En compensación por la demora, aquí va un minicapítulo extra.
Me levanté como un rayo y salté a través de mi ventana en pos de él. Aterricé en el roble a la vez que el se descolgaba rama a rama hasta el suelo. Lo imité y comencé a seguirlo. Podía verlo deslizándose a toda velocidad en el bosque. Era uno de los vampiros más rápidos que había visto hasta ese entonces, pero lo seguí sin amilanarme; pensé que no era, bajo ningún concepto, más rápido que Vivian, aunque no estaba segura de que hubiera habido alguien más veloz que ella.
Lo perseguí corriendo lo más rápido que podía, recordando la primera vez que Vivian me coaccionó para que la siguiera, y cómo me enseñó a correr. Corrí sin saber muy bien por qué lo seguía ni qué quería encontrar cuando lo alcanzara.
El maldito se alejaba a una velocidad absolutamente absurda; Yo iba esquivando árboles como una maníaca y podía ver su silueta grácil delante de mí, saltando entre los bosques como un acróbata. Hice mi mejor esfuerzo, y casi sentía chirriar mis articulaciones. Cada vez me acercaba un poco más, un poco más dolorosamente. Comencé a sentirme bastante molesta y frustrada, porque estar corriendo así me retrotraía a experiencias poco agradables, algunas bastante recientes, que no tenía el más mínimo interés en revivir. Realmente, tener que ocuparme en perseguir a este maldito idiota no era mi prioridad, y estaba aquí, forzando al máximo mis fuerzas en alcanzarlo cuando debería estar gozando de mi privilegiada capacidad de soñar. Y ni siquiera podía explicarme, y eso era lo que más me molestaba, por qué había saltado de mi cama tras él, como si no pudiera soportar que se alejara.
La irritación fue como combustible en un motor para mí, pude ver cómo Edward volvía el rostro hacia mí con una mezcla de miedo, confusión y sorpresa, y en ese momento hice una movida fundamental. Me concentré en esconderme, tal como cuando seguí a Victoria. Mientras Edward encontraba mi mirada, me desvanecí. Él se detuvo en seco, por un momento, a causa de la sorpresa, y aproveché para salvar la distancia que nos separaba, y detenerme delante de él, mientras aún me buscaba, confuso. Me hice visible otra vez, y lo miré, seria, pero tratando de contener mi mal carácter.
-¿Me estabas espiando?- pregunté, inconciente de lo feroz de mi tono de voz. Él me miró bastante turbado, y no me respondió. Estaba, al parecer, tan sorprendido de que lo hubiera alcanzado que no podía articular palabra.- ¿Y bien?
-Sí.- respondió.
Fue mi turno de estar sorprendida, porque a pesar de parecer aturdido, me respondió con u8n descaro increíble.
-¿¿Me estabas espiando??- rugí, de nuevo, apretando los puños.
-Ya te dije que sí.- dijo él, ya bastante recompuesto, con aire serio.
Yo lancé un rugido, y mi adversario no se inmutó. Ya no parecía perturbado ni sorprendido.
-¿¿Por qué me estabas espiando??- gruñí, amenazadoramente.
Edward me miró con seriedad y tomó aire antes de responder.
-Bueno, a decir verdad…
Se detuvo, mirándome como midiendo mi posible reacción.
-Estaba bastante interesado en ver cómo duermes.
-Yo no duermo.- gruñí.
-Como sea. Se parece bastante a dormir. Y dormir es una de las muchas cosas que extraño de mi vida humana.- dijo con tono serio pero bastante melancólico.
Esas palabras me resultaron como un baldazo de agua fría. Repentinamente la irritación comenzó a retirarse. Me dio bastante lástima la mirada que tenía mientras hablaba de su vida humana. Traté de sacudirme la lástima, de cualquier manera. No me correspondía sentir pena, sino estar justamente ofendida por una invasión a mi privacidad.
-Además le pedí permiso a tu hermano para mirarte dormir y me dijo que no había problema.- soltó.
Hubo una pausa mientras procesaba lo que había dicho.
-¿¿Qué??- bramé.
-Sí, de hecho, estábamos todos bastante intrigados. Hace un rato Alice volvió a casa y Rosalie y Emmett iban a venir a verte dormir en cualquier momento.
Me quedé sin palabras. Edward levantó una ceja, divertido.
-¿Qué tiene de malo? No tenemos muchas cosas interesantes para hacer.
Edward se rió en voz baja, y me miró con una expresión rara.
-Mentira, Bella. Estaba bromeando.- murmuró. Yo me empecé a enojar de nuevo, pero él se me adelantó.- Realmente le pregunté a tu hermano si podía mirarte dormir y me dijo que mientras que no te despertara estaba bien.
-¿Cómo pudo decirte eso?- pregunté, enojada con Manoel, también, ahora.
-Creo que se preocupa por ti. Comentó que tú misma le dijiste que no era bueno que te durmieras por mucho tiempo y como él quería llevar a Brian de caza otra vez, y Emmett y Carlisle se ofrecieron a acompañarlo, le pareció bien que alguien se quedara cerca tuyo. Y Alice estuvo de veras un rato conmigo, pero para hacerme compañía.
Mi furia comenzó a disiparse, otra vez. Sin embrago, había algo que no me cerraba.
-¿Por qué huiste, entonces?- pregunté. Edward miró al piso, con expresión turbada. No respondió por unos instantes.
-Me dio vergüenza que me vieras.- respondió, sencillamente, en voz baja.
A esto no supe qué responder. No supe si creerle o no.
-¿Cómo que te dio vergüenza?- a esto me miró desafiante.
-Me dio vergüenza.
-Pero…- empecé. Él suspiró, frustrado.
-No te conozco mucho, pero supuse que te molestarías y reaccionarías como reaccionaste.- a esto sonrió brevemente, como satisfecho de haber acertado su predicción. Se puso serio inmediatamente y continuó.- Y no sé muy bien por qué, sentí impulso de huir. Me sentí… como si me hubieran atrapado con las manos en la masa.
-Pero si realmente no estabas haciendo nada malo, no tenías por qué huir.- respondí, incrédula. – Podrías haberme explicado que te habías quedado a pedido de mi hermano y esto no habría pasado.
-El tema no es si estaba haciendo algo malo o no. - dijo, mirándome de soslayo.
-¿Cómo que no?- pregunté, mientras él negaba con la cabeza lentamente.
-No sólo me quedé a pedido de tu hermano.- soltó.
-¿Por qué otra razón, entonces?- inquirí, con bastante más agresividad de la necesaria.
-Para mirarte.- dijo, suavemente, mirándome a los ojos. Yo bufé.
-Ah, claro, para mirarme, como si fuera un fenómeno de circo, porque duermo y eso es algo raro. Bueno, te voy a informar que ser capaz de leer las mentes no es algo demasiado normal- mascullé lo más venenosamente que pude. Pero él me miraba divertido, casi.
-No dije para mirarte dormir.
-¿Y entonces por qué?- casi grité, sintiendo toda la frustración y la impotencia acumulada aflorando a la superficie. Si pudiera llorar hubiera tenido los ojos llenos de lágrimas, y mi respiración comenzaba a desacompasarse. Sin inmutarse, Edward dirigió la mirada casi sin quererlo hacia un árbol justo detrás de mí.
-Porque me gusta mirarte. Te miraría aunque no durmieras, aunque no fueras especial incluso entre los que ya son fuera de lo común, aunque no estuvieras sola, con la mirada que tienes ahora.- murmuró, y se me acercó, ahora mirándome a los ojos como para afirmar lo que decía.- Me interesas más de lo que me ha interesado nunca antes nadie aparte de mi familia, desde el momento en que me di cuenta de que no podía escuchar tus pensamientos, y sólo podía observarte y adivinar… Y realmente no me puedo explicar por qué me pasa esto contigo, por qué ahora, justamente, que no es un buen momento… pero me pasa. – concluyó.
Me quedé muy quieta, mientras él me miraba con una mirada indescifrable. Sentí que los sollozos se atascaban en mi garganta. Esto era demasiado, demasiado para mí.
- No quiero traerte más problemas de los que ya tienes, Bella.- dijo muy suavemente.- De hecho, quiero ayudarte lo más que pueda. No te digo esto para darte otra cosa más en qué pensar, si no para que sepas que puedes contar conmigo…-
No pude escuchar más, y tapándome la cara me largué a llorar.
Él se detuvo en seco. Me sentí terriblemente culpable, porque el pobre chico acababa de desnudar sus sentimientos y yo le respondía largándome a llorar, sin lágrimas por supuesto. Durante un momento se quedó inmóvil.
Traté de dejar de llorar, pero no pude. Era como si una compuerta se hubiera abierto liberando mis emociones, y fuera imposible retenerlas.
Y después de lo que pareció un momento de duda, una mano me tocó el hombro. Y de repente, dos brazos fríos y fuertes me rodeaban suavemente y me encontré con la cara enterrada en un pecho ajeno, sollozando sofocadamente, sin poder contenerme, sin poder detener mis emociones, sin poder entender cómo había terminado en estos brazos ni cómo, a pesar de estar desmoronándome, sentía una sensación extraña, de alivio, como la de un viajero perdido que encuentra el camino de vuelta al hogar.
