Es que no sé que hacer…. – murmuré- no sé si estoy haciendo las cosas bien…

Nadie sabe si está haciendo las cosas bien. Pero puedo decirte que fuiste un encanto con Manoel ahí adentro.- repuso, mirándome cariñosamente. Yo levanté las cejas, escéptica.

Lo abofeteé.-

Bueno, estaba histérico. No esperaba otra cosa de ti.- repuso Vivian encogiéndose de hombros. – Vamos, apúrate que Edward va a pensar que estás loca.

¡Y a quién le importa lo que piense Edward Cullen!- bufé. Vivian se rió maquiavélicamente.

¡A ti, niña, a ti!- rió.

Y estaba de nuevo parada en la calle, con las manos en la cabeza y Edward mirándome confundido.

¿Estás bien?- preguntó.

Sí. ¿Pasé mucho tiempo así?- pregunté. Edward pareció no entender.- Nada, nada. ¿Puedes ayudarme a averiguar quien es esta persona?

Creo que sí.- repuso él.- Sube al auto.

Me dolió entrar de nuevo en casa de los Cullen. Todos ellos no tenían por qué tomarse tantas molestias por nosotros. Cuando Esme recibió con un abrazo y Carlisle me palmeó los hombros, supe que éramos amigos. A pesar del escaso tiempo que nos conocíamos, nos habíamos encontrado y reconocido como tales. Observando su actitud en esta hora de necesidad, me pareció entender cómo Manoel había sabido instantáneamente que eran buenos. Este tipo de cosas, ayudar a un completo desconocido abriéndole las puertas de su casa, era el tipo de cosas que Vivian y Manoel habían pasado la vida haciendo.

Jasper y Emmett me recibieron, Jasper con un saludo cortés, y Emmett con un abrazo fraternal. Rosalie me saludó distantemente. Emmett expresó su simpatía por nuestra situación, y comentó haber estado en la misma un par de veces. Por la conversación que siguió me pareció colegir que tanto Emmet como Jasper habían sufrido deslices parecidos. Y aunque no pregunté directamente, entendí que luego de cada desliz la familia entera se veía obligada a trasladarse. Esperaba poder solucionar esta situación para que no tuvieran que mudarse por nuestra culpa. No me animé a preguntarles lo que deberían hacer.

Edward le entregó la licencia de conducir a Jasper, quien se la llevó para hacer una llamada.

Jasper tiene contactos en el sur, que por lo general nos ayudan a conseguir identificaciones falsas. Probablemente pueda ayudarnos.

¿Y qué va a pedir a cambio?- pregunté.

Nada.- dijo Edward, y no le creí.

No te preocupes por eso.- acotó Emmett.

No puedo no preocuparme. Ustedes se están tomando montones de molestias por nosotros y yo no tengo con que retribuirles.- Edward me miró, molesto, y Emmett abrió la boca para responder, cuando Jasper apareció.

Bella, la licencia que conseguiste es falsa. El chico tiene diecisiete.- Yo solté un silbido involuntario. Los tres me miraron confundidos.

Perdón. Parece mucho mayor. Está destrozado, para su edad.- expliqué, y estoy segura que si pudiera me hubiera sonrojado.

Sí, bueno, eso es porque ha pasado por varios institutos de menores y llevado una vida, digamos, desordenada. Escapó de su casa hace unos dos años y los únicos que podrían estar buscándolo, o sea sus padres, ni siquiera han denunciado su desaparición. Hace cerca de un año que no tiene contacto con ningún pariente…

Oh, Dios.- murmuré. Me llevé las manos a la cara.- ¿Podrías explayarte en lo de la vida desordenada, Jasper? ¿Qué quiere decir eso, exactamente?- pregunté, recordando las marcas en el brazo del chico.

Va a tener problemas de control. Tuvo problemas con diversas adicciones. Era alcohólico en recuperación, y estaba planeando empezar una nueva vida…- a esto me reí amargamente. Los tres vampiros me miraron con aprensión. Como no dije nada, Jasper continuó.- Hace unos meses se ubicó en Tacoma. Tenía una especie de novia. – Gruñí.

Veo que hay complicaciones.- suspiré.- Pero, por lo menos, no le rompimos el corazón a nadie, excepto a la novia.- A esto, Edward me miró cautelosamente, Y Jasper pareció incómodo. Emmett los miró a uno y otro alternativamente, antes de preguntar:

¿Qué pasa?

Bueno, la novia está embarazada.- soltó lentamente Jasper.

No…- gruñí, frustrada.- Bueno, Manoel no tiene por qué enterarse…- musité.- ¿Sabe el chico que va a ser padre?

No sé...- musitó Jasper.

¿De cuantos meses está? Porque eso puede ayudarnos a calcularse lo sabe o no. Yo no voy a decírselo si no lo sabe.- lo increpé.

No sé.

Oh.- dije.- Gracias, Jasper. Esto ha sido realmente muy útil y no hubiera podido averiguarlo por mis propios medios. Si hay alguna cosa que pueda hacer por ustedes…- Emmett se rió en voz baja y Jasper me guiñó el ojo y se marchó. Emmett se puso de pie apresuradamente y salió de la habitación. Me quedé con Edward, confundida. -¿Por qué se fueron?

No sé.- se desentendió Edward, mirándome con una sonrisa. Nos quedamos en silencio un rato.

Gracias.- susurré.

¿Por qué? No hay nada que agradecer.- dijo, encogiéndose de hombros y sonriendo. Levanté una ceja.

Por esto.

Oh, no es nada. - repuso, mirando hacia otro lado.- Aunque si aún quieres retribuirnos de alguna manera…

¿Sí?- pregunté.

No es que tengas que retribuir nada, porque esperamos que seas como una... parte de nuestra familia. Igual que Manoel. Y este tal Brian Coxon, aparentemente.- murmuró, levantando las cejas con incredulidad. Yo gruñí, de nuevo. El sonrió. – Estás gruñona hoy.

Sí. La verdad es que ha sido un día…

Me imagino. ¿Quieres volver con tu hermano?- preguntó, abruptamente.

Debo volver, ya.- exclamé.- Me distraje pensando…

Te llevo.

Oh, Edward, ya has hecho bastante por mí…- me quejé. Edward revoleó los ojos.

Ya te pediré algo.- dijo, y sonrió mirándome con timidez.