Bueno, ahora esta este capítulo sobre el despertar de Brian, que va a ser bastante importante en esta historia... Tengo una pregunta. Nunca estuve del todod conforme con el título de esta historia, creen que otro llamaría más la atenció? cuando titulé la historia barajé estas opciones: noche de tormenta, campo de juego, cuenta conmigo, o dos hermanos. me podrían decir qué les parece? no sé si puedo cambiar el título de la historia o si me conviene, pero para tenerlo en cuenta para proximas historias... Les sigo agradeciendo por su fidelidad! gracias!
¿Cómo pasa el tiempo?
No sé por qué, pero me he preguntado esto desde que nací. Siempre me confundió el ritmo del tiempo; se supone que es constante, que no tarda más de un segundo a otro; que siempre avanza marcando el mismo compás. No tardé mucho en oír decir a los adultos a mi alrededor que cuando uno disfruta, el tiempo vuela, y que cuando uno sufre, discurre lentamente como el barro colina abajo.
Pero descubrí que eso no era del todo cierto. Había momentos, momentos en los que uno se concentraba solamente en lo que estaba haciendo, momentos que pueden no ser de dolor, sino de puro disfrute, como los últimos minutos que uno puede permanecer en la cama, despierto, antes de levantarse. Momentos que uno se concentra en lo que hace, y parecen durar mucho más…
No sé cómo pasa el tiempo. Quince años son mucho más que dos, pero mis dos años de existencia como vampiro pesan más que los quince años soleados de mi vida. El dolor de mi desarraigo parece haber durado más que mi infancia y mi adolescencia; mi corta amistad con Vivian y Manoel me parece mucho más larga; a veces pienso que los amo mucho más de lo normal. Entonces recapacito, y sé algo con certeza: el tiempo de los vampiros son esos cinco minutos antes de salir de la cama, en el que se es consciente de cada segundo como si durara horas. Por eso nuestros años juntos duraron una vida. Una vida eterna.
Como cada segundo es eterno.
Así, cada segundo es eterno siempre… en el dolor y en la alegría…
Y en la transformación de Brian Coxon también.
No quisimos que los Cullen estuvieran más de lo necesario. Alice le había levantado bastante el ánimo a Manoel, y la despedimos amablemente. Manoel se recompuso y jamás volví a verlo en el estado en el que estuvo aquella vez. Pero una vez Alice se hubo ido apagamos el celular y nos quedamos solos con Brian. Me recordó a una imagen que tengo; en épocas pasadas, la gente no concurría a los hospitales; los convalecientes eran cuidados por las familias, y las mujeres daban a luz en casa. También los ancianos y los enfermos fallecían rodeados de sus familiares. Y me pareció que esto era un poco como eso; era como si estuviéramos atendiendo el parto de un pariente, o cuidando de un enfermo, o acompañando la muerte de un familiar. O las tres cosas juntas tal vez; porque Brian sufría la transformación, se estaba muriendo, y a la vez, estaba naciendo.
Y duró una eternidad.
Fue fantástico no tener que hacerme cargo sola de la situación. Mi hermano y yo hicimos lo mejor que pudimos. Fue como tener un hijo. En realidad no sé, porque no tengo hijos, pero me imagino. Por eso no quisimos que los Cullen estuvieran. Esto era algo de la familia. La familia que formábamos Manoel y yo, porque, de una manera inexplicable, éramos hermanos. Y ahora Brian era un hermano más.
Pobre.
Gritó mucho. Invocó a Jesús. Llamó a una tal Melody, llamó a su madre y a un tal Peter. Luego dijo muchas veces basta papá, basta. Pidió perdón incansablemente y tuvo momentos de delirio en los que no decía nada, y sólo soltaba gemidos inarticulados. Manoel y yo tratamos de confortarlo. Le acariciamos la frente y le prometimos que iba a terminar el dolor. Hasta le cantamos canciones de cuna cuando parecía estar sufriendo menos.
Después dejó de latirle el corazón. Se quedó quieto y frío y ya no gritó más y quedó inmóvil. Ya había pasado la transformación; ya le había cambiado la cara. Tenía la cara delgada y bonita; pálida, con las pecas más claras de lo normal. Eso le daba un cierto encanto; y el pelo muy claro corto y lacio. Sus ojeras eran acusadísimas.
Manoel y yo también nos quedamos quietos.
No sabíamos que hacer ni decir, y este era un buen momento para sentir miedo, pues ya era un vampiro recién nacido, sediento y terriblemente fuerte. Yo no había tenido tiempo de explicarle a Manoel mis escasas averiguaciones sobre el pasado de su víctima; y era preciso que supiera ya que este chiquillo había tenido problemas de adicciones, o sea, no iba a poder contenerse fácilmente y alejarlo de los seres humanos iba a ser más difícil que un parto de nalga.
Pero no quería que este chico se despertara solo, y sabía que seguramente fuera capaz de escuchar ya todo lo que dijéramos.
Así que nos quedamos quietos y callados. Manoel cerró los ojos, y cuando me miró lo hizo primero con tristeza; y luego sonrió, apenas.
Supe que había estado usando su don.
-¿Qué ves?- inquirí, ansiosa.
-Veo… adolescencia. – murmuró, sonriendo tristemente. Luego de una breve pausa continuó.- Pero en el fondo hay bondad…
Me dio tanta pena, que me senté de nuevo junto al cuerpo inmóvil. Unos minutos más tarde, Manoel hizo lo mismo.
Y despertó. O decidió dejar de esperar. Abrió los ojos, aterrado, y yo tenía su mano entre las mías y describía pequeños círculos en el dorso. No dijo nada, simplemente nos miró con cara de horror, como comprobando que esto no era un sueño, y soltó mi mano bruscamente para examinar sus brazos, y mirar alrededor. Al fin volvió a mirarnos.
-¿Qué pasó?- preguntó, con una voz muy juvenil que no pegaba con su rostro. Puso era de asombro, pues evidentemente su voz sonaba muy distinta.
-Hola.- dijo Manoel.- ¿Te sientes mejor?
-No.-respondió el chico, y me pareció un buen comienzo; al menos era bien educado, respondía a las preguntas de los demás aunque no le contestaran las suyas.- ¿Qué…¿Dónde estamos?..
-En el estado de Washington. – respondió Manoel.- En Port Angeles, a unas millas de donde estabas tú.
El chico observó su entorno visiblemente absorto y confundido. No hizo nada; hasta media hora después, cuando volvió a hablar.
-¿Quiénes son ? ... ¿Qué me pasó?... ¿Qué están haciendo aquí?
-Somos Manoel y Bella- dijo mi hermano.
-Pero…- el chico pareció estar concentrado en recordar.- Yo… pero… Por Dios…- exclamó, y miró a Manoel aterrado.- ¡Tú me mordiste! Oh, Dios…
Se levantó y alejó de nosotros a velocidad sobrehumana, y eso lo asustó aún más. Yo me posicioné discretamente cerca de la puerta. El chico miró la agilidad de mis movimientos, que no era excesiva, y tembló un poco más.
Manoel miró al piso, apenado, pero no ya en el estado desesperante de los días anteriores.
-Es cierto. No te has vuelto loco. Te mordí y lo siento. No quise hacerlo y realmente espero que creas que lo siento.
El chico no se movió de su lugar y apreció pensar mucho en lo que Manoel le había dicho. Tras una larga espera, en la que nos miraba como si fuéramos dos animales peligrosos, o sea, lo que éramos; se puso serio.
Frunció el ceño mirando a Manoel y se relajó, como si hubiera comprendido algo de repente.
-Es cierto. Yo lo sé….-murmuró.- lo recuerdo.
Esa fue mi primera impresión de Brian Coxon. Era el tipo de persona que necesita tomarse su tiempo para pensar, para preparar y a veces hasta para entender las cosas, pero cuando llega a hacer algo, está seguro de que está haciendo lo correcto. Esto me resultó muy confuso porque no concordaba mucho con la descripción que Jasper me había hecho de sus antecedentes policiales.
Pero el chico, si bien estaba muy confundido y asustado, no tardó mucho en comprender la situación. Manoel le explicó lo que le había sucedido y Brian recordaba haber oído nuestras conversaciones durante su transformación, borroneadas por el delirio. Pero recordaba que Manoel había mostrado señas de arrepentimiento. En medio de su agonía se había aferrado a nuestras voces.
Los escuché.- musitaba con un hilo de voz.- Sé que no fue un sueño. Tú le dijiste- dijo, señalándome con la cabeza.- que dijera que lo sentía, que yo debía saber que no lo había hecho a propósito. Y yo supe que era verdad.
Ese era el tipo de cosas que nuestro nuevo huésped, por así llamarlo, decía. Tenía una simpleza que lo hacía parecer un niño.
-Escucha…. Brian.- dije. - ¿Realmente nos crees¿Crees lo que te hemos dicho? – le pregunté. Para no hacer las cosas muy complicadas, le dijimos que éramos vampiros y él, ahora, también. Ya habría tiempo para contarle la historia de nuestras vidas.
-Sí.- dijo.- No sé por qué, pero sé que es cierto.- y tembló.
-Está bien.- le dije.- No tengas miedo. No queremos hacerte daño ¿Sabes?- le dije, mientras él asentía con la cabeza.
-Nosotros no vamos a hacerte daño. Trataremos de enseñarte lo que desees aprender y cuidarte, si tú lo deseas. Pero has de saber.- dijo Manoel, gravemente- que lo que me ocurrió, esto de atacarte, puede ocurrirte a ti. Nosotros tratamos de beber sangre de animales, pero te sentirás atraíso por la sangre humana y te será muy difícil resistirlo.
-No veo a qué va todo eso.- murmuró el chico, mirándonos con ojos como platos.-
-Va a que probablemente no puedas volver a ver a nadie…- dijo Manoel. ¡Mierda, yo no había tenido tiempo de decirle nada!
-¿A nadie?- preguntó aterrado.
-No, al menos no por un año hasta que puedas controlar la sed.- le dijo Manoel.- Y luego tendrás el problema… Mira, la única ley que tenemos los vampiros dicta que nuestra existencia permanezca en secreto¿entiendes? Tú no vas a envejecer, y no podrás explicar eso a menos que digas la verdad. Tendrías que esperar un tiempo y volver con tus parientes, pero sólo para desaparecer en cuanto se hiciera imposible ocultar tu juventud. ¿Entiendes?
-No. ¿Qué pasa si alguien sabe que soy un vampiro?
-Bueno, si los…. Volturi se enteran, te matarán. Y matarán a los humanos que sepan de ti.
-¿Quiénes son los Volturi?
-Son un grupo de vampiros muy viejos y poderosos que poseen una guardia real de vampiros y se dedican exclusivamente a perseguir a los que no cumplen la ley.- repliqué cortante, para hacerle entender que lo que pretendía era imposible.- Es horrible, lo sé. Mis padres están vivos aún.
-No me importan mis padres.- gruñó, feroz, mirándome con bronca. Me percaté de que le había hablado con mal tono.- El problema es que tengo mujer y voy a tener un hijo. Me está esperando en Tacoma.
A esto Manoel se tapó la cara con las manos.
Y esta cosita cortita fue el capítulo 15!
