Ya toy aquí de nuevo, para quien le guste y para quien no xD
Disclaimer: El Universo de Harry Potter y sus personajes es de Jotaka, la trama, mía.
Venganza
Grimmauld Place es un hervidero de hombres y mujeres hablando a media voz con impaciencia, el retrato de la madre de Sirius gritando escandalosamente, los niños en sus habitaciones intentando bajar para saber que pasa y el pelo rosa chillón de Tonks revoloteando de un lado para otro.
Albus ha convocado a la Orden y eso solo puede significar una cosa, los mortífagos atacan de nuevo.
Diez minutos después la Orden al completo se aparece en medio del caos, gritos de terror, chillidos histéricos, mujeres que huyen desesperadas con los niños en brazos y son atrapadas nada más salir de casa, hombres heroicamente estúpidos que intentan luchar contra lo que desconocen y saben que les supera, un perro tirado en la entrada del pueblo, lo mataron al primer ladrido de aviso, haces de luz verdes y casas que se derrumban a su paso llevándose con ellas a sus habitantes e inundando el camino de escombros y cadáveres.
La noche es joven y los caballeros de la muerte arrasan con lo que ven.
Remus oye las risas algo histéricas de los mortífagos combinadas con los gritos de miedo y dolor de sus víctimas pero aún así sigue adelante sin detenerse ni a echar un vistazo, un paso detrás de otro escondiéndose detrás de los muros, la mirada perdida, guiándose por el resto de sus sentidos
Sabe que si Sirius pudiera verle ahora mismo ni le reconocería.
El pelo rubio y pajizo no es más que una maraña de mugre, suciedad y más canas de las que debería haber pese a la enfermedad que le ataca, los ojos dorados y con la alegría remolineando en el fondo se han convertido en dos pozos sin brillo de un apagado color marrón, las arrugas de la comisura de los labios más pronunciadas que nunca, los andares renqueantes y una ceja partida son las características físicas de Remus Lupin.
En cuanto a las heridas del alma prefiere ni pensar en ellas, baste con decir que la fría rabia se apodera de su mente y que ahora mismo el mundo no es más que un remolino rojizo y nublado por el que se mueve siguiendo el rastro casi invisible de Bellatrix Lestrange.
Una risa histérica que corta el aire, la parodia de un canturreo infantil, el aroma a muerte y locura más profundo que nunca y sabe que la ha encontrado.
Con el pelo desparramado en la noche, la risa brotando de su garganta y la varita aferrada a la mano, Bellatrix Lestrange se muestra a la Luna en todo su esplendor.
El instinto de Remus le exige venganza, su boca empieza a salivar, los colmillos se afinan y nota un cosquilleo en la piel que le cubre los nudillos, las garras, que luchan por salir y desgarrar.
Pero haciendo caso omiso del instinto Remus se concentra en disipar la niebla rojiza y mantener la cabeza clara, Bellatrix Lestrange debería pagar por sus crímenes en Azkaban, pero en lo más profundo de su ser sabe que Bellatrix Black morirá esta noche.
Los pasos mesurados ni siquiera suenan en el extraño silencio que se ha hecho después de que Bella matara, ya por fin, a su víctima.
Nota la sonrisa sesgada que se aposenta en sus labios al verlo aparecer, los pasos suaves que retroceden y la varita que le apunta. Intenta empezar a hablar pero Remus no se lo permite, sabe que hablará de Él, y eso no es algo que se pueda permitir oír ahora mismo.
Ataca de repente y sin avisar, al más puro estilo del lobo. La varita deja escapar un rayo rojizo que impacta contra su pierna y causa una herida de la que empieza a brotar sangre. Ve como baja la mirada con asombro para después posarla en él, los ojos brillando de nuevo después de tanto tiempo, de furia, el pelo llevado por el viento y los harapos que le cubren más deshilachados que nunca. Nota con claridad el momento en que se da cuenta de que no está luchando ni con el hombre ni con el lobo, sino con los dos, una mezcla letalmente rabiosa de la que pocos podrían escapar.
Y la batalla empieza.
Saltos agilizados por el lobo, gruñidos, los ojos dorados que repasan a la presa de arriba abajo buscando puntos débiles, pasos cautelosos adelante y hacia atrás, ataques repentinos, sangre.
Bella parece que vuele, su capa oscura ondea al son la noche, su risa histérica sigue resonándole en los oídos pese a que hace rato que dejó de intentar ponerlo nervioso, nota como los ojos se le han abierto hasta el extremo para intentar captarlo todo y se está dedicando plenamente a la pelea.
La máscara en el suelo, tirada allí desde antes que él llegara, el perfume a muerte y dolor dejando una estela detrás suyo que solo los sentidos agudizados del lobo pueden captar, saltan de un lugar a otro, avanzan, atacan, les hieren, retroceden.
Un baile mortal en que la pareja se compenetra perfectamente entre el musgo de las piedras, las ramas de los árboles que se agitan con el viento y las hojas secas que arden a su alrededor creando un círculo que limita el campo de batalla por culpa de alguna maldición perdida.
Los ojos de la mortífaga se desvían cada dos por tres hacia el círculo de fuego que les rodea, los de Remus no. A él no le importa quedarse en el centro cuando el fuego arda quemándolo todo, no le importa en lo más mínimo mientras el olor a muerte deje de esparcirse por el aire con los movimientos de la prima y asesina de Sirius, y como no ya nada le importa se lanza encima de la mujer cuando su varita salta por los aires, el lobo dominándolo definitivamente y muerde el cuello prístino de Bellatrix llevándose con él un trozo de carne y la muñeca de la mujer atrapada entre sus dedos mientras cae encima del fuego abrasador.
No grita, no llora, no gime mientras las llamas acarician su espalda, la bruma rojiza lo rodea, la bruma, y los gritos agonizantes de la Asesina, la bruma, los gritos, y el olor a muerte y locura.
Los lobos aullaron desgarradoramente esa noche, haban perdido uno de sus congéneres.
Los hombres se limitaron a llorar y abrazarse entre ellos, no había ningún perro entre ellos que ladrara a la Luna, como lo hizo uno tantos años antes cada vez que Remus era herido.
